19 de abril de 2011

MOUNT PLEASANT, LA BASE DONDE NO LLEGÓ EL AJUSTE DE CAMERON

El premier británico la excluyó del plan de recortes en Defensa. Un sitio estratégico.


Por Natasha Niebieskikwiat








 
Paso vedado. Una imagen de las instalaciones en Mount Pleasant.





Aeropuerto. La terminal aérea de la base militar británica en las islas











Las barracas. La base llego a tener unos 7.000 efectivos militares.

Miembros del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata que viajaron a las Malvinas con ex combatientes de dicha ciudad realizaron una producción audiovisual sobre las instalaciones militares que los británicos tienen en su base de Mount Pleasant. Los académicos hicieron llegar a Clarín su material, con la intención de mostrar la base “no en su fase defensiva sino en la de la proyección de su poderío hacia el hemisferio sur”.

Y denuncian, a través de un informe que elaboraron para el IRI bajo el nombre de La Fortaleza Malvinas, que la base es un “paradigma neocolonial” y tiene un evidente “uso como factor de disuasión. Señalan además que todo el complejo militar funciona como “un punto estratégico de control de toda la zona antártica y el Atlántico Sur”. Los miembros del IRI, entre ellos el también secretario del departamento de Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur de la Universidad de La Plata, Federico Gómez, autor de las fotos, viajó a las islas a mediados de marzo junto a un grupo del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas de dicha ciudad (CECIM), los que elevaron un rechazo formal a la base durante su viaje en entrevistas con integrantes de la comunidad y del gobierno isleño.

En las fotos a las que tuvo acceso Clarín se pueden observar desde los barrios que albergan a la nunca revelada cantidad de tropa estacionada en el Atlántico Sur hasta los enormes hangares rodeados por alambres de púa , y donde se estacionan aviones superveloces, como los Typhon, helicópteros, radares y misiles de acceso más que vedado incluso para los isleños. Y en el puerto militar, también restringido, se estacionan portaaviones y barcos patrulla con que Gran Bretaña vigila la zona.

Precisamente los ejercicios militares que Londres realiza cada año en el archipiélago fueron el eje del último cruce con la Argentina. Fue el año pasado cuando el gobierno protestó duramente ante la embajada británica en Buenos Aires, Cristina Kirchner llegó a decirles “piratas”, por la realización de lanzamiento de misiles tierra agua, los Rapier. Mientras los argentinos denunciaron que estas prácticas se realizaban “por primera vez”, para el Reino Unido eran “sólo una rutina” de los últimos 25 años.

El gobierno presentó su rechazo a los ejercicios en cuanto foro pudo, y en principio recibió el apoyo de la región, que a través de la Unasur los condenó.

En el medio se cruzó la propia interna británica. El Reino Unido está un plan de ajuste del gasto público en todos los ámbitos incluyendo el militar y la reducción de sus bases en todo el mundo. La protesta ante el gobierno de David Cameron de un grupo de militares, y sus advertencias contra el “peligro” que aún entrañaba la Argentina, llevó al gobierno del premier a aclarar rápidamente que la defensa de Malvinas no estaba incluida en los recortes.

Mount Pleasant es un centro militar de interés internacional. A mediados del año pasado, un grupo de expertos que trabajan con el Parlamento Europeo presentó una propuesta para una presencia marítima en las islas para promover la “europeización” de las bases militares que los franceses y británicos tienen en el mundo, entre ellas la de Gibraltar y la de Malvinas. El documento fue encargado por la comisión de Seguridad y Defensa de la Eurocámara, que considera “clave” para la estrategia militar de la UE y para la protección de las rutas comerciales contar con instalaciones en “ultramar”. Y generó un rechazo formal de la Cancillería.

“Los intereses británicos en el Atlántico Sur se ven posicionados en función de la presencia de esta base y de su poderío. Es la mayor base militar del hemisferio sur, enclavada en el Atlántico, señaló a Clarín Federico Gómez, quien también es miembro del Centro de Reflexión en política Internacional.

Fuente: www.clarin.com























17 de abril de 2011

BRITÁNICOS PENSARON INVADIR TIERRA DEL FUEGO DURANTE GUERRA DE LAS MALVINAS

El Reino Unido evaluó la posibilidad de invadir ese territorio argentino durante el conflicto por las Islas Malvinas en 1982. Así lo reveló el historiador británico Lawrence Freedman

"La hipótesis no prosperó y no llegó a discutirse con Chile", dijo Freedman, subdirector de investigación del Departamento de guerra del King"s College de Londres, al periódico "La Tercera".

Freedman, que escribió la historia oficial inglesa sobre el conflicto del Atlántico Sur, calificó de "seductora" la eventual invasión de Tierra del Fuego, pero indicó que una acción militar en ese territorio "dependía de la cooperación con Chile".

La parte argentina de Tierra del fuego (la otra es chilena), que es una isla en el extremo austral del continente americano, "estaba escasamente poblada, pero incluía un yacimiento de petróleo que producía 24.000 barriles por día y dos campos de aterrizaje, en Río Grande y Ushuaia.

Si podía ser capturada, sería una bofetada al orgullo argentino", sostuvo. Añadió, sin embargo, que al gobierno de la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, le preocupaba también la posibilidad de que el entonces dictador chileno, Augusto Pinochet, decidiera invadir Argentina tras la derrota del país sudamericano en el conflicto.

"La posibilidad de que Chile decidiera tomar ventaja de la débil posición de Argentina luego de la guerra sí era una preocupación del gobierno inglés, que no quería aparecer asociado a un hecho de ese tipo", aseveró.

Agregó que de haberse dado el caso contrario, de una "humillación inglesa" en las Malvinas, el dictador argentino Leopoldo Galtieri se hubiese sentido tentado de seguir con Chile, "pero eso no se puede probar". En otras declaraciones, que publica el diario chileno "El Mercurio", Freedman afirma que el Reino Unido "jamás devolverá las Malvinas" debido a la que considera "la actitud negativa" que Argentina asumió tras el conflicto. Aseguró además que el papel de Chile, que apoyó bajo cuerda al Reino Unido en el conflicto, "se ha exagerado", pues a su juicio "fue importante pero no decisivo".

"Lo más relevante fue que Argentina mantuviese tropas en la frontera con Chile que, de otra manera, pudo haber destinado a la guerra", dijo.

"La importancia no fue tanto por lo que hizo Chile, sino el miedo argentino a que se uniera al Reino Unido, aunque (Chile) proveyó inteligencia útil y otro tipo de apoyo", precisó.

Freedman descartó que la conmemoración del 25 aniversario del conflicto afecte las relaciones entre Chile y Argentina porque "han evolucionado desde entonces".

"Ahora los dos tienen gobiernos democráticos, mientras que en 1982 había regímenes militares que alimentaban la tensión.

No creo que la relación se deteriore, aunque el aniversario recordará a la gente antiguas diferencias"", concluyó.

El libro de Freedam "La Historia oficial de la campaña por las Falklands (nombre que los británicos asignan al archipiélago) provocó polémica cuando fue publicado, en 2005, por sostener que tanto los británicos como los argentinos tienen "argumentos muy débiles" para reclamar la soberanía de las islas.

Fuente: http://www.infobae.com

LA RUTA SECRETA DE LAS ARMAS

Por Hernán Dobry

Embargada y necesitada de armamentos en pleno conflicto de Malvinas, la Argentina encontró en el estado judío el aliado perfecto, que le vendió desde tanques de combustible y aviones hasta camperas de duvet. El autor adelanta en esta nota revelaciones impactantes de su libro Operación Israel, donde cuenta la trama secreta de esas negociaciones

Los embargos internacionales que sufrió la Argentina durante la guerra de Malvinas llevaron al país a buscar cualquier tipo de aliado que le permitiera conseguir armamentos, como Libia, Venezuela, Perú y Ecuador. Pero el que más contribuyó en el suministro de equipamientos bélicos terminó siendo el menos pensado: Israel.

El estado judío no sólo estuvo dispuesto a aprovisionar al gobierno de Leopoldo Fortunato Galtieri en todo lo que necesitó sino que, también, se mostró proactivo para asesorarlo y transmitirle sus experiencias en combate. Todo esto sale a la luz, por primera vez, en el libro Operación Israel: El rearme argentino durante la dictadura (1976-1983), que Enfoques adelanta en forma exclusiva.

Los problemas para la Argentina se fueron incrementando a medida que los ingleses aumentaron su presión, no sólo con los bloqueos sino, también, con el avance de sus tropas hacia el sur. Así, los bombardeos sobre las islas tornaron cada vez más desesperante la situación del país, ya que carecía de opciones para remplazar los equipamientos que iba perdiendo en el frente.

Esto llevó a los militares a salir en busca de países y traficantes que les vendieran armamento a cualquier precio. Pocos respondieron. Uno de ellos fue Israel, quien ya se había convertido en su proveedor en 1978, en pleno conflicto del Beagle con Chile.

En seguida, la Fuerza Aérea, la de mayor trato con Jerusalén, se contactó con Isrex Argentina, la representante en Buenos Aires de las fábricas de insumos bélicos del estado judío, para pedirles lo que necesitaban. Su titular, Abraham Perelman, se mostró dispuesto a ayudarlos, aunque antes debió pedir autorización a la casa central de la compañía, en Tel Aviv.

El problema era de tal magnitud que Gad Hitrón, presidente Isrex en Israel, y su jefe Aaron Dovrat, cabeza del grupo Clal, ambos argentinos, tuvieron que solicitar una entrevista con el primer ministro Menajem Beguin para tomar una decisión. Su respuesta los sorprendió.

"Le empezaron a explicar que las Malvinas eran Argentina y que los ingleses y qué se yo. Beguin los interrumpió y les dijo: “A mí ustedes me vienen a hablar mal de los ingleses. ¿Esto se va a usar para matar ingleses? Kadima (adelante). Dov desde arriba va a estar satisfecho de esta decisión que tomé. Eso sí, por supuesto, me lo hacen todo bien", cuenta Israel Lotersztain, vendedor de Isrex Argentina.

Inglaterra administró la región de Palestina luego de la Primera Guerra Mundial hasta la partición realizada por la ONU, que permitió la creación de Israel en 1948. En esos tiempos, distintos grupos armados judíos buscaron erosionar el poder de Londres mediante atentados para que cumpliera con la promesa de fundar un estado hebreo en la zona. Menajem Beguin fue comandante del Irgún, uno de estos grupos, donde también participaba su amigo Dov Gruner, quien fue capturado por los británicos cuando preparaba un ataque y ahorcado el 16 de abril de 1947. Por eso sintió que saldaba una cuenta. "Odiaba a los ingleses más que a cualquier otra cosa. Todos se habían olvidado, pero él no", continúa Lotersztain.
Su compañero de trabajo, Jaime Weinstein, coincide y agrega que "Beguin tenía un profundo odio y resentimiento con los ingleses desde la época de la independencia de Israel. Entonces, hizo todo lo posible para ayudar a la Argentina, vendiéndole armas durante la guerra de Malvinas".

Apenas terminó la reunión, Hitrón les comunicó la decisión a sus empleados en Buenos Aires, quienes fueron al Edificio Cóndor a transmitir la novedad. Sólo quedaba buscar un país que apareciera como comprador. Israel precisaba triangular las armas a través de un tercer país ya que mantenía relaciones cercanas con Inglaterra (comerciales y a través de su comunidad judía, una de las más importantes del mundo) y no quería quedar como que estaba apoyando abiertamente a la Argentina en contra de Londres.

La ruta del Callao

Perú estuvo dispuesto a colaborar en todo lo que necesitaran los militares para adquirir armamentos. Esa fue la orden que dio su presidente Fernando Belaunde Therry y que implementó su primer ministro, Manuel Ulloa.

A tal punto llegó la ayuda que la Fuerza Aérea del Perú (FAP) firmó órdenes de compra en blanco y certificados de destino final que fueron enviadas a la Argentina para que pudiera concretarse la triangulación. "La consigna era apoyarlos en todo lo que se pudiera, y no había ningún problema en que se firmara una orden de adquisición", afirma un oficial que llegó hasta los más altos cargos de la Aeronáutica peruana.

Llevaron a cabo las negociaciones el Agregado Militar en Lima, el Comodoro Andrés Dubós y el Brigadier general Basilio Lami Dozo, Comandante de la Fuerza Aérea Argentina. Una vez que estuvo todo acordado, viajó Luis Guterson, de Isrex Argentina, para recoger los documentos y comenzar la operación.

Esto le permitió a la Argentina adquirir lo que precisaban en nombre de su aliado, hacer los envíos al Aeropuerto del Callao y, desde allí, transportarlos a Buenos Aires en aviones de Aerolíneas Argentinas.

Lo único que no consiguieron fue un banco peruano que les abriera una carta de crédito para realizar los pagos, por lo que Israel terminó financiándole la mayoría de las adquisiciones, que fueron abonadas al final de la guerra.

Aún faltaba conseguir aviones que fueran a Tel Aviv a buscar el cargamento y lo llevaran a Lima. Los primeros dos vuelos se hicieron con unos DC8 de las FAP pero, luego, tuvieron que alquilar otros más grandes para traer cargas mayores, por lo que se usaron los de una compañía privada belga, con bandera de Luxemburgo, autorizada por el servicio secreto israelí, el Mossad.

Sin embargo, a pesar de los resguardos tomados, la inteligencia británica sabía cuándo llegaban al Perú y los fotografiaban mientras traspasaban el material entre las aeronaves, con lo que quedaba en evidencia la triangulación. "Una vez, apareció una foto en un diario cuando se estaba haciendo el traspaso de un avión a otros de Aerolíneas Argentinas. Se la llevó el embajador inglés en Israel a Beguin e hizo un quilombo. Sabían todo. Algunas veces, cuando teníamos una discusión sobre si había llegado algún repuesto, decíamos: 'Tenemos que preguntarles a los ingleses'", recuerda Lotersztain.

Los cinco vuelos que hicieron la ruta Tel Aviv-Lima-Buenos Aires llegaron cargados con todo tipo de equipamientos, como máscaras antigás, sistemas de alerta radar para evitar los disparos de los misiles enemigos, camperas de duvet, repuestos, y misiles aire-aire Shafrir, entre otros.

Pero uno de los que más trascendencia tuvo fueron los tanques suplementarios de combustible que necesitaban los cazabombarderos para atacar a la flota inglesa. Sin ellos, era imposible que llegaran hasta las Malvinas y volvieran al continente. La sorpresa llegó cuando Israel no sólo se ofreció a enviárselos sino que, además, les dio los de 1500 litros, cuando los argentinos tenían los de 1300, con lo que ganaban una mayor autonomía de vuelo.

Esto provocó que los ingleses tuvieran que mover su flota más lejos para evitar los bombardeos. "Tardaron mucho tiempo en autorizar la operación. El precio del flete y del tanque no tenía ninguna importancia comparado con el costo político que Israel estuvo dispuesto a pagar para venderlos. Era una decisión política y creo que les salió bien la cosa, porque en el mundo quedaron como un país confiable", destaca Lotersztain.

La Argentina adquirió 40 tanques que llegaron a Puerto San Julián, Santa Cruz, en dos Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas provenientes de Lima. El primero lo hizo en la madrugada del 23 de mayo de 1982 y, el segundo, unos días después, cuando los combates estaban a punto de terminarse.

La operación encubierta

La adquisición más osada que se hizo en Israel durante la guerra de Malvinas fue la de los Mirage IIIC, unos días antes de la rendición argentina, no sólo por su magnitud sino porque la mayoría de las aeronaves eran viejas y estaban bastante deterioradas. Tan es así que su llegada provocó resistencia entre los oficiales, que las consideraban inservibles (de hecho, ya habían sido rechazados en 1980, debido al estado en el que se encontraban).

Pero la pérdida de 35 aviones en los combates llevó a Lami Dozo a ordenar su compra, porque temían que Chile aprovechara este debilitamiento para intentar quedarse con las islas del Canal de Beagle, una vez terminado el conflicto de Malvinas. "Cuando comenzamos a tener pérdidas, empezamos a hacer una investigación para ver dónde podíamos conseguir reemplazos", afirma el ex miembro de la Junta.

Para ese entonces, habían recibido treinta propuestas de cuanto traficante de armas había en el mundo, ya que era una oportunidad única que nadie quería desperdiciar. Luego de analizar las alternativas, concluyeron que el único proveedor posible era Jerusalén, por lo que consultaron a los miembros de la comisión que los habían revisado dos años antes.

Lami Dozo autorizó al Brigadier Mayor Ubaldo Díaz a realizar la operación a principios de junio, quien se contactó de inmediato con Isrex Argentina para encargarles los 23 Mirage IIIB/C.

El problema era cómo justificar la compra en medio de la guerra. La solución fue triangularlos a través de Perú. "Llené una orden de compra, que nos habían dado ellos y certificados de destino final, todos firmados en blanco, en la que decía que adquirían 23 aviones", afirma Lotersztain.

Sólo quedaba pendiente arreglar la forma de pago, ya que había que girar primero un anticipo a Isrex y abrir una carta de crédito en un banco, por el resto, para que Israel los liberara. Esto no podía hacerlo una entidad argentina ya que eran para las FAP. Por eso, salieron en busca de alguna institución financiera de ese país o, en su lugar, de Panamá, dispuesta a brindarle este servicio. Todos se negaron.

Para solucionar el problema, Isrex utilizó una cuenta en el Credit Suisse y una empresa fantasma que tenían las Industrias Aeronáuticas Israelíes (IAI) en Suiza y le ofrecieron a la Fuerza Aérea que girara todo el dinero allí por anticipado. Si bien los Brigadieres no estaban conformes con la idea, no les quedaban muchas alternativas, por lo que aceptaron la propuesta y enviaron el efectivo.

Entre idas y vueltas, los aviones recién pudieron estar listos para viajar a Buenos Aires a fines de 1982, cuando ya había terminado la guerra. Sin embargo, fueron pintados con las insignias y la numeración de la FAP para evitar cualquier tipo de problema con los ingleses.

Así, el círculo cerraba completamente: se habían adquirido con órdenes de compra peruanas y certificados de destino final en Lima y, ahora, contaban con todas las características que ellos usaban, aunque serían utilizados por la Argentina.

LA OTRA AYUDA PERUANA

Perú fue el país que más ayudó a la Argentina con armamentos durante la guerra de Malvinas a pesar de que se había declarado neutral. Así, envió un Lockheed C-130/L-100 de su Fuerza Aérea cargado con munición, cohetes, misiles y bombas y se ofreció para tratar de conseguir que Francia le entregara los misiles Exocet que tenía pendientes.

Pero fue imposible. Las presiones de Gran Bretaña fueron más eficaces. Según una alta fuente de la Fuerza Aérea Peruana de la época, la operación no se concretó porque la llevó adelante el agregado aeronáutico en París en lugar de hacerlo la conducción del Arma. "Hubo un problema con unos misiles que habíamos comprado, que nosotros estuvimos ahí de pantalla, pero que no se llegó a concretar. Fue un poco fallida porque no se hizo al nivel que debía hacerse", afirma.

Pero nadie impidió que enviaran diez de los cazabombarderos Mirage VP que tenían en su flota, por los que se pagaron 50 millones de dólares. "Vino una comisión de la Argentina y fue a la base donde estaban los aviones, los examinaron, constataron su operatividad y me dijeron que pensaban que nosotros les íbamos a dar chatarra y que estaban mejores que los que tenían ellos. Se los entregamos con todo lo que tenían de accesorios, misiles teleguiados aire tierra AF-30 y algunos antiaéreos", señala la fuente.

Incluso, diez pilotos de sus escuadrones 611 y 612 los trajeron volando al país a fines de mayo de 1982, atravesando Bolivia con silencio de radio, para evitar que los captaran los radares chilenos. "La transferencia se hizo en el aeropuerto de Salta. Los piloteaban los peruanos y ellos querían seguir y presentarse de voluntarios en la guerra de Malvinas. Les dije que no. Entonces, me preguntaron a dónde los dejaban y les pedí que fuera en el aeropuerto más cercano a la frontera argentina", concluye el Brigadier General Basilio Lami Dozo, por entonces comandante de la Fuerza Aérea Argentina y miembro de la última Junta.

Fuente: http://m.lanacion.com.ar

EL CASCO QUE VOLVIÓ DE MALVINAS

 Por Veronika Sheehan (*)










02 de Febrero del 2006, 0610 horas, aeropuerto de Santiago de Chile. Allí comenzaba el viaje que había soñado toda mi vida. Después de varios trámites burocráticos, finalmente la Embajada de Gran Bretaña aprobó mi Visa para viajar a Malvinas. Yo no tenía motivo aparente para realizar ese viaje según las autoridades británicas, pero tampoco había motivo justificable para negarme la Visa. Pero eso no fue todo, no conformes con ponerme mil trabas para darme la visa luego me tocaría pasar por la discriminación más descarada que habría podido imaginar en mi vida. Lan Chile, la única compañía aérea por la cual se puede llegar a Malvinas, me cobraba 4 veces más el valor del pasaje, solo por el hecho de ser argentina. Era más que evidente que todo se complotaba para que desistiera de la idea de viajar, pero no lo iba a hacer de ninguna manera: yo tenía que viajar sí o sí. Así que pagué lo que me pidieron y no tuvieron más que darme mis pasajes.

Esa noche dormí en el aeropuerto de Santiago hasta que se hiciera la hora de abordar el avión. Una vez abordo y ya pasadas un par de horas, aterrizamos en Río Gallegos. Paradójicamente, Argentina tiene el puente aéreo prohibido hacia las Islas, pero los Boeing de Lan no tienen un tanque de combustible lo suficientemente grande como para abastecer a la nave en todo el trayecto, por lo que obligatoriamente paran en Río Gallegos a cargar lo que les falta para poder seguir hacia Puerto Argentino, o Puerto Stanley, como actualmente lo llaman, aunque todos sepamos que su nombre siempre va a ser Puerto Argentino. Cuando estábamos en Gallegos, la azafata se me acercó y me preguntó si era la pasajera argentina, le contesté afirmativamente presintiendo que tal vez me pusieran alguna traba más para llegar al lugar, pero no, la asistente sólo se limitó a informarme que por cuestiones de seguridad la Embajada de Gran Bretaña dictaminó que no podría hospedarme en una hostería común sino que estaría bajo custodia británica y que la misma me estaría esperando en la zona de arribos del aeropuerto.

Tal como me lo habían notificado había dos oficiales aguardando mi arribo, el Teniente de Paracaidistas Justin Libstone, oriundo de Berkshire (Inglaterra) y recién llegado a su puesto desde Afganistán, y el Teniente de los Royal Marines Mark Boghart. De inmediato cargaron mi equipaje en una van verde que utilizan en sus unidades y me llevaron al que sería mi gran hotel spa 5 estrellas… La base de los Royal Marines en Moody Brook, nada más y nada menos que la emblemática base que tomáramos aquel 02 de abril de 1982… Las coincidencias empezaban a aparecer asombrosamente en mi historia.
El plan de viaje


Mi principal motivo para estar allí era rendir homenaje a mi gente, aquella gente que nunca conocí y que tampoco me conoció ni supo de mi existencia y con la cual nada nos unía a simple vista, pero si nos hermanaban los colores de una misma bandera, el amor a una misma patria, la esperanza por un ideal, el dolor de una derrota y la paz del deber cumplido sin importar los resultados. Yo quería recorrer todos y cada uno de esos lugares donde los hombres de mi patria, tal como lo hicieran durante la gesta libertadora, combatieron con alma y vida por su tierra y por sus derechos, tal como en aquel entonces en total desigualdad de condiciones, contra un enemigo mayor en número, en experiencia, en adiestramiento, en tecnología y en armamento. Y ahí estuvieron ellos, con lo poquito que tuvieran, con lo poco o mucho que supieran, dando todo de sí por todos los que en ese momento estábamos de este lado del continente, la mayoría indiferentes a la causa y por todos aquellos que estuvieran por venir, para que les sirviera de ejemplo, para que el pueblo aprendiera a valorar su patria sin importar si se ganaba o se perdía, lo importante de ese ejemplo era que aun sabiendo que se peleaba contra un gigante, Argentina se ponía de pie para defender lo que le correspondía, pero claro, hoy eso no se tiene en cuenta, es preferible hablar de Malvinas como una masacre, el genocidio final de la terrorífica dictadura militar, esa historia contada a medias y sobrepasada de mentiras que todo un pueblo prefiere creer. El primer día de mi viaje seria destinado a recorrer los montes Kent, Dos Hermanas, Tableton, Longdon y Tumbledown. Sin lugar a dudas los lugares más ensangrentados por la gesta.

En el monte Longdon yo debía cumplir una promesa que había hecho a los veteranos de guerra de mi ciudad, iba a llevar un par de rosarios a la cruz que estaba en la cima, pero en las mismas condiciones en las que hubieran estado ellos en el 82. Después de una larga discusión con los oficiales británicos por no querer ponerme el equipo de Gore-tex provisto finalmente pude empezar a subir. Eran 12 kilómetros, cuesta arriba, el viento superaba los 80 kms. p/h, la temperatura -2° C y lloviznaba. La ropa mojada y el viento helado eran insoportables, era un dolor inimaginable. Llego un momento en que ya no podía moverme, tenía entumecido el cuerpo y ya no sentía las extremidades, pero aun así llegue a la cima y cumplí con lo prometido.

Al bajar no puede hacer más que unos cuantos metros, la hipotermia me superó y la fiebre había llegado a los 40° C, empecé a sentirme mareada y por ultimo me desmayé, por lo que el oficial Libstone tuvo que cargarme hasta la van para posteriormente trasladarme a la base. Una vez allí me hospitalizaron ahí mismo y me pusieron vaya Dios a saber que fármaco mágico en ese suero pero lo cierto es que a la hora estaba como nueva.

Al otro día, salimos hacia los campos minados de Fitz Roy, sólo hay algunas zonas señalizadas, pero la mayoría no lo están, por lo que es una zona extremadamente peligrosa. Después de haber estado allí seguimos nuestro viaje hacia Goose Green, demás esta decir que todo el lugar parece una escena en pausa a la cual sólo le falta la gente, nada en las islas se movió de su lugar, todo quedo intacto y si se movió, sólo lo hizo el viento. Las imágenes son desgarradoras, cañones, esquirlas, hasta cartas y estampitas, todo esta ahí como en un sueño latente. Pasando Goose Green nos encontramos con el camino que nos llevaba directo al cementerio de Darwin, a pocos metros un cartel blanco indica ARGENTINA CEMETERY, no puedo expresar con palabras la tristeza que causa el solo ver ese cartel.

Cuando llegamos al cementerio me encontré con la desagradable sorpresa de que un contingente de turistas chilenos estaba allí, sacándose fotos en las tumbas como si fueran un personaje de Disney, se me revolvió el estómago de solo verlos, inmediatamente le pedí a Libstone que por favor los hiciera retirarse del lugar cuando yo estuviera allí. El marine, como siempre, se opuso alegando que sólo eran turistas y que tenían tanto derecho como yo de estar allí, a lo que me limite a contestar: “¡Esto no es un shopping! ¡Esos son MIS muertos!” Listone interrumpió la discusión entre el marine y yo y aceptó mi pedido procediendo a retirar al contingente del lugar, quienes se quedaron detrás del cerco observando todo. Volví a la van, busqué mi mochila y de allí saqué una bolsa llena de pins idénticos al de los veteranos de guerra, 649 pins, uno por cada cruz, uno por cada uno de ellos los cuales no tuvieron la oportunidad de volver para que se los condecorara, aquellos que habían dado su vida para que esa condecoración hoy tuviera sentido.

Nuevamente el marine irrumpió oponiéndose, me quitó la bolsa de las manos, me dijo que el reglamento prohibía los colores celeste y blanco sobre suelo isleño, a lo que sutilmente le respondí “intente cambiarle los colores al cielo Teniente, y dígale a Dios que el reglamento no lo permite”. Se enfureció de tal manera, me insultó con todos los agravios de su pobre vocabulario, pero otra vez, como siempre, salió Libstone en mi defensa, preguntó que sucedía, él le contó su versión de los hechos, yo sólo me limité a apelar a su lógica pero por sobre todo a su corazón: -”Teniente, sepa Usted que conozco perfectamente el reglamento y que no es mi intención ponerlo en compromisos, pero con una mano en el corazón dígame a quién ofendo colocando estos pins en las cruces? Ud. es un hombre de armas, lleva años peleando, y seguramente ha visto morir a muchos de sus camaradas, no es acaso mayor falta de respeto el no permitirle a un caído en combate, a alguien que ha dejado su alma peleando por su patria, tener consigo la bandera por la cual murió?-.

Se hizo un gran silencio, Libstone dudaba entre lo que debía hacer y lo que la realidad que yo cruelmente le había mostrado, finalmente asintió, y no sólo eso, sino que fue él quien me ayudó a poner los pins en las cruces, una por una y ante la vista de todos. Cuando terminamos, volví a la van y bajé un grabador chico que tenían ellos en la base, había llevado un cd de la fanfarria Alto Perú, con el himno grabado. Fui directo hacia la cruz que preside el cementerio y puse a sus pies el grabador, y ahí comenzó a sonar esa introducción majestuosa y hasta omnipotente de nuestro Himno Nacional, haciéndose oír con la más hermosa supremacía, frente a todos, chilenos, británicos y cubriendo de gloria todas esas cruces blancas que hasta ese día sólo habían sido acompañadas por la voz del viento y los acordes del silencio de la más absoluta soledad del lugar. Ahí, sólo ahí, presté verdadera atención a lo que nuestro Himno decía, cada una de sus palabras parecía justa para cada momento. La emoción me embargó por completo, el llanto casi ni me dejaba cantar, llegada la ultima estrofa, comprendí que justamente eso fue lo que nunca hicimos, comprender, si por un segundo nos detuviéramos a analizar esas palabras que tantas veces cantamos por inercia tendríamos la respuesta mas noble a la eterna y absurda pregunta popular. “¿Por qué tuvimos que pelear en Malvinas?”. ¿Intereses políticos? tal vez. ¿Demagogia militar? tal vez. Pero la verdadera respuesta estaba ahí: -” ¡Sean eternos los laureles que supimos conseguir! Coronados de gloria vivamos… O juremos con gloria morir”, y claro que así fue, murieron con la mayor de las glorias, murieron por su patria, por su gente, por su bandera, pelearon y murieron en Malvinas por la sencilla razón de ser ARGENTINOS.

Libstone no podía creer lo que veía, de hecho, no lo podía entender, en su mentalidad estricta y su corazón cegado no cabía la idea de que alguien sin relación alguna con esas cruces pudiera llorar hasta el ahogo por esa causa.

Se me acercó y con total frialdad intentó consolarme diciéndome “Don´t cry, it´s just war”- (no llores, es solo una guerra)-. Lo miré anonadada, y le respondí: “No es sólo una guerra, son personas, como Ud., como yo, con un padre, una madre, una esposa y hasta tal vez hijos, hijos sin la oportunidad de tener a su padre, padres sin la oportunidad de volver a ver a sus hijos y ni siquiera poder tener una tumba donde llevar una flor… eso es!”. Automáticamente bajó la vista, como avergonzado y no volvió a hablar.

Ya de vuelta en Puerto Argentino, le pedí que me llevara a una capillita a la cual asistían los veteranos durante la guerra para recibir la misa, la única capilla católica del lugar ya que en su mayoría son todos anglicanos. Libstone me llevo hasta allí. Una vez dentro vino a recibirnos el Padre William O´Connelly, un sacerdote católico de Irlanda del Sur, de unos 80 años, el mismo que había estado ofreciendo el santo sacramento en aquella oportunidad durante el 82. Nos hizo pasar a la sacristía y nos ofreció el típico te ingles earl grey, pero Libstone no aceptó y sólo se limitó a quedarse parado en la puerta observando y escuchando la conversación. Advertí al Padre que conocía los reglamentos y que no era mi intención causarle problemas, pero que aun conociendo las prohibiciones había llevado conmigo una bandera de ceremonia argentina y que mi intención era ofrecer una misa por las almas de los caídos en combate argentinos y que la misma fuera bendecida durante la ceremonia. De este modo seria la única bandera nacional bendecida en suelo malvinense. El Padre aceptó sin vacilar, por el contrario, manifestó estar orgulloso de poder hacerlo y que la bendición de Dios no se le niega a nadie, fuera cual fuera su nacionalidad. Durante la charla empezó a contar todo lo que había vivido en aquel entonces, la capilla era victima del continuo bombardeo británico, fue prácticamente destruida y se la utilizaba como hospital de campaña improvisado.-”Vi a hombres llorar como chicos y a chicos pelear como hombres, pero por sobre todas las cosas fui testigo de un valor admirable”, comentó.

Libstone, ajeno a la conversación, escuchaba con gran atención. Cuando salimos del lugar me sugirió la idea de invitar a la población de Puerto Argentino y lo único que atiné a hacer fue a reírme, le dije que en la mentalidad del isleño los argentinos eran locos invasores y que nadie iba a querer ir, que era ridículo. Sin embargo insistió, por lo que terminé aceptando su idea y lo dejé a cargo pero sin ninguna esperanza de que eso funcionara.

Al otro día, después de haber recorrido la Gran Malvinas y de haberme enterado que estaba bajo bandera chilena, como premio por su gran apoyo a Inglaterra en la guerra, salimos de la base hacia Puerto Argentino para oficiar la misa, para mi total sorpresa la capilla estaba llena de gente y en su mayoría habían llevado ofrendas florales. No podía salir de mi asombro ni tampoco podía contener las lágrimas. Libstone se acercó y orgulloso de su logro me preguntó: -”¿No estás contenta? Vino mucha gente”, a lo que le respondí que obviamente estaba feliz por lo que veía, que nunca había pensado que los isleños pudieran algún día llegar a asistir a un homenaje a caídos argentinos, pero que lo que me entristecía era que si eso mismo lo hubiera hecho en cualquier parte del país, la respuesta hubiera sido muy distinta”. Ahí el que no entendió nada fue él, pero bueno, eso era algo muy difícil de explicar. La misa se llevó a cabo, la bandera fue bendecida mientras en el órgano se entonaba el “Salve Argentina” con las partituras que yo misma había llevado. Terminada la ceremonia, recibí las ofrendas florales y nos dispusimos a retirarnos a la base. Puse las flores en los brazos de Libstone y le dije que las guardara que al día siguiente las llevaríamos a San Carlos. Entonces me preguntó por qué habríamos de llevarlas allá, le dije que quería llevarlas al cementerio inglés, se quedo mirándome sin saber qué decir y solo preguntó: -”por qué vas a llevarle flores a ellos, mataron a tu gente”. “Y mi gente los mató a ellos”, le contesté, en una guerra se pierden vidas de ambos bandos, pero todos son personas comunes y corrientes, a veces sin saber siquiera la causa por la que se pelea, pero lo más importante es que más allá de cualquier bandera, creencia, religión, ideología política, todos se merecen una flor o un padre nuestro”. No me dijo nada, se le llenaron los ojos de lágrimas y disimulando me dio un beso en la mano, como quien da las gracias.

Efectivamente al otro día fuimos a San Carlos a llevar las flores, cuando terminé de colocarlas lo tomé de la mano y le sonreí, él estaba como consternado, cuando lo iba a soltar, me volvió a sujetar la mano, me miró a los ojos y me dijo: -”En los 4 meses que llevo aquí nunca se me ocurrió siquiera pisar este lugar, y vos les trajiste flores… Desde que llegaste, todo lo que creí que sabia a la perfección se me desmoronó, me di cuenta de que no sabía nada… de la vida… no sabía nada. Hice de la guerra mi modo de vida, peleo desde que tenia 12 años, no conozco otra forma de vida que no sea ésta, pero nunca vi el lado humano de la guerra, para mí sólo era un trabajo y para mi pueblo un nombre más en una placa si algún día me llego a morir pero nada más que eso. Nunca supe lo que es pelear por defender mi bandera, yo siempre fui el que atacó, recién con vos aprendí eso. Lo verdaderamente triste es que yo soy consciente de que nunca voy a tener a nadie que llore por mí de la forma en la que vos lo hiciste, ni mucho menos que haga todo lo que vos hiciste aun sin siquiera conocerme, ese es un privilegio que al parecer sólo tienen ustedes. También me di cuenta de lo solitaria que es y va a seguir siendo mi vida, porque yo sé que de acá voy a ir directo a algún otro lugar a pelear y que clase de vida podría ofrecerle a una mujer o a mis futuros hijos, un padre ausente o en el peor de los casos un padre muerto, no, sería muy egoísta de mi parte tener una familia, yo elegí esto y debo afrontarlo solo”.

¡Me dio tanta pena oír todo eso! Lo vi tan triste, a ese que creía tan profesional e insensible, pero si había algo bien claro era que ese viaje nos había servido a los dos para ver la vida de una forma muy distinta.

Al día siguiente Libstone me llevó el desayuno a la habitación, nos habíamos hecho muy buenos amigos. Ahí fue cuando me comunicó que había pronóstico de temporal para el otro día y que por la probabilidad de que se cerrara el aeropuerto y se me venciera la Visa. Debí volver un día antes. Esa tarde fuimos a un lugar cercano al camino que unía el antiguo aeropuerto de Mount Pleasant con Puerto Argentino, allí estaban apostadas la mayoría de las unidades argentinas de infantería y artillería de defensa aérea, los pozos al igual que todo el resto del lugar estaban intactos, frente a esa imagen se encontraba el mar, con esas playas de arenas blancas, esas aguas transparentes y turquesas paradisíacas y pingüinos por doquier. Al lado de uno de ellos, sobre un puentecito roto me senté a mirar el mar, era mi despedida del lugar. Libstone me observó algo triste, me pidió permiso para sentarse a mi lado y como queriendo levantarme el ánimo me comentó: -”Cuando no estoy del todo bien, trato de recordar cosas bonitas o de aferrarme a algo muy mío, de esa manera se me pasa”. Le sonreí agradecida por su intento de alegrarme un poco y le respondí que por más que el lugar fuera hermosísimo, a mí se me hacía muy difícil pensar en algo lindo en ese lugar y que no tenia nada mío para aferrarme allí”, a lo que él tomó un puñado de turba con su mano, abrió la mía, puso la turba en mi mano y me hizo cerrarla diciéndome: “Eso es tuyo, o no es la razón por la que estas acá?”. No hicieron falta más palabras, por fin estábamos hablando el mismo idioma.

Se hacia tarde, ya era hora de volver a armar el equipaje para regresar a Buenos Aires, así que emprendimos la vuelta a la base, pero de pronto, algo me detuvo, nunca supe bien qué, pero algo me decía que debía hacer algo antes de irme. De los centenares de pozos que había en el camino sólo me detuve frente a uno, era ése, no otro. Después de discutir con Libstone logré que me dejara entrar, buscaba entre el barro no sabía qué, pero buscaba sin parar. Y lo encontré, encontré un casco todo embarrado y tras un trato con Libstone y su incondicional amabilidad, aun jugándose su carrera, me permitió llevármelo a la base, por supuesto sin que nadie lo supiera, nos encerramos en el baño, lavamos el casco y en su interior, en el endocasco, tenía grabado a cuchillo o vaya Dios a saber con qué elemento punzante, el nombre del soldado al cual había pertenecido y durante 24 años había estado ahí abajo esperando a su dueño inútilmente. Llamé a Buenos Aires, en el casco también figuraba el nombre de su unidad, me dijeron que figuraba en la lista de caídos en combate. El casco llegó a Buenos Aires en abril del 2006, gracias a Libstone.
Ricardo Mario Gurrieri murió a los 19 años de edad, un 25 de mayo al mediodía, el día de la Patria, al ser alcanzado por una esquirla de una mina de 500 libras con espoleta a retardo. En sus cartas manifestaba estar orgulloso y feliz de estar allá, defendiendo su tierra, su bandera. La ultima carta la escribió una hora antes de morir, su post data decía: -”Mamy no te preocupes por mí, yo voy a estar bien y te prometo que pase lo que pase, algún día, de algún modo voy a volver”.


El casco hoy está sobre su cama, en su casa, con su mamá.

Ricardo Gurrieri padre fue veterano de de la segunda guerra mundial bajo las órdenes de Rommel. Estuvo como prisionero de guerra en manos británicas, soportó todo tipo de torturas y 5 simulacros de fusilamiento. Cuando la guerra culminó vino a la Argentina, como tantos otros inmigrantes, en busca de un hogar en paz para poder formar su familia y nunca más tener que pasar por el horror de la guerra. Paradójicamente el destino quiso que la guerra se llevara a su hijo menor, a manos del mismo enemigo que él burlara 43 años atrás. Escribió un libro contando su historia llamado “Del África a las Malvinas”. Construyó de su bolsillo el monumento a los caídos en Malvinas de la ciudad de Mar del Plata y una vez inaugurado falleció.

Tras tres años de burocracia y perseverancia desde el día de mi vuelta de las islas, logré que el gobierno volviera a subvencionar los viajes a Malvinas para los familiares de nuestros héroes, y que el gobierno autónomo de las islas otorgara un permiso especial para que en el año 2007 el rompehielos ARA Almirante Irízar  pudiera ingresar al territorio marítimo isleño para poder retirar de Puerto Argentino muchos  de los resabios de guerra que allí se encuentran, con el objeto de repatriarlos y que fueran expuestos en Buenos Aires, pero tal logro fue tomado con total y absoluta indiferencia por el Almirante Godoy, Jefe de Estado Mayor de la Armada, quien se negó a dar la orden al rompehielos para que se desviara a las islas Malvinas durante su vuelta de la campaña antártica.
Hoy, ya cumplida mi misión de poder ayudar a los familiares de los caídos en la gesta  para que pudieran viajar a visitar sus tumbas, sólo me resta seguir difundiendo la verdad sobre nuestra historia, y que esta parte tan importante de nuestra historia contemporánea no siga siendo pisoteada por  ideologías erradas, que no sólo no son constructivas para la nación, sino que hacen de un acto netamente heroico y necesario un hecho aberrante, el cual en vez de inspirar orgullo sólo inspira lástima y siembra rencores.


Malvinas no fue una locura que se le ocurrió una noche a un loco borracho, Malvinas fue, es y será siempre una causa justa, la cual fue defendida de la manera más extraordinaria y admirable. Decir lo contrario es faltarle el respeto a las 649 almas que quedaron allí en pos de esa causa justa.

Un pueblo sin memoria está condenado a repetir su misma historia, y si esa memoria no está completa o esta tergiversada entonces ese pueblo sólo va a generar herederos del odio, generación tras generación.

(*) Veronika Sheehan. Licenciada en Historia Militar. Analista de Política Exterior y Magister en Defensa y Derecho Internacional. Encabeza las causas de La Tablada y Malvinas.

Fuente: http://www.sanpedroinforma.com.ar

DISCURSO ALMIRANTE VGM CARLOS BUSSER - 02 DE ABRIL DE 2011 - ACTO EN EL CENOTAFIO DE PLAZA SAN MARTÍN, RETIRO, CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES

Hoy, 02 de abril de 2011, nos encontramos en la antesala del trigésimo aniversario de la recuperación de las islas Malvinas y de las Georgias del Sur en 1982. Dentro de un año muchos de nosotros estaremos aquí conmemorando esos hechos. Por eso es oportuno repasar lo ocurrido desde aquella mañana de 1982 para entender qué estuvo bien, qué estuvo mal, qué debemos mejorar y qué hay que cambiar para reencarrilar nuestra añeja disputa por la soberanía de todo nuestro Atlántico Sur.

¿Qué fue el 02 de abril de 1982? Fue el episodio por el cual la Argentina mostró al mundo su voluntad de recuperar esos territorios usurpados por Gran Bretaña. Mostramos nuestra decisión y nuestra voluntad. Y también mostramos otras facetas que cabe considerar.

¿Qué pasó ese día? Tal vez lo más importante no fue lo ocurrido en las islas, sino la reacción popular al conocer los hechos. La concurrencia masiva y espontánea a la Plaza de Mayo y a casi todas las plazas principales de las ciudades y localidades del interior, sin necesidad de recurrir a camiones o micros para el traslado de la concurrencia, fue la característica principal. Así se manifestó el júbilo popular y, tal vez, algún signo de inmadurez y de falta de experiencia sobre lo que era esperable como reacción del enemigo. Y quiero hacer una aclaración respecto a esta palabra enemigo: considero que en tanto Gran Bretaña persista en la usurpación de las islas es nuestro enemigo. Enemigo como consecuencia de su conducta y no como consecuencia de nuestros sentimientos. Pero es nuestro enemigo y se comporta como tal. La pregunta que surge es si nosotros nos comportamos como enemigos.

¿Y cómo nos portamos como pueblo? Durante la guerra mostramos comportamientos duales. Fueron evidentes el entusiasmo y la solidaridad popular, con manifestaciones de entrega y de generosidad que hacen recordar algunos episodios de la gesta de nuestra independencia. Muchas veces se ha dicho que las guerras se ganan o se pierden. Muy pocas veces se registra una suerte de empate. Tal vez la guerra por las Malvinas fue uno de estos últimos casos: Gran Bretaña recuperó su dominio sobre las islas, pero quedó con tantos problemas que el costo ulterior casi significó una derrota. La Argentina perdió el 14 de junio lo que había recuperado el 02 de abril, pero en el período inmediatamente posterior recogió los frutos internacionales del hecho de haber luchado por lo que creía suyo. Pero lo que ningún país se puede permitir es perder la posguerra. En ese período tanto el vencedor como el vencido curan sus heridas, reparan todos los daños recibidos y se deben rehacer. Nuestro comportamiento en la posguerra no fue el mejor y por eso hoy nos encontramos con Gran Bretaña en franco proceso de concretar la explotación de hidrocarburos y nosotros mirando con enojo y frustración lo que hace el enemigo.

En la posguerra inmediata al fin de la guerra nos caracterizó una conducta cercana a un estupor paralizante ante la derrota militar. No entendimos, y no hubo quien lo dijera en ese momento, que el 14 de junio se había rendido la guarnición de Puerto Argentino, pero no se había rendido la Argentina, cosa que los británicos entendieron muy bien. Nos comportamos como un pueblo que había perdido una guerra y sólo habíamos perdido una batalla. La posguerra mediata mostró un considerable esfuerzo de varios actores por desmalvinizarnos, sirviendo más al interés británico que al interés argentino. Esta acción tuvo un relativo éxito en ciertos sectores, pero fracasó en el corazón de la masa del pueblo, que a pesar de no tener orientación ni guía de la dirigencia, muestra sus sentimientos profundamente argentinos.

¿Y cómo se portó nuestra dirigencia? Fundamentalmente mostró que no tiene sentido de lo que es el interés nacional. Durante la guerra la dirigencia militar mostró fallas propias de su inexperiencia guerrera, y la dirigencia civil, léase los partidos políticos y los políticos, mostraron en muchos casos seguir con oportunismo la entusiasta reacción inicial popular para pasar, después de la derrota militar, a formular, con el mismo oportunismo, duras críticas a todo lo hecho y a la lucha misma. Fue en muchos casos una desvergonzada muestra de oportunismo sin importar el interés nacional. Tal vez los casos más vergonzosos fueron los de tres políticos que años después serían presidentes de la República, y que inmediatamente después del 02 de abril se manifestaron apoyando todo lo hecho, pero que tan pronto ocurrió la derrota, o años después, formularon duras críticas.

¿Y cómo se comportaron los integrantes del Estado Nacional? Inmediatamente después del 14 de junio comenzaron los tironeos por el poder, destituyéndose al Presidente sin tener previsto su reemplazante, mientras el enemigo seguía realizando operaciones militares. No obstante, poco después se adoptaron algunas medidas de afirmación de la posición argentina, como el eficaz accionar en las Naciones Unidas o la resolución de disponer el feriado del 02 de abril. Pero la fuerte posición lograda en las Naciones Unidas, posterior a la guerra, se fue desdibujando desde 1984, y a partir de 1989 dejamos de presentar proyectos de resoluciones como se había hecho casi una rutina desde 1982. Desde 1988 hasta el presente hemos dejado de tener resoluciones de Naciones Unidas que obligaban a Gran Bretaña a desobedecer el mandato de las Naciones Unidas. Los llamados acuerdos de Madrid de 1989 y 1990, tan beneficiosos para Gran Bretaña y tan desfavorables para la Argentina marcaron el comienzo de un enorme retroceso en nuestra posición relativa, sin que nadie les haya formulado cargos a los responsables de esas concesiones.

¿Y cómo se portó Gran Bretaña? Poco a poco fue mostrando sus verdaderos objetivos, que son apoderarse de las riquezas que se puedan encontrar en las islas y en sus inmediaciones. Por ese motivo ha realizado un amplio ejercicio de soberanía y de administración de recursos y una persistente tarea de exploración de hidrocarburos y, por primera vez, hace pocos días, informó que ha encontrado un yacimiento económicamente rentable, por lo que cabe esperar que dentro de no mucho tiempo comience su explotación. No obstante seguirá sosteniendo que actúa en defensa de la autodeterminación de los isleños. La reciente presencia de buques británicos en nuestros puertos, cuando hace poco el Uruguay negó ayuda a un buque británico que iba a operar en las Malvinas, muestra nuestra falta de consistencia en la defensa de nuestra posición y cómo se puede actuar siguiendo el magnífico ejemplo de nuestros hermanos uruguayos, que parece que entendieran el interés nacional argentino mejor que nosotros mismos.

Todas esas circunstancias, argentinas y británicas, nos obligan a pensar en cuál debe ser nuestra conducta nacional futura.

He dejado, para cerrar estas palabras, una referencia a los hombres que combatieron en las Malvinas. A los soldados del aire, del mar y de la tierra, a los que cayeron en la lucha ofrendando sus vidas y a los que regresaron con heridas o sin ellas. A todos ellos los debemos reconocer por su entrega y su patriotismo. Quien pretenda marcar diferencias por origen o jerarquías le estará haciendo un flaco favor a nuestra causa malvinera. Y creo que todos ellos, yo también, tenemos una nueva obligación con la Argentina: es la de transmitir nuestros sentimientos a nuestros hijos y a nuestros nietos, para que la causa Malvinas sea una eterna reivindicación, hasta que ellas vuelvan al seno de la Patria.

Y también tenemos que pensar en otra cosa que me parece importante: Veo aquí muchos jóvenes, A ellos los tenemos que convocar para que se incorporen, en esta antesala del trigésimo aniversario, en un firme trabajo de estudio y de actividades, que comiencen a mover los espíritus, dando dinamismo al proceso de recuperación de las islas. Lo que podemos hacer los que fuimos a las islas en 1982 es transferirles la posta a ustedes, los jóvenes de hoy, porque el futuro es indudablemente de ustedes.