26 de enero de 2011

UNA ESCALADA A LA GUERRA EN LAS MALVINAS?



Por el Capitán (Retirado) William Dempsey, Reserva de la Marina de los Estados Unidos (*)

Más de 28 años después que la Argentina y Gran Bretaña fueron a la guerra por un grupo de islas rocosas en el sur del Océano Atlántico, el dominio de las Malvinas sigue siendo discutido.

Hoy, un submarino británico, de propulsión nuclear armado con misiles de crucero Tomahawk con capacidad de una precisión milimétrica, merodea frente a las costas de la Argentina. Un escuadrón de Eurofighter Typhoon, uno de los aviones militares supersónicos más avanzados del mundo, se encuentra en estado de alerta permanente para eliminar cualquier blanco aéreo o terrestre argentino a los pocos minutos de recibir una orden desde Londres. Una corbeta argentina ingresó a aguas británicas en las Islas Malvinas, sin previo aviso. ¿Qué está pasando aquí?

La mayor parte del mundo se ha olvidado que una guerra importante se produjo en 1982 entre Gran Bretaña y la Argentina. Las heridas, de lo que se ha conocido como la Crisis de las Malvinas, siguen aumentando y últimamente las tensiones entre los dos países, que comparten tradiciones y valores europeos cristianos, aumentaron.

Una sangrienta historia

La manzana de la discordia lo constituye un grupo de islas situado a 300 millas de las costas de la Argentina en el sur del Océano Atlántico, para los británicos son conocidas como Falkland, para los argentinos como Islas Malvinas. Con todo el respeto, y debido a la complejidad de la cuestión y en el interés de la claridad y la simplicidad, nos referiremos a las islas en cuestión como las islas Falkland o Malvinas,

En tamaño, las islas son un poco más pequeñas que Connecticut, y la población es de 3.000 habitantes. Gran Bretaña reclama la soberanía por un acuerdo previo hecho con España en el año 1771, mientras que Argentina sostiene que en 1833 Gran Bretaña ocupó estas islas por la fuerza y obligó al oficial a cargo a retirarse para reafirmar la soberanía. En cualquier caso, en 1840 Gran Bretaña había comenzado un programa de colonización formal mediante la incorporación de los colonos británicos. Hoy, los residentes son casi en su totalidad de origen británico, y el lugar tiene el aire de un pueblo de Gales. Los habitantes hablan un inglés recortado, conducen vehículos Land Rover por el lado izquierdo de la carretera, y comen habichuelas y salchichas en el desayuno.

Durante décadas, la Argentina presionó al mundo para recuperar las islas y durante la década de 1970 estaba en negociaciones con Gran Bretaña para hacer precisamente eso. Gran Bretaña, que atravesaba una recesión económica, estaba dispuesta a transferir la soberanía a la Argentina, siempre y cuando los isleños estuvieran de acuerdo. Después de todo, a Gran Bretaña le estaba costando mucho dinero darle a los isleños un gobierno, una infraestructura y un soporte militar. Gran Bretaña se sumó a la idea de la Argentina de atraer a los isleños para que aceptaran una transferencia de gobierno.

Argentina construye una pista de aterrizaje

Esta instancia se inició en 1971, cuando Argentina estableció la primera conexión aérea con las islas a través de vuelos anfibios entre Comodoro Rivadavia, Argentina y Puerto Stanley, Islas Malvinas, situada a unos 450 kilómetros de distancia y sólo 50 minutos en avión. Al año siguiente, la Argentina construyó una pista de aterrizaje en Puerto Stanley, abriendo un nuevo mundo para los isleños. A pesar de ello, los residentes siguieron firmes en su deseo de seguir siendo un territorio británico. Ciertamente, uno de los argumentos era la accidentada historia de la Argentina en términos de gobiernos democráticos y de derechos humanos.

En 1981, la Argentina era gobernada por una Junta Militar al mando del General Leopoldo Galtieri, quien había decidido que era el momento de tomar las Malvinas por la fuerza. Galtieri no previó ninguna interferencia de los Estados Unidos. Él había desarrollado una fuerte relación de trabajo con la administración Reagan en la lucha contra el terrorismo en América Central, y hasta le había ofrecido a los Estados Unidos la posibilidad de establecer bases militares en la Patagonia. (1) Tampoco creyó que los británicos, con un gobierno en decadencia, hicieran un escándalo por un montón de piedras que, en todo caso, representaba un lastre económico. Esta sería una guerra fácil, popular para la gente y que serviría para reforzar el apoyo hacia la Junta que se hundía a la luz de una devaluación de la moneda y un debilitamiento de la economía.

El plan de la Argentina era el lanzamiento de la invasión entre los meses de julio a octubre de 1982, pero eso cambió durante una noche del mes de marzo, cuando un equipo de chatarreros argentinos izó la bandera en una de las islas exteriores del archipiélago de Malvinas, Georgia del Sur, y se negó a seguir el protocolo acordado para llegar a la costa. Gran Bretaña respondió enviando un destacamento de la Royal Marine a bordo del HMS Endurance para hacer retirar a los argentinos. Pensando que los británicos comenzarían a reforzar sus defensas, la Junta respondió ordenando la invasión inmediatamente. Esto abrió una caja de Pandora. Irónicamente, si la Junta hubiera esperado unos meses podría haber obtenido la victoria. Gran Bretaña había previsto que dos de sus portaaviones estaban prontos a desaparecer: el HMS Hermes iría a un depósito de chatarra y el HMS Invencible sería vendido a Australia.

La invasión

La invasión anfibia argentina de las Malvinas tomó a muchos por sorpresa, pero no a todos los británicos. Frente a esas adversidades, el gobernador británico de Malvinas Rex Hunt se rindió. Un júbilo salvaje llenó las calles de Buenos Aires. Finalmente, después de 150 años, la hermana perdida, las Islas Malvinas, habían sido restauradas a su legítimo soberano. La Junta no esperaba más derramamientos de sangre (sólo un oficial argentino había resultado muerto) y, de hecho, se habían cumplido las órdenes dadas antes de la invasión de evitar víctimas innecesarias. Creyeron que la fase militar había terminado y estaban listos para dar paso a la siguiente fase: las negociaciones. Parecía ser una apuesta razonable.

Mientras tanto, un acalorado debate se produjo en Londres acerca de qué hacer. Si no hubiera sido por un hombre, el Almirante Sir Henry Leach, la Argentina podría haber triunfado. Fue él quien le recordó a la Primera Ministro, Margaret Thatcher, que si los súbditos de la Corona se veían en peligro, era a la vez un deber y un privilegio de Gran Bretaña acudir en su ayuda. Leach, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, asumiendo que hacer lo contrario equivaldría a socavar todo lo que Inglaterra representaba, instó a Thatcher a enviar inmediatamente una fuerza de tareas navales.

A pesar de que la fuerza comenzó a navegar las 8000 millas hacia el sur de las Malvinas, nadie creía que se llegaría a una guerra real. Alguien debía abrir los ojos. Pero los perros del infierno ya se habían desatado y no había que dar marcha atrás. Se produjo la batalla. Esta duró 47 días con un resultado de 10 barcos hundidos, 91 aviones destruidos y 1.001 hombres muertos. El enfrentamiento se tradujo en los clásicos desembarcos anfibios de guerra, los combates cuerpo a cuerpo, a bayoneta, trinchera a trinchera, los combates aire-aire, los ataques submarinos con torpedos, y los ataques aire-superficie. Ambos bandos lucharon con valentía, y la victoria pudo haber sido de cualquiera. Argentina de haber tenido un poder de fuego un poco mayor o simplemente mejor suerte, podría haber resuelto el cinturón impuesto por Gran Bretaña. Pero en última instancia, la victoria fue de la Corona. El 14 de junio de 1982, el General argentino Mario Menéndez se vio obligado a rendirse ante el General británico Jeremy Moore en Puerto Stanley.

La Argentina aprieta el lazo

Un avance rápido hasta el 2010. El impulso de la Argentina para hacer valer su reclamo del derecho a las islas en disputa ha adquirido una nueva urgencia. Pruebas recientes de sísmica de hidrocarburos realizados frente a las costas de las Malvinas "indican la posibilidad de hasta 60 mil millones de barriles de petróleo debajo del suelo marino”. Para comprender la magnitud de este descubrimiento, tengamos en cuenta el hecho de que Gran Bretaña tiene actualmente 3400 millones de barriles en reserva, y Argentina 2.2 mil millones.

El gobierno de las Islas Malvinas "ha otorgado licencias de exploración a cinco compañías petroleras para perforar pozos. Esta fase de exploración tendrá una duración de varios años, pero la perforación previa con la plataforma semi-sumergible Ocean Guardian en alta mar ya ha confirmado una reserva de alta calidad en las exploraciones de Lobos Marinos en la Cuenca Malvinas Norte. Como era de esperar, la Argentina insiste en que todos los recursos minerales en las Malvinas, incluyendo el petróleo, les pertenecen.

El asunto para la Argentina es la manera de arrebatar el control de las islas a los británicos. El gobierno argentino parece haber adoptado una estrategia de tres frentes:

La aplicación de la Diplomacia. La presidenta argentina Cristina Kirchner dijo en marzo de 2010:

"La batalla va a ser eterna, pero no va a ser como en el pasado, vamos a dar la batalla cultural, política y diplomática en todos los frentes y en todos los foros en defensa de nuestro patrimonio, que no es sólo patrimonio, sino también la gestión de nuestros recursos”.(2)

En las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos, la Argentina ha trabajado en la construcción de un consenso sobre un reclamo legítimo de la soberanía sobre las Islas Malvinas.

El 01 de marzo de 2010, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, celebró una conferencia de prensa con la presidente Kirchner en Buenos Aires. Cuando Kirchner le preguntó si no eran razonables para la Argentina y Gran Bretaña comenzar las negociaciones de conformidad con la resolución de la ONU sobre la descolonización, ella respondió: "Nosotros estamos de acuerdo. Nos gustaría que la Argentina y el Reino Unido se sentaran y resolvieran los problemas que existen entre ellos de una manera pacífica y productiva". (3) El 24 de junio 2010, el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución que pide a la Argentina y Gran Bretaña reanudar las negociaciones para una solución pacífica a la cuestión de las Falkland/Malvinas.

Chile patrocinó la resolución, y cuando fue aprobada, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, México y Brasil hicieron fuertes declaraciones de apoyo. Ningún país independiente en América Latina y el Caribe apoya la posición de Gran Bretaña que los isleños deben tener el derecho a la libre determinación en la forma en que los gobiernen.

Cuando se le preguntó posteriormente al Primer Ministro británico, David Cameron, sobre el comentario de Clinton y el apoyo de los Estados Unidos a las negociaciones sobre la soberanía, dijo, "me gustaría remarcarles firmemente que si ellos creen en la libre determinación como un punto clave de la carta de la ONU, entonces es muy posible que las Islas Malvinas deban mantenerse bajo la soberanía de Gran Bretaña, porque eso es lo que la gente que vive allí quiere. Por ello fuimos a la guerra. La población de las Islas Malvinas quiere ser británica. Así que creo, con franqueza, que fue decepcionante". (4)

La imposición de sanciones económicas. Argentina ha puesto en marcha un programa de sanciones económicas destinadas a presionar a la gente que vive en las Malvinas. Se ha derogado un acuerdo de 1995 con las Malvinas que permitía la colaboración en la búsqueda de petróleo y gas natural. Lo mismo puede decirse de un acuerdo de 1999 para conservar los recursos pesqueros en el Atlántico sudoccidental.

La prohibición de vuelos chárter, cruzando el espacio aéreo argentino, hacia las Malvinas ha perjudicado los negocios turísticos de las islas. En la actualidad, el único vuelo directo desde Argentina a las Malvinas parte de Río Gallegos, el segundo sábado del mes y regresa el tercer sábado. Argentina permite esta única excepción mensual a favor de las familias que deseen visitar el cementerio argentino al norte de Darwin, que guarda los restos de 237 combatientes argentinos de la guerra de 1982, aunque otros viajeros privados están autorizados a unirse al vuelo.

A partir de febrero de 2010, por Decreto 256, la Argentina requiere una autorización para todos los barcos que pasan por aguas argentinas hacia las Malvinas. El 15 de julio de 2010, se informó que un buque de la armada argentina operando en aguas compartidas uruguayas-argentinas, obligó a un buque mercante pequeño vinculado a las Malvinas a identificarse y proporcionar toda la información relativa a la carga y el destino.(5) Incluso al margen de la intimidación, es costoso y requiere mucho tiempo para, la marina mercante y líneas de cruceros, obtener la debida autorización de las autoridades argentinas. En consecuencia, un menor número de cruceros hacen escala en las Malvinas.

Un Proyecto de Ley argentina, a punto de convertirse en ley, contempla sanciones contra las empresas internacionales que operan en la Argentina y, o bien tienen la intención de participar o están involucrados en actividades relacionadas con el petróleo en las Malvinas. Mientras tanto, Gran Bretaña ha protestado a la Argentina y ha rechazado con firmeza la legitimidad del Decreto 256. Gran Bretaña considera que el decreto de una violación del derecho internacional y, más específicamente, a la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La Cámara de Comercio de las Malvinas reclama que la Argentina ha impuesto un bloqueo marítimo de pleno derecho sobre la población de las Malvinas.

El aumento de la fuerza militar. Si bien la Argentina reconoce que no es rival para el ejército británico, esto no ha impedido aumentar sus fuerzas y tomar medidas provocativas. En febrero de 2010, el buque de guerra argentino ARA Drummond, Una corbeta de fabricación francesa, estaba a diez millas dentro de la "zona petrolera" en disputa y 65 millas de las islas. El destructor británico HMS York había estado vigilando esta incursión e irradió un mensaje para obligar a cambiar el rumbo, que finalmente hizo. Fuentes argentinas, dijeron que la Drummond cometió un " inocente error de navegación" (6)

El 29 de mayo de 2010, la Ministra de Defensa argentina, Nilda Garré, anunció que cuatro buques de patrulla están en construcción en un emprendimiento conjunto con Chile y serán destinadas al Atlántico Sur para demostrar la voluntad de Argentina para ejercer la soberanía sobre las Islas Malvinas.(7) Estos buques tienen 240 pies de largo con una viga de 50 pies, 21 nudos de velocidad, un equipo de treinta hombres, helipuerto, y capacidad de ser configurados con diferentes sistemas de combate.

El 04 de junio 2010, la Ministra de Defensa Garré anunció que su país está considerando seriamente la incorporación de buques de propulsión nuclear en su armada.(8) Argentina ha construido pequeños reactores nucleares para sus estaciones de generación de energía y tiene la capacidad de hacer valer sus palabras. Garré pasó a decir: "Queremos recuperar las capacidades científicas, tecnológicas e industriales una vez Argentina tuvo; Argentina no puede quedar fuera del desarrollo tecnológico y de las ventajas tecnológicas que teníamos en la región"

El desarrollo más reciente fue reportado el 01 de septiembre 2010, después que Garré anunció, en una conferencia ante estudiantes de Ciencias Políticas en la Universidad Di Tella, un aumento del 50 por ciento en el presupuesto de defensa argentino. Se ha reducido en los últimos años, dijo, como resultado de la "derrota en la guerra de Falkland/Malvinas, de la incompatibilidad social con las instituciones militares después de la guerra, la dictadura militar, y el colapso de 2001, de la economía argentina". (9)

Para el año 2020 Brasil habrá probablemente desarrollado su propio submarino nuclear de ataque. Me enteré, durante una reunión con el Contraalmirante retirado de la Armada Argentina y ex comandante de la Flota, Pedro de la Fuente que hace años Brasil había invitado a la Argentina para que se sumara a esta empresa. Argentina no aceptó. Cuando Brasil complete este costoso proyecto es poco probable que lo comparta con su vecino, sin embargo, puede estar dispuesto a proveer a la Argentina de la vigilancia submarina en el caso que se produjera otro conflicto militar con Gran Bretaña. Brasil apoya el reclamo de Argentina por las Malvinas, puede incluso estar dispuestos a proporcionar apoyo militar, junto con otros países de América del Sur. En febrero de 2010, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo: "Los ingleses siguen amenazando la Argentina. Las cosas han cambiado. Ya no estamos en 1982. Si el conflicto estalla, estén seguros que la Argentina no va a estar solo como fue en aquel entonces". (10)

El peligro en la estrategia argentina es que las sanciones económicas y el ruido de sables no llevan a un compromiso, sino directamente a una guerra caliente.

La Isla Erizo

¿Qué se interpone entre los 41 millones de personas de la Argentina y los 3000 isleños de Malvinas? El ejército británico. Después de la guerra 82, los británicos construyeron instalaciones aéreas modernas y la base militar de Mount Pleasant, a 50 kilómetros al oeste de Puerto Stanley, capital del territorio. La base es la sede del cuartel del Comodoro de la Royal Navy Philip Thicknesse, Comandante de las Fuerzas Británicas Islas del Atlántico Sur. En caso de invadir Argentina, se enfrenta a un veterano de la guerra 82. En aquel momento él era un joven Teniente que prestaba servicios a bordo del buque de asalto HMS Fearless. Él sabe bien lo que es soportar un ataque de aviones enemigos sin contar con el beneficio de apoyo aéreo. Además de ser un veterano de Malvinas, el Comodoro fue galardonado en el 2006 con la Estrella de Bronce de los Estados Unidos por ejercer el comando superior del Equipo de la Coalición de Entrenamiento Naval encargada de la reconstrucción de la marina de guerra iraquí en la Base Naval Umm Qasr.

Durante nuestra entrevista, se mostró muy entusiasmado por el recién llegado escuadrón Typhoon: "Estos avanzados aviones de combate multirol nos proporcionan la velocidad, flexibilidad y capacidad de lucha para disuadir a un agresor y, en su caso, derrotarlo". Apenas había dicho estas palabras cuando pude apreciar, a través de la ventana de la sala, un Typhoon, de alas delta, rugiendo por la pista y despegando, emitiendo dos chorros de fuego por los tubos de escape de sus motores de 20.000 libras de empuje. El Comodoro explicó que parte de su misión en el Atlántico Sur es disuadir la agresión militar de cualquier otro Estado soberano en su área de responsabilidad. "Nada me gustaría más que estar haciendo ejercicios conjuntos con los militares argentinos".

Cuando le pregunté qué lecciones había aprendido de la guerra con la Argentina, respondió:

Entrenamiento. La práctica de los fundamentos hace toda la diferencia. Nuestros soldados acababan de llegar de ejercicios militares en Noruega. Ellos fueron entrenados para combatir en tiempo frío. Eso no se puede decir de los argentinos. Además, el liderazgo hace una diferencia. Tuvimos brillante liderazgo. Nuestros oficiales comieron, lucharon, y durmieron con sus soldados. Los argentinos, tenían un tipo de raciones para los oficiales y otro para los soldados. Lo que observé a la finalización de las hostilidades fue que sus oficiales no habían atendido a sus hombres de la forma en que nuestros lideres los habían hecho y como consecuencia la moral argentina había sufrido, y la baja moral contribuyó a la derrota. Esa es una razón por la que este comando hace hincapié en la formación continua. Nuestros barcos están en el mar, nuestros aviones están en el aire, y nuestros soldados están fuera en maniobras. Las Malvinas son un campo de entrenamiento maravilloso para nuestros hombres y mujeres. Se puede caminar por los campos de batalla, se puede apreciar lo que nuestros veteranos experimentaron. La guerra es una vida para ellos. En retrospectiva, me enteré de lo que una diferente estrategia puede hacer. Si los pilotos argentinos, que demostraron una gran valentía, hubieran atacado a las naves de apoyo, tales como el Canberra, en lugar de nuestros buques de guerra, probablemente eso habría forzado la retirada.

En un aparte le pregunté al Comodoro qué tipos y niveles de cooperación le gustaría ver entre la Royal Navy y la Marina de los Estados Unidos. Él respondió: "Las dos armadas son casi indistinguibles. Trabajamos juntos como una mano y un guante. Curiosamente, es con su Servicio de Guardacostas con quien nos gustaría tener una relación más estrecha. Son navegantes absolutamente sin igual".

Si la Argentina, ya sea por elección o por accidente, decide intentar un ataque, se encontrarán con: un escuadrón de aviones Eurofighter, capaces de enfrentar amenazas múltiples al mismo tiempo, una fragata tipo 23, un buque patrulla, un submarino de ataque de propulsión nuclear, y un batallón de infantería altamente capacitados. Por otra parte, C-17 de transporte militar rápidamente pueden traer refuerzos.

Un centelleante punto geopolítico

A lo largo de la Argentina, sobre el tema de las Islas Malvinas/Falkland existe el consenso que Gran Bretaña usurpó las islas de la Argentina en 1833. A los argentinos se les enseña en la escuela, y ha sido escrito en su Constitución, que las islas les pertenecen. ¿Quieren otra guerra para reclamar? No, en lo más mínimo. Una respuesta típica a esta pregunta es, "Necesitamos estabilizar nuestra economía, nuestro gobierno, mejorar nuestro sistema educativo y desarrollar los recursos que ya tenemos. Las economías de Brasil y Chile están despegando y la Argentina debería hacer lo mismo. Eso es lo que quiero, una vida mejor para mi familia. Malvinas es una cuestión política que no es relevante para mí".

Los isleños se refieren a la Argentina como un matón. El bloqueo reciente ha significado, entre otras cosas, no recibir los envíos de frutas y hortalizas frescas de Chile por vía marítima. En cambio, estos productos deben ser enviados por vía aérea, una propuesta costosa.

Fundamentalmente, los isleños creen que la Argentina prioriza la tierra y el poder sobre la humanidad común. En las palabras de Phyl Rendell, director de Recursos Minerales del Gobierno de las Islas: "Lo ideal sería que la Argentina reconozca nuestro derecho a existir y podrían cooperar en un ambiente de respeto mutuo. Esto llevaría a un aumento en el nivel de vida para todos. Su beligerancia actual hacia nosotros es motivo de preocupación. Cuando uno de los Tifones vuela a baja altura sobre Puerto Stanley, me alegra el corazón! Ese es el sonido de la libertad".

Ante el golpe de tambores de guerra, ¿permanecerá el mundo civilizado insistiendo con el mensaje tácito "no es mi problema", o habrá mentes racionales que se dediquen a ayudar a estas naciones a alejarse del rumbo de una guerra, hacia una nueva era de armonía? Es posible que nos encontremos obligados a decidir más rápido de lo que pensamos.

1. David Rock, ARGENTINA 1516-1987 (Berkeley y Los Ángeles, California: Universidad de California Press, 1987), p. 375.
2. Ed Stocker, Merco Press, "la Argentina para ver más grande de las protestas anti-británica durante años," 02 abril de 2010.
3. EE.UU. Departamento de Estado de sitio Web, la secretaria de Estado Hillary Clinton, "Observaciones Con la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner," 01 de marzo de 2010.
4. Tim Shipman, Mail Online "Cameron ataques negativa de Estados Unidos una copia de Gran Bretaña por las Malvinas," 01 de abril de 2010.
5. Merco Press, "la preocupación de Uruguay con Argentina interceptación de buques con destino a las Malvinas," 15 de julio de 2010.
6. D. Larcombe, El Sol, Reino Unido se, 26 de julio de 2010.
7. Merco Press, "Argentina anuncia la presencia de la soberanía de las Malvinas con buques de patrulla", 29 de mayo de 2010.
8. Merco Press, "la Argentina de planificación para el desarrollo nuclear de potencia para los buques de la Armada," 04 de junio de 2010.
9. Merco Press, "Argentina para aumentar los presupuestos de defensa del 50%, recuperando las pérdidas de la guerra de las Malvinas," 01 de septiembre de 2010.
10. Tom Leonard, Telegraph.co.UK, "Hugo Chávez exige a la Reina el retorno de las Islas Malvinas a Argentina", 22 de febrero de 2010.

(*) El Capitán Dempsey escribe sobre asuntos militares y viajó recientemente a Argentina y las Islas Malvinas para realizar las entrevistas para este informe.

Fuente: http://www.usni.org/magazines/proceedings/2010-10/staggering-war-falklands-0

LA CANCILLERÍA ENDURECIÓ SU POSICIÓN POR MALVINAS


Por Natasha Niebieskikwiat

Dijo que las maniobras militares inglesas imposibilitan la cooperación.

Habitualmente, todos los 03 de enero, los sucesivos gobiernos argentinos suelen hacer un descargo con mayor o menor virulencia sobre su reclamo de soberanía de las Malvinas, al cumplirse otro aniversario, este año es el número 178, de la ocupación británica de las islas, que se inició en 1833. En el de ayer, la Cancillería sentenció que actos unilaterales del Reino Unido sobre los recursos naturales, como la exploración petrolera o los ejercicios militares en el archipiélago, son un “obstáculo insalvable” para la continuidad y el desarrollo de “la cooperación bilateral” en los “entendimientos provisorios” firmados por Londres y Buenos Aires, hoy en completo desuso.

El comunicado no menciona fechas sobre los acuerdos bilaterales, pero ambas capitales los firmaron a mediados de los ‘90, tras el reinicio de las relaciones diplomáticas. De ahí que el texto emitido por la Cancillería ayer cobre relevancia porque materializa lo que se fue rompiendo en los últimos años hasta llegar a esta parálisis en las relaciones con Gran Bretaña por la malvinización del vínculo.

Al punto que desde agosto de 2008, la embajada argentina en Londres está sin jefatura, y la candidatura de José Nun a cubrir el puesto fue retirada por la Argentina a manera de protesta.
Bajo los gobiernos de Tony Blair y Carlos Menem se firmaron acuerdos de pesca -aún en vigencia, pero obsoletos porque Argentina ya no participa de las reuniones de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur- y petroleros. Este sí fue derogado por la administración kirchnerista, que reforzó además los controles de buques en el mar. Y en lo que hace a la política de vuelos, aún sigue vigente una prohibición nacional para que aviones charters viajen a las islas. En el comunicado de ayer, la Cancillería se quejó también de la “renuencia del Reino Unido a abordar la cuestión de la soberanía”, como reclama Argentina; y recordó las declaraciones de apoyo a ese reclamo de los distintos foros regionales, multilaterales y de países, de manera individual.

La Cancillería afirmó además que la actitud británica también contradecía la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que insta a las dos partes a abstenerse de adoptar decisiones que introduzcan modificaciones unilaterales en la situación mientras las islas están atravesando el proceso recomendado en las resoluciones pertinentes.

“La Argentina considera incomprensible la negativa británica a abordar la cuestión de fondo para encontrar una solución pacífica y definitiva a la controversia de soberanía, conforme el mandato de la comunidad internacional”, concluyó el comunicado, con la misma letra de una intercambio que se repite año a año.

Fuente: Diario Clarín. Publicado el 04 e enero de 2011

DEUDA EXTERNA Y MALVINAS - EL CEPO QUE APRISIONA A LA ARGENTINA


Por Merched Antonio Mitre

Hace demasiado tiempo que venimos afirmando que la Nación Argentina arrastra dos cuestiones estratégicas (aunque en realidad son dos en una, porque se interrelacionan) desde hace 30 años sin ser resueltas y que se encuentran en la base de todas sus dificultades y problemas porque debilitan su decisión soberana: la deuda externa y el litigio con Inglaterra sobre la soberanía de nuestros espacios terrestres y marítimos en el Atlántico Sur.

Estos asuntos son la pesada herencia recibida de la dictadura militar, que le fue transferida sin beneficio de inventario desde el inicio, como onerosa condición a su existencia, a la democracia que nacía, en un acuerdo tácito con la clase política que se sostiene hasta hoy.

Por esta razón la democracia que nacía minusválida y condicionada porque tenia vedada la revisión crítica y la resolución de estos temas, fue encapsulando a la Argentina impidiéndole la toma de decisiones estratégicas que la proyectaran con una identidad y un rol definidos de nuevo en el mundo, y condenándola en su ejercicio sólo formal e instrumental, al esfuerzo estéril de quien trata de resolver los problemas sin remover las causas y a debatirse y degradarse en una decadencia sin fin.

Estas dos cuestiones, han permanecido y discurrido a lo largo de los años de esta “joven” democracia afectando la vida de millones de argentinos, con un “bajo perfil”, tratando de ser ocultadas y escamoteadas de la agenda política tanto por la clase dirigente como por los medios masivos para evitar el debate público. Y así han sido convalidadas por los diferentes gobiernos democráticos relatando “verdades a medias” y con el argumento de que no existía otro camino, incluyendo detalles y cláusulas lesivas e indignas para el interés colectivo, de espalda a un pueblo que en su inmensa mayoría las ignora y al que le hicieron creer que estos asuntos habían sido solucionados; esto hasta estos últimos días en que reaparecen en toda su dimensión.

Al ser algo que nunca acaba y siempre nos están exigiendo algo más, la deuda externa y el conflicto con Inglaterra se han convertido en un pesado cepo que aprisiona la voluntad de la Nación, limita seriamente su autonomía y las posibilidades reales de un desarrollo independiente y sustentable y cercena la soberanía política del Estado Nacional en la toma de sus decisiones.

Como verdaderas vueltas de tuerca al cepo para incrementar el control del país, estas cuestiones reaparecen periódicamente e irrumpen y se instalan en la agenda cotidiana de preocupaciones de la sociedad y del ciudadano, a pesar del esfuerzo que hacen el gobierno, la oposición y los medios para sacarlos del foco de atención de la gente relativizando su importancia, realizando abordajes parciales y descontextualizados, desinformando o encubriendo los problemas reales entreteniéndonos con teatrales confrontaciones verbales entre “oficialistas y opositores”, que parecen clases aceleradas de instrucción cívica y derecho constitucional sobre las formalidades y procedimientos de la democracia y la “institucionalidad” del país. Han transformado al Congreso en el escenario de un “sainete” político en lugar de convertirlo en la caja de resonancia del debate y la coincidencia nacional en torno temas estratégicos que son de su incumbencia como el endeudamiento externo y la política exterior del país.

La recurrencia por estos días de la deuda externa y Malvinas a la agenda de la política es positivo, porque la instalación pública de estos temas, que hay que ayudar a sostener para que no desaparezcan, trae discusiones que sirven para enriquecer el conocimiento de los ciudadanos con mucha información que estaba ocultada para que formen su opinión especialmente las nuevas generaciones a la que se les ha hipotecado el futuro.

El ejercicio por el Estado de una soberanía debilitada constantemente por el concepto de soberanía de baja intensidad que nutre a la política argentina ha permitido la implantación y la expansión incontrolable de los modelos agro exportador basado en la agricultura química y el minero exportador de la mega minería metalífera a cielo abierto que prefiguran a nuestra democracia como una democracia colonial.

Pocas dudas caben ya que la deuda externa argentina es fraudulenta e ilegítima. Serias investigaciones de muchos y verdaderos patriotas, entre ellos Alejandro Olmos, que terminaron en un proceso penal con fallo favorable en el juzgado del juez Ballesteros (Año 2000) y en otros dos procesos penales en curso, demuestran con claridad que la mayor parte de la deuda es un fraude montado por Alfredo Martínez de Hoz y Cia durante la dictadura militar, quien “decretó el endeudamiento forzoso” del Estado Nacional y las empresas públicas para que se convirtieran en “receptores pasivos” de créditos externos que en gran parte fueron desviados, con otros destinos que hasta hoy se desconocen. Por otro lado promovía que las empresas privadas (no precisamente Pymes) tomaran préstamos en el exterior; esta deuda privada en los finales del gobierno de “facto” fue convertida en pública (Cavallo mediante).

Cuando finaliza la dictadura militar nos encontramos que el Estado Argentino es deudor de u$s 45.000 millones y todos los argentinos convertidos en “garantes solidarios” de esa deuda hasta el día de la fecha.

Esta deuda le fue transferida a “libro cerrado” (junto a su manual de procedimientos, la ley de entidades financieras) a la democracia que nacía en 1983. La clase política argentina, la que nos iba a gobernar y los que serían oposición, la recibió “entera” sin auditoria, sin revisión y aún conociendo cómo se había generado, la aceptaron. La escandalosa deuda externa argentina no fue investigada por ningún gobierno de la democracia; por el contrario fue transcurriendo por 27 años de vida democrática pagándose y reciclando con canjes y negociaciones que incrementaban su masa de capital e intereses y las “comisiones” de los “negociadores”, a través de actos escandalosos como el Plan Brady, el blindaje, el mega canje, la renegociación y canje de 2005. Durante un largo recorrido de más de treinta años la deuda externa fue una máquina succionadora de recursos de pueblos, de ciudades, de provincias, de regiones; de recursos de la salud, de educación, de seguridad; del salario de jubilados y de la plusvalía producida por los trabajadores que a fines de 1975 participaban del 48% del PBI y luego nunca mas pasaron del 28% del PBI (¡menuda transferencia de riqueza!). La deuda externa se viene chupando la riqueza de la Argentina y el trabajo de su pueblo. En esta historia es curioso ver cómo se repiten nefastos personajes como Domingo Cavallo, Daniel Marx, Machinea y otros que, sin embargo no eximen de la responsabilidad que tuvieron los presidentes de los gobiernos de la democracia, junto a vastos sectores de la clase política, por ignorancia, desaprensión, o complicidad.

Siguiendo el curso de esta historia de la deuda con sus secuelas de postergaciones, carencias y pobreza, el gobierno nacional nos propone para superar éstas, el “desendeudamiento” para poder volver al mercado internacional de capitales a tomar créditos a bajas tasas. Para ello lanza un nuevo canje de los bonos que no aceptaron presentarse al canje de 2005, los famosos “holdouts”, que quedaron fuera derogando la ley cerrojo en el Congreso con acuerdo de la oposición; promueve el pago de servicio de la deuda a organismos internacionales y acreedores privados con reservas (para mostrar voluntad de pago para que nos vuelvan a prestar), sin ninguna revisión y legitimando de manera explícita una deuda ilegítima, ya no sospechada sino probadamente fraudulenta en su mayor parte.. Todo con el “guiño”, el auspicio del departamento de Estado de EEUU y el beneplácito de Wall Street y el alborozo del JPMorgan, del City Bank, el Goldman Sachs, el Barclay’s (los nuevos bonos del endeudamiento se colocarán en el mercado bursátil norteamericano).

En esto se puede observar una coincidencia plena entre el gobierno y la oposición, pagar la deuda sin revisión. En realidad lo que están discutiendo y de manera escandalosa es la forma hacerlo. Unos pretenden pagar con reservas y otros con ajuste fiscal; pero finalmente llegaran a un acuerdo. De todas formas las consecuencias serán siempre las mismas: el perjuicio material y espiritual del pueblo trabajador. Tanto “oficialistas” como “opositores” están disputando una carrera vertiginosa para “volver a los noventa”.

El argumento oficial para “desendeudarnos” es “ganar soberanía” y “disponer” de recursos para aumentar el crecimiento. Esto es en mi opinión falso, porque lo que nos está anunciando es una paradoja: “desendeudarnos” (seguir pagando) para “endeudarnos” aún más (¿recursos para el desarrollo?). Este gobierno nacional, que se dice “inspirado en el peronismo”, no puede ignorar que el endeudamiento externo es un instrumento que está pensado para no ser pagado, sino para la sujeción y el sometimiento de la voluntad de la Nación, porque estas deudas no se terminan de pagar nunca, aún pagando. De esto los argentinos tenemos algo de memoria y experiencia; en marzo de 1976 cuando nos pusieron los “grilletes” Argentina debía cerca de u$s 5.000 millones y después de 34 años debemos u$s 170.000 millones, luego de haber pagado una vez y media esa cantidad.

Por lo tanto el discurso oficial es cuando menos hipócrita y pone de manifiesto la flagrante contradicción de un gobierno que se precia de “nacional y popular” que parece decidido a condenarnos a “vivir pagando para morir debiendo”.

Pero en esta Argentina del “cambalache” y la decadencia sin fondo, la capacidad de asombro no termina de colmarse, cuando escuchamos a los sectores “progresistas” y “obreros” (CGT,”la columna vertebral”) que apoyan y acompañan al gobierno en esta medida, muchos autoproclamados como “peronistas”, tratando de convencernos que el camino de la liberación pasa por el pago de la deuda externa ( cuando hace algunos años se rasgaban las vestiduras contra el FMI y el no pago de esa deuda); parece que han descubierto que por una simple transacción financiera se puede comprar nuestra soberanía a la usura internacional. Cuando uno se pone la soga al cuello no le puede pedir al usurero que la saque cuando uno quiere, sino que como mucho la va aflojar para no ahorcarte; si uno se quiere liberar debe cortar la soga.

Los muchachos parecen haber olvidado que los pueblos no compran su soberanía sino que la conquistan. ¡Lo único que les falta es convocar un acto a la Plaza de Mayo, la de del 17 de octubre, para reclamar esta vez el pago de la deuda!

En cuanto a la presidente, que pide si alguno tiene una idea mejor para solucionar el tema de la deuda, yo le aconsejo que primero calme su ansiedad desbordada y le ponga freno a la desesperación con que quiere pagar; que pise la pelota y le preste atención a las investigaciones y conclusiones de los procesos judiciales, que ya tienen fallo (caso Olmos) y aquellos con fallos próximos a salir. Que conforme a un comité de expertos nacionales y extranjeros, de economistas y juristas, que revisen la deuda, investiguen los mecanismos fraudulentos con que fue generada y determinen responsables, que convoque a los acreedores a certificar sus acreencias y se establezca el verdadero monto de la misma; en una de esas se sorprende que con bastante menos de la mitad del monto actual de la deuda puede solucionar la misma. Para que pueda explicarle al pueblo.

Que enfríe el juego; no hay urgencias. Que piense que el mayor crecimiento económico del país (el de las tasas chinas) 2003 – 2008, coincidió con la etapa de menor endeudamiento publico (post default) y a pesar que se siguieron pagando los servicios de la deuda, de que se pago al FMI, de que las empresas extranjeras remesaron al exterior sus ganancias (que fueron muchas) sin control, y de que hubo importante fuga de capitales. Al crecimiento lo hizo posible sólo el esfuerzo del pueblo argentino.

El “endeudamiento para el desarrollo” es la idea de un “neodesarrollismo” tardío que los argentinos ya hemos padecido.

Que entienda que un modelo de desarrollo nacional, con independencia necesita en primer lugar del trabajo genuino del pueblo argentino ( que es capital acumulado), en segundo lugar el ahorro nacional ( entre otros los activos del sistema previsional que superan los $100,000 millones, las divisas que ingresan del comercio exterior en impuestos y reservas) que no es poca cosa, y recién en tercer lugar los préstamos e inversiones extranjeras que son complementarias y siempre que no condicionen nuestro crecimiento y el interés nacional.

Ahora, si cree que el camino es pago de la deuda y más endeudamiento externo, le pediría que a la “marcha” que tardíamente ha adoptado le cambie algunas estrofas, para que diga “…todos unidos pagaremos” …”defendiendo el capital (global)”….

Ya es hora que los gobiernos terminen con el slogan “los argentinos debemos honrar la deuda” y comiencen a honrar al pueblo argentino.

En medio del “barullo” producido por la deuda y las maneras de pagarla, aparecen los ingleses; en realidad no reaparecen: siempre han estado ahí, en nuestro sur, pero nuestros sucesivos gobiernos democráticos, incluido éste, han tratado de no verlos. No pueden ignorar los acciones concatenadas que Inglaterra ha venido tomando como , ampliación de la zona de exclusión, explotación pesquera (“depredatoria”) en la zona, construcción de la base militar en Monte Pleasant (con una pista de aterrizaje que agrega a la de Puerto Argentino), la constitución de la “Task Force Malvinas” que tiene a disposición aviones Typhon, dos submarinos y cuatro fragatas ( lo que conduce a la militarización de la zona), la inclusión de Malvinas y archipiélagos del sur como territorio de ultramar de la Unión Europea por el tratado de Lisboa (lo que le da a los ingleses la cobertura de 27 países europeos, eleva de facto a Monte Pleasant a la categoría de base de la OTAN y transforma el conflicto bilateral con Argentina en conflicto regional), el reclamo presentado ante la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, por las 350 millas de plataforma marina de los archipiélagos de Malvinas, Georgia y Sándwich que se superponen con 4.000.000 de km2 de lechos y subsuelos argentinos a quien los británicos niegan todo derecho, la reserva que hace sobre sus derechos en la Antártida y mar circundante, la licitación de áreas de exploración y explotación petrolera. Recién cuando llega la plataforma marina de Desiré Petroleum, que tiene más de un mes de viaje desde Escocia, se le cae la ficha a la cancillería para desplegar una acción diplomática de “perfil más elevado”.

Inglaterra ha venido ejecutando actos de posesión contundentes en un territorio que ocupa sin derechos (salvo el de la fuerza) que le permiten expandir y consolidar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos como “estado ribereño” en una región ubicada a mas de 12.000 Km. de Londres, ante una diplomacia argentina replegada, pasiva y sin convicción, para la que el asunto Malvinas no es ni ha sido prioritario, que no ha logrado evitar que los ingleses nos arrinconen y nos bloquen en el sur afectando y amenazando seriamente todos nuestros intereses y su proyección en un espacio que naturalmente nos pertenece.

Argentina en los últimos treinta años no desplegó una acción diplomática sostenida, que llevara la iniciativa, que fuera eficaz; nuestra diplomacia osciló entre la política de “relaciones carnales” y una política “reclamativa” ante foros internacionales, siempre detrás de los hechos consumados por Inglaterra, sin beneficios, muy alejada de la histórica posición de Argentina, decidida y contundente, en defensa de la soberanía nacional en Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur y en la Antártida ( cuya ultima expresión fue el incidente por la misión Shackleton y el retiro de embajadores en enero de 1976).

Pero la actitud diplomática claudicante no es casualidad, sino tiene que ver con los compromisos asumidos por esta democracia respecto a Malvinas desde su inicio, el primero fue la aceptación y la ejecución de una vergonzante política de desmalvinización que dura hasta nuestros días y que se manifiesta en una acción solapada, pertinaz sobre la moral y el espíritu de la Nación, destinada no sólo a olvidar a los combatientes y sus actos heroicos, a ocultar y deformar la historia, sino también y como consecuencia, a debilitar la conciencia colectiva sobre los derechos de propiedad que le asisten históricamente al país, a resignar la voluntad para ejercer la posesión efectiva de esos espacios, a instalar la sensación de impotencia ante la imponente magnitud de estos espacios geográficos ( incluida la Patagonia) y la imposibilidad de ocuparlos y desarrollarlos por nuestra “incapacidad” y “forma de ser”, a fomentar el desapego y desidia sobre estos territorios y las riquezas que en ellos se encuentran que facilitan la usurpación y la venta, en este caso en nuestro sur continental de cientos de miles de hectáreas en áreas estratégicas a magnates extranjeros (algunos ingleses) y a mega empresas mineras de capital ingles o de países del Commonwealth , en definitiva a renunciar a nuestro destino histórico de ocupar y dominar estas tierras y mares en sur.

Esta política de desmalvinización que debería llamarse de desargentinización va mas allá de las Malvinas, está dirigida y afecta todo el espacio territorial a la que las islas pertenecen indivisiblemente Patagonia, islas Georgias del Sur, islas Sándwich del Sur, Antártida, mares, plataforma y subsuelo (es la forma de pensar y entender Malvinas).

El segundo gran condicionante es el humillante Acuerdo Tratado Anglo Argentino sobre Malvinas firmado por Menen – Cavallo en 1990 sin que pase por el Congreso de la Nación que nos crea obligaciones que abarcan todo el territorio nacional y comprometen la soberanía del país en las áreas de relaciones exteriores, económica (estatus para Inglaterra de nación más favorecida y garantía a sus inversiones) y militar. Estos acuerdos están vigente y fueron elevados en su momento al Secretario General de la ONU para que fueran distribuidos como documento oficial a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad; además fueron enviados a la OEA y a la Comunidad Europea

Considerando estos antecedentes, el emplazamiento de una base militar de envergadura en las islas, con el consiguiente control sobre rutas marinas y pasajes bioceánicos junto al un importante desarrollo económico (petrolero, gasífero e ictiocola) va gestando, sin oposición alguna, una zona de intereses resultante de la geopolítica inglesa que va presionando fuertemente sobre la zona Argentina colindante, amenazando seriamente su seguridad, debilitando progresivamente sus intereses, su cultura y su identidad, bloqueando su proyección a la Antártida y poniendo en grave riesgo el control político, económico y militar del Estado Nacional sobre el territorio al sur del Río Negro.

Al aumentar la “tensión” en estos días entre nuestro país y Gran Bretaña por su iniciativa unilateral de explorar y explotar hidrocarburos en las islas, no se puede estar en desacuerdo con las medidas adoptadas por nuestro ejecutivo: decreto que controla y limita el tránsito marítimo desde el continente y por aguas territoriales hacia las islas, la acción desplegada por la presidente en la cumbre de Cancún de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe donde logró el apoyo a nuestra posición de los países hermanos, el envío del canciller ante el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitarle que “redoble sus esfuerzos de buenos oficios” ante Gran Bretaña para que ésta no cometa mas actos unilaterales y frene la exploración de petróleo.

Sin embargo Inglaterra con su soberbia imperial históricamente hace caso omiso a declaraciones y resoluciones de organismos internacionales, no dialoga, no negocia, ni cede. No estamos ante un amigable “estado ribereño” (categoría que nunca debemos otorgarle) sino frente al enemigo histórico, con quien libramos 3 guerras en nuestros 200 años de vida. Por lo tanto el gobierno debe tomar medidas efectivas, concretas, (en serio) que impacten los intereses británicos en el Rió de la Plata, más allá de declaraciones y de medidas, algunas sacadas del manual de quejas del derecho internacional global, que puedan detener el constante avance inglés y conservar al menos lo que nos queda.

Hay sobrados motivos para que nuestra cancillería convoque al embajador de Gran Bretaña, para expresarle las protestas formales ante la escalada militar de su país en el Atlántico sur al enviar a la zona dos submarinos y dos fragatas que forman parte de la Task Force de Malvinas. Esto es en primer lugar violatorio de los acuerdos de Madrid de 1990 que establece que los buques y aeronaves inglesas deben comunicar y por escrito con 25 días de anticipación el desplazamiento de unidades en territorio marítimo comprendido entre las costas argentinas y el meridiano 20W y los paralelos 40S y 60S. Esta comunicación no existió como tampoco la hubo cuando movieron los cuatro aviones Typhon, caza bombarderos de última generación en noviembre pasado a la base de la RAF en monte Pleasant. En segundo lugar esta escalada militar que afecta de manera objetiva nuestra seguridad e integridad territorial puede ser interpretada como una agresión que motive la expulsión del embajador británico.

Como la militarización del Atlántico Sur además afecta los intereses y seguridad de Suramérica ya amenazada por el Comando Sur, la IV Flota, las bases de Curazao, Aruba, Panamá, Colombia, Argentina debe convocar urgente a la UNASUR y su Consejo de Defensa para buscar un marco de apoyo para las medidas diplomáticas y de otro tipo que adopte y para promover y acordar una política regional común ante el conflicto con Gran Bretaña. Si Argentina pretende que los países vecinos pasen de la actitud meramente declarativa a la adopción de acciones concretas, deberá primero tomar medidas hacia adentro que muestren una decisión clara y convincente de defensa de sus intereses soberanos, como ser:

1-Elevar los acuerdos /tratado de Madrid al Congreso de la Nación por donde nunca pasaron, para que sean denunciados, porque además de haber sido violados por Inglaterra son un verdadero estatuto del coloniaje que ejerce una patria potestad, sobre nuestra política exterior, militar y económica que nos incorpora de facto en épocas del menenato al Commonwealth. La derogación de este tratado haría caer la condición de “Nación mas favorecida” en las relaciones económicas.

2- Derogación de la ley 24.184 por la que fue ratificado el Tratado de Garantías de las Inversiones inglesas firmado en Londres en 1990.

3- El estado Argentino debe sancionar con rigor y hacerlo público, a las empresas, británicas o no, que operando en nuestro territorio continental tienen intereses comerciales con empresas que operan en las Islas Malvivas con licencias otorgadas por Gran Bretaña, porque existe una legislación nacional al respecto que debe ser cumplida. Por ejemplo el banco británico Barclay’s contratado por nuestro ministerio de economía como “coordinador global” del canje de deuda que se ha abierto y que dio origen al “fondo del bicentenario”, es accionista de Desiré Petroleum, la empresa que ha iniciado las actividades exploratoria en las islas, y también de la Borders & Southern Petroleum, otra empresa con concesiones en Malvinas y que a la vez es accionista del emprendimiento minero del Bajo de la Lumbrera en Catamarca. Lo que se debe hacer en virtud de esa legislación vigente es derogar el contrato con ese banco para manejar el canje de deuda. Sin embargo hace pocos días el gobierno argentino lo ha ratificado. Suspender la licencia (entre otras penalidades ) de la empresa BHP Billiton multinacional minera de capitales angloaustralianos que tiene derechos de explotación de oro y cobre en Salta en un territorio de 40.000 ha (propiedad del senador nacional J.C.Romero) porque es socia de la compañía Falklans Oil & Gas que opera en Malvinas. Se debe penalizar también al banco HSBC que asesora y tiene “intereses” en la empresa Rockhopper Exploration, otra de las que han obtenido concesiones de exploración y explotación de petróleo en las islas. Las multinacionales pesqueras que pescan en las 200 millas argentinas y tienen además buques operando en Malvinas.

4- Mientras se investiga la compleja red de relaciones de las empresas trasnacionales que operan en nuestro país y en las islas, el Estado Nacional, suspendiendo las garantías a las inversiones y la condición de nación mas favorecida puede presionar fuertemente a las empresas inglesas en nuestro país, entre otras la British Petroleum, dueña del 65% del capital de la Panamerican Energy, a quien se le prorrogó hasta el año 2047 la concesión de Cerro Dragón, la más grande reserva petrolera de Argentina, distribuida entre Chubut y Santa Cruz, o el banco Santander que aunque aparece como español pertenece a capitales británicos, más precisamente al Banco Real de Escocia, propiedad de la corona inglesa ; empresas de seguro (Zurich), laboratorios medicinales ( Glaxo, Astra), empresas de neumáticos, alimenticias, controlando sus remesas de utilidades al exterior y otros beneficios algo que hoy no se hace.

5- Envío urgente al Congreso de la Nación de una ley que prohíba la venta a extranjeros de tierras, especialmente sobre las costas atlánticas y la cordillera que son zonas de seguridad de fronteras. Revisar las grandes ventas efectuadas y transparentarlas.

6- Reabrir e incrementar inmediatamente instalaciones militares en el sur (como elemento de disuasión) terminando con la estupidez que somos un país sin hipótesis de conflicto e impulsar una política demográfica con una fuerte promoción para ocupar y poblar la Patagonia.

7- Enmarcar estas medidas con una acción diplomática inteligente y sostenida producto de una política exterior inspirada en una geopolítica nacional y continental coherente con los tiempos de integración que vive Suramérica.

Si vamos a luchar para defender los intereses nacionales hagámoslo en serio y con dignidad. Debemos animarnos a romper con la tutela política, económica, militar y cultural que los ingleses ejercen sobre nosotros, Para esto no alcanzan con los reclamos y las declaraciones “testimoniales”. La soberanía se ejerce a través de medidas y acciones concretas y efectivas que además sirvan para romper las falsa opciones que nos presentan para dirimir este conflicto, la vía militar ( imposible) o sino hacer algunas cosas dentro del “status quo”, simulaciones que nada cambian, que es lo mismo que resignarse a aceptar que nada puede hacerse.

El Estado Nacional tiene los instrumentos necesarios para tomar y hacer efectivas estas medidas. Depende sólo de la decisión política de la conducción del Estado. Si no lo hace, es un claro indicador que carece de un mínimo umbral de poder para tener autonomía en sus decisiones y ejercer la soberanía. En un país sin soberanía no puede acometer la empresa de un proyecto nacional que nos conduzca a la realización de una Nación justa, libre y soberana.

Con este escrito, modestamente sólo estoy tratando de llamar la atención de los argentinos sobre problemas graves que no ocurren en un país virtual o de ficción sino en la Argentina concreta de hoy, y discurren y nos afectan sin que los percibamos, por ignorancia o desaprensión, o tal vez porque el gobierno y la dirigencia política encargados de resolverlos les restan importancia y relativizan la magnitud que tienen.

La realidad demuestra que estas cuestiones están afectando seriamente y de manera creciente la vida cotidiana de cada compatriota, de cada familia argentina y de la comunidad nacional. Argentina debe encontrar pronto una solución inteligente y definitiva a esta situación, caso contrario continuará por la senda de su constante declinación social, cultural y moral, desdibujando su identidad y resquebrajando su unidad política y espiritual, lo que la conducirá a convertirse en una Nación sin destino e inviable en el mundo que viene.

Es hora de defender a la Nación, para lo cual los argentinos tendremos que entender que el requisito esencial, es transitar el camino de la unidad nacional despertando la conciencia colectiva de que todos somos parte de un histórico común destino de grandeza, superando las confrontaciones facciosas, mezquinas y sectoriales y la fragmentación social, que nos debilita ante la envergadura de la amenaza externa que se cierne sobre nosotros.

La soberanía es un concepto insustituible de la política. En el momento que deja de estar presente en la política, la Nación deja de ser y se simula. Y cuando la Nación pierde, pierde el pueblo trabajador.

Fuente: http://licpereyramele.blogspot.com/2010/03/deuda-externa-y-malvinas.html. publicado el 06 de marzo de 2010

A PROPÓSITO DE MALVINAS


Por Joaquín Piat

A través de los años, y nuevamente en estos últimos días ante las nuevas pretensiones de Gran Bretaña, el tema Malvinas ha dado bastante para hablar, pensar y por cierto opinar; no obstante, en reiteradas ocasiones el análisis objetivo de los hechos estuvo ausente, especialmente cuando se cae en el error bastante común de ideologizar todo lo que se discute, no importa a veces que el tema sea una nimiedad.

En referencia a lo expresado, no tengo pruritos en decir que “quitarnos la camiseta” para discutir asépticamente algo… todavía nos cuesta bastante a los argentinos.

Vaya un ejemplo; la gran mayoría de nuestros compatriotas están convencidos de que el tema Malvinas es una verdadera causa nacional, pero… la decisión de formalizar el acto de recuperación en 1982, o sea de ejecutar la maniobra militar propiamente dicha, fue un exabrupto del mandamás de turno deseoso de perpetuarse en el poder. Lamentablemente, para muchos ahí finaliza el análisis, y por lo tanto la interpretación de los diversos sucesos que generaron el conflicto.

Personalmente considero que tal afirmación constituye una verdad parcializada y estimo que la sociedad debería conocer con mayor fundamento lo ocurrido.

Ya fuere por la liviandad con que a veces tomamos los hechos o por alguna mala intención en que las cosas permanezcan sumidas en la confusión, pero reitero, la idea general es que un cierto día un mefistofélico personaje, detentador de todo el poder, luego del desayuno y mirando por la ventana, se le ocurrió que ese podría ser un buen momento para recuperar las islas por la fuerza.

Con lo expresado no niego que hubo oportunismo político en esas circunstancias; pero me permito agregar que ello no nos puede causar gran sorpresa, pues son una muestra más de las falencias y debilidades del ser humano, especialmente cuando se codea con el poder; para comprobar lo anterior basta con repasar la historia o simplemente leer de vez en cuando los diarios, tanto nacionales como extranjeros en donde los ejemplos sobran.

Hoy la atención de la mayoría de los argentinos ha sido azuzada hacia objetivos mucho más prosaicos y cercanos; pero si nos detenemos por una parte a asociar lo ocurrido en 1982 y sus consecuencias, y por otra a la actual situación de nuestras FFAA, y agregamos al análisis una idea varias veces expresada, sobre la probabilidad de que en los próximos años las potencias dominantes centren su interés sobre nuestros recursos naturales (tengamos en cuenta el cambio climático, el agotamiento de los hidrocarburos, la escasez de agua potable, etc.), probablemente lleguemos a conclusiones interesantes.

Ahora, si persistimos en nuestra presente modalidad y no ampliamos nuestra capacidad de deducir, si somos limitados en imaginar con acierto las posibles implicancias de estos hechos para con nosotros, conformándonos solamente con los enfoques parciales, probablemente dentro de veinticinco años y en forma similar a lo ocurrido con Malvinas, estemos o alguien estará, iniciando un debate para analizar por que perdimos o dejamos de controlar parte de la Patagónia argentina, o el acuífero Guaraní, o lo que fuese.

Pero volviendo a Malvinas y para no caer en la misma actitud de lo que con sentido positivo estoy criticando, a continuación intentaría completar de manera más que sucinta aquella parte que según mi visión, generalmente está faltando de hacer conocer al gran público: las causas principales que dieron lugar a los sucesos ocurridos en el Atlántico Sur hace un cuarto de siglo atrás.

En enero de 1833 la Argentina perdió su soberanía sobre las Islas Malvinas; no obstante desde aquellas circunstancias nuestro país persistió en un permanente reclamo, realizado en todos los ámbitos del escenario internacional que se consideraron apropiados; esto según los expertos, proporcionaba a los argentinos un antecedente de peso en la prolongada contienda diplomática.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, otro hecho favoreció las pretensiones nacionales; la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas en el Capitulo X de su Carta, invitó a los Estados Miembros que todavía detentaban Colonias, a que indicasen que territorios serian considerados en aptitud de ser descolonizados.

Para sorpresa y beneplácito de los argentinos, dentro de los cuarenta y tres lugares enunciados por Gran Bretaña con posibilidades de cambiar de estatus, figuraban las Islas Malvinas.

Aquella intención declamada al mundo por el Reino Unido, totalmente auspiciosa para nuestro país, con el tiempo fue esfumándose; entendemos que dicho proceder no fue una demostración del “sense of humor” británico para con nosotros, sino que el cambio de actitud, seguramente fue debido a una rejerarquización de antiguos intereses nuevamente valorizados por la conducción política del ex imperio.

A pesar de la frustración argentina, la fortuna volvió a acompañar a nuestro país en 1965, cuando nuevamente las Naciones Unidas, mediante la Resolución 2065 invitaron a negociar a las dos partes en disputa.

Esta situación, en donde por primera vez su frente diplomático había perdido parte de la total libertad con que se movía hasta la fecha, llevó a Gran Bretaña a plantearse las siguientes opciones:

a). Negociar, vislumbrando que a la larga había un gran posibilidad de tener que ceder las Islas, bajo la presión de los sólidos argumentos y la persistente acción diplomática de la Argentina durante más de un siglo;
b). Dilatar las conversaciones en forma indefinida, algo en que los británicos disponían de sobrada experiencia;
c). Cerrar casi totalmente las discusiones y prepararse para un conflicto armado.

La conducción británica eligió la segunda de las opciones, pero como experimentados diplomáticos que fueron a través de toda su historia, con una total lógica en su razonamiento comenzaron a prepararse para una posible consecuencia de la actitud asumida, la eventualidad de desembocar en un conflicto armado; es decir paralelamente también se dedicaron a prepararse para la opción C.

En 1976 las Fuerzas Armadas británicas inician un planeamiento militar con respecto al problema de las islas del Atlántico Sur; entre los criterios que orientaron la redacción del mismo, estaba la necesidad de que los argentinos inicien primero las hostilidades; ello permitiría desentenderse de la discusión diplomática impuesta por la ONU y por otro lado crear la Fortaleza de la Fackland, un objetivo buscado hacía tiempo por los estrategas militares del Reino Unido.

El final de la década de los 70 y los comienzos de la del 80, encontraron a los gobiernos de ambos países con graves problemas económicos, sociales y políticos. Asimismo, del lado argentino y para el caso particular de Malvinas, las tratativas dejaban un sabor amargo al diluirse en el tiempo las esperanzas acumuladas; mientras por la parte británica, además de los pesados problemas que arrastraba el gobierno conservador, particularmente la Royal Navy, antigua reina de los mares y herramienta principal de la formación del Imperio, había sido condenada a una fuerte reducción como consecuencia del papel casi secundario, que en el planeamiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO) se le había asignado (la protección de los pozos de petróleo del Mar del Norte).

En resumen, de darse un conflicto de características nacionalistas, los gobiernos se verían apuntalados por sus respectivas sociedades. No está demás agregar que esto se cumpliría en los comienzos de la contienda, posteriormente, el hecho se convertiría en el certificado de defunción para aquellos componentes del Estado, cuyas fuerzas armadas no consiguiesen la victoria.

A comienzos de 1982 y coincidente con las dilaciones británicas, el planeamiento militar argentino había producido el denominado Plan Esquemático, que luego se materializó en la conocida Operación Rosario, cuyo objetivo político era muy claro y preciso: ocupar las Islas para negociar. En dicho plan había una decidida actitud de evitar bajas al enemigo, pensando con ello esquivar un conflicto armado de envergadura. Otro aspecto destacable del mencionado planeamiento lo constituía su fecha de realización, prevista inicialmente a mediados de mayo del 82; con ello se pretendía, en caso de una repuesta militar británica, imponer mayores condicionamientos a la misma debido a las más que exigentes condiciones climáticas, consecuentes con el arribo del invierno a la zona de operaciones.

Si tenemos en cuenta que para los británicos era deseable que los argentinos desaten la chispa que inflame el conflicto, no resultan inexplicables las agresiones a las oficinas de LADE o al personal de ENTEL en el todavía Puerto Stanley, o lo acaecido en las islas Geogias durante marzo de 1982, entre desarmadores argentinos de una estación ballenera y una unidad naval del Servicio Antártico británico.

Estos sucesos, entre otros del tipo, además de ir soliviantando la opinión pública, originaron que los mandos argentinos decidan el adelanto de la Operación Rosario, bajo el temor de que los británicos refuercen militarmente Malvinas.

Producto de una operación militar correctamente concebida y ejecutada, el 02 de abril las Islas retornan a la soberanía argentina; a partir de ello debían ser puestas en ejecución las previsiones para mantener únicamente una pequeña fuerza de control del orden público en la zona, e iniciar la batalla diplomática en las Naciones Unidas.

No obstante, a partir de un excelente trabajo de inteligencia y ya obtenidas las condiciones para poner en ejecución un plan desarrollado con mucha anticipación, el Reino Unido, solamente dos días después de haber sido desalojados de las Islas, inicia la operación Corporate, reuniendo casi de inmediato más de cien navíos, varios escuadrones aéreos de la Royal Navy y Royal Air Force y alrededor de veinticinco mil hombres.

La rapidez de la reacción británica sorprende a la conducción argentina; como también sorprende la descomunal repuesta favorable que da el pueblo a la noticia de la recuperación de las islas. Estimo que a partir de ello se cometió unos de los errores más perniciosos de la campaña, el presidente argentino cambia el objetivo político sostenido hasta ese momento: en lugar de “ocupar para negociar”, se pasa al de “defender las Islas” ante la marcha de la Fuerza de Tareas 317.

Se inicia así para las Fuerzas Armadas nacionales, una carrera contra el tiempo tratando por una parte de preparase para contener la arremetida británica y por otra, no perder de vista la actitud de alguno de los países vecinos sospechados de una posible colaboración con el Reino Unido; temores que luego fueron confirmados con los hechos.

¿Fue una total irresponsabilidad del gobierno argentino de ese período? ¿Hubo candidez diplomática a lo largo de los años? ¿Fue una irracionalidad del presidente de facto, azuzado por intereses de menor cuantía y el apoyo casi irrestricto expresado por el pueblo y la clase política del momento? ¿O fue un encadenamiento de acciones, sucesos y frustraciones, que una de las partes consiguió manejar mejor que la otra en la búsqueda de los objetivos buscados? Se entiende que los datos aquí vertidos en forma más que sintética, podrían motivar al lector a sacar sus propias conclusiones y lo que es mejor aun, impulsarlo a profundizar el conocimiento de lo acontecido.

No está demás expresar que luego del conflicto, Margaret Thacher consiguió su segundo mandato; mientras que la Royal Navy mejoró su presupuesto, evitó la desactivación de varias unidades y rejerarquizó su papel tanto en la defensa nacional como en el planeamiento combinado con la NATO; mientras en Malvinas, además de que la Fackland Island Company continua con su negocio ganadero, se construyó una gran base aérea equipada con modernos aviones de combate, y en estos momentos hay una dotación de soldados que según dicen, supera a la cantidad de población civil; en síntesis la pretendida Fortaleza de las Fackland, es una realidad.

(*) Fue uno de los presentadores más importantes de la radio y la televisión en España. Nació en Valencia el 27 de abril de 1929 y falleció después de dos meses en coma por un infarto de miocardio, en Madrid, el 3 de junio de 1995.

Fuente: http://www.lahistoriaparalela.com.ar

1976 - 04 DE FEBRERO - 2011 - 35 AÑOS

El destructor ARA Almirante Storni abrió fuego contra la Misión Shackleton por violar nuestro mar territorial.

El 03 de enero de 1976, Lord Shackleton arribó a las Malvinas a bordo del buque HMS Endurance. El Canciller argentino sostuvo que el arribo del enviado británico en esa fecha, coincidente con la ocupación de las Malvinas en 1833, era una "coincidencia hostil y desconsiderada" y que por ello el Gobierno argentino consideraba que el Gobierno británico había roto unilateralmente con las negociaciones. Más aún, informó al embajador británico que "las dos partes se mueven rápidamente en un curso de colisión".

Ante esta escalada en la tensión de las relaciones, Callagham envió el 12 de enero un mensaje a la Cancillería argentina en el que sostuvo que el tema de la soberanía era una "disputa estéril" y en un intento conciliatorio los invitó a mantener conversaciones confidenciales. La respuesta fue inmediata. El 13 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores respondió, lamentando "no encontrar ningún elemento positivo que justifique la reapertura de negociaciones".

El mismo día la Cancillería argentina informó que su embajador ante Gran Bretaña, Manuel de Anchorena, no retornaría a Londres y que había comunicado al Gobierno del Reino Unido que sería aconsejable que retirara el suyo, Derek R. Ashe, de Buenos Aires. A partir de ese momento, las relaciones se mantuvieron congeladas a pesar de que ambos gobiernos aseguraron que los hechos no implicaban una ruptura diplomática.

El 14 de enero, Callagham declaró ante los Comunes que la tradicional amistad entre ambos gobiernos se encontraba entorpecida por razones de soberanía, pero que el gobierno del Reino Unido entendía que era imprescindible para el desarrollo económico de las Islas contar con cooperación económica del territorio continental. Agregó, también, que "con buena voluntad, el Reino Unido y la Argentina podrían transformar el área de disputa por la soberanía sobre las Islas en un factor de cooperación entre ambos países, de acuerdo con los deseos e intereses de los malvinenses".

En medio de la crisis, el 15 de enero, el canciller Aráuz Castex fue reemplazado por el embajador Raúl Quijano, quien, del otro lado del Atlántico, destacó que las relaciones entre ambos países no estaban rotas. Al mismo tiempo las comunicaciones con las Malvinas se mantuvieron normales. Es claro que el gobierno argentino no deseaba cerrar todos los canales de comunicación. Los británicos tampoco quisieron agravar la situación.

Pocos días más tarde, el 27 de enero, el Ministro de Estado del Foreign Office declaró ante la Cámara de los Lores que:

...no habrá cambios en la soberanía británica sobre las Islas Falkland en contra de los deseos de los isleños. Pero el gobierno de Su Majestad estima...que se atenderá mejor a los intereses a largo plazo de los isleños mediante vínculos estrechos y amistosos con la Argentina.

Mientras ambos gobiernos trataban de mantener la situación de tensión bajo control, algunos sectores en la Argentina solicitaban una acción más enérgica. En efecto, el mismo día, el líder de la bancada de la oposición, Antonio Trócoli (UCR), hizo un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Por éste trámite, quiso saber qué otras medidas se habían considerado además del retiro de los embajadores y si ello era todo lo que el país podía hacer para castigar a Gran Bretaña.

En medio de la crisis, el 16 de enero, un buque de transporte de la Armada Argentina desembarcó en Puerto Stanley 750 toneladas de equipo y cincuenta miembros del cuerpo de ingenieros del Ejército. En la capital de las Islas muchos pensaron que se hallaban ante el preludio de la invasión. Sin embargo, un mensaje del Foreign Office desde Londres, enfrió los ánimos al informar que el desembarco del equipo era legítimo y que se trataba del material para extender la pista de aterrizaje según se había acordado en 1972 en concordancia a un acuerdo previo.

Durante esos días, la prensa británica reprodujo artículos escritos por isleños donde se expresaron sus temores acerca de que el Foreign Office los hubiera "vendido" y que como "peones que eran, se transformarían en las víctimas de una batalla diplomática perdida".

Los organismos regionales se expidieron en apoyo de la Argentina. La Organización de los Estados Americanos sostuvo que la exploración del potencial económico de las Islas constituía una amenaza a la seguridad hemisférica. También el 16 de enero, el Comité Jurídico Interamericano de la OEA declaró en Río de Janeiro que la Argentina tenía un inobjetable derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas. Calificó a la misión Shackleton como una "innovación unilateral" que violaba las Resoluciones de las Naciones Unidas 2.065 (XX) y 3.160 (XXVIII) y que amenazaba la paz internacional y la de toda América Latina; por último, que todas esas acciones implicaban un esfuerzo hostil para silenciar los reclamos argentinos y obstaculizar el progreso de las negociaciones solicitadas por la Asamblea General.

Con posterioridad, Gran Bretaña rechazó, en una nota presentada a la Comisión de Descolonización de las Naciones Unidas, la declaración de la Comisión Jurídica de la OEA. El pico de la crisis se alcanzó el 04 de febrero cuando el destructor de la Armada Argentina ARA Almirante Storni. [38] Se dispuso a detener al buque de investigación oceanográfica británico RRS Shackleton que navegaba a 78 millas al sur de Puerto Stanley. Desde el destructor se ordenó: "Detenga las máquinas o abriré fuego". El motivo esgrimido por la nave argentina fue que los británicos se hallaban dentro del límite de la jurisdicción argentina de las 200 millas alrededor de las Islas.

La Presidente de la Nación dio venia al posible ataque. Según algunos informes, también se creía que Lord Shackleton se encontraba a bordo. El capitán del buque británico, actuando bajo órdenes radiales del gobernador de las Malvinas, Neville French, no detuvo la marcha, se rehusó a recibir un grupo de abordaje o seguir al Storni al puerto de Ushuaia. Con el fin de aumentar la presión, las acciones del destructor fueron apoyadas por un avión de reconocimiento marítimo Neptune de la Armada. El destructor entonces hizo varios disparos sobre la proa del Shackleton que a pesar de ello prosiguió su ruta hacia Puerto Stanley. El buque argentino no persistió en su accionar pero siguió a la nave inglesa hasta seis millas de ese puerto donde finalmente emprendió el retorno. El hecho que la nave argentina se haya limitado a realizar algunos disparos y que no emprendió ninguna otra acción a pesar de su capacidad, parecería demostrar que sólo se buscó enviar un aviso: no se le reconocían derechos a Gran Bretaña para incrementar el desarrollo económico de las Islas.

Ante los hechos, se sucedieron las protestas británicas ante el Gobierno argentino y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La Argentina protestó y acusó al Gobierno británico de haber violado las normas relativas a la jurisdicción marítima, en tanto que el Reino Unido denunció la actuación del buque argentino como un "peligroso" hostigamiento contra un buque que navegaba pacíficamente para efectuar "un relevamiento científico en la zona".

Sin embargo, el enfrentamiento no escaló. Al día siguiente de los disparos, Edward Rowlands, ministro de estado del Foreign Office, afirmó ante la Cámara de los Comunes que harían "todo lo posible para enfriar la situación" pero fue ovacionado cuando sostuvo que la posición del Gobierno era clara: respetar los deseos de los isleños.

Para Beck, la respuesta de su país estuvo relacionada, no sólo, con el deseo tradicional de Gran Bretaña de evitar los conflictos con la Argentina, sino para evitar otros problemas dado que en ese mismo momento la "Guerra del Bacalao" con Islandia estaba en plena escalada.
Por otra parte, Kinney agrega que el debate parlamentario sobre el tema demostró que la posición británica era débil dado lo exiguo de sus fuerzas militares.

Sin embargo, las consecuencias de la acción argentina no tuvieron mayor impacto sobre la política británica hacia las Islas y prevaleció el status quo. Los isleños persistieron en su empeño de permanecer bajo la soberanía británica, el Foreign Office continuó tratando de alcanzar algún grado de cooperación económica de todas las partes involucradas, y muchos argentinos continuaron exigiendo soberanía plena sobre las Islas. Al respecto el canciller Quijano afirmó: “el centro de nuestra discusión es... soberanía... No podemos avanzar y si el Reino Unido no desea discutir el este tema nosotros no podemos tratar los otros temas. Por supuesto que estamos muy interesados en la cooperación económica y las comunicaciones, pero sin soberanía estos son temas mucho más periféricos”.

Fuente: Http://Unapatriadapormalvinas.Blogspot.Com/2011/01/1976-4-De-Febrero-2011-35-Anos.Html