martes, 28 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ GRAN BRETAÑA GANÓ LA GUERRA DE LAS MALVINAS?


Por Reginald y Elliot

Esta fue la pregunta planteada por los académicos estadounidenses Reginald y Elliot en la conclusión de su excelente estudio sobre la Guerra de Malvinas, "Tempestad en una tetera”, realizado en 1983.

"¿Por qué Gran Bretaña ganó? La victoria británica tuvo, en partes iguales, profesionalidad y suerte, dos factores esenciales para llevar adelante una guerra. En los papeles, la Argentina parecía tener una ventaja decisiva, en hombres, materiales, planes, posición y líneas de suministro. La ventaja argentina, sin embargo, fue erosionada por las fuerzas británicas durante el desarrollo de la guerra, la experiencia de los militares británicos resultó un factor decisivo.

Gran Bretaña también utilizó a la prensa de manera mucho más eficiente que la Argentina, dando la impresión de imparcialidad, veracidad, humildad, incluso en el avance de sus pretensiones, cuando en realidad los militares manipularon a los pocos reporteros asignados a la flota, alimentándolos con informes exagerados pero verosímiles sobre la gran cantidad de tropas británicas, barcos y aviones que se enviaron al Atlántico Sur. Mientras que los comunicados de prensa argentinos eran desacreditados, casi desde el primer día de la campaña, la información oficial británica, producida por la oficina de prensa del gobierno, era considerada, por la mayoría de países occidentales como la única fuente de noticias parcialmente veraz. En otras palabras, Gran Bretaña ganó la guerra psicológica, y al hacerlo, dio un enorme impulso a su posición militar. Incluso a medida que la guerra avanzaba, Argentina comenzó a creer en las informaciones británicas. Este fue, por supuesto, precisamente lo que Gran Bretaña pretendía.

El hundimiento del buque argentino General Belgrano no sólo eliminó de los mares el buque de guerra más poderoso de la Argentina, sino que también marcó el final de la guerra naval por las Islas Malvinas, a partir de entonces, la Argentina mantuvo a sus buques a una distancia visual de su territorio continental.

Argentina, al principio del conflicto, parecía tener una gran ventaja en el poder aéreo pero nunca fue capaz de utilizar el gran número de caza-bombarderos para establecer el control del espacio aéreo sobre las Malvinas. En su lugar, veinte Sea Harrier británicos volando alrededor de las islas golpearon efectivamente a la Fuerza Aérea Argentina desde el cielo en las dos primeras semanas de la guerra. Los lentos Harriers mostraron una extraña habilidad para superar a los más rápidos, pero más torpes Skyhawks y Mirages, produciendo derribos de aviones argentinos en una sorprendente proporción de quince a uno.

La Fuerza Aérea Argentina demostró una inmensa valentía y tenacidad para atacar a la flota británica, que fue encerrada en el Estrecho de San Carlos sin espacio para maniobrar. Pero los mayores esfuerzos se vieron frustrados por un gran número de bombas que no estallaron, entre ellos seis que realmente golpearon barcos británicos, por la gran cantidad de misiles antiaéreos lanzados para repeler a los aviones argentinos, y por el poco tiempo de combate que en realidad tenía cada aeronave argentina (2-10 minutos), sobre los objetivos. Esencialmente, cada avión argentino debía llegar a la zona de combate, de forma rápida descargar sus bombas y misiles, tal vez dar la vuelta para efectuar un pasaje de ametrallamiento, y luego regresar a la base, o correr el riesgo de quedarse sin combustible. Esto dejó a las aeronaves argentinas en una enorme desventaja en la búsqueda de los Sea Harrier, en la selección de mejores objetivos, para evitar los misiles. Al final, Argentina perdió quizás la mitad o dos tercios de sus aviones de combate, en función de que reclamos se opta por creer, o lo que es más importante, los argentinos perdieron un gran porcentaje de sus entrenados pilotos de caza, un recurso que será mucho más difícil de reemplazar que los propios aviones.

En tierra Argentina fue mucho peor. El General de Brigada Menéndez, que se había pronunciado en contra de la original invasión argentina, fue simplemente el hombre equivocado para defender la cabeza de playa argentina. Siempre se mostró incapaz de aportar los más simples juicios militares. Su estrategia, la ubicación de las tropas, sus líneas de suministro, sus respuestas a las acciones británicas, todas ellas demostraron una lamentable incompetencia militar. Paradójicamente, el presidente Galtieri, habiendo reconocido las deficiencias de Menéndez en su única visita a las islas, se negó a reemplazarlo, sobre la base de que su relevo podría desmoralizar a la población argentina y a las tropas.

A las fuerzas británicas se les permitió desembarcar en Bahía San Carlos prácticamente sin oposición. Las tropas argentinas en Ganso Verde fueron reforzadas por Menéndez, pero nunca recibieron apoyo, aún cuando más lo necesitaban. Cuando Ganso Verde cayó, Menéndez siguió una persistente política de retirada, de abandonar las atrincheradas posiciones ante el menor signo de presión del avance británico. Como resultado de ello, pronto se vio, él mismo, asediado en Puerto Argentino, rodeado por tierra y cortadas las vías marítimas y sin apoyo aéreo alguno. Al final, sus soldados se rindieron antes del ataque final británico.

Contribuyendo a la derrota argentina en tierra, hubo una dicotomía entre los soldados argentinos y sus elitistas oficiales, muchos de los cuales nunca se movieron de las cercanías de Puerto Argentino, mientras que los hombres, en las trincheras, luchaban por encontrar algo caliente para comer y algo de abrigo. Varios oficiales, de rangos intermedios, abandonaron sus unidades bajo la presión militar británica, dejándolos a cargo de sus sargentos o cabos. La enorme brecha entre la privilegiada clase de oficiales y los conscriptos mal entrenados que formaban el Ejército Argentino dio lugar a la desmoralización de las fuerzas en el terreno, y marcaron una tendencia para que se desmoronaran ante los implacables ataques británicos.

Sumado a esto, una pobre cadena de suministros argentina: mientras que los víveres y materiales de guerra se amontonaban en Puerto Argentino, a medida que la guerra avanzaba los soldados en el terreno recibían cada vez menos alimentos, ropa y armas. Se sentían abandonados por su propio pueblo, y por lo tanto no lucharon de la forma en que podrían haberlo hecho, de haber recibido el sustento adecuado y dirigido. La culpa de la debacle militar debe recaer directamente en los jefes de las fuerzas armadas argentinas.

Dejando de lado las consideraciones políticas, ¿Podría la Argentina haber ganado la lucha militar? No hay una respuesta cierta a esta pregunta, pero la mayoría de los observadores parecen creer que la Argentina podría, por lo menos, haber demostrado más que lo que hizo en las Malvinas. Los tres supervivientes submarinos argentinos nunca fueron un factor importante en la lucha: uno aparentemente estaba fuera de servicio, pero los otros dos podían y debían haber sido desplegados cerca de la flota británica. El portaaviones argentino podría haber sido desplegado suficientemente cerca de las Malvinas para aumentar enormemente la cobertura aérea. El hundimiento de un portaaviones británico habría reducido a la mitad la fuerza aérea británica, así como desmoralizar a la fuerza expedicionaria británica. Esto debió haber sido la primera prioridad de la Armada Argentina.

La Fuerza Aérea Argentina probablemente hizo lo mejor posible con una mezcla de antiguos y nuevos equipamientos a su disposición: si se hubiesen comprado más misiles Exocet, si se hubiese tenido aviones más modernos, tal vez el resultado podría haber sido diferente. El Ejército argentino realizó una demostración muy pobre: con mejores oficiales, mejores líneas de suministro, con tácticas más agresivas, la Argentina podría haber detenido a los atacantes británicos, y tal vez, expulsarlos de las playas de Puerto San Carlos. Pero no lo hicieron, este es un hecho sobre el que los historiadores militares pensaran durante las próximas décadas. "


Fuente: Reginald R. Elliot y JM, “Tempestad en una tetera: La guerra de las Malvinas", (1983), La Prensa Borgo, San Bernardino, California, EE.UU.

Traducción no oficial por Roberto Briend

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En este pais no hay cerebro suficiente para estar al alcance de un conflicto semejante , con solo fijarse en el hecho de tener como presidente de facto a un pobre infeliz Borracho y loco, que manda tropas de chicos de 18 años en su mayoria, sin experincia alguna, para luchar con Ingleses.... no se ustedes pero para mi es mas que suficiente.. hay que reconocer que argentina tuvo muchisimo valor en enfrenarse y lo hicieron bastante bien mas alla del resultado final... al margen de todo esto estoy en contra terminantemente de que se maten entre Hermanos , todos somos hermanos en Cristo y debemos amarnos, porque asi Dios lo manda..nuestros hermanos Ingleses ocuparon las Islas malvinas en 1833 por primera vez, cuando nosotros todavia peleabamos con los indios aqui ... yo digo que son de ellos.. por haber llegado, hemos conseguido tener na republica Inmensa y nos vamos a peelear por un pedacito mas de tierra... Dios los Bendiga mucho Hermanazos....

Anónimo dijo...

Tio,tienes razon estoy con tigo

Anónimo dijo...

El desconocimiento profundo de los autores los lleva a conclusiones erradas.
Por ejemplo el análisis serio y con fundamento muestra que las tropas terresres no estaban en capacidad de rechazar o evitar la consolidación de la cabeza de playa (brit) en San Carlos, no era cuestion de desición, no se podia, sin medio de transporte, si cobertura de defensa aérea y una marcha de 80 km a pie (de 8 a 10 días en terreno malv) son los principales fundamentos....cuando los argentinos llegaran estarían los britanicos????? Si habia problemas para hacer llegar los suministros a 1ra linea (+ o - 10 km) como se harian llegar a 80 con superioridad aerea britanica, poco serio el análisis...

Unknown dijo...

SE VA A VENIR UNA GORDA, ACUERDENSE LO QUÉ DIGO, A FAVOR DE LA ARGENTINA.