5 de septiembre de 2021

¿CUÁLES SON LAS RAZONES DETRÁS DE LA CAMPAÑA ANTI MALVINAS?

 

Revisemos las plataformas de los aspirantes a candidatos para ver si el repentino ardor por defender a los kelpers y el desprecio por los derechos soberanos de la Argentina constituyen el programa que piensan promover en el futuro 

Por Ricardo Romano 

Dibujo encontrado en las trincheras de Malvinas (Foto: Romina Santarelli / Secretaría de Cultura de la Nación)

Una rara coincidencia se produjo en estos días entre la inclusión en una lista de una politóloga cuyo único antecedente es haber negado la soberanía argentina sobre Malvinas y la encendida defensa de los “derechos” de los kelpers por parte de Beatriz Sarlo. 

La ensayista había participado además en 2012 de una iniciativa de intelectuales “realistas” que se rinden ante la prepotencia de la ocupación y consideran más importante defender la voluntad de una población trasplantada con el respaldo de la fuerza que los derechos históricos de su país. 

El documento, titulado “Malvinas, una visión alternativa”, estaba firmado, además de Beatriz Sarlo, por Daniel Sabsay, Jorge Lanata, Juan José Sebreli, Emilio de Ípola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero e Hilda Sabato. 

Amén de criticar el “apoyo social” a la guerra de Malvinas, afirmaban que la causa tenía “escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos” del país. Trataban de “víctimas directas” a los “conscriptos combatientes” y sugerían que, “en honor de los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución” argentina, “los habitantes de Malvinas” fuesen reconocidos como “sujetos de derecho”. “Respetar su modo de vida -decían- implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”. 

Aseguraban también que la Historia no es “reversible”, por lo que es absurdo pretender “devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos”. 

El argumento de los deseos o intereses de los kelpers, esgrimido por los ingleses, está lejos de ser una convicción del Reino. Es una coartada para encubrir que sus pretensiones sobre las islas están flojas de papeles.

Mural que reivindica nuestra soberanía sobre las islas Malvinas (Foto archivo: MARK HERTZBERG / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO)

La mejor prueba de ello es que Londres jamás les dio voz ni voto hasta la posguerra de Malvinas. Recién entonces, cuando la cuestión cobró más notoriedad internacional y se hizo evidente que la ocupación británica tuvo su origen en una usurpación lisa y llana, se acordaron de la población local a la que hasta ese momento habían despreciado. 

Los antecedentes ingleses tampoco contribuyen a dar credibilidad al argumento de la autodeterminación de los kelpers. 

Baste recordar el caso de la isla Diego García, en el Océano Índico, que los ingleses también ocupan ilegítimamente ya que pertenece en realidad a la República de Mauricio. A finales de los años 60, Londres decidió alquilar la isla a los estadounidenses para la instalación de una base militar. Con ese fin, no dudó un minuto en expulsar a toda la población civil -autóctona, a diferencia de la de Malvinas-, que fue desterrada a Mauricio y a Seychelles. Unos 2000 individuos, población similar a la de Malvinas, fueron expulsados con métodos que más tarde la misma justicia del Reino Unido declaró ilegales. Pero la Corona no se molestó en dar marcha atrás. En concreto, no actuaron según los deseos de los habitantes como ingenuamente creen estos intelectuales que lo hacen ahora en Malvinas. 

Por si no bastara, en febrero de 2019, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que Inglaterra debía descolonizar el archipiélago de Chagos al que pertenece la isla Diego García. Como con Malvinas, los ingleses desconocieron el fallo y, por ende, el derecho internacional. 

Pese a ello, en 2012, el entonces premier David Cameron destacaba el referéndum de los kelpers sobre la autodeterminación -otra argucia británica- como “muy importante, porque Argentina trata continuamente de ocultar este argumento y pretende que las opiniones de los isleños no importan; espero que hablen fuerte y claro y que Argentina escuche”. 



Si los deseos de los kelpers fuesen contrarios a los de Inglaterra, ¿ésta los escucharía? Los ingleses sólo se plegaron a los reclamos cuando no les quedó más remedio -como en todo el proceso de descolonización de la posguerra- o cuando les era funcional, como en Hong Kong, de donde retirarse era lo más conveniente para sus intereses permanentes, que defienden con un tesón que sí deberían imitar los intelectuales argentinos. Y los políticos.

Los deseos de los kelpers que, con ingenuidad o con mala intención, defienden Sarlo y compañía no son más que la estratagema de un Estado que sabe muy bien que en el plano de la historia, la diplomacia o la política no lo asiste la razón. 

En el año 1771, un pacto secreto entre Londres y Madrid contenía el reconocimiento por parte de los británicos de los derechos españoles. Así lo reveló el jurista estadounidense Julius Goebel, que afirma que a partir de ese momento “los españoles ejercieron la más absoluta soberanía sobre todo el grupo de las islas” e incluso sobre “los mares adyacentes”. “No parece que estos actos hayan encontrado resistencia alguna -agrega-. Los británicos los aceptaron, y mediante la convención de Nootka Sound les dieron su consentimiento formal al reconocer el status quo existente...” 

Por otra parte, ellos mismos admitieron que la posterior ocupación de Malvinas en 1833 fue un acto de piratería, un hecho de fuerza, un arrebato, al amparo de la correlación de fuerzas totalmente favorable al Imperio más poderoso frente a una colonia de reciente emancipación que no contaba con una Marina permanente. 

En el libro Malvinas 1833. Antes y después de la agresión inglesa, el historiador Arnoldo Canclini cita al Times de Londres del 23 de abril de 1833 que calificaba de giro “inesperado” a la toma de las islas en enero de ese año y consignaba que “las circunstancias, de las que no se ha dado noticia o explicación previa, parecen haber causado un sentimiento muy airado en Buenos Aires”. 

Canclini también recuerda que, en su paso por el archipiélago, un joven Charles Darwin, pasajero de la nave Beagle de Robert Fitz Roy, escribió: “Para nuestra sorpresa, encontramos izada la bandera inglesa. Supongo que la ocupación de este lugar apenas si ha sido informada en los diarios ingleses, pero hemos oído que toda la parte austral de América está en fermento por ello. Según el terrible lenguaje de Buenos Aires, uno podría suponer que esta gran república ¡pretende declarar la guerra a Inglaterra!”

Charles Darwin fue uno de los ingleses sorprendidos por la ocupación de las islas por parte de su país, prueba de que no se trataba de ninguna reivindicación concretada sino de una usurpación (Cambridge University)

En 1829, un informe de William Langdon recomendaba al Almirantazgo ocupar Malvinas por motivos geoestratégicos; dato del que deberían notificarse los 17 intelectuales que hablan de la “escasa relación con los grandes problemas políticos” del país. 

Es inevitable no observar que, en simultáneo con su salida de la Unión Europea, en cuyos estatutos había obligado a incluir a las islas Malvinas como británicas, el Reino Unido incrementó su presión sobre los anglófilos locales para llevarlos a desconocer -vía subterfugios de supuesta elegancia como la autodeterminación de los pueblos- las razones históricas por las cuales las Malvinas son reconocidas como argentinas y por las cuales Naciones Unidas insta constantemente al Reino Unido a negociar con nuestro país, cosa que Londres se niega sistemáticamente a hacer como se niega a descolonizar otros territorios que ocupa por la fuerza, tal lo explicado. 

La salida de Gran Bretaña de la UE debilita su posición respecto de las islas, por eso no sorprende que promuevan operaciones mediáticas para sustentar sus pretensiones. Lo que sí sorprende es que personalidades de nuestra cultura caigan en estas actitudes impensables, por el dolor, el patriotismo, el sacrificio y la entrega omnipresentes en los veteranos de Malvinas -esas “víctimas directas” por las que dicen conmoverse- y en todos los argentinos que sintieron que en aquel momento histórico era su deber defender a la Patria. 

Ver que personajes que se auto candidatean hasta para presidir el país paradójicamente niegan su soberanía al sugerir que por una vacuna regalemos las islas o promueven candidaturas de personas que desconocen los fundamentos históricos del reclamo argentino hace imposible no pensar que hay dirigentes nativos que responden a usinas transnacionales que los promueven como aspirantes a las máximas responsabilidades públicas enarbolando como plataforma la negación de las potestades del país al cual quieren representar. 

Es el mismo espíritu de los intelectuales que firmaron el documento de 2012 y de los políticos que protagonizaron un desfile interminable por la embajada británica para festejar el cumpleaños de la Reina o simplemente para fotografiarse con el -hasta junio pasado- embajador tuitero de Gran Bretaña, Mark Kent, y festejarle los chistes.

De izq a der: Victoria Donda, Ginés González García, Nicolás Dujovne y Patricia Bullrich, de visita o en actividades compartidas con el Embajador británico Mark Kent

Otro elemento que debilita la posición de Inglaterra es la posibilidad, nada remota, de que Escocia se separe del Reino Unido. En 2014, el separatismo escocés perdió por poco un plebiscito sobre la independencia de Escocia; la perspectiva de una secesión del Reino formado en 1707, sigue latente. Y esto es relevante porque a la usurpación de Malvinas, le siguió su ocupación mediante la instalación en las islas de colonos escoceses. Lo que, en caso de una secesión podría habilitar una negociación paralela con Escocia por las islas. 

Por otra parte, quienes afirman que la Argentina no existía en 1833 porque aún no tenía Constitución, además de un estrecho legalismo en la visión de la historia, olvidan que la Argentina se empezó a construir como un país independiente a partir del rechazo a dos invasiones británicas, en 1806 y 1807. 

Los ingleses, para quienes -reversionando a Clausewitz- la política es la continuación de la guerra por otros medios, aun habiendo conseguido mantener su dominio sobre las islas por superioridad bélica, buscan igualmente instituir esa victoria física en el plano cultural. Lo que pone en evidencia que mantienen una vocación imperial. 

Del otro lado, se necesita una dirección con una autonomía de la conciencia ético-moral y de patriotas que junto con repudiar por antecedentes fundados en hechos históricos universalmente conocidos que las Malvinas son argentinas, rechacen otros avances de las usinas culturales transnacionales que, así como apuntan a desmalvinizar a los argentinos también buscan por vía del lenguaje inclusivo y el aborto la desnaturalización del ser humano. 

Los que promovieron darle legalidad al matar argentinos por nacer, en un país con 44 millones de habitantes y casi 4 millones de kilómetros cuadrados de superficie, para provocar un invierno demográfico funcional a los intereses de otros, en un contexto de competencia mundial entre las potencias, son los mismos que con ingenuidad o por vaya uno a saber qué mandato afirman que la ocupación de Malvinas por una potencia extranjera tiene “escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos”. 

Ya que las islas tienen tan poca importancia como señalan los voceros espontáneos del Reino Unido, sería bueno, que Londres explique por qué no las devuelve, cuando es evidente que su ocupación es clave para las pretensiones que tienen sobre la Antártida que de otro modo no tendrían el más mínimo sustento.

Las 10:46 del 2 de abril de 1982 (Malvinas, retratos de un sentimiento. Foto: Osvaldo Zurlo)

Desde el Centro de Ex combatientes de La Plata (Cecim) tildaron de “barbaridad” los dichos de Sarlo, lo que no deja de ser una pose por parte de los mismos que, por boca de uno de sus directivos, Ernesto Alonso, afirmaron que “para abordar la cuestión Malvinas desde la educación [es] importante (...) desconstruir los estereotipos del ‘Héroe’ fundados en la lógica del patriarcado, dentro de un pacto extremadamente machista…” Alonso y el Cecim fueron los eternos favoritos del kirchnerismo que al primero lo destacó en 2012 nombrándolo presidente de la Comisión Nacional de ex combatientes de Malvinas, dependiente del Ministerio del Interior. 

Cuando por esa misma época le señalaron a Fernando Iglesias, partidario de entregar las Malvinas a los kelpers, que el planteo del documento que había firmado era contradictorio con una cláusula de la Constitución Nacional, el actual diputado y candidato a seguir siéndolo por Juntos por el Cambio respondió que “inconstitucional es esa cláusula”. 

Con postulantes como estos, con pensadores como aquellos 17 y con el énfasis que vienen poniendo los sucesivos oficialismos en desmontar toda política de defensa y en destruir el aparato militar -que debiera garantizar nuestra integridad territorial-, la Argentina está tan inerme físicamente que la última frontera que le queda es la cultural. 

En este momento hasta el sistema de poder mundial la ve tan indefensa en lo material que la ataca en lo cultural, porque -reitero- aun para el imperio la política es la continuación de la guerra por otros medios. Ningún argentino de bien debe rendirse ante esta ofensiva cultural. 

Desconocer Malvinas es matar dos veces a los que dieron su vida por defenderlas. No importan las razones de la dictadura pues cuando suena el primer tiro somos ante todo argentinos. 

Habría que revisar las plataformas de los aspirantes a candidatos, para ver si el repentino ardor por defender a los kelpers y el desprecio por los derechos soberanos de la Argentina constituyen el programa que quieren promover desde las bancas. 

Canclini escribió que Malvinas es “la única deuda internacional que los argentinos no han perdonado”. ¿Puede ser casual que se ataque la única causa que despierta nuestra unanimidad como Nación? 

No lo creo. 

Fuente: https://www.infobae.com

SIGUE EL DEBATE. SARLO LE RESPONDE AL DIRECTOR DEL MUSEO MALVINAS Y CAPARRÓS OPINA: “¿A QUIÉN LE CAMBIA QUE ESAS ISLAS SEAN INGLESAS O NO?”

 

 

“El nacionalismo es una mística inútil, no una forma de encarar problemas actuales y verdaderos”, dijo la intelectual a LA NACION, que recuerda su experiencia en las islas en 2013; se suman voces en las redes 

Por Daniel Gigena

Beatriz Sarlo, Edgardo Esteban, Martín Caparrós y Marcelo Larraquy

Siguen las repercusiones por las declaraciones de la ensayista Beatriz Sarlo acerca de la soberanía argentina en Malvinas. Luego de que la intelectual dijera en LN+ que las islas eran “territorio británico”, el director del Museo Malvinas, el escritor, periodista y veterano Edgardo Esteban invitó a la escritora a conocer la institución situada en Santiago Calzadilla 1300. “Es una referente a la que siempre respeté más allá de las diferencias -había expresado Esteban a LA NACION-. Estuve más de cinco veces en las islas y, más que al paisaje escocés, el de las islas se parece al de nuestra Patagonia. Me gustaría invitarla a que venga a recorrer el Museo Malvinas y que entienda por qué tenemos estos siglos años de historia y lo que significa Malvinas”. 

Consultada por este diario, Sarlo agradeció al director del museo su respeto y aprecio. “En la escuela me enseñaron que, si quería debatir con alguien, sentarme a tomar un whisky o salir a caminar, debía escribirles unas líneas o llamarlos por teléfono, o recurrir a algún amigo común, en vez de mandarles una invitación por el diario -respondió-. Si se la invita por los diarios, es porque se busca publicidad a costa de otro y porque se quiere pronosticar un debate y, last but not least, asegurarse el diario como espacio de repercusión”. La autora de Una modernidad periférica indicó que era “muy dura” a la hora de discutir ideas políticas o estéticas. 

Sarlo agregó que era “muy difícil” que el director del Museo Malvinas pudiera debatir en serio con “alguien que, como yo, ha tenido las posiciones que tuvo y tiene frente a la invasión militar que Leopoldo Galtieri planeó para salvar una dictadura que ya estaba cayéndose, y salvarla del modo que eligen las dictaduras: encender el fuego patriótico”. Contó además que había estado en Plaza de Mayo en abril de 1982. “Fue humillante, populista, del peor nacionalismo aventurero, que produjo la muerte de esos conscriptos correntinos y de otras provincias pobres que fueron embarcados hacia el sur -remarcó-. Allí terminaron con frío y tratando de conseguir comida en la casa de los falklanders. Fue una aventura innoble, de cuyos detalles recibí muchos relatos cuando estuve allá. Repito: todos los que amen las Malvinas deberían pasar un invierno en las islas”. La autora viajó a las islas en 2013 para escribir una serie de notas para LA NACION sobre el referéndum que se hizo sobre el estatuto político del territorio (en el que el 99,8% de los habitantes votó a favor de que las islas siguieran siendo consideradas “territorio británico de ultramar”). Esas crónicas están incluidas en su libro Viajes. De la Amazonia a las Malvinas. “En este país, el nacionalismo es una mística inútil, no una forma de encarar problemas actuales y verdaderos”, sintetizó Sarlo. 

Esta mañana, el escritor Martín Caparrós, en diálogo radial con el periodista Ernesto Tenembaum, dijo que Malvinas era “el penúltimo de los problemas de la Argentina” y que “el orgullo nacional” no eran las Malvinas, sino “darle de comer a todo el mundo”. “¿A quién le cambia que esas islas del Atlántico Sur sean inglesas o no lo sean? -se preguntó-. Este es el relato por excelencia. Las Malvinas tienen alrededor de doce mil kilómetros cuadrados. Es casi exactamente el millón de hectáreas que tiene Benetton en la Patagonia, pero la preocupación son las Malvinas. No sé si las Malvinas son o no son argentinas. Me da igual, me importa muy poco y creo que debería importarnos muy poco”. También contó que desde la editorial Penguin Random House le habían advertido que debía corregirse un mapa que aparece en su próximo libro -Ñamérica, que se lanzará en septiembre y se anuncia como “la crónica definitiva de un territorio inacabable: Hispanoamerica”- porque faltaban las islas. 

A su vez, luego de ser interpelado en la red social Twitter, el escritor Martín Kohan también se refirió al affaire Malvinas. “Valoro a los intelectuales que me plantean una exigencia de elaboración conceptual, esté o no esté de acuerdo con lo que dicen. No se trata de atacar o defender, sino de pensar y discutir”, tuiteó el autor de Dos veces junio sobre las declaraciones de su exprofesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. 

También el historiador Marcelo Larraquy, autor de La guerra invisible. El último secreto de Malvinas, se refirió al tema en la misma red social. “Qué tristeza me dan las declaraciones de Beatriz Sarlo sobre Malvinas. Tristeza y vergüenza. Sin ningún tipo de fundamento: ‘Se parecen al sur de Escocia’. Es cierto que hay una moda tilinga muy argentina de decir ‘Las Malvinas son británicas’. Debe ser eso”. Esta última alusión pareciera tener como destinataria a la historiadora Sabrina Ajmechet, precandidata a diputada nacional por Juntos por el Cambio en la ciudad de Buenos Aires, cuyos tuits sobre Malvinas compartidos tiempo atrás fueron exhumados hace pocos días. 

Sarlo recordó los textos que había escrito para LA NACION en su viaje a Malvinas. “Los habitantes de las islas se declaran isleños más que británicos -reveló-. Ponen delante de las prescripciones legales un modo de vida. Sería una buena idea que los argentinos supiéramos qué quieren decir exactamente estas mujeres y estos hombres cuando se definen como ‘isleños de las Falklands’, en lugar de corregirles la plana para explicarles que lo que ellos llaman Falklands se llama Malvinas, porque en 1833 los ingleses desalojaron al gaucho Rivero (¿who is that guy?) e implantaron una dominación colonial. A lo segundo, los isleños responderían que ellos no son una colonia sino un territorio de ultramar. En cambio, argumentamos: aunque no se den cuenta, ustedes viven en una colonia, alcanzada por las resoluciones de la ONU sobre descolonización. No es un diálogo verosímil. Podríamos decirles a los isleños que hay muertos argentinos sepultados en las islas y en el océano. Ellos contestarían: ¿por qué los mandaron acá?”

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar

VIDEO: LA BASE DE MALVINAS QUE PUEDE PONER EN JAQUE LA POLÍTICA ANTÁRTICA DE ARGENTINA

 

 

Un vuelo de Lufthansa fue directo de Alemania a las islas. ¿Por qué hay tanta preocupación entre los especialistas?

 

En mayo pasado, al finalizar la campaña de verano 2020/21, se conoció una noticia que despertó la alarma de los especialistas antárticos argentinos. Un vuelo de Lufthansa contratado por el Instituto Alfred Wegener de Alemania hizo el trayecto directo desde el aeropuerto de Hamburgo hasta el de Mount Pleasant, Malvinas. 

Ese vuelo trasladó a 92 técnicos y científicos que, a través del rompehielos Polarstern, tenían como destino final la Base Neumayer III, en la Antártida: fue la primera operación aeromarítima de este tipo, con capacidad de hacer ida y vuelta a Europa en entre 48 y 72 horas. 

La inquietud de los expertos surge debido a que, en las últimas semanas, se conoció un proyecto de inversión de 85 millones de dólares para la construcción de un nuevo puerto británico en Malvinas especializado en servicios antárticos. Entonces, ¿la Argentina está perdiendo una oportunidad histórica en su posicionamiento antártico? En un nuevo video de DEF en YouTube, Nacho Cánepa aborda este tema que preocupa, con datos y análisis de especialistas en la materia.

Se conoció un proyecto de inversión de 85 millones de dólares para la construcción de un nuevo puerto británico en Malvinas, especializado en servicios antárticos. Foto: Archivo DEF.

OBJETIVO ANTÁRTICO: UN PUERTO INGLÉS EN MALVINAS

El vuelo de Lufthansa y el proyecto de la realización del puerto son indicios del comienzo de una política agresiva británica para captar clientes entre la comunidad antártica internacional. Un dato: varios de los países que reclaman soberanía sobre el continente blanco son del hemisferio norte y, para operar, necesitan de nodos logísticos más cercanos a la Antártida como Ushuaia, Punta Arenas u otros puertos sudamericanos. 

Incluso se llegó a mencionar que el vuelo particular de Lufthansa fue como consecuencia de las dificultades propias de la pandemia, pero la empresa de aviación se contradijo cuando, en un comunicado, señaló que la operación se había preparado durante años. 

Mirado bajo la óptica de los países del norte, algunas de las posibles causas para buscar otras soluciones logísticas están, por un lado, relacionadas con complicaciones administrativas y, por otro, con la importancia de reducir el costo de los fletes.

Tierra del fuego tiene condiciones geográficas y geopolíticas únicas para convertirse en la puerta de entrada a la Antártida. Esta proximidad le permitiría construir una plataforma operativa, logística, académica, para toda la comunidad nacional e internacional transformando al país en un referente mundial. Foto: Archivo DEF.

La inversión para llevar adelante la construcción de este puerto de aguas profundas será de 85 millones de dólares. La obra está adjudicada a la empresa británico-holandesa BAM Nuttall y tiene por objetivo, ampliar los servicios turísticos, brindar mayor capacidad logística a la explotación pesquera y petrolera, contar con mayor estructura para las operaciones militares navales y proyectar a Malvinas como puerta de operaciones antárticas. 

¿UNA OPORTUNIDAD ANTÁRTICA DESPERDICIADA? EL CASO CHILENO 

Tierra del Fuego tiene condiciones geográficas y geopolíticas únicas para convertirse en puerta de entrada a la Antártida; de hecho, Ushuaia se encuentra a 1000 km del continente antártico. Esa proximidad le permitiría constituir una plataforma operativa, logística, académica para toda la comunidad nacional e internacional, transformando el país en un referente mundial. 

Entre algunos de los servicios que podría brindar un polo logístico de excelencia en Ushuaia, se encuentran la facilidad de transporte, la posibilidad de montar un taller de reparaciones navales, la creación de una plataforma científica, de cámaras frigoríficas para muestras y víveres, como también de un depósito para carpas, vehículos e indumentaria polar, entre muchas otras cosas. 

Chile tiene emplazado su instituto antártico en la ciudad de Punta Arenas y desde allí operan 19 programas antárticos. Foto: Archivo DEF.

En la actualidad, la Argentina está desperdiciando su ventaja de tener un puerto de aguas profundas en el canal de Beagle, y el caso de Chile es motivo de estudio: tiene emplazado su Instituto Antártico en la ciudad de Punta Arenas y, desde allí, operan 19 programas antárticos nacionales. Además, desarrolló empresas privadas con buques y aeronaves para la exploración polar y, en poco tiempo, contará con el rompehielos más moderno del hemisferio sur. 

EL SISTEMA LOGÍSTICO ANTÁRTICO: UNA DEUDA NACIONAL 

Alejandro Bertotto, exdirector provincial de Antártida de Tierra del Fuego y exjefe de la base antártica San Martín sostiene que de ninguna manera esto es nuevo y agrega que es algo que viene ya de principios de los 90, cuando la promulgación del Decreto 2316 estableció como objetivo logístico la ciudad de Ushuaia. “En la Antártida, en base Petrel, se preveía justamente la estación de terminal de cargas antárticas para, desde ahí, distribuir a las bases argentinas y extranjeras que contraten esos servicios. Lamentablemente, eso quedó en el año 98 terminado, con la aprobación del BID y con un pedido de financiación que estaba para ser otorgado, pero no se avanzó por parte de las autoridades argentinas”, dice el especialista. 

De todos modos, cabe destacar que la Argentina tiene una posición favorable caracterizada por su ubicación geoestratégica única en el mundo, una alta profesionalización técnica de sus recursos humanos militares y científicos, y una extensa trayectoria en el desarrollo de las campañas antárticas.

 

Fuente: https://www.infobae.com

LOS OKUPAS Y LAS GUERRAS DE MALVINAS

 


 

La soberanía de las Islas Malvinas entró en discusión esta semana en la Argentina.   

Por Rodrigo Lloret 

Beatriz Sarlo manifestó esta semana su posición respecto a la soberanía de las Malvinas: advirtió que se trata de un “territorio británico” y aclaró que mencionar la argentinidad de las islas es, en algunos casos, impartir un cierto tipo de propaganda nacionalista. “Yo fui a las Malvinas, para una serie de notas. Es un territorio británico que es lo más parecido al sur de Escocia. No hay habitante de ese lugar que no viva la llegada de militares como una invasión”, aseguró Sarlo al canal LN+. 

A decir verdad, se trata de una postura que la historiadora y columnista de Perfil ya había anticipado en su libro Viajes. En ese interesante ensayo, Sarlo retrató su periplo por varias ciudades de la región para reflejar la idiosincrasia y las costumbres locales, con relatos que incluyen visitas a lugares emblemáticos, como la selva del Amazonas o las minas de Oruro. Con respecto a Malvinas aseguró: “La identidad no es simplemente un dato establecido en leyes y tratados. Los habitantes de las islas se declaran isleños más que británicos”. 

Para Sarlo, la identidad argentina debería ser implantada por la fuerza en las Malvinas: “Habría que someterlos a un aprendizaje que no desean, más parecido a un adoctrinamiento que a la recuperación de cualquier pasado perdido”. El capítulo de su recorrida por el archipiélago austral se titula Una extranjera en las islas y allí sostiene: “En la memoria está el desembarco de abril de 1982, no la épica de algunos gauchos precariamente asentados en las islas en 1830”. 

Beatriz Sarlo dijo que las Malvinas son “territorio británico” y que mencionar la argentinidad de las islas es propaganda nacionalista. 

El debate reciente sobre Malvinas retomó una polémica desatada en el inicio de la campaña, luego de que se reflotaran antiguos posteos en redes sociales de Sabrina Ajmechet, precandidata a diputada de la Ciudad por la lista que encabeza María Eugenia Vidal. Politóloga, doctora en Historia y profesora de Pensamiento Político Argentino en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ajmechet había sostenido: “Las Malvinas no son ni NUNCA (sic) fueron argentinas”. Se trata de un hilo de su cuenta en Twitter de hace una década, en el que completó: “La creencia en que las Malvinas son argentinas es irracional, es sentimental. Los datos históricos no ayudan a creer eso”. 

Pero, lo cierto, es que los datos históricos no acompañan a Ajmechet. Es que el 3 de enero de 1833, las Islas Malvinas fueron ilegalmente ocupadas por fuerzas británicas que desalojaron a la población y a las autoridades argentinas allí establecidas legítimamente, reemplazándolas por súbditos británicos. La usurpación del Imperio Británico se mantiene desde entonces. 

La disputa por las Malvinas es tan particular y candente que ha recibido atención en el seno de las Naciones Unidas. En medio del proceso de descolonización que se inició en la década del sesenta del siglo pasado, el 16 de diciembre de 1965 la Asamblea General de la ONU adoptó la Resolución 2065, la primera referida exclusivamente a Malvinas. 

Los puntos principales de la disposición gestada en las Naciones Unidas gracias, hay que decirlo, al gran trabajo diplomático de Lucio García del Solar, establecieron que: 

  • El caso representa una de las formas típicas de colonialismo (que debe ponerse fin).
  • Existe una disputa de soberanía entre Argentina y Gran Bretaña (por lo que se rechaza la usurpación de 1833 y no se reconoce la ocupación británica).
  • Debe encontrarse una solución a través de negociaciones bilaterales entre ambos gobiernos (no se menciona a los isleños). 

A pesar de que pasaron casi dos siglos de la violación de soberanía y que transcurrió más de medio siglo del pedido de las Naciones Unidas para establecer un acuerdo diplomático, la discusión por los usos (y abusos) de la causa Malvinas ingresó esta semana de lleno en la agenda electoral y mediática argentina. 

La precandidata opositora Sabrina Ajmechet había sostenido que “las Malvinas no son ni NUNCA (sic) fueron argentinas”. 

Por tratarse de una precandidata de la oposición, a Ajmechet la cuestionaron representantes del oficialismo, junto a funcionarios y exfuncionarios del Gobierno. Mientras que entre las críticas que recibió Sarlo, se destacan las que fueron realizadas por excombatientes de la Guerra de Malvinas y la que hizo Vicente Palermo, en un artículo de Clarín titulado “Manera de tratar la cuestión Malvinas”. 

Es importante aclarar que la reprobación de Palermo a Sarlo radica en las formas, más que en el contenido, ya que ambas cientistas sociales habían coincidido recientemente en torno a Malvinas. “Hace unos pocos años, Sarlo y yo estuvimos entre los firmantes de una declaración que defendía la autodeterminación de los malvinenses. Y sigo creyendo que es por allí que se precisa comenzar el diálogo, o intentarlo”, aclaró Palermo. 

El 23 de febrero de 2012, previo a la conmemoración de los treinta años de la Guerra de Malvinas, Sarlo y Palermo, junto a Emilio de Ipola, Roberto Gargarella, Santiago Kovadloff, Marcos Novaro, Luis Alberto Romero, Hilda Sabato, Daniel Sabsay y Juan José Sebreli, entre otros intelectuales, firmaron una declaración titulada “Malvinas, una visión alternativa”. 

“En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho –sostiene el documento–. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean. La afirmación obsesiva del principio ‘Las Malvinas son argentinas’ y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños”. 

A su vez, Sarlo también recibió apoyos dentro del campo intelectual, como el que hizo Martín Caparrós. “No sé si las Malvinas son o no son argentinas. Me da igual, me importa muy poco y creo que debería importarnos muy poco”, enfatizó el escritor en Radio Con Vos. El autor de El Hambre se opone a la malvinización que conlleva la utilización política de la causa Malvinas.  “¿A quién le cambia que esas islas del Atlántico Sur sean inglesas o no lo sean? Este es el relato por excelencia. Las Malvinas tienen alrededor de 12 mil kilómetros cuadrados. Es casi exactamente el millón de hectáreas que tiene Benetton en la Patagonia, pero la preocupación son las Malvinas”, completó en ¿Y ahora quién podrá defendernos?, que conduce Ernesto Tenembaum. 

El diálogo con Gran Bretaña es bienvenido, pero no puede olvidar el problema de origen: la violación de soberanía. 

El 4 de diciembre de 2007 se realizó un particular debate sobre Malvinas en Londres, ya que incluía representantes del gobierno británicos y del gobierno argentino. La discusión se desarrolló en la London School of Economics y participaron el embajador argentino, Federico Mirré; el diplomático Raúl Vinuesa; la especialista en estrategia y relaciones internacionales Virginia Gamba; el Jefe del Cono Sur del Foreing Office, Robin Twynman; y el experto en Derecho Internacional y especialista en el conflicto de Malvinas, el alemán Rudolf Dolzer. 

“La adquisición por la fuerza de un territorio exige que haya un tratado. Y en este caso yo no lo veo. En cambio, si mi análisis es correcto, los argentinos tienen un título de propiedad mucho mejor sobre las islas”, concluyó Dolzer, el ya fallecido profesor emérito de la Universidad de Bonn, que alcanzó fama mundial con su magistral obra Principios del derecho internacional de inversiones. 

Luego de haberse jubilado del servicio exterior argentino, y seguramente con más libertades para exponer públicamente, invité a Mirré a participar de un seminario que dicto en la UBA. Formado por García del Solar, Mirré es el principal especialista en Malvinas de la diplomacia argentina. 

“Imaginemos que mi bisabuelo tenía un campo en la provincia de Buenos Aires. Y que ese campo fue ocupado por personas que violaron la cerradura de la casa y desde entonces se apropiaron de las tierras –advirtió Mirré frente a los estudiantes–. Esas personas tuvieron hijos, nietos y bisnietos. Esos bisnietos hoy son pacíficos y dicen que toda su historia está en esta tierra, que allí nacieron y que allí han trabajado, por lo que aseguran que, luego de tantos años, es un lugar que les pertenece. Pero se olvidan de un dato fundamental: son ocupadores ilegales hasta el día de hoy”. 

Hace un siglo, el senador socialista Alfredo Palacios fue el impulsor de la iniciativa para que el Senado de la Nación editara en la Argentina la fundamental obra de Paul Groussac, Las Islas Malvinas. En ese pionero trabajo de 1910, el historiador y ensayista francés ofrece la evidencia empírica de que tanto Francia como Inglaterra reconocieron los derechos españoles sobre Malvinas, derechos que Argentina heredó de España y se convirtieron en la base histórica sobre la disputa de las Islas. 

“No puede olvidar Inglaterra que existe un poder de índole más alta –dijo Palacios en el Senado– Si nuestra empresa es la justicia, hemos de erguirnos frente a la injusticia del poderoso que detenta tierras argentinas. Nosotros que repudiamos el despojo de conquista, hemos de protestar contra la injusticia del despojo”. 

La dictadura que intentó recuperar las Islas por la fuerza, es la misma que asesinó, torturó y violó los derechos humanos en su país. 

Es cierto que todo proceso de diálogo en relación a Malvinas es bienvenido y necesario: la única forma de poder establecer un acuerdo duradero debe realizarse a través de negociaciones sinceras con el Reino Unido. Pero la búsqueda de consenso no puede ignorar el problema de origen en torno a las islas: la violación de soberanía. 

También es verdad que ningún argentino puede reivindicar la apropiación por la fuerza que hizo la Junta Militar en 1982, porque se trata de la misma dictadura que asesinó, torturó y violó los derechos humanos de sus propios compatriotas. Pero tampoco es posible aceptar que las Malvinas sean el único territorio del mundo en el que portar una bandera argentina pueda convertirse en un delito. Seguramente, porque son islas habitadas por un grupo de okupas, bastante menos simpáticos que los protagonistas de la serie que acaba de reeditarse en Netflix. 

“¿Qué guerra terminó en las islas Malvinas el 14 de junio de 1982? ¿Qué guerras empezaron ese mismo día?”, se preguntó Federico Lorenz en su ya clásico Las guerras por Malvinas. El historiador y doctor en Ciencias Sociales fue preciso: Malvinas simboliza una guerra que todavía continúa en la Argentina.

 

Fuente: https://www.perfil.com

ALERTAN QUE UNA EMPRESA BRITÁNICA ESTÁ CONSTRUYENDO UN MEGAPUERTO EN LAS ISLAS MALVINAS

 

Autoridades provinciales elevaron una denuncia para evitar el avance de una iniciativa que trae consecuencias económicas para el país, pero también para el medioambiente. Daniel Filmus, por su parte, explicó que este desarrollo "es ilegítimo e ilegal". Es la primera vez que se aplica una ley provincial vigente sobre alguna acción extranjera en el archipiélago. 

Por Rocío Criado 

 


Tras el rechazo de la Argentina al intento del gobierno chileno de establecer una nueva demarcación de la plataforma marina en aguas argentinas, ahora la preocupación ronda sobre la posibilidad de que una empresa de Reino Unido construya un megapuerto de aguas profundas en la capital de las Islas Malvinas, cuya puesta en marcha está prevista para 2024. El gobierno de Tierra del Fuego ya elevó una denuncia para evitar el avance de una iniciativa que busca quitarle el lugar de competencia al puerto de Ushuaia y trae consecuencias económicas y para el medio ambiente. 

El contrato de las obras se firmó en abril de 2020 con la empresa BAM Nuttall Ltd (grupo Royal Bam), compuesta por capitales mixtos británicos y holandeses con sede en Londres, mientras que en agosto de aquel año personal de la firma llegó a las Islas Malvinas. 

"La visión es reemplazar el puerto existente con una nueva instalación que beneficiará a los usuarios en la pesca, el turismo y el transporte marítimo, así como muchas otras partes de la economía. La nueva instalación apoyará la economía nacional y permitirá el crecimiento económico futuro en muchos sectores comerciales", señalaron desde el autoproclamado gobierno en las Islas. 

Si bien la pandemia de coronavirus puso un freno a este proyecto, BAM Nuttall presentó el plano del nuevo puerto en una audiencia pública en la municipalidad. Aunque las obras no comenzaron, fuentes del gobierno de Tierra del Fuego precisaron que ya estaban trasladando equipos. 

La denuncia del gobierno de Tierra del Fuego 

Las autoridades de la provincia del Sur, que por ley nacional tiene jurisdicción de Malvinas, Georgias del Sur y Antártida, rechazaron el proyecto y elevaron una denuncia contra la empresa. Además, destacaron que es la primera vez que se aplica una ley provincial vigente sobre alguna acción extranjera en Malvinas. 

"Esta situación está en proceso de denuncia. Es algo inédito porque es la primera vez que un Gobierno provincial toma una medida de estas características, que de manera autónoma avanzamos en este sentido. Para hacer un puerto se tiene que cumplir con las leyes provinciales", explicó a Página/12 Andrés Dachary, secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de la provincia de Tierra del Fuego. 

El funcionario precisó que la Secretaría a su cargo denunció ante la Secretaría de Medio Ambiente, organismo dentro del ámbito del Ministerio de Producción y Ambiente, que la empresa internacional incurre en la violación a dos leyes provinciales: la de Aguas y la de Ambiente. 

A través de aquel procedimiento, la Secretaría de Ambiente enviará una notificación oficial a la firma Bam Nuttall Ltd, en la que se la intima a la regulación. Desde ese momento, tiene 90 días para presentar toda la documentación. "En función de la respuesta que tengamos se ve si entra la etapa de judicialización", indicó Dachary. 

"Cualquier empresa que quiere hacer una construcción de este tipo en la provincia tiene que hacer determinadas solicitudes para poder avanzar. La empresa va a construir ilegalmente en territorio nuestro", denunció Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas de Atlántico Sur, en diálogo con este diario. 

La opinión de Daniel Filmus sobre el conflicto 

Por su parte, el Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Daniel Filmus, detalló a este medio que el desarrollo del nuevo puerto "es ilegítimo e ilegal" puesto que "viola la resolución 3149 de Naciones Unidas que dice que ninguno de los dos países en el área de controversia pueden desarrollar actividades sin la autorización del otro". "Lo que muestra es la importancia que va adquiriendo el Atlántico Sur en la cuestión geopolítica global", remarcó. 

Consultado sobre el rol de otros países en estos debates, sostuvo:  "Hemos resuelto hace muy pocos días en Naciones Unidas la recuperación de la zona de paz del Atlántico Sur, hemos definido que tiene que ser una zona desmilitarizada y al mismo tiempo que las potencias regionales no deben tener cabida en la región". 

"Desde el 2015 el gobierno de Mauricio Macri había descuidado la zona de paz y hemos logrado que, con una declaración conjunta que hicimos entre Brasil y Uruguay, se recupere la zona de paz. Esto plantea que tiene que ser una zona de protección de la pesca ilegal, del ambiente y también desmilitarizada. En esto hay conciencia y convergencia", destacó. 

En la misma línea se expresó el senador fueguino de Juntos por el Cambio, Pablo Daniel Blanco, quien a través de sus redes opinó: "No me cabe la menor duda de que el Puerto que Gran Bretaña pretende construir en Malvinas es para proyectarse estratégica y geopolíticamente como polo de apoyo logístico sobre la Antártida". 

Consecuencias económicas y el efecto de la obra para el medio ambiente 

Para el gobernador Melella, el objetivo que persigue la construcción del puerto "es el petróleo, la pesca, una cuestión geopolítica de tener una presencia muy fuerte en el Atlántico Sur y la cuestión Antártica". 

"En el Atlántico Sur se juega una gran riqueza de fauna marina, de petróleo y distintos recursos que se lo quieren apropiar", agregó. 

Con la misma mirada, Dachary advirtió que "no solamente le va a quitar comercio y mayores saqueos de los recursos fueguinos y argentinos" sino que también "es un riesgo enorme porque amenaza todo lo que es la proyección antártica". 

Y concluyó: "Lo que queremos romper es la posibilidad de que el sector privado participe en Malvinas y no pase nada".

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar