15 de agosto de 2010

EL ESCUADRÓN FÉNIX: LOS ASES SIN ARMAS



Por Osvaldo Jorge Palacio (*)

"Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver, aunque nos espere el dolor y la muerte, contra el enemigo nos llama el deber".


Malvinas es uno de los últimos reductos del colonialismo europeo en América. Hasta 1985, Georgias y Sandwich del Sur fueron gobernadas como una dependencia de ellas. Sin embargo, la nueva constitución hizo que se convirtieran en un protectorado británico separado.

Poco conocida, en la Guerra de Malvinas, es la actuación del Escuadrón Fénix integrado a raíz de un proyecto del Brigadier (R) Gilberto Hilario Oliva, que creó una estructura operativa para la Fuerza Aérea. El Capitán (RE) Jorge Luís Páez Allende estuvo a cargo de la organización.

Sus tácticas tenían estilo definido y calidad de supervivencia. Sus hombres estaban entrenados para actuar por instinto; la resistencia ofrecida por el Escuadrón es un símbolo.

Cuarenta aeronaves y catorce helicópteros civiles, con sus pilotos y mecánicos, se movilizaron a diferentes puntos de la Patagonia, cubriendo los despliegues de la Aeronáutica militar.

Las máquinas eran Lear Jet LR-24, LR-25, LR-35, Cessna Citation, Hawker Siddeley HS-125, Turbo Commander 690 69-T, Mitsubishi MU-2, Aerostar 600, 601P, TS-60, y Merlin IIIB. También actuaron helicópteros Bell 212, 205, Bolkow BO 105, Sikorsky S58, Hughes 500 y Agusta 109.

Las aeronaves tenían autonomía, velocidad, excelente nivel de vuelo, aviónica de última generación y mimetización ante los radares del enemigo, al punto que los ingleses los confundían con nuestros cazas.

Ningún avión del Fénix estaba artillado; por eso quedaban librados a su suerte y a las maniobras para evitar Sea Harrier y los misiles de tierra o de mar. Los tripulantes no podían eyectarse ni lanzarse con paracaídas.

Ciento diez pilotos, la mayoría civiles, y veinticinco mecánicos con aviones requisados se integraron con los componentes militares, bajo la denominación de Escuadrón Fénix.

Volaron setecientas ochenta horas y llevaron a cabo catorce misiones de guiado de escuadrillas de ataque táctico y bombardeo. Ejecutaron veintiocho tareas de retransmisión de comunicaciones y ciento veintitrés incursiones de velo y engaño.

Un dato: Alan Withington y "Jimmy" Harvey, quienes habían sido pilotos de la RAF en la Segunda Guerra, actuaron como voluntarios. Los aviones ejecutivos, por su instrumental, servían de idónea guía a nuestros Skyhawk, Dagger o Canberra, que carecían de radar. El Fénix cumplió misiones de transporte, de búsqueda y rescate en el mar, además de patrullaje y exploración en la frontera con Chile, otro potencial escenario de conflicto.

Fueron estaciones retransmisoras de radio a gran altitud, que facilitaban comunicaciones entre las bases propias y los aviones que volaban contra la flota enemiga, y fueron escolta de los Hércules C-130 y los Pucará.

Otra misión consistió en las "pinchaduras" de los lóbulos de los radares británicos, para engañar y confundir al enemigo. Estas tareas provocaban un considerable desgaste a las fuerzas invasoras.

La técnica de contramedidas electrónicas, para generar falsos ecos en los radares de búsqueda o de alerta temprana, era compleja. La generación de los señuelos se hacía desde los aviones y, específicamente, para cada radar.

El 07 de junio de 1982, a las 08:00 de la mañana, con nubosidad media y estratiforme y visibilidad superior a diez kilómetros en Comodoro Rivadavia y en el área de Malvinas, con tiempo bueno y parcialmente nublado y viento del sector noroeste a 20 km/h, el Vicecomodoro Rodolfo De la Colina, en ese momento Jefe del Escuadrón Fénix, al comando de su Lear Jet-35A, matrícula T-24, indicativo Nardo 1, despegaba en misión de reconocimiento fotográfico, junto con el Nardo 2.

Una hora después, el Nardo 1 enlazó con el radar Malvinas y, cuando se aprestaba a cumplir con su tarea, el copiloto vio dos pequeños fogonazos en la bahía San Carlos y, enseguida, dos estelas. El avión comenzó a virar por la izquierda y el primer oficial informó que abortaban la tarea. "Me dieron, no hay nada que hacer", comunicó De la Colina. De repente, la nave se convirtió en una gran bola de fuego y la parte que quedó entera entró en tirabuzón. Así, murieron De la Colina; su copiloto, Mayor Juan José Falconier; el Capitán Marcelo Pedro Lotufo; el Suboficial Auxiliar Guido Antonio Marizza, navegante, y el Suboficial auxiliar Francisco Tomás Luna, radiooperador. Ese día, el escuadrón Fénix entraba definitivamente en la historia de la Aeronáutica Argentina.

Por los señuelos, la Royal Navy estaba obligada a mantener en el aire su poder aéreo de defensa. Los Fénix distraían la atención del enemigo, mientras nuestros aviones cazabombarderos atacaban en diferentes sectores.

En tierra, esperaban los mecánicos con las aeronaves listas para entrar en acción. Los pilotos adoptaban sus posiciones, ajustaban sus arneses y organizaban el despegue. Cada uno besaba fotos de sus seres queridos. Transmitían instrucciones y manipulaban controles. Comenzaba el rodaje, repasaban el chequeo, se preparaban los mandos. V1, V2, V3, "Escuadrón Fénix despegando", informaba el líder, mientras, en el aire, aceleraban su formación táctica. Era la vida o la muerte.

Después, la misión se cumpliría y los tripulantes volverían a pensar en sus familias, imaginando a sus mujeres preguntando por ellos y a los niños en sus juegos.

La Argentina demostró que la aviación inglesa no logró superioridad y que su sistema de armas no resultó invulnerable, como ellos se imaginaban.

El Almirante Woodward reconoció, en sus memorias, que había subestimado al enemigo y que desconocía el potencial de la Fuerza Aérea Argentina, diciendo: "Jamás pensé que sus pilotos harían lo que hicieron".

Recuperar la soberanía es una cuestión de Estado. Malvinas es un tema que requiere continuidad.

Pilotos.

Luís Acerbo, Edgardo Acosta, Pedro Alcobe, Roberto Alesón, Rubén Álvarez, Rodolfo Alzugaray, Juan Arcidiácono, Federico Arocena, Jorge Arrechea, Carlos Arregui, José Avarello, Mario Bacciadone, Norberto Barreras, Juan Carlos Bassini, Aldo Berardi, Oscar Bértola, Rubén Bóveda, Jorge Cabrera Castilla, Héctor Cáceres, Jaime Camps, Miguel Cancrini, Raúl Cardalda, Guillermo Carnevale, Manuel Castro, Héctor Cerbelli, Asdrúbal Cimadevilla, Vicente Collerone, Juan Crosa, Francisco Cupelín, Rodolfo De la Colina (Muerto en acción), Teodoro Delorme, Juan Carlos del Toro, Oscar Díaz, Pablo Ercamora, Ángel Esnagola, Martín Etcheverry, Juan José Ramón Falconier (Muerto en acción), José María Ferrari, Edgardo Ferreira, Héctor Figueroa, Miguel Fonrouge, José Forastiero, Carlos Fórmica, Ernesto Gabotto, Miguel Gamen, Alfredo Garatti, Leonardo García, Luís García, Norberto García Marín, Rodolfo Gavagnín, Claudio Gervai, Gonzalo Gil, Adrián González, Carlos González, Edgardo González, Lorenzo González, Oscar Nelly González, Roberto González, Carlos Greco, Eladio Gosso, Raúl Guevara, Roberto Harriague, Dennis Reginald James "Jimmy" Harvey, Martín Iraizos, Arnold Ryhel Koiter, Hugo Laciar, Arnoldo López, Francisco López Molina, Jorge Pedro Lotufo (Muerto en acción), Lorenzo Mana Macagno, Aníbal Mantero, Roberto Mariani, Rubén Mariani, José Sánchez Martín, Ezequiel Martínez, Genial Mauro, Hugo Mercante, Eduardo Meyer, Herminio Meyer, Carlos Miranda, Juan José Misa, Alberto Molina, Hipólito Molina Carranza, Alfredo Musante, Carlos Musso, Alejandro Nishimoto, Restituto Sinibaldo Olguín, Jorge Luís Páez Allende, José Pagliano, Iván Paredes, Jorge Peloso, Rubén Pérez, Aldo Pignato, Roberto Pignato, Fernando Piñeiro, Ricardo Pla, Aníbal Poggi, Carlos Pogrzebny, Mario Quarleri, Carlos Alberto Quiroga, Aldo Ríos, Adolfo Rodríguez, Carlos Rodríguez, Jorge Rodríguez, Máximo Rodríguez, José Luís Rodríguez Morel, Leónidas Rodríguez Uzal, Julián Redonda, Mariano Salotti, Hugo Santa María, Pedro Saralegui, Bernardo Schonfeld, Fernando Soldán, Luís Spalla, Carlos Harris Stewart, Julio Tello, Héctor Tessio, Carlos Tillous, Carlos Trinchero, Américo Bar Vázquez, Jorge Vega, Carlos Vergara Ruzo, Francisco Villaverde, Sergio Viñuelas, Alberto Willians, Emil Willians, Allan Claudio Withington y Carlos Zungri.

Mecánicos.

Miguel Acosta, Roque Alegría, Ernesto Armella, Oscar Arredondo, Robel Bertoglio, Florencio Cano, Walter Caro, Agustín Colombres, Víctor Connor, Aldo Comisso, Víctor de la Fuente, Daniel Errandonea, Luis Gallo, Fausto Ibarra, Eduardo Llanos, Inocencio Luna (muerto en acción), Jorge Lupo, Antonio Maceda, Diego Marizza (muerto en acción), Jorge Martínez, Angel Mascarín, Antonio Meilan, Osvaldo Messia, Hernán Moretta, Raúl Ojeda, Raúl Pernigotti, Adrián Petroccello, Guillermo Romano, Carlos Ruiz, Juan Stachiotti, Hugo Widder y Hugo Zacheri.

Personal de cabina.

Hugo Cochello y Juan Carlos Guarente.


Bibliografía:
Archivos personales y del Escuadrón Fénix.
La Guerra Aérea, de Benigno Héctor Andrada, Buenos Aires, Emecé editores, 1983.
Air war South Atlantic, de Jeffrey Ethell y Alfred Price.
Diario de guerra del radar Malvinas, del Comodoro (RE) FAA Miguel Ángel Silva, Buenos Aires, editorial Dunken,
Piloto del Escuadrón Fénix, Pedro Alcobe.

(*) Osvaldo Jorge Palacio (VGM) es periodista.

Fuente: La Nueva Provincia. Publicado el 11 de Octubre de 2009

9 de agosto de 2010

EL AVISO ARA ALFÉREZ SOBRAL EN COMBATE - RELATO DE SU SEGUNDO COMANDANTE DURANTE LA GUERRA DEL ATLÁNTICO SUR

Por Sergio Bazán, CN RS

Del 27 de marzo al 01 de mayo de 1982

Sábado 27 de marzo de 1982. El Aviso ARA Alférez Sobral, pequeño buque de la Armada Argentina cuya misión principal es la de llevar a cabo diversas tareas auxiliares, tales como remolques en el mar, balizamientos, apoyo a otras unidades y a las zonas costeras, etc, se encontraba en su apostadero de la Base Naval Puerto Belgrano. Su Comandante, Capitán de Corbeta Sergio Raúl Gómez Roca recibió una orden perentoria: Alistar el buque y zarpar de inmediato. Convocado el personal y tras rápido reaprovisionamiento la unidad partió en horas de la tarde hacia el sur. Excepto el Comandante, ninguno de los 60 tripulantes conocía la misión impuesta.

A poco de navegar, fuimos informados de la decisión de recuperar las lslas Malvinas. Si bien no integraríamos la Fuerza de Tareas directamente encargada de cumplir con esa misión, nos sentíamos igualmente partícipes ya que, de alguna manera, se nos asignaría una tarea contribuyente a la misma. Es difícil relatar la emoción vivida en aquellos días, principalmente porque parecía un sueño que, tras casi 150 años de usurpación del archipiélago, nos tocara intervenir en esa gesta.

Luego de dura travesía debido a un fortísimo temporal, arribamos a Río Gallegos el 01 de abril, fondeando frente a la ciudad.

El día 02, en formación a bordo, nuestro Comandante comunicó a la tripulación que se había consumado la recuperación de las islas. A partir de ese momento, la actividad se centró en mantener la nave en las mejores condiciones de operación, lista para acudir al lugar que se ordenara, a cumplir la tarea que fuera menester.

Transcurridos nueve interminables días otra orden llegó. Nos trasladaríamos a Puerto Deseado para efectuar un reabastecimiento y luego ocupar posición al oeste de las lslas Malvinas, sector desde donde podríamos ser enviados al rescate de las tripulaciones de aviones derribados o náufragos.

El 17 de abril nos hallábamos en la posición asignada. Según los informes que se recibían, la situación entre nuestro país y Gran Bretaña se agravaba, la tensión aumentaba y era previsible que pudieran producirse los primeros enfrentamientos. Ello aconteció poco después, el sábado 01 de mayo. A las 17.30 horas de ese día, un avión Canberra de la Fuerza Aérea Argentina integrante de una sección que se dirigía a bombardear a las fuerzas inglesas que iniciaron el ataque a las islas, fue abatido aproximadamente a 100 millas náuticas al norte del Estrecho de San Carlos.

Ante este hecho, y en cumplimiento de la orden recibida, nuestro buque se destacó de inmediato para efectuar la búsqueda y el rescate de los dos tripulantes de la aeronave. Con mar gruesa, casi sin visibilidad y con una preocupante falla en el sistema de timón, el Capitán Gómez Roca encaró resueltamente el peligro que implicaba internarse en una zona controlada por el enemigo, sabiendo que de producirse un encuentro, las posibilidades que tenía de salir airoso eran prácticamente nulas. Esa actitud decidida y valerosa, que anteponía a toda otra consideración el sentido del cumplimiento del deber y la solidaridad con los camaradas en peligro, fue apoyada con su accionar por toda la Plana Mayor y Dotación, sin excepciones.

El combate

El 02 de mayo amaneció con tiempo borrascoso. Durante la mañana un mensaje alertó sobre la presencia de un Grupo de Tareas británico compuesto por un portaaviones y seis u ocho buques de guerra, operando en el área hacia la cual nos dirigíamos.

Llegó el atardecer, y con él una infausta noticia: el Crucero ARA General Belgrano había sido torpedeado. Fue un duro golpe ya que, como es lógico, sentíamos verdadero cariño por esa nave, en la que navegaban compañeros y amigos de toda la vida; pero a medida que transcurrían las horas y nos acercábamos al punto calculado para iniciar la búsqueda, la atención se centró en el intento de salvar a los dos hombres que se hallaban a merced de las aguas.

Casi a medianoche fuimos sobrevolados por un helicóptero no identificado, ordenándose entonces cubrir puestos de combate. La aeronave se mantuvo sólo unos instantes, alejándose luego para perderse en la oscuridad.

Transcurrieron 40 minutos de atenta vigilia. Los nervios terriblemente tensos, pero nadie exteriorizó lo que sentía.

Hasta parecía que se trataba de otro zafarrancho de rutina. ... Pero había algo muy claro: El enemigo nos había descubierto y no tardaría en atacar.

Se sabía a bordo que no recibiríamos ayuda debido a que no había otros buques argentinos en las proximidades. Como tampoco apoyo aéreo, cuando menos hasta la mañana siguiente.

Como el mar estaba agitado y el violento movimiento del buque dificultaba el trabajo de los apuntadores de las armas, el Comandante decidió invertir el rumbo, de manera tal que recibiendo el oleaje por la popa nuestra unidad se mantuviera lo mas estable posible.

Así las cosas, al acercarse otro helicóptero británico el Sobral abrió fuego, entablándose el combate. El cañón de 40 y las ametralladoras de 20 mm dispararon su munición, y si bien por la oscuridad reinante y el ya mencionado rolido y cabeceo del buque, no consiguieron hacer impacto, sí lograron que la aeronave enemiga se alejara precipitadamente, tomando distancia para ponerse fuera del alcance de nuestra artillería.

Minutos más tarde el Jefe de Artillería advirtió que por estribor se divisaban destellos. Desde el puente de mando, efectivamente, se observaron también pequeñas luces.

A primera vista, el Comandante, que no perdía las esperanzas de rescatar a los pilotos buscados, expresó con entusiasmo que podía tratarse de señales lanzadas por ellos. Pero instantáneamente el particular movimiento de las luces avistadas nos indicó que en realidad eran misiles que se aproximaban.

Todo ocurrió en pocos segundos. Un misil (se trataba de la clase Sea Skua lanzados desde helicópteros Sea Lynx) impactó en la lancha, explotando y destruyéndola por completo, al tiempo que rociaba con esquirlas la superestructura.

Los tres operadores de la ametralladora de 20 mm de estribor fueron heridos. Personalmente experimenté los efectos de la explosión, siendo arrojado hacia el interior del puente, recibiendo también una esquirla en la pierna izquierda.

Otro misil pasó sobre el buque sin impactar. El Comandante ordenó abrir fuego cubriendo el sector desde el que provenía el ataque, aunque era imposible ver al enemigo debido a la oscuridad y a que éste efectuaba sus lanzamientos de misiles a máxima distancia, manteniéndose fuera del alcance de las armas del Sobral. Al ordenarse el alto el fuego, se constató que las averías no afectaban mayormente, hasta ese momento, la seguridad náutica y navegabilidad de la unidad, pero las antenas y equipos de comunicaciones resultaron averiados, por lo cual estas quedaron interrumpidas.

Enseguida se trasladó a los heridos a cubiertas bajas para su atención. Allí, en la cámara y camarotes de oficiales, el médico de a bordo había instalado su puesto de socorro y trabajaba sin pausa junto al enfermero.

Por orden del Comandante recorrí el buque comprobando que, teniendo en cuenta las circunstancias, todo estaba en orden.

El personal continuaba en sus puestos de combate, fueran estos en la sala de máquinas, las armas, los equipos de control de averías, etc.

Observé rostros que denotaban preocupación, pero todos, con disciplina y férrea voluntad, se esforzaban por cumplir de la mejor manera con sus funciones.

Al observar que los ataques se producían con misiles, el Capitán Gómez Roca apreció, acertadamente, que el lugar de mayor riesgo era la superestructura, especialmente el puente de mando.

Ante ello, con el fin de proteger a sus hombres y considerando especialmente que por la distancia a la que se encontraba el enemigo ya no sería posible combatir efectivamente con las armas propias, ordenó desalojar las cubiertas superiores y los sectores mas expuestos, quedando en el puente solamente él y los tripulantes indispensables para conducir el buque.

Esta difícil y heroica decisión, adoptada en los momentos de mayor tensión e incertidumbre, significaría luego la preservación de la vida de muchos de sus hombres, pero también su propia muerte en acción.

Al finalizar una rápida inspección del buque, y en oportunidad en que me dirigía hacia el puente para informar el resultado de la misma, sentí un agudo dolor en la pierna herida.

El médico, a quien crucé casualmente, insistió en revisarme y este hecho providencial evitó que me encontrara junto al Comandante en el preciso instante en que el enemigo atacó nuevamente (01:20 horas del día 03 de mayo).

Un misil impactó de lleno en el puente, destruyéndolo totalmente, al igual que el cuarto de radio que se hallaba directamente debajo. El palo de proa cayó y las innumerables esquirlas provocaron averías diversas en toda la parte superior y media del buque, que se estremeció como si hubiera sido golpeado por una mano gigantesca.

El sector de proa se llenó de humo y el penetrante olor de la explosión invadió los compartimientos, aumentando la ansiedad general. Allí, en el interior de la nave, la fatalidad hizo que el Conscripto Roberto D’Errico, mientras era asistido de una herida sufrida durante el primer ataque, fuera alcanzado nuevamente por una esquirla que, traspasando dos cubiertas, terminó con su vida. Ansioso por conocer la magnitud de lo ocurrido subí hacia el puente, encontrando un verdadero desastre: estaba totalmente arrasado, hierros al rojo vivo y un incendio que cobraba fuerza.

El Comandante y los que allí se encontraban habían muerto. La situación no era mejor en el cuarto de radio, igualmente destruido por la explosión, con los operadores muertos en sus puestos de combate y un único sobreviviente, el Cabo Enriquez, gravemente herido.

Al instante comprendí que me encontraba ante el cuadro que ningún segundo comandante desearía que se presente jamás, aunque esté preparado para ello y constituya ésta su principal razón de ser: asumir el comando por muerte del comandante durante el combate.

Con plena conciencia de la tremenda responsabilidad que ello implica y de la gravedad de las circunstancias, a partir de ese momento me hice cargo de la Unidad.

Al bajar del puente, el Jefe de Máquinas me informó que por averías en el sistema de timón no era posible maniobrar el buque.

Brevemente lo impuse de la situación y ordené parar máquinas. A todo esto, un grupo de control de averías combatía las llamas en los sectores afectados.

Ante la posibilidad de que otros impactos hicieran naufragar el buque, se inspeccionaron las balsas salvavidas autoinflables, comprobándose que todas estaban inutilizadas, resultado de las innumerables esquirlas que las habían perforado.

Resumiendo, la situación del buque era: timón averiado, el puente con todo el instrumental, cartas y elementos de navegación destruidos; la radio también destruida, un incendio a bordo, ocho muertos (incluido el Comandante) y ocho heridos, personal con contusiones y heridas menores y la perspectiva de recibir nuevos ataques.

A partir de entonces, una vez dominado el incendio y reparado precariamente el sistema de timón, se organizó el regreso.

Regreso al continente

Se presentaban dos alternativas: la primera, navegar hacia las Islas Malvinas, a cuya costa norte podíamos arribar en no más de 12 horas, pero correríamos el serio peligro de ser nuevamente atacados; a ello se agregaba la falta de elementos de navegación y cartas náuticas de la zona, lo que tornaría muy dificultoso recalar con cierta seguridad.

La segunda, navegar hacia el continente. En este caso, si bien persistían los riesgos antes citados, las probabilidades de que se presentaran eran menores, aunque se debería afrontar una prolongada travesía en condiciones extremas.

Decidido por esta última, se reinició la navegación, tomando en principio como guía la dirección de las olas que, sabíamos, venían del norte.

Más tarde, con la ayuda de brújulas terrestres del equipo de desembarco, en situaciones normales no utilizables a bordo por el desvío provocado por el magnetismo del buque; y con la rosa rescatada de un compás magnético destruido, colocada en la línea central del buque (crujía) entre las cadenas de anclas pretendiendo obtener alguna compensación, se logró tener una idea aproximada del rumbo. Por otra parte el cielo, completamente cubierto, impedía conocer el arrumbamiento en base a las constelaciones habituales.

Durante todo el día 03 se navegó esperando el ataque que dábamos por descontado, pero que finalmente no se concretó. Excepto los vigías, apostados al efecto, todo el personal permaneció bajo cubierta ya que no quedaban armas en condiciones de uso. El interior del buque presentaba un estado realmente precario: en el sector de proa la energía había sido cortada y todo estaba mojado como consecuencia del agua arrojada para combatir el incendio. Tampoco había calefacción ni comida caliente, por lo que el frío se hacia sentir con crudeza.

Horas después, cuando las condiciones de mar lo permitieron, se improvisó un comando en proa. Desde allí, mediante una línea de teléfonos autoeditados se daban las órdenes al timonel, ubicado en el timón de emergencia, en la sala de máquinas.

Entonces tuvo lugar un hecho que a mi entender evidencia el temple de aquella aguerrida tripulación: la Bandera de Guerra del Sobral, por la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos no había sido retirada de su cofre y, al momento del combate, ondeaba en lo alto un pabellón de los usados diariamente. Al caer el palo, habíamos quedado momentáneamente sin pabellón. Percatado de ello, un grupo de tripulantes requirió autorización para tomar la Bandera de Guerra e izarla en el lugar más alto que fuera posible.

Concedido el permiso la Bandera se izó al tope de la pluma (brazo de grúa) de popa, en uno de los momentos más emocionantes, sobre todo teniendo en cuenta que a esas horas existían inciertas posibilidades de sobrevivir.

El 04 de mayo a las 09:00 de la mañana, utilizando un transmisor de emergencia extraído de entre los escombros del cuarto de radio, se emitió un pedido de auxilio, con muy poca confianza en su eficacia ya que el equipo estaba dañado y perforado por esquirlas. Por varias horas no obtuvimos respuesta.

Simultáneamente, con una radio portátil común se sintonizaban varias emisoras, principalmente argentinas y uruguayas. Fue justamente una de estas últimas la que dio la novedad del ataque a nuestro buque, e informaba que el Aviso Alférez Sobral había sido hundido por fuerzas inglesas. Lógica fue la desazón que produjo en la tripulación escuchar semejante noticia, al pensar el efecto que causaría en los familiares que, ansiosos, esperaban en tierra.

También se prestaba suma atención a las novedades que se daban sobre el rescate de los sobrevivientes del Belgrano, y nos llenó de euforia enterarnos del hundimiento del buque inglés Sheffield, atacado exitosamente ese día por la Aviación Naval.

A todo esto, una radio de Río Gallegos, en los habituales mensajes que se transmiten para apoyo a la comunidad en la Patagonia, incluyó uno que decía: para el señor Gómez Roca, lo esperamos en Puerto Deseado.

Este mensaje impuesto por la superioridad, que desconocía aún el fallecimiento del Comandante, dio grandes esperanzas y la certeza de que nuestro mensaje había llegado. Al menos, en tierra sabían que en algún lugar continuábamos a flote. Un nuevo mensaje, que esta vez señalaba: al señor Gómez Roca, va gente a buscarlo a la estación, dio la seguridad de que se nos estaba buscando. Después nos enteraríamos que unidades de la Aviación Naval, la Fuerza Aérea y otros buques trataron incansablemente de hallarnos, sin conseguirlo.

A partir de ese momento, cuando se navegaba en niebla cerrada, se efectuaron señales acústicas por medios diversos, como campana, silbatos y hasta disparos con fusil. Se desmontó del palo caído la sirena y, conectándola a una manguera de aire a presión se utilizó como elemento de señalación. Fueron numerosas las veces que alguien creyó ver u oír algo, como el ruido del motor de un avión o helicóptero, una luz o la línea de tierra, pero todo era producto de la imaginación; de los deseos de superar la situación. Al respecto, lo más inquietante era no saber exactamente dónde nos encontrábamos. Se había efectuado una estima, más por la precariedad de medios, adolecía de grandes errores.

Esperábamos avistar la costa continental en la tarde del día 04, pero llegó la noche sin que nada se produjera.

Con la noche también se hizo presente la incertidumbre. ¿Nos habríamos desviado hacia el norte, internándonos en el Golfo San Jorge? ¿Estaríamos retrasados? ¿Llevaríamos el rumbo correcto? ¿Qué pasaría si se desataba un temporal, tan frecuente en esa zona? A ello se sumaban otros interrogantes ya que en el supuesto caso que estuviéramos cerca de la costa, sin visibilidad y a pesar de efectuar continuos sondajes (medición de la profundidad) con sonda de mano, se corría el riesgo de colisionar con alguna roca o varar, perdiendo la nave, y quizá la vida, a pocos centenares de metros de la orilla. Por otra parte, cada minuto transcurrido disminuía las posibilidades de sobrevivir.

Durante la noche otro incendio, originado en el cableado del sistema de timón, cobró tal fuerza que puso en serio peligro a todo el buque.

Los denodados esfuerzos del personal terminaron por dominarlo, pero ya no tendríamos otra oportunidad. Se habían agotado los extinguidores y la espuma, y para combatir el fuego sólo se contaba con el agua de mar, extraída con bombas.

Ello impulsó la decisión de parar máquinas nuevamente para realizar las reparaciones y aislaciones indispensables en el cableado, esperando al mismo tiempo la luz del día.

Simultáneamente el médico informaba que las medicinas escaseaban y le preocupaba especialmente el Cabo Enríquez, muy débil por la hemorragia sufrida.

Pero la dotación continuó trabajando incansablemente. Podrían citarse numerosos ejemplos individuales, pero lo destacable fue, principalmente, el accionar de una tripulación que en la circunstancia obró como correspondía y se esperaba de ella, con idoneidad profesional, disciplina y valor a toda prueba.

Creo no equivocarme si afirmo que durante esos días nadie pensó en su seguridad personal, sino en la del conjunto. Aunque nadie lo manifestaba, la mente volaba entre nuestros hogares, los seres queridos, las alternativas de la guerra, el recuerdo de nuestros muertos y lo que ocurría a bordo.

Por fin, con la esperanza que da el amanecer, seguimos navegando

El 05 de mayo, aproximadamente a las 09:00 de la mañana se avistó la costa continental. Aún así, continuábamos sin saber nuestra posición, por lo que se navegó a prudente distancia de tierra, con arrumbamiento (dirección) general hacia el norte.

Horas después se divisó un punto en el cielo. Lanzamos luces Very (bengalas para señales) y, para alegría de todos, el objeto comenzó a aproximarse.

Se trataba de un helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina. De él descendió un suboficial y pudimos evacuar al herido más grave, justo a tiempo para salvar su vida.

Un momento emotivo, el Aviso ARA Alférez Sobral al encontrarse con el ARA San Antonio, con la tripulación formada en cubierta cubriendo Puestos de Honores y con el pabellón al tope (en el mástil improvisado).

Más tarde el buque fue sobrevolado por un avión, también de la Fuerza Aérea cuyo piloto, con sobrevuelos rasantes, nos guió al encuentro del BDT ARA. Cabo San Antonio, el Destructor ARA. Py y un Guardacostas de la Prefectura Naval.

Fue éste otro momento tremendamente emotivo. Al pasar al costado del San Antonio nuestra tripulación formó en puestos de honores y lo propio hizo la del buque que teníamos enfrente. No hubo palabras, sólo un saludo militar. Luego, mediante lanchas se trasbordó a los heridos y con el apoyo de los buques citados seguimos hasta Puerto Deseado, atracando durante la noche, no sin antes sortear una última y difícil maniobra de entrada bajo condiciones totalmente adversas en la ría de acceso. En esta ciudad recibimos el afecto que es de imaginar, tanto de la población que brindó todo para ayudar a la tripulación después del trance vivido, como de nuestros camaradas del Ejército y de los otros buques de la Armada allí presentes.

Se efectuaron las refacciones imprescindibles, retirando deshechos del puente e improvisando otro y, luego de sentida despedida de los camaradas muertos en acción, el 20 de mayo zarpamos rumbo a la Base Naval de Puerto Belgrano, arribando a la misma, tres días después.

Epílogo

Con el objeto de reintegrar lo antes posible nuestro buque al teatro de operaciones, inmediatamente se iniciaron las reparaciones que, no obstante la premura y dada la magnitud de las averías registradas, recién terminarían en septiembre, o sea luego de finalizados los enfrentamientos.

En octubre de ese mismo año, el remozado Aviso ARA Alférez Sobral se encontraba nuevamente en la zona austral, con la misma Plana Mayor y Dotación que participara en las acciones de guerra, excepto aquellos que gloriosamente ofrendaron su vida por la Patria y su justa causa:

Capitán de Corbeta Sergio Raúl GÓMEZ ROCA
Guardiamarina Claudio OLIVIERI
Cabo Principal Mario Orlando ALANCAY
Cabo Segundo Sergio Rubén MEDINA
Cabo Segundo Elvio Daniel TONINA
Cabo Segundo Ernesto Rubén DEL MONTE
Marinero 1º Héctor DUFRECHOU
Conscripto Roberto D’ERRICO

Nota: Hoy, a 25 años de los hechos relatados, el Aviso ARA. Alférez Sobral continúa en servicio en la ARMADA ARGENTINA, con apostadero en la Base Naval Ushuaia.

Fuente: http://www.irizar.org

GENDARMERÍA EN MALVINAS: ALACRÁN, UN ESCUADRÓN CON JUSTA GLORIA


Debemos recordar a estos hombres, que alguna vez fueron recibidos con recelo y poca consideración, pero que en 1982 se implicaron en la defensa de la República luchando frente a frente contra las fuerzas del Reino Unido...

Por VGM Osvaldo Jorge Palacio - periodista

Eran todos combatientes profesionales de la Gendarmería Nacional y habían pasado por un largo período de entrenamiento. Se trataba de comandos comprometidos con la ciencia de la guerra y el arte de la paz. Eran todo valor y ejemplo. Ellos tuvieron el honor de actuar en el Teatro de Operaciones Malvinas, lo hicieron junto a sus pares del Regimiento de Infantería 25.

Los cuadros de la Gendarmería Nacional tienen instrucción y estado militar. Toda vez que exista una situación de guerra en la que se encuentre amenazada la soberanía nacional, pueden ser convocados para integrar un componente terrestre.

En cualquier situación de conflicto bélico, las tropas de operaciones especiales se convierten en una herramienta indispensable para la conducción estratégica por contar con una capacidad de respuesta eficaz, inmediata y contundente.

En mayo de 1982, en función de la situación bélica que se vivía en Malvinas, se conformó un elemento móvil de combate que se llamó tropa Especial 601, que luego, por iniciativa de los propios integrantes se denominó Escuadrón “Alacrán”, nombre con el que pasó la historia.

Un relato nos dice que el 27 de mayo, en Comodoro Rivadavia, “compramos una bandera argentina con los únicos sesenta pesos que nos habían dado. Le dibujamos el símbolo bélico de nuestro Escuadrón en un negro intenso y, sumamente emocionados, juramos defenderla hasta perder la vida. Hoy, esa bandera nuestra tan querida, que no entregamos al enemigo, la conservamos como sagrado baluarte.”

“Subimos al Hércules que nos transportaría a Malvinas. El viaje se produjo en total silencio. Cada uno inmerso en sus pensamientos. Sólo oíamos el imponente rugido de los motores y veíamos olas que empañaban las ventanillas. Prácticamente volábamos sobre ellas.”

Los oficiales, suboficiales y gendarmes estaban bajo las órdenes del entonces comandante José Ricardo Spadaro. Eran todos combatientes profesionales y, como consecuencia de los enfrentamientos, sufrieron siete muertes; la mayor proporción de bajas en relación al número de integrantes de una unidad. En total eran cuarenta hombres.

Los “Alacranes” puestos en acción, dieron inmediata respuesta a los requerimientos estratégicos. Ellos, como todas las fuerzas de elite que operaron en Malvinas estaban preparados para cualquier acción ofensiva. El 30 de mayo recibieron la orden de ocupar cinco alturas para actuar como alerta temprana, en el sector oeste, cubriendo una línea más allá de los cerros Dos Hermanas, dos riscos gemelos, pero sin llegar a Monte Kent que en ese momento ya estaba en poder de los ingleses. El combate allí era letal. Los ingleses se habían infiltrado en nuestras posiciones y una patrulla del Ejército Argentino había caído en una contraemboscada. La situación que se vivía en Dos Hermanas indicaba que se acercaba el momento decisivo.

El movimiento de los “Alacranes” hasta la posición señalada se realizó en un helicóptero del Ejército que fue alcanzado por un misil enemigo que lo precipitó a tierra y apenas caído fue atacado desde el aire por un avión Sea Harrier. Esta acción provocó la muerte instantánea de seis gendarmes y resultó gravemente herido el Sargento Primero, Justo Rufino Guerrero.

Ese fue el día del Bautismo de Fuego del Escuadrón “Alacrán”. Esa página de gloria tiene un agregado, las actuaciones heroicas del Segundo Comandante Ramón Gumersindo Acosta y del Sargento Primero Carlos Pepe, quienes socorrieron y rescataron al Subalférez Aranda y al mismo Suboficial Guerrero.

También ayudaron a otros integrantes de la patrulla que se encontraban atrapados en el helicóptero abatido y que se hallaba a punto de estallar por el fuego que alcanzaba la munición que transportaba. El Segundo Comandante Acosta estaba muy golpeado, dado que antes que el helicóptero impactara sobre el suelo, logró desprenderse voluntariamente de la aeronave y golpeó fuertemente en la turba. Pensando en su familia, Acosta, esa misma noche, le escribe una carta a su hijo en la que contaba lo ocurrido ese día.

Sin embargo, nada era preocupante al extremo; los integrantes de “Alacrán” habían sido preparados para actuar en tiempos de tranquilidad, para reaccionar en momentos de crisis y para trabajar en conflictos abiertos. Los cursos teórico-prácticos les habían proporcionado conocimientos de inteligencia, sabían la técnica de la exploración, el reconocimiento estratégico y estaban aptos, llegado el caso, para llevar adelante un enfrentamiento no convencional.

Después se les asignó una nueva misión. Fue el 10 de junio, en cercanías del Monte Kent, donde en una emboscada, resultó herido el Gendarme Pablo Parada y es herido de muerte el Suboficial Ramón Gumersindo Acosta, que cerró la página de los siete gendarmes que hicieron realidad la sentencia latina “Dulce et decorum est pro patria mori” (Es dulce y decoroso morir por la patria). Ellos eran: El Primer Alférez Ricardo Julio Sánchez, Subalférez Guillermo Nasif, Cabos Primeros Marciano Verón y Víctor Samuel Guerrero, Cabo Carlos Miguel Pereyra y Gendarme Juan Carlos Treppo.

Sobre el final de la guerra, Alacrán fue destinado a defender una posición cercana a Puerto Argentino. Luego de resistir victoriosamente ataques de los ingleses, el Comandante Spadaro entendió que había que abandonar algunas posiciones ya que había riesgo de que sea alcanzada por fuego de artillería. “A la mañana siguiente, después del bombardeo nocturno había quedado en pie sólo la chimenea. Hasta el día de hoy, bendigo mi acertada premonición”

El jefe rescató su reencuentro con Dios y la paz de su espíritu después de haber vivido tantas situaciones límites. “Esta disposición espero que me acompañe toda mi vida”.

El 14 de junio, dispuesto el cese del fuego, se inició el repliegue hacia Puerto Argentino. Dos días después, el grueso del Escuadrón Alacrán era embarcado en el buque Canberra rumbo al continente. La bandera volvía escondida entre las ropas del Subalférez Aranda.

Un mes después de producida la rendición, el buque “Saint Edmund” trasladó a los jefes del Escuadrón, Comandantes Spadaro y Díaz, junto a otros oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.

De la participación casi olvidada de la Gendarmería Nacional en la guerra de Malvinas, se rescata la fortaleza de sus hombres, la valentía y el arrojo, la humildad, la perseverancia y la voluntad. Se trata de una rúbrica indeleble. El ejemplo, sin duda, alimenta el espíritu de quienes hoy portan las insignias de la Fuerza.

"Gendarmes, centinelas de la patria, héroes caídos en Malvinas, honor y gloria es vuestro legado. Descansen en paz".

Los hombres que integraron el Escuadrón “Alacrán”

Jefe: Comandante José Ricardo Spadaro
2do Jefe de Escuadrón: Comandante Hugo Alberto Díaz
Integrantes:
Comandante Carlos Saturnino Vega
2do Comandante Jorge Enrique San Emetrio (+)
2do Comandante Eduardo Miguel Santo (+)
1er Alférez Néstor Alfredo Gómez del Junco
1er Alférez D Ricardo Julio Sánchez (Muerto en Combate)
Subalférez Guillermo Nasif (Muerto en Combate)
Subalférez Miguel Ángel Puente
Subalférez Oscar Rodolfo Aranda
Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta (Muerto en Combate)
Sargento Ayudante Natalio Jesús Figueredo
Sargento Primero Miguel Víctor Pepe
Sargento Justo Rufino Guerrero
Cabo Primero Carlos Alfredo Oliva
Cabo Primero Blas Fanor Montellano
Cabo Primero Miguel Edgar Echeverría
Cabo Primero Juan Alberto Fleitas
Cabo Primero Agustín Jara
Cabo Primero Luis Alberto Kovalski
Cabo Primero Jorge Omar Trangoni
Cabo Primero Marciano Verón (Muerto en Combate)
Cabo Primero Víctor Samuel Guerrero (Muerto en Combate)
Cabo Carlos Misael Pereyra (Muerto en Combate)
Cabo Miguel Ángel Encina
Gendarme Juan Carlos Acosta
Gendarme Julio Ramón Benito

Fuente: http://www.malvinense.com.ar

8 de agosto de 2010

EL DESTRUCTOR ARA "SANTÍSIMA TRINIDAD" EN LA OPERACIÓN ROSARIO *

** Por el Contraalmirante (R) José Luis Tejo

La intervención del Destructor ARA "Santísima Trinidad" en la operación Rosario significó para toda la dotación del buque, incluyendo su comandante, la primera experiencia en una operación naval de guerra real. Tal eventualidad supuso enfrentarse por primera vez con todos esos aspectos de la guerra que aún en los ejercicios con mayor acercamiento a la realidad, no pueden ni simularse ni inducirse.

Afortunadamente la preparación se concretó en una operación que, en lo que al buque respecta, resultó extrañamente coincidente con lo planificado y previsto en más de un 90%. Y lo planificado y previsto fue eficaz porque llevó a cumplir cabalmente con la misión respetando estrictamente las restricciones que por razones políticas plenamente justificadas se impusieron a la operación. Merecido es reconocer con orgullo que ello se debió a la profesionalidad, valor, entusiasmo e ingenio con que las dotaciones del "Santísima Trinidad" y su helicóptero orgánico, y las Agrupaciones de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos alistaron sus medios y los operaron durante el desembarco nocturno en la medianoche del 01 de abril de 1982.

La circunstancia encontró al buque a tres meses de haberse incorporado a la Flota de Mar, luego de un año de alistamiento en Gran Bretaña, y efectuando su primera etapa de adiestramiento en el mar, la cual fue interrumpida para iniciar la preparación para la operación proyectada. Con las casi únicas excepciones del comandante y el segundo comandante, que habían asumido sus cargos a fines de diciembre de 1981, el resto de la dotación sólo había sufrido un mínimo de reemplazos (ocurridos principalmente en la plana mayor) en relación a la que había tripulado el buque en 1981.

En tal situación se asignó al buque las siguientes tareas:

1. Desempeñarse como Nave Almirante, embarcando al Comandante de la Fuerza de Tareas Anfibias, Contraalmirante Gualter Allara y parte de su Estado Mayor.
2. Trasladar a bordo al Comandante del Teatro de Operaciones "Malvinas", General de División D. Osvaldo J. García.
3. Proveer protección durante la travesía al Cuerpo Principal de la Fuerza de Tareas Anfibias conjuntamente con el Destructor "Hércules", y las corbetas "Drumond" y "Granville".
4. Trasladar y desembarcar en Puerto Enriqueta a la Agrupación de Comandos Anfibios y dos secciones de la Agrupaci6n de Buzos Tácticos, (total 92 hombres) antes de la medianoche del 01 al 02 de abril.
5. Ocupar a continuación un sector de aproximadamente 5 millas de lado al Sur de Puerto Argentino para provisión de Fuego Naval a pedido en apoyo del desembarco principal a efectuarse a partir de las 06:00 de la mañana.

EI hecho de ser el "Santísima Trinidad" un destructor con capacidades altamente especializadas en el campo de la guerra antiaérea y con muy poco margen para desempeñarse en operaciones para las que no fue previsto su diseño, obligó a un intenso trabajo de preparación previa a la zarpada de Puerto Belgrano que incluyó los siguientes aspectos:

1. Adecuación de alojamientos.
2. Preparación de estaciones de desembarco.
3. Preparación de armamento para combate a corta distancia.
4. Planeamiento del desembarco.
5. Recopilación de información náutica y cartográfica.
6. Adiestramiento en Fuego Naval de Apoyo.

Obviamente el alistamiento del buque incluyó infinidad de otros aspectos, algunos de importancia capital, pero se destacan solamente los enunciados porque o son imprescindibles para la ilación del relato, o presentaron problemas totalmente fuera de lo que es común en el alistamiento de un destructor misilístico.

Prever los alojamientos para trasladar aproximadamente 100 hombres más de los más de 300 que componían la dotación y plana mayor del buque planteó un problema sin solución orgánica posible por no disponerse abordo de alojamiento sobrante alguno, razón por la que, con excepción de los oficiales y personal mas antiguo del grupo de desembarco, que ocupó un pequeño sollado desalojado al efecto, el resto junto con los desalojados debió dormir en bolsas de dormir distribuidos en espacios disponibles en pasillos y locales de las cubiertas inferiores.

Para el desembarco se prepararon seis estaciones para el arriado de los 21 botes de goma y dos kayaks que componían el material a utilizar, distribuidas por ambas bandas, dos a proa de la superestructura y cuatro en el centro, aprovechando pescantes existentes destinados a otro tipo de maniobras. Para el personal se previeron dos estaciones en el centro del buque dotadas al efecto con redes de desembarco.

Dado que la operación debía efectuarse con el buque fondeado lo más cerca posible de la costa, dentro del alcance de armas de infantería, debieron hacerse previsiones para estar en condiciones de repeler un ataque con tal tipo de armas en caso de ser detectado el desembarco, condición que ponía al buque en situación muy vulnerable por estar inmóvil, con gran cantidad de personal en la cubierta exterior, y sin armamento orgánico de gran volumen de fuego y calibre adecuado.

La adecuación del buque en este aspecto consistió en la instalación de cuatro ametralladoras de 12.7 mm en montaje naval, en la cubierta del puente de mando, ligeramente a popa de éste. Con ellas se organizó un esquema de defensa controlado desde el puente y ubicado en la banda empeñada compuesto de: el cañón de 113 mm con control visual desde mira óptica, una ametralladora de 20mm, cuatro ametralladoras de 12.7 mm, (las dos de la banda, más las dos de la otra montadas en afustes terrestres), dos fusiles ametralladoras pesados calibre 7,62, y la ametralladora 7.62 del helicóptero, desmontada de éste al efecto.

La recopilación de información marítima y cartografía para la entrada del buque en Puerto Enriqueta planteó un problema si se quiere insólito. EI accidente geográfico, ubicado inmediatamente al Sur de Puerto Argentino consiste en una angosta lengua de mar que corre casi paralela a la costa, cerrada por el lado del mar por una larga y estrecha punta rocosa cuyo extremo, sobre la boca, es bajo y desprende rocas que velan y bajofondos de piedra. La costa opuesta, sobre la isla, también es pedregosa, alta y con el mar cubierto de cachiyuyos. Completa la configuración, una barra que en lugar no bien definido impide la navegación de buques de calado como el del "Santísima Trinidad", hacia la porción interior de la caleta.

Como puede verse, entrar en Puerto Enriqueta requiere una carta de navegación bien precise máxime si la operación es nocturna. Al revisar la cartografía Argentina se encontró que la parte de la costa donde se encuentra Puerto Enriqueta está ocupada, en la carta de escala adecuada, por el titulo y los datos de la carta. Con la carta inglesa sucedía lo mismo, al igual que con otras cartas extranjeras, todas copia de aquélla.

Vino a remediar el problema, aunque parcialmente, un enorme mosaico fotográfico de la zona de Puerto Argentino provisto por la Fuerza Aérea Argentina. Este mosaico, fruto de un esfuerzo profesional de primer orden, requería por su peso cuatro hombres para su traslado en forma de rollo, siendo ubicado en el hangar, único lugar a bordo donde se podía desenrollar, aunque fuera parcialmente.

A partir de él se dibujó la zona de Puerto Enriqueta en un cánevas mercator, improvisándose un cuarterón que se utilizó en la operación y que demostró ser notablemente exacto. No tenía información de profundidades, ni de bajofondos, ni la ubicación de la barra. En estos aspectos no nos quedó otra alternativa que creer fervientemente en lo que en forma general decía el derrotero. Y nuestra fe se vio recompensada.

Para la ejecución de la operación se previó una aproximación que contemplaba entrar en distancia del alcance visual desde la costa (28.000 yardas) en el momento de finalización del crepúsculo vespertino (19:29 horas), fondeo en el interior de Puerto Enriqueta, desembarco, y zarpada antes de la medianoche.

De la travesía a Malvinas, iniciada el 28 de marzo por la tarde sólo merecen mencionarse acontecimientos derivados del temporal fuerte que afectó a la Fuerza de Tareas Anfibia. Los días 29, 30 y 31 de marzo con vientos del W y SW de hasta 55 nudos de velocidad y estado del mar 6, circunstancia que ocasionó demoras en el traslado que obligaron a posponer la operación del previsto 01 de abril al día 02 del mismo mes.

Vale la pena destacar dos hechos salientes. EI primero sucedió en la noche 30 al 31 de marzo cuando en ocasión de navegar a baja velocidad corriendo el temporal, con el mar golpeando la popa, resultó destruido un kayak estibado en la toldilla, y perdida la totalidad del combustible (nafta) prevista para los motores fuera de borda del grupo de desembarco, al ser arrastrado al mar un tambor de 200 litros, y perforado en múltiples lugares su similar cuyo trincado logro mantenerlo abordo. Averías en tableros, cajas de electricidad, cableado y estiba de amarras ubicados en la toldilla no tuvieron influencia alguna en la operación posterior.

EI otro acontecimiento destacable fue la operación del helicóptero WG13 Sea Linx del buque en condiciones meteorológicas en el límite de su capacidad durante la mañana y tarde del 30 de abril, cuando fue necesario trasladar abordo al Comandante de la Fuerza de Tareas de Desembarco, Contraalmirante Busser y oficiales de su Estado Mayor desde el BDT "Cabo San Antonio". Cuando durante la mañana regresaba con las mencionadas autoridades, el viento aumentó a 55 nudos, efectuando el anavizaje con dicha intensidad de viento de cola, mientras el buque navegaba a 25 nudos popa al viento cabeceando con violencia y barrenando las olas, lo cual le producía permanentes guiñadas de hasta 30 grados a cada banda del rumbo ordenado. En la oportunidad se puso de manifiesto la gran capacidad del Sea Linx para operar en condiciones meteorológicas adversas y el valor y la pericia con que los pilotos del helicóptero afrontaron una situación de altísimo riesgo totalmente fuera de lo previsible.

EI buen tiempo reinante el día 01 de abril permitió hacer nuevo acopio de nafta para los motores fuera de borda proveniente de los otros buques de la Fuerza de Tareas, completándose medio tanque para cada bote. Permitió también hacer un ensayo final de la maniobra de arriado de botes y la preparación final de todo el material.

A las 20:10 horas se inició la aproximación a Puerto Enriqueta cumpliendo la derrota y cronograma previstos. La radio de Puerto Argentino ya a esa hora alertaba a los pobladores sobre la posibilidad de un desembarco durante la noche o al día siguiente, escuchándose al propio gobernador confirmando esta presunción. A la hora mencionada se cubrieron puestos de combate según el esquema previsto para el desembarco, las estaciones de arriado de botes, y se ordenó ocultación total de luces. Una luna alta en cuarto creciente que aparecía intermitentemente entre nubes ayudaba a hacer menos complicada la labor del personal en una cubierta totalmente oscurecida.

La entrada a la caleta debió hacerse exclusivamente navegando por radar y con la apreciación visual que permitía un visor nocturno infrarrojo perteneciente al helicóptero. Cabe acotar que este visor fue de inestimable ayuda ya que posibilitaba confirmar visualmente que lo que se vela en el radar tenía adecuado correlato con la realidad, además de asegurar pasar claros de rompientes sospechosas y campos de cachiyuyos que pudieran denotar bajo tondos. Fue particularmente tranquilizante comprobar que lo que aparecía en el radar coincidía ajustadamente con el cuarterón confeccionado abordo a partir de la fotografía aérea.

La entrada fue a velocidad muy lenta y con control de profundidad permanente, constatándose que lo que al respecto decían los derroteros argentino e inglés era correcto. Finalmente a las 21:00 horas se fondeó dentro de Puerto Enriqueta 1300 yardas al SW de Punta Caballo, en tenedero de piedras y barro.

Durante la parte final de la aproximación y mientras el buque estuvo fondeado se observó la presencia de patrullas a pie y en vehículos desplazándose a lo largo de la costa inmediatamente frente al punto de fondeo. Confirmado por relatos de procedencia inglesa, estas patrullas escucharon el ruido de los motores de los botes ZODIAC y de los generadores del buque pero nunca lograron corroborar su presencia mediante avistajes.

Inmediatamente del fondeo se inició el arriado de botes y prueba de sus motores en el agua, amarrándoselos por largo en dos filas por la popa del buque con sus motoristas a bordo a medida que estaban listos.

Tan pronto se alistaron el kayak y tres de los botes, se largó a tierra el grupo de reconocimiento de playa provisto de un equipo de radio mediante el cual fue vectoreado por radar desde el buque por medio de mensajes muy cortos que cuando era estrictamente imprescindible se cursaban tratando al máximo de mantener un perfil bien discreto.

Cuando el grupo estuvo cerca de la costa y dificultado su avance por grandes campos de cachiyuyos, su jefe decidió descartar el punto de desembarco planificado y desembarcar en un lugar mucho más cercano al buque que el originalmente seleccionado, marcando a las 21:35 horas su posición con una luz dirigida apuntada hacia el mar, perfectamente visible desde abordo.

A las 22:45 horas se largó el grupo principal llegando al lugar de desembarco marcado a las 23:30 horas. Mientras este grupo se dirigía a tierra se destacó desde la costa un ZODIAC tripulado por un solo hombre con la misión de guiarlos al punto de desembarco. Este bote se cruzó con la larga fila formada por los otro 18 a una distancia no mayor de 200 metros sin que se avistaran mutuamente, deteniéndose finalmente en el medio de la caleta sin poder avistar ni el buque ni la costa. Advertido el problema en el radar, se aguantó la maniobra de levar anclas y se hicieron dos cortos destellos apuntados hacia el bote con una linterna lápiz que fueron suficientes para que el bote continuara y llegara a la posición del buque, a donde arribó prácticamente sin combustible. Habla muy bien de la entereza, valor, lealtad y orgullo profesional del tripulante de este bote (Cabo Principal Enfermero Pereyra), el hecho de que haya resultado extremadamente complicado "convencerlo" de que no podía volver solo a reunirse con el grupo desembarcado porque el buque estaba zarpando y el punto de desembarco ya no estaba marcado.

EI buque zarpó finalmente a las 23.53 horas del 01 de abril, dirigiéndose a su estación de apoyo de fuego naval donde permaneció hasta la finalización del desembarco principal. Cabe acotar que a las 06:30 horas y con el arribo de la ola de desembarco principal a la playa, desde abordo y en la frecuencia de la radioemisora de AM local, se difundió un comunicado en inglés donde se intimaba a la rendición y se solicitaba el proceder mesurado de la población a fin de evitar desgracias personales y daños materiales.

Producida la rendición se efectuaron vuelos de traslado de autoridades con et helicóptero, finalizando la jornada fondeando en Puerto Groussac a las 17:50 horas. A partir de ese momento y hasta el día 04 de abril permanecimos en et fondeadero operando como Central de Comunicaciones conjunta, asumiendo las funciones de Buque de Información de Combate y de Control Aéreo de Área, función esta última que se transfirió a la Fuerza Aérea Argentina una vez que su personal instaló el radar de control aéreo trasladado a Malvinas al efecto. EI 04 de abril et buque finalizó su intervención en la Operación Rosario iniciando su regreso a Puerto Belgrano.

Finalmente mi tributo de admiración para quienes, desembarcados del "Santísima Trinidad", dieron el 02 de abril su sangre y aún su vida en cumplimiento de su misión y en resguardo del honor de nuestra Patria. EI tiempo, que atenúa el dolor, no ha atenuado nuestro recuerdo, menos aún nuestra consideración y respeto.

SANTÍSIMA TRINIDAD D2 AFNE, Bs. As. JULIO 1981

Desplazamiento: 4100 tn a plena carga.
Dimensiones: 125,6 x 14,3 x 5,8 m
Propulsión: COGOG: 2 turbinas a gas de 50.000 HP. 2 turbinas a gas de 9.900 HP. - 2 ejes.
Velocidad: Máxima 30 nudos
Autonomía: 4.000 millas náuticas a 18 nudos.
Tripulación: 300 tripulantes
Misiles:
SUPERFICIE/AIRE
Lanzador doble British Aerospace Sea Dart MK30.
Cañones:
1 de 4.5" (115 mm)/55 Mk8, automático.
2 ametralladoras de 20 mm MK7.
Torpedos:
2 lanzadores triples de tubos lanzatorpedos 3/324 mm., torpedos AS-244 antisubmarino.
Radares:
Posee radares de búsqueda en aire y superficie. También de navegación y control de helicópteros y control de tiro.
Sonar:
Posee sonares para búsqueda y ataque.
Helicópteros:
1 SA 219 B Alouette III / Fennec AS 555.

Comentarios: Por contrato del 18 de mayo de 1970, entre el Gobierno Argentino y la empresa Vickers Ltd. inglesa se proyectó la construcción en el astillero Barrow-In-Furness del "Hércules" y en el Astillero y Fábricas Navales del Estado (AFNE) en Río Santiago', provincia de Buenos Aires, de la "Santísima Trinidad".

• Transcripto de libro Operación Rosario Compilador CLIM (R) Carlos A Busser AORIM, Grafica Benedetti 2da Edición

** Durante el conflicto con el grado de Capitán de Fragata se desempeñó como Comandante del Destructor ARA “Santísima Trinidad”. En la actualidad es socio activo de nuestra entidad y miembro de la Subcomisión Asuntos Académicos.

Fuente: http://www.aveguema.org.ar

EL PETRÓLEO Y LAS ISLAS MALVINAS


Una situación similar a la planteada en la actualidad dividió las aguas entre la Argentina y Gran Bretaña en los setenta.

En noviembre de 1974 trascendió en las islas Malvinas que el gobierno local había recibido solicitudes de concesiones para perforar pozos de exploración de petróleo en los alrededores. No se proponía otorgar ninguna, por el momento. Presumiblemente, porque el gobierno británico esperaba los resultados de un estudio geológico encargado a un equipo encabezado por Donald Griffiths, de la Universidad de Birmingham. En ese año, Perón evaluó una propuesta británica de arrendamiento de las islas. Al morir, el 01 de julio, esa propuesta no prosperó.

Mientras tanto, en el Consejo Legislativo de las islas el gobernador decía: "Ahora es el momento de examinar solicitudes de licencias para exploración de petróleo en vista de la certeza casi absoluta de futuras dificultades económicas para la colonia".

En marzo de 1975, el gobierno británico confirmó la recepción del informe de Griffiths. La Argentina comunicó entonces a las Naciones Unidas que no reconocía ni iba a reconocer "la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos (en las islas) por parte de un gobierno extranjero". Tampoco reconocía ni iba a reconocer e iba a considerar "insanablemente nula cualquier actividad, medida o acuerdo que pudiera realizar o adoptar Gran Bretaña con referencia a esta cuestión, que estima de la mayor gravedad e importancia".

Esta cuestión logró diluir los contactos y las conversaciones bilaterales en curso sobre la disputa de soberanía. Eran tiempos en los que se examinaba la posibilidad de un condominio sobre el territorio o del traspaso de la soberanía a nuestro país con un arriendo a favor de Gran Bretaña que incluía la explotación de los recursos sobre una base binacional.

Como consecuencia de la posibilidad de hallar hidrocarburos, el gobierno británico señaló en la Cámara de los Comunes que no tenía "duda alguna acerca de su soberanía sobre las islas Falkland y su correspondiente mar territorial" y que tampoco tenía duda alguna "acerca de sus derechos soberanos exclusivos de exploración y explotación de los recursos naturales de la plataforma continental". La búsqueda de entendimientos quedó así postergada por la posibilidad de encontrar hidrocarburos.

Ante lo sucedido, nuestro país recordó en la Asamblea de las Naciones Unidas, en 1975, que la cuestión está regida por las resoluciones 2065 y 3160 de la Asamblea General y que las partes debían abstenerse de innovar en aspectos fundamentales o de realizar actos inconsultos o unilaterales para no afectar las tratativas de negociación en marcha.

Treinta y seis años y una guerra después, los hechos se repiten. Una plataforma de exploración contratada por dos sospechosas pequeñas petroleras isleñas trabaja en el mar, al norte de las islas. Las frases y las reservas de entonces son calcadas, cual liturgia. Los mismos argumentos de ayer están, de nuevo, sobre la mesa.

La falta de diálogo y la actitud británica intransigente que contraría el principio de buena fe que debe prevalecer en las negociaciones internacionales, sumados a la innecesaria dureza que caracteriza nuestra posición nos colocan en la misma encrucijada en momentos en que las mejores técnicas de exploración y los precios más altos de los hidrocarburos estimulan las apetencias económicas y alimentan las ambiciones.

Esta circunstancia puede acelerar las reacciones, más allá de la imprescindible prudencia. Vuelve a complicarse la relación bilateral. Cuando en 2007 se dejaron de lado los acuerdos bilaterales trabajosamente alcanzados sobre esta cuestión, era evidente que debía preverse esta situación y prepararse para reaccionar con firmeza, pero también con altura, conducta y serenidad sin perder la cortesía. Es necesario recordar que también en las relaciones internacionales lo cortés no quita lo valiente.

Este nuevo desencuentro es el resultado de la incapacidad de ambas partes de acercar distancias a tiempo y procurar alternativas que no sólo preserven la paz, sino que, también, satisfagan a todos.

Fuente: La Nación. Publicado el 01 de marzo de 2010