17 de julio de 2010

UN EJEMPLO DE OPERACIÓN CONJUNTA


Un hecho prácticamente desconocido durante la Guerra de Malvinas fue la operación aerotransportada que, en forma conjunta efectuaron el Escuadrón Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, y el Escuadrón Panhard del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 181, del Ejército Argentino. Esta operación fue la primera y única, en que estos capaces cuatrimotores de transporte cargaron vehículos blindados en orden de combate.

Por Coronel VGM Gustavo Adolfo Tamaño

Un poco de historia

La intención de transportar vehículos blindados por aire toma fuerza durante la II Guerra Mundial. A fin de incrementar la potencia de fuego de las tropas paracaidistas, sumamente vulnerables a las acciones de blindados enemigos. Con el tiempo y el avance de las aeronaves de transportes evolucionó hacia el concepto de transporte estratégico, brindando la posibilidad de un rápido despliegue de fuerzas blindadas. Los alemanes fueron pioneros, logrando diseñar y poner a punto una aeronave capaz de transportar vehículos blindados: el Messerschmitt Me 323 “Gigant”.












Un Jagdpanzer Marder II (11 tons) es cargado en un Me 323

Concluida la II Guerra Mundial, este tipo de aeronaves prosiguieron su desarrollo durante la Guerra Fría.

En 1951 la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) invitó a las experimentadas firmas aeronáuticas Lockheed, Boeing, Douglas y Fairchild a competir por el contrato de un transporte aéreo táctico. El 23 de agosto de 1954 sale de los talleres “Skunk Works” de la Lockheed en Burbank primer prototipo del C-130 “Hércules”. Este versátil y robusto cuatrimotor, capaz de transportar hasta veinte toneladas de carga en su amplia bodega, inmediatamente demostró sus excelentes prestaciones, siendo adoptado por más de sesenta países, tanto en versiones militares como civiles. Hasta el momento, se han producido más de dos mil “Hércules” en distintas versiones. La validez de su diseño ha quedado demostrada en el hecho de que pese a los años sigue siendo la aeronave que ha resultado más práctica en cuanto al transporte de personal, equipos, vehículos, equipos y suministros a un escenario de combate. La Guerra de Malvinas fue un ejemplo más de lo que estos grandes cuatrimotores son capaces de hacer.

El AML Panhard

La producción de los vehículos blindados AML Panhard se inició en 1960. A fines de la década del 70, la Argentina adquirió cerca de 60 de estos vehículos en su versión armada con un eficiente cañón de 90 mm. Esta versión se denomina AML Panhard H 90-F1 y fue destinada a las unidades de exploración. Haber logrado montar un cañón de 90 mm sobre un vehículo de 5.500 kilogramos de peso debe considerarse todo un éxito para los diseñadores franceses. Al igual que el C-130, el AML Panhard fue un éxito de exportación, produciéndose más de 5.000 vehículos empleados por cerca de 30 países.

La combinación de estas dos armas de combate se dio en nuestro país por primera vez el 09 de abril de 1982. Terminado el conflicto esta importante experiencia quedó en el olvido, no repitiéndose hasta la fecha de confección de este artículo una acción similar a pesar de contar con los mismos aviones y blindados que realizaron esta operación conjunta.

Tambores de Guerra

En la fresca mañana del 02 de abril de 1982 los integrantes del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 181 (hoy Regimiento de Caballería de Exploración 3), se encontraban formados en la Plaza de Armas en su cuartel de Esquel, provincia del Chubut. Su Jefe, Teniente Coronel de Caballería Jorge Raúl Spinetta comunica una información que sorprende a todos: la Argentina ha reconquistado la Islas Malvinas. La emoción embarga los espíritus y de inmediato se inicia el alistamiento.

El Destacamento poseía dos Secciones de AML Panhard, una por cada Escuadrón de Exploración. La del Escuadrón A estaba conformada por cinco vehículos, la del Escuadrón B por cuatro (poco tiempo antes había llegado la orden de transferir uno de ellos a otra unidad).

El Jefe de Destacamento ordenó con los nueve vehículos constituir un Escuadrón Reserva a órdenes del Jefe de la Sección AML Panhard del Escuadrón B, Subteniente Gustavo Adolfo Tamaño. La misión de la unidad era el de conformar la Seguridad Estratégica Operacional (SEO). Las actividades de instrucción y sobre todo tiro de combate se aceleraron, ya que muchos de los soldados conscriptos tenían poco tiempo de instrucción.

Un factor que contribuyó favorablemente, fue que al mismo tiempo que se daba la instrucción como soldado individual, se procedió a iniciar con la de tripulante de este vehículo blindado de exploración. Los responsables de la instrucción, eran los suboficiales solteros, más modernos, que con vehículo que se había llevado con ese propósito, empleaban los momentos libres para enseñarles la nomenclatura del vehículo, los procedimientos de tiro, aparato de puntería, etc.

Entre el 02 y el 05 de abril, se efectúo una intensa actividad de instrucción de puntería y tiro. Precisamente el día 05 de abril, mientras se efectuaba ejercicio de tiro con ametralladoras (fase previa al tiro con cañón), próximo al mediodía el Jefe de Destacamento da la orden de prepararse para marchar a partir de las 1900 horas a la IX Brigada de Infantería Motorizada, con asiento en Comodoro Rivadavia, paso previo para el embarque de los vehículos a las Islas Malvinas. El Subteniente Fernando Pedro Chércoles, que revistaba en el Escuadrón Comando y Servicios es nombrado Jefe de la 2da Sección (la correspondiente al Escuadrón A).

La distancia a cubrir era de algo más de 600 kilómetros. Al día siguiente, 06 de abril, cerca del mediodía, la columna de blindados arribaba al Cuartel del Comando, situado en plena ciudad de Comodoro Rivadavia. Los días 07 y 08 se aprovecharon para completar con el alistamiento de vehículos y adquirir algunos elementos útiles para una campaña, tales como sogas, calentadores de gas, bolsas de arpillera plástica para construir refugios.

El 09 de abril se da la orden de embarcar los primeros dos vehículos hacia Port Stanley (para esa fecha mantenía la denominación británica). Arribados al aeropuerto de Comodoro Rivadavia, los vehículos esperaron hasta que se autorizó su ingreso al área de carga. Allí los esperaba un de los grandes cuatrimotores C-130 “Hércules” con la rampa abierta. Las tripulaciones no tenían experiencia en operaciones aerotransportadas, pero si un gran entrenamiento como conductores motoristas. Los vehículos se cargaron en el sentido de marcha. Gracias a sus reducidas dimensiones cupieron sin dificultad en la amplia bodega del Hércules. Allí rápidamente, el personal de carga de la Fuerza Aérea, con ayuda de las tripulaciones trincó los vehículos al piso de la aeronave. La operación concluyó en breve tiempo (los vehículos se encontraban en orden de combate, es decir con carga completa de proyectiles, granadas fumígenas, etc.). El peso de ambos vehículos no era mayor de las 12 toneladas (5,5 toneladas cada uno). Incluso, una vez cargados, quedaba suficiente espacio para cargar un tercero. Según el comentario de la tripulación de la aeronave, la limitación de tonelaje estaba dada por el largo de la pista isleña.

Al caer la tarde de ese día, arribaron al mando del Subteniente Tamaño los dos primeros vehículos blindados Panhard. Lo hicieron a bordo en un avión C-130 Hércules. Al día siguiente lo hace el Subteniente Chércoles, con los seis vehículos restantes en tres vuelos. Este aerotransporte, efectuado con los vehículos y tripulaciones en orden de combate constituye el primer y única operación de esta naturaleza efectuada por vehículos blindados en nuestro país. En total son 2 Oficiales, 12 Suboficiales y 13 Soldados.

Un dato curioso, cuando arribó el Subteniente Tamaño todavía era posible observar a los “policeman” con sus muy londinenses uniformes transitando por las calles de un aún no rebautizado Port Stanley.

Más tarde arribó el Grupo Panhard del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 9, a órdenes del Sargento Primero Lucero. Los dos vehículos a reforzar a las secciones “Cobra” y “Aguila” quedando conformadas así a 5 vehículos cada uno. Como Jefe de Escuadrón es designado el Subteniente Tamaño, por ser el más antiguo de los Jefes de Sección y su misión es el de Reserva Blindada.

El 16 de abril desembarca el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10, junto otros elementos de la Brigada Mecanizada X. Más tarde, por vía marítima arriban dos vehículos Panhard de este Escuadrón, que se suman a los diez ya presentes en las Islas Malvinas.

En total doce Panhard conformaron el Escuadron Panhard, reserva blindada de las fuerzas que guarnecen Puerto Argentino. Diez de ello arribaron por aire.

EL ESCUADRON PANHARD EN ACCION

Este Escuadrón cumplió la misión de reserva blindada, viviendo distintas situaciones conforme a la evolución de los acontecimientos. El nivel de Escuadrón (no secciones como es citado erróneamente en algunos informes), le fue otorgada por la organización para el combate ordenada por el Comandante de la Fuerza de Tarea del Teatro Operaciones Atlántico el 07 de abril de 1982 en su Orden de Operaciones 01/82.

Estableció su Puesto Comando en Moody Broke, frente al Cuartel de los Royal Marines, y su primera misión fue la de estar preparado para ser empleado en las zonas de responsabilidad del Regimiento de Infantería 25 y el Batallón de Infantería 5.

Con el arribo de la X Brigada de Infantería Mecanizada, se le asigna dos nuevos sectores para el empleo a orden, el primero sobre el Moody Valley (valle que discurre entre el Wireless Ridge y Mount Tumbledown), y el segundo sobre el camino que unía Sapper Hill con Mount William. También es el momento en que se designa como Jefe del Escuadrón al Mayor Carullo.
Recibe su bautismo de fuego el 01 de mayo, cuando su zona de reunión es objeto de ataques aéreos y navales.

El día 10 de junio sufre sus primeras bajas, al ser heridos por el fuego de artillería los soldados Gerardo Mancisidor y Juan Carlos Acosta, ambos del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 181. Ambos soldados, curadas sus heridas, y haciendo gala del noble espíritu del hombre de Caballería, insisten en regresar a la acción. Combatirán hasta el último momento.


Un AML Panhard del Dest Exp C Bl 181 desplazándose por la Ross Road (12 Junio 82)

El Escuadrón Panhard es efectivamente empeñado a partir del 12 de Junio, cuando se le ordena ocupar una posición al Oeste de Puerto Argentino, en el Hipódromo. Fuertemente batido por la artillería británica, que contaba con el auxilio de comandos infiltrados entre la población civil para la dirección de los fuegos, cae seriamente herido por tres impactos de metralla el Jefe de la Sección “Águila”, Subteniente Tamaño. Junto a él reciben heridas leves los otros tripulantes, el Cabo Primero Alegre y el Soldado Iglesias. Desafiando el nutrido fuego de artillería, el Cabo Miguel Ángel Vilte acude en ayuda de su Jefe y camaradas. Siempre se le reconocerá este gesto de valor digno del soldado argentino. Bajo las órdenes del Subteniente Chércoles repliegan los vehículos hacia posiciones más protegidas. Al oficial herido lo evacuarán esa misma noche en uno de los últimos vuelos furtivos que realizan los transporte C-130 “Hércules.”

Por la tarde regresan al hipódromo, sus tripulaciones blanden orgullosos sus boinas negras en la fría tarde, despliegan los vehículos y con la orden de Chércoles rompen el fuego sobre la ladera del Wireless Ridge sobre la infantería británica que avanza luego de romper las líneas argentinas. Descarga tras descarga las piezas de 90 milímetros barren el escarchado suelo, hasta que el nutrido fuego de artillería británico centra a los blindados argentinos, que se repliegan entre un huracán de lodo, esquirlas y fuego. Volverán una y otra vez, y batido serán otras tantas. Pero el temple de los Coraceros del 3 de Fierro no se ablanda como tampoco lo hacen los del 9 o los del 10, hay que apoyar a la infantería que se repliega presionada por los continuos ataques enemigos. Y una vez más la Caballería como antaño cubriera con sus cargas, lo hace con sus fuegos la retirada. Hay que desaferrar a estos sufridos camaradas, y a pesar de tener los neumáticos reventados por las esquirlas, el ensordecedor granizo de las esquirlas golpeando el blindaje, los Panhard siguen disparando hasta agotar la munición de a bordo.

La última misión la cumplen el 14 de junio. Era una mañana helada, un fino manto de nieve tiñe de blanco el paisaje invernal. El Escuadrón avanza hacia Sapper Hill, su última misión, cubrir el repliegue del Batallón de Infantería de Marina 5. Los blindados avanzan para desplegarse y abrir fuego. La orden del cese de fuego los encuentra en plena acción. La guerra ha terminado. El Destacamento de Exploración de Caballería Blindada tiene cinco de sus hombres heridos en combate, prueba de lo dura que fue la lucha. Los propios Panhard exhiben los impactos de la metralla, pero llegaron hasta el fin, como los nobles corceles de antaño. Con pesar los encolumnan en una calle próxima al Globe Hotel para ser entregado al Real Ejército.

Es una dolorosa derrota que conlleva el consuelo de la dignidad con la que se ha luchado. Han pasado sesenta y siete días desde que el primer Panhard arribara a las Islas, cuarenta y cinco de ellos bajo la acción del enemigo.


Fuente: http://www.soldadosdigital.com

4 de junio de 2010

LA ODISEA DEL NÁUFRAGO 771



A 28 años del hundimiento del crucero General Belgrano y del rescate de sus víctimas

Por Jorge Fernández Díaz
















El nadador incansable dormía una corta siesta en el sollado de popa cuando lo despertó el tremendo golpe de un torpedo. Era la tarde del domingo 2 de mayo de 1982, y el cabo Néstor Dezi tenía 19 años. El submarino Conqueror había puesto en la mira al crucero General Belgrano y a su acompañante, el destructor ARA Bouchard, que navegaba a cinco mil metros de distancia. Por orden de Londres, los ingleses dispararon ese día tres proyectiles pesados de la Segunda Guerra Mundial: los dos primeros impactaron en el Belgrano; lo dejaron sin energía ni comunicaciones; le produjeron dos orificios gigantescos y varios incendios; acabaron con la vida de más de trescientos hombres y precipitaron el buque argentino al fondo del mar.

El tercer torpedo, sin embargo, pegó sin explotar en la banda de babor del Bouchard; le causó una tremenda sacudida y lo puso de inmediato en zafarrancho de combate y en urgentes maniobras de evasión. Dezi subió a cubierta, mientras el radar daba el aviso de que había un submarino nuclear en zona.

El comandante fue anoticiado en ese instante de que nadie respondía los llamados en aquel otro barco herido de muerte. Su destructor navegó en zigzag: los jefes intuían que el Conqueror avanzaba bajo la superficie buscando la mejor posición de tiro y presentían que el crucero se había ido a pique. En esa rápida carrera, hubo un momento en que el radarista dio una buena y sorprendente información: el "rumor hidrofónico" de pronto se había extinguido; el submarino nuclear británico ya no los perseguía. Fue sólo entonces cuando comenzó el dramático operativo de rescate.

Dezi me cuenta que al principio era un día nublado y sereno en el Atlántico Sur, y que antes del ataque se veía al crucero apenas como un puntito borroso en el horizonte. Luego no se veía nada, y la gran sospecha a bordo del Bouchard era que los 1093 tripulantes habían perecido. En seguida cayó la noche y comenzó una tormenta de viento cruel, y el pesimismo se volvió más y más profundo. Ni siquiera se disipó cuando detectaron la débil señal de la precaria radio de la balsa de un sobreviviente, aunque el marino no lograba guiarlos porque no podía establecer bien su propia ubicación.

Varios aviones buscaban a los náufragos, sin éxito. No lo sabían, pero las balsas que habían abordado las víctimas del Belgrano eran arrastradas a gran velocidad por el viento. El piloto de un avión naval Neptuno fue advertido por su ayudante de que en dos minutos más entrarían en "situación Bingo". Eso quería decir que no tendrían autonomía de vuelo para volver al continente. El piloto le dijo que no importaba, que seguirían buscando a la gente durante tres horas más, y que después amerizarían cerca del Bouchard si era necesario. Una decisión heroica y a la vez suicida. Los navegantes del Bouchard todavía recuerdan la voz de ese piloto gritando: "¡Los encontramos, los encontramos!". Las balsas anaranjadas flotaban dispersas a 160 kilómetros de las coordenadas del hundimiento.

Foto: Búsqueda documental Gabriela Miño

El destructor y otras naves convergieron a toda máquina sobre el lugar, y la primera balsa que vieron pasó vacía y dada vuelta: un mal augurio. El radarista les informó, para más inquietud, que el submarino se agazapaba debajo de esas manchas naranjas, como si los ingleses estuvieran dispuestos a abortar la tarea humanitaria hundiendo dos o tres buques más. "No se van a atrever -pensaron los argentinos-. Quebrar ese código noble y humano del mar no sería una buena propaganda internacional para Gran Bretaña". Y resolvieron seguir adelante, con los testículos en la garganta, corriendo el riesgo de estar equivocados y pagarlo con la vida. A los pocos minutos, el submarino desapareció por completo del sonar. Si reaparecía, sólo podía significar que estaba dispuesto a entrar en combate.

El "Negro" Dezi era nadador de rescate. Arrojaron por la borda una red y el cabo se colocó el traje de neopreno y bajó con otros rescatistas para subir a los náufragos, que llevaban horas de incertidumbre y mar bravío. Las olas eran enormes y el rescate se tornaba muy engorroso.

Dezi me muestra una foto: tiene medio cuerpo en una balsa llena de marineros tristes y exánimes, y sus pies en otra balsa de remolque, repleta de cadáveres calcinados. Las balsas pasaban junto al destructor de dos en dos o en grupos de tres, o en solitario periplo, cargando por igual con vivos y con muertos. Una en especial resultaba indócil: cada vez que se acercaba un poco, la marejada la llevaba más y más lejos, la ponía fuera de todo alcance. En un momento, quedó clavada y a la deriva, a cuarenta metros del buque. Se pidieron voluntarios para una misión de alto riesgo: nadar con una soga hasta la balsa y asegurarla para que la embarcación pudiera ser jalada desde cubierta. Dezi ya había estado demasiado expuesto a esas aguas heladas y corría grave peligro de hipotermia. Pero así y todo, dio un paso al frente. Le ataron un cabo a la cintura y dejaron que el nadador ganara de nuevo el agua.

Ante la vista de la tripulación, Dezi entró en el océano mientras arreciaba el temporal y comenzó a nadar crawl . Le costaba mucho respirar porque el viento huracanado le barría el aliento, y las olas gigantescas lo subían y lo bajaban, tratando de confundirlo. Es muy difícil nadar en el mar congelado y en medio de una tormenta. A veces, el "Negro" perdía de vista a su objetivo y le parecía que quedaba demasiado lejos. Continuaba, sin embargo, dando brazadas sin pensar en la familia ni en la Patria, obsesionado con hacer bien su trabajo y salir vivo de aquella locura.

A mitad de camino, el radarista notificó que el Conqueror los había puesto de nuevo en la mira. Y al comandante no le quedó, entonces, más alternativa que dar la orden indeseada: levantar todo para marcharse. Le informaron que tenían un hombre en el agua, pero quedarse a esperarlo era imposible: había otros trescientos a bordo y en esta clase de dilemas los manuales son muy estrictos.

El comandante mandó cortar la cuerda, puesto que arrastrar a Dezi lo condenaba a la inercia de ser succionado por las hélices y morir destrozado. Dezi nadaba con los últimos restos sin darse cuenta todavía de que no llevaba la soga: quizá por efecto del corte y la caída se había desatado. Pero el "Negro" no tenía fuerzas para detenerse y darse vuelta. Si lo hubiera hecho, quizá no habría seguido con vida 28 años después: había perdido las energías, el frío lo estaba minando y el destructor giraba y se iba. "Máquinas adelante todo", era la orden.

En poco tiempo, el Bouchard perdió todo contacto con el nadador incansable que ahora no daba más.

Nadó y nadó a ciegas sin darse por vencido y, finalmente, alcanzó a la balsa. Por el hueco asomaban un teniente y un marinero que lo ayudaron a izarse. Dezi quedó sentado adentro: no tenía sensibilidad en las manos ni en los antebrazos. No tenía soga ni barco. Estaba en alta mar, y los veinte sobrevivientes que allí se amuchaban ni siquiera preguntaban por su propósito: rezaban en voz alta un rosario todos juntos, empezaban y terminaban, y volvían a empezar, una y otra vez, como autómatas o como lo que eran: pobres almas arrojadas al capricho de los dioses.

Nadie le preguntaba al "Negro" por qué el buque se había marchado, y Dezi temblaba como una hoja. Hizo lo que le habían enseñado a hacer en esas vicisitudes del congelamiento: se orinó encima para darse calor mientras observaba a los heridos y quemados. Nadie cruzaba palabra y en el interior de aquella nuez se perdía la noción del tiempo.

Permanecieron dentro de esa soñolencia dramática hasta que de repente se divisó un barco argentino de pequeño calado. Era el Gurruchaga, que había ubicado esa balsa en la inmensidad del mar. El barco se fue acercando y, al final, Dezi se asomó por la escotilla y un suboficial le lanzó una cuerda. El "Negro" había recuperado la sensibilidad de las manos: la atrapó al vuelo y la ató esmeradamente a la balsa. Trepar a ese buque salvador fue una maniobra lenta y compleja entre tanto oleaje. Pero sentirse seco, cambiado y con ropa limpia fue un íntimo festival de alegría, sólo ensombrecido por los dolores de los mutilados y heridos, y por la cara de pena y cansancio que traían los hombres del Belgrano.

Los compañeros de Dezi, mientras tanto, continuaban las otras tareas principales de rescate. Y como no había comunicación, a cada rato preguntaban: "¿Alguien sabe qué pasó con el «Negro»?". Nadie sabía.

Aunque no lo decían por respeto o superstición, muchos pensaban que Dezi no había logrado alcanzar la balsa. Hubo 770 sobrevivientes del General Belgrano y, para el equipo del ARA Bouchard, Dezi era el náufrago 771. Pasaron cuatro días, revisando obsesivamente la lista de los rescatados, hasta que lo vieron en Ushuaia, como un fantasma: sano, salvo y sombrío. "No hay dilema ni rencor -me dice-. En el lugar de mi comandante, yo hubiera hecho exactamente lo mismo".

Dezi siguió en la Marina; se especializó como buzo salvamentista; en 1985 se retiró; trabajó durante años en una fábrica; gozó y sufrió intensamente de la vida, y jamás faltó a los almuerzos de camaradería del Bouchard, donde se habla siempre del espíritu de aquella tripulación de veteranos de las Malvinas que estuvo varias veces en la mira del Conqueror.

A fines de los años 90, se decidió vaciar y cerrar el buque para usarlo de blanco en una práctica con Exocet. Lo fondearon a 50 millas de Puerto Belgrano y un avión Super Estendard lo bombardeó quirúrgicamente. A pesar de eso, no logró hundirlo, y el legendario destructor fue remolcado a tierra para su desguace.

Uno de los marinos de esa nave, que se salvó por milagro aquel domingo imborrable, me contó que más tarde, en el puerto, se acercó a su vieja casa flotante y vio el horrible y amargo agujero abierto en un costado: el Exocet había pegado en el mismísimo lugar donde Dezi y sus camaradas del Bouchard intentaban aquella vez rescatar del mar a los náufragos del barco más trágico de la historia argentina.

Fuente: LA NACION - Publicado el 17 de Abril de 2010

GALTIERI Y SUS ALIADOS SOVIÉTICOS



En un libro publicado este mes en Rusia, el periodista Sergey Brilev revela aspectos desconocidos de la ayuda crucial que los servicios secretos de la URSS brindaron a las fuerzas argentinas durante la Guerra de Malvinas.

Por Rubén Guillemi

Según Sergey Brilev, el hundimiento de la fragata británica HMS Sheffield fue posible gracias a la ayuda de los satélites soviéticos













Sergey Brilev es hoy uno de los presentadores y analistas políticos más conocidos por los televidentes de la Federación Rusa, donde además es vicedirector del canal Rossiya TV (RTR). Pero cuando comienza a hablar en un fluido español, su inocultable acento rioplatense -" Ssho ssiempre leo La Nassión "- revela que algo de su historia tiene que ver con esta parte de América latina.

A manera de catarsis, cuenta, por una vida ambulante de hijo de un ex representante comercial soviético, Brilev acaba de publicar en Moscú el libro Fidel, Fútbol y Malvinas, en el que presenta lo que es un mundo exótico y casi desconocido a los ojos rusos. Pero además dedica todo un capítulo a profundizar un aspecto poco investigado, incluso en la Argentina: el rol fundamental que jugó durante la Guerra de Malvinas la Unión Soviética, un impensado amigo de un feroz anticomunista como fue el general Leopoldo Galtieri.

"Por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los soviéticos se pusieron en riesgo de un conflicto mundial brindando una ayuda militar que resultó clave para los principales triunfos argentinos durante la guerra", asegura Brilev.

Siempre se supo del acercamiento entre Moscú y Buenos Aires durante el conflicto, pero en su libro Brilev reúne datos pocos conocidos sobre esa ayuda. Por ejemplo, que el 15 de mayo de 1982 los soviéticos lanzaron específicamente el satélite Kosmos-1365 para posicionarlo en una órbita desde la cual pudiera proveer información estratégica a las fuerzas argentinas en el Atlántico Sur.

Como lugar de la entrevista con LA NACION, Brilev eligió el restaurante del último piso del hotel Ritz Carlton en la capital rusa, con una vista fantástica sobre la Plaza Roja, el Kremlin y la Catedral de San Basilio, adornadas días atrás para el desfile del 9 de mayo, aniversario de la victoria soviética sobre los nazis. "¡Pensar que desde allí se dominó gran parte del mundo durante más de siete décadas! -reflexiona el periodista-. Pero eso se hizo bajo la amenaza permanente de guerras y conflictos, y hacia el final hubo decisiones muy graves dejadas en manos de los mandos medios. Fue muy extraño el funcionamiento del poder durante el régimen soviético", observa.

El pasaporte de Brilev afirma que su ciudad natal es Moscú, pero es sólo un artilugio legal. Cuando nació, en 1972, el destino de su padre era La Habana. El resto de su niñez la pasó en Ecuador, su adolescencia en Uruguay y luego se casó y vivió en Londres, hasta que finalmente decidió radicarse en Moscú, donde vive con su esposa y una hija de tres años. "A esta altura de mi vida tengo el panorama de un mundo multicolor e interconectado", dice. Esa visión le permitió por ejemplo profundizar en el tema Malvinas, aun cuando su historia tiene más que ver con Uruguay que con la Argentina.

La investigación sobre la guerra del Atlántico Sur comenzó hace un par de años, cuando la casa editorial rusa le propuso escribir sobre su particular experiencia de vida multicultural. En ese momento, entre otras cuestiones, recordó un viejo artículo de la revista norteamericana Time, publicado durante el conflicto, que muy sucintamente mencionaba el lanzamiento del satélite soviético Kosmos-1365 un mes y medio después del desembarco argentino en las islas, cuando la guerra estaba en su apogeo.

Para comenzar a tirar de la punta de ese hilo informativo, Brilev intentó acceder a los documentos oficiales, pero la primera traba que encontró en los archivos rusos fue el infranqueable sello de "Información clasificada". Entonces optó por recoger datos entre quienes fueron los líderes militares de comienzos de los 80.

"Al primero que acudí fue al general Nikolai Leonov, primer vice del servicio analítico de la KGB durante la guerra. Y él me confirmó que desde el comienzo del conflicto hubo varios envíos de información satelital a los militares argentinos. Lo mismo me dijo luego el general Valentin Varennikov, que entonces era primer vicejefe del Cuartel General de las FFAA soviética", recuerda Brilev.

En su libro hace un cruce cronológico de datos entre los hechos más relevantes del conflicto de Malvinas y las actividades de la inteligencia de su país. Brilev sostiene, por ejemplo, que los aviones navales argentinos lograron hundir la fragata británica HMS Sheffield gracias a la información que ya le estaban brindando los satélites soviéticos en órbita aun antes del lanzamiento del Kosmos-1365. "La versión de que hundieron al Sheffield gracias a la tarea de los aviones exploradores argentinos Neptune suena muy "patriótica", seguramente, al oído argentino. Sin embargo, me parece mucho más probable que haya habido ayuda de los soviéticos. El Neptune era un avión muy viejo y con problemas de mantenimiento. En todo caso estaba en condiciones de prestar colaboración en el terreno, pero la información estratégica la tenían los satélites soviéticos".

Información compartida

Otra victoria que en aquel momento alimentó el entusiasta "Vamos ganando" de los argentinos llegó como "regalo patriótico" el 25 de mayo de 1982. Brilev afirma que fue gracias al satélite Kosmos-1365 que los misiles argentinos pudieron hundir el HMS Coventry, una joya de la OTAN, y también al Atlantic Conveyor, una especie de portaaviones que fue a parar al fondo de las aguas del Atlántico Sur con 15.000 toneladas de vehículos a bordo.

Pero según el investigador, la ayuda soviética fue más allá de la información satelital. "La URSS utilizó naves TU-95, modificadas como aviones de inteligencia, para sobrevolar las fuerzas británicas que se dirigían a la zona de combate y esa información también fue transmitida a los argentinos", asegura. Y añade: "Hubo ocasiones en que los TU-95 llegaron a volar a alturas muy peligrosas, 20 o 40 metros de altura, casi tocando los barcos británicos que llevaban armamento atómico". El coronel soviético Georguiy Bulbenkov confirmó hace algunos años su propia participación en esos vuelos, y explicó que el área de observación soviética sobre los barcos británicos iba desde el Golfo de Vizcaya hasta la línea ecuatorial.

Pero como buen ruso, una de las principales curiosidades de Brilev cuando se lanzó a escribir su libro era tratar de desentrañar cómo funcionaba la maquinaria del poder en el régimen comunista que gobernó su país hasta 1991. ¿Cómo se llegó a tomar la decisión tan delicada de espiar a la Armada británica para favorecer a una junta militar ferozmente anticomunista y en las antípodas ideológicas del Kremlin?

La duda que lo carcomía era en esencia quién dio el sí a esta decisión. Con sus investigaciones, el presentador ruso llegó hasta el mismísimo Mikhail Gorbachov, el último presidente de la Unión Soviética, que durante el conflicto del Atlántico Sur era miembro del Buró Político del Partido Comunista, el órgano por el que pasaban obligatoriamente todas las grandes decisiones estratégicas de la URSS. Pero la respuesta de Gorbachov fue tajante: "Jamás hubo una decisión del Comité Central de colaborar con la Junta argentina".

La conclusión a la que llega Brilev entonces en su libro es que en esta etapa de la Unión Soviética el esquema de poder autocrático ya se estaba resquebrajando. La ayuda a los argentinos fue una estrategia asumida a nivel de generales del mando militar, como una consecuencia lógica del apoyo que se debía brindar al "enemigo de un enemigo". Pero agrega otro dato: "Tampoco hay que olvidar que sólo dos países no participaban del embargo de alimentos decretado contra la URSS después de la invasión soviética a Afganistán, en 1979. Y esos dos países eran precisamente Argentina y Uruguay. Y el mando militar era muy consciente de la importancia de ese respaldo", dice.

En sus tiempos de escuela primaria en América latina, a Brilev le intrigó siempre ese pequeño triangulito blanco del continente helado, que países como la Argentina o Chile incluyen en sus mapas oficiales. Con humor se suma a la polémica: "¿Qué duda cabe de que la Antártida es rusa? Si el que descubrió ese continente en 1820 fue un ruso..."

Pero luego insiste en ponerse serio cuando advierte que en las próximas décadas la Guerra de Malvinas va a ser considerada "el primer pequeño incidente del conflicto militar antártico". Esa fue la impresión que le quedó al periodista ruso luego de visitar el Instituto Antártico Argentino, el británico y el ruso. "En un par de décadas vamos a llegar a la situación en que los yacimientos tradicionales se acabarán. Y el último reservorio de yacimientos minerales importantes, de oro, petróleo y diamantes, es el continente helado", dice.

"En este sentido -concluye-, yo no tengo dudas de que en unos años la Guerra de Malvinas será recordada como la primera gran guerra por la Antártida."

Fuente: LA NACION Publicado el Domingo 30 de mayo de 2010

MAPA PETROLERO DEVELARÍA EL MISTERIO DEL PORTAAVIONES INVENCIBLE ATACADO EN 1982


La nueva arremetida británica por el petróleo del Mar Argentino cercano a las Islas Malvinas, ha provocado que el misterio acerca del ataque al portaaviones británico durante 1982, vuelva al centro de la escena.















El 30 de mayo de 1982, el portaaviones HMS Invincible es atacado por la Aviación. ¿Averiado o hundido? Gran Bretaña niega el hecho, pero mapa de prospección petrolera develaría el misterio de su hundimiento tras 28 años...

La nueva arremetida británica por el petróleo del Mar Argentino cercano a las Islas Malvinas, ha provocado que el misterio acerca del ataque al portaaviones británico durante 1982, vuelva al centro de la escena.

El 30 de mayo de 1982, en una operación sin precedentes, la Armada y la Fuerza Aérea, en forma conjunta, atacaron con un misil Exocet al corazón de la flota imperial: al portaaviones HMS Invincible.

Tras emitir varias versiones sobre las acciones del día del ataque, Gran Bretaña jamás reconoció que se haya atacado al buque británico. Argentina posee la prueba en dos testigos de lujo: Ureta e Isaac, pilotos de la Fuerza Aérea, quienes atacaron la nave enemiga.

Muchos indicios, datos, imágenes y fotografías que aparecieron a lo largo de casi 30 años, demostraron que el portaaviones había sido atacado, y hasta para algunos pocos historiadores, el buque podría haberse hundido y Gran Bretaña ocultado el hecho.

Hace pocos meses, tras iniciarse las exploraciones en búsqueda de petróleo, las autoridades de las Islas Malvinas emitieron un mapa donde se detallaba las tumbas de guerra, buques hundidos alrededor de Malvinas de la primera Guerra Mundial y del conflicto bélico de 1982.





El mapa con fondo azul de la izquierda, muestra la ubicación de los buques, en el día de los ataques respectivos. Es un mapa confeccionado por la Armada Argentina y mostramos en este caso resaltados al Sheffield (04/05), Atl. Conveyor (25/05) y al portaaviones Invencible (30/05).

El mapa de la derecha con las Islas en color verde, fue suministrado por el Gobierno de las Islas, a los técnicos británicos que realizan los trabajos de exploración petrolera y hasta se puede observar por internet.
El mapa muestra en color azul los seis buques hundidos en la Primera Guerra Mundial, en la batalla marítima entre Alemania e Inglaterra. En color rojo, los buques argentinos e ingleses hundidos en 1982. Lo curioso es que si uno se toma el trabajo de estudiar la totalidad de los blancos atacados y las coordenadas de sus hundimientos, hay un punto rojo que sobra.

¿El misterio llega a su fin?

Hay un barco de color rojo (mapa inglés), que se ubica cerca de donde el portaaviones HMS Invincible fue atacado el día 30 de mayo de 1982, siguiendo el mapa de la Armada. No hay información de otro buque de guerra que haya sido averiado o atacado en esas coordenadas, a excepción del portaaviones Invencible.

El HMS Sheffield se hunde el día 10 de mayo por la mañana, 5 días después de ser atacado por un Exocet. El Sheffield navegó cinco días hacia el este buscando las Islas Georgias para salvar su carga nuclear, pero humeante y remolcado, con olas de hasta seis metros de altura se hundió a pocos kilómetros de donde fue atacado, según consta en las actas oficiales y la bibliografía de la Real Armada.

Casi al lado se encuentra el Sir Galahad, hundido por los propios británicos el día 25 de junio como tumba de guerra. El Atlantic Conveyor, buque portacontenedores, se hunde el 28 de mayo, tres días después de sufrir el impacto de dos Exocet. La distancia de los hundimientos de estos buques es mayor a 100 kilómetros con el punto rojo misterioso.

Por las coordenadas del día del ataque (30/05) según la Armada Argentina y la bibliografía existente, la tumba de guerra que nos muestra el mapa británico, pertenece entonces... ¿al portaaviones HMS Invincible?

El mapa nos muestra que hay un buque hundido como resultado de la Guerra de Malvinas, y declarado como tumba de guerra, que no ha sido reconocido por Gran Bretaña. Y si analizamos los blancos atacados que navegaban en esa zona, no hay otro más que el portaaviones británico el que puede figurar en dicho mapa. Sin dudas este dato es un fuerte indicio para quienes respaldan la hipótesis del hundimiento.
Cargas nucleares: ¿posible desastre ecológico?

Si el buque de guerra que reside en las frías aguas del Atlántico Sur se trata efectivamente del portaaviones británico, cabe preguntarse, ¿qué paso con las cargas nucleares que llevaba? ¿Fueron rescatadas antes del hundimiento, o bien se hundieron junto al buque?

Esta pregunta nos demuestra que tras casi 30 años del conflicto bélico, conocer la verdad de lo que sucedió con este barco, tiene efectos al día de hoy.

Así como el Sheffield pudo haberse hundido con cargamento nuclear, que puede provocar un desastre ecológico frente a las costas argentinas, ¿qué sucede con este otro buque? Pues Gran Bretaña reconoce que la mitad de las cargas nucleares que se llevaron a Malvinas, estaban en el portaaviones Invincible.

En los próximos días, daremos a conocer dos nuevos informes sobre este tema, y trataremos de llegar a la verdad de lo sucedido, con el fin de que los gobernantes argentinos, tengan en cuenta que no solo la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas está en juego, sino que además, la fauna marina del Atlántico Sur, puede correr un gran peligro si es que no se toman las medidas necesarias.

Fuente: El Malvinense - Publicado el 28 Mayo 2010

3 de mayo de 2009

EL HUNDIMIENTO DE LA FRAGATA HMS COVENTRY – 25 DE MAYO 1982

Traducción no oficial por el Comodoro (R) Roberto Briend

El 25 de mayo de 1982, Día Nacional Argentino, el Grupo 5 de A-4B Skyhawks de la Fuerza Aérea Argentina había recibido la misión de atacar específicamente a la Coventry y la Broadsword. Las dos naves estaban cumpliendo la tarea de piquete, al Noroeste de las Islas Malvinas, actuando como alerta temprana y primer anillo de defensa. Los buques, por los resultados obtenidos, se habían convertido en una real espina en el costado para las fuerzas argentinas. Se planificaron dos incursiones contra las naves.









La Coventry dispara un Sea Dart;
HMS Broadsword 82/MoD(RN)

La primera incursión se transformaría en un caos y era abandonada cuando la Coventry derribó a uno de los aviones atacantes con un Sea Dart. La segunda, desgraciadamente, tuvo más suerte.

Divididos en dos escuadrillas de tres aviones ('Escuadrilla Vulcano y Escuadrilla Zeus), los Vulcano despegaron dejando en tierra a uno de los aviones que presentó problemas técnicos. Los Zeus también se redujeron a dos aviones poco tiempo después del despegue. Los restantes cuatro Skyhawks siguieron adelante con la misión. Como la Coventry y la Broadsword se encontraban más próximos al territorio continental Argentino que el resto de la Fuerza de Tarea, cada avión podía llevar una carga completa de tres bombas de 1,000lb.

Volando extremadamente bajo y escondiéndose, inicialmente, detrás de la Isla Borbón al Sur, el radar de la Coventry fue incapaz de identificar cualquier avión atacante. La Broadsword, sin embargo, pudo ver dos blancos, y pidió una patrulla aérea de Sea Harrier, confiando que ellos podrían neutralizar las incursiones. El radar de Coventry era aún incapaz de detectar los contactos debido a los ecos de retorno producidos por la Isla Borbón, y sus observadores visualizaron primero a los aviones. Las pequeñas armas y el Oerlikon abrieron fuego, y los dos A-4B alteraron el curso alejándose de la Coventry hacia la Broadsword que tenía un Sea Wolf enfocado firmemente en un contacto individual.

Momentos antes de que el Sea Wolf estuviera listo para ser disparado, el blanco individual que se había enganchado firmemente, se transformó en dos blancos, confundiendo el sistema. Los comandos automáticos del lanzador se bloquearon y fue imposible restablecerlos a tiempo, antes que los dos de primeros A-4B atacaran a la Broadsword.








Skyhawks atacando la Broadsword;
HMS Broadsword 82/MoD(RN)

La Escuadrilla Vulcano, el Capitán P. Marcos Carballo y el Teniente Carlos Rinke, atacaron la Broadsword, enfrentando un intenso fuego, que incluía el de pequeñas armas, pero de sus seis bombas, sólo una impactó en la Broadsword. Esta bomba rebotó en el mar cerca de la popa, saltó hacia el otro lado de la nave pasando sobre la plataforma de vuelo golpeando, en su camino, la nariz de un helicóptero Lince y empezando un fuego. La bomba continuó su vuelo fuera de la nave, terminando su recorrido en el mar, sin ocasionar peligro.

La Escuadrilla Zeus, Primer Teniente Mariano À. Velasco y el Alférez Leonardo Barrionuevo, llegaron a continuación. Una vez más la Coventry y la Broadsword desestimaron la ayuda de la patrulla aérea de los Sea Harrier. La Coventry disparó un sólo Sea Dart pero ambos A-4B consiguieron evadir el proyectil. La Broadsword consiguió desbloquear su Sea Wolf y llevó a cabo maniobras evasivas de último minuto, pero la Coventry se cruzó delante de la línea de fuego de la Broadsword, lo que impidió lanzar el Sea Wolf por miedo de pegarle a la Coventry. Ahora los dos A-4B estaban a pocos segundos del blanco.








La Coventry sufriendo explosiones internas ; HMS Broadsword 82/MoD(RN)

Velasco disparó sus cañones, impactando el área del hangar, luego presionó el disparador para descargar sus bombas pero las tres bombas fallaron en desprenderse del avión. Desgraciadamente, eso fue la última situación de suerte para la Coventry. Barrionuevo soltó sus bombas en el momento correcto y las tres bombas impactaron en la nave, generando una gran destrucción en su camino hacia el interior de la nave. Equipadas con mecanismos de retraso, una bomba falló, pero las otras dos explotaron varios segundos más tarde dentro de la nave, destruyendo una gran parte de su costado, a babor, matando varios tripulantes, principalmente en el alojamiento de la máquina auxiliar, el cuarto de la computadora y el comedor, dónde se había instalado la sala de primeros auxilios. La explosión, justo en frente del cuarto de la computadora, se propagó a través de la puerta abierta del cuarto de la computadora y destruyó la sala de operaciones. Un gran fuego se inició inmediatamente y el agua comenzó a entrar a raudales dentro de la nave a través de los agujeros que se abrieron en su lado.

La tercera bomba no había explotado, pero el agujero que produjo en las cubiertas permitió que el humo y el fuego se propagaran más allá de las posibilidades de controlar los daños y combatirlos, y como el agua entraba a raudales en la nave, ella comenzó a inclinarse rápidamente hacia babor. El gran número de agujeros producidos por las bombas, sus explosiones y el fuego de los cañones, quedaron debajo de la línea de flotación y agregaron el peso de agua que entraba a raudales en la nave.

No fue dada ninguna orden para abandonar la nave, la confusión y el caos y el fracaso total de las comunicaciones se vieron a lo largo del buque, pero estaba claro para todos que la Coventry estaba en una mala situación y tenía que ser abandonada. Calmadamente, eficazmente, la tripulación cercana a la cubierta superior había soltado los botes salvavidas laterales de estribor, aquéllos ubicados a babor ya estaban comprometidos por una posición de elevado ángulo para cualquier uso. La evacuación tuvo lugar de un modo ordenado, mientras varios miembros de tripulación estaban realizando heroicos intentos para rescatar a los compañeros sobrevivientes en los destruidos y ardientes compartimientos a lo largo de la nave.









La Coventry asistida por botes salvavidas a su alrededor; HMS Broadsword 82/MoD(RN)

La Broadsword había comenzado inmediatamente con las operaciones de rescate usando los botes salvavidas de su nave y helicópteros que llegaron desde las naves ubicadas en aguas de San Carlos. Un acto particularmente valiente en vuelo del tripulante CPO M J Tupper del 846 NAS, realizando vuelo estacionario cerca de la Coventry (qué podía explotar en cualquier momento), permitiría que 17 sobrevivientes localizados en botes salvavidas entrampados junto a los restos de la nave pudieran ser izados hacia la Broadsword. Tupper luego recibiría la Medalla de Servicio Distinguida por su valentía. La tripulación de la Broadsword, con sus propios botes salvavidas y botes de goma Géminis, realizó una magnífica tarea remolcando los botes salvavidas del Coventry alejándolos de la zona cuando el buque rodaba sobre su eje, a pesar del peligro que existía de una explosión mayor.










Operaciones de rescate;
HMS Broadsword 82/MoD(RN)

Veinte minutos más tarde de que la primera bomba había impactado en la nave, la Coventry había volcado completamente. 19 de sus tripulantes estaban muertos.

El Secretario de Estado para la Defensa, John Nott, introdujo mucho sufrimiento esa tarde, cuando anunció que una fragata Tipo 42 había sido impactada y estaba “en dificultades”. Con cuatro fragatas Tipo 42 supervivientes en el sur, significaba que más de mil familias estaban preocupándose por sus seres queridos. Portsmouth era una tensa y callada ciudad aquella tarde. Recién alrededor del mediodía del día siguiente, todos los parientes cercanos fueron finalmente informados, y a muchos de ellos se les dijo, incorrectamente, que sus seres queridos estaban perdidos. Los medios de comunicación confirmaron que la nave involucrada era la Coventry, en muchos casos antes que el Ministerio de Defensa hubiese tenido contacto con los parientes cercanos de la tripulación. Muchos de los “perdidos” fueron confirmados de estar en la lista de sobrevivientes un día más tarde, extendiendo el dolor para sus familias.

Primera noticias - The Times, 26 May 1982

Los cuatro Skyhawks volvieron a su base sin inconvenientes, aunque el A-4B de Carballo tenía un tanque de combustible perforado por el fuego de la Broadsword. El desafortunado piloto del avión cuyas bombas no salieron, Velasco, regresaría a la acción dos días más tarde, llevando a cabo un ataque a las tropas en la Bahía Ajax. El HMS Fearless impactó su A-4B con fuego de cañón y su avión estalló en llamas. Con su sistema hidráulico también perdido, Velasco se eyectó sobre la Malvinas Oriental, entre Puerto Fox y Puerto Howard. Luego de caminar 2 días, él encontró una casa vacía con alguna comida, y poco tiempo después se encontró con algunos kelpers. Luego de intentar comprarles, sin éxito, un caballo, fue trasladado a Puerto Howard. Él no participó más en la guerra. Los otros tres pilotos también sobrevivían el resto del conflicto.

26 mayo:

Los sobrevivientes de Coventry fueron distribuidos entre la Broadsword, el Fuerte Austin de la RFA y el buque hospital Uganda. Algunos de los heridos más serios fueron transportados por avión al hospital de campaña de la Bahía Ajax. Después, los sobrevivientes fueron consolidados y transportados, vía helicópteros o aviones hacia Fuerte Austin y luego a aguas más seguras de las Malvinas. Más tarde, ellos fueron transferidos por barco al RFA Stromness.

27 mayo:

El Stromness navegó hacia las Islas Georgias del Sur. Los heridos fueron transportados por vía aérea hacia la nave hospital Uganda.

30 mayo:

Una vez que el QE2 (Queen Elizabeth 2) hubo entregado su carga de soldados, la tripulación de la Coventry fue transferida al QE2 y comenzó para ellos un largo viaje de regreso a casa. Ellos recibieron una bienvenida de héroes en Southampton, el viernes 11 junio.

Queen Elizabeth 2 arribando a casa - The Times, 12 June 1982

Esta pagina fue actualizada el jueves 16 de abril de 2009.

Fuente: http://www.hmscoventry.co.uk