lunes, 31 de enero de 2011

BUQUE DE TRANSPORTE MONSUNEN


Este buque de 30 metros de eslora, de origen noruego, pertenecía a la Falkland Islands Company y desarrollaba una velocidad de 7 nudos.

Durante el Conflicto de Malvinas fue requisado y puesto bajo el mando del Teniente de Navío Jorge A. Gopcevich Canevari. Sus plumas y su capacidad de transporte lo hicieron muy útil para las tareas logísticas, desarrolladas en condiciones muy adversas.

A partir del 14 de abril cumplió 19 misiones de alerta temprana y transportes diversos, muchos de ellos vitales para los habitantes de las islas, pues se realizaban principalmente para la provisión de alimentos.

El 01 de mayo, mientras se hallaba en cercanías de la Punta Celebroña, fue sobrevolado por un Harrier enemigo que no lo llegó a atacar, presuntamente por entender que se trataba de un buque tripulado por isleños. Al día siguiente se embarcó el Mayor Jorge A. Monge, para transportar los cañones del GADA 101 que estaban a bordo del Río Carcarañá. Como medida de seguridad se instalaron dos ametralladoras MAG, una a proa y otra a popa, más por efecto moral que por su eventual eficacia ante un ataque naval o aéreo.

Luego de continuas alertas de ataques aéreos y tormentas, el 03 de mayo se procedió al trasbordo de los 8 cañones y 16.000 proyectiles que, por entonces se hallaban a bordo del ARA Isla de los Estados anclado en el estrecho de San Carlos. Esta importante operación se realizó de noche, bajo condiciones de fuertes vientos, lo que producía un constante movimiento de rolido.

A su regresó a Puerto Argentino, el Monsunen recibió una alerta de ataque naval, posiblemente de un submarino, que lo obligó a permanecer inmóvil durante 8 horas.

Vivencia de un Veterano en Malvinas, a bordo del Monsunen...

“El día 06 de mayo de 1982 me encontraba con mi sección de apoyo de combate de la Compañía "C" del RI 4 de Monte Caseros, en Monte Wall, cuando recibí la orden del Jefe de Compañía, Capitán Marpegan, que junto a dos soldados, armados con una ametralladora MAG, dos cajones de munición me presentara, por orden del General Parada, en Puerto Argentino en el sector de muelles.

Al llegar allí, el pequeño grupo se redujo a dos personas, un soldado y yo, ya que el segundo soldado debía regresar al regimiento. La misión, que yo pensaba sería defender una posición por la adyacencia del puerto, no resultó ser esa. Se me ordenó embarcar en un pequeño buque, anclado en el muelle número 4, y se me explicó que mi misión era la de dar defensa antiaérea en todo los viajes que realizara hasta su regreso a Puerto Argentino.










El Monsunen en Pradera del Ganso

Al presentarme a bordo, fui recibido por el Segundo Comandante, Teniente de Navío Oscar Vázquez, quien me dio un lugar como integrante de la tripulación. Ese mismo día, zarpamos, con una sección del RI 5, llevando a bordo, cañones 105 mm, munición y alimentos hacia Puerto Howard.

Pasaron dos días, en calma, pero con temor de un ataque naval o aéreo.

Comencé a integrarme con la tripulación del Monsunen, recibiendo su afecto y cordialidad, como si yo fuera un integrante más de la Armada, llegando a tener con ellos una amistad que ha persistido a lo largo de los años. Es más esa amistad se fue fortaleciendo con el correr del tiempo, en razón de haber compartido muchas cosas buenas y también algunas malas. Amistad que se ha logrado con personas que dieron todo, donde el sufrimiento del otro era el de uno mismo. La valentía, con el desinterés por el riesgo propio, puesto de manifiesto en cada una de las horas que transcurrieron hasta nuestro regreso al continente, fue moneda corriente, con un solo objetivo: el de cumplir con nuestra misión.

Después de tres días de viaje, llegamos a Puerto Howard, donde desembarcó la sección del RI 5.

















En Puerto Howard

Comenzamos el regreso a Puerto Darwin, donde cargamos, del buque Bahía Buen Suceso, combustible para avión JP1 y munición con destino a Puerto Argentino, al cual nunca llegaríamos.

Corriendo la madrugada el día 23 de mayo, siendo aproximadamente las 0230 horas, teniendo un viaje en calma, el comandante de la nave, Teniente de Navío Jorge Gopcevich Canevari, dio alerta amarilla (ataque de helicópteros), preguntando quien se encontraba en la ametralladora. A viva voz le contesté que yo me encontraba allí. Me indicó que un helicóptero enemigo se aproximaba al buque. La noche era clara, se veían las siluetas de los cerros en el horizonte. Tomé la ametralladora MAG y le ordené al soldado clase 62, Ramón Orlando Godoy, que era mi abastecedor de munición, que girara conmigo a mi derecha cuando apareciera el helicóptero.

Por la proa del buque, se sentía que a lo lejos el enemigo se aproximaba, hasta que lo vimos. Abrí fuego sobre el aparato, viendo como las balas trazadoras se apagaban dentro del fuselaje del aparato, hasta que hizo un giro buscando la costa y se vio un resplandor en el cielo que iluminaba la noche.

Teniendo incertidumbre por lo que nos sucedería, no faltó la respuesta de las fragatas que se encontraban dentro del Estrecho, lanzando luces de bengala para poder ubicar la posición del buque, continuando con fuego de cañones y misiles que no dieron en el blanco, gracias a la valentía y coraje de nuestro Comandante, que hacía zigzaguear al buque para evitar que nos dieran con la artillería de sus naves.

Al cabo de algunos minutos, se le informó a la tripulación por medio del alta voz del buque, que nos preparáramos para envicar en la costa.

Después de que abriera fuego al helicóptero, el Teniente de Corbeta Héctor Lehman se encontraba en la proa del buque junto a nosotros. El fuego del enemigo era constante, nosotros en busca de la costa para poder desembarcar. En un momento dado, el buque se clavó con su proa en la costa llena de rocas. Sólo esperábamos el momento de iniciar el desembarco, tiramos algunas balsas salvavidas al mar.

El soldado Godoy decidió arrojarse desde el buque hacia las rocas golpeando con su chaleco salvavidas en ellas e hiriéndose en una pierna.
Yo me arrojé hacia una de las balsas que se encontraba en la popa, cayendo dentro de ella. El resto del personal trataba de salvar su vida bajo el fuego enemigo. Tratábamos de no olvidar que nuestra carga era por demás peligrosa.

Escuché que del buque preguntan quien se encontraba en la balsa de popa, respondí que era yo, y de pronto sentí caer arriba mío una persona a la cual ayudé a entrar: era el Cabo Bruneti.

Desde la costa, a viva voz preguntaban quienes estaban en la balsa, contestamos que éramos dos. Se nos informó que la corriente nos llevaba mar adentro, y con el consiguiente peligro de ser atrapados por la rotación de la hélice del buque, la cual seguía girando. Comenzamos a “remar” con las manos que rápidamente empezaron a morarse por el frió del agua.

No obteniendo buenos resultados con nuestro intento, decidimos arrojarnos al mar y nadar hacia la costa, que se encontraba a una distancia aproximada de 50 metros, distancia que se hacía inalcanzable por el frío que comenzábamos a tener. Gracias a Dios pudimos tomarnos de una roca, y con la ayuda de alguien pudimos subir.

Una vez reunidos pude asistir al soldado Godoy, que se encontraba herido. Todos comenzamos a abandonar el área, siempre bajo fuego enemigo, realizando un alejamiento rápido hasta un lugar donde nos pusimos a salvo.

Pasado los minutos, el fuego enemigo se detuvo, aunque pudimos escuchar, a lo lejos como eran ametralladas las balsas que se alejaban a la deriva. El enemigo continuó con su ataque hacia la costa, teniendo en cuenta que no podrían detectar al buque, debido a que se encontraba varado frente a rocas que hacían rebotar las ondas del radar.

Comenzamos a retirarnos tierra adentro, para evitar el fuego del cual éramos objeto.

La madrugada del 23 de mayo, transcurrió teniendo que soportar mucho frío, llegando casi al límite de la hipotermia, debido a que todos nos encontrábamos mojados. Nos colocamos unos muy cerca de los otros para poder mantener el calor.

Al amanecer, un grupo comenzó a moverse hacia el buque para ver si se podría recuperar, si es que el mar no lo hubiese llevado, otro grupo fue a realizar un reconocimiento por los alrededores.

Recuperación del buque:

Al llegar nos encontramos con que el buque había comenzado a desencallarse debido a que la marea comenzaba a subir. El Comandante decidió, que junto con el Cabo Bruneti, el Suboficial Cabana y el conscripto clase 62 Bazán, tratarían de llegar y subir por una cuerda que se encontraba atada al buque, para poder recuperarlo. En el intento, el Suboficial Cabana quedó enganchado en la soga, y cayó al agua, siendo rescatado por el conscripto Bazán.

El Cabo Bruneti logró llegar, tirando una balsa al agua. Con ella comenzamos a hacer pasajes de tierra al buque, hasta que logramos recuperar la nave. Al ser revisada, descubrimos que una amarra se había enrollado en la hélice y no podríamos seguir nuestro viaje.

El Comandante informó la novedad por radio, solicitando si alguien podía venir a rescatarnos. Entrada la tarde, se produjo el arribo del buque Forest, que nos remolcó hasta Pradera del Ganso. En todo ese recorrido estuvimos a merced del enemigo, teniendo que agradecer a Dios que no ocurriera nada.

El día 25 de mayo, al mediodía, se dio un alerta roja por ataque de aviación, teniendo que ir precipitadamente a nuestras posiciones en tierra, cuando los Harrier abrían fuego al buque.

El día 27 de mayo comenzó con el ataque inglés a Pradera del Ganso. Primero fue contra la primera línea, la cual fue desbordada. Luego se iniciaría el repliegue mientras se producían enfrentamientos con el resto del grueso de las unidades destacadas, librándose combates cruentos de artillería y armas pesadas hasta el día 29 de mayo, logrando que el enemigo retrocediera más de una vez, por encontrarse con defensas sólidas, por el ímpetu y el coraje de los que nos encontrábamos defendiendo nuestra tierra del invasor.

Durante la madrugada del día 29, se produjo un alto al fuego. Se comenzó a comentar en las líneas de tropa propia que había posibilidades de una rendición; situación que yo no entendía. Luego me llegaría la orden más amarga que tuve que cumplir en toda mi carrera como soldado: la de rendirme.

Quisiera agradecer en esta pequeña reseña que he escrito, a mis camaradas de la Armada, los cuales me consideraron en todo momento como un marino más, sintiéndome hasta el día de hoy un integrante más de esa Fuerza, un amigo de todos ellos. Amigo que va a seguir siéndolo por toda la vida.

Gracias MONSUNEN...

Tripulación Del Monsunen

Teniente de Navío Jorge Gopcevich Canevari
Teniente de Corbeta Oscar Guillermo Vázquez
Teniente de Corbeta Héctor Rodolfo Lehman
Suboficial Lucas Cabana
Suboficial Adolfo Blas Mamani
Cabo Raúl Gramajo
Cabo José Antonio Pedraza
Cabo Carlos Javier Rivero
Cabo Carlos Alberto Brunetti
Cabo Jesús Calizaya Zerpa
Conscripto Clase 62 Romualdo Ignacio Bazán
Conscripto Clase 62 José Dulcillo Ávila
Sargento Primero de Infantería Rubén Oscar Marchetti (*)
Soldado Clase 62 Ramón Orlando Godoy (*)

(*) Personal de Defensa Antiaérea perteneciente al Ejército Argentino

Fuente: http://www.malvinense.com.ar

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