lunes, 11 de octubre de 2010

ES LA AMARGA VERDAD: HOY NO PODRIAMOS ENVIAR UNA FUERZA DE TAREAS A LAS ISLAS MALVINAS


Por El Capitán Michael Clapp (*)

Nos acercamos a las Malvinas en condiciones casi perfectas. La espesa niebla nos protegía de los atacantes argentinos. Por desgracia, nuestra suerte no duró mucho, a la mañana siguiente, las nubes se levantaron, salió el sol, y nos convertimos en una presa fácil.

Como Comandante del Grupo de Tareas Anfibias, yo tenía 5.000 soldados y grandes cantidades de armas, municiones y suministros para desembarcar en Bahía San Carlos, una zona que pronto se hizo conocida como "el callejón de las bombas”.

No pasó mucho tiempo para que llegaran los primeros aviones argentinos. Ocultos por las bajas alturas hasta el último minuto, se descolgaban desde el cielo, dejando caer sus bombas sobre todo lo que veían.

Gracias a Dios que nuestros dos portaaviones, el HMS Hermes y el HMS Invincible, estaban ubicados algo alejados de la costa, aunque lo suficientemente cerca como para que sus cazas Sea Harrier pudieran darle a nuestros atacantes argentinos algo más en qué pensar, pero lo suficientemente lejos para quedar, ellos mismos, fuera de peligro. Para que no nos equivoquemos, si uno de nuestros portaaviones se hubiese hundido, hubiésemos perdido la guerra.

Muchos otros buques, sin embargo, no pudieron mantenerse fuera de peligro. Perdimos buques en la Bahía de San Carlos: las fragatas Ardent y Antelope, esta última en un intento heroico, valiente pero infructuoso de desactivar una bomba sin explotar. Nadie puede olvidar el ataque posterior al Sir Galahad, el buque de desembarco auxiliar de la Flota Real en la que tantos valientes guardias galeses perdieron la vida envueltos en un terrible infierno.

Esas pérdidas aún las tengo en mi mente. Pero esos hombres murieron haciendo lo que estaban entrenados para hacer y en la ejecución de una de las invasiones marítimas más ambiciosas y atrevidas de la historia naval británica. Sin dudas son cosas que suceden, pero el objetivo de recuperar las Malvinas para Gran Bretaña fue logrado magníficamente.

Pero si el sonido del traqueteo del sable político regresara al Atlántico Sur, ¿Podríamos hoy repetir aquel éxito? No estoy dudando de la determinación de nuestras Fuerzas Armadas, nuestros soldados, marineros y aviadores tienen una larga y orgullosa trayectoria para arrancar el éxito de la adversidad, pero siento decir que ya no tenemos ni los barcos ni el equipo para lanzar un ataque marítimo a un enemigo ubicado al otro lado del mundo.

Cuando estaba en un helicóptero en la cubierta del HMS Fearless el 06 de abril de 1982, con un clima muy adverso y en el centro del Canal Inglés, era parte de una fuerza de tareas integrada eventualmente por 111 buques. Hoy, después de los recortes de gastos producto de la reducción presupuestaria de defensa del 5 al 2,5 por ciento del PIB, la otrora temible Armada Real cuenta tan sólo 40 barcos y submarinos.

Es cierto que no todos los buques que integraban la fuerza de tareas en 1982 fueron barcos de la Armada Real, también había buques civiles. Veinte y dos pertenecían a la Auxiliar Royal Fleet y la Marina Mercante se unió con 42 de los suyos, como el de Canberra, el Atlantic Conveyor, y por supuesto, el Queen Elizabeth 2, perteneciente a la empresa Cunard, que transportó a la 5ª Brigada del Ejército, a lo largo del Atlántico.

Los barcos comerciales prestaron un vital apoyo, pero ahora ciertamente no podríamos tener el mismo consuelo. Si la flota de la Marina Real se ha reducido espectacularmente desde 1982, en aquel entonces tenía 55 fragatas y destructores hoy tiene 24, la flota mercante británica ha desaparecido. ¿Quién sabe dónde podríamos obtener hoy los buques para apoyar una guerra en el Atlántico Sur?

Menos barcos no siempre significan una fuerza de combate menos eficaz, por supuesto. Los grandes y nuevos buques de desembarco anfibio, HMS Albion y HMS Bulwark, son mucho mejores que el Fearless, que tenía casi 20 años de antigüedad cuando se embarcó rumbo a las Malvinas. Aún así, ellos debieron enfrentar algunos problemas cuando se estaban construyendo, y ciertamente hay dudas sobre su eficacia en un entorno de combate.

También tenemos a un sólo portaaviones efectivo, el HMS Illustrious. Por desgracia, sus pilotos y los bombarderos Harrier GR9 están casi permanentemente desplegados en Afganistán. El Sea Harrier que resultó tan útil en las Malvinas hace tiempo que ha pasado a ser chatarra.

De hecho, la Marina tiene tan pocos aviones disponibles que tuvieron que pedirle al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos algunos de ellos, sólo para proporcionarles un poco de entrenamiento a las tripulaciones de Illustrious.

Las cifras son desalentadoras mires donde mires. Tuvimos 320 mil miembros de las fuerzas armadas en 1982, ahora tenemos 188.000. Y con tantos soldados que sirven en diferentes teatros alrededor del mundo, ¿De dónde podríamos sacar los miles de tropas de élite que permitieron ganar el conflicto de 1982?

Y así sucesivamente. En 1982, teníamos 17 destructores y se enviaron 8 a las Malvinas. Ahora tenemos sólo 7 y muchos de ellos están dedicados a proveer la vigilancia marítima en otros lugares.

Es preocupante, ya no tenemos los suficientes barcos para decir que si tenemos un problema lo iremos resolviendo en el camino. Como cuando el General Julian Thompson, quien comandó la 3ª Brigada de los Royal Marines durante el conflicto de las Malvinas, dijo: "Tenemos algunos soldados excelentes. El problema es llegar allí".

Entonces, ¿Qué debemos hacer? Bueno, en honor a los 258 valientes que dieron su vida en 1982 y para apoyar a los isleños con orgullo británico, es esencial que hagamos algo.

Lo que estamos viendo sólo puede ser un poco de ruido de sables, un intento de la Presidente Kirchner de distraer al electorado de sus propios problemas, pero el ruido de sables rápidamente se convierte en algo más cuando se percibe el aroma debilidad de su enemigo.

Después de todo, debemos recordar que uno de los eventos que llevaron a la última invasión argentina fue el anuncio de los planes de retirar el buque de patrulla antártica, HMS Endurance. Eso fue sólo una nave, ahora es el estado deplorable de toda nuestra flota el que podría estar enviando un mensaje similar.

La continua incertidumbre que rodea los dos nuevos portaaviones clase Queen Elizabeth, que deben entrar en servicio a finales de esta década, a un costo de miles de millones, se debe resolver lo antes posible después de la próxima elección general.

La campaña de las Malvinas fue un triunfo para las fuerzas armadas de Gran Bretaña, que desde un punto de vista naval requirieron la flexibilidad necesaria, el ingenio y una gran cantidad de buques. La simple verdad es que ya no tenemos más esa capacidad.

(*) Michael Clapp es co-autor de un informe sobre la política de defensa que se publicará este mes por la Asociación de Defensa Nacional del Reino Unido.

Fuente: http://www.dailymail.co.uk/ Publicado el 19 de febrero de 2010

Traducción no oficial por Roberto Briend

1 comentario:

Luis dijo...

excelente...
esta muy buena la info!!
te felicito amigo malvinero