18 de marzo de 2021

BORIS JOHNSON DIJO QUE VA DEFENDER MILITARMENTE LAS ISLAS MALVINAS

 Al mismo tiempo, el primer ministro británico mencionó al país entre sus cinco aliados en la región. 

Según documentos filtrados por el sitio The Telegraph, el mandatario se comprometió a utilizar las fuerzas armadas para “garantizar la seguridad de los 14 territorios de ultramar" en donde Gran Bretaña tiene presencia. 

Boris Johnson prometió usar la fuerza para defender las islas Malvinas. La prensa británica filtró un informe elaborado por el área de Defensa y Política Exterior que dice que primer ministro del Reino Unido prometió defender con la fuerza la gestión británica sobre las Islas Malvinas y otros territorios insulares. 

Según documentos filtrados este lunes por el sitio The Telegraph, el mandatario se comprometió a utilizar las fuerzas armadas para “garantizar la seguridad de los 14 territorios de ultramar" en donde Gran Bretaña tiene presencia. 

Según el informe elaborado por el área de Defensa y Política Exterior, las Fuerzas Armadas "disuadirán y desafiarán las incursiones en las Aguas Territoriales de Gibraltar Británico" y "mantendrán una presencia permanente en las Islas Malvinas, la Isla Ascensión y el Territorio Británico del Océano Índico". 

"El Reino Unido está lejos de abandonar sus compromisos transatlánticos. Se están reforzando y se les tiene en alta estima", aseguró una alta fuente del Gobierno al sitio de noticias e investigaciones periodísticas. 

En el texto filtrado, el Gobierno afirmó que gastará 6.6 mil millones de libras "durante los próximos cuatro años en áreas que incluyen espacio, cibernética, tecnologías cuánticas, biología de ingeniería, armas de energía dirigida y alta velocidad avanzada y misiles ". 

Al mismo tiempo, Johnson mencionó a la Argentina como uno de los cinco aliados de su país en la región, junto con Brasil, México, Chile y Colombia. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar

EL REINO UNIDO MANTENDRÁ PRESENCIA MILITAR EN LAS ISLAS MALVINAS PARA PROTEGERLAS DE AMENAZAS

 El gobierno de Johnson indicó que el despliegue de las Fuerzas Armadas será “permanente” en la zona, así como en Gibraltar, la Isla de Ascensión y el Territorio Británico del Océano Índico. 

Puerto Argentino, en las islas Malvinas. (Foto: AFP/Pablo Porciuncula Brune). 

El Reino Unido confirmó que mantendrá la presencia militar en las Islas Malvinas, cuya soberanía es reclamada por la Argentina, para “protegerla de amenazas estatales y no estatales”, según constó en un adelanto de la revisión estratégica de seguridad, defensa y política exterior que el primer ministro Boris Johnson presentará este martes, la primera tras la salida del bloque europeo. 

Las Fuerzas Armadas “disuadirán y desafiarán las incursiones en las aguas territoriales británicas de Gibraltar” y “mantendrán una presencia permanente en las Islas Malvinas, la Isla de Ascensión y el Territorio Británico del Océano Índico”, señala el documento de más de 100 páginas, según el diario The Telegraph. “Usaré la fuerza para defender a las Malvinas”, declararía Johnson, según medios británicos. 

Una fuente del gobierno británico recalcó que “el Reino Unido está lejos de abandonar sus compromisos transatlánticos. Se están reforzando y se les tiene en alta estima”. El diario cita además la creación de la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, a cargo de Daniel Filmus, como ejemplo de las “presiones” del Gobierno argentino.

 

Según el documento, Londres prevé gastar £ 6.6 mil millones (más de 8 mil millones de dólares) “durante los próximos cuatro años en Investigación y Desarrollo en áreas que incluyen el espacio, la cibernética, las tecnologías cuánticas, bioingeniería, armas de energía dirigida y armas de alta velocidad”, entre otros. 

Ampliación del arsenal nuclear 

El Ministerio de Defensa no ocultó tener ambiciones espaciales y dijo que las Fuerzas Armadas “se están rediseñando para enfrentar futuras amenazas, no para volver a librar viejas guerras”. 

El gobierno británico decidió además ampliar su arsenal de armas nucleares por primera vez desde la caída de la Unión Soviética en 1991. El Reino Unido elevará el techo máximo de su arsenal de ojivas nucleares de 180 a 260, lo que supone un aumento de casi 45%. 

El Reino Unido mantendrá además cuatro submarinos nucleares activos, con uno siempre en patrulla permanente. 

El HMS Astute, uno de los cuatro submarinos nucleares del Reino Unido. (Foto: AFP/Andy Buchanan) 

“Dado que las circunstancias y las amenazas cambian con el tiempo, necesitamos mantener un nivel mínimo y creíble de disuasión”, justificó el ministro de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, en declaraciones a la radio BBC. “Esta es la garantía última, la póliza de seguros última contra las peores amenazas de los Estados hostiles”, añadió. 

El informe advierte de la “posibilidad realista” de que un grupo terrorista “logre lanzar un ataque CBRN [químico, biológico, radiológico o nuclear) de aquí a 2030”. 

El documento establece de forma contundente cuál es la mayor “amenaza para la seguridad” del Reino Unido, Rusia, y el “mayor aliado” del país, Estados Unidos. 

“Hasta que las relaciones con su gobierno mejoren, disuadiremos y nos defenderemos activamente contra todo el espectro de amenazas que emanan de Rusia”, señala la estrategia. 

Pese a todo, Londres sitúa como factor geopolítico más relevante la emergencia esta década de China como actor global, lo que convierte a ese país en la “mayor amenaza estatal a la seguridad económica del Reino Unido, si bien reconoce el beneficio de mantener las relaciones bilaterales. 

Fuente: https://tn.com.ar

 

2 de marzo de 2021

MALVINAS: EL GOBIERNO BUSCA "INCOMODAR" A GRAN BRETAÑA CON EL RECLAMO DE SOBERANÍA Y APUNTA A LA ONU

 

El Gobierno decidió reforzar la presión con la esperanza de hablar de soberanía y se fijó un objetivo ambicioso: que la Asamblea de la ONU 2022 condene la "usurpación" de las islas Fuente: Archivo - Crédito: Mauro V. Rizzi / LA NACION 

Por Jaime Rosemberg 

"El día que ese arco se complete, la Argentina estará integrada, porque Malvinas será parte de la Argentina definitivamente", dijo el presidente Alberto Fernández, el jueves, mientras señalaba el trunco monumento de piedra frente a la casa del general San Martín en Yapeyú que recuerda aquella amarga derrota militar, hace ya casi 39 años. 

No se trató, por cierto, de un comentario casual. Decidido a dejar atrás la política que califica de "complaciente y desmalvinizante" y que atribuye a la gestión de Cambiemos, y mientras reduce de manera considerable su contacto con el gobierno británico, el Gobierno decidió reforzar su presión en los foros internacionales sobre Gran Bretaña para que acepte el diálogo de soberanía sobre las islas. El ambicioso objetivo de mediano plazo: conseguir, en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2022, un rechazo a la "usurpación" de las islas y una condena al Reino Unido. 

"Malvinas sigue siendo el tema central en el vínculo con el Reino Unido, esto no implica que no se avance en una agenda positiva", expresó a LA NACION Daniel Filmus, titular del Observatorio Malvinas. Más allá de su tono conciliador, desde la Cancillería que encabeza Felipe Solá refuerzan la estrategia de "sacar (a Gran Bretaña) de la zona de confort en la que los había dejado (Mauricio) Macri", según una alta fuente diplomática argentina. 

En sus 14 meses de gestión, el Gobierno suspendió el suministro de información a Gran Bretaña en materia de pesca, con el argumento de que favorecía la captura "ilegal" y "viabilizaba" en los hechos los permisos de Gran Bretaña a barcos pesqueros de España, Taiwán y Corea del Sur en aguas del océano Atlántico. El año pasado, la diplomacia argentina sumó al G-77 al grupo de organizaciones internacionales que condenó al Reino Unido por no reiniciar el diálogo sobre soberanía, tal como lo hizo hace dos semanas el comité de descolonización de la ONU, y lo suelen hacer entre otros la Celac, el Mercosur, la Unasur y el SICA, de los países centroamericanos. 

Al mismo tiempo, no volvieron a repetirse fotos del embajador británico Mark Kent con ministros del gabinete nacional, moneda corriente durante la gestión de Cambiemos. "Creemos en el diálogo, y durante nuestro gobierno ningún ministro tenía que pedir permiso para sacarse una foto o compartir una actividad con representantes de Gran Bretaña, estaban capacitados y autorizados para hacerlo", respondió a LA NACION uno de los responsables de la diplomacia durante el gobierno de Macri. 

El deseo de volver a sentar a Gran Bretaña a la mesa de negociaciones, al estilo de la reunión que protagonizaron el canciller argentino Miguel Zabala Ortiz y su par inglés Michael Stewart en Buenos Aires durante el gobierno del radical Arturo Illia, hace ya cincuenta y cinco años, viene de la mano de la idea de que la administración del demócrata Joe Biden en la Casa Blanca tendrá una mirada "más neutral" que la de su antecesor Donald Trump en este tema. Fuentes diplomáticas sugieren que el gobierno norteamericano dio esas "garantías" de manera extraoficial luego del reciente entredicho por el ingreso de un submarino nuclear de Estados Unidos en el Atlántico Sur, que realizó ejercicios militares conjuntos con aviones británicos. "No es creíble que Estados Unidos cambie su postura y deje de ver a Gran Bretaña como su aliado natural", descartó uno de los protagonistas de la política exterior del gobierno pasado. 

¿Qué dice Gran Bretaña? "El Reino Unido no tiene dudas acerca de su soberanía sobre las islas Falkland y las áreas marítimas circundantes, como tampoco sobre el principio y el derecho de los isleños de las Falklands a la autodeterminación, consagrada en la Carta de las Naciones Unidas y en el artículo primero de los dos pactos de la ONU sobre derechos humanos, en virtud de los cuales determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural", contestó a LA NACION un vocero de la cancillería británica. 

"Esto significa que no puede haber diálogo sobre la soberanía a menos que los habitantes de las islas Falkland así lo deseen. El referéndum de 2013 (en el que el 99,8% de los que votaron lo hicieron por mantener su actual estatus como territorio británico de ultramar) dejó en claro que el pueblo de las islas Falkland no quiere dialogar sobre la soberanía", rechazó la fuente de la diplomacia británica, y destacó que la relación de ese país con sus "territorios de ultramar" está basada en el "derecho de los habitantes de cada territorio a determinar su propio futuro". Se trata del principio de autodeterminación que, curiosamente, el Gobierno respalda en el caso de Venezuela ante la "injerencia" de los Estados Unidos. 

Más allá de las tensiones, el diálogo sigue abierto en temas puntuales, como el de la identificación de restos de víctimas de la guerra, auspiciadas por la Cruz Roja Internacional, tema en el que según Filmus "se avanzará en las próximas semanas" con el acuerdo para continuar el análisis en dos tumbas colectivas, iniciativa que ya cuenta con el aval de los familiares para avanzar. El avance de una agenda común en otros temas, como la política ambiental, derechos humanos o derechos de las minorías, parece condicionado por la discusión de la soberanía, que el Gobierno -un mes antes de un nuevo aniversario del desembarco argentino- se jacta de haber puesto otra vez en el "tope de la agenda" de la política exterior. 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar

18 de febrero de 2021

MALVINAS, CRÓNICA DE UNA OBSESIÓN DISTORSIONADA

 

El periodista y docente santiagueño, ganador de la última Beca Michael Jacobs de Crónica Viajera entregada por la Fundación Gabo, fue en busca de los fantasmas y los rostros que se esconden detrás de la guerra. 

Por Diego Fernández Romeral 

El libro de Picco funciona como una pesquisa en territorio minado 

“Mirar a las islas con mis propios ojos ha sido como mirar a la Medusa: las Malvinas que me habían enseñado a querer, las que me imaginaba y creía que conocía, se han convertido en piedra”. En el tramo final de su flamante libro, Soñar con las islas. Una crónica de Malvinas más allá de la guerra, el periodista y docente santiagueño Ernesto Picco, ganador de la última Beca Michael Jacobs de Crónica Viajera –entregada por la Fundación Gabo–, acusa el golpe en clave mitológica. La parafernalia bélica, los Gurkas, las trincheras y los heridos, la añoranza de esa tierra inhóspita y sacudida por los vientos atlánticos, todo se ha desvanecido. En este punto, la primera persona –usada en cuentagotas al interior del libro– funciona como la parábola de una nación entera: para los argentinos, parece decir el autor, las Malvinas son una obsesión distorsionada que se refleja sobre el estanque. 

“Fue una inquietud puramente periodística. De advertir que había una cara de un asunto tan presente, tan denso como es Malvinas, al que no estábamos prestando atención”, dice Ernesto Picco en videollamada con Página 12, acerca del origen de Soñar con las islas. Bordeando el filo de los aniversarios, desembarcó por primera vez en Malvinas pocos días después del 2 de abril de 2018. Llevaba más de ocho años merodeando el asunto: entrevistas a isleños vía mail, llamadas telefónicas a las autoridades y un inmenso archivo digital que engrosaba el misterio. “Me llamaba la atención por qué no conocíamos sus nombres, sus rostros, sus historias. Ese viaje lo hice un poco desprevenido, abierto para ver qué había. Lo que encontré fue un pueblo perdido al lado de una base militar monstruosa, con muchos fantasmas atrás”. 

Durante los siguientes dos años y con el impulso de la beca, Picco recaló otra vez en Malvinas y se embarcó en un periplo que lo llevó por los andariveles del abismo: desde Tierra del Fuego, Córdoba y la Patagonia hasta Londres, Portsmouth y Newcastle. En el centro, esas islas que se le presentaban como un fantasma y un deseo, le revelaron una trama hecha de piratas de ultramar, disputas coloniales, una empresa mastodóntica, la esclavitud al interior de los barcos pesqueros, una ola de abusos sexuales, enfrentamientos diplomáticos, el estallido económico en un territorio desolado. Y la guerra que lo cambió todo. 

“Las Islas Malvinas, como tema, ha sido absolutamente superado por la guerra. Y tiene siglos de historia para atrás y medio siglo de historia para adelante. Hay una dificultad en mirar Malvinas críticamente, que en nuestro país es uno de los pocos temas donde hay consenso, donde aparentemente no hay grieta. Entonces buscar los detalles de la foto es algo incómodo” dice Picco sobre el foco de su investigación. “Se prefiere contar el mismo cuento que conocemos, el del sufrimiento, que mirar más allá y encontrar cosas que no nos gusten”. 

Editado por Prohistoria y con prólogo de Jon Lee Anderson, Soñar con las islas es una pesquisa en territorio minado. Apenas comenzado el libro, entre las ráfagas etílicas de un bar escondido en Puerto Stanley –porque allí nadie considera que haya existido Puerto Argentino–, Picco debe camuflarse como turista chileno para salvar su pellejo. “Definitivamente en las islas nadie quiere ser parte del territorio argentino”, asegura el autor. “La sensación que tenía era la de ser el enemigo, alguien que representaba una amenaza”. 

Con ese recelo avanza en busca de los fantasmas y los rostros que se esconden detrás de la guerra. Encuentra jóvenes que recorrieron el mundo para darle una identidad política a las islas, funcionarios que le abren cada puerta que le interesa, maestras que le revelan con soltura lo que sucede en las aulas: “La guerra fue un punto de inflexión. Pero eso no se enseña aquí. Ya estamos en otra cosa”. Esa otra cosa aparece en datos inesperados que se van hilando con las historias de ex combatientes –a ambos lados del océano– que se definen como víctimas y no como héroes. Por ejemplo, que las Malvinas registraron en 2017 el PBI per cápita más alto del planeta. O que el empresario argentino Eduardo Elsztain estuvo a punto de quedarse con la firma que regula el pulso económico de las Malvinas, esa suerte de Gran Hermano isleño: la Falkland Island Company. 

“La historia de Malvinas y de las Falkland Island Company están despersonalizadas por completo. Conocemos apenas alguna figurita. Pero no tenemos nombres, nada. Esta empresa que es una presencia casi fantasmal, inexplicable, es también un símbolo que resume todo lo que ocurre en las islas”, asegura Picco. “En este libro hay un intento de ponerle nombre, cuerpo, a toda esa historia”. 

-En un punto de Soñar con las islas recuperás una noticia de The Guardian donde se señala: “En 1982, las Malvinas estaban económicamente quebradas, políticamente marginadas de toda consideración en el viejo centro del imperio y prontas a ser transferidas de alguna forma a la República Argentina. La guerra logró que esto no sucediera”. ¿Cómo se explica esta afirmación? 

-Poco antes del ochenta y dos, los británicos no querían saber nada de Malvinas. Para ellos representaban un lastre y lo que se estaba dando a través de la diplomacia era un acercamiento a Argentina. Los isleños, en las marchas que hacían, le apuntaban sus pancartas a Gran Bretaña. Keep the Falklands British, reclamaban. Exigían que mantuvieran las islas dentro del imperio. Después de la guerra a ellos les otorgan un reconocimiento inesperado, obtienen la ciudadanía, llegan inversiones gigantescas, se vuelve una revolución política. Los isleños ven la guerra como una bisagra que les cambió la vida para bien. Lo que sucede hoy es que, a la par de esa certeza que ellos tienen, hay una generación de jóvenes de la posguerra que acceden a los puestos de liderazgo en el gobierno, las empresas, la diplomacia, y tienen otra relación con Argentina y con el mundo, mucho más abierta. No llevan las cicatrices ni las heridas que tienen sus padres y abuelos. 

-¿Qué prejuicios desarmaste y confirmaste sobre Malvinas durante el proceso de escribir este libro? 

-Lo que se me ha confirmado es que sí hay un sentimiento muy "antiargentino". Pero me sorprendió la buena onda con la que me recibieron. He hablado con todas las autoridades sin ningún problema, paseé por la casa de gobierno solo, recorrí los salones. Si bien con sus sombras, sus dilemas, sus oscuridades, incluso pude hablar con las autoridades de la Falkland Island Company. Expresado en términos de series, que hoy tienen el dominio como género narrativo, la sensación que me quedó es que las Malvinas son un cruce entre Fargo y Lost. Una isla extraña, alejada, donde hay una base militar inexplicable, impenetrable. Donde los civiles pueden ir al cine, pero nadie sabe cuántos militares hay, cuánto armamento hay. Todo marcado por una guerra que parte el relato hacia atrás y hacia adelante. Y al mismo tiempo un pueblito chico con sus crímenes, su historia, sus familias que crecieron económicamente de una forma que nadie hubiese esperado. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar

14 de febrero de 2021

LA INCREÍBLE HISTORIA DEL CERRAJERO QUE EN 1982 FUE A MALVINAS PARA ABRIR LAS CAJAS FUERTES DEL GOBERNADOR INGLÉS

 

Un cuarto blindado, una trampa cazabobos, un sello de la Reina… En la residencia del representante de la Corona, los militares encontraron una bóveda, una habitación sellada en cuyo interior había varios armarios cerrados. El relato jamás contado de Alberto Iazurlo, uno de los técnicos que viajó para abrirlos. 

Por Claudia Peiró 

“Yo estaba en mi local, eran las seis y media, siete de la tarde, después de las dos me iba para la cerrajería, todos los días. Veo entrar a tres compañeros y pensé en algo de rutina, que venían a encargarme un trabajo o a retirar algo. Me miran y me dicen: “Prepará el bolso, cerrá y vení”. “¿Adónde?” “Vos prepará el bolso”. Pregunto: “¿Qué herramientas llevo?” “El bolso con todo lo que tengas”, me dicen. “Tenés que viajar al Sur”. Le digo: “Vos me estás cargando”. “No -me dice-, vamos a la dependencia que te están esperando”. Cerré y me fui con ellos al Departamento Central, en la calle Moreno”. Así empieza su relato Alberto Iazurlo. 

El cerrajero, hoy jubilado, recibió a Infobae en su casa para contar esta historia a la prensa por primera vez. Un episodio que hasta ahora había mantenido como anécdota familiar, de esas que se evocan una y otra vez en los almuerzos domingueros, y de la que conserva algunos recuerdos en el salón del dúplex de Villa Luro donde vive. Las paredes están llenas de testimonios de ese viaje y del oficio de cerrajero que dejó hace 15 años: entre otras cosas, una colección de llaves y candados, el diploma que le dio el Senado y una foto tomada en la gobernación de Malvinas junto al General Mario Benjamín Menéndez, que fue el gobernador de las islas desde el desembarco hasta el final de la guerra.  

Alberto Iazurlo y los recuerdos de su oficio y de su viaje a Malvinas 

Aquel 10 de abril de 1982, cuando llegaron a Moreno, estaba toda la cúpula de la Policía Federal. “El jefe de policía, que entonces era un General del Ejército (Luis Santiago Martella), y los superiores que le seguían. Y ahí me informan que tenía que viajar a Malvinas”. 

En ese momento conoció al que sería su compañero de viaje, también cerrajero en la Policía, pero que revistaba en otro sector: Julio José Derito. 

¿Qué tenemos que hacer?, ¿qué hay que llevar?, ¿qué vamos a tener que abrir?, preguntaban los cerrajeros. Pero fue poco lo que les pudieron informar. “De allá no sabían qué decir, porque ellos no veían nada. Todo lo que había estaba adentro de una bóveda. Nos dijeron: “No podemos ver porque no podemos entrar”. La bóveda que querían abrir estaba en la casa del gobernador que era también la sede de la gobernación de la isla”. 

La Casa de Gobierno de Malvinas y residencia de la autoridad colonial 

Al día siguiente tenían que presentarse en Aeroparque. Cargaron dos o tres bolsos con todas las herramientas que podían llegar a necesitar. 

Así empezó un viaje discreto cuyo destino y objeto no pudieron comunicar ni siquiera a sus familias. “Me voy a Bahía Blanca”, le dijo Alberto Iazurlo a su esposa. Sin embargo, ella se enteró de dónde estaba él realmente, de un modo casual, por una infidencia involuntaria. 

Enfrente de la casa de los Iazurlo vivía un matrimonio cuyo hijo estudiaba en el Colegio Militar. “En una clase -cuenta Alberto- uno de los profesores anuncia que dos cerrajeros de la Policía habían viajado a la isla, que los estaban esperando porque nadie había podido abrir las cajas de seguridad de la gobernación. Dos cerrajeros de la Policía Federal están comprometidos para ir, contó el profesor. Ahí se entera mi señora por la vecina de que yo había viajado a la isla, no a Bahía Blanca”. 

Alberto Iazurlo 

Era fácil deducirlo: Alberto Iazurlo era auxiliar superior de 4a de la Superintendencia de Interior de la Policía Federal; allí desempeñaba su oficio de cerrajero. Su inesperado viaje al sur no podía tener otro objeto más que ese. 

Las comunicaciones con la isla se hacían mayormente por radio de modo que, durante su estadía en Malvinas, la familia casi no tuvo noticias. Eran otros tiempos, de llamadas mucho más esporádicas, cuando todavía los celulares no habían creado la costumbre -o la manía- de contactarse todo el tiempo. 

Desde Aeroparque partieron en un avión de la Policía Federal hacia Bahía Blanca, donde hicieron una escala técnica de tres horas. “Ahí estaban todos los Pucará, que después vi allá en la isla, estaban todos ahí estacionados. Salimos de vuelta, volando sobre el océano, a lo largo de la costa hasta Comodoro Rivadavia. Allí fuimos a la delegación de la Federal a pasar la noche para salir hacia Malvinas al día siguiente”, recuerda Iazurlo. 

Un bocallave de bronce que Alberto Iazurlo conservó como recuerdo de su viaje a Malvinas 

El viaje de tres horas hasta la isla se hizo en un Fokker F-28 y de noche; un vuelo rasante para evitar ser detectados. El avión llevaba armas y otros pertrechos hacia las islas. Y también dos pasajeros insólitos considerando el contexto: una mujer de Malvinas que regresaba a la isla con su hijo, al que había traído para una consulta y asistencia médica. “Eran de la isla, pero se iban a curar a Comodoro”, dice Iazurlo. 

Una cooperación hasta aquel momento frecuente del continente con Malvinas que la guerra dejó atrás y que lamentablemente no se ha podido reconstruir aún. 

“De la base se comunican con el gobernador. “Llegó la gente que estaban esperando”. Nos vinieron a buscar con un jeep y nos llevaron a la gobernación. Ahí estaba Menéndez, charlamos con él a solas. Nos dio la instrucción de que solo debíamos reportarnos a él, exclusivamente. A nadie más. Nos llevaron al hotel. A la mañana siguiente, ocho y media, ya estábamos en la gobernación”. 

Alberto Iazurlo 

Allí vieron finalmente lo que había que traspasar: un cuarto sellado, con paredes de concreto y puerta blindada como las de los tesoros de los bancos. “Era como si fuera esto -dice Iazurlo, abarcando con las manos el salón-, todo de cemento armado. Un cuarto blindado digamos. Empezamos a ver por dónde podríamos entrar porque la puerta no la podíamos abrir. Vimos que había una ventanita cerca del techo, como una ventilación, con rejas”. 

Ni soplete había a disposición. A los kelpers no podían pedirles nada. Evidentemente los militares no habían previsto antes que iban a encontrarse con esa bóveda, reflexiona Iazurlo, “porque nos tuvieron que llamar después del desembarco, cuando ya toda la isla estaba controlada”. 

El hotel Upland Goose donde se alojaron los cerrajeros durante su estadía en Puerto Argentino 

“Me sorprendí, claro, cuando me vienen a buscar y me dicen “tenés que ir a abrir cerraduras”. “¿Cerraduras hasta la isla?”, les decía yo. “Y sí, te están esperando”. Palabra eh…”, comenta risueño. 

“Nosotros habíamos llevado una sierra, una sierra común. Tras varias horas de trabajo, logramos limar tres o cuatro barrotes. Y ahí entra mi compañero, que era más delgado que yo. Sube, se tira y cae en un canasto que estaba lleno de papeles….” Eran los documentos sensibles que los ingleses alcanzaron a triturar en ese cuarto que albergaba varias cajas fuertes y armarios bajo llave, además de las máquinas teletipo y sus decodificadores. 

Rex Hunt era el gobernador delegado de la Corona británica en Malvinas en abril de 1982 (Shutterstock) 

Una vez adentro, Derito pudo abrir la puerta del cuarto que en su interior contenía otra bóveda. “Las cerraduras eran numéricas, como las que llevan las cajas fuertes, ese tipo de cerraduras. Y las puertas eran así (hace un gesto para ilustrar el grosor, de entre 20 y 30 centímetros). Y al abrir esa había otra bóveda, pero ya estábamos adentro. Había una caja ahí, otra allá, otra acá, armarios, cajas, armarios, cajas, todo había que abrir”. 

Durante los siguientes cinco a seis días, Iarzulo y Derito se dedicaron a abrir cada caja y cada armario y entregar el contenido al General Menéndez que ocupaba el despacho frente a la habitación secreta, separado apenas por un pasillo, y desde donde podía incluso supervisar el trabajo de los cerrajeros.

Alberto Iazurlo: “Me sorprendí, claro, cuando me vienen a buscar y me dicen “tenés que ir a abrir cerraduras”. “¿Cerraduras hasta la isla?”. “Y sí, te están esperando”..." 

La trampa cazabobos 

“Un armario se nos complicó porque cuando mi compañero puso una tarjeta plástica entre la puerta y el marco, que se acostumbra a hacer eso, se dio cuenta de que había algo, era el hilo de una de esas trampas cazabobos… Se pone por dentro de la puerta un hilo o cable tensor que la atraviesa en diagonal y del que cuelga una granada. Cuando abrís la puerta, estalla”, explica Iarzulo. 

De inmediato dieron aviso al gobernador que hizo venir a personal del equipo antiexplosivos del Ejército. “Ellos lo desactivan, mientras nosotros esperábamos afuera; efectivamente era un cazabobos. El único que encontramos”, agrega. 

Algunas cajas estaban vacías, otras contenían casi exclusivamente documentación. Debía tratarse del archivo administrativo de la gobernación. 

Recuerdos de su misión a Malvinas: llaves, monedas, billetes. Abajo a la derecha, un bocallave de bronce 

Durante el operativo, hubo un “acoso” de oficiales superiores que querían indagar sobre el contenido de las cajas abiertas. 

“Había papeles, pero nosotros no los poníamos a mirar -dice Iarzulo-. Todo lo que encontrábamos, al gobernador. Al gobernador. Exclusivamente a él”. Pero no faltaron los que quisieron hacer valer su influencia o sus jinetas para obtener información. “Venían, nos preguntaban… “Mire que soy el teniente tal”, “el coronel tal”. “Discúlpeme, pero nosotros sólo podemos informar al gobernador”...”, era el diálogo. 

Finalmente, quedaba una última caja de dos puertas. De un metro y medio de ancho aproximadamente y dos de altura. “Con esa empezamos a las ocho de la mañana y terminamos de abrirla a las doce y media, una del mediodía. Todo con máquina de agujerear. Ya las mechas no daban más. No teníamos con qué afilarlas. No teníamos nada. Sólo las herramientas que habíamos llevado nosotros. Ahí encontramos un paquete envuelto en papel madera, atado. Vino el gobernador, lo abre en la oficina de él, nos lleva con él. Un almohadón de pana roja todo bordado con hilos de oro y el sello de la reina, por un aniversario que se cumplía ese año…” 

El diploma que le otorgó la Policía 

“Un lunes nos volvimos para Comodoro. Ahí nos estaba esperando el Cessna que nos había llevado. Los tres pilotos que nos llevaron hasta ahí, que eran del Escuadrón Aéreo de Policía, querían viajar con nosotros, nos querían llevar con el Cessna, pero les dijeron que no, porque no iban a tener autonomía de vuelo. Porque el viento en contra arriba del océano era tremendo”. 

El domingo previo al regreso, Alberto y su colega pudieron pasear un poco. “Nos pasamos el día recorriendo la base militar y otros lugares. El viento, sopla y sopla. En un sólo día se pueden tener las cuatro estaciones del año: amanece con lluvia, frío, levanta un poco de temperatura, vuelve a llover a la noche; al día siguiente es al revés. Y el frío se siente”. 

Paisaje de Malvinas (Foto de archivo) 

El día del regreso, mientras esperaban para abordar el avión, empezaron a sonar las sirenas. Se apagaron las luces. “Los soldados corrían de un lado a otro. Carrera mar, cuerpo a tierra, todo. Yo digo “la guerra”. Le digo a mi amigo “agarrá la máquina de agujerear” -recuerda sonriendo- Era todo lo que teníamos. En eso veo que un oficial que estaba sentado enfrente escribiendo ni se movía. Seguía escribiendo, nos miraba a nosotros y se sonreía… Era un simulacro de combate… Y el oficial estaba escribiendo a su esposa. Me pidió el favor de llevarle en mano la carta, cosa que hice apenas volví”. 

Mayo de 1982- Soldados de la compañía 601 se disponen a abordar un helicóptero para una misión de vigilancia en el estrecho de San Carlos (FOTO ARCHIVO: EDUARDO FARRÉ) 

A Iazurlo le quedó la pena de no saber qué habrá sido de la vida de los cinco soldados que los asistían mientras trabajaban en la Gobernación. Se ocupaban también del correo que llegaba en forma incesante a la isla: pilas y pilas de cartas de aliento que los argentinos enviaban a los combatientes en Malvinas… Eran tantas, que en un momento decidieron que no podían procesarlas más, recuerda Alberto. 

La emotiva despedida de un soldado que partía hacia las islas (Foto: Juan Sandoval) 

Mundo policial y una tumba profanada 

Les pidieron discreción sobre lo que habían hecho. De hecho, ni él ni Derito supieron qué contenían esos archivos. Disciplinadamente, remitían todo al Gobernador. 

Pero años después, ya en democracia, la propia Policía rescató la historia. “Yo llego una mañana a la oficina, allá en Moreno, y me llaman los chicos de arriba, de la administración, y me dicen Beto, Beto, subí que saliste en la revista. Yo digo ¿qué revista?. Y resulta que era ésta, Mundo policial - recuerda entre risas- Y ahí publicaron la foto que nos habíamos sacado con Menéndez en la gobernación”. 

Según el artículo, titulado “El rebelde tesoro colonial”, “algunos papeles que no habían llegado a ser destruidos” les revelaron a los militares argentinos que “los británicos tenían detectado perfectamente el potencial de nuestra flota y la ubicación de objetivos estratégicos”. 

El artículo de Mundo Policial ilustrado con la fotografía tomada en el despacho del gobernador. De izq a der: Mayor A. Buitrago, Alberto Iazurlo, Julio Derito y el General Mario Menéndez 

Tiempo después, a Julio José Derito lo volvió a cruzar la historia. Le tocó actuar como perito cerrajero en el caso de la profanación de la tumba y robo de las manos del General Juan Domingo Perón. Fue en 1987. En concreto, Derito tuvo que certificar la violación de uno de los portones del cementerio de la Chacarita, el que da a la calle Garmendia, por donde se presume escapó un vehículo sospechoso en la tarde del domingo 21 de junio. 

El artículo en la revista policial sobre el viaje de los cerrajeros a las islas venía además con una sorpresiva reivindicación, algo que Iazurlo no se esperaba. De regreso de Malvinas, hizo el parte a sus superiores, y volvió a su trabajo de siempre, olvidándose del tema. “Ahí terminó todo”, dice. Pero no, faltaba un capítulo.

 

Señalando la fotocopia de la nota, enmarcada en la pared del comedor, explica: “Ahí hay un recuadro chiquito, donde dice que nosotros estábamos encuadrados como combatientes. La hija del Comisario General, que es abogada, nos había hecho el trámite para certificar que estábamos encuadrados en esa ley (N° 23848), por haber estado trabajando dentro del teatro de operaciones”. 

Se los consideró veteranos de guerra. En los años 90, el Senado de la Nación les otorgó dio un diploma y una medalla. Además de corresponderles la pensión como veteranos. 

Detalle del diploma que le dio el Senado, y la correspondiente medalla 

Cuando Derito y Iazurlo estuvieron en Malvinas, todavía no habían estallado las hostilidades. Fue el destino. 

“Si en aquel momento, qué sé yo, se armaba revuelo - señala Alberto- me decían: dejá la máquina de agujerear, tomá el rifle…. " 

Fuente: https://www.infobae.com