18 de octubre de 2022

EL LIBRO QUE REVELA DOCUMENTOS INÉDITOS SOBRE LA AYUDA DE PERÚ A LA ARGENTINA DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS

 

El texto relata los esfuerzos del presidente Fernando Belaunde Terry para evitar el conflicto armado en el Atlántico sur. Cómo fueron las intentos diplomáticos y el pedido de una tregua desde Lima. 

Por Adrián Pignatelli

Fernando Belaunde Terry fue presidente del Perú en dos oportunidades. Fue un firme impulsor de la unidad latinoamericana (Foto libro "La intervención del Perú en la controversia de las Islas Malvinas")

Es por todos conocida la postura de Lima en su apoyo a la Argentina durante el conflicto del Atlántico Sur. Sin embargo, en el libro “La intervención del Perú en la controversia de las islas Malvinas”, de Víctor Andrés García Belaunde, se revela el esfuerzo por llegar a una solución pacífica

El libro relata la guerra de Malvinas según la visión peruana. Ya en la frase que abre una lectura apasionante de la trastienda diplomática tanto de los prolegómenos de la guerra como de los enfrentamientos bélicos en sí, se revela la postura del Perú respecto a la Argentina: “En esta hora en la que la nación argentina es víctima del bloqueo bélico y de sanciones económicas injustificables, expreso a vuestra excelencia la decisión del Gobierno y pueblo peruanos de prestar todo el apoyo a nuestro alcance en la defensa de sus legítimos intereses nacionales y de la causa de la unidad latinoamericana”. Firmado por el presidente Fernando Belaunde Terry. Está fechado el 30 de abril de 1982.

El libro constituye un aporte histórico para los estudiosos del conflicto, más aún cuando su autor era un joven de 29 años y sobrino del presidente, cuando se desempeñó como secretario del Consejo de Ministros entre 1980 y 1982, transformándose en un testigo privilegiado de los esfuerzos diplomáticos por no llegar al enfrentamiento en el campo de batalla. 

La mediación peruana era noticia. Hasta el ataque al crucero General Belgrano, Belaunde Terry no había perdido las esperanzas (Diario La Nación del 2 de mayo de 1982)

García Belaunde echa por tierra la opinión mezquina de los que aventuraron que Perú apoyó a la Argentina con la esperanza de obtener un aliado en sus reclamos a Chile por los territorios perdidos durante la guerra del Pacífico. 

Nada más alejado de la realidad de entonces: una encuesta realizada en Perú indicó que en mayo de 1982 85,8% respaldaba a la Argentina y un 71,8% estaba dispuesto a ir a combatir a las islas. 

El libro publica dos fotos de aviones Mirage que Perú envió a nuestro país (Fotografía libro "La intervención del Perú en la controversia de las Islas Malvinas")

A través de la lectura de sus páginas, el libro demuestra que el apoyo de Perú a nuestro país no fue circunstancial, sino que obedecía a raíces muy profundas de hermandad y de solidaridad, con antecedentes históricos. Fue crucial el papel de José de San Martín en el proceso independentista peruano, y hubo otros argentinos que se brindaron a servir al país aún a riesgo de su propia vida. Fue el caso de Roque Sáenz Peña quien se enroló como voluntario en el ejército peruano en la guerra que los enfrentó a Chile entre 1879 y 1884. 

Cuando el 3 de enero de 1833 los británicos se apropiaron de Malvinas -el autor la describe como “invasión”- el Perú le envió al gobierno argentino documentación del siglo XIX, incluyendo un mapa de 1769, que sostenían que las islas pertenecían a la corona española. 

El libro fue presentado en el Palacio San Martín. Contó con la presencia del autor y de diplomáticos de ambos países (TELAM/Raul Ferrari)

“Honestidad, lealtad y solidaridad”, describió el autor como los principales atributos que guiaron a Fernando Belaunde Terry, quien ejerció la primera magistratura en dos oportunidades: entre 1963 y 1968 y entre 1980 y 1985. 

El libro ofrece un valioso aporte, que son los cablegramas generados entre Perú, la Argentina, Gran Bretaña y los Estados Unidos. El primer cablegrama está fechado el 8 de abril de 1982. Hay un nutrido material, que incluyen mensajes entre la cancillería peruana y sus embajadas en la Argentina, el Reino Unido y los Estados Unidos; están los generados en la embajada del Perú en Buenos Aires, en Londres y en Washington y cablegramas recibidos por el ministerio de relaciones exteriores peruanos. Son una fuente de datos y detalles que pintan los esfuerzos, a contrarreloj, de Belaunde Terry por llegar a una solución pacífica. 

En el mismo sentido, queda de manifiesto sus gestiones para encolumnar a las naciones latinoamericanas detrás de la causa Malvinas. Durante su primer mandato, cuando participó de la reunión cumbre de jefes de estado americanos sostuvo una visión integradora de América Latina, idea que puso en práctica durante la guerra. 

Con prólogo del presidente Alberto Fernández, el libro brinda una detallada crónica documentada del apoyo peruano a la Argentina

El 3 de abril de 1982 el gobierno peruano emitió su primer comunicado, en el que apoyaba la reivindicación argentina sobre las islas, en el marco del proceso de descolonización estipulado por resoluciones de Naciones Unidas, e instaba a dirimir el conflicto en forma pacífica. 

El presidente Terry propuso “una honrosa e inmediata tregua”, a fin de llevar adelante negociaciones diplomáticas. El canciller argentino Nicanor Costa Méndez dijo que valoraba la iniciativa y que el país no se proponía iniciar hostilidades. Su par inglés también agradeció y que se estaban esforzando en llegar a una solución pacífica. Solo ponía un requisito por delante: el retiro de las fuerzas argentinas de las islas. 

Apoyado por documentos, García Belaunde describe cómo Gran Bretaña de todas maneras rechazó una tregua de 72 horas que proponía el peruano. 

El 30 de abril le mandó un telegrama al General Leopoldo Galtieri, donde manifestaba el apoyo del gobierno y del pueblo peruanos en la defensa de los legítimos intereses nacionales y de la causa de la unidad iberoamericana. “Argentina ostenta títulos ancestrales e inobjetables”, sostuvo. 

El libro transmite los esfuerzos del primer mandatario por poder cumplir con la misión que se había impuesto, y las demoras de los dos países en conflicto -Gran Bretaña ponía como condición el retiro de las tropas argentinas y Galtieri admitió que las decisiones debía consultarlas con la Junta Militar- fueron dos grandes escollos para llegar a buen puerto a lo que se había propuesto: llegar a “una paz digna, justa y oportuna”. 

El hundimiento del Belgrano significó el fin del acuerdo de paz. Terry justificó su apuro en las respuestas a las propuestas. Dijo que de haber tenido las respuestas a tiempo, no hubiera ocurrido el hundimiento del crucero. A García Belaunde le parece extraño que los documentos ingleses referidos al Belgrano recién serán desclasificados en el año 2072. 

Años después Terry confirmó que sus conversaciones eran grabadas por los servicios secretos ingleses y norteamericanos. 

Asimismo, se detalla el envío de una decena de aviones Mirage en una misión secreta, que llegaron tarde al país y que no pudieron ser empleados. También da cuenta de una misión de observadores a la zona del conflicto, a comienzos de mayo. De la misma forma, se describe la triangulación de compra de armamento de la Argentina a Israel, que se hizo vía Perú. 

Hay un capítulo dedicado a “la ambigua reacción de Chile”, en el que el autor hace “un balance imparcial” del país vecino en su ayuda a Gran Bretaña. 

Víctor Andrés García Belaunde es abogado, político y empresario y su obra se presentó en la Feria Internacional del Libro en Lima. También trajo su libro a Buenos Aires y lo difundió en un acto realizado en el Salón Libertador del Palacio San Martín, que estuvo encabezado por el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona. Además del autor, participaron el embajador argentino en Lima, Enrique Vaca Narvaja; su par de Perú en Buenos Aires, Peter Camino Cannock, y la directora nacional de Malvinas e Islas del Atlántico Sur, Sandra Pitta. 

García Belaunde habló de la unidad en el pueblo peruano en torno a las Malvinas, que es la misma unidad de la que hablaba José de San Martín cuando contribuyó a la liberación de ese país. La semilla había rendido su fruto. 

Fuente: https://www.infobae.com

5 de octubre de 2022

AMPLIO APOYO EN LA ONU AL RECLAMO ARGENTINO POR LAS ISLAS MALVINAS

 

El tema se trató en la primera sesión del Debate General conjunto sobre temas de descolonización de la Comisión de Política Especial y Descolonización de la Asamblea General. 

El reclamo argentino para que el Reino Unido reanude las negociaciones bilaterales para resolver la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes obtuvo un amplio apoyo internacional, en la primera sesión del Debate General conjunto sobre temas de descolonización de la Comisión de Política Especial y Descolonización de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), informó el Palacio San Martín. 

El respaldo de los otros Estados miembros en la denominada "Cuarta Comisión" fue en respuesta a la posición presentada en ese ámbito por la Argentina en relación a la disputa por la soberanía en el Atlántico Sur. 

La postura argentina 

Según informó un comunicado de la Cancillería argentina, la Representante Permanente ante las Naciones Unidas, embajadora María del Carmen Squeff, expuso los fundamentos que sustentan los derechos argentinos y reiteró la invitación al Reino Unido a resolver pacíficamente la disputa de conformidad con lo dispuesto por la Asamblea General. 

En su exposición, la embajadora Squeff subrayó que la negativa británica a reanudar las negociaciones "no encuentra fundamento en el derecho internacional", ya que "en la cuestión de las Islas Malvinas nos encontramos con un territorio colonizado por el Reino Unido, sin que haya un pueblo sujeto a las subyugación, dominación o explotación colonial". 

La representante argentina llamó la atención sobre las "acciones unilaterales" desarrolladas por el Reino Unido en el área en disputa, que incluyen la "exploración y explotación ilegal de recursos renovables y no renovables" en el área y una "desproporcionada" presencia militar que resulta completamente injustificada "ya que todos los Gobiernos democráticos de la Argentina han reafirmado su decisión de resolver la controversia exclusivamente por medios pacíficos". 

En ese contexto, reiteró el interés del Gobierno argentino en los "buenos oficios" del secretario General de las Naciones Unidas para asistir a las partes en la disputa de soberanía y reanudar las negociaciones. 

El respaldo internacional 

Por su parte, el embajador de Ecuador, interviniendo en nombre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), recordó el "interés permanente" de los países de la región en que la Argentina y el Reino Unido "reanuden las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica y definitiva a la disputa", indica el comunicado oficial. 

En ese sentido, informó sobre el mandato de los jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad a su Presidencia Pro Tempore de que solicitara al secretario General la renovación de sus esfuerzos en el cumplimiento de la misión de buenos oficios sobre el tema y destacó la permanente "actitud constructiva y disposición del Gobierno argentino para alcanzar, por la vía de las negociaciones, una solución pacífica y definitiva a esta anacrónica situación colonial en suelo americano". 

El representante de Uruguay, en nombre de Mercosur y países asociados, reiteró el apoyo del bloque a los derechos argentinos y señaló que "la manera de poner fin a la especial y particular situación colonial de las Islas es la solución pacífica y negociada de la controversia entre las dos partes". 

Asimismo, advirtió que resultaba "imprescindible que el Reino Unido pusiera fin a la exploración y explotación de recursos naturales y que se abstuviera de promover ejercicios militares en la zona disputada" y reiteró el reconocimiento al "derecho que le asiste a la República Argentina de emprender acciones legales, con pleno respeto del Derecho Internacional, contra las actividades no autorizadas en dicha área". 

Durante la sesión hubo numerosos pronunciamientos: además de Ecuador y Uruguay, tomaron la palabra Nicaragua, México, Guatemala, Perú, Brasil y Panamá, quienes se manifestaron a favor de los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. 

El comunicado del Palacio San Martín, subraya el "agradecimiento" del Gobierno argentino a "todos los miembros de la comunidad internacional que se han pronunciado y se pronunciarán a lo largo del debate de la Cuarta Comisión en respaldo a la reanudación de las negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido como único modo de poner fin a la anacrónica situación colonial de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes". 

El debate sobre descolonización de la Cuarta Comisión continuará la semana próxima y se esperan más intervenciones en relación con la cuestión de las Islas Malvinas en respaldo de los derechos argentinos y de la reanudación de las negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido. 

En tanto, el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, destacó el apoyo recibido por la Argentina en el tratamiento de la Cuestión Malvinas en la Cuarta Comisión y agradeció el trabajo de la Representación Permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas, a cargo de la Embajadora Squeff. 

"La cuestión de las Islas Malvinas fue el centro de atención en la sesión de apertura del debate sobre descolonización de la Cuarta Comisión (Asamblea General de la ONU) donde la Argentina recibió un amplio respaldo a sus derechos de soberanía", escribió Carmona en su cuenta de Twitter. 

En junio de este año, el Comité Especial de Descolonización, órgano subsidiario de la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptó una nueva resolución sobre la cuestión de las Islas Malvinas en la que reiteró el llamado a la Argentina y el Reino Unido a reanudar las negociaciones de soberanía. 

A su vez, el tema estuvo presente en la Asamblea General celebrada en septiembre, oportunidad en la que el presidente Alberto Fernández reafirmó los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes y reiteró la disposición para retornar a la mesa de negociaciones con el Reino Unido. 

Fuente: https://www.telam.com.ar

26 de septiembre de 2022

MALVINAS: UN INGLÉS GUARDÓ 40 AÑOS EL CASCO DE UN SOLDADO ARGENTINO Y VIAJÓ PARA DEVOLVÉRSELO A LA HIJA

 

Mark Eyles Thomas lo encontró en el campo de batalla. Luego de conservarlo durante cuatro décadas, ubicó a la familia del veterano argentino Daniel Sírtori y recorrió más de 25 mil kilómetros para restituirlo. La historia llegó a TN y la Gente. 

Por Mariano López Blasco 

Mark Eyles Thomas junto a Virginia, hija del excombatiente. (Foto: gentileza familia Sírtori)

Virginia revisó su WhatsApp, vio la foto y automáticamente reconoció el casco. Lo asoció con una imagen que conocía de memoria: la de su papá, Daniel Sírtori, con una rodilla clavada en la nieve de Malvinas. 

Eran los primeros días del año y la joven (30) recibía una noticia: el veterano inglés Mark Eyles Thomas la estaba buscando para devolverle el casco que había usado el soldado de Chajarí durante la guerra que enfrentó a argentinos y británicos en 1982. 

“La aparición del casco simboliza la paz, une y deja atrás el odio” 

En esos días, Thomas finalmente logró contactarse con Virginia y le prometió que pronto viajaría a la Argentina para entregarle personalmente el objeto que perteneció a su papá. Cumplió con su palabra esta última semana. 

“La aparición del casco simboliza la paz. Une y deja atrás el odio. Mi viejo era eso. Era paz, unión y amistad. Él hizo aparecer el casco para dejarnos este mensaje. Lo siento así”, retrata Virginia a TN y la Gente con un hilo de voz. “Pasé dos días de emociones muy fuertes y quedé afónica. Disculpame”. 

Daniel Sírtori con su casco en Malvinas, hace 40 años. (Foto: gentileza familia Sírtori)

Virginia recibió el casco de manos de Thomas en un acto conmemorativo en el cementerio municipal de Chajarí, donde descansan los restos de su papá. “Me siento honrado de poder devolvértelo. El casco ha viajado más de 25 mil kilómetros y cruzó muchas zonas horarias. Estoy seguro de que tiene muchas historias para contar”, le dijo el veterano británico. 

Una de esas historias hizo escala en Santa Fe, donde vive Agustín Vázquez, un empleado de la administración pública seguidor de la causa Malvinas. Guiado por su pasión, el hombre entró en contacto con numerosos veteranos del país y del Reino Unido en los últimos años. Uno de ellos fue Mark Eyles Thomas. 

Thomas, que integró el 3PARA (Tercer Batallón de Paracaidistas) del ejército del Reino Unido durante la guerra, le escribió a Vázquez para que lo ayudara a encontrar a un veterano argentino. Ya contaba con una pista decisiva: el apellido Sírtori estaba escrito de puño y letra en el casco que el británico anhelaba devolver. 

El apellido del excombatiente, escrito de puño y letra en el casco. (Foto: gentileza familia Sírtori)

Un soldado que había combatido con el entrerriano en Monte Tumbledown encontró el casco en el campo de batalla y se lo dio a Thomas, quien lo conservó durante 40 años. Vázquez leyó el mensaje, se entusiasmó con la misión y finalmente, a través de Armando Scévola -excombatiente a cargo de la sala evocativa de Malvinas en Concepción del Uruguay que lleva el nombre de Sírtori-, logró ubicar a Virginia. 

A principios de la década del 80, al igual que muchos jóvenes, Daniel Sírtori ingresó al servicio militar obligatorio en el Centro de Instrucción del Parque Pereyra, en Villa Elisa, provincia de Buenos Aires. Luego fue trasladado al Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5) en Río Grande, Tierra del Fuego. Tenía 19 años cuando lo reclutaron para Malvinas. 

Finalizada la guerra, el “Gringo” -así lo apodaban amigos y camaradas- Sírtori volvió a Entre Ríos, ejerció su oficio de mecánico, se casó con Cristina Vello y juntos tuvieron a Virginia. El 3 de junio de 1999, a los 37 años, decidió quitarse la vida. 

Abril de 1982. Daniel Sírtori en Malvinas. (Foto: gentileza familia Sírtori)

“Yo tenía 6 años cuando se fue. Y aunque lo disfruté poco, puedo decirte que fue un papá maravilloso. Todo el mundo lo quería”, menciona la joven. Y sigue: “Sus amigos todavía lloran por él y lo recuerdan con retratos e incluso con pinturas en sus casas. Todos querían tocar y besar el casco. Pensar que mi papá lo usaba hasta para calentar agua e incluso cocinar”. 

El soldado inglés que viajó a Chajarí para devolver el casco que perteneció a un excombatiente de Malvinas: “Somos todos parte de una misma familia” 

Cuenta Virginia que su papá solía decir que los ingleses eran “buena gente”, y jactarse también de haberle enseñado a un soldado enemigo a hacer tortas fritas. “Por eso insisto que la aparición del casco tenía un fin y definitivamente es un mensaje de paz para la humanidad”, sostiene. 

De alguna forma, siente que esta historia interpela el sentido de esa y todas las guerras: seres humanos que, fusil en mano, se matan entre ellos sin conocerse las caras. “Hoy somos todos parte de una misma familia. Trascendemos todos los límites impuestos por las nacionalidades y barreras diplomáticas”, dijo Thomas en otro tramo de su discurso.


Mark Eyles Thomas le entrega el casco a Virginia, hija de Daniel Sírtori. (Foto: Chajarí al día)

“No te puedo explicar lo que es este veterano inglés. Viajó junto a su esposa, Tricia, y hasta trajeron regalos para mi hija Renata. Una cadenita de oro que perteneció a su papá, una medalla grabada con el nombre de mi nena, un peluche que habla”, detalla Virginia, todavía invadida por la emoción. Además de los actos oficiales en los que participó, Thomas ofreció una charla para los alumnos del Instituto María Auxiliadora (IMA). 

Fuente: https://tn.com.ar

25 de septiembre de 2022

UNA MISIÓN SUICIDA Y EL INFIERNO EN WIRELESS RIDGE: EL CONTRAATAQUE A TODO O NADA EN EL ÚLTIMO DÍA DE LA GUERRA

 

En las últimas horas de la guerra, se planeó un contraataque para apoyar a los Soldados del Regimiento 7 que estaban siendo desbordados por los británicos en Monte Longdon. Los detalles de una historia de valor y entrega de un grupo de Soldados que sabían que iban a una misión suicida. 

Por Adrián Pignatelli 

Víctor Hugo Rodríguez lo llamó "mi rancho" en Malvinas. Está con el Capitán Zunino, jefe de la Compañía A Tacuarí; Soldado Galeassi y el estafeta Carballo

Cuarenta años después, sus Soldados siguen con lo mismo, que en la guerra sobresalía por su voz de mando. Hasta en el grupo de wasap que se hizo con los integrantes de su sección, alguien se atrevió a preguntar qué había sido de la vida de ese viejo que en el último contraataque en Wireless Ridge gritaba como loco en la cima del cerro. 

No era viejo, le faltaba medio año para cumplir 33 años. Era el Teniente Primero Víctor Hugo Rodríguez, conocido por todos como “Chuly”, porque le salía bárbaro la imitación que hacía de un superior, el Chuly Vázquez. Hoy es Teniente Coronel retirado con cinco hijos, siete nietos y pudo vivir para contar lo que junto con un puñado de sus Soldados, protagonizó el último contra ataque argentino en la guerra de Malvinas. 

Ese 2 de abril se enteró mirando la televisión de la recuperación de las islas. Su esposa Graciela, una formoseña de 26 años –“mezcla de quebracho y vinal”, la describe él- vistió a sus cuatro hijos y se fueron a la Plaza de Mayo. Cuando llegaron casi todos se habían ido, pero Rodríguez quiso que sus hijos tocasen la pirámide, porque ese era un día histórico y les remarcó que la vida del país cambiaría para siempre. El tiempo le demostraría que se había equivocado. 

El 8 fue convocado al Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada. El alma se le cayó al piso cuando, a pesar de estar a la altura de una jefatura de compañía de infantería, se le informó que estaría a cargo de la primera sección de tiradores de la Compañía A. 

Posición de ametralladora del grupo apoyo junto a su jefe, el Cabo Primero Salot. El primero a la izquierda es el Soldado Julio César Segura, caído en combate

Su primer desafío: comandar a 40 hombres a los que no conocía y que no había formado. Como el Soldado que apareció en la puerta del cuartel con su padre, con la intención de que no fuera movilizado. Sin embargo el hijo le dijo al padre “que quería ir con sus compañeros y volver con ellos”, a lo que éste le respondió: “Vine a escuchar eso”. 

Cuando el 10 de abril llegaron a las islas, comprobaron que la planificación era un desastre. Con el jefe del regimiento, Teniente Coronel David Comini se estudiaron posibles contraataques hacia el mar y se practicaban desplazamientos para familiarizarse con el terreno. 

El desayuno era una cucharada de azúcar, una de mate y otra de café, con agua caliente. A la noche se rezaba el rosario y se intercambiaba información. Cuando las trincheras se inundaban, se hacían plantillas con cartón para los borceguíes. Siempre estuvieron con la ropa húmeda. 

Dragoneante Esteban Tries, Sargento Manuel Villegas y Soldado Fernando Santurio, en Malvinas

A las dos de la madrugada del sábado 12 de junio le ordenaron a Rodríguez alistar a su sección, porque la Compañía A debía ocupar una posición de bloqueo en los cerros de la primera línea. La sección debía ir al cerro Tumbledown. 

Como cada Soldado llevaba tres cargadores, Rodríguez ordenó llenar medias con munición que, atadas, se las colgaron del cuello. Llevaban además una manta, un paño de carpa y algo de comida. 

A pesar del dramatismo de lo que significa ir al frente cuando se sabía del avance inglés, hubo momentos de risas y bromas cuando los Soldados veían cómo los camiones que transportaban la munición pesada se deslizaban por las calles debido a la capa de hielo y se incrustaban en cercas y destruían jardines. Para el jefe de la sección era una ironía de la vida esas risas cuando iban camino a la muerte. 

El panorama era desolador. “Ya había caído el 4″, contó Rodríguez a Infobae. “Era espantoso ver a los Soldados que se replegaban, heridos, sucios, venían mal”. No quiso que sus Soldados los vieran y los hizo ir mirando el valle de Moddy Brook. 

Cuando llegaron a la posición, cavaron trincheras mientras recibían fuego de artillería. La munición de mortero llegó por helicóptero hasta el cuartel de los Royal Marines y hubo que hacer quince viajes a pie llevando los cajones al hombro.

Maniobra de la primera y segunda sección en el valle de Moody Brook hacia Wireless Ridge, en uno de los últimos movimientos de las tropas argentinas en la guerra

El domingo 13 de junio siguieron recibiendo fuego de la artillería inglesa. Rodríguez sabía que faltaba poco para que entrasen en combate porque ya habían caído los montes Dos Hermanas y Kent. Uno de los proyectiles cayó en el pozo de zorro del Soldado Julio César “Negro” Segura, que instantes antes le estaba gritando bromas a otra posición. Quedó con la espalda abierta y pedía que lo matasen. Su amigo, el Soldado Rubén Carballo intentó sin suerte poner en marcha un camión de la Cruz Roja y cuando regresó, su amigo ya había fallecido. 

La posición de su gente era la peor. Estaban a mitad de camino entre los ingleses y la defensa de Puerto Argentino. Por arriba de sus cabezas pasaban proyectiles de ambos bandos. Veían cómo el fuego inglés se concentraba sobre los efectivos del Regimiento 7. 

A las diez de la noche del 13 de junio, Rodríguez recibió una orden suicida: las secciones debían desplazarse hacia el norte, a las alturas de Wireless Ridge para realizar un contraataque y apoyar al Regimiento 7 en su movimiento de repliegue. 

Rodríguez le preguntó al Capitán Zunino quién había sido el hijo de puta que había impartido esa orden, y se dispuso a cumplirla. Rodríguez reunió a sus Soldados y les explicó lo que debían hacer. 

Así partió la primera sección de Rodríguez, a su derecha la tercera sección del Subteniente Carlos Aristegui, seguida por la sección apoyo del Teniente José Luis Dobroevic. Cerraba la formación la segunda sección del Teniente Horacio Mones Ruiz. 

Años después, Rodríguez flanqueado por el radioperador Paz y el estafeta Carballo

El avance fue lento, en cadena, bajo un intensísimo fuego cruzado de la artillería enemiga y la propia. Enseguida su sección quedó incomunicada: la radio que llevaban tenía agotadas las baterías. Ordenó que la tirasen. La incomunicación le impidió saber a Rodríguez que los Soldados del 7, a los que iba a apoyar, ya se habían replegado a Puerto Argentino. 

El oficial de operaciones del Regimiento, Mayor Berazay recibió la orden del comandante de brigada General Jofre de detener el contraataque y replegarse. El Capitán le mandó a Rodríguez cuatro suboficiales que no lo pudieron encontrar. 

Y su sección siguió avanzando. 

25 años después de la guerra, en un asado de camaradería, el Sargento Domínguez sorprendió a todos cuando confesó que había recibido de una estafeta la orden de repliegue y que lo había echado a los gritos. 

Estaban completamente mojados porque debieron cruzar el arroyo de Moody Brook, con temperaturas bajo cero y una intensa nevada. 

El Soldado Tries recuerda que, en medio del abatimiento y el cansancio, escuchó a Rodríguez ordenar “¡A lo gaucho, carrera mar! ¡Viva la Patria, carajo!” Rodríguez confesó a Infobae que en ese momento tuvo dos miedos, uno a morir y el otro que no lo siguiera nadie. 

En Malvinas, de izquierda a derecha: Mario Ruso, Fernando Santurio, Rubén Caraballo, Sargento Manuel Villegas, Cabo Primero Guillermo Salort, Luis Manzanares, Tony Alvarez, Cabo Fariña y, agachado, Eduardo Guillermo Gómez

Empezaron a subir el monte, nadie sabe con qué fuerzas, en medio de explosiones, gritos y bengalas. 

Fue cuando los ingleses lo detectaron. Lanzaron bengalas de iluminación y desataron un infierno de proyectiles que barrieron 200 metros de ancho por 40 de profundidad. Sus proyectiles estallaban a 30 metros de la tierra y las esquirlas arrollaban todo lo que tocaban. Por suerte para los argentinos, habían errado por unos 40 metros. De haber hecho puntería, posiblemente nadie hubiera sobrevivido. 

Rodríguez ordenó continuar avanzando. Mandó al Soldado Carballo a que buscase al jefe de compañía para conocer qué pasaba, pero no lo halló. Decidió hacerse cargo, como el oficial más antiguo en el campo de batalla. 

Le ordenó al Subteniente Aristegui, recién salido del Colegio Militar, que intentase subir al monte por la derecha y que buscase contacto con el regimiento 7. A los pocos metros cayó con un disparo en el cuello. Enseguida dos Soldados fueron a rescatarlo. Aristegui estaba boca arriba. Uno de ellos le palmeó la mejilla y le dijo: “Quedate tranquilo, pendejo, vos con nosotros te portaste bien, nosotros te vamos a sacar de acá”. 

Ante el avance de su sección, fracciones menores enemigas se sorprendieron y retrocedieron. Les empezaron a tirar con artillería. En esa acción fueron heridos los Suboficiales Villegas, Vallejos, Retamar, el Soldado Amusane. Para Rodríguez la misión seguía siendo tomar contacto con el jefe del regimiento 7. Con una veintena de sus Soldados continuó avanzando. 

Se preocupó cuando halló a Soldados muertos pertenecientes al 7 y ahí tomó conciencia que esa unidad ya no estaba más ahí. Lo sorprendió el grito de un Suboficial: “¡Usted está loco, los ingleses ya están acá!” 

La propia artillería disparaba sobre esa zona porque creía que no quedaban argentinos en Wireless Ridge. Los Soldados de la sección se cubrían detrás de las rocas. 

Rodríguez, como había perdido contacto con el Sargento Villegas salió a buscarlo, mientras los Soldados quedaron a cargo del Cabo Salort, pero recibió una lluvia de disparos ingleses que lo hizo retroceder. Villegas había caído herido en el estómago y en el brazo. Rodríguez entonces ignoraba que los Soldados Tries y Serrizuela, desafiando el fuego enemigo, lo recogieron y lo cargaron ocho kilómetros hasta el hospital de Puerto Argentino, a pesar de las órdenes de Villegas de que lo dejasen ahí. “Mi Sargento, no lo puedo dejar morir aquí, porque usted me debe un asado”, le respondió Tries. También se jugaron la vida el Soldado Páez y el Cabo Primero Domínguez cuando salvaron al Sargento Juan Vallejo, al que vieron rodar por la ladera del monte, gravemente herido. 

Ante la situación de que el regimiento 7 ya no estaba, que lo sobrepasaban los disparos de artillería inglesa, que recibía fuego enemigo desde el norte, que le disparaba la propia artillería, decidió regresar por el sur. “Yo los traje y yo los saco”, se propuso. 

Ordenó abrir fuego en todas direcciones mientras las secciones se replegaban en dos columnas hacia la bahía ubicada al otro lado de Puerto Argentino. La niebla y la nieve ayudaron a que no fueran vistos. Al pie del Moody Brook, sin tener la certeza de que con quién se encontrarían, los esperaba el Capitán Zunino, quien lo puso al tanto de la situación y que el Sargento Villegas, que él buscaba, había sido herido y estaba en el hospital. 

Camino a Puerto Argentino, ya el silencio era total. El panorama era desolador: cañones abandonados, armas tiradas, decían que todo había terminado. 

Víctor H. Rodríguez hoy. Repite que Malvinas le dejó valiosas enseñanzas de vida

El regimiento 3 tuvo cuatro muertos y 27 heridos. La Compañía A “Tacuarí” tuvo 20 heridos. La sección de Rodríguez debió lamentar la muerte del Soldado Segura y varios heridos. Rodríguez tenía una herida en el mentón, producto de una esquirla. Todos habían bajado un promedio de 18 kilos. 

El Soldado que en el grupo de wasap preguntaba por Rodríguez se llama Sergio Torres, es de Zárate y le confesó muchos años después que cuando lo vio iluminado por la luz de las bengalas enemigas gritando y alentando a la gente arriba del cerro, su perspectiva de cómo ver las cosas cambió radicalmente. Enseñanzas de la guerra que quedan marcadas para toda la vida. 

Las fotografías pertenecen al libro Llevando la Patria al hombro, de Víctor Hugo Rodríguez.

Fuente: https://www.infobae.com

ESTUVIERON ENFRENTADOS A MUERTE EN LA GUERRA DE MALVINAS Y 40 AÑOS DESPUÉS PRESENTARON JUNTOS SUS LIBROS

 

Los veteranos de guerra Víctor Hugo Rodríguez y Philip Neame tuvieron un emotivo encuentro en Londres. Ambos dejaron el ejército siendo Teniente Coronel y por la misma razón: después de Malvinas era difícil retornar a tareas administrativas. El inglés creó una fundación que se dedica a llevar a cadetes de las fuerzas armadas a realizar excursiones al Everest y a Himalaya. El argentino organiza el cruce de los Andes con una asociación que fundó. 

Por Adrián Pignatelli  

Hace 40 años eran enemigos y combatieron en Malvinas. Rodríguez y Neame en su encuentro en Londres.

Ambos se enfrentaron en la guerra en uno de los últimos contraataques argentinos. Y contaron este episodio en sendos libros. Cuarenta años después se encontraron cara a cara. El argentino es Víctor Hugo Rodríguez (73) y el inglés Philip Neame (76). “Fue un acto magnánimo de amor cristiano mutuo”, describió el argentino. 

Seis meses atrás se habían conocido por video, en una comunicación de la que participaron ambas familias. Hace unas semanas le llegó a Rodríguez una invitación para participar en Gran Bretaña de una presentación del libro del veterano inglés, titulado “Penal company of the Falklands. A memoir of the parachute regiment at war 1982”. 

Ambos veteranos analizaron lo que ocurrió la noche del 13 y la mañana del 14 de junio en Wireless Ridge.

Se conocieron este viernes en un hotel en Londres, donde se hizo el evento. Rodríguez le llevó el suyo “Llevando la patria al hombro”, editado el año último.

El británico llegó solo con una valija. Vive a doscientos kilómetros de la capital. Es el hijo menor de un Teniente General, condecorado con la cruz de Victoria por su actuación durante la Primera Guerra Mundial y además fue medalla de oro en tiro en los juegos olímpicos de 1924.

A Rodríguez le habían advertido que el abrazo no está contemplado en la convención inglesa del saludo, pero sin embargo cuando lo vio entrar lo hizo y el inglés lo correspondió. Luego, estrecharon sus manos. 

Víctor Hugo Rodríguez en lo que él llamaba "mi rancho" en Malvinas. Está con el Capitán Zunino, jefe de la Compañía A; soldado Galeassi y el estafeta Carballo.

Malvinas los une no solo por ser ambos veteranos de esa guerra. Víctor Hugo Rodríguez, de entonces 32 años, lideró uno de los últimos contraataques argentinos contra un grupo de la compañía D del 2 Para, mandados por Philip Neame, de 36. 

A las diez de la noche del 13 de junio, el argentino recibió una orden suicida: las secciones debían desplazarse hacia el norte, a las alturas de Wireless Ridge para realizar un contraataque y apoyar al Regimiento 7 en su movimiento de repliegue. 

Hugh Mc Manner, en su libro “The Scars of War”, que reproduce Rodríguez en su libro, recordó: “estábamos en una zona descampada y sin apoyo, y parecía como si diez u once pelotones de fusileros nos estuvieran tirando. Varios conscriptos del Teniente Primero Rodríguez Pérez, pertenecientes al Regimiento 3, sin ser vistos, tomaron posición en las rocas donde la Compañía “D” perteneciente al Mayor británico Neame había estado anteriormente. Le preguntamos al Mayor (Philip Neame), acerca de volver y retomar nuestra posición. Efectuó unos tumbos fuera de la posición sin importarle los proyectiles que pegaban a su alrededor y luego regresó…” 

La compañía D del 2 Para británico en 1982, con la que combatió Philip Neame. (Tomada del facebook de P. Neame)

Cuarenta años después, Neame le confesó a Rodríguez: “estábamos agotados y nos queríamos reordenar”. Ese impasse le dio tiempo al argentino a replegarse y a salvar a muchos de sus hombres. 

Ambos emocionados hasta las lágrimas, el inglés rio con ganas al ver el regalo que le había llevado el argentino. Varias veces había descripto a Malvinas como un pantano horrible y miserable y como una turbera húmeda, y que sus calzados no eran los adecuados, pero sí los que usaban los argentinos. “A su problema le traje la solución”, le dijo, y sacó de una bolsa un par de flamantes borceguíes, que Neame bautizó “botas argentinas”. 

Rodríguez estuvo acompañado por su esposa Graciela. Pensaba ir vestido con una campera y camisa verde pero conociendo de la formalidad británica, optó por un saco y una camisa de vestir. Para todos fue un momento emotivo, donde en diversos momentos del encuentro a la traductora le costó cumplir con su tarea. 

El regalo. Rodríguez le llevó a Neame un par de borceguíes, luego de saber que el inglés había alabado este calzado.

Neame le confesó a Rodríguez que cuando fueron movilizados ignoraban si los enviaban hacia una isla escocesa o si iban al fin del mundo. Describió cuáles habían sido sus movimientos en ese combate en Wireless Ridge, y que estaba al mando de la Compañía D, que era la que enviaban a los peores lugares. “Ningún comandante dispone siempre de todos los recursos que precisa. Ellos también tuvieron ese problema”, remarcó Rodríguez.

Con la ayuda de mapas y gráficos, ambos explicaron sus movimientos y las alternativas del combate, en esas últimas horas de la guerra. 

El argentino se llevó una frustración del encuentro, que duró casi dos horas. Quería conocer la identidad del francotirador inglés que evitó disparar a los soldados que fueron al rescate del Sargento Manuel Villegas. Sin embargo, Neame dijo no recordarlo. 

Villegas había caído herido en el estómago y en el brazo. Los soldados Tries y Serrizuela, desafiando el fuego enemigo, lo recogieron y lo cargaron ocho kilómetros hasta el hospital de Puerto Argentino, a pesar de las órdenes del herido de que lo dejasen ahí. 

Rodríguez le contó que Villegas se casó, tuvo hijos y se convirtió en abuelo. “Ese objetivo épico que me habían propuesto no pude llevármelo; tanto Villegas como los soldados que lo salvaron se lo merecían”. Luego del encuentro, habló con sus soldados y todos consideraron que se había hecho todo lo posible por identificar a ese hombre, al que solo desean darle las gracias. 

Los libros de ambos veteranos, el inglés y el argentino.

Neame sirvió durante veinte años como paracaidista y por su actuación en la guerra del Atlántico Sur mereció que fuera mencionado en los partes de sus superiores. Luego que se retiró en 1994 se dedicó a la actividad privada y creó la Ulysses Trust, una organización que brinda asistencia financiera para expediciones y actividades de aventura que involucran a miembros de la fuerza de reserva de voluntarios y las fuerzas de cadetes del Reino Unido. 

Rodríguez fue jefe de la primera sección de la compañía A del regimiento de infantería 3. Condecorado con una mención especial, es el fundador y presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera, de Rosario. Fue el líder de 25 expediciones a lomo de mula en la recreación del cruce de los Andes. 

En las líneas que le dedicó en el libro que le obsequió, escribió que “solo los hombres de bien podemos atravesar esas fronteras que impuso el combate”. Neame, en su libro, expresó estar “muy contento de encontrarnos de nuevo después de cuarenta años, en mejores circunstancias que aquellas en que nuestros caminos se cruzaron”. 

“Esto de conocernos -remarcó Rodríguez- es propio del ser humano y del soldado dentro y fuera del campo de batalla, y en los objetivos del combate, él peleando por la reina y yo por la historia de mi Patria”. 

Malvinas es esencial y duradero y este encuentro, para el argentino fue “único e irrepetible. Me sirvió para posicionar mi cabeza y mi corazón”, subrayó. Dios quiso que siguiéramos con vida y hoy estamos honrando esa vida. La guerra fue un paso más en nuestra existencia”. Neame remarcó dejar de lado el pasado y mirar hacia adelante y dijo que para él era “un honor y un privilegio hablar con Víctor Hugo como un amigo. 

El argentino lo invitó al próximo cruce en mula de los Andes. “A lo mejor voy”, adelantó el inglés. Sin quererlo, una guerra había logrado unirlos. 

Fuente: https://www.infobae.com