3 de abril de 2021

MALVINAS, UNA MIRADA DESDE LA HISTORIA PARA TERMINAR CON LA USURPACIÓN BRITÁNICA

 

Un texto que aborda, un poco más allá de la guerra, por qué se debe insistir con el reclamo de soberanía territorial y económica sobre el archipiélago. 

Por Guillermo Arnaud 

Gran Bretaña llevó a cabo la agresión, robo y contrabando en los territorios de España y sus sucesores. El 2 de enero de 1833 se produjo la usurpación de Malvinas. Foto: Archivo DEF.

En su mensaje de Navidad de 2018 a los habitantes de Malvinas, la entonces premier británica Theresa May, afirmó que el tema de la soberanía sobre las islas no estaba para ser discutido. Tenía razón, porque el Reino Unido no tiene ningún derecho ni argumento para reclamar su soberanía. El archipiélago fue usurpado y queda para la Argentina el reclamo de devolución, la negociación de la oportunidad y las condiciones. La usurpación nos desintegró y afectó nuestra economía y desarrollo. 

Descubierta América, el papa Alejandro VI dictó en 1494 el Tratado de Tordesillas, que implicó la donación a España de la soberanía de los territorios, y estableció el monopolio comercial y de navegación sobre ellos. Al no reconocer la jurisdicción del papa y estar en favor de la libre navegación de los mares y de la libertad de comercio internacional, Gran Bretaña llevó a cabo la agresión, robo y contrabando en los territorios de España y sus sucesores. El 2 de enero de 1833 se produjo la usurpación de Malvinas. Respecto a posteriores negociaciones, cabe recordar que las hubo pero que fracasaron. En tres oportunidades, durante el gobierno provincial de Juan Ramón Balcarce, en 1833, y las presidencias de Julio Argentino Roca, en 1884, y de Miguel Juárez Celman, en 1888, el Reino Unido rechazó una propuesta de arbitraje. A partir de la Resolución 2065 (xx) de 1965 de Naciones Unidas, que invita a ambos países a negociar la “disputa”, y hasta 1982, el gobierno británico participó en seis iniciativas de negociación, falsas, dilatorias, ilusas y costosas, dado que en última instancia la decisión final la tiene y la tendrá el Parlamento británico.

Para Arnaud, nuestra prioridad "hoy no es la soberanía, que la tenemos, sino la plataforma marítima y el océano atlántico. Foto: Archivo DEF.

Nuestro archipiélago se encuentra en el Atlántico Sur y, si bien no es momento de negociar la devolución, nuestra prioridad hoy no es la soberanía, que la tenemos, sino la plataforma marítima y el océano Atlántico. La Argentina posee un litoral marítimo de más de 5000 kilómetros, que nos vincula al mundo, puente de salida de nuestra producción, en donde se encuentran once cuencas sedimentarias para la exploración de hidrocarburos. Las aguas del Atlántico bajo soberanía y jurisdicción argentina efectiva cubren 3.162.000 km². 

La plataforma continental, reconocida por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de Naciones Unidas comprende 1.783.278 km². El Reino Unido nos usurpa 1.638.000 km². Las aguas y el suelo del Atlántico son muy ricos, y nuestra industria pesquera debe ser protegida por ser fuente de ocupación laboral y de ingresos por exportaciones, instrumento de radicación industrial y poblacional.

 

"No teniendo soberanía, Gran Bretaña ha creado la ficción de una nación independiente a cuya población denominan 'kelpers'", dice Arnaud. Foto: Archivo DEF.

No teniendo soberanía, Gran Bretaña ha creado la ficción de una nación independiente a cuya población denominan “kelpers”. Excluyendo la presencia militar británica, Malvinas tiene una población de 3398 habitantes, 2107 son kelpers, 781 son británicos y 510 son migrantes de 13 nacionalidades. Es decir, población trasplantada. La Argentina no puede aceptar una nación malvinense ni negociar con los kelpers. Solo debe sentarse con su par, Gran Bretaña. 

Actualmente, con un gobierno conservador-populista, el Reino Unido está en crisis y busca nuevos mercados como consecuencia del Brexit. Con realismo y conforme a nuestro interés nacional, es el momento de negociar acuerdos de intercambio, en particular, de libre comercio. Asimismo, debemos gestionar la exclusión de Malvinas de la Unión Europea. 

El autor es diplomático de carrera y fue embajador de Argentina en Israel, Turquía y Suecia

 

Fuente: https://www.infobae.com 

A 39 AÑOS DEL CONFLICTO, ¿CUÁLES SON LAS VÍAS DIPLOMÁTICAS PARA RECUPERAR MALVINAS?

 

Malvinas ha sido y sigue siendo un tema prioritario para nuestra política exterior. La salida de Londres de la Unión Europea puede convertirse en una oportunidad para fortalecer nuestra estrategia diplomática.

 

Por Mariano Roca 

La “legítima e imprescindible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y espacios marítimos e insulares correspondientes” es una reivindicación irrenunciable, plasmada en la primera disposición transitoria de nuestra Constitución. El reclamo contra la usurpación británica, ocurrida el 3 de enero de 1833, es una política de Estado y todos los gobiernos argentinos se han mantenido firmes en su reivindicación ante la ONU. 

El 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, en la que tomó nota de la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido en torno a Malvinas. Desde entonces, las negociaciones entre Buenos Aires y Londres mostraron algunos avances, pero el lobby de los isleños frenó el tratamiento de la cuestión de fondo por parte del Parlamento británico. La guerra de 1982 echó por tierra cualquier tipo de iniciativa diplomática y complicó las posibilidades de un acuerdo. 

Sin embargo, recuperar las Malvinas no es una quimera. En este nuevo informe de DEF en YouTube, analizamos la historia reciente y el escenario que se abre para nuestro país a partir del Brexit. 

DEL ALEGATO RUDA AL LEASEBACK 

Si hacemos un poco de historia, un hito de nuestra política exterior fue el denominado “Alegato Ruda”. El 9 de septiembre de 1964, el embajador José María Ruda expuso las bases del reclamo argentino ante el Comité de Descolonización de la ONU. Allí hizo un detallado repaso del trasfondo histórico de la cuestión Malvinas y reclamó el “restablecimiento de la integridad territorial” de nuestro país mediante la devolución de las islas ocupadas ilegalmente por el Reino Unido. Además, rechazó la aplicación del principio de “libre determinación” cuando, como sucede en Malvinas, “parte del territorio de un Estado independiente ha sido separado, contra la voluntad de sus habitantes, en virtud de un acto de fuerza de un tercer Estado”. 

“Alegato Ruda”: el 9 de septiembre de 1964, el embajador José María Ruda expuso las bases del reclamo argentino ante el Comité de Descolonización de la ONU. Foto: Reuters.

En la siguiente década, a partir de la mencionada Resolución 2065 de las Naciones Unidas, los gobiernos argentino y británico se sentaron a la mesa de negociación. Allí se barajaron una serie de alternativas para resolver definitivamente la cuestión de la soberanía sobre las islas. El embajador Atilio Molteni, de larga trayectoria en la Cancillería y numerosos destinos en el exterior, recordó cuáles fueron esas posibles soluciones: el denominado leasebak o “retroarriendo”, y la “soberanía compartida”. 

El leaseback consistía, básicamente, en prolongar por un determinado período de años la soberanía británica, con el compromiso de una posterior transferencia de soberanía. Un ejemplo de este modelo fue el caso de Hong Kong, cuyo territorio fue transferido por el Reino Unido a China en 1997, al cabo de unas negociaciones que habían derivado en un acuerdo firmado en 1984. La otra alternativa, la soberanía compartida, era un tanto más compleja e implicaba la atribución a la población local de una serie de prerrogativas que le permitieran mantener su identidad. Molteni recordó, a modo de comparación, el caso de las islas Aland, ubicadas en el Mar Báltico y administradas por Finlandia, pero cuya población es mayoritariamente sueca y goza de un alto grado de autonomía. 

En el caso de Malvinas, la primera de esas opciones estuvo muy cerca de concretarse, pero el lobby isleño en el Parlamento británico y la posterior guerra de 1982 volvieron las negociaciones a “fojas cero”. 

EL BREXIT, UNA OPORTUNIDAD PARA MALVINAS 

Las últimas cuatro décadas han sido testigos de distintos períodos de acercamiento y enfrentamiento entre Londres y Buenos Aires, con acuerdos en los 90 en materia de pesca e hidrocarburos, que terminarían fracasando. Posteriormente, durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, la posición argentina se endureció. Tras un intervalo durante la administración de Mauricio Macri, que buscó profundizar en diálogos puntuales con el gobierno británico, hoy la polémica ha vuelto al centro de la escena. 

El primer ministro Boris Johnson aseguró que, llegado el caso, defenderá las islas militarmente. Foto: Reuters.

El primer ministro británico, Boris Johnson, afirmó que estaría dispuesto a “usar la fuerza” para defender sus territorios de ultramar. En respuesta a estos dichos, la Cancillería argentina denunció, una vez más, la “ilegítima presencia” del Reino Unido en el Atlántico Sur. El comunicado del Palacio San Martín aludió a la amenaza que representa la base militar británica en Malvinas para la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS). 

Como telón de fondo de esta “guerra de nervios”, se encuentra la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que tendrá un impacto indudable en el comercio entre las islas y el Viejo Continente. “En el Brexit, no se incluyó un régimen especial para los territorios británicos de ultramar”, precisó el embajador Molteni. Por eso, enfatizó, “para la Argentina, en estos momentos, es una prioridad actuar sobre los 28 países que integran la Unión Europea, de manera que las islas no consigan el estatus especial que tenían mientras el Reino Unido era parte de la UE”. De esa forma, los productos pesqueros, principal fuente de recursos de los isleños, deberían pagar un arancel que los tornaría menos competitivos y apetecibles para el mercado comunitario. 

La salida del Reino Unido del bloque europeo deja a los territorios de ultramar sin el paraguas protector del derecho internacional. Foto: Reuters.

Esta ventana que nos abre el Brexit debe ser matizada, sin embargo, por el poderío que aún conserva Gran Bretaña, que es, además, miembro de la OTAN. En ese sentido, el exvicecanciller Roberto García Moritán advirtió a DEF: “El Reino Unido sigue siendo un país económicamente importante, con una capacidad militar extraordinaria. Y el anuncio del primer ministro Boris Johnson sobre la ampliación de su arsenal bélico no es menor, ya que convertiría a Gran Bretaña en la cuarta mayor potencia nuclear del planeta, detrás de EEUU, Rusia y China”. 

Fuente: https://www.infobae.com

LA HISTORIA DESCONOCIDA DE LOS PATRICIOS QUE PELEARON EN LA GUERRA DE MALVINAS

 

En abril de 1982, los históricos cuarteles del barrio porteño de Palermo se preparaban para desplegar una Compañía en el Archipiélago. Estos soldados, herederos de aquellos de 1806, enfrentarían por tercera vez en su historia a los ingleses. 

Por Patricia Fernández Mainardi 

Recién arribados a las islas, los integrantes del Regimiento 1 de Patricios lucen en sus duvet el parche con la histórica insignia. Foto: Gentileza suboficial mayor Miguel Ángel Saraza.

Allá a lo lejos, en las Invasiones Inglesas y en la batalla de Vuelta de Obligado, los Patricios supieron enfrentar a los británicos. En abril de 1982, la soberanía se puso nuevamente en juego y los herederos del cuerpo creado por Cornelio Saavedra brindaron, una vez más, muestras de su deber con la patria. 

DEF dialogó con algunos veteranos de esta unidad, en la previa de un nuevo aniversario de Malvinas. Pero antes, una salvedad: previo a comenzar con sus relatos, ellos eligen recordar antes que a nadie al soldado Claudio Alfredo Bastida, el único hijo de madre viuda que prefirió no estar entre los exceptuados para ir a la guerra y decidió pelear hasta el final en defensa de las Malvinas. Bastida cayó en Monte Longdon, pero aún sigue vivo en la memoria de los infantes del cuartel de Palermo. 

“Ese viernes, yo estaba en mi pueblo, Fray Luis Beltrán. Me fui para el único banco grande que había ahí, me frenó el gerente y me dijo: ‘Che, Saraza, ¿viste que tomaron las Malvinas?’. Volví a mi casa, prendí el televisor y ahí vi todo”, cuenta el hoy suboficial mayor (retirado) Miguel Ángel Saraza. Por entonces, y con el grado de sargento ayudante, él no estaba en la lista de los que irían a la guerra, pero sabía que, de una forma u otra, sería parte. 

Saraza contactó a un viejo amigo, un ayudante del General Leopoldo Galtieri: “No me la quería perder. Tengo dos hijos que, entonces, tenían entre 13 y 10 años. Hablé con él y, en un momento, medio que levanté la voz”. Cuenta que Galtieri preguntó qué ocurría y le comentaron que había un Sargento Ayudante que quería ir a Malvinas. “Me preguntaron por qué quería hacerlo si yo tenía hijos, a lo que yo contesté ‘Bueno, si nos ponemos a pensar en eso, no va nadie’, y así fue como al final me dejaron ir”, dice. 

Los soldados saludan durante su despedida en el Regimiento de Av. Bulrich y Santa Fe. Foto: Gentileza Veteranos de Patricios / Diario Popular.

El soldado clase 62 Antonio Palacios comenta que él también, como muchos otros, se ofreció como voluntario. “Estábamos haciendo el Servicio Militar Obligatorio; si la Argentina entraba en guerra, nosotros teníamos que ir. Era nuestro deber”, relata Enrique Pochintesta, otro soldado clase 63. 

De a poco, los familiares se comenzaron a acercar para despedir a sus hijos. La madre de Carlos Bareiro, un soldado clase 62, se enteró y le llevó una bolsa con latas de picadillo y galletitas: “Mi mamá lloraba, pero mi papá estaba trabajando y no pudo ir, porque no le dieron permiso. Tiempo después, supe que él fue quien más lloró”. 

Ellos, junto a otros más de 180 efectivos, integraron la Compañía A “Malvinas”. Fue el propio Saraza quien, junto a su hijo, se encargó de comprar y preparar las chapitas que identificarían a los Patricios en la guerra. En las islas, en su mayoría, ellos se instalaron en las posiciones de Puerto Argentino. 

“TODAS LAS NOCHES RECIBÍAMOS BOMBAZOS” 

“El 13 de abril, lo primero que se hizo fue darle de comer asado a la gente que se iba. Mientras tanto, íbamos haciendo la carga de todas las cosas”, describe Saraza. Ese mismo día, el periodista Nicolás Kasanzew fue al Regimiento y necesitaba hablar con un jefe. Nadie quería hacerlo. “Mire, señor, me dijo Kasanzew, me dicen que el jefe es usted. Yo no sé quién es, pero si no habla usted, yo voy a terminar diciendo cualquier pavada”, relata Miguel Ángel, y agrega: “Así que hablé, y después nos fuimos a Gallegos”. 

Ya en la capital santacruceña, el entonces Sargento Ayudante recibió una notificación de un superior: “‘Le pusieron 15 días de arresto por hacer declaraciones no autorizadas’. Pregunté sorprendido si era cierto e inmediatamente le dije ‘Averígüeme si quieren que los cumpla en la isla Gran Malvina o en la Soledad’. Tiempo después, me enteré de que, cuando informaron que me iban a sancionar, un oficial dijo ‘Cómo le van a hacer esto justo al único tipo que se va contento a la guerra’”. 

Con una mezcla de ansiedad, excitación e incertidumbre, los soldados parten a la guerra. Foto: Gentileza Veteranos de Patricios / Diario Popular

En el archipiélago, los días se vivían con sensaciones variadas. Antonio Palacios dice que él, por ejemplo, le escribió a su hermano porque, junto al Regimiento 25, se había instalado en una zona a la que era probable que llegaran los ingleses: “Mi hermano había estado en el conflicto con Chile; entonces, de soldado a soldado, le escribí y le pedí que no les dijera nada a los viejos, pero que estaba en cabeza de playa. Más tarde, nos movieron”. También recuerda que, el primero de mayo, cuando se produjo un bombardeo, le acababan de dar una ración de comida cuando le gritaron “¡alerta roja!” y debió tirarse al piso. “Ese día, perdí la ración. Pero, con el correr de los días, cuando había un bombardeo, íbamos a nuestra posición y seguíamos comiendo. Mi pensamiento era: o me muero de hambre o me mata una bomba”, confiesa. 

“Una vez, junto a un amigo de otro batallón, cuando íbamos por la bahía, me muestra que había ropa militar tirada. Me dice ‘Mirá, acá desembarcaron los ingleses y se vistieron de civil para ir adentro. Esto es lo que me da miedo, porque no sabés por dónde aparecen’”, recuerda Palacios. 

Para ellos, las noches eran eternas. No solo porque oscurecía muy temprano, sino porque era el momento en el que los británicos los hostigaban. Pochintesta hace memoria: “Nosotros recibíamos los bombazos destinados a la zona y al aeropuerto. Además, estábamos cerca de las antenas donde se les transmitía a barcos y a aviones la información para atacar. Era el enlace de Malvinas con el continente”. 

“Yo a ese lugar lo llamé ‘el purgatorio’, porque el bombardeo empezaba a las 6 de la tarde y terminaba a las 6 de la mañana. Además, había algo que denominaba ‘la agonía de los 15 segundos’: escuchabas el pum… salía esa bomba. Si silbaba, había pasado de largo, pero, si caía cerca, había que tener cuidado porque ellos batían en forma de cinco”, agrega Palacios. 

LOS PATRICIOS, DEL CIELO AL INFIERNO 

Todos sentados, alrededor de una mesa instalada en ese cuartel que, hoy, es monumento histórico, chequean datos, nombres, fechas, comparten algunas anécdotas. Los más grandes le dicen a Daniel Orfanotti (quien en marzo de 1982 estaba recién comenzando el Servicio Militar): “Vos pasaste del cielo al infierno directamente. Nosotros, en cambio, estuvimos en el purgatorio”. 

“El momento que vos pasaste no lo pasó cualquiera”, le dice Saraza. Es así: Orfanotti terminó yendo a Malvinas de un día para el otro. Buscaban soldados con conocimientos de manejo de vehículos, artes marciales, inglés o relojería, por ejemplo. Daniel estaba entre ellos. La idea era prepararlos solo si los llegaban a necesitar. Ese entrenamiento terminó el 30 de abril; aquel día, estaban cambiados y listos para salir. Pero llegó una contraorden. 

Él llegó a Malvinas y fue en apoyo del Regimiento de Infantería 7, unidad que tuvo que soportar el enfrentamiento de Monte Longdon, uno de los más crudos de toda la guerra. Orfanotti, que estaba junto a Bastida, rememora: “Llegué a ponerme el casco y comenzó todo. Estábamos con la ametralladora, yo era apuntador; y Claudio, abastecedor, y me acuerdo perfecto de que el oficial, atrás mío, decía ‘Dale pendejo’ y yo le daba y le daba. En un momento, el combate paró y nos dijo: ‘Sigan así, pónganse más atrás para no ser tan vistos y yo me voy a recibir órdenes’. Porque todo era una locura. Nos quedamos los dos solos ahí. Seguimos y seguimos hasta que nos llegó la bomba. En ese instante, murió Claudio”. 

Los veteranos durante la charla con el equipo de DEF. Foto: Fernando Calzada

“Yo no sabía dónde estaba en ese momento. Según dicen, esa noche, alcanzó a hacer una sensación de 20 grados bajo cero. Yo tenía el equipo y una bufanda tejida por mi vieja. Estaba bien abrigado, sin embargo, transpiraba… pero del miedo, te soy sincero”, confiesa Daniel. 

CLAUDIO BASTIDA, UN PATRICIO HISTÓRICO 

Orfanotti compartió con Claudio Bastida sus últimos minutos de vida. Murió en combate, heroicamente. Podría haber evitado estar en esa guerra, sin embargo, el deber con la Patria pudo más. “Su mamá había quedado viuda, con un hijo. Y, si bien tuvo una infancia como la de cualquier otro, por ahí tenían que vivir de prestado. Era un pibe de primera, su idea era hacer el Servicio Militar y engancharse en el Ejército para poder darle una casa a su mamá. Gracias a su hijo, la ‘Gallega’ pudo tener esa casa. Fijate que tuvo que dar su vida”, se emociona Daniel al recordar a la madre del soldado Bastida, quien falleció en febrero de 2020. “Gracias a Dios, pudimos ir todos a despedirla”, concluye. 

LA VIDA POR LA PATRIA 

El 14 de junio, la guerra terminó. Fue una jornada tristísima para todos los veteranos. “Se escuchaba el silencio”, dice Miguel Ángel Saraza. “Yo no lo quería aceptar. Rompí mi ametralladora para entregarla desarmada e inservible. Además, enterré la pistola”, cuenta Antonio Palacios. “Además, ese mismo día nos tomaron prisioneros”, agrega Enrique. Al volver, trajeron con ellos ese silencio. “Estuve 9 años sin decir nada a nadie. Sufrimos mucho. Estuvimos muy encerrados en nosotros y el Estado también se cerró para nosotros. Después, nos empezamos a juntar y me lo tomé mejor. Comenzamos a hablar y creo que fuimos nuestros mejores psicólogos”, reflexiona Enrique. 

Palacios es contundente: “Nunca más fuimos tan importantes como cuando fuimos soldados. De nuestra posición, por ejemplo, dependía la vida de nuestros compañeros o sección. Nunca más tuvimos esa valoración, responsabilidad e importancia”. 

De izquierda a derecha: Daniel Orfanotti, Enrique Pochintesta, Carlos Bareiro, Antonio Palacios y Miguel Ángel Saraza. Foto: Fernando Calzada

“Para mí, esos fueron los días más cristalinos y puros que uno puede vivir. Si en ese momento nos daban un millón de dólares, ¿qué pensás que íbamos a hacer? Prenderlo fuego para no tener frío. En la guerra, no les das importancia a las cosas materiales, sino a las profundas, a las que te llegan al alma”, reflexiona Miguel Ángel, al tiempo que agrega: “Van a pasar 40 años, y nuestra mentalidad también fue cambiando. Si me preguntabas, después de cinco años, si volvería a hacerlo, quizá no. Pero hoy daría mi vida por eso”. 

¿Fueron chicos de la guerra? “Eso me molesta. No fui Rambo, ni tampoco un cobarde”, afirma Orfanotti. “Yo tengo un dicho para eso: no pertenezco a la compañía del soldado lástima. Para mí, esa técnica de desmerecer es inglesa. Yo, cuando visito las escuelas, digo que tenemos la misma altura que un Patricio de Saavedra o un Granadero de San Martín”, agrega Palacios. 

Y, sobre el cierre, Bareiro se permite una reflexión: “¿Qué hubieras dado vos si, estando en la primaria, te visitaba un Granadero que cruzó los Andes? Aprovéchennos, todavía estamos acá”.

 

Esta nota fue escrita por una periodista de la redacción de DEF

Fuente: https://www.infobae.com

ROSSI ANUNCIÓ EL INICIO DE UNA “VIGILIA MALVINERA” DE UN AÑO POR EL 40° ANIVERSARIO DE LA GUERRA DE MALVINAS

 

En el único acto del Gobierno en homenaje a los veteranos de guerra y caídos, el funcionario destacó la necesidad de que todo lo atiente a recuperación de las islas adquiera carácter de política de Estado. 

Por Fernando Morales 

Con las limitaciones propias que impone la pandemia, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, y el secretario de Malvinas, Daniel Filmus, encabezaron en la mañana de este 2 de abril el acto central a 39 años de la recuperación temporal de la soberanía argentina en Malvinas. Los funcionarios estuvieron acompañados de los máximos jefes del Estado Mayor Conjunto y de cada una de las FFAA. También se encontraban presentes el subjefe de la Prefectura Naval Argentina y la jefa de gabinete del Ministerio de Seguridad María Cecilia Rodríguez.

 

Junto al Ministro Rossi y a los secretarios Daniel Filmus y María Cecilia Rodríguez se dieron cita las máximas autoridades de las FFAA y de la Prefectura Naval

Más allá de una reducida formación de efectivos militares, fueron convocados una decena de ex combatientes representativos de las fuerzas armadas y de seguridad entre los que se destacó el ex jefe del Ejército y embajador en Colombia, Teniente General Martín Balza. 

El Presidente Alberto Fernández tenía previsto realizar anuncios en materia previsional para los ex combatientes desde la localidad de Ushuaia (Tierra del Fuego) pero ante la decisión del gobernador provincial Gustavo Melella de suspender el encuentro por razones sanitarias, el primer mandatario tampoco participó del acto central en la sede del Edificio Libertador.  

La presencia del Ex Jefe del Ejército Martín Balsa generó polémica entre los VGM

El secretario de Malvinas Daniel Filmus remarcó la vocación argentina de continuar con las reclamaciones que actualmente se llevan adelante en diversos foros internaciones y auguro para un futuro mediato la efectiva recuperación de la soberanía plena en los territorios e espacio marítimo circundante que aún hoy continúan usurpados por la corona británica. 

Tanto en su discurso, como en la entrevista con Infobae, Rossi anunció que a partir de este día se inicia lo que dio en llamar “un año de vigilia malvinera” en vísperas del 40° aniversario de la gesta. 

- ¿En qué consiste concretamente la llamada vigilia malvinera? 

- Queremos que Malvinas esté presente a lo largo de todo el año de cara al próximo aniversario que no es un aniversario más. Desde el Ministerio de Defensa y desde las Fuerzas Armadas se van a organizar distintos tipos de actividades para darle protagonismo a los veteranos, a los que convocaremos a dar charlas y a todo tipo de actividades. Luego si la pandemia lo permite una gran actividad para conmemorar los 40 años de la recuperación. Todos los países del mundo que han tenido guerras honran a sus caídos y a sus fuerzas armadas y en eso estamos. 

El jefe de la Armada Vicealmirante Julio Guardia, tuvo un particular reconocimiento para el personal de la Marina Mercante que participó de las operaciones bélicas

- Hoy en la provincia de Santa Fe su jefe de gabinete encabeza entre otras cosas la creación de un archivo de la memoria para que los ex combatientes narren sus historias en primera persona. ¿Considera usted viable esta iniciativa a nivel nacional? 

- Esa iniciativa es importantísima. Fíjese que mi anterior gestión como ministro, varios altos mandos de las FFAA y muchísima cantidad de oficiales y suboficiales en actividad eran veteranos. Hoy no queda nadie y no es por ninguna causa extraña solo es consecuencia del paso del tiempo y del lógico pase a retiro de todos ellos por haber cumplido su ciclo de actividad. Debemos tener presente que los veteranos en el presente son héroes vivientes y como tales deben necesariamente brindar su testimonio mientras puedan. 

La guardia de honor estuvo a cargo del Regimiento Uno Patricios

En otros tramos de la entrevista Rossi insistió con la necesidad de mantener firme el reclamo tratando de lograr cada vez una mayor adhesión por parte de terceros países. Asimismo, tras confirmar que en virtud de ser estudiante universitario en 1982 se acogió a la prórroga por ese motivo y que luego al recibirse un decreto del gobierno militar eximió a todos los jóvenes que estaban en su misma condición de enlistarse en las FFAA. Recordó el ministro que el 02 de abril lo sorprendió viajando desde su provincia natal (Santa Fe) hacia Buenos Aires para una participar de una reunión política: “Venía en el micro y sobre las dos de la mañana se empezó a comentar el desembarco en Malvinas”. 

"Me enteré de la recuperación de Malvinas viajando en colectivo para una reunión política en Buenos Aires." Agustín Rossi

Sobre la situación en Santa Fe 

Infobae consultó al funcionario ministerial acerca de la delicada situación en materia de seguridad por la que atraviesa su provincia, a lo que Rossi respondió en estos términos. 

- La inseguridad en San Fe es de vieja data, comienza a dispararse en 2009/10 a partir de la presencia de bandas narco que se disputan territorios con un nivel de violencia inusitado. El gobierno de la provincia tiene ahora con un nuevo ministro una nueva ventana de oportunidad para hacer algo que yo mismo he planteado oportunamente y que refiere a la necesidad de efectuar un profundo acuerdo político que vaya más allá de la discusión política diaria y que asumiendo la complejidad del tema sirva para definir una política de seguridad que permita mostrarle a la sociedad un claro avance en la materia. 

El Jefe del Ejército General de División Agustín Cejas durante su homenaje al personal caído en combate

Anuncios para Veteranos de Guerra

Fuentes consultadas por Infobae señalan que la expectativa generada entre los VGM por los anuncios presidenciales no concretados, guardan relación directa con la modificación que Alberto Fernández quiere darle a la ley 27.329 sancionada durante la gestión de Mauricio Macri y mediante la cual todo ex combatiente puede jubilarse en su empleo civil con solo 10 años de aporte y 53 de edad (al momento de su promulgación). Si bien la norma fue calurosamente recibida por los veteranos, Macri vetó el artículo 3 de la misma. El mencionado artículo fijaba en dos haberes mínimos el punto de partida para las futuras jubilaciones especiales. El ex presidente consideró que tratándose de un beneficio previsional el monto no podía ser condicionado a priori debiendo ANSSES abonar lo que determinare el cálculo tradicional que se emplea en cualquier haber jubilatorio. Alberto Fernández prometió a los veteranos volver al espíritu original de la norma, dejando de lado que los ex combatientes en forma paralela ya perciben una pensión honorífica nacional equivalente a tres haberes mínimos y otras provinciales o municipales (según el distrito) con valores que también oscilan entre dos y cuatro haberes mínimos. 

Durante la noche del 01 de abril grupos de veteranos junto al dirigente nacionalista Alejandro Biondini participaron de la tradicional vigilia malvinera en Plaza San Martín.

 

Fuente: https://www.infobae.com

2 de abril de 2021

LA TRAVESÍA DEL COMANDO BRITÁNICO QUE ATERRIZÓ EN EL CONTINENTE DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS PARA ELIMINAR AVIONES Y PILOTOS ARGENTINOS

 

En el libro “La Guerra Invisible”, Marcelo Larraquy revela la operación de la patrulla del Special Air Service (SAS) que aún se mantiene clasificada como secreto de guerra por los ministerios de Defensa de Gran Bretaña y de la Argentina. Fue decidida como un “sacrificio humano”, y tenía la misión de atacar la base de Río Grande para destruir los aviones Súper Etendard, los misiles Exocet y matar a sus pilotos. El 18 de mayo de 1982 la patrulla al mando del Capitán Andrew Legg aterrizó en Tierra del Fuego. 

Por Marcelo Larraquy (*) 

Los pilotos argentinos de los Súper Etendard eran el blanco del comando británico 

Después del ataque con misiles Exocet al destructor Sheffield el 4 de mayo de 1982, el Brigadier Peter De la Billière aseguró al gobierno británico que podría proteger a la flota de nuevos de nuevos lanzamientos. Ahora que la guerra había cambiado el centro de gravedad y el continente representaba la mayor amenaza del enemigo, el jefe del SAS quiso intervenir en el corazón del conflicto: propuso la destrucción de la escuadrilla aérea de Súper Etendard, con sus misiles y pilotos, alojados en la base aeronaval de Río Grande, Tierra del Fuego. 

El 8 de mayo, durante una reunión con su gabinete de guerra en la residencia oficial de Chequers, la premier Margaret Thatcher avaló la proposición, que rompía con los límites de la “zona de exclusión”. Con la invasión británica al continente se abría un escenario bélico de mayor magnitud. 

De la Billière organizó la maniobra en dos etapas: una patrulla que se aproximaría a la base de Río Grande y recogería información -la operación Plum Duff- y luego, con los resultados de la inteligencia previa, dos aviones Hércules despegarían de la isla de Ascensión con 60 hombres y aterrizarían en la base para destruirla. Se denominaba Operación Mikado. Después, De la Billière modificó la maniobra y encomendó al Capitán Andrew Legg, jefe de la operación Plum Duff, el ataque directo a la base, mientras los aviones Hércules se mantenían a la espera de la orden de despegue hacia el continente.  

En el libro “La Guerra Invisible”, Marcelo Larraquy revela la operación de la patrulla del Special Air Service (SAS) que aún se mantiene clasificada como secreto de guerra por los ministerios de Defensa de Gran Bretaña y de la Argentina

En este extracto del libro La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas, se publican por primera vez los detalles secretos de esta operación británica. 

Estos son algunos de los párrafos más salientes: 

(…) “La Operación Mikado entró en estado de incertidumbre. Pero se avanzó́ con la misión que la antecedía, la Operación Plum Duff, que era la que debía realizar la inteligencia sobre la base aeronaval. De la Billière confió́ la conducción al Capitán Andy Legg. Era el hombre elegido. Acababa de cumplir 28 años. Después de enrolarse en el Ejercito, Legg había realizado un máster en Matemática aplicada en la Universidad de Reading, aunque su propósito siempre era integrarse al Regimiento de Paracaidistas, como paso previo a su ingreso al SAS. En 1980, dos años más tarde de lo que había proyectado, superó las pruebas de selección y se integró́ al Escuadrón B del Regimiento 22.  

Ya había servido en una operación en Omán, en las montañas de Dorar, y también en la selva de Belice, colonia británica en América Central, y se disponía a viajar a Canadá́ cuando le encomendaron la jefatura de un comando que debía infiltrarse en el continente argentino con la guerra iniciada. Legg había recibido la siguiente instrucción: “Esto será́ difícil, hágalo con firmeza, muévase lentamente y efectúe una buena observación de los alrededores antes de hacer algo. Realice la inteligencia a medida que avanza”, le recomendó́ su superior inmediato. 

El Capitán Andy Legg

El Capitán Legg pensaba que un acceso por Chile, con una exploración lenta hacia el objetivo, podría dar mejores resultados para elaborar un mapa de inteligencia que el ingreso por la costa a una distancia reducida del blanco. Además, desde Chile tendrían menores posibilidades de ser detectados. Pero su inquietud no encontró́ la atmosfera adecuada ni se abrieron posibilidades de discutir la viabilidad de la misión, como solía suceder. No había tiempo ni voluntad para generar cambios radicales en el diseño de la Operación Plum Duff. 

El Escuadrón B del Regimiento 22 dirigido por Legg continuó su preparación. Era el único escuadrón que todavía no había sido enviado al Atlántico Sur. Primero entrenaron en Gales con tiros de rifles, emboscadas nocturnas y marchas forzadas. Luego se desplazaron a Dick, en el extremo norte de Escocia, para ensayar aterrizajes con el Hércules desde baja altura, a poca distancia del mar. 

Cuando regresaron a Hertford, el 14 de mayo, De la Billière los reunió́ con las novedades: las dos patrullas de exploración se fusionaban y, si se daban las posibilidades, también deberían atacar la base de Rio Grande en una operación de acción directa. Por esta nueva planificación, debían llevar explosivos y detonadores por tiempo y resignar ropa y comida en su mochila. La base de Rio Gallegos se había descartado como blanco. El Capitán Legg conduciría una patrulla única de siete hombres que llegaría a Rio Grande y exploraría y destruiría la base. Ese era el nuevo objetivo. Todavía no existía una planificación final, se iría conociendo con el correr de los días. Podrían desembarcar desde una fragata, un submarino o un helicóptero. Esta última opción era la más probable. Lo único cierto era que debían volar hacia Ascensión al día siguiente para iniciar la maniobra. 

El 15 de mayo, el Escuadrón B ya estaba en la isla, ubicada a 4200 millas náuticas de Gran Bretaña y 3800 de las islas Malvinas. Era un dominio británico de 88 kilómetros cuadrados, aunque su base aérea de Wideawake permanecía bajo control de Estados Unidos desde 1962 por contrato de arriendo. Gran Bretaña volvió́ a utilizarla como soporte logístico, de inteligencia y escuchas satelitales para la guerra con Argentina. La base también tenía un polígono de tiro para el misil SideWinder de los aviones Harrier para entrenamientos militares. 

Los C-130-Hercules ingleses despegarían del aeropuerto Wideawake de la RAF en la Isla Ascensión (Think Defense)

La Operación Plum Duff seguía con luz verde. Ya había despachado a sus soldados. El Escuadrón B lo vivía como un viaje de ida, una misión sin retorno. El lema del SAS era “el que se atreve gana”, pero también se necesitaba planificación e información confiable. No existía inteligencia previa sobre las fuerzas enemigas, no se conocía la exacta posición geográfica del objetivo, ni siquiera sabían si los pilotos del Súper Etendard a los que debían matar dormían en la base. Solo contaban con fotos satelitales de precario valor para el reconocimiento y dos mapas del pueblo de Rio Grande. Uno era un Atlas escolar de 1930 y otro, fechado en 1942, había sido creado por el Instituto Geográfico Militar argentino. Lo habían encontrado en la Universidad de Cambridge. Estaba archivado en una biblioteca desde 1947. Pero en ninguno estaba determinada la posición de la base. 

Ese era todo el material reunido para aproximarse al blanco, explorarlo, detectar la ubicación de los aviones, los misiles y producir el ataque. Pero, si esta acción que debían ejecutar en soledad no resultaba posible, debían señalizar la pista con balizas para facilitar el aterrizaje de los dos aviones Hércules para la Operación Mikado. El plan de retirada era aún más incierto. Solo tenían la orden de escapar hacia Chile. 

En Ascensión les dieron la mochila de 36 kilos, una pistola Browning de 9 milímetros, explosivos, un fusil, proyectiles y raciones de comida a cada uno para cuatro días. Esa misma noche abordarían un avión Hércules C-130. La operación avanzaba. El gabinete de guerra, por el convencimiento que había demostrado De la Billière, la había aprobado. La Secretaria de Defensa había recomendado seguir adelante y Thatcher también. La falta de información y las dudas quedaban para el comando del SAS. Todavía no se sabía cómo llegarían a la base ni cómo saldrían de ella. Los detalles técnicos y tácticos se irían decidiendo de camino al objetivo. 

En Ascensión, antes de cruzar el hemisferio, Legg sostuvo una comunicación satelital con De la Billière. El Brigadier le dio algunos detalles del lanzamiento al océano y le informó que probablemente volarían al continente con un Sea King. La posibilidad de que la operación se cancelara y que a él lo reasignaran para unirse al resto del Escuadrón del SAS con la Fuerza de Tareas se acababa en ese momento, pensó́ Legg. Sintió́ que ya no había forma de escapar. Hubiera preferido un submarino o una lancha rápida para llegar a la costa, en todo caso. El ruido del Sea King representaría un seguro boleto de ida. 

Le preguntó a De la Billière qué sucedería con el helicóptero después de que los dejara en tierra. Temía que, si quedaba visible, se intensificara la búsqueda de su patrulla. “Tenemos activos que eliminaran la evidencia. No es un tema de su incumbencia”, fue la respuesta exasperada del Brigadier. No hubo más preguntas. Antes de cerrar la transmisión De la Billière les deseó suerte. Esperaba verlos en su regreso a Londres, le dijo. 

El Brigadier Sir Peter de la Billiére, el director del SAS y cerebro de la Operación Mikado y Dum Pluff (National Potrait Gallery)

El 16 de mayo, siete horas después del despegue, a 17 mil pies de altura, el Hércules fue acoplado por la sonda de otro Hércules y tras dos intentos fallidos logró cargar combustible. Faltaba la mitad del viaje. El piloto les anticipó que había un poco de brisa desde el oeste. Nada de qué preocuparse. El tiempo era bueno. Seis horas después se colocaron su paracaídas y sus salvavidas y los ocho hombres saltaron desde 370 metros junto a sus armas y las mochilas. Desde el avión después les tiraron las cajas con pertrechos de guerra, que recuperaron en el mar. La Operación Plum Duff cruzaba al hemisferio sur por primera vez. Estaban dispersados por las olas, a 60 millas al norte de Puerto Argentino, pero todavía lejos del continente. 

El rescate se demoró́. Esperaron más de media hora la llegada del buque de auxilio Fort Austin para levantarlos del agua congelada. Legg lamentó no haber pedido trajes de neoprene para su grupo. 

Desde el Fort Austin volaron en helicóptero hasta el Hermes. En el portaviones se conformaría la tripulación que los trasladaría al continente. Se les ofreció́ a los pilotos del Sea King postularse como voluntarios. Algunos acababan de regresar de la isla Borbón y mantenían el entusiasmo por el éxito de la operación. Pero, si para esa misión habían vuelto al Hermes, la misión Pluff Duff no tenía la posibilidad de llegar al continente y regresar. Era lo más parecido a un sacrificio humano. Y también material. 

El Almirante Woodward ordenó que utilizaran el modelo más antiguo del Sea King. El piloto de mayor graduación del escuadrón de transporte aéreo, Bill Pollock, lo convenció́ de que les permitiera utilizar la versión más moderna, el Sea King 4. Legg entendía que en el vuelo al continente se sacrificaría a tres pilotos, al Escuadrón B, además del helicóptero. Pero la superioridad creía que este sacrificio no representaba un costo alto frente a la posibilidad de poner en riesgo el resultado de la batalla. Aunque el éxito de la misión fuera mínimo, el sacrificio debía realizarse. 

La ruta de la Operación Mikado y los puntos acordados para que desembarcaran los SAS, primero en Argentina y como opción secundaria en Chile (Plano extraído del libro Special Forces Pilot)

Uno de los postulantes fue el Teniente Richard Hutchings. Se había formado como marino y había entrenado con el SAS. Pollock creía que tendría mayores habilidades que el resto para sobrevivir en el continente. Le pidió́ que eligiera a otros dos pilotos para completar la tripulación. Hutchings eligió́ al Teniente “Riggs” Alan Benet, de 21 años, al que percibía como el más capaz para operar el TANS (Tactical Air Navigation System), y a Michael “Dock” Love, de 22. Ya había realizado siete salidas operacionales. Pollock dijo que Love estaba asignado para otra misión. (Love moriría dos días después, en la caída de un Sea King, junto a otros veinte miembros del SAS). Pollock sugirió́ al Suboficial Peter Blaim Imrie, que se había ofrecido porque era joven, soltero y tenía menos que perder que los otros pilotos, según le dijo. Hutchings lo aceptó. La tripulación ya estaba lista. Trasladaría al Escuadrón B del Regimiento 22 a un territorio desconocido. Cuando le presentaron al jefe del comando le resultó familiar. Había compartido con Legg un curso de entrenamiento militar el año anterior. El Capitán del SAS estaba preocupado por el funcionamiento del equipo de comunicación satelital con el que debía tomar contacto con la base de Hertford desde el continente. Se había mojado en el océano y ya no habría tiempo para que se secara. Esa misma noche debían despegar. Esa era la instrucción. Legg se enteraba en ese momento. El Hermes navegaba rumbo al punto de despegue, previsto a 33 millas de la isla Soledad. 

La tripulación del Sea King y el Escuadrón B se reunieron en una sala del portaviones para ajustar los detalles. Legg había traído imágenes satelitales que habían sido generadas por los Estados Unidos sobre el sector chileno de la isla de Tierra del Fuego. No podía llevarlas al continente porque, si caían —y todo hacia presumir que caerían—, dejaría en evidencia la colaboración norteamericana. Dibujó en un papel los detalles que consideraba relevantes y lo guardó. El vuelo del Sea King sería en línea recta desde el sur de la isla Soledad hasta Rio Grande. Hutchings, al principio, calculó que podría dejar al grupo a 19 millas terrestres al norte de la base, cerca de la laguna Miranda, en una estancia. La estancia Las Violetas podría ser el punto alternativo. El piloto aprovechó para proponerle a Pollock otra opción para salvar el helicóptero. Como el combustible le alcanzaba para llegar a Rio Grande y regresar hasta mitad de camino, podría descender sobre una fragata o un sub- marino, recargar combustible suficiente y volver al portaviones. Pollock desestimó su idea: sería muy peligrosa para la tripulación. 

El meteorólogo anticipó que habría niebla en el continente cuarenta y ocho horas más tarde y les sugirió́ que despegaran en ese momento. Pero los soldados del SAS no ocultaban su cansancio: caían de sueño. Habían dormido muy poco en los últimos tres días. Pollock consideró, además, que no podrían irse con la ropa mojada. Le propuso a Woodward suspender la operación por un día. El jefe naval aceptó. Legg se alegró́ porque tendría tiempo para secar su radio satelital, y Hutchings para escribirle una carta de despedida a su esposa. Le dijo que, si él moría, no se torturara guardándole lealtad. “Si llega el hombre correcto, debes aprovechar la oportunidad para ser feliz y disfrutar tu vida al máximo. Espero haber sido un buen recuerdo y un buen ejemplo para nuestros hijos”. (..) 

Al día siguiente, el 17 de mayo, el Capitán Legg y la tripulación del Sea King se enteraron de un cambio de planes. El Hermes no podía permanecer más tiempo cercano a la costa de las Malvinas porque corría el riesgo de ser impactado por un Exocet. Se decidió́ que la misión despegara desde el Invencible, que estaba ubicado cerca de la isla Beauchene, 30 millas al sur de la isla Soledad. 

En el portaviones los recibió́ el Capitán Jeremy Black. Hutchings le pidió́ un diccionario inglés español y un oficial lo solicitó por altavoces. Hutchings entendió́ que la misión al continente dejaba de ser secreta. También consiguieron un hacha, cintas adhesivas y les dieron una sala para continuar con el análisis de la operación. Legg repartió́ billetes en dólares, libras esterlinas y pesos argentinos y chilenos a sus hombres y a la tripulación. Black les hizo completar una planilla que sirvió́ de recibo. Después prosiguieron con el repaso de alternativas. Hutchings planeó un probable descenso más cerca de la costa, en la estancia Las Violetas, a 14 millas terrestres de la base. Estaba marcada en la carta náutica. Chile seria la opción para un aterrizaje de emergencia si un radar llegaba a detectar el vuelo. Legg prefería que ese segundo punto de desembarco fuese cerca de la frontera, como se había pensado en Hertford: una aproximación a la base desde el oeste. Sería la mejor opción para evitar la captura y completar la misión. ¿Qué harían con el helicóptero luego de que dejara en tierra al Escuadrón B? Lo hundirían bajo tierra o en el agua, eliminarían toda evidencia y después, con la ayuda del agente Edwards, la tripulación partiría hacia Santiago de Chile. 

(El portaaviones británico HMS Invencible fotografiado por un avión TU-95RTs de la Aviación Naval de la Unión Soviética cuando se encontraba regresando de Malvinas)

No había más que decir. Los miembros del Escuadrón B fueron ubicándose en silencio en el Sea King, al que se le habían quitado los asientos para agregarle tanques suplementarios de combustible. Había pasado la medianoche. Eran las 0:15 del 18 de mayo de 1982. Se iniciaba la misión hacia el continente. Debían volar 350 millas. Hutchings calculó que les tomaría un poco más de cuatro horas. Las hélices comenzaron a girar y esperaron que el Invencible, en completa oscuridad y bajo silencio de radio, alcanzara su velocidad máxima para facilitar que el Sea King se elevara. La patrulla del SAS partió́ sin entusiasmo. Les habían dado trajes de inmersión naranjas fluorescentes por si se accidentaban en el despegue. Después, el portaviones y sus fragatas escoltas Brilliant y Coventry abandonaron la posición y comenzaron a navegar hacia el noreste para unirse a la Fuerza de Tareas. 

Las primeras horas del vuelo las hicieron a 15 metros por encima del mar para evitar el radar de Malvinas. Después subieron a 60 metros. La atmosfera interna era tensa, todos estaban ganados por la incertidumbre. Solo se escuchaba el ruido de los motores. Legg se había unido al Regimiento para vivir un poco de aventura y ahora la tenía en exceso; la situación había salido de su control. “¿Cómo mierda terminé acá́?”, se preguntaba. Sentía que los movían como peones, pero no era el primer soldado que tenía la misma sensación. Ni seria el ultimo. Estaba perturbado. Necesitaba tener un sentido de perspectiva. Decidió concentrarse en tiempos más felices. Pensó en su infancia en la granja con su familia. En sus amigos, cuando jugaba al rugby. Recordó cuando pasaba un rato tomando cerveza con ellos después de los partidos. Pensó en sus viejas novias, en los buenos momentos que había vivido en el Regimiento. Entraba y salía del sueño, adormecido por el zumbido del helicóptero. Se sentía cansado. 

Hutchings volaba con la radio y los aparatos electrónicos desactivados. Solo si observaba al 25 de Mayo debía romper el silencio y alertar sobre su posición. Tenían orden de atacarlo aun fuera de la zona de exclusión para eliminar su amenaza. (…) 

A la cuarta hora de vuelo divisaron la costa del continente. Hutchings, con sus visores nocturnos, pudo observar un resplandor. Mientras se acercaba, lo sorprendió́ una llama de gas incandescente de una torre que emergía del mar. Se veían las luces rojas que destellaban en la niebla. Supusieron que era una plataforma petrolera marina. Hutchings lamentó que el detalle no estuviera marcado en el informe de inteligencia ni en las imágenes satelitales de los Estados Unidos, que solo alcanzaban hasta las aguas costeras de Rio Grande. Viró hacia el sur para evitar la plataforma petrolera y advirtió́ edificaciones sobre la costa que tampoco estaban en la cartografía. Una densa niebla los cubrió́. Estaban entrando al continente. 

Libro Vigilancia y Control Aéreo en Argentina: la imagen muestra las trazas de los casi cinco minutos que estuvo él Sea King ZA290 en la pantalla del radar. La primera traza ocurre a las 4:28 AM cuando, según la tripulación, tocó tierra para desembarcar al equipo del SAS

El destructor Bouchard los detectó en su radar de aire por sonido e imagen. Había otra intrusión del enemigo, como había sucedido treinta y cuatro horas antes. No se trataba de tres elementos que avanzaban en V; se podía ver su desplazamiento hacia el oeste. A las 4:26 el helicóptero traspasaba la costa. Se informó́ al Piedrabuena del hallazgo y a la base de Rio Grande para consultar si era una aeronave amiga, pero luego de una demora en la comunicación desde la base lo negaron. Veinte minutos después había perdido el eco y supusieron que la aeronave había descendido a tierra cerca de la Ruta 3. 

Las luces de la base de Rio Grande se apagaron. Alerta roja. Sobre la bahía San Sebastián había un depósito de combustible que suministraba nafta especializada para los aviones de la base. Podría ser objetivo de la intrusión. Las patrullas terrestres de infantes de Marina salieron hacia la zona norte para rastrillar las estancias. Los helicópteros se lanzaron a la búsqueda. La artillería antiaérea esperó un ataque desde el mar. Había confusión. Cuando se observaba la luz de un auto en una zona apenas elevada de la Ruta 3, pensaban que podría ser el helicóptero. No tenían claridad de lo estaba sucediendo, pero estaban seguros de que el enemigo había entrado al continente. 

Cuatro millas tierra adentro, el piloto del Sea King estaba perdiendo referencias visuales y sintió́ que en cualquier momento podría perder el control de la aeronave. Ya no veía el suelo. Decidió́ aterrizar en el pastizal. Afuera el aire estaba espeso por la niebla y adentro se advertía la tensión del grupo. El jefe del Escuadrón B se acercó́ a la cabina de la tripulación y se colocó́ entre los asientos. Le pidió́ a Alan Bennet que le mostrara las coordenadas del TANS. Según el sistema de navegación estaban a 19 millas terrestres de la base, cinco más arriba del plan original. Legg lo contrastó con el mapa que había dibujado. No confiaba en la posición del TANS. Suponía que estaban más al norte todavía. Desde que habían entrado al continente por la bahía San Sebastián, a 60 millas, no podrían haber cubierto semejante distancia volando en forma lenta y en tan poco tiempo. Bennet verificó el TANS y aseguró que estaban a 30 millas terrestres de la base. Era el área de la estancia La Sara, propiedad de la familia Braun Menéndez. No estaba marcada en la carta náutica, pero Legg la tenía en su mapa como vía de escape. 

Si esto era cierto, la patrulla debía caminar 50 kilómetros. La marcha sería mucho más comprometida, sobre todo porque Legg percibía que habían sido detectados. Creyó́ ver unas luces a 200 o 300 metros, que, supuso, podrían ser de un auto. Sin embargo, en el mapa que le mostraba Hutchings no había ningún camino cercano. También vio un resplandor; podría ser una bengala iluminada en la niebla. Estaba convencido de que la operación había perdido sorpresa y podrían ser emboscados. A cada segundo sentía la inminencia de un ataque. No convenía estar más tiempo en el lugar. El suelo estaba cubierto de escarcha, el viento helado atravesaba el aire y la oscuridad era total. Un miembro de la patrulla que había saltado a tierra pudo corroborarlo. (…)” 

(*) Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es “La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas”. Ed. Sudamericana. 

Fuente: https://www.infobae.com