20 de enero de 2011

UNA ESTRATEGIA POSIBLE - CON QUEJARNOS NO BASTA



Por: Andrés Cisneros

El nuevo hallazgo de petróleo en Malvinas todavía no supone que resulte rentable o que puedan extraerlo sin nuestra ayuda. Pero constituye, sin dudas, un avance. Lo que no registra avances es nuestra reacción: desgarrarnos las vestiduras, denunciar el despojo y adoptar medidas de retaliación, correctas, pero totalmente insuficientes para preocupar hoy en día a los ingleses.

En esa línea, el decreto 256 del 17 de febrero, que prohíbe el tráfico marítimo entre Malvinas y la Argentina continental, no es ni bueno ni malo. Así, por si solo, no servirá de mucho. Pero bien sucedido por años de medidas apropiadas, puede convertirse en el principio de una política de estado que nos beneficie.

La verdad, como casi siempre, se encuentra en algún punto intermedio, más bien cerca del extremo de nuestra relativa debilidad que de un optimismo triunfal. Pero es mucho mejor que nada: si finalmente hubiera petróleo, la medida de nuestras posibilidades de influir estará dada por la incidencia que el uso de nuestras costas continentales, y la aceptación argentina del ejercicio extractivo, puedan tener en la ecuación final de rentabilidad. En suma ¿Cuánto menos costaría la explotación si Argentina participara? Esa terminaría siendo la medida central de nuestra capacidad de negociación.

Las restricciones legales pueden resultar circunstancialmente útiles como piezas menores en un juego mayor: nuestras mejores posibilidades no residen en poner palos en la rueda, sino en presionar para defender nuestros intereses, sumándonos a los beneficios de una explotación rentable de los recursos, sin mengua de nuestros derechos, que para eso se diseñó el famoso paraguas de soberanía.

Ya Arquímedes sabía que no bastaba con la palanca, hacía falta un punto de apoyo. Las eventuales dificultades que podríamos generarle a un proyecto británico que nos deje afuera podrían constituirse, año tras año, en un punto de apoyo. Pero la palanca se tendría que construir en su doble dimensión interna y externa. Hacia adentro, debería conformarse mediante un acuerdo nacional que se mantenga en el tiempo aunque cambien los gobiernos. En Malvinas, los ingleses tienen políticas de Estado, nosotros no. Y hacia afuera, mediante una campaña larga sobre la opinión pública mundial que, luego del enorme retroceso del 82, está revalorizando, lenta pero perceptiblemente, a las alicaídas alegaciones argentinas.

En efecto, para el Foreign Office no es igual de fácil argumentar que la cuestión gira en torno de un puñado de heroicos civiles indefensos, arteramente invadidos por una dictadura militar fascista, que la bruta figura de una potencia colonial que, en pleno siglo veintiuno, se apropia del petróleo sin compartir una gota.

Debemos recuperar la discusión bilateral sobre soberanía que alguna vez mantuvimos, reconstruyendo el clima de confianza conseguido antes de la guerra. Hace medio siglo que el mundo acompaña la posición de la ONU: exhortar a que las partes se sienten a discutir soberanía y que, en tanto, ninguna de ellas altere la situación de hecho. Apropiarse sin consentimiento del petróleo o la pesca significa burlarse de ese mandato. Es sobre ese nuevo acto de piratería británico que podríamos apoyar nuestra palanca. Recientemente, hasta The Times (24/02/10) ha comenzado a reconocer que "el espíritu de los tiempos está de su lado" (argentino) "El clima diplomático está moviéndose en contra del enclave colonial, y aunque haya otros ejemplos, es fácil retratar a las Falklands como una anomalía anticuada." Sic. El vocero periodístico más encumbrado de la tradición conservadora británica nunca había ido tan lejos.

En la misma dirección, el 11 de marzo pasado, ocho ex Secretarios de Energía de la democracia hicieron público un documento proponiendo un plan decenal que potencie la explotación de nuestros hidrocarburos off shore, con llamado a licitaciones internacionales, a lo que podríamos sumar un acuerdo estratégico con Brasil, Chile y Uruguay con vistas al futuro desarrollo del entero Atlántico Sur.

Así, si dejamos de pelear entre nosotros y nos instalarnos en el mundo como un país que, sin declinar soberanía, ya está maduro para negociar razonablemente por los recursos, quizá terminemos aportando un nuevo corolario al principio de Arquímedes: Argentina podría perfectamente conseguir que comiencen a desatarse, al principio lentamente, los nudos que mantienen inmóvil al conflicto.


(*) Ex vicecanciller 1996/99

Fuente: Diario Clarín. Publicado el 09 de mayo de 2010

LOS GAUCHOS MALVINEROS



Por José Luis Muñoz Azpiri (*)

En 1833, a bordo del “HMS Beagle” capitaneado por Robert Fitz Roy, arribó a nuestras costas el joven naturalista Charles Darwin, mas tarde considerado “Con Shakespeare y Newton, la mayor contribución británica al mundo”.

Tras animarse a recorrer la Argentina entre malones y guerras civiles, visitó las Malvinas a los 24 años; era tan solo un eclesiástico aficionado a las ciencias naturales. El viaje de Darwin afirmó los mitos de Rosas y el gaucho en el mundo. Las hazañas de los gauchos que describe en el capítulo IX de su “Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo” recuerdan las proezas narradas en el “Facundo” en el escenario pampeano y rezuman admiración y simpatía por los naturales de aquellas islas.

“Describiré ahora la corta excursión que hice alrededor de una parte de esta isla. Partí por la mañana con seis caballos y dos gauchos, estos últimos eran hombres excepcionales para el propósito y acostumbrados a vivir de sus propios recursos (...) Por la noche nos cruzamos con un pequeño rebaño. Uno de mis compañeros que se llamaba Santiago, separó muy pronto del grupo una vaca gorda, hizo girar las bolas y disparó con tino, dándole en las patas, pero no se enredaron. Inmediatamente tiró el sombrero en el sitio donde habían quedado las bolas, sin dejar de correr a todo galope, preparó el lazo y tras una persecución durísima alcanzó de nuevo la vaca y la enganchó por los cuernos. El otro gaucho había ido adelante con los caballos de repuesto, de modo que Santiago tropezó con alguna dificultad para matar la furiosa bestia. Consiguió llevarla a un trozo de terreno llano, adelantándose siempre que la embestía y cuando no quería moverse, mi caballo que estaba entrenado para tal faena galopaba hacia la res por detrás, y con el pecho le daba un violento empujón. Pero aún estando el animal en terreno llano no parece empresa fácil para un hombre solo matar una res salvaje en el paroxismo del furor, como no sea a balazos. Y no sería, en efecto, sin la ayuda del caballo que apeándose el jinete aprende al punto, guiándose por el instinto de conservación, a mantener el lazo tenso, de suerte que si la vaca o toro se mueven hacia delante, el caballo avanza con la misma rapidez, y si aquellos se paran el caballo sigue tirando, inclinado a un lado”.

Todo el relato de Darwin es una elegía a la habilidad y bizarría de sus ocasionales compañeros y hacia lo que posteriormente abonaría uno de los ejes de su teoría: la adaptación del hombre al medio. No ahorra adjetivos al referirse a los habitantes del archipiélago: “Era admirable contemplar la destreza con que el gaucho se movía”, “aunque no lo parezca, en realidad deben de hacer un gran ejercicio muscular cuando montan, “La caza de reses es una faena durísima” “Gauchos de constitución férrea”, etc.

En un territorio que denomina como “miserables islas”, “No salía de mi asombro, al ver que los gauchos que en medio de la lluvia y cuando todo chorreaba agua, sin otros medios que un yesquero y un pingajo de algodón hicieron fuego inmediatamente. Buscaron debajo de los manojos de hierba y matas unos cuantos palitos secos que dividieron en finas astillas; luego las rodearon con otras mas gruesas, formando una cavidad parecida al nido de un pájaro; pusieron dentro el trapo con su chispa de fuego, y lo taparon todo. Después sostuvieron el nido en alto, exponiéndolo al viento, con lo que por grados empezó a humear más y más, hasta que al fin ardió en llamas. Creo que ningún otro procedimiento hubiera tenido probabilidades de dar resultado con materiales tan húmedos”.

No hay registro que Darwin haya tomado un mate amargo, pero sí de haber descubierto un manjar inolvidable: el asado con cuero. “Es un bocado tan superior a la carne de vaca ordinaria como el venado lo es al cordero. Se puso encima de las brasas un gran trozo circular sacado del cuarto trasero, con el pellejo hacia abajo, en forma de plato, de suerte que no perdió nada de a sustancia. Si algún respetable regidor de Londres hubiera cenado con nosotros aquella noche “carne con cuero” indudablemente no hubiera tardado en celebrarse en Londres”.

Tras los sucesos de Mayo, las autoridades de Buenos Aires, de quienes dependía el gobierno de Malvinas, asumieron la legítima soberanía que habían heredado de España en 1820, enviando al archipiélago la fragata “La Heroína”, que procedió a enarbolar el emblema patrio mientras una salva de 21 cañonazos advertía a los numerosos barcos extranjeros el nuevo estado de cosas.

No mucho tiempo después, un hamburgués de familia francesa, que gozaba de las nacionalidades norteamericana y argentina, recibiría en concesión todos los baldíos de la isla Soledad: Luis Vernet. Era tal su tesón y espíritu emprendedor, que de no haber mediado la usurpación hubiera transformado a la humilde colonia en una nueva Vancouver. Numerosos colonos, algunos con sus familias, llegaron de Europa o se embarcaron en Montevideo provistos de ganado, útiles de agricultura y pesca. Los gauchos y algunos negros para el servicio lo hicieron en Buenos Aires, mientras que desde la zona magallánica arribaron algunos indios patagones.

La gobernadora argentina, María Sáenz de Vernet, desembarcó con un piano y una nutrida biblioteca donde, según comentario de Fitz Roy, se encontraban representadas las principales obras editadas en Europa en diversos idiomas. No tardó el árido paraje de Puerto Soledad en adquirir semblanza de urbanidad, tal como lo detalla la Sra. Vernet en su meticuloso diario, que bien podría haber llevado la firma de Emily Brönte. En el mismo, donde se describe diariamente el estado del tiempo con la meticulosidad de un meteorólogo, observamos que pese a la distancia y el aislamiento la pequeña colonia no carecía de vida social. Doña María ofrecía conciertos de piano y canto, organizaba tertulias y minués, tanto para ocasionales marinos visitantes como para los propios colonos. Célebre fue una festividad de las familias alemanas a la que fueron invitados todos los criollos. En medio de la jarana hizo su aparición un pasajero del bergantín “Betsie”, recién llegado de Buenos Aires, que esgrimiendo un arma de fuego amenazó con matar a todos los presentes. Estaba completamente mamado, tal vez exaltado ante la presencia de tanto gringo en tierra argentina, y animado por el espíritu que más tarde engendraría un Martín Fierro o un Santos Vega, se permitió una bravuconada que culminó en la celda del pueblo. Fue un precursor del nacionalismo argentino, pero los acontecimientos posteriores de la historia de la precoz aldea, lamentablemente no fueron tan risueños.

Gran parte de la historia de las Malvinas está preservada en el folklore del lugar. Particularmente en el lenguaje del campo, donde aún se usan palabras castellanas para designar los colores de los caballos y de las partes de la montura. Alexander Betts, un malvinense de cuarta generación que hasta 1982 vivió en las islas y actualmente, casado con una argentina reside en Córdoba, relata que “Todo el mundo en las islas sabe de lo que se está hablando cuando se dice alazán, zaino, malacara, manchau, rosillo o moro picaso. Del mismo modo se dice bozal, cabestro, bastos, soga-cincha, cojinillo, maneas, tientos, pretal y muchos más. Todo esto, obviamente, es el legado de los gauchos que anduvieron por estas islas. También quedaron nombres castellanos de algunos puntos geográficos, como Dos Lomas, Horqueta, Cantera, Bombilla, Rincón Grande, Rió Malo, Cuero Brook, estancia, cerritos, Colorado Pond, y muchos otros. Y hay una marca más de la influencia gaucha: el che. Tan usado es el término por los isleños que muchas veces los extranjeros en las islas se refieren a los locales como los ches”.(Betts, Alexander. “La verdad sobre las Malvinas. Mi tierra natal” EMECE.1987).

Las incursiones geográficas por nuestras costas por parte de las potencias europeas distaban mucho de ser inocentes viajes científicos. Destaca el historiador John Cady: “Hacia la época (1850) Palmerston, primer ministro de Inglaterra, proyectaba apoderarse del Estrecho de Magallanes y la Patagonia. La aserción se funda en el testimonio de una comunicación de Palmerston a Henry Southern, del 19 de julio de 1850, existente en los archivos del Foreing Office y de una nota de Normandy al primero de los nombrados del 5 de agosto de igual año.. Palmerston fue quién ordenó en persona, en 1832, la ocupación de las Malvinas. Además, en la “Narración de los viajes de levantamiento de los buques de S.M.B.”, obra en varios volúmenes que se encuentra en la Biblioteca Nacional, comprobamos que barcos hidrógrafos, como el “Adventure”, se aproximaban a nuestros litorales como primer paso para adueñarse del llamado “Pays du Diable”, o sea la Patagonia. El viaje de levantamiento de la “Beagle”, fue una empresa de este tipo. Un funcionario argentino de ese entonces, el Cnel. Crespo, opuso reparos fundados a las investigaciones fueguinas de Fitz Roy, y tanto el como el joven naturalista de a bordo fueron vigilados celosamente por nuestras autoridades, según se halla expreso en un documento que conserva el archivo de nuestra Chancillería. No fue el único. Hombres como Pacheco, Guido y Rosas también miraron con desconfianza esta expedición que sirvió a los objetivos de dominación británica, según se desprende del propio Diario de Darwin. Solo de esta forma se comprende que un hombre de su aguda inteligencia pueda haber afirmado. “Después de haberse disputado Francia, España e Inglaterra la posesión de estas miserables islas, permanecieron inhabitadas. El gobierno de Buenos Aires las vendió más tarde a un particular, sin haberlas utilizado más que para un establecimiento penal, como la vieja España había hecho antes. Inglaterra invocó sus derechos y las ocupó. El inglés que quedó a cargo de la bandera fue posteriormente asesinado. Se envió a continuación un oficial sin proveerle de la fuerza necesaria y a nuestra llegada le hallamos encargado de una población compuesta en más de su mitad de rebeldes y asesinos fugitivos. El teatro es digno de las escenas que en él se representan.”

Los presupuestos de la verdad parecían también “evolucionar” para Darwin. Francia, España e Inglaterra no se disputaron la posesión de las islas; éstas fueron siempre españolas. Las islas nunca permanecieron inhabitadas; gozaron de población y gobiernos regulares, desde 1767 a 1811; nueve años después se reasumió allí la soberanía argentina. El gobierno de Buenos Aires nunca vendió las islas, y las utilizó como algo más que colonia penal (explotación industrial, comercial y pesquera). No sabemos a cuáles derechos ingleses se podrá referir el viajero, Las “escenas” que allí se representaban eran resultado directo de la usurpación inglesa. La especialidad de Darwin era a lo que parece la historia.....natural.

(*) José Luis Muñoz Azpiri (h), nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).

Fuente: http://lagazeta.com.ar/gauchos_malvineros.htm

LARGA USURPACIÓN DE MALVINAS



La historia, en una imagen: en 1831, una agresión norteamericana abrió la puerta para que dos años después invadieran los británicos

Por Felipe Pigna (*)


Nave argentina en las islas
El marino y pintor Emilio Biggeri (1907-1977), autor de este óleo de la fragata Heroína, tiene una gran obra pictórica dedicada a la historia de la Armada argentina y a las principales batallas navales de nuestra historia.



En estas épocas de inverosímiles "guerras preventivas", pocos recuerdan que fueron las dos potencias protagónicas del actual desatino mundial las que hace 175 años acordaron la usurpación de nuestras islas Malvinas.

España venía ocupando discontinuamente el archipiélago desde que fue descubierto y bautizado como Islas de San Antonio por hombres de la expedición de Magallanes en 1520. A comienzos de 1811, el virrey Elío, que desobedecía a la Junta revolucionaria de Buenos Aires, ordenó desde Montevideo el abandono de Puerto Soledad en las Islas que ya habían sido bautizadas Malouines por marinos franceses procedentes de Saint Malo en 1708.

El 27 de octubre de 1820, cumpliendo órdenes del ministro de Guerra y Marina, Matías Irigoyen, llegó a Puerto Soledad al mando de la fragata "Heroína" el ex coronel del ejército norteamericano David Jewett, que desde 1815 estaba al servicio de las Provincias Unidas. El marino le escribía orgulloso al gobierno: "Tengo el honor de informar a usted de mi llegada a este puerto, comisionado por el superior gobierno de las Provincias Unidas de la América del Sur, para tomar posesión de estas islas en nombre del país al que pertenecen por la ley natural".

A partir de entonces se estableció una pequeña colonia argentina dedicada a la pesca y a la ganadería ovina. El 10 de junio de 1829, el gobernador delegado Martín Rodríguez creó la Comandancia política y militar de Soledad y designó a su frente al comerciante alemán nacionalizado argentino Luis Vernet. El decreto establecía la continuidad histórica y jurídica de los derechos soberanos. Vernet llevó adelante una activa comandancia: construyó viviendas, levantó un relevamiento topográfico, montó un saladero de pescado y carne y una curtiembre y construyó la goleta Águila.

La depredación de la zona preocupó al gobierno de Buenos Aires que, en octubre de 1829, prohibió la pesca y captura de ballenas hasta que en 1831 Rosas reemplazó la prohibición por un impuesto a los buques pesqueros. Pero los barcos balleneros pasaban de largo por Puerto Soledad eludiendo el impuesto y depredando a gusto.

Harto de esta situación, Vernet se decidió a actuar y apresó a los balleneros norteamericanos Harriet y Superior que sin permiso estaban cargando pieles de foca, mientras que un tercero que desarrollaba las mismas actividades pudo darse a la fuga. Vernet personalmente llevó a la Harriet a Buenos Aires, con su capitán, Gilbert Davison, detenido a bordo.
Los norteamericanos no se iban a quedar tranquilos y el 28 de diciembre de 1831, el capitán Silas Duncan, al mando de la fragata estadounidense Lexington, desembarcó en Puerto Soledad, atacó sus instalaciones, destrozó la artillería, quemó la pólvora, tomó prisioneros a seis oficiales argentinos, arrió la bandera celeste y blanca y declaró a las Islas "libres de todo gobierno".

El gobierno de Buenos Aires reaccionó enérgicamente y Rosas le pidió al ministro Manuel Maza que presentara una protesta formal ante Washington. El cónsul Slacum y el encargado de negocios Bayles fueron declarados personas no gratas y expulsados del país. Pero antes de partir, los agentes le "avisaron" al ministro inglés, John Woodbine Parish, que los Estados Unidos sólo pretendían permisos de pesca y que las islas estaban desguarnecidas y muy fáciles de tomar, invitando a los súbditos de Su Graciosa Majestad a invadir las islas.

El jefe de la estación naval británica en América del Sur, con sede en Río de Janeiro, sir Thomas Baker, impartió la orden y el 2 de enero de 1833 se presentó en Malvinas la corbeta inglesa Clío al mando del capitán John James Onslow. El gobernador provisorio Pinedo se negó a arriar el pabellón argentino, pero la fuerza pudo más y debió rendirse y regresar con su gente a Buenos Aires.

El 15 de enero el ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, Maza, reclamó por el atropello ante el ministro inglés, Philip Gore, pero no hubo de parte de Londres siquiera una flemática respuesta.

Cuando el escocés Mateo Brisbane, un antiguo colaborador de Vernet, llegó a Malvinas el 3 de marzo, decidió ponerse al servicio de los ingleses. Obtuvo la confianza de los invasores y mantuvo como colaboradores a Juan Simón, un francés que trabajaba como capataz desde la época de Vernet, y al despensero de las islas, el irlandés William Dickson. Tanto el francés como el irlandés explotaban y maltrataban a los peones: les prohibieron faenar ganado y pretendieron pagarles sus magros jornales con vales que no eran aceptados en la despensa de Dickson, la única de las islas. La situación se fue tornando desesperante para los peones, que no se quedaron con los brazos cruzados.

El 26 de agosto de 1833 estalló la rebelión. Al frente se puso el gaucho entrerriano Antonio Rivero. En pocas horas terminaron con las vidas de todos los extranjeros y enarbolaron nuevamente la bandera argentina. Así se mantuvieron por cinco meses, mientras esperaban que Buenos Aires enviara una expedición para ayudarlos, la que nunca llegó.

Los que sí llegaron fueron los ingleses. Fue el 7 de enero de 1834. A bordo de la fragata Challenger arribó el teniente Henry Smith para asumir como gobernador británico en las islas. Rivero y sus hombres resistieron dos meses, hasta que fueron capturados el 18 de marzo y enviados a Londres para ser juzgados. Finalmente el tribunal de Su Majestad le encomendó al almirantazgo que los devolviera a Montevideo, adonde llegaron a mediados de 1835. Según José María Rosa, Antonio Rivero murió heroicamente el 20 de noviembre de 1845 enfrentando la flota anglo-francesa en el combate de la Vuelta de Obligado, que pasará a la historia como del día de la soberanía nacional.

Rosas intentó canjear las islas por la cancelación del empréstito contraído por Rivadavia con la casa Baring en 1824, nuestra primera deuda externa. La misión le fue encomendada al embajador argentino en Londres Manuel Moreno, el hermano de Mariano. La idea era impracticable porque si Inglaterra se sentaba siquiera a negociar, estaba reconociendo la soberanía argentina sobre el archipiélago, cosa que no estaba ni está dispuesta a aceptar.

El 25 de julio de 1848 se debatió en el Parlamento británico el presupuesto del Imperio y William Molesworth dijo en su discurso: "Ocurren aquí las miserables Islas Malvinas, donde no se da trigo, donde no crecen árboles. Soy del parecer que esta inútil posesión se devuelva al gobierno de Buenos Aires, que justamente la reclama" (1). La confesión de parte no tuvo repercusiones en el gobierno británico que tenía muy clara la importancia estratégica del archipiélago situado frente al único paso interoceánico existente entonces en América, el estrecho de Magallanes.

Lo que siguió fue la más absoluta intransigencia del Reino Unido a siquiera considerar el tema de la soberanía y una guerra decidida por los más injustos e ineptos comandantes de que tengamos memoria y peleada por heroicos combatientes a los que es de buenos argentinos no olvidar.

(1) Morning Chronicle, Londres, 27 de julio de 1848.

(*) Felipe Isidro Pigna (Mercedes, Buenos Aires, 29 de mayo de 1959) es un historiador y escritor argentino especializado en la historia de Argentina. Realiza trabajos en diversos formatos, y es considerado por el programa Ver para leer como el historiador con más difusión en la Argentina después de Félix Luna

Fuente: Diario Clarín. Publicado el 30 de marzo de 2008

4 de enero de 2011

THATCHER PIDIO AYUDA CONTRA ARGENTINA


Por Leonardo Boix

La ex primera ministra Margaret Thatcher pidió ayuda a Irlanda y a otros "aliados naturales" de Gran Bretaña, incluidos Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, para "destruir" a Argentina en la Guerra de las Malvinas (1982), según documentos gubernamentales desclasificados por los Archivos Nacionales del Reino Unido.

La "Dama de Hierro", según esos documentos, instó al por entonces primer ministro irlandés, Charles Haughey, a "golpear duro" a Argentina, a raíz del conflicto desatado cuando la dictadura de ese país lanzó un operativo militar de recuperación por la fuerza de las islas, ocupadas desde 1833.

Los documentos confidenciales mostraron que Thatcher pidió personalmente a Haughey que interrumpiera el comercio internacional con Argentina.

La ex primera ministra dijo sentirse forzada a buscar ayuda de "amigos cercanos" pues sospechaba que la Unión Soviética bloquearía cualquier sanción propuesta por Naciones Unidas.

"Ahora busco su ayuda personal para implementar la introducción urgente de medidas económicas y financieras contra Argentina, tras una acción coordinada nacional contra nosotros", escribió Thatcher a Haughey.

En el mensaje, titulado "personal y confidencial", la mandataria afirmó que Argentina "había dejado en claro" que desafiaría la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 03 de abril de 1982 de retirar sus fuerzas de Malvinas.

Al pedir toda la ayuda posible para "destruir" a las "tropas invasoras argentinas", Thatcher dijo que las medidas económicas y financieras "tendrían un impacto particularmente poderoso" contra el régimen de Leopoldo Galtieri, uno de los cabecillas de la última dictadura militar, iniciada con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

La gobernante, además, aceptó abiertamente que las sanciones de la ONU golpearían tanto a la economía irlandesa como a la de Argentina.

"Sé que estas medidas afectarán sus intereses económicos", dijo el mensaje, pero insistió en que obligaría al gobierno argentino "a entrar en razón" y a retirar "pacíficamente" sus tropas de las islas del Atlántico Sur.

Además de una prohibición completa al abastecimiento de armas, un embargo a todas o algunas importaciones de Argentina, Thatcher también pidió a Irlanda prohibir las garantías de crédito y préstamos internacionales a ese país.

Predijo también que los mercados monetarios internacionales "cesarían sus préstamos" a Argentina debido a la crisis económica, y apeló directamente a Haughey: "Le pido que no provea incentivo o ayuda alguna" a Argentina.

Según los documentos desclasificados, Thatcher hizo pedidos similares a "aliados naturales" de Gran Bretaña, incluidos Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Gran Bretaña y Argentina libraron un conflicto armado entre el 02 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía de las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sándwich del Sur, ubicadas en el Atlántico Sur.

Ese archipiélago fue tomado por la fuerza en 1833 y ocupado desde entonces por el Reino Unido. Argentina sigue reclamando la recuperación de su soberanía.

La Guerra de las Malvinas causó la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños, y llevó al derrumbe de la dictadura argentina.

Los informes secretos se hicieron públicos en virtud de una ley que permite desclasificar documentos secretos guardados en los Archivos Nacionales a los 30 años de su emisión.

Fuente: http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/rubriche/mundo/20101230180635197662.html

A 178 AÑOS DE LA OCUPACIÓN, ARGENTINA REAFIRMÓ LA SOBERANÍA DE MALVINAS


Con motivo de cumplirse 178 años de la "ocupación ilegal" inglesa de las Islas Malvinas, el Gobierno reafirmó hoy, una vez más, los imprescriptibles derechos de soberanía de la República Argentina sobre ellas, las Georgias del Sur y Sandwich del Sur, de acuerdo un documento que emitió hoy la Cancillería.

"La República Argentina considera incomprensible la negativa británica a abordar la cuestión de fondo para encontrar una solución pacífica y definitiva a la controversia de soberanía", señaló el comunicado que lleva la firma del canciller Héctor Timerman. Además, se recordó que apenas se produjo la ocupación del territorio de ultramar, el 3 de enero de 1833, se protestó inmediatamente y el acto nunca fue consentido por el país.

Malvinas, un estratégico portaaviones

A propósito de la fecha, el veterano de la guerra del Atlántico Sur, de 1982, Miguel Giorgio, funcionario del PAMI de Lanús, de Buenos Aires, compartió su punto de vista con LA GACETA: "Malvinas, convertida hoy en un estratégico portaaviones de la OTAN, no hace más que reafirmar el carácter imperialista de la corona inglesa, que cuida por medio de la fuerza su novedosa unidad de negocios, la pesca, el petróleo y en breve el agua potable (la Antártida)".

"Es inadmisible que Argentina deba convivir con la amenaza de una fuerza militar a 600 km. de sus costas continentales y que buques de un reino extra marítimo naveguen, ejerciten y patrullen aguas argentinas y latinoamericanas", señaló Giorgio.

Finalmente, el veterano señaló: "es posible que solos no podamos concretar su recuperació,pero tenemos herramientas que nos puede ayudar: el Mercosur y los países integrantes de la UNASUR que ya demostraron su incondicional apoyo al reclamo soberano argentino". (Télam-Especial)

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/415632/Argentina/A-178-a%C3%B1os-ocupacion-Argentina-reafirmo-soberania-Malvinas.html