Son
ocho páginas que relatan parte de las experiencias del veterano de guerra Jorge
“Beto” Altieri durante el conflicto del Atlántico Sur. En 2019, el casco con el
que combatió en Monte Longdon había vuelto a sus manos. Quién es el militar
inglés que tenía el documento, cómo lo halló y cómo lo devolvió. “Tocar ese
papel es tener mi historia conmigo”, le dijo Altieri a Infobae.
Por Hugo
Martin
Jorge
"Beto" Altieri el 23 de enero de 2023, cuando recibió el diario. Y
una de las ocho páginas que escribió y hoy tiene en su poder (gentileza Agustín
Vázquez y Jorge Altieri)
De a
poco, Jorge “Beto” Altieri (60) va armando su propio rompecabezas de Malvinas.
Hace cuatro años, en 2019, recibió emocionado el casco con el que combatió en
Monte Longdon, la batalla más sangrienta del conflicto, que lo salvó de una
muerte segura. Ahora, es el diario que escribió en las islas, en el que
reflejó, a los apurones, su vida en medio de las bombas, el frío, el hambre y
el deseo de volver a ver sus padres. Había quedado en el escenario trágico de
un combate donde murieron 31 argentinos y 20 británicos. Abandonado y a merced
del viento implacable de las islas.
Son
ocho páginas escritas de anverso y reverso en birome azul, en mayúsculas, a veces
en diagonal, con la letra por momentos grande y otros chiquita, como queriendo
ganarle espacio al blanco de las primeras hojas del libro “Sasquatch, enigma
antropológico”, de Renzo Cantagalli, editado por A.T.E. en el año 1979. “Beto”
aprovechó cada milímetro de la portada, anteportada, presentación e índice de
la obra. “Como podés ver, hay muchas faltas de ortografía. Hay palabras que ni
yo entiendo ahora”, le cuenta risueño Altieri a Infobae.
“Beto”
Altieri, nacido en Banfield el 4 de abril de 1962, vivía en Lanús cuando fue
convocado a Malvinas. El viernes 9 de abril de 1982 tenía 20 años cuando le
llegó la citación del Regimiento 7 de La Plata. A los pocos días viajó hacia
las islas: “El martes 13 salimos del Regimiento 7 hacia Palomar. Cuando llegamos,
nuestro jefe dijo, ‘de acá no partimos hasta que sea el 14, porque el martes 13
ni te cases ni te embarques’. El 14 a la madrugada volamos a Río Gallegos. Esa
misma mañana salimos para Malvinas pero volvimos porque un Fokker se había
salido de pista. Así que el 15 cruzamos a las islas”.
Recuerdos
de la guerra
El
diario comienza, precisamente, con el relato de por qué comenzó a escribir
sobre un libro. “El jueves 15 de abril de 1982 tomé por prestado este libro del
aeropuerto de Río Gallegos, dos horas antes de partir con rumbo hacia las Islas
Malvinas…”. Hoy, le explica un poco más a Infobae: “A mi desde chico me
gustaron las cosas paranormales, como la psicofonía. Y cuando vi este libro
sobre el Yeti, dije ‘esto es lo que nos gusta a mí y a mi hermano más grande,
Juan Carlos’. Pero siempre tuve la intención de devolver el libro”.
El
casco que recuperó Beto Altieri en 2019 junto a las páginas del diario que
escribió en Malvinas y tiene en su poder después de 41 años
También
recuerda que no comenzó a escribir el mismo día de la partida, sino que lo
habrá hecho “el 17 o el 18″. Por eso, luego de la llegada, narró: “Emprendimos
una larga marcha, la cual empezó a las 12 horas. y terminó a las 18,30 horas.
Caminamos aproximadamente 20 km. hasta llegar a una escuela en la cual
racionamos en caliente y pasamos la noche un poco mojados, pues en la marcha
había empezado a llover…”
Más
tarde relata la llegada al Monte Longdon, las dos latas de “ración fría” que el
jefe, el Subteniente Juan Domingo Baldini, les hizo comer y lo que debieron
acarrear hasta sus posiciones. Luego, el escrito describe el lugar donde le
tocó estar, y se detiene en el 1º de mayo, cuando comenzaron los bombardeos. “A
las 5.30 horas cambió el destino de nuestras vidas porque empezó el ataque
aéreo del enemigo. Nos despertamos con un fuerte estallido y después con
“¡alerta roja!” y salimos todos de las posiciones y veníamos como en aeroparque
(sic) de Malvinas se iniciaba un violento combate y nuestra artillería
antiaérea ponía fuera de combate a 4 aviones ingleses, 3 en el mar y uno cayó a
tierra espectacularmente…”
El
clima de la narración de aquel joven de 20 años, a partir de ahí, cambia:
“Estábamos salvados por la gracia de Dios pues habíamos estado caminando por
los campos minados. Los días pasan sucesivamente con ataques de la artillería
naval y aviación de ellos. Llegó el 19 de mayo y todavía estamos aquí,
sufriendo una gran desesperación por no tener noticias de mis padres a los que
ahora me doy cuenta cuánto que los amo y los extraño…”.
A
veces, la impotencia hacía aflorar una bronca que cambió por valor cuando el 11
de junio comenzó el combate de Monte Longdon: “Hoy 20 amaneció como los días en
estas putas islas en las cuales no vale la pena derramar tanta sangre. Estoy
metido en la carpa pues el pozo se llenó de agua. Estoy solo, Darío fue a
buscar las marmitas y me dejó su fusil, casco, correaje, granadas… más lo mío.
Recién se acaba de ir el Cabo 1º Diaz y me dijo que teníamos para 20 días más y
que cobraríamos 250 palos + o -, con esa plata podré comprar una cocina nueva
como regalo para mamá”.
Las
primeras cuatro páginas escritas por Beto Altieri en su posición del Monte
Longdon
También
la comida -y en consecuencia el hambre- pasó a ser un tema central en los
relatos. “Hoy sábado 22/5/82 conseguimos algunas tripas de oveja y un pedazo de
grasa, la cual derretimos y comimos el chicharrón. Con la grasa freímos las
tripas y el bofe, el resto lo comimos a las 11 horas y a las 2 de la tarde vino
la radió de media marmita de arroz con una galletita oficina (Sic) la cual la
guardé hasta las 5 de la tarde y la comimos untada con la grasa que quedaba del
mediodía y después hicimos los turnos de guardia…”
Por
fin, el 22 de mayo tuvo una gran noticia, que contó un día después: “Hoy
domingo 23/5/82 desayunamos ½ tarro de mate y esperamos la comida. Ayer recibí
dos cartas, una de mi mami y otra de Alicia (Nota: una abogada amiga de la
madre) y me alegré mucho de que todos estén bien y se preocupen por mis padres,
pues es lo más grande que tengo en la vida. Para dejarlos más tranquilos, hoy
les mandé un telegrama diciendo que estoy bien…”
El 24,
cuenta un episodio con el Subteniente Baldini, por el que califica de “peor
calaña” a algunos de quienes están con él en Monte Longdon: “Al Subteniente le
han robado una lata de dulce de batata con chocolate que pensaba repartir el
día 25…” Y también, la esperanza por pegar la vuelta a casa: “Lo único que
esperamos es que la nueva bola que se corre que es el día 9/6/82 tenemos que
estar en el regimiento pues a los soldados nuevos se les termina la licencia
que tenían y tienen que prepararse para la jura de la bandera, y espero que
esta vez se haga realidad pues no aguanto más. Aquí en esta soledad de la
montaña la única cosa en que se está pensando continuamente es en la familia y
en comer millares de cosas cuando regrese a casa”.
La
necesidad de expresarse está patente: “Se extraña mucho, cada día necesito más
el escribir en este libro pues pareciera que me estuviera desahogando al
expresar lo que siento. Todo esto parece una pavada pero yo les aseguro que no
es nada lindo estar separado de sus seres queridos por 60 días…”
Las
últimas cuatro páginas del diario de Beto Altieri
El 25
revela que “aquí empecé a fumar, no mucho pero si de vez en cuando el Subteniente
no da los cigarros, que esto sucede una vez cada semana. Espero regresar a casa
y dejar de hacerlo”.
Algunos
párrafos dejan de tener la precisión de una fecha: “Ya tengo las dos cartas de
mi hermano Juan y me dice que soy tío de nuevo de una nena, me alegro mucho
tener esas cargas…”
“Para
las cuatro de la tarde nos enteramos de que si se producía un cese de
hostilidades de 7 días el General podía hacer el relevo de las tropas de la 10ª
Brigada a la cual pertenezco. Y el Papa estaba por ir a Inglaterra y luego a la
Argentina. Hoy mandé una carta a mis padres contándoles algo de aquí y
pidiéndole una encomienda, pero yo espero llegar antes que la carta”.
A
comienzos de junio, el tono con el que escribe, la letra más desprolija y lo
breve de cada descripción marcaba que la tropa sentía que el combate estaba
próximo: “1/6/82, anoche cañonearon la zona, hoy a la mañana se esperaba un
ataque pero no pasó nada, lo único son las baterías navales… Hoy me cambiaron
al compañero de carpa y me pusieron uno que no vale la pena gastar tinta. A
Darío (González, con quien aún se habla por teléfono) lo extraño mucho pues él
es como mi hermano, aquí nos contamos cosas y planeamos juntos muchas salidas
que las vamos a realizar, si Dios nos ampara, allá…”
La
comida se volvió, en un punto, un tema recurrente: “Después de haberme comido
las latas me agarró una diarrea tremenda. Anoche en el turno que me tocaba
dormir empiezan con que a 300 metros había enemigos y tuvimos que estar los 2
apostados toda la noche. Hoy amaneció sin novedad, con neblina y nublado. Mi
nuevo compañero fue a buscar galletas que según él había escondido cerca del
carro aguatero. Trajo un puñado del cual me dio dos y dos bolsas de sal gruesa.
Ya para la hora de la comida nos fuimos yo y dos más al rancho para ver si
comíamos ahí y después en la sección o sea dos veces, pero nos nos quisieron
dar. Cuando regresamos estaban por comer y nos repartieron un turrón, una
pastilla y dos galletitas de la cual el hijo de puta del Cabo 1º me dio una y
media…”

La tapa
original del libro "Sasquatch, enigma antropológico", que Jorge
Altieri tomó del kiosko de diarios del aeropuerto de Río Gallegos en 1982, dos
horas antes de viajar a Malvinas. En sus primeras páginas escribió el diario
Ahí se
termina el diario. Quedó media página en blanco. Hoy, Altieri intenta recordar
por qué dejó de escribir: “Lo último habrá sido el 2 de junio, porque después,
el 5 o el 8, cayó una bomba en nuestra posición y al soldado Grillo lo hirió en
el brazo. Hicimos la camilla y lo llevamos al camino. Cuando marchábamos pasó
un Sea Harrier y el Sargento nos ordenó cubrirnos. Yo me tiré encima de mi
compañero. La ráfaga cayó un poco más adelante de nosotros, donde estaba
nuestro rancho de tropa. Después vino el jeep y lo llevaron. Volvimos a la
posición, la carpa estaba toda agujereada, la armamos otra vez, pero me dije
‘basta, suspendé todo’, y dejé de escribir”.
El 11,
Altieri combatió con bravura en la batalla del Monte Longdon. Su posición se
ubicaba en la segunda olla del cerro. “Cuando no se podía aguantar más, nos
cambiamos de lugar, más abajo del monte. Nos encontramos con una ametralladora
MAG del regimiento 1 de Patricios. Apareció el Sargento Jorge Alberto Ron y
pidió voluntarios para subir nuevamente al monte. Nos ofrecimos 2, Fernández
Brito y yo y avanzamos”. Cuando avanzaba, un disparo de mortero mató al Sargento
Ron y las esquirlas hirieron a Fernández Brito en las piernas y en la cabeza a
Altieri. Lo salvó de morir el casco que recuperó en el 2019. Perdió tejido de
la parte izquierda del cerebro, su ojo izquierdo -hoy tiene una prótesis-.
Estuvo internado en el hospital de Malvinas hasta que regresó en el último
Hércules que abandonó las islas, justo antes de la rendición. Luego quedó en
coma en Comodoro Rivadavia y, ya en Buenos Aires, estuvo en el Hospital
Militar. Quedó con secuelas de movilidad en brazos y piernas.
Al
regresar de las islas, trabajó como vendedor ambulante y luego en PAMI hasta
que se jubiló. También lo ayudaron. Recuerda a Amalita Fortabat, que le pagó
una operación para poder recuperar la audición.
Hoy
Beto está casado, tiene dos hijos, vive en San Vicente, provincia de Buenos
Aires y regresó tres veces a Malvinas. Recorrió su posición pero no halló nada.
“Pensé que nunca iba a encontrar ese libro. Hay cosas fuertes que escribí, el
insultar a un Cabo por darme media galletita menos. Era tanta el hambre que
teníamos, que eso era motivo…”, justifica hoy.
Beto
Altieri con su padre, internado en el hospital Regional de Comodoro Rivadavia
después de la guerra
El
largo viaje del diario de Beto
Este
sábado 4 de febrero, Infobae publicó la historia de la carta que envió desde
las islas, pero nunca llegó, del soldado Oscar Bauchi, que fue llevada a
Inglaterra, subastada y adquirida por un coleccionista británico. El que lo
alertó fue Agustín Vázquez, un apasionado del tema Malvinas. Él fue quien le
consiguió a Altieri las páginas sueltas de su diario. “Yo tengo un gran interés
por todo lo referido a Malvinas y las historias personales de los combatientes
tanto argentinos como ingleses. Para mí son memorias de lucha, entrega y
patriotismo que no se deben olvidar”.
Por
medio de las redes sociales, Vázquez se relacionó con algunos veteranos de
guerra británicos. “Muchos de ellos, con historias tan interesantes y
sacrificadas como las de nuestros propios soldados”, acota. Uno de ellos es
Bryn Whyte, quien era oficial del Cuerpo de Ingenieros del Ejército Británico.
Este oficial -cuenta Vázquez- cumplió varias misiones en las islas, pero
“básicamente se dedicó al desminado y desactivación de explosivos dejados en
los campos de batalla y otras zonas que rodeaban Puerto Argentino”.
Así, en
esa tarea, Whyte dio con las páginas que hoy atesora Altieri. Continúa Vázquez
con la reconstrucción del largo camino del diario: “En Julio de 1982, a Whyte
le tocó ir a Monte Longdon, un mes después de haber finalizado el encarnizado
combate que tantas bajas dejó en ambos bandos. A medida que Bryn iba revisando
la montaña en busca de minas o artefactos explosivos, se topó con una posición
que había sido ocupada por tropas argentinas del Regimiento de Infantería 7.
Allí encontró un libro, ‘con varias páginas que parecían volarse por el
viento’, según sus palabras. Lo revisó y sin detenerse mucho las arrancó para
ponerlas en una bolsa plástica y seguir con su tarea”.
En esa
posición, supo después, había combatido Jorge “Beto” Altieri.
Bryn
Whyte, el soldado inglés que inspeccionó la zona de la batalla de Monte Longdon
y halló el diario de Altieri
A
mediados de 2020, en medio de la pandemia y 38 años después de finalizada la
guerra, Bryn Whyte le envió a Vázquez un mail con las fotos del diario. Le
explicó dónde lo había hallado y le pidió si había posibilidades de encontrar
al soldado que lo había escrito, para devolvérselo. “En caso que hubiera
fallecido, quería dárselo a su familia”, cuenta Vázquez.
El
principal problema era que las páginas del diario no tenían el nombre del
autor. Iba a ser una tarea difícil dar con él. Y así fue: a Vázquez le llevó
más de dos años dar con Altieri. “Comencé a indagar con otros veteranos del
Regimiento de Infantería 7 que estuvieron en Monte Longdon, les pregunté si
recordaban algún camarada que haya escrito en las posiciones, o que haya
mencionado que tenía un diario personal. También consulté al Coronel Carlos
Carrizo Salvadores, el 2º Jefe del Regimiento y encargado de las tropas en
Longdon, pero no recordaba nada de ello”.
Las
chances se agotaban, pero el empecinamiento de Vázquez y su amor por Malvinas
dio sus frutos. “Me topé con la ayuda de un veterano de la misma unidad: el
soldado Gustavo Guillermo Córdoba. Fue determinante para hacer un análisis más
fino y minucioso de algunos detalles que se leían en el diario. Algunos nombres
de personas eran mencionados; fragmentos que únicamente podrían ser entendidos
por quien lo había escrito en 1982. Eso fue clave para indagar a ‘Beto’ Altieri
y sacarnos la duda si esas hojas habían estado en su poder y si, efectivamente,
él era el autor”.
La foto
de soldado conscripto de Altieri, que fue a Malvinas con el Regimiento 7 de la
Plata
Cuenta Altieri
que “en lo que escribí, en ningún lado dice mi nombre. Pero un día del año
pasado estábamos en una reunión por el compañero veterano Omar Brito, muerto
por un francotirador en Malvinas, del que no se conoce el destino. Un soldado
que estaba ahí empezó a preguntar si alguien conocía a un veterano de apellido
‘Alviri’… A los dos o tres días, otro compañero, de apellido Córdoba, me dijo
que un muchacho de Santa Fe había hecho contacto con un inglés, si sabía de un
diario, y me empieza a leer las hojas que podía entender. En una parte dice que
el Cabo Carrizo había ido a buscar cosas abajo y volvió… y yo había ido con él.
Pero cuando empezó a leer la parte de familia y la comida, nombra que ‘la mujer
del hermano Juan había tenido una hija, que la cuñada Caty hacía unas ricas
bombas de crema’. Entonces le dije, ‘¡ese soy yo, boludo!’. Y le anticipé que
decía que ‘la Mary hace una rica pasta frola, que Diana hace unas empanadas de
queso con choclo riquísimas’… Y me confirmó… Le dije ‘esas son mis cosas, ¿dónde
están?. Las tiene un inglés”.
Vázquez,
por su parte, luego de asegurarse que el diario pertenecía a Altieri, se
comunicó con él. “En un principio íbamos a viajar a Inglaterra para
encontrarnos personalmente con Bryn, pero por diversas razones esto no pudo
concretarse. El veterano británico decidió enviarme por correo el diario de
Beto, que recibí el 29 de Diciembre de 2022″.
La
emoción de Beto Altieri y su hijo el día que recibió su casco en la redacción
de Infobae (Maximiliano Luna)
El 19
de enero de 2023, Vázquez viajó a Buenos Aires para reunirse con Altieri y
cumplir con la misión que se había impuesto. Dice que entre lágrimas y con voz
apagada, Beto solo atinó a decirle “Muchas Gracias por esto”. Después de casi
41 años de espera, se había reencontrado con una parte suya que había quedado
en Monte Longdon.
“Beto”
Altieri cuida su diario: plastificó cada página. Para él, conservarlo significa
“tener prendida la llama de la gesta y el respeto al soldado británico, a quien
me gustaría conocer, que lo tuvo en su poder y me lo entregó sin cobrar un
peso, ni siquiera las estampillas. Cuando lo tomé en mis manos sentí un
escalofrío, porque son pocas hojitas, pero para mí tienen mucho valor. Poder
tocar el papel ese que escribí en aquellos meses de mayo y junio es recordar lo
vivido con cada uno de mis compañeros, y tener parte de mi historia conmigo”.
Fuente:
https://www.infobae.com