2 de abril de 2019

"MISIÓN, RECUPERAR LAS MALVINAS"


La Operación Rosario y la cronología del desembarco del 2 de abril de 1982

Los comandantes habían decidido recuperar las islas, izar el pabellón nacional, dejar solamente una unidad de combate, y negociar con Gran Bretaña. A la operación se la llamó Rosario, en homenaje a la Virgen. Los instantes previos al día D

Por Adrián Pignatelli

La imagen del fotógrafo argentino Rafael Wollmann que hizo historia el 2 de abril de 1982

Se llamó "Operación Rosario” en homenaje a la Virgen. Los tres comandantes de la junta militar del gobierno de facto, General Leopoldo Galtieri, Almirante Isaac Anaya y Brigadier Basilio Lami Dozo determinaron la misión: recuperar las Islas Malvinas, izar el pabellón nacional, dejar solamente una unidad de combate, y negociar con Gran Bretaña. Fue designado, el Contraalmirante Carlos Büsser como máximo responsable de la operación militar.

El desembarco del 2 de abril de 1982 fue una acción que se había puesto en práctica días antes.


19 de Marzo


Desembarca en las Islas Georgias el Bahía Buen Suceso con 41 operarios, para realizar tareas de desguace de instalaciones. Se produce el izado de una pequeña bandera argentina. Cuatro hombres del British Antartic Survey, exigen que se la arriara, que volvieran a cargar el material desembarcado al buque y se trasladaran a la capital de las Georgias, Grytviken, para solicitar el permiso de desembarco. La bandera es arriada.

20 de Marzo

El gobernador de las islas Rex Hunt, informa a Londres que un grupo de civiles y militares había desembarcado en Puerto Leith, izado una bandera argentina y efectuado disparos de armas de fuego. Expresó que la Armada Argentina utilizaba el desguace para encubrir su presencia en la isla. El embajador británico en Buenos Aires solicita al gobierno argentino retirar a la gente desembarcada y al buque de guerra, de lo contrario se tomarían las medidas del caso. La Argentina responde que el buque Bahía Buen Suceso, no era de guerra sino de transporte, y que zarparía de Leith el día 21, al completar su descarga, y que, además, no había militar alguno allí.

21 de Marzo

Emprende el regreso el ARA Bahía Buen Suceso, y quedan los trabajadores que siguen con sus tareas. Zarpa de Malvinas, el buque HMS Endurance, con 22 marines a bordo.

22 de Marzo

La prensa británica califica las acciones como una "invasión argentina a las Georgias". El gobierno argentino logra aclarar la situación, y el embajador inglés declara que el incidente ya estaba superado.

23 de Marzo

Se ubican dos buques atómicos ingleses en los alrededores de las Islas Malvinas. Londres ordena expulsar a los obreros de la isla con el uso del HMS Endurance y además declara que enviará nuevos buques de guerra al Atlántico Sur. La Argentina envía al ARA Bahía Paraíso, a proteger a los civiles.

24 de Marzo

El embajador Williams advierte a las autoridades argentinas que los trabajadores, "deben ir a Grytviken a sellar sus pasaportes". El canciller argentino Nicanor Costa Méndez contesta que no hacía falta, puesto que poseían sus respectivas "tarjetas blancas" y que los obreros no serían retirados.

26 de Marzo

Zarpa de Leith el Bahía Paraíso, dejando a 14 soldados argentinos armados solo con fusiles, para proteger a los obreros.

25 de marzo

El comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, General Osvaldo Jorge García, da la orden de ejecutar el plan de recuperación. El Día D sería el 1 de abril.

28 de marzo

Primero parte la flota de desembarco. Luego lo haría la de guerra desde Puerto Belgrano. Simulan ejercicios navales.

30 de marzo

La inteligencia inglesa advierte al gobernador Rex Hunt de los planes argentinos. Los Estados Unidos también pone en alerta a Gran Bretaña. La primera ministro Margaret Thatcher ordena alistar la flota, que estaba en Gibraltar.

31 de marzo

A las 12:57, la flota de mar pone rumbo al norte de las Malvinas.

1 de abril

Debido a las malas condiciones climáticas, se posterga el desembarco para el día 2 a las 6 horas.

En la noche, comandos anfibios, que venían en la Fragata Santísima Trinidad, desembarcan al sur de Puerto Argentino.

Del submarino Santa Fe, 10 buzos tácticos se dirigen al Faro San Felipe, al este de la capital de las islas. Desconectan una alarma eléctrica que enlaza con el cuartel inglés.

Desde Gibraltar, parte el submarino británico Esplendid.

2 de abril

Viernes. Un grupo de comandos anfibios, al mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sánchez Sabarots, va a Moody Brook, asiento de los infantes ingleses; las barracas estaban desiertas, ya que los británicos ya estaban apostados para defender la ciudad.

Otro grupo, al mando del Capitán de Corbeta Pedro Giacchino tiene la misión de ir a la casa del gobernador a exigirle la rendición.

Mientras tanto, a las 6:20 comienzan a desembarcar del Cabo San Antonio, los vehículos anfibios, uno cada 30 segundos. También lo hacen tropas del Regimiento de Infantería 25 e infantes de marina. Unos se dirigen al Aeropuerto. Encuentran la pista llena de obstáculos. Otros irían al faro, que ya estaba apagado.

A las 6:30 Giacchino, con la orden de no producir bajas en el enemigo, rodea la casa del gobernador, que se niega a deponer su actitud. Giacchino decide ingresar solo a la vivienda y es abatido por una ráfaga de ametralladora. Su segundo, el Teniente de Fragata Diego García Quiroga también es herido cuando lo está auxiliando, así como el Cabo Primero Enfermero Ernesto Urbina, que había ido en rescate de ambos.

El gobernador de las islas, consciente de que está rodeado, negocia su rendición con Carlos Büsser. "Los intimo a que abandonen las islas", expresó Hunt. "Desembarcamos en 1833. Ríndanse", contestó el Contraalmirante.

La rendición se efectiviza a las 9:30 horas. El fotógrafo argentino, Rafael Wollmann, que estaba en las islas hacía más de una semana, fue el que tomó las primeras fotografías de los soldados ingleses con los brazos en alto.

El comandante del teatro de Operaciones, General de División Osvaldo García, se hace cargo de las islas y al mediodía se iza oficialmente la bandera argentina en el mástil frente a la gobernación.

Mientras tanto, en Buenos Aires se difundía la noticia de la recuperación.

Se crea el Apostadero Naval Malvinas, y parten los militares ingleses y el Gobernador colonial con destino a Montevideo. Finalizaban 149 años de ocupación británica y comenzaba una guerra que duraría 74 días.

Fuente: https://www.infobae.com

1 de abril de 2019

"EL FRAGOR DE LA GUERRA NOS LLEVÓ A REALIZAR MISIONES CASI IMPOSIBLES"



Los arriesgados vuelos de los Hércules en Malvinas contados por dos de sus protagonistas.

Cristóbal Villegas y Roberto Cerruti fueron tripulantes de los aviones de la Fuerza Aérea que realizaron las operaciones secretas, recientemente desclasificadas, por las que hoy serán condecorados en el Congreso. El vuelo a ras del mar, las caídas en picada para no ser detectados por los radares enemigos, las bombas sobre la flota y el recuerdo para sus compañeros caídos

Por Adrián Pignatelli

Adaptaron un Hércules para que pudiera arrojar bombas, navegaban en soledad para interferir en las líneas de abastecimiento de la flota inglesa, realizaban arriesgadas maniobras para localizar blancos enemigos y hasta planearon bombardear al Queen Elizabeth y al averiado portaaviones Invencible.

Así lo cuentan.

"A mí me tocó volar la noche del 7 de junio, en que se producía un desembarco inglés y, sin querer, caímos en pleno desembarco. Nos evadimos y cuando llegamos al continente dimos la posición. Y al otro día fue uno de los desastres más grandes que tuvo la flota inglesa", recuerda el Comodoro retirado Cristóbal Villegas.

El aviador participó como copiloto en las misiones que le habían asignado al Escuadrón Hércules en Malvinas: la detección de blancos navales.

Villegas relata como un hecho normal que "volábamos al ras del agua y, en puntos determinados, se subía abruptamente y cuando la nave alcanzaba su máxima altura se encendía el radar para tratar de ubicar a la flota o a un blanco esporádico. Hecho eso, se pasaba la información, se apagaba el radar y caíamos casi en picada para repetir el procedimiento en otro punto asignado. Nuestra única defensa era volar bajo", explica.

Gracias a su gran autonomía de vuelo, la maniobra de subir y bajar simulando una "w" –que los pilotos la llamaban "diente de perro"- la repetían durante tres o cuatro horas, porque en cada uno de los ascensos y descensos se hacían maniobras de evasión para evitar ser detectados.

Un Hércules volando sobre Malvinas

El piloto aclara que "en el argot de los aviadores, a estas misiones todos le decíamos “Loco”, que fue lo que plasmó a todas las otras misiones que se hicieron, porque el nombre impactó".

Volaban con el riesgo al límite. "Recuerdo haber volado en un día en la desembocadura del estrecho de San Carlos y vimos hasta siete aviones caza enemigos, pero que no nos detectaron. El factor suerte también juega en estos casos", afirma Villegas.

Interdicción aérea

Cuando el alto mando dispuso interferir el apoyo logístico de la flota inglesa, concluyó que el Hércules era la aeronave adecuada para esta operación. Y apareció el ingenio argentino.

El Comodoro Roberto Cerruti, navegador de esos vuelos, así explica cómo modificaron al Hércules TC 68: "Se sacaron los tanques de combustibles que posee debajo de los planos, reemplazándolos por dos portabombas, que llevaba cada uno seis bombas de 250 kilos. En el mismo sentido, esos tanques de combustibles más otros adicionales, se incorporaron a la bodega del avión, con lo que se duplicaba la autonomía de la aeronave. Y en la cabina se colocó el sistema y la mira de tiro".

"Jerarquía, experiencia y responsabilidad", enumera Cerruti los atributos de la tripulación de los vuelos de interdicción aérea. Además, todos fueron voluntarios.

La tripulación del TC 68 luego de su primera misión del 2 de abril cuando aterrizaron en Comodoro Rivadavia

El relato de Cerruti es casi una película. "El primer día, 28 de mayo, detectamos tres buques cargueros. Al día siguiente, detectamos otros dos y cuando estábamos por regresar, al norte de las islas Georgias del Sur, vimos un buque que, llamativamente, estaba detenido. Lo identificamos como el British Way, uno de los que abastecían a la flota. Luego de un pasaje de reconocimiento, en un segundo pasaje le arrojamos las bombas. Un par de ellas lo averiaron, y emprendimos el regreso".

En ese momento no lo supieron, pero estaban haciendo historia: un Hércules había bombardeado, por primera vez, a un buque.

Una amistad que nació de un ataque

Fue a partir de ese ataque es que los ingleses dispusieron ubicar a sus naves logísticas más hacia el este con el fin de salir del radio de acción de los aviones argentinos.

"En el vuelo del 1 de junio –continua el relato Cerruti-detectamos uno, avanzamos rasante porque una intensa niebla marina nos impedía la visión, a tal punto que estando a una milla no lo veíamos y realizamos un viraje brusco a la derecha para no impactar contra el buque".

El Hércules mientras realiza un ejercicio lanzando bombas

En el momento del viraje, el que no salió de su asombro fue el Teniente de Navío John Osmond, de guardia en la popa del buque, que vio pasar al Hércules a escasos quince o veinte metros para luego alejarse debido a la niebla. Osmond grabó en su memoria la matrícula del avión.

Pasados 20 años, el inglés comenzó a indagar sobre quiénes integraban la tripulación y así contactó a Cerruti. Cuando vino a Buenos Aires a visitarlo, lo primero que le dijo fue "Yo cumplía con mi deber", a lo que el argentino respondió "Yo también cumplía con mi deber".

En 1982 aún hubo tiempo para planear algo mucho más arriesgado. Se pensó atacar al Queen Elizabeth, que venía de Gran Bretaña con tropas y abastecimiento para las islas. Y también incursionar en el puerto de la isla de Grytviken, donde se estaría reparando al portaaviones Invencible. Pero ambos proyectos quedaron sólo en el papel.

El recuerdo de Martel

El único Hércules derribado durante el conflicto fue el TC 63, piloteado por el Capitán Rubén Martel, en inmediaciones de la isla Borbón, el 1 de junio, mientras cumplía una de las misiones de detección de blancos navales.

Cerruti cuenta que "Martel era amigo mío; un año más antiguo que yo. Unos días antes me llamó para preguntarme si me había presentado para estas misiones. "Tené cuidado", recuerdo que me dijo. Su copiloto era el Capitán Krause, compañero de promoción, el navegador era el Vicecomodoro Meisner, que había sido mi instructor; uno de los suboficiales era mi ayudante en mi unidad y con los otros suboficiales habíamos volado antes de la guerra unos cuantos años. Si me preguntan qué es lo que sentí, fue una gran tristeza, pero al mismo tiempo una gran determinación de continuar operando".

El Hércules TC63



En el mismo sentido se expresa Villegas: "En un conflicto se comparte el almuerzo o cena y al otro día, en la misma mesa, está faltando el que no volvió. Porque los de Hércules estábamos con las tripulaciones de los A4C, Mirage, Lear Jet. Como a veces estábamos en Río Grande, Comodoro Rivadavia o Río Gallegos, nos enterábamos que no había vuelto un compañero, un amigo, un conocido. Esto no influía, como alguien pudiera pensar- para que uno pensara que no salía más a volar. Sabíamos cuándo partíamos; no sabíamos cuándo volvíamos".

El derribo del Hércules TC63

En 1983 un grupo de isleños localizaron, en la isla Borbón, restos del tren de aterrizaje del TC 63. Ezequiel, el hijo del Capitán Martel, tuvo la posibilidad de visitar el lugar donde permanecen los restos de la máquina.

"El fragor de la lucha nos ha llevado a realizar misiones que son casi imposibles de llevar a cabo. Creo que todos los integrantes del Escuadrón Hércules cumplimos de la mejor manera posible", destacaron Villegas y Cerruti.


"¡LOS INGLESES ESTÁN TIRANDO MISILES! ¡HUIJAAA! ¡VIVA LA PATRIA!"



Las voces de los pilotos cuando atacaban a la flota británica y las heroicas batallas áreas de Malvinas.

Las comunicaciones de radio cuando volaban a ras del mar para lanzar sus bombas sobre los barcos de la Royal Navy en 1982: "¡A ver como explotó esa puuutaaa!". Los testimonios de las increíbles hazañas y las historias de los aviadores que sorprendieron al mundo. A 37 años de la guerra, los ecos de aquellos que lucharon sin desmayo por la patria

Por Alfredo Serra
  •  Buques ingleses hundidos o fuera de combate: 11.
  • Bajas de la Fuerza Aérea Argentina: 36 oficiales, 14 suboficiales y 5 soldados.
  • La guerra empezó el 2 de abril y terminó el 14 de junio de 1982.

Es cierto. La epopeya librada desde el cielo hacia el mar también se puede reducir así: con la dramática fuerza de las síntesis. De los números…

Pero traicionaría la memoria. Los nombres de los héroes que sobrevivieron y de los que cayeron. Y sus voces en la lucha.

De eso. De sus voces, trata lo que sigue.

HMS Antelope en el momento de la explosión de la bomba de 454 kilos.

Mayo 25, 1982, hora tres y veinticuatro. Estrecho de San Carlos. Del avión A-4B Skyhawk parten 445 kilos de explosivos y caen sobre el destructor HMS Broadsword.

El Capitán Pablo Cruz Carballo, que vuela con el Teniente Carlos Tala Rinke, los atacantes del buque enemigo, grita:

Péguense al suelo, que están tirando misiles… pegaditos, no demasiado pegados, ¿ok? ¿Están, chicas? ¡Viva la patria, canejo! ¡Huijajajaaaa!

El destructor se hunde en 25 minutos.

El Capitán David Hart Dyke, con la cara quemada, logra nadar hasta un bote salvavidas. Años después recordará ese instante con tres palabras:

Mi mundo explotó.

El Capitán Pablo Carballo, de espaldas, junto a su escuadrilla antes de una misión. Recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate y participó de siete misiones durante la guerra de Malvinas, incluyendo los hundimientos del Coventry, Ardent y los serios daños al Broadsword

Pero ese mismo 25 de mayo, fecha emblema, la formación de cazas Zeus con el Capitán Velasco y el Alférez Jorge “Bam Bam” Barrionuevo atacan al destructor Coventry:

¡Huijajajaja!, grita el capitán.
¡Dio perfecto usted, señor! Era un CL 42, tipo de destructor. Lo vi clarito. Pegó en la trompa. Las tres explotaron muy bien. ¡Qué golazo!
¡Hiujujuuu! ¿Pegaron las tres?
Sí, las tres. Las vi, señor.
¡A ver como explotó esa puuutaaa!
¡Eso! ¡Vamos, pendejo! ¡Viva la patria!

Carballo entra en la comunicación:

¡Vuelo rasante! ¡Los ingleses están tirando misiles!

La hazaña es doble. Los pilotos volaban a diez metros sobre el mar. Sus parabrisas estaban llenos de incrustaciones de sal. Usaban mapas escritos con marcador rojo porque no tenían radares. Algunas de sus bombas no explotaban, ya que debían lanzarlas casi rozando los mástiles de las fragatas misilísticas, y las espoletas de retardo no llegaban a armarse. Ingenio puro a todo riesgo…

HMS Coventry de la Marina Británica, que se hundió durante la Guerra de las Malvinas en 1982 con la pérdida de 20 vidas.

Entre el 21 y el 25 de mayo, la aviación argentina hundió la Ardent, el Coventry y la Antelope. Sus restos siguen en el fondo del mar.

Dato casi increíble pero cierto: la fragata Ardent fue golpeada 17 veces en 22 minutos. Uno de cada cuatro tripulantes murió o fueron heridos. Día negro.

Juan Bernhardt, uno de los atacantes de la Ardent, murió ocho días después en el estrecho de San Carlos, derribado por un misil superficie-aire.

Pero hundir a la Ardent fue una novela… Segundo ataque con Mirages. El Capitán Horacio Mir González y el Teniente Bernhardt le clavan dos bombas MK-83 en la popa y una en la sala de máquinas.

HMS Ardent antes del naufragio.

La Ardent navega hacia San Carlos: busca refugio. Pero los pilotos preparan un tercer ataque con cazas navales a cargo del Capitán de Corbeta Alberto Philippi, el Teniente de Fragata Marcelo Márquez y el Teniente de Navío César Arca.

Despegan. Armas: cuatro bombas con cola de retardo y 190 proyectiles de 20 mm. A seis minutos de distancia los siguen los Tenientes de Navío Benito Rotolo, Roberto Sylvester y Carlos Lecour. Toda la carne al asador.

Instrucciones desde la torre de control de Río Grande:

Una PAC, Patrulla Aérea de Combate, de cuatro Sea Harrier protegen a las unidades de superficie. En caso de no hallar el blanco deben dirigirse a San Carlos para atacar a los barcos apostados allí.

Philippi hace oscilar las alas de su avión: señal que ordena bajar en vuelo rasante para evitar los radares.

Clima: insoportable. Visibilidad escasa. Los destructores les lanzan misiles Sea Cat y los Harrier están listos para la batalla. Momento de decisión. Seguir el plan es casi suicida. Pero Philippi elige seguir. Y ordena:

¡Vamos a atacar! ¡Viva la patria!

Alan West, el capitán de la Ardent, está sobre el puente. Ve llegar el peligro:

¡Cúbranse!, ordena a sus hombres, y se tira cuerpo a tierra.

Cuatro bombas destrozan el comedor, la sala de comunicaciones y el comando.

Hora de escape.

A los quince segundos, Márquez alerta:

¡Harrier, Harrier, enemigos a la izquierda!

Sus últimas palabras: los cañones del Teniente inglés Clive Morell no fallan. El avión de Márquez es una bola de fuego.

Pero Marcelo Gustavo Márquez se fue con gloria: antes alcanzó a descargar sus bombas contra la Ardent…

Los pilotos Philippi y Arca antes de la misión

Philippi, está en peligro. Un misil lanzado por el Teniente inglés John Leeming impacta en la cola de su avión. Informa por radio:

Fui impactado. Estoy cayendo. Estoy bien.

Se eyecta. Su avión va a 900 kilómetros por hora. Philippi se desmaya, cae en una granja, pasa allí la noche, y con la luz del día camina hasta las líneas argentinas.

Pero el inglés Morell no renuncia. Lanza un misil contra el caza de Arca, pero no lo abate. Arca gira para salir de la línea de fuego, pero los proyectiles de otro Harrier le pegan de lleno.

Muerte segura. Pero los Harrier se alejan: ¡sus tanques de combustible están casi secos!

El avión de Arca es un colador: seis agujeros en el ala izquierda y cuatro en la derecha. Se aleja de Pradera del Ganso a mínima velocidad y busca aterrizar en Puerto Argentino.

Orden desde la torre de control:

Eyéctese.

No obedece.

El "eyéctese" se repite dos veces más. Tampoco obedece.

¡Baje el tren de aterrizaje!

Esta vez obedece. Lo baja.

La rueda izquierda está trabada. Aborte aterrizaje. ¡Eyéctese ahora!

Sale del avión como un cohete. Pero la máquina, sin control, va hacia a él.
Presiente que es el fin. Cae en espiral. Reza. Pide un milagro. El avión se desvía, milagro verificado. Arca cae en las gélidas aguas de Puerto Groussac. Lo rescatan media hora después. Congelado, pero vivo y heroico.

21 de mayo: la HMS Ardent en llamas. Mientras prestaba apoyo de bombardeo de la pista de aterrizaje argentina en Pradera del Ganso, fue atacada por tres oleadas de aviones A4-B, Mirage 5 y A4-Q. Al día siguiente, la fragata se hundió

La batalla contra la Ardent no termina.

Por la radio, el Teniente Rotolo, que vuela hacia el blanco, se entera de que los aviones enemigos están en retirada: sin capacidad de combatir. El gran momento…

Al frente de su escuadrilla, se apresta a descargar 1000 kilos de explosivos sobre la nave. Eleva su caza a 60 metros: altura mínima para el éxito.

Su compañero Lecour lanza su bomba, que penetra en el cuerpo de la Ardent muy cerca de los depósitos de combustible. Sylvester termina la faena: sus bombas barren la cubierta. La fragata es el Infierno en el mar.

La última orden sobre cubierta:

¡Abandonen la nave!, aúlla el capitán West, llorando.

Y él es el último en salir. La Ardent se hunde a las 4.30 de la madrugada del 22 de mayo. Muertos: 22. Heridos graves: 30.

A 37 años del combate, una boya señala el punto del naufragio.

A la vieja usanza de los pilotos de la Segunda Guerra Mundial, un suboficial pinta en el costado del A4B C-239 la silueta de la fragata Brilliant, atacada el 12 de mayo de 1982 (Foto: Fuerza Aérea Argentina)

La fragata Antelope sigue navegando. El Primer Teniente Luciano Guadagnini le lanza su carga, pero un misil pega en el ala derecha de su avión. La nave se descontrola. El piloto logra enderezarla, pero el caza se estrella contra una de las antenas de la fragata y estalla.

Guadagnini muere. Héroe y mártir.

Noche del 23 al 24 de mayo. Un oficial inglés de la fragata Antelope trata de desactivar las bombas que no explotaron. Pero una estalla y hiere de muerte el depósito de misiles. Destino: el fondo del mar

Años después, alguien le pregunta al capitán Carballo:

¿Qué los animó a tanto?
Un avión viejo y un corazón argentino.

El impresionante ataque de dos aviones A4-B, del Capitán Pablo Carballo y el Alférez Carlos Rinke, fotografiado desde un buque británico

Mayo 21. Bautismo de fuego del piloto Gustavo Piuma. Que así lo recordó:

"Llegó el momento. Por fin mi primer combate: la batalla aérea de San Carlos. Vuelo en una escuadrilla de tres aviones: uno, del Capitán Donadille; otro, del Teniente Senn, y el mío. Misión: atacar a un buque inglés en el estrecho de San Carlos. Lo llaman "el corredor de las bombas"… Mi avión es un Mirage 5 Dagger. Velocidad Match 2.2: 2200 kilómetros por hora. Un minuto es una distancia enorme, y un segundo demasiado tiempo para tomar la decisión correcta. Pero no estábamos solos: ¡se acercaban dos Sea Harrier enemigos! Le digo a Senn:

¡Cuidado!

Virage, zigzag, evasión… Subo a cuatro mil metros. Bajo a mil. Veo un misil que viene por el flanco. La Royal Air Force abate nuestra escuadrilla. Primer impacto: Senn. Segundo: Donadille.

Me lanzo a perseguir el avión que derribó a mis compañeros. Grito:

¡Dios mío, qué me pasó!

La última imagen que tengo, ya con el avión controlado, es Senn colgado en el aire, eyectado, y la certeza de que está vivo. De pronto, un ruido terrible: explosión en la cabina de mi avión, que se da vuelta y enfila hacia un cerro… La manija superior de eyección me queda lejos. Mi avión, muy averiado, vuela a 800 kilómetros por hora, y apenas a 40 metros de altura. ¡Peligro de muerte! Pero la palanca inferior de eyección hace el milagro. La fuerza del cohete eyector me eleva a 70 metros, y al chocar con el aire me desmayo. Caigo en tierra. Tengo el esternón hundido, una lesión en la columna, un ojo cegado, la boca sangrando, una herida interna, y un pie y dos costillas, rotos. Me enojo con Dios: '¡No tenés derecho a quitarme la vida!'. Pero después le pido perdón. Y 28 horas más tarde, un helicóptero me rescató".


Testimonio del piloto de la V Brigada y jefe de sección del segundo escuadrón Luis Cervera, llamado El Tucu. Por Tucumán, claro…

"El 24 de mayo salimos en dos escuadrillas de tres aviones para atacar a la flota inglesa en San Carlos, donde tratan de armar la cabeza de playa. Misión muy dura: ¡íbamos al corazón del enemigo! Riesgo altísimo. El avión de mi jefe de escuadrilla sufrió una falla y debió volver. Me hice cargo del grupo. Cinco aviones en total. Vimos cuatro barcos grandes, y soldados desembarcando. No nos dijimos ni una sola palabra. Cada uno eligió un barco, ¡y atacamos! Yo le tiré al Lancelot…, y pegué la vuelta. En pleno escape, un misil me pasó rozando. Gracias a Dios volvimos los cinco. ¡Fue una buena misión!".

8 de junio: un avión de la Fuerza Aérea atacó al Sir Galahad en Bahía Agradable. Los pilotos sobrevolaban a escasa altura sobre los barcos para lanzar sus bombas

El piloto Carlos Eduardo Perona fue el primer piloto derribado en Malvinas. Sucedió el primer día de mayo, y fue debut y despedida. Y así lo recordó.

"La flota inglesa estaba muy cerca de Puerto Argentino, y nuestra fuerza aérea puso toda la carne al asador: ¡oleada masiva, con todos nuestros aviones volando hacia el objetivo! Mi Capitán era Gustavo García Cuerva, y yo su Primer Teniente. Volábamos a la par. Desde su avión, García Cuerva me dijo:

Eyectemos los tanques de combustible. Estamos por entrar en combate.

Los tanques eran de mil setecientos litros. El oficial de radar nos dijo:

Ábranse a los costados.

Fue la última vez que vi a García Cuerva… Un avión enemigo me apareció de frente, y no pude ver al otro que también me atacaba. Nos trabamos en un combate de misiles. Los dos ganamos altura, pero no pude eyectar mi tanque derecho: ¡demasiada ventaja para el enemigo! Y de pronto, en un giro, sentí un cimbronazo. Me dieron de lleno. Ya no podía volar. Se prendieron todas las alarmas: la de fuego, la de líquido hidráulico. Le hablo a García Cuerva:

Paco, estoy viendo una costa, voy a tratar de llegar y eyectarme.
¡Suerte, pendejo! Eyectáte con seguridad.

Fallé en los primeros intentos. Pero de pronto se activaron los cartuchos que te sacan de la cabina… ¡y salí! Caí a dos o tres metros del agua, y mal. Me rompí una pierna y me esguincé la otra. No podía caminar. Pero apareció un helicóptero Augusta del ejército, y me recogió. Me fui al otro día. A uno de mis compañeros le dejé mi rosario, y al otro el pañuelo de mi escuadrón. En Buenos Aires me enteré del resto de la misión. Al separarnos, García Cuerva apuntó a Puerto Argentino para aterrizar. Pero lo derribaron. Cayó al sur de la pista, al mar. No pudo eyectarse. Se hundió con su avión. Cuando estaba por aterrizar, una ráfaga enemiga dio en el vientre del avión. ¡Fuego en el motor! Paco gritó por radio:

¡Me están tirando, carajo!

Eran las cuatro y media de la tarde. Su cuerpo jamás fue recuperado".

El rescate de sobrevivientes del HMS Sheffield, el 28 de mayo de 1982. Dos Super Etendard atacaron al barco inglés que se hundió en aguas del Atlántico Sur (AP)

El 4 de mayo, la aviación naval, con aviones Súper Etendard y misiles Exocet, hundieron al destructor Sheffield. Pero la verdadera historia de esa hazaña es más apasionante, si eso fuera posible, que el resultado final. Testimonio del Capitán de Navío Ernesto Proni Leston:

"En la noche del 3 de mayo, era yo Capitán de Corbeta, recibí una orden:

Vuelo de exploración.

En la madrugada del día siguiente despegué a bordo del Neptune 2-P-112 con 10 tripulantes más: Sepetich, copiloto, Pernuzzi, operador de radar, Gatti, navegante, Meneses, Heredia, Sosa, Del Negro, Saavedra, Yerba y Fernández. Ese Neptune, milagrosamente, había escapado al destino de sus hermanos gemelos: todos reposaban en distintos museos del país. Y éste no funcionaba gracias al combustible… sino gracias a Dios. Pero fue el reflector que marcó la ruta para los Súper Etendard que hirieron de muerte al Sheffield".

Testimonio del Capitán Jorge Colombo, jefe de la escuadrilla de Súper Etendart:

"El 4 de mayo yo estaba despierto desde las tres de la madrugada. Cuando el Neptune envió la primera posición, a las 07:08 de la mañana, lo desperté al Capitán de Navío Bedacarratz:

Vasco, tenemos laburo".

Vuelve al relato Proni Leston:

"El día del ataque al destructor Sheffield, la misión del Neptune duró desde las cinco de la mañana hasta la una de la tarde. El radar seguía dando problemas: los cristales se quemaban. Tanto, que los operadores, en lugar de caramelos… ¡llevaban cristales en los bolsillos! A las diez de la mañana ya no teníamos cristales. ¿Qué hicimos?: un vuelo hacia la zona donde habían hundido al Belgrano, para engañar al enemigo haciéndole creer que buscábamos sobrevivientes. Nos pasamos las posiciones con nuestros sobrenombres: “Gaucho”, ningún inglés me iba a llamar así. Y le contesté: “Vasco”. Y les pasamos las posiciones de los blancos. No hablamos más. Pegamos la vuelta… y los Súper Etendart empezaron su tarea. Cuando volvieron, nos dijeron: “Lanzamos sobre el blanco enganchado".

¡El destructor Sheffield había sido hundido! Victoria táctica del viejo Neptune. Y acaso de la cábala que lo acompañaba. Al partir, el comandante tocaba la rueda de proa:

Viejo geronte, hoy traéme de vuelta.

Y al retornar, tocaba otra vez la rueda:

Viejo geronte, gracias por haberme traído de vuelta.

25 de mayo: el destructor HMS el Coventry recibió la orden de posicionarse en el Estrecho de San Carlos para atraer los aviones argentinos y alejarlos de la flota de invasión. Los ingleses derriban a los primeros A4-B y A4-C, pero finalmente el buque es alcanzado por tres bombas

Testimonio de Carlos Tomba, Mayor de la Fuerza Aérea, y más tarde Brigadier:

"La guerra fue un error político de la dictadura militar. Fui a Malvinas como voluntario para solucionar algunos problemas electrónicos de los aviones Pucará. Pero me quedé para combatir…, hasta que me derribó un Sea Harrier. Sentí los impactos. Perdí el comando del avión. ¡Y me eyecté apenas a cinco metros del suelo! Fueron segundos. Pude estallar y morir. Pero se ve que Dios no lo quiso. Mi destino fue Goose Green, en la Gran Malvina, donde se improvisó una de las bases con catorce Pucará. Hicimos una pista en un potrero, sobre un colchón de turba. Al principio, los aviones se enterraban. Decidimos salir con menos combustible para llevar más explosivos, y fuimos usando las mismas huellas para vencer el defecto del piso… ¡Ingenio puro frente a la necesidad! Después de eyectarme y de caer, muerto de frío, caminé 20 kilómetros en siete horas, y a eso de las seis de la tarde me refugié en una casilla abandonada de pastores de ovejas. Una hora después oí el zumbido de un helicóptero, tiré una bengala y volví a esconderme, hasta que me rescataron: ¡el helicóptero era argentino! Me detuvieron el 26 de mayo, cuando los ingleses tomaron la base de Goose Green. Estuve diez días con otros doce argentinos, en un cuarto, durmiendo en el suelo, sin ropa de abrigo, y sólo con agua y una lata de paté por día. Nos llamábamos “Los doce del patíbulo”, como aquella película… Tiempo después supe que me derribó el Comandante Nigel David Ward. Que más tarde me devolvió mi casco blanco de combate".

Las tropas de la Royal Navy sufrieron 277 bajas y tuvieron 777 heridos. Durante la guerra 7 buques fueron hundidos o destruidos, 8 fueron dejados inactivos, 5 fueron dañados y 10 averiados

Testimonio del piloto de Canberra Jorge Rivolier, entonces Primer Teniente y luego Capitán:

"Viví la última batalla aérea de la guerra. Fue en la noche del 13 de junio. Nota: a horas de la caída de Puerto Argentino y del final de la guerra. Eran dos bombarderos MK.62 Canberra y dos interceptores Mirage III para cobertura. El vuelo fue programado en altura, no en rasante y nocturno: circunstancia en la que jamás nos derribaron. Intentamos simular una maniobra de distracción, pero los ingleses se dieron cuenta: "¡Tenemos que bajar a estos tipos”, se dijeron! Y empezó el drama de los misiles… A un Canberra le entró uno por el portabombas. Quedó sin control y empezó a caer desde doce mil metros de altura. El Capitán Pastrán ordena eyección, lo logra con éxito, pero el navegador Fernando Casado no puede hacerlo… ¡y muere en su avión! Pastrán cae cerca de la costa, camina toda la noche, y a la mañana lo toman prisionero. Fin de la última misión…".

Y así que pasen cien años, esas voces, esas dramáticas comunicaciones en el aire, esos testimonios en tierra, no se perderán. Ya son parte de la Historia. Sí, con mayúscula.

Fuente: https://www.infobae.com