sábado, 9 de octubre de 2010

COMENTARIOS DE UN MALVINENSE - "NO VAMOS A SER INTIMIDADOS POR USTED, VIEJA CARA DE PLÁSTICO"

Por Lisa Watson (*)

En una reunión de ganaderos, dedicados a la cría de ovinos en las Islas Malvinas, que se celebró en la sala de la Junta de Negocios de Puerto Stanley la semana pasada, un hombre corpulento que vestía una camisa a cuadros y ropa para esquilar ovejas se quejó a sus colegas:

“Algunos compañeros agricultores, encantados como por el canto de los cisnes, se dedicaron a la búsqueda del dinero extra que ofrece la visita de turistas que traen los cruceros, cuando deberían haber permanecido en sus propias granjas engordando corderos para enviar al matadero".

Un amable colega se inclinó sobre él, le dio una palmada reconfortante en el hombro y les contestó con ironía: "Los cruceros no serán un problema ahora compañero, los argentinos han inclinado el negocio hacia ellos".

Los apuestos pero curtidos rostros del grupo de jóvenes agricultores se iluminaron divertidamente por el giro positivo del último intento argentino de impedir la economía de las Malvinas. Pero en el fondo, nadie subestima la gravedad potencial de la situación.

Casi al mismo tiempo, la presidente Cristina Fernández de Kirchner, (o "vieja cara de plástico", como en las Islas Malvinas se refieren a ella de acuerdo a los informes que llegan de Buenos Aires sobre su apariencia quirúrgicamente mejorada), decretó que "una aprobación previa va a ser necesaria” para los buques que naveguen entre las costas de la Argentina y las aguas reclamadas por ella, y las Islas Malvinas.

El turismo transportado por los cruceros es la segunda fuente de ingresos en la economía de las Malvinas y, un hecho que preocupa, es que muchos barcos comienzan sus viajes de aventura por las Falkland y la Antártida en el puerto argentino de Ushuaia.

Si la Argentina insiste con los permisos para los buques en ruta hacia las Islas Malvinas, existe la posibilidad que esos permisos sean negados o también que los buques sufran retrasos.

Sorprendentemente, Ushuaia ha sido perturbada por el anuncio. Un periódico argentino con sede en esa región, El Diario del Fin del Mundo, publicó un artículo el viernes último, expresando su preocupación porque sus intereses comerciales podrían ser dañados por los requisitos exigidos.

Con ocho cruceros previstos para navegar entre Ushuaia y Malvinas antes del cierre de la temporada, a finales de marzo, el autor del artículo se preguntó: "¿Quién emitirá los permisos?

En general para los habitantes de las islas, el decreto no es una sorprendente noticia, la Argentina ha estado tratando de destruir la economía de las Malvinas durante muchos años. Por lo tanto, fue reconfortante, esta semana, leer algunas agresivas respuestas de la prensa británica.

"Argentina es su propio peor enemigo, así como el nuestro"


Su patriótica y protectora postura sobre un pequeño y vulnerable territorio de ultramar podrían darles alguna esperanza y Tony Curran, director de nuestro periódico (El Penguin News, ¿de qué otra manera podríamos llamarlo?) escribió: "Tal vez uno de los mejores resultados de los últimos días ha sido el renovado interés de los medios de comunicación del Reino Unido por los asuntos de las Malvinas.

Al mismo tiempo, con asombro hizo hincapié en lo poco que el público británico entiende nuestra situación actual, frente a la victimización de nuestro mucho mayor vecino que es un hecho cotidiano.

Desde la guerra de 1982, de la que recuerdo como la hija de un granjero asustado de 12 años de edad, la economía de las Malvinas ha crecido fuertemente por la venta de licencias de pesca de calamar a una gran cantidad de países amantes de calamares como lo son Corea, España, China y Taiwán.

Los ingresos de la pesca han transformado a Stanley, de una pequeña comunidad cada vez más desvencijada, con una población que se reducía rápidamente, en una atractiva ciudad que cuenta con una escuela moderna, un centro de visitas turísticas, cientos de nuevas casas pintadas de vivos colores y grupos de adolescentes portando los modernos iPod por todos los rincones.

Pero, ¿cómo nos acosan nuestros diabólicos vecinos?

Sólo para empezar, las autoridades del país "permiten" actualmente un vuelo comercial semanal entre Chile y las islas (que no tiene más remedio que volar a través del espacio aéreo argentino) y han prohibido los vuelos chárter a las Malvinas. Estos vuelos fueron muy importantes y son los más utilizados para el movimiento de pasajeros de los cruceros y para el transporte de mercancías.

Nosotros, los habitantes de las islas somos particularmente afectos a mantener relación con nuestro benigno vecino Chile, y no queremos perder esa relación.

Una importante comunidad chilena ha crecido en las Islas Malvinas, trabajamos y compartimos muchas cosas y no hay mejor final para una noche que asistir a una animada fiesta chilena y terminar bailando reggaeton (American hip-hop) o moviéndonos al ritmo de la salsa.

Desafortunadamente, la interrupción del nexo entre nuestros países es una prioridad para la Argentina. Únicamente por un poco de deporte, las autoridades argentinas insisten en que si un vuelo regular se retrasa por cualquier motivo, el mal tiempo por ejemplo, otro permiso debe ser extendido a continuación, para que el avión pueda viajar otro día a través de su espacio aéreo.

El decreto argentino sirve probablemente para profundizar los conflictivos reclamos sobre la pertenencia del petróleo existente dentro de las aguas territoriales de las Islas Malvinas.

Por supuesto la mayor industria de las Islas Malvinas tiene poco que ver con los visitantes y mucho con lo relacionado con el desagradable pero muy lucrativo calamar. No sorprende que el gobierno argentino este perfectamente consciente de ello, y ha pasado los últimos años haciendo todo lo posible para dañar la principal fuente de ingreso de las Malvinas, la venta de las licencias de pesca.

En los últimos años, la Argentina informó a la industria pesquera internacional que quienes insistieran en la compra de licencias a las Malvinas no serían bienvenidos en la zona de pesca argentina, sustancialmente mayor.
Por lo que yo sé, en realidad esto actualmente no ha resultado ser un gran problema. Negocios son negocios después de todo, y si los buques pesqueros coreanos, chinos y españoles escuchan rumores, (o tal vez usen la tecnología; persiguiendo cefalópodos, no es mi área de especialización), de que el calamar se encuentra en la zona de las Malvinas, entonces parece que no lo tienen en cuenta.

Y hemos oído que si ellos, al año siguiente, desean una licencia argentina, simplemente cambian la bandera del buque, cambian unas pocas letras en su nombre y lo pintan de color rosa en vez de púrpura. Una vez más no puedo jurarlo, pero son muy astutos.

Las autoridades de la Argentina, actualmente “permiten" un vuelo comercial semanal entre Chile y las islas, pero han prohibido los vuelos chárter a las Malvinas.

Por desgracia, el problema no termina ahí. Si fuera posible construir un enorme y bonito muro alrededor de las Malvinas y su zona de pesca, la vida sería muy buena. Pero compartir el mar con la Argentina significa sufrir su actitud desvergonzada e irresponsable hacia la existencia de peces.

A pesar que pagamos fortunas en equipos y personal para monitorear las poblaciones de peces, y cerramos la temporada de pesca antes de tiempo si las cosas se ven mal, la Argentina se niega a cooperar y jugar el juego de la sostenibilidad.

Es su peor enemigo, también para nosotros. Argentina tiene visitantes de los cruceros y nosotros también, ellos tienen calamares y nosotros también, sin embargo parecen estar dispuestos a alterar las cosas por sí mismos a fin de que las Malvinas sufran las consecuencias.

Parece que gran parte de su tiempo, es gastado en exigir que nuestros representantes sean expulsados de las conferencias internacionales sobre todo las relacionadas con el petróleo, la agricultura, el turismo y la pesca.

Yo podría decir que preferiría que nuestro vecino nos haga vivir con miedo de nuestros medios de vida y de nuestras vidas. Pero para todos, nuestra determinación de vivir la vida con serenidad, a pesar de esta persecución insistente, puede ser una existencia agotadora cuando cada paso valiente hacia la autosuficiencia es perseguida por el acosador en las sombras.

(*) Lisa Watson, ex editor del Penguin News, Puerto Stanley

Fuente: http://www.dailymail.co.uk Publicado el 09 de octubre de 2010

Traducción no oficial por Roberto Briend

No hay comentarios: