martes, 28 de septiembre de 2010

¿HUBO ARMAS NUCLEARES EN LA GUERRA DE MALVINAS?



Por Hugo Martínez

Para las potencias nucleares es una práctica habitual mantener en secreto la ubicación y el destino de las armas nucleares. El Reino Unido no escapa a esta regla, por lo que no se puede asegurar la presencia o no de estas armas de destrucción masiva en la guerra de Malvinas.

Cuando se manejan hipótesis sobre la posibilidad de utilizar armas nucleares, se tratan en el más estricto secreto y no se dejan constancias por escrito. Y en el caso del Reino Unido la Ley de Secreto Oficial prohíbe su difusión por treinta años, aumentado a noventa en 1984.

Las versiones que circulaban por la prensa internacional al respecto de la presencia de armas nucleares en Malvinas, motivaron a representantes argentinos que se hicieron eco y plantearon el hecho en distintos foros internacionales.

A lo que el Reino Unido ni negaba ni afirmaba, para después terminar declarando que la "utilización" de estas armas en este conflicto de Malvinas era "inconcebible" o "impensable".

Cuando se produce el desembarco argentino en las islas Malvinas, el 02 de abril de 1982, parte de la flota británica estaba practicando ejercicios navales en conjunto con miembros de la Organización del Tratado el Atlántico Norte (OTAN).

Este ejercicio "Spring Train" incluía la manipulación de armas nucleares y la orden de dirigirse al Atlántico Sur fue tan rápida que se cree que no hubo tiempo de descargar estas armas.

El destructor Británico Sheffield fue uno de los barcos que participaba en el ejercicio "Spring Train" antes de la guerra y el 04 de mayo de 1982 fue atacado exitosamente por aviones argentinos y averiado mortalmente.

La agonía del destructor Sheffield duro 6 días en los que la armada británica se empeño en remolcarlo, algo ilógico, si se tiene en cuenta que el Sheffield no tenia ninguna posibilidad de salvarse.

El empeño en remolcarlo fue otro hecho que alimento la teoría de que el Sheffield estaba dotado de armas no convencionales, y que durante los seis días que lo remolcaron desembarcaron el material atómico que había a bordo.

En el mismo parlamento Británico varias veces se planteo esta posibilidad, un ejemplo fue una pregunta hecha en la Cámara de los Lores por Lord Jenkins of Putney:

"Pido al gobierno de su Majestad que asegure que las fuerzas de tareas de las islas Falklands, no usara, desplegara o llevara armas nucleares".

Este pedido lo contesto el Ministro de defensa Vizconde Trenchard:

"Puedo declarar categóricamente que no hay posibilidad alguna de que nosotros usemos armas nucleares en esta disputa. Ha sido de larga data, de sucesivos gobiernos, no negar ni confirmar la presencia o ausencia de armas nucleares en un lugar determinado".

El 04 de noviembre de 1982, en la Cámara de los Comunes el diputado Tam Dalyell, planteó la teoría de que el gobierno de Thatcher sabía los planes de desembarco argentino en Malvinas y dijo:

"Resulta claro, de la evidencia proporcionada por el Sindicato Nacional de Marineros y otros, que barcos, incluido la nave auxiliar de la Flota Real Fort Austin, recibieron ordenes de viajar de Gibraltar al Atlántico Sur el 28 y 29 de marzo. Resulta también claro que algunos de esos barcos, entonces o más tarde eran portadores de armas nucleares."

"Este problema no es teórico tenemos evidencias de que el HMS Sheffield se hundió con armas nucleares a bordo".

El 02 de septiembre de 1991 la Organización Marítima Internacional con sede en Londres incluyo al Sheffield en un inventario de material radiactivo en el Atlántico Sur.

En una entrevista para la televisión Brasileña el 28 de marzo de 1983, un periodista le preguntó al canciller británico Francis Pym, si era verdad que en el Sheffield y en el Coventry se hundieron con armas nucleares o si las llegaron a rescatar.

Francis Pym contesto con frases como:

"Nunca decimos donde hay armas nucleares"

"Nuestras obligaciones con los tratados fueron totalmente cumplidas"

"Nunca fue cuestión de que armas nucleares fueran usadas bajo ninguna circunstancia en esa región".

Los submarinos Polaris propulsados nuclearmente tienen entre su armamento convencional misiles con ojivas nucleares.

Durante la guerra de Malvinas uno de estos submarinos fue despachado al Atlántico Sur para ser utilizado "en caso necesario"

¿Para que?

En una carta a su esposa fechada el 07 de abril de 1982 el Teniente británico David Tinker que estuvo en el teatro de operaciones, le decía que había escuchado sobre la posibilidad de bombardear el territorio continental argentino y que un alto jefe al que no nombró decía:

"Dejen caer una gran tela blanca sobre ellos (por el Polaris)" y termina diciendo la carta: "Gracias a Dios que no esta al comando".

El 04 de noviembre de 1982 en la Cámara de los comunes se dijo:

"No es suficiente decir: Ah, pero nunca habrían sido usadas... —Yo le digo a la cámara que si uno es atacado con un Exocet, hay una tentación tremenda a destruir las bases de donde provienen los Exocet. Si hay reglas de combate y uno tiene armas nucleares, ¿cómo pueden algunos de nosotros estar seguros de que esas armas no serán usadas? Más aun, cuando sabemos que a raíz de las ordenes dadas al Conqueror para que hundiera al Belgrano, la Primer Ministro está al comando de estos asuntos.

Simplemente les digo a la cámara que una persona que fue capaz de dar ordenes de hundir al Belgrano por que estaba cercana una transacción que le era inaceptable desde el punto de vista interno, y por que no podía rehusarse fácilmente a los ofrecimientos de transacción que estaban viniendo del Perú y Estados Unidos es ciertamente capaz de disponer el uso de un arma nuclear."

Al producirse la ocupación argentina en Malvinas, hubo en Londres una reunión de alto nivel para considerar las alternativas que tenia Gran Bretaña para enfrentar la situación.

Una de las hipótesis fue responder con un ataque nuclear por medio de un submarino Polaris.

El Probable blanco para un ataque nuclear como amenaza o como demostración, fue la provincia de Córdoba. La amenaza nuclear podría haber sido usada si alguno de los buques capitales de las fuerzas de tareas, uno de los portaaviones o el transporte Canberra, hubiese sido destruido por un misil.

Incluso se cree que la orden de desplazar un submarino nuclear Polaris fue dada después del hundimiento del Sheffield.

De tanto en tanto, cuando aparecen en las costas de la Patagonia pingüinos muertos, se atribuye el fenómeno a la polución emanada del Sheffield.

Aunque todo indicaría que si el Sheffield verdaderamente tenía armas atómicas y si en verdad esta a 2.000 metros de profundidad los riesgos de contaminación radioactiva serían nulos.

El gobierno argentino en un comunicado fechado el 17 de mayo de 1996 expresaba:

"Los eventuales impactos ambientales por la presencia de armas nucleares en el Atlántico Sur Occidental e insular así como en el medio ambiente marino son objeto de atención y estudio por parte de las autoridades argentinas y de sus organismos técnicos".

"Desde 1982 hasta la fecha, se sigue con atención y preocupación los rumores y debates de la posible presencia de armas nucleares en el HMS Shefield"

El 20 de mayo de 1996 un representante del Ministerio de Defensa británico contestaba:

"No hay riesgo para el medio ambiente marino en el área donde se hundió el Sheffield"

Pero dos días antes le preguntaron al mismo vocero de Defensa cuales habían sido las medidas que tomo el estado británico para extraer material radioactivo del Sheffield, la respuesta fue:

"Ninguna"

Fuente: http://www.periodicotribuna.com.ar

MALVINAS Y LA MILLA 201 - ¿POR QUÉ ARGENTINA PERMITE LA DEPREDACIÓN PIRATA?


Por Roberto V Maturana (*)

Nicholas Wintentor, parlamentario británico, miembro en su ámbito de la Comisión sobre Malvinas, ha expresado que "la Argentina quedó con la nariz ensangrentada hace 25 años y, en forma similar, le recomendaría que no lo intente de nuevo", refiriéndose, por supuesto, a la guerra de 1982.

Cuando mis hijos eran chicos y quedaban con la nariz ensangrentada, era porque algún insolente les "había insultado a la madre". Mostraban su sangre como un verdadero trofeo que los elevaba ante sus pares. Su orgullo subía hasta sus ojos en lágrimas de rabia y confianza, amargas y dulces. Entre el reto y el amor, el dolor era lo de menos. La ofensa había sido reparada.

Si para el señor Wintentor, hace 25 años la Argentina salió con la nariz ensangrentada, fue porque su patria fue ultrajada durante los 150 años precedentes al 82. Esa nariz ensangrentada son, ni más ni menos, que los 649 muertos argentinos que ofrecimos como sacrificada ofrenda a un mundo admirado.

Ahora los kelpers avanzaron más y vendieron licencias de pesca a 25 años a empresarios que operan en Argentina y Malvinas violando pristinamente la ley de Sociedades.

Argentina en los foros internacionales eleva sus reclamos valederos, pero “dentro de casa” nada cambia. El Consejo Federal Pesquero emitió una tibia resolución al respecto, sabiendo que ellos son quienes deben actuar firmemente en defensa de la soberanía argentina y sus recursos pesqueros.

El doble mensaje es simple de explicar: los integrantes del consejo Federal Pesquero son los lobystas de esas mismas empresas, esperar de ellos que haya un pedido de revocación de licencias por las ilegalidades que incoa este acto de doble captura es utópico.

Argentina debe revocarles tantas licencias de pesca como buques tengan las empresas pescando en Malvinas, ya que son todas extranjeras, europeas y asiáticas. De las autoridades pesqueras no podemos esperar ningún acto fehaciente por detener esta “violación” dado que a la fecha nada ha hecho.

Lo peor es que tenemos herramientas legales de sobra para revocar licencias de pesca de las empresas que además de pescar en Malvinas también lo hacen aquí e ilegalmente, con permisos de pesca ilegales con dictámenes de nulidad de la UBA-SIGEN -PTN-AGN.

No sería improcedente reclamar a las empresas que paguen además la proporción de lo que hayan pescado, capturado y exportado de Malvinas, pues este finalmente es parte de su cupo otorgado anualmente en Argentina, dado que las especies que allí habitan son "transzonales" y altamente migratorias.

El Lloyd´s Register ha sido designado por la Organización Marítima Internacional para asignar un número de identificación a cada armador y a cada buque, y en este caso la legislación podría establecer que, en caso de que en la historia de un buque que obtiene licencia de los ocupantes británicos de Malvinas aparezca la casa matriz de una empresa radicada en Argentina, ello significará la caducidad inmediata y sumarísima de todos los permisos de sus buques, con un plazo de un mes para exhibir las pruebas en contrario. Es decir que habría que invertir la carga de la prueba.

La ONG Oceana exige a España que se investigue la pesca ilegal destacando el caso de Argentina. Esta ONG con sede europea en Madrid reclamó a la Audiencia Nacional de España que inicie investigaciones por el tema de la pesca ilegal.

En tal sentido, Oceana explica que hay un buen número de ciudadanos españoles y empresas con capital español, que llevan a cabo actos ilegales de pesca, tanto en aguas internacionales como en zonas económicas exclusivas. Las recientes detenciones de buques españoles en aguas bajo jurisdicción de Argentina, Noruega e Irlanda son la punta de un Iceberg de actividades ilegales muy bien conocidas por el sector.

Oceana afirma que la pesca ilegal debe ser considerada un asunto de Estado y que las autoridades gubernamentales y la justicia deben intervenir para poner fin a la misma.

La dualidad de estos grupos depredadores, extranjeros y piratas -empresas radicadas en Argentina-, al igual que la de sus colegas Pereyra, Freiremar y Pescanova (Argenova), desató un huracán de críticas en todas las provincias argentinas con litoral marítimo. Los diarios El Chubut y La Capital (Mar del Plata), sitios de Internet como La Red – Noticias (CeDePesca) y entidades de empresarios y de trabajadores y líderes políticos expresaron su malestar y vienen demandando que se anulen los permisos de pesca de estas empresas en territorio nacional.

Es llamativo que algo tan caro para los argentinos sea olvidado tan rápidamente. Si bien iniciamos acciones internacionales para evitar el abuso kelper, no se aplica la legislación a las empresas que allí operan.

Los argentinos llevamos el estigma de la masacre urdida a nuestros hombres, héroes casi anónimos, en el crucero General Belgrano. Repetimos cada año las hazañas de nuestros pilotos y sus actos de heroísmo en TV y escuchamos los relatos de los ex combatientes, así como su anterior sufrimiento y actual padecimiento.

Hablamos muy bien en su memoria en las plazas de cada sitio del país, llevamos coronas de flores en cada aniversario y no hacemos nada más que hablar, cuando hay tanto por hacer en defensa de recursos pesqueros que son patrimonio inclaudicable de nuestra Argentina.

Los señores diputados y senadores, además de hablar para la televisión, deberían estar de acuerdo en sancionar por este acto y de forma inmediata a quienes nos depredan, demostrando al mundo que de la misma forma que no olvidamos Las Malvinas ni nuestros muertos, tenemos presente esta injusticia.

La misma pasión que desata la selección en el fervor nacional es lo que deberíamos sentir por Malvinas y no debemos ni podemos permitir esta afrenta que es como una nueva "invasión impune". No podemos permitir que se rían de nosotros gracias a la genuflexión de funcionarios “impulsados” por un grupo de Lobystas de empresas identificadas, que recorren pasillos para que nada cambie.

Munidos en la idea natural de que Malvinas es sinónimo de Argentina, debemos echar del mar Argentino a esta clase empresaria "buitre" y apátrida sin temor a crear desocupación alguna, pues los permisos que se les revoquen a estas se les otorgarán a empresas argentinas de acuerdo al Art. 1 de la ley Federal de Pesca 24.922.

Señores basta de verso, aquí juegan ustedes representándonos a nosotros y atrás tienen una buena hinchada.

El mundo debe saber que Argentina va por todo y con la ley.

(*) Oficial de Marina mercante-investigador
Fuente: http://www.periodicotribuna.com.ar

LA GUERRA CRUEL

“Honneur aux combattants”

Por Jean Pouget. Oficial del Ejército de Francia

“Has aceptado el oficio de las armas y tu sacerdocio es practicarlo lo mejor posible. No has buscado ni querido esta guerra sucia, pero tu deber es ganarla por cualquier medio. Esta es una guerra cruel. Tu deber es simple: ganar o irte”.

“Humanizar la paz me parece más lógico que tratar de humanizar la guerra. Hasta ahora la guerra ha sido una de las soluciones en la búsqueda de la Paz”.

“¡Sí!, elegí el Ejército. ¡Sí!, visto uniforme. Eso no me impide ser un hombre tan sensible como otro cualquiera. No creo ser un sádico ni un enfermo y odio la guerra más que los que otros la odiaran jamás... a menos que un día se decidan a hacerla”.

“Desde mi más tierna infancia se me llenó la cabeza con relatos de gloriosas epopeyas, en la escuela se me enseñó la grandeza de mi país a través de sus combates, sus caballeros, sus héroes. Inocentemente creí que mi país necesitaba de hombres como yo para mantener su integridad. Aún lo creo y sin embargo; mi país me defrauda...”

“Rechazo toda forma de acusación concerniente a los procedimientos que me vi obligado a adoptar en el terreno. No siento vergüenza y no buscaré justificarme. ¡No!
¿Pero por quien nos toman?
¿Y dónde va el Ejército si aceptamos ser tratados como delincuentes comunes?.
Hay que gritar en la cara de la opinión pública
Lo que somos,
Lo que se nos obligó a hacer y
Porqué aceptamos hacerlo.
Sino, a breve plazo el sólo hecho de preparar el ingreso a un Instituto Militar, radiará a los jóvenes del seno de la sociedad.
La opinión pública desconocerá totalmente nuestra vocación, nos avergonzaremos del uniforme que vestimos.
El hecho de que un hombre elija ser soldado, dejará entrever que descubrió en sí mismo una naturaleza de asesino, de sádico...
¡No!, la injusticia es demasiado grande...”

“...Si dejamos, sin reaccionar, que nos vomiten encima, asimilaremos al Ejército entero con el rol del verdugo...”

“En la guerra, decidir es siempre elegir la muerte para alguien, a veces, para uno mismo...
Soy un Oficial francés como ustedes y, como tal, me atengo a las leyes escritas y a tradiciones de honor...
Hice la guerra como un soldado. Soy un profesional, no un mercenario, elegí la disciplina porque limita la violencia.
Respeté el código de honor de los Oficiales, un código que aprendí en mi hogar, en la escuela y en el Ejército...”

“Si estamos acusados de ser criminales de guerra que cometieron atrocidades es porque fuimos vencidos. Nadie pide cuentas a los vencedores ¡Jamás!.
Lo primero es ser el vencedor. Ese es el principio moral de la guerra. La única justificación para ella y sus horrores... ¡Es la victoria!...”
“Nosotros, los combatientes, no tenemos los medios para saber si la causa es justa o no... servimos a nuestro país y la Patria siempre es buena...”

“La victoria no le pertenece al soldado, tampoco la derrota.
Ambas son el resultado de la política de la Nación.”

Fuente: http://ordendesanignaciodeloyoa.blogspot.com/2009/08/la-guerra-cruel-jean-pouget-oficial-del.html

OFENSIVA DESMALVINIZADORA


Por Enrique Oliva (*)

A pocos días de conmemorarse el cuarto de siglo de la recuperación de nuestras islas Malvinas, cuando la inmensa mayoría de los argentinos se dispone a rendir honores a los jóvenes que ofrendaron sus vidas por la Patria, una cantidad de escribidores se lanzan a una sospechosa campaña de desmalvinización de conciencias. Curiosa coincidencia.

Esos personajes concuerdan en moldes críticos repetidos, vulgaridades de lugares comunes. Que Argentina fue agresora, que no se trató de una gesta y se niegan méritos a muertos y sobrevivientes, faltándoles al respeto a ellos, sus familiares y al pueblo en general. Se insiste en cargar responsabilidades arbitrarias sin una propuesta de cómo ellos, los sabelotodo de café, recuperarían las Malvinas. Piensan que somos tan indignos e incapaces y mostrándose partidarios de dejárselas al colonialismo de las multinacionales.

Otro opinólogo famoso ha dicho, tan luego en estos días, que cuando él llegue al cielo, está seguro de merecerlo, a quien primero quisiera ver es a Liniers para reprocharle haber echado a los ingleses impidiéndoles que hicieran grandes a los argentinos. Menuda sorpresa se llevará cuando él le contestará con la verdad: para hacerla una colonia francesa.

Multiplican los recursos de siempre para desmoralizar al pueblo como si los sacrificios de los combatientes son fruto de engaños y no de un asumido ideal patrio que los llevó a ser protagonistas de una Gesta. Gesta con mayúsculas, la que no omite llegar a las últimas consecuencias. Según la Real Academia son gestas los "hechos señalados, hazañas y conjunto de hechos memorables".

La gesta de Malvinas tiene vigencia

La Guerra de Malvinas, más allá de la victoria o la derrota, ésta no olvidable, ni imposible de revertir, es hoy el ejemplo de un pasado reciente honroso para confiar en un mejor futuro. El mundo entero se asombró del valor desplegado al batirse Argentina contra los gobiernos de las mayores potencias del mundo, no de sus pueblos, ni siquiera el inglés que nunca se manifestó en las calles contra nosotros. Nunca. Eso si, casi cotidianamente ocupaban grandes espacios en protestas a veces multitudinarias contra la guerra en el Atlántico Sur, el colonialismo y las armas nucleares que llevaba la flota.

Nosotros lo vimos en Londres. Cuando Ronald Reagan visitó ese país, el propio alcalde, intendente, de la capital británica, el gran anticolonialista Kin Levington, lo llamó persona no grata. En aquellos años esa función era atribuida por el gobierno central y poco después la señora Thatcher lo despidió. Años mas tarde, como ocurrió en Buenos Aires, se convirtió el cargo de alcalde en electivo y Kin Levington fue alentado a postularse como candidato de su partido, el Laborista, pero Tony Blair impuso a un amigo. Entonces se presentó como independiente y ganó holgadamente en las urnas. Hasta el momento, ocupa ese cargo y sigue siendo muy popular.

¿Argentina agresora?

Resulta por demás incomprensible que un argentino sostenga con muestras de convencimiento, que nuestro país fue el agresor de una potencia colonialista europea, de vieja vocación imperialista.

¿Agresores cuando se retoma algo que les pertenece, que fuera arrebatado a sangre y fuego y en más de 130 años de ese despojo fueron vanos todos los intentos de procurar justicia por vías pacíficas a pesar de ser apoyados por el derecho internacional y las Naciones Unidas con su Comité de Descolonización?

Si los que buscan la independencia plena de sus territorios son calificados de agresores, en la Argentina como en infinidad de otros países nos quedaríamos sin próceres. A nuestro Libertador General San Martín, como a tantos patriotas que lucharon para hacernos libres habría que condenarlos. Todos fueron agresores, haciendo la guerra con los medios posibles y esfuerzos sobrehumanos. Los inspiraban principios y el justo derecho a manejar sus vidas y territorio como mejor lo entendieran.

Nadie actuó con indignidad sino todo lo contrario, invocando al mismo Dios. En los campos de batalla se enfrentaron con los estandartes hispanos mostrando a la Virgen del Pilar, patrona de España. Y aquí en nuestra América se hizo lo mismo, con la inmaculada madre de Jesús, que es única aunque se la representa con distintos nombres. Ese fue el caso de San Martín quien dejó su bastón de mando a la Virgen del Carmen de Cuyo, venerada en la región donde formó su ejército.

La corona española aplicó a los sublevados calificativos muchísimo más agraviantes que el de agresor.

La vida brindada a conciencia

Nuestros soldados en Malvinas no eran "chicos inimputables", mirándolos con lástima, cuando como fueron hombres hechos y derechos ofrendando sus vidas por algo que creían justo: lo que las mentiras de los manuales oportunistas quieren borrar. Pero nadie olvida cuanto nos enseñaron de niños las maestritas criollas a escribir: "las Malvinas son argentinas".

Así como en los libros, hoy la historia está de moda, también se la recrea insolventemente en programas televisivos farandulero, en especial mostrando aspectos negativos y falsedades de nuestro pasado. ¿Qué país puede enorgullecer más a su pueblo como cuando los argentinos vencieron a las dos potencias mundiales más grandes del Siglo XIX, Inglaterra y Francia, en sus repetidos intentos de años de tomar sin éxito a Buenos Aires y en cambio se vieron obligadas a retirarse rindiendo honores al pabellón nacional y firmando un reconocimiento de nuestra soberanía. Lamentablemente después llegaron los bancos de la usura internacional y aun debemos padecerlos para lo cual deben empañarse las grandezas criollas por los “escribidores cipayos”. Uno de sus objetivos es desmalvinizar nuestras conciencias por orden y pago del imperio.

Si vamos a desalojar de la historia a circunstanciales amantes del alcohol, aunque fueran valientes y responsables servidores patriotas, no nos referimos al vinculado a Malvinas, tendríamos que desmontar varios grandes monumentos bien ganados.

(*) CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos).

Fuente: http://www.rebanadasderealidad.com.ar. Publicado el 27 de marzo de 1007

lunes, 27 de septiembre de 2010

HAIG: "MALVINAS FUE MI WATERLOO"

Revelaciones: en una entrevista con La Nación, el ex secretario de Estado cuenta por qué no pudo evitar la guerra.


Por La Nación


Hace quince años Alexander Haig se embarcó en una misión que le resultó imposible: mediar en el conflicto entre la Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas.


El ex secretario de Estado no está arrepentido de haber aceptado el encargo del entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan. Pero tiene lamentos.


"Malvinas fue mi Waterloo", dijo a La Nación durante un extenso reportaje, porque perdió el cargo y se frustraron sus ambiciones presidenciales. Haig sostiene que George Bush, entonces vicepresidente y luego sucesor de Reagan, "me veía como una amenaza, se tenía que deshacer de mí". Pero no le echa la culpa de su fracaso a las pujas internas de la Casa Blanca: "El verdadero problema fue el sistema de veto que funcionaba en la junta de los militares argentinos".


¿Cómo funcionaba?


Nadie podía decir que sí y todos podían decir que no. El Ejército y la Fuerza Aérea, de alguna manera, eran más razonables. Galtieri hubiera aceptado las propuestas de paz, pero el Ejército no podía avanzar sin el consentimiento de la Armada. El representante de la Armada siempre era el más rígido. Una vez me dijo: "Vamos a pelear y vamos a ganar". Yo le respondí: "Usted dice eso porque nunca le llegaron las bolsas con los cadáveres". Pero no le causó ninguna impresión.


¿Y el entonces canciller Nicanor Costa Méndez?


Creo que era un aliado de la Armada. En dos ocasiones logré el consentimiento de los británicos, él me decía que sí y luego venía con un papelito al aeropuerto. "Lea esto en el avión", me decía. ¡Y el papelito rompía todo el acuerdo! Ya no le guardo resentimiento, pero no le tengo respeto. Me mintió dos veces.


El que tomaba las decisiones era Galtieri, no su canciller.


A Galtieri lo respeto. Creo que fue una víctima de las circunstancias, que estaba sometido a muchas presiones.


Dicen que bebía...


No lo sé, pero lo escuché. Una sola vez, después de horas y horas de negociaciones, lo noté con los cachetes enrojecidos.


¿Thatcher era más flexible?


Ambos lados estaban atrapados por cierto "emocionalismo". La señora Thatcher analizaba la situación en el contexto de la guerra fría. Pensaba que sería una mala señal hacia Moscú que Occidente retrocediera frente a un ataque. No podía tolerar una agresión, una ruptura de las leyes del orden internacional. ¡Y tenía razón!


Si creía que Thatcher tenía razón, ¿Por qué intentó mediar?


Por varios motivos. Uno, no menor, era que América latina podía reaccionar en contra los Estados Unidos si nos poníamos en forma automática del lado británico.


Respaldos


¿Evaluaron la posibilidad de que Moscú apoyara a la Argentina?


Esa preocupación siempre, siempre, estaba presente en nuestros cálculos. Galtieri me dijo que los rusos le habían ofrecido hundir un barco británico con un submarino para que la Argentina se atribuyera el mérito. A mí eso no me preocupaba, porque la junta era visceralmente anticomunista. Si estaban cooperando con los Estados Unidos en Nicaragua. ¡Y eso era contra Castro!


¿Le consta la cooperación de la dictadura argentina con la CIA?


No tengo pruebas, pero lo escuché y no tengo dudas al respecto.


¿Cómo le dice a las islas, Malvinas o Falklands?

Generalmente, Malvinas o "las islas".


¿Y delante de Thatcher?


Seguro que Falklands. Eso fue lo más difícil: demostrarle a las dos partes que éramos imparciales. De todas maneras, le aclaré a los argentinos desde el comienzo que nos pondríamos del lado británico si las negociaciones fracasaban.


Durante su mediación, ¿Estados Unidos le dio información satelital a los británicos?


Le aclaré a Galtieri que respetaríamos los acuerdos de cooperación que estaban vigentes. Pero una de las cosas que me perturbaba, porque dañaba mi credibilidad ante la Argentina, eran las relaciones muy íntimas que el Pentágono tenía con los británicos, especialmente la Armada. La verdad es que yo no estaba al tanto de todo lo que sucedía en la Casa Blanca, donde muchos, con acceso directo a Reagan, se oponían a mi intento mediador.


¿Qué pensaba Reagan?


Muchos en la Casa Blanca creían que el problema no tenía nada que ver con el orgullo nacional, que todo estalló por el petróleo. Reagan a veces repetía eso.


Ahora se firmaron acuerdos de cooperación petrolera.


Es ironía, pero yo no creía en eso.


¿Qué creía?


Que tenía que ver con despertar el orgullo nacional y con otra cosa. La Junta, Galtieri me lo dijo, nunca creyó que los británicos darían pelea. Él creía que Occidente se había corrompido. Que los británicos no tenían Dios, que Estados Unidos se había corrompido... Nunca lo pude convencer de que ellos no sólo iban a pelear, que además iban a ganar.


Galtieri lo subió a un helicóptero para que viera una manifestación en la Plaza de Mayo.


También quería que saliera a saludar al balcón (risas). Pero sólo acepté el viaje en helicóptero y lo que vi fue una muestra de patriotismo preparada por el Gobierno. El domingo fui a misa y las mujeres, en voz baja, me pedían: "Paz, paz", porque iban a pagar los costos con la vida de sus propios hijos.


Usted dice que Thatcher buscó la paz, pero cuando el acuerdo de paz había avanzado con

Belaúnde Terry los británicos hundieron el Belgrano.


Esos son los problemas de acercarse tanto a la guerra, se pierde el control. No creo que los británicos estuvieran intentando boicotear la solución pacífica. En Londres, para mí fue evidente que, salvo el ministro de Defensa, el resto quería la paz.


Pero fue a una guerra que sabía que ganaría y que le sirvió políticamente.


La ayudó tremendamente, eso es cierto. Pero eso le da más méritos a sus intentos de paz, que le sirvieron para poner en evidencia que no era ella la que no quería cooperar.

Al gobierno argentino le gustaría que Estados Unidos vuelva a intentar una mediación.

Es algo natural, tiene buenas relaciones con ambos países.

Clinton dijo que sólo lo haría si se lo piden ambos.

Es una buena respuesta (risas).


¿Porque Clinton sabe que los británicos no se lo van a pedir?


Dudo que lo hagan...


La mediación


Reagan: luego del desembarco argentino en las Malvinas, el presidente de los Estados Unidos designó a Haig, entonces secretario de Estado, como mediador entre la Argentina y el Reino Unido.


Encuentro: Haig se reunió por primera vez con el ex canciller Nicanor Costa Méndez en Nueva York, el 04 de abril de 1982.


Viajes: el mediador se entrevistó con Thatcher en Londres y estuvo dos veces en Buenos Aires con Galtieri, a quien puso al teléfono con Reagan.

Fracaso: sobre el final de abril, Haig se retrae y alienta una mediación del entonces presidente del Perú, Belaúnde Terry.


Ruptura: el 30 de abril anuncia que los Estados Unidos impondrán sanciones económicas a la Argentina y que "responderá positivamente a los pedidos de apoyo de los británicos".


Nadie habló de traspaso


"Nunca hablamos de una transferencia de soberanía para 1997", afirmó Haig, para desmentir a un diario inglés que lo citó diciendo que Margaret Thatcher estaba dispuesta a entregar las islas Malvinas junto con Hong Kong.


Según Haig, la ex primer ministra británica estaba más interesada en "la autodeterminación de los isleños que en la disputa de soberanía".

En otras palabras, el ex secretario de Estado de los Estados Unidos sostiene que Thatcher estaba dispuesta a transferir las Malvinas, siempre y cuando los isleños aprobaran esa decisión mediante un plebiscito.


Pero nunca hubiera sucedido, porque los isleños no quieren ser argentinos, quieren ser británicos.


No lo sé. Con el tiempo, la situación podría haber cambiado de manera dramática, porque el acuerdo hubiera roto con el aislamiento de las islas, las hubiera dejado más expuestas a la influencia argentina, porque contemplaba un gobierno más balanceado.


¿Qué plazos manejaban?


Estaba claro que no podíamos lograr el consentimiento argentino para que el plebiscito fuera algo inmediato porque sabían cómo iban a votar los isleños.


¿La Argentina va a recuperar alguna vez las islas?


No lo sé. Puede suceder si se mantiene el diálogo y se busca una vía pacífica. De lo contrario, si se cometen errores, si surgen fuerzas nacionalistas, eso va a jugar en contra.


Los británicos ya no discuten la soberanía porque está dentro del paraguas.


Eso es un buen signo. En relaciones internacionales, siempre es bueno dejar de lado las diferencias irreconciliables. En el corto plazo, la Argentina debe intentar que las cosas sean como eran antes de la guerra. Antes de la guerra, muchas cosas podrían haber sucedido.


De no haber sido por la guerra, ¿la Argentina tendría las Malvinas?


No puedo afirmar eso. Pero sí puedo decir que la guerra hizo mucho más difícil la perspectiva de un cambio. La discusión de soberanía va a demorar mucho más tiempo.


El divorcio


Cuando la entrevista ya había culminado, Haig se levantó para la despedida y con cierto desdén contó lo que considera su mejor anécdota con Galtieri.


En la intimidad, Haig solía decirle a Galtieri que no tenía "ningún sentido derramar sangre por unas islas rocosas y ventosas".


Al ex secretario de Estado, que jamás pisó las Malvinas y que conocía poco de América latina, le costaba entender el conflicto.


"Usted sabe que la Argentina es un país católico en el que está prohibido el divorcio", respondió


Galtieri, y en broma le dijo que pretendía convertir a las Malvinas en un lugar al que pudieran ir los argentinos a divorciarse. Haig, que estaba desconcertado, atinó a decir: "Bueno, yo soy un hombre católico. No creo en el divorcio". Y soltó una carcajada.


"Garganta profunda es un ex FBI"


Cuando se fue de la Casa Blanca, Haig se convirtió en un hombre de negocios. La oficina de su consultora queda frente al edificio del Washington Post, el diario del Watergate.


¿Sigue pensando que Malvinas fue la misión más difícil de su vida?


Fue difícil, pero también estuve involucrado en el final de la guerra con Vietnam y en Medio Oriente. Tuve muchos momentos difíciles. Ser el jefe de staff de la Casa Blanca durante el Watergate fue una de ellas (risas). Imagine, Nixon fue el primer y el único presidente que tuvo que renunciar...


Dicen que usted fue "Garganta profunda", la fuente de los periodistas que descubrieron el Watergate.


Eso es una estupidez. No tiene sentido. Fue desmentido por los periodistas que crearon Garganta profunda.


Si usted fuera Garganta profunda, ¿lo admitiría?


Durante mucho tiempo yo creí que no había tal Garganta profunda, que era algo inventado para vender diarios. Pero luego investigué y llegué a la conclusión de que Garganta profunda fue un alto oficial del FBI.


¿Quién?


No lo voy a decir. Pero creo que sé quién es. Si es quien fue quien yo creo, pronto se sabrá, porque es una persona que puede morir en cualquier momento. Cuando eso suceda, los periodistas van a tener que dar su nombre para probar que existió tal Garganta profunda.


¿Por qué lo acusaron a usted?


Lo inventaron para poder vender un libro, pero después lo desmintió Ben Bradley, editor del diario

Fuente: La Nación Publicado el domingo 10 de agosto de 1997

JOSÉ HERNÁNDEZ Y LA SOBERANÍA SOBRE MALVINAS


El 02 de abril de 1982, la Argentina tomó posesión de las Islas Malvinas, un territorio usurpado por los ingleses en 1833. La ocupación, un manotazo de ahogado de la dictadura militar, dio comienzo a una guerra que le costaría al país la vida de más de 650 personas. Reproducimos a continuación un artículo escrito por José Hernández en 1869, 36 años después de la usurpación del territorio, publicado originalmente en diario El Río de la Plata. El autor del Martín Fierro llama la atención tanto a las autoridades nacionales de entonces, encabezadas por el presidente Bartolomé Mitre, como a la prensa argentina, sobre la importancia de “velar por la integridad del territorio y los intereses argentinos” y sostiene que “esos derechos no prescriben jamás”.


Autor: Artículo periodístico de José Hernández, acerca de las Islas Malvinas, publicado en El Río de la Plata en noviembre de 1869, citado en HERNÁNDEZ, JOSÉ, Las Islas Malvinas. Buenos Aires, Joaquín Gil, Editor, 1952.

Carta interesante. Relación de un viaje a las Islas Malvinas (1)

Empezamos hoy en la primera página (de El Río de la Plata) la publicación de una interesante carta descriptiva de un viaje a las Malvinas, que nos es dirigida por nuestro amigo y distinguido Jefe de la Marina Nacional, Comandante D. Augusto Lasserre (2). Contiene curiosidades ignoradas por la generalidad de nuestros lectores, y nos hace conocer de una manera sencilla, interesante y clara, la población, usos, costumbres, industria, comercio y demás, relativo a aquellas islas, cuya situación geográfica les da una grandísima importancia. (…)

Islas Malvinas. Cuestiones graves. (3)

A la interesante relación del viaje a las Islas Malvinas de nuestro distinguido amigo el señor Lasserre que publicamos hace algunos días en El Río de la Plata, ha llamado justamente la atención de la prensa ilustrada, y ha sido leída con profundo y general interés en toda la población. Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.

Se concibe y se explica fácilmente ese sentimiento profundo y celoso de los pueblos por la integridad de su territorio, y que la usurpación de un sólo palmo de tierra inquiete su existencia futura, como si se nos arrebatara un pedazo de nuestra carne. La usurpación no sólo es el quebrantamiento de un derecho civil y político; es también la conculcación de una ley natural.

Los pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación. El precedente de injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿Quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?

El pueblo comprende o siente esas verdades, y su inquietud es la intranquilidad de todos los pueblos que la historia señala como víctimas de iguales atentados. Allí donde ha habido un desconocimiento de la integridad territorial, hemos presenciado siempre los esfuerzos del pueblo damnificado por llegar a la reconquista del territorio usurpado.

El señor Lasserre ha dicho muy bien, inspirado en un noble sentimiento, al emprender su interesante narración: “Las siguientes líneas quizá ofrezcan algún interés por la doble razón de ser ellas (las islas) propiedad de los argentinos, y permanecer, sin embargo, poco o nada conocidas por la mayoría de sus legítimos dueños. No es mi intención, ni creo oportuno este caso, para entrar en consideraciones políticas sobre la no devolución de ese inmenso territorio que hemos prestado a los ingleses, un poco contra nuestra voluntad, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin deplorar la negligencia de nuestros gobiernos, que han ido dejando pasar el tiempo sin acordarse de tal reclamación pendiente. Es de suponer que la ilustración del actual Gobierno Nacional comprenda la importancia de esa devolución, que él se halla en el deber de exigir del de S.M.B., pues que esas islas, por su posición geográfica son la llave del Pacífico y están llamadas indudablemente a un gran porvenir con el probable aumento de población en nuestros fertilísimos territorios.”

La importancia de las Islas Malvinas es incuestionable. Su proximidad a la costa Sud de nuestro territorio, sus inmejorables puertos para el comercio y navegación de aquellas costas, el valioso ramo de la pesca, la cría de ganados vacuno y lanar, para la cual se prestan maravillosamente sus fertilísimos campos, con ricas aguadas permanentes, todas éstas son ventajas reconocidas por los que han visitado dichas Islas.

Refiriéndose el Standard (4) A la relación del señor Lasserre, y apreciándola en términos honoríficos, anuncia que va a traducirla para ofrecerla a sus lectores. Con este motivo, dice el colega inglés, “que se han realizado grandes compras de ovejas para las Islas Malvinas, las que han sido contratadas a 30 pesos, moneda corriente, elegidas y puestas a bordo”.

Pero no nos hemos propuesto esencialmente dar idea de las ventajas económicas que ofrece la posesión de aquellas Islas. Si no hemos debido prescindir de esos detalles, es porque ellos pueden estimular el celo de nuestro gobierno e influir en sus disposiciones en relación a la reclamación diplomática que debe entablar desde ya ante el gobierno británico.

Con esta cuestión se presenta enlazada otra que no es menos grave por ser individual, y que viene a explicar históricamente el origen de la usurpación del dominio de las Islas Malvinas. La República Argentina mantuvo siempre sobre las Islas su indisputable derecho de soberanía. Penetrados nuestros primeros gobiernos de la necesidad de afirmar la posesión de ese derecho por la explotación industrial de aquellas Islas, hicieron con ese fin algunos esfuerzos meritorios.

En 1828, el gobierno cedió al señor D. Luis Vernet la Isla llamada Soledad, a condición de formar en ella una Colonia a su costa. Esta se realizó con el mejor éxito después de vencer todas las dificultades inherentes a una empresa de tal magnitud.

La colonia prosperaba hacía ya algunos años y el gobierno argentino veía con singular satisfacción el gran porvenir que aquella naciente colonia auguraba para la navegación y comercio de nuestras extensas costas hasta el Cabo de Hornos.

En 1831 fueron apresados en las islas tres buques norteamericanos que habían reincidido en la pesca de anfibios contra los terminantes reglamentos que debía hacer observar la autoridad de aquella jurisdicción. El doctor Areco, en la tesis que presentó en 1866 para optar al grado de Doctor en Jurisprudencia, consagra algunos recuerdos a ese episodio histórico que debía tener tan deplorable consecuencias. Dice así: “El Gobernador de Malvinas [el señor Vernet], obligado a hacer respetar los reglamentos relativos a la pesca, o mejor dicho matanza de lobos, dentro de su jurisdicción, reglamentos tan antiguos como ésta, e interesado en gozar exclusivamente de una de las concesiones que le había hecho el gobierno de Buenos Aires, detuvo unos buques norteamericanos, que según confesión de sus mismos capitanes, se ocupaban de este tráfico ilegal. El tribunal competente los declaró buenas presas y legitimó la conducta del señor Vernet” (5).

A consecuencia de ese apresamiento el comandante de un buque de guerra norteamericano, destruyó la floreciente colonia de la isla Soledad, y ese hecho injustificable fue precisamente lo que indujo a Inglaterra a apoderarse de las Islas Malvinas, consumando ese atentado contra la integridad territorial de la Nación Argentina, cuya soberanía sobre aquellas islas había sido siempre respetada.

Un distinguido diplomático argentino, el doctor D. Manuel Moreno, acreditado cerca del gobierno británico en calidad de Ministro Plenipotenciario de la República, en 1834, se expresaba en estos términos en nota dirigida a aquel gobierno: “No puede alegarse contra las Provincias Unidas [del Río de la Plata] que traten de revivir una cuestión que estaba transada después de más de medio siglo atrás. Por el contrario, la invasión de la Corbeta Clio en 05 de enero de 1833 es la que ha alterado e invertido el estado de cosas que había dejado la convención de 22 de enero de 1771” (6).

Entre tanto, el gobierno argentino, que ha pagado íntegramente todas las deudas procedentes de perjuicios originados a los súbditos extranjeros, que se ha mantenido hasta ahora en estrechas y cordiales relaciones con todos los gobiernos europeos y americanos, excepto el del Paraguay, no ha obtenido reparación alguna por los serios perjuicios causados a un ciudadano argentino por la destrucción de la colonia Soledad, ni menos por la usurpación de las Islas Malvinas, arrebatadas por los ingleses, en una época en que los gobiernos hacían imprudente alarde de las ventajas materiales de la fuerza, en un momento dado.

Debemos creer que eso se deba a la indiferencia de nuestros gobiernos, o a las débiles gestiones con que se han presentado ante los gabinetes extranjeros. Absorbidos por los intereses transitorios de la política interna, nuestros gobiernos no han pensado en velar por los altos intereses de la Nación Argentina, más allá del círculo estrecho en que se han agitado estérilmente los círculos tradicionales. Nos hallamos felizmente en una situación nueva y especial.

Los últimos treinta años han marcado la serie de grandes progresos morales y materiales. Ya no es el alarde de la fuerza, el que apoya una gestión cualquiera en el mundo diplomático. Los gobiernos han comprendido ya que no hay otra fuerza legítima y respetable que la fuerza del derecho y de la justicia; que el abuso no se legitima jamás, e imprime siempre un sello odioso sobre la frente de los que lo consuman.

La historia y la moral les han enseñado que tarde o temprano se expía el atentado cometido a nombre de la fuerza, porque los que hoy se prevalen de la inferioridad relativa, hallarán mañana otro poder más fuerte, que utilizará en su ventaja la lección que se desprende de un acto depresivo y criminal.

En los tiempos contemporáneos tenemos ejemplos elocuentes de esa verdad. Austria devolviendo el Véneto a la Italia, después de haber experimentado el fusil de aguja; Francia desprendiéndose de México ante la actitud de los Estados Unidos; España abandonando las islas del Perú, ante la explosión del sentimiento americano, son hechos recientes que confirman la saludable revolución de las ideas de moral y de justicia, que se opera en el mundo.

Gobiernos ningunos en los últimos tiempos han llevado más adelante ese respeto por la opinión universal, que los gobiernos de Estados Unidos y de Inglaterra, y son los gobiernos más fuertes del mundo. La época lejana de ilusorias conquistas pasó y los americanos y los ingleses son hoy los primeros en condenar los atentados que se consumaron en otro tiempo a la sombra de sus banderas. ¿Cómo no esperar entonces que los Estados Unidos y la Inglaterra se apresuren a dar testimonio de su respeto al derecho de la Nación Argentina, reparando los perjuicios inferidos, devolviendo a su legítimo soberano el territorio usurpado?

Entendemos que la administración del General Mitre se preocupó de esta cuestión y envió instrucciones al ministro argentino en Washington, que lo era el señor Sarmiento, para iniciar una justa reclamación por la destrucción de la colonia y el abandono a que esto dio lugar. Parece que el señor Sarmiento no reputó bastante explícitas las instrucciones, aunque apoyó resueltamente el derecho de entablar aquella reclamación. Entre tanto, deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar por la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Esos derechos no se prescriben jamás.

Y pues que la ocasión se presenta, preocupada justamente la opinión pública con la oportuna publicación de la interesante carta del señor Lasserre, llenamos el deber de iniciar las graves cuestiones que surgen de los hechos referidos. Llamamos la atención de toda la prensa argentina sobre asuntos de tan alta importancia política y económica, de los cuales volveremos a ocuparnos oportunamente.

Descripción de un viaje a Malvinas (7)

Mi querido Hernández: Cumpliendo con la promesa que usted me exigió en julio próximo pasado de hacerle la relación de mi viaje a las Islas Malvinas, le envío las siguientes líneas, que quizá le ofrecerán algún interés, por la doble razón de ser ellas [las islas] propiedad de los argentinos y de permanecer, sin embargo, poco o nada conocidas por la mayoría de sus legítimos dueños.

No es mi intención, ni creo oportuno este caso, para entrar en consideraciones políticas sobre la no devolución de ese inmenso territorio que hemos prestado a los ingleses, un poco contra nuestra voluntad, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin deplorar la negligencia de nuestros gobiernos, que han ido dejando pasar el tiempo sin acordarse de tal reclamación pendiente, y haciendo con imperdonable indiferencia más imposible cada día la integridad de la República Argentina.

Es de suponer que la ilustración del actual Gobierno Nacional (8) comprenda la importancia de esa devolución, que él se halla en el deber de exigir del de S.M.B., pues que esas islas, por su posición geográfica son la llave del Pacífico, y están llamadas indudablemente a un gran porvenir, con el probable aumento de población de nuestros fertilísimos territorios. A ustedes, los de la prensa, es a los que compete, llegado el caso, tratar esa cuestión. (…) Muy pocos argentinos han permanecido en Malvinas después de la injusta ocupación inglesa. Los que aun existen allí no pasan de veinte, todos ellos empleados como peones o capataces en las estancias, para cuyo trabajo sobresalen de muchos de los extranjeros.

[1] Título que encabezaban esta noticia en el Nº 86 de El Río de la Plata, publicada en la sección editorial correspondiente al día 19 de noviembre de 1869. El día 20, con objeto de dejar aclarados algunos errores que se habían deslizado en el texto de la susodicha noticia, ésta volvía a publicarse en la misma sección del diario donde apareció el día anterior y con el texto que transcribimos. José Hernández era propietario, fundador y redactor de El Río de la Plata con imprenta y redacción en la calle Victoria 202 de Buenos Aires. Desde el primer número, que vio la luz el 6 de agosto de 1869, hasta el último aparecido el 22 de noviembre de 1870, Hernández nutrió, con su pluma, las columnas de los 207 números del diario con más de quinientos editoriales y artículos. Todos ellos sobre temas políticos, de actualidad y bibliográficos. Solamente en casos excepcionales aparecieron firmados.

[2] Augusto Lasserre nació en Buenos Aires el año 1826. Fue promovido a capitán de marina el 11 de junio de 1852, en cuya calidad prestó servicio en la escuadra de la Confederación Argentina. (…) El 30 de septiembre de 1886, Lasserre fue ascendido a comodoro. Falleció en Buenos Aires el 20 de septiembre de 1906.

[3] Tales son los títulos que encabezan el artículo aquí reproducido de El Río de la Plata, publicado en el Nº 92 correspondiente al día 26 de noviembre de 1869. Ocupaba dos columnas de la sección editorial del diario… Este artículo, como todos los de la sección editorial del diario, aun cuando no va firmado, pertenece a la pluma de Hernández.

[4] El día 20 de noviembre, en su número 2324, The Standard publicó en la sección Editor’s Table, entre otras noticias, la siguiente….

[5] Este texto se lee en la página 76 de la Tesis presentada para obtener el grado de Doctor en Jurisprudencia por Isaac P. Areco. Buenos Aires, 241 Imprenta de Mayo, calle Moreno 243, 1866. La tesis del señor Areco lleva como proposición principal, las siguientes frases: “Las Islas Malvinas pertenecen exclusivamente a la República Argentina entre tanto no renuncie a sus derechos a la soberanía de ellas.” El texto que constituye la tesis, llena ciento dos páginas del total de ciento sesenta de que consta el volumen. El resto está destinado a las “piezas justificativas del proceso”, como dice su autor, estando entre ellas documentos publicados en Londres, el año 1841, por D. Manuel Moreno, y reales órdenes tomadas del panfleto del doctor Vélez Sarsfield titulado Discusión de los títulos del Gobierno de Chile a las tierras del Estrecho de Magallanes. Buenos Aires, Imprenta Argentina, 1853.

[6] Fragmento de la nota, de don Manuel Moreno al Duque de Wellington, fechada en 29 de diciembre de 1834; véase en la página 65 del opúsculo, impreso en Londres por Arturo Carlos Luthman, en 1841, titulado: Reclamación del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra El de Su Majestad Británica sobre la soberanía y posesión de las Islas Malvinas (Falkland). Discusión Oficial. Este opúsculo de 69 páginas en castellano, inglés y francés, es un trabajo del doctor Moreno que “hace honor a la República Argentina –dice el doctor Isaac P. Areco-, cuyos derechos defendió con toda la elevación de un hombre de ciencia y la probidad de una conciencia austera.” El opúsculo en cuestión, contiene un mapa de las Malvinas y una cantidad de documentos incluidos en las diversas secciones en que aquél se divide y que son: a) Protesta del Ministerio plenipotenciario de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Manuel Moreno, fechada en 17 de junio de 1833, cuyo texto y los apéndices A, B y C, están en castellano e inglés. B) El mismo texto y apéndices de la protesta susodicha, pero en francés. C) Respuesta de Lord Palmerston, en castellano e inglés, fechada el 8 de enero de 1834. d) Nota del señor Moreno, al duque de Wellington, referente a la respuesta del vizconde Palmerston. Lleva la fecha 29 de diciembre de 1834; su texto está en castellano y en inglés. E) Nota del señor Moreno al conde de Aberdeen, del 18 de diciembre de 1841. Se lee en castellano e inglés. F) La respuesta del conde de Aberdeen al señor Moreno, en castellano y en inglés; tiene fecha del 29 de diciembre de 1841. Este documento cierra el opúsculo cuyo título y divisiones acabamos de transcribir.

[7] Con este título se encabeza la trascripción de la carta del señor Augusto Lasserre en El Río de la Plata. Comenzó a publicarse el día 19, continuó el 20 y finalizó el día 21 de noviembre de 1869.

[8] El Gobierno que había en noviembre de 1869, estaba constituido así: Presidente, Coronel D. Domingo Faustino Sarmiento. Vicepresidente, Coronel y Doctor Adolfo Alsina…


Fuente: www.elhistoriador.com.ar

domingo, 26 de septiembre de 2010

LAS MALVINAS YA NO PUEDEN PERMANECER COMO UN COSTOSO FASTIDIO DE GRAN BRETAÑA


Colonias distantes son un anacronismo. Gran Bretaña tendrá que negociar con Argentina porque el mundo insistirá en ello

Por Simon Jenkins (*)

Una disputa comercial estalló en el Atlántico Sur. Argentina se afirma en una vieja demanda por las Malvinas y la lleva a la ONU. Gran Bretaña la rechaza, ¡Ustedes deben estar hablando en broma!. Nadie la toma seriamente, tanto como la guerra es inconcebible. Downing Street se preocupa más por impopularidad interna.


Eso fue en marzo de 1982. También la semana pasada. Cuando los tabloides saludaron la demanda de Argentina mordazmente. Ahora están igualmente teñidos, llamando a la presidente argentina, Cristina Kirchner, “Reina cuestionadora” y “Vieja cara de plástico”. Tomó nueve semanas la contra-invasión, con 1000 muertes y 3000 millones de Libras Esterlinas gastadas, para que Gran Bretaña pudiera restaurar la apuesta del statu quo. La guerra de Malvinas fue un fracaso catastrófico de la diplomacia y la disuasión. Ahora, por lo menos, la guerra es improbable.


Gran Bretaña tiene casi tantos soldados en las islas, 1200, como isleños había en el momento de la invasión. Está en guardia y la última cuestión con Argentina está relacionada con la llegada de una plataforma de exploración petrolera, el Guardián del Océano, a las aguas del norte de Puerto Stanley. Argentina considera los recursos submarinos dentro de las cuestiones de su larga demanda por las islas que, a pesar de su derrota en la guerra de 1982, no disminuyeron. La conquista militar no establece el título legal.


Cualquiera que estudie la tortuosa historia y las leyes de Malvinas sabrá que la demanda de Argentina sobre las islas era ciertamente válida. El tratado de Utrecht reconoció la soberanía española y esto llevó a 40 años de ocupación española de las islas que se reafirmaron en 1823 por Buenos Aires después de su independencia de España. Diez años después, las islas eran incorporadas por la fuerza por Gran Bretaña, y los colonos fueron impuestos en un crudo acto de agresión imperial.


Argentina protestó desde entonces por sus derechos sobre las islas y lo viene registrando regularmente ante el Comité del Descolonización de la ONU, apoyado por otros estados anti-imperialistas del sur y del norte de América. Treinta y dos países latinoamericanos reafirmaron ese apoyo en México esta semana, incluso los Estados Unidos de Norteamérica, que simpáticamente se negó a acompañar a Gran Bretaña, en lo que también su puede ver como un visible postura anti-imperial.


La defensa de Gran Bretaña está basada en una "fórmula"; que expresa que los británicos han estado ocupando ininterrumpidamente las islas desde el siglo XIX, apoyada, a menudo, por el deseo proclamado de los isleños que no querer ser argentinos. Tales consideraciones pueden ser fuertes, si no agobiantes, para las leyes internacionales. Ellos se apoyan en que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la respuesta del ejército inglés a la invasión argentina de 1982.


Pero el título legal no es todo. Los isleños son los mármoles de Elgin de la diplomacia, quizás trivial para Londres, demostrando un estado de permanente agravio hacia los argentinos. Antes de 1982, Gran Bretaña reconocía esto. Las islas despedían de la Argentina, que era su obvio eslabón al mundo externo. Continuar defendiendo y proporcionando abastecimientos desde Gran Bretaña era un costoso legado del imperio.


De hecho en el mismo momento que ocurría la guerra de Malvinas, Margaret Thatcher estaba transfiriendo Hong Kong a China, y su ministro favorito, Nicolás Ridley, estaba buscando un compromiso negociado sobre las Malvinas con Argentina en la ONU. Esto era para el traspaso de la soberanía de las islas a Buenos Aires con un acordado arrendamiento a Gran Bretaña para administrar en nombre de los 1800 isleños que retendrían su derecho para permanecer británicos.


La ironía es que el arrendamiento podría haber sido aceptable para los isleños ante una Argentina democrática, pero ocurrió un evento que hizo que tal confianza se desmoronara y fuera imposible: la guerra de Malvinas. Pero eso era en el corto plazo. El corto plazo no puede ser el final del problema.


Argentina no ha amenazado con llevar a cabo una acción militar contra la plataforma petrolera, ni necesariamente la protesta de la Presidente Kirchner es para lograr una mayor popularidad. Las Malvinas son un problema importante en la política de Buenos Aires. La decisión de Gran Bretaña para proseguir las tareas de perforación, a pesar de la Declaración Conjunta de 1995 sobre el petróleo, es visto en América Latina como una arrogancia imperial. El problema todavía puede decidirse por la Corte Internacional en La Haya.


El derecho a la libre determinación de los isleños, categórico obstáculo para cualquier trato con la Argentina, tiene que ser analizado. Intransigentes en su contestación a las negociaciones de Ridley, los isleños exigieron y consiguieron su rescate en 1982 por la fuerza de tareas y mediante el apoyo extravagante, de siempre, del ala derecha de los neo-imperialistas en la Cámara de los Comunes. Ellos han desairado todos los esfuerzos de los mediadores de Buenos Aires para restablecer el contacto.


Los isleños exigen que el costo de sostener su enorme aislamiento pueda solventarse con el rédito potencial del petróleo. Pero ese rédito del petróleo les pertenece a ellos tanto como el rédito del petróleo del Mar Norte le pertenece a las islas Orkneys. En cuanto al potencial petróleo del lejano sur, la inhabitada Georgias del Sur y las Islas de Orkney del Sur deberían exigir "su libre determinación" para justificar que Gran Bretaña destine el rédito obtenido allí, qué muchos en América del Sur consideran suyos.


El consentimiento democrático siempre es importante, aunque no absoluto. Gran Bretaña nunca les dijo a los isleños de Hong Kong que los entregaría a Beijing. El destino de Gibraltar no puede delegarse completamente a los habitantes de Gibraltar. Hay una feroz oposición entre los partidos políticos ingleses para permitirle a los escoceses a votar para acabar o no su unión con Inglaterra. No hay nada especial sobre las Malvinas.


En otros términos, 2500 colonos no pueden disfrutar por un descalificado veto en la política gubernamental británica. Thatcher pensó que era interés de Gran Bretaña, negociar con Argentina en 1982, incluso cuando allí había una dictadura. Ahora que en Argentina hay una democracia aquel interés no puede haber disminuido. Los subsecuentes gobiernos británicos supieron esto, pero les faltaron agallas para actuar en aquella línea. Malvinas seguirá siendo una costosa molestia para la diplomacia británica, y posiblemente para el comercio con América Latina, más aún después del apoyo obtenido por Kirchner la última semana en México.


La mejor esperanza para unas Malvinas estables y prósperas bajo la ocupación británica estaría dada por un reavivamiento de un arrendamiento bajo la vigilancia de ONU. Las islas deben tener eslabones con el continente adyacente. Es absurdo proporcionarlos, para siempre, a través de un puente aéreo desde Gran Bretaña y Ascensión. Tampoco la seguridad de ciudadanos británicos debe depender de la explotación de petróleo en la plataforma continental de América del Sur.


Gran Bretaña tuvo mucha suerte al ganar la guerra de Malvinas. Sin una casual ocupación de las vacías Georgias del Sur que permitieron más tarde planear una invasión, y sin el público y secreto apoyo de los Estados Unidos sosteniendo a la fuerza de la tarea británica, el juego desesperado de Thatcher podría haber fallado y la ocupación Argentina hubiera tenido un éxito similar, al de la toma del Goa portugués por la India. (Se llamó incluso el Plan Goa)


Aquella guerra improbablemente se repita. Pero ello no puede permitirnos ignorar sus causas. Las colonias distantes son un anacronismo post-imperial. Gran Bretaña tendrá que negociar con Argentina porque el mundo, o en la ONU o en La Haya, insistirá en ello. El gobierno y los medios de comunicación pueden enterrar sus cabezas en la arena, pero eso no hará que las disputas de los isleños continúe o se intente que se paguen las culpas por la muerte de un tonto en una guerra ocurrida hace un cuarto de siglo.

(*) Simon Jenkins es periodista y autor. Escribe para El Guardian, El Sunday Times y para la BBC. Fue editor del Times y del London Evening Standard

Fuente: http://www.guardian.co.uk. Publicado el jueves 25 de Febrero de 2010

Traducción no oficial de Roberto Briend

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DICHO POR PRIMERA VEZ - LA MÁS EXTRAORDINARIA E ÍNTIMA HISTORIA DE LA GUERRA DE MALVINAS






Por Mark EYLES-THOMAS

Cuando el Monte Longdon apareció en la oscuridad, mi corazón se aceleró y el miedo se estableció en mí. Entre las rocas, en la cima escarpada, protegidos por refugios fortificados, 600 soldados argentinos estaban esperando el ataque de mi batallón.

A pesar de nuestra moderna tecnología y sofisticado armamento, esta batalla iba a ser hombre a hombre, cara a cara, mano a mano, metro a metro.

¿Qué hacía yo en esta posición, a miles de kilómetros de casa y de la gente que amaba? A los 17 años, no tenía ni siquiera la edad para ver una película con clasificación X, o tomar una copa en el pub de mi barrio. Sin embargo, en cuestión de minutos, yo podría hacer el último sacrificio para mi país. ¿Cómo podrían mi madre y mi hermana hacer frente a la noticia de mi muerte?. Mi cuerpo se estremeció. Traté de controlar mi respiración, pero mi ansiedad era demasiado grande. Mi corazón latía con fuerza mientras esperaba la orden de avanzar.

Me había unido al Ejército, después de dejar la escuela a los 16 años, como un acto de rebelión en contra de mi padre que era un fuerte, disciplinado hombre, que había querido que yo fuera un jugador de críquet profesional. Jugué en el condado de Kent a la edad de diez años, pero la presión que puso sobre mí se hizo insoportable, así que me uní al Ejército.

Mi primer año lo pasé en la Compañía del Paracaídas Junior que era la responsable de la formación de muchachos de 16 años de edad que abandonan los estudios. Fue duro pero hice tres grandes amigos, todos de la misma edad que yo.

Jason Burt, de Walthamstow, el tipo más alegre que puedan conocer, apuesto, con tez Mediterránea y amado por las chicas.

Ian Scrivens, de Yeovil, era un tipo cabeza rapada, 1,80 metros de altura, era tanduro como el hierro, pero podía bailar como John Travolta su música favorita Motown. Scrivs era un líder natural, con un enorme poder de convencimiento para su edad y con gran presencia.
Neil Grose era el cuarto miembro de nuestra pandilla, cabello oscuro, tranquilo, confiable y un tirador con talento.

De todos nosotros, él era el más cercano a su familia, y la extrañaba terriblemente durante el entrenamiento. Una vez, esperando en la fila para llamar por teléfono a casa, oí que hablaba con su madre. Era obvio que la conversación fue difícil para él, así que hablé con ella. Ella me dijo que sentía nostalgia y yo le prometí que cuidaría de él.

Todos obtuvimos nuestras alas y fuimos enviados al Para 3. En aquel entonces, los muchachos de 17 años podían ingresar en el Ejército con el consentimiento de tus padres, como hoy en día, y también podían luchar en el frente, algo que ahora no se permite. En 1982, la única restricción era que no se podía servir en Irlanda del Norte. A nuestro batallón no se le permitió ir Ulster (Irlanda del Norte) durante algún tiempo. Siete meses más tarde, sin embargo, la Argentina invadió Malvinas, y en pocos días, el 08 de abril de 1982, fuimos embarcados en el crucero de línea SS Canberra, e íbamos camino hacia el Atlántico Sur.

Al principio, el viaje era alegre y divertido. Un acuerdo diplomático sería alcanzado, daríamos la vuelta y regresaríamos a casa. Pero la realidad de estar en guerra sería otra, cuando nos enteramos que el HMS Sheffield había sido hundido. A partir de entonces, supimos que el aterrizaje sería en las Malvinas.

El 21 de mayo, el Para 3 aterrizó, sin una respuesta defensiva, sobre la playa Verde Dos en San Carlos en la Isla Soledad y marcharon 80 millas tierra adentro a través de terreno hostil en el clima atroz.

A medida que el Para presionaba a una velocidad vertiginosa, el ejército de conscriptos argentinos se retiraban para ocupar una posición final en la herradura de montañas que rodean la capital, Puerto Argentino.

En la noche del 11 al 12 de junio, los hombres, del Para 3 fueron recibieron la tarea de tomar la fuertemente defendida cumbre del Monte Longdon, que cerraba el camino para la ofensiva final de liberación de la capital.

Longdon estaba cuatro millas al oeste de Puerto Argentino. La ventaja de la altura desde la cima significaba que cualquier ataque sobre la ciudad sería vulnerable, al menos que se tomara la parte posterior de las montañas.

Inteligencia sugirió que un batallón de soldados argentinos, de alrededor de 600 hombres del Regimiento de Infantería Mecanizada 7, ocupaban una serie de refugios fortificados y posiciones de ametralladora plantadas entre las rocas en la cima escarpada.

Su moral, se esperaba que fuera baja y de débil resistencia. Se nos aseguró también que no había campos de minas.

Con el apoyo de misiles Milan y morteros, además de fuego sostenido de nuestras propias ametralladoras, el Para 3 fue a atacar a pie.

Para agregar sorpresa, el ataque sería en silencio, lo que significaba que las posiciones argentinas no serían bombardeadas por la artillería.

Al amparo de la oscuridad, nuestro pelotón, Pelotón 4 de la Compañía B, avanzaría por el suelo limpio a lo largo del borde norte de la montaña antes de moverse hacia el sur hasta un punto intermedio conocido como Fly Half.

Allí nos uniríamos con las fuerzas del Pelotón 5 para continuar el avance hacia la cumbre, con nombre en código Full Back. Nuestra Compañía A atacaría una cumbre más pequeña, conocida como Wing Forward.

Justo después de la medianoche, avanzábamos en formación escalonada. Menos de cinco minutos más tarde hubo una explosión seguida de gritos de dolor. Mi comandante de sección, el Cabo Brian Milne, había pisado una mina anti-personal. La inteligencia se había equivocado y el elemento de sorpresa había desaparecido.

Inmediatamente, ronda tras ronda de balas de ametralladoras argentinas cayeron sobre nosotros y las bengalas iluminaron el cielo. Me dejé caer sobre el terreno.

Mount Longdon, previamente frío, oscuro y aún silencioso, estaba ahora vivo. La montaña y nuestro objetivo inicial, Fly Half, todavía se encontraba a 100 metros a mi derecha.

Nuestra sección, ahora en los espacios abiertos del campo de minas, era vulnerable a los disparos del enemigo.

El Cabo Milne gritaba apagando los horrendos gemidos de los hombres que sufrían graves heridas.

Nos quedamos tendidos allí en el frío, en la hierba húmeda, incrédulos de lo que se estaba desarrollando ante nosotros.

Tendido junto a mí, mi amigo Jason Burt se volvió y me dijo que iba hacia el cabo Milne para inyectarle su morfina.

Minutos más tarde Jas me dijo: "no parece fácil su dolor, voy a darle la mía". Como todo soldado sabe, la morfina que es llevada en el cuello, es para su propio uso. En ese camino iban las cosas, se trataba de ser muy valiente para dar su propia morfina en una fase tan temprana de la batalla.

El soldado Ron Duffy lo arrastró hacia nosotros. "Creo que ha perdido la parte inferior de la pierna", susurró Jas. "OK, muchachos, no digan nada de lo que han visto aquí", dijo Ron. "Seria malo para la moral".

Dejamos nuestra posición y lo hicimos hacia los pies de la montaña para unirnos al resto de nuestro pelotón. Se había desatado el infierno arriba de nosotros.

Los hombres gritaban "Muévanse a la izquierda" o "Contra el refugio de la derecha!", el caos reinaba. Los argentinos gritaban las órdenes desde lo alto, seguido por ráfagas de armas automáticas, balas trazadoras y explosiones.

De vez en cuando se oía el golpeteo, el fuerte sonido de una enorme bestia diseñada para destrozar aviones en pleno vuelo, una ametralladora pesada calibre 50. El enemigo había encontrado un nuevo objetivo para el arma: nosotros.

Se nos dijo que nos moviéramos alrededor de la esquina de una pared de roca formada por una pequeña cresta rocosa. Una vez en el lugar, llegó la orden de cargar de frente hacia el enemigo, teníamos una posición argentina de calibre 50 a sólo 30 metros de distancia.

Los hombres estaban detrás de mí y a mi izquierda, sus bayonetas brillando bajo la luna. Jas estaba a mi derecha inmediata todos esperando la orden de atacar.

En la Primera Guerra Mundial las ordenes se daban mediante un silbato, con lo cual los muchachos se lanzaban contra el enemigo, Más de 60 años más tarde, estábamos haciendo básicamente lo mismo, pero sin el silbato.

"¡Carga!" Como ya he aclarado, hacia la cresta y corriendo hacia el enemigo disparando mi arma, yo no pensaba en nada. Sin duda, sin miedo, como un robot. Mientras cruzaba la tierra delante de su posición, dispararon contra mí. Seguía imparable, sin inmutarme por las grandes armas.

A cubierto, detrás de un macizo de rocas, miré hacia atrás a través de la oscuridad sobre el terreno que recién había pasado, casi todos los integrantes del pelotón estaban heridos, a cubierta o yacían inmóviles. Consideré salir de mi refugio, vagamente recordaba a Jas, que estaba a mi derecha, durante la carga.

"Jas" "Lo llamé. No hubo respuesta.
"Tom, ¿eres tú?", preguntó una voz. Tom era mi apodo.
"¿Eres tú, Scrivs?" pregunté
Sí, yo estoy aquí con Grose, el ha recibido un disparo. Me arrastré de nuevo para buscar a Jas.
Lo encontré acostado boca abajo a 10 metros de donde yo me había puesto a cubierto. Lo llamé, pero no tuve respuesta. Mientras me acercaba temía lo peor. "Jas, pregunté, esperando que él me contestara. Una vez más, nada. Lo agarré de su campera, su cuerpo se desplomó hacia mí y uno de sus brazos cayó a su lado. Una bala de la ametralladora 50 había penetrado en su casco, matándolo instantáneamente.

Me quedé mirando a Jas, me sentía incapaz de abandonarlo. A medida que la sangre corría por su cara, me recordaba una de las muchos arroyos que había visto en las noches durante nuestra formación en el Brecon Beacons. Nos habíamos jurado que si uno de nosotros moría, el otro le quitaría las placas de identificación y se las entregaría a sus padres como un recuerdo, un recuerdo de un bravo, desinteresado y último acto.

Me dispuse a hacerlo, pero debido a sus lesiones, no podía. No me atreví a hacerlo. Mental y físicamente, la tarea era demasiado. Como con un aliento me disculpé y lo puse suavemente boca abajo. Luego me arrastré hasta Scrivs, que estaba con Grose en el medio del campo de batalla. "Creo que ha recibido un disparo en el pecho", dijo Scrivs. "Pero puedo encontrar el orificio de salida".

Cada vez que sonaba un disparo, Scrivs se echaba sobre Grose para protegerlo. Hay un francotirador que ha disparado contra nosotros todo el tiempo, se quejó. ¿Cómo está Jas?, Yo hice un movimiento negativo con la cabeza. Scrivs cerró los ojos por un segundo, a manera de acuse de recibo. Me sentí agradecido por su simple expresión de simpatía. Su fortaleza mental, y física, siempre fue evidente.

Con la ametralladora enemiga ahora en silencio, podíamos oír otros integrantes del pelotón heridos gimiendo y pidiendo ayuda. Comprobamos el estado del vendaje en la herida en el pecho de Grose. Él gemía de dolor y tenía dificultad para respirar. “Pongámoslo sobre su lado herido”, dije. Grose dio un grito de dolor y rogó para que no lo moviéramos.

Con una herida en el pecho, los pulmones pueden llenarse de sangre y Grose podría haberse ahogado. Tenía que ser colocado sobre su lado lesionado para que pudiera drenar líquidos internos, o el flujo en el pulmón dañado, dejando a su pulmón sano para funcionar.
"Grose, debe girar hacia el lado de la lesión," dije, tratando una vez más para cambiar su posición. ¡No me muevas, no me muevas!" gritó. Miembros de la Compañía B llegaron para asistir a los heridos.

"Tranquilo amigo, volverás a disfrutar de tu fiesta de cumpleaños". Scrivs en broma alentó a Grose. "Desde luego, sabes que hacer. Sin embargo creo que los vecinos se molestan con el ruido". Grose intentó reír, pero el dolor era demasiado grande. No me hagan reír, dijo él. "Vamos a tener que moverte", le dije a Scrivs. No podemos quedarnos aquí a la intemperie. Puse mi mano sobre el hombro de Scrivs, para acercar su cabeza a la mía. En ese mismo momento un disparo sonó. Scrivs cayó sobre mi regazo y la sangre salpicó mi cara. Empujé Scrivs con un repulsivo instintivo. Quedó inmóvil, como un arrugado montículo. Me quedé sin poder creer lo que había sucedido. Un minuto antes estaba hablando con Scrivs con mi mano en su hombro, el siguiente: ¡ZAP! se había ido.

Un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Cuándo va a terminar esto?, Donde miraba, había soldados heridos. Pensé, no voy a hacer esto. Grose me miró y me preguntó ¿Dónde está Scrivs?. No quise decirle, pero él lo veía en mis ojos. Grose entornó los ojos, esta vez con el dolor de perder un amigo, se le cayeron unas lágrimas. Yo también lloré.

¿Dónde? esta el helicóptero?, preguntó. Ya viene, Grose, mentí, ya viene, quédate conmigo. Como los disparos de los francotiradores resonaban, otros miembros del pelotón me ayudaron, con un poncho, a llevar a Grose colina abajo, a un improvisado refugio del regimiento (RAP), escondido, al reparo del viento, en un conglomerado de rocas.

Alrededor de las 03:00 a.m. Grose comenzó a perder la conciencia. ¡Mantén tus ojos abiertos!, le dije, temeroso de que se fuera. Si te duermes perderás el helicóptero. Grose me miró y me dijo: "Está todo bien Tom, sé que el helicóptero no viene". Dejando a Grose por unos momentos, corrí alrededor de la RAP en busca de un médico. Contra una pared de roca junto a un grupo de heridos encontré al médico de la compañía, se encontraba con la cabeza entre las manos, totalmente agotado. "No hay vendas, la morfina se esta acabando, todo se ha acabado". Lo fulminé con la mirada y le rogué: "Venga y déle cierta tranquilidad. Dígale que va a estar bien".

A regañadientes, el médico me siguió hacia donde yacía Grose. Inspeccionó la boca a Grose para comprobar sus vías respiratorias. Grose tosió un coágulo de sangre. El médico se apartó, se volvió hacia mí, sacudió la cabeza y se retiró, resignado ante el hecho que no podía hacer nada. En ese momento, lo odié más que a los propios enemigos. Tomé la cabeza de Grosey y lo acuné como un hermano lo haría. Él se agitó en un último intento desesperado para luchar en contra de su herida.

¡Gracias, Tom!, se acomodó en mis brazos por un momento, antes de lanzar su último aliento. No lo podía liberar de mis manos, esperando en vano que el pudiera volver a la vida.
Lágrimas se formaron en mis ojos y después una enorme emoción me invadió. Lloré incontrolablemente. Lloré por Grose, lloré por sus padres, lloré por su hermano y lloré por su hermana.

Abracé firmemente a Grose por última vez, puse su cabeza suavemente en el suelo, besé a mi amigo en la mejilla y le dije adiós. Quedó acostado con la cabeza baja, usé el poncho para cubrir su cuerpo y su cara y me alejé unos metros gateando.

El Sargento Des Fuller, quien se había hecho cargo del Pelotón 4, después de la muerte del Sargento Ian McKay, y McLaughlin reunieron los hombres restantes para avanzar de nuevo.

La porción de tierra que habíamos disputado había sido ocupada de nuevo por las tropas argentinas.

El Cabo McLaughlin me colocó en una posición de vanguardia, yo había perdido mi rifle cuando llevaba a Grose al RAP, me ofreció una pistola Browning 9 milímetros con sólo nueve municiones.

Avanzando en el lugar de vanguardia solamente con esta arma sería suicida y sin sentido. Yo lamentablemente había perdido mi rifle, y me sentí culpable de que podría haber culpado a un amigo muerto por este evento.

Los hombres sobrepasaron mi posición mientras avanzamos con sigilo, con los fusiles listos. Inmediatamente un disparo sonó, seguido de una andanada de estampidos. El soldado que iba adelante fue asesinado con una bala en la frente. Otras víctimas se produjeron en el ataque. El avance se detuvo. ¡Estábamos perdiendo la batalla!. Nuestro avance fue rechazado y debimos regresar hacia el RAP. Grupos de apoyo reforzaron el ataque con misiles Milan y con fuego de ametralladoras. Una vez más, la compañía B se lanzó hacia delante. Desde su posición más alta en la ladera, el Pelotón 5 dio fuego de cobertura y se hizo cargo del asalto. Un contraataque argentino fue detenido y finalmente reprimido.

En las primeras horas de la mañana, la cumbre fue finalmente tomada. La compañía B recibió la orden de llevar a sus víctimas a un lugar más seguro, a los pies de la montaña. En total, 23 hombres del Para 3 murieron y 47 resultaron heridos. Los argentinos perdieron 31 con 120 heridos y 50 fueron tomados prisioneros.

Pensar en Jas, Grose y Scrivs. La realidad de no poder verlos nunca más me golpeó duro. A menudo se reproduce la batalla en mi mente, llegué a la conclusión que la única razón por la que había sobrevivido a la carga inicial fue que a medida que el artillero argentino vacíaba la munición de derecha a izquierda sobre nuestro pelotón que cargaba, yo simplemente corría entre las balas.

Una gran depresión me invadió. Me sentí culpable por no retirar las placas de Jas y por no comprobar el pulso de Scrivs. Me sentí responsable por no ser capaz de salvar Grose. He defraudado a mis amigos.

Las pesadillas y las alucinaciones son partes de la vuelta de un soldado a la batalla. Comenzaron la primera noche después de los combates en el Monte Longdon y he vivido con ellos desde entonces. Toman tu vida y te conviertes en un esclavo de ellas. Tienes miedo de apagar la luz, o cerrar los ojos, sabiendo que tan pronto como te relajes, la mente divaga y te devuelven al fondo de la batalla. A menudo me he despertado en medio de la noche sobresaltado, bañado en sudor o gritando. Una vez que el momento ha pasado, las lágrimas arrancan. No he recibido ningún tipo de apoyo psicológico del Ejército y me siento traicionado por el batallón, pero yo he firmado contrato por otros tres años y no podría dejarlo.

Aproximadamente seis meses después de Longdon, me casé con mi novia Laura. Pasé a tener dos hijos, pero el matrimonio no duró. Las Malvinas me han cambiado de manera irrevocable, y después de dos años y medio nos separamos. Al mismo tiempo, dejé el Regimiento de Paracaidistas y comencé a trabajar en la industria de la seguridad privada. Desde entonces me he vuelto a casar, tengo dos hijos más y fundé mi propia empresa, que emplea a 300 personas.

Mi espose Trish, con quien me casé, por coincidencia, en el aniversario de la Batalla de Longdon en 1990, ha sido testigo de las pesadillas, de las alucinaciones, de las depresiones, de la culpa y, por desgracia, de las inevitables ingestas de alcohol. Pero ella me ha apoyado en todo y somos extremadamente felices.

Nuestro hijo, Dominic, tiene 17 años y, en un giro irónico, ahora planea alistarse en el ejército como oficial. Soy muy consciente de que podría terminar en Irak o Afganistán, pero debe primar su decisión, para cuando el se enrole, el tendrá 18 años y no podré decirle qué debe hacer.

Nosotros eramos jóvenes e ingenuos en aquel entonces pero creo firmemente que jóvenes de 17 años no deberían tener que arriesgar su vida por su país.

A los 17 años, los padres tienen que dar su aprobación para que te unas a las Fuerzas Armadas. Ningún padre debe tener que vivir con el sentimiento que ellos dieron su aprobación para que tú puedas morir en la guerra.

Ojalá la guerra de Malvinas nunca hubiese sucedido, yo ahora estaría disfrutando de la compañía de mis tres amigos, a quien extraño mucho. No pasa un día en que no piense en ellos.

Espero que al describir los acontecimientos que rodearon sus muertes, no haya causado más dolor a sus familias.

A la tierna edad de 17 años, Scrivs, Grose y Jas dieron su vidas por su país en la circunstancias más valientes.
¡Ellos no deben ser olvidados!.


Fuente: http://www.dailymail.co.uk/news/article-448586/Told-time--extraordinary-compelling-story-Falklands-War.html#ixzz1027x3xE2