viernes, 11 de febrero de 2011

"LA GUERRA NO RESOLVIÓ NADA"

Por Graciela Iglesias

Sandy Woodward, el jefe de las fuerzas británicas en 1982, cuenta cómo fueron tomadas algunas de las decisiones tácticas que determinaron el curso final del conflicto

Durante 25 años el Almirante Sandy Woodward evitó todo contacto directo tanto con la prensa como con medios oficiales argentinos.

"El tiempo ayuda a ver las cosas en perspectiva. Creo que ha llegado el momento de iniciar el diálogo", explicó a LA NACION en un rincón de la cocina de su cottage, cuyo único lujo es que da vista al mar, luchando al mismo tiempo por controlar a su negra gata, "Sooty", que, con sus pedidos de mimos, amenazaba con dejar al descubierto un bien guardado rasgo emotivo de la personalidad de su dueño. A los 75 años, el jefe de la Fuerza de Tareas británica (Task Force) en el Atlántico Sur en 1982 no ha perdido nada de la agudeza y la franqueza que le ganaron pocos amigos, tanto en las filas del "enemigo" como del establishment británico.

¿Qué sabía usted de las islas Malvinas cuando le dijeron que tenía que ir en su defensa?

Poco y nada. Nunca había estado allí y si sabía dónde estaban es porque de chico coleccionaba estampillas, y las de las Falklands eran vistosas.

Vamos, usted formó parte de un grupo que en 1972 tuvo que evaluar la viabilidad de la defensa de las islas. ¿No es cierto?

Sí, pero una cosa es hablar en abstracto y otra es conocer bien el lugar... Yo tenía un cargo menor en el Ministerio de Defensa y tuvimos que evaluar la hipótesis de una defensa de las islas. La conclusión a la que llegamos es que era imposible. No teníamos una base militar como ahora; operar con aviones que tenían que cargar combustible en vuelo, como debieron hacerlo los Hércules partiendo desde la isla Ascensión, parecía inconcebible... Y la hipótesis era cómo defender las islas en el contexto de la Guerra Fría, no cómo liberarlas de una ocupación argentina...

En Cien días (Sudamericana, 1992), Margaret Thatcher dice que el objetivo de la campaña era "desde el principio" la liberación de las islas. Pero en el prefacio de la segunda edición, usted dice que el objetivo de la misión "no fue establecido y totalmente promulgado hasta el 12 de mayo de 1982". ¿Bajo qué órdenes operó usted antes de esa fecha?

El objetivo transmitido por las autoridades políticas el 03 de abril, al día siguiente de la invasión argentina, fue "prepararse para desembarcar con vistas a recuperar las islas Falklands". Nada de organizar un "plan" claro o de lanzarse a la liberación. Es algo fácil de decir para alguien sentado en un sillón. Pero hay que ponerse en la situación en que estábamos entonces: todavía no sabíamos si podíamos llevar a cabo la misión y si el General Haig, que estaba empezando su diplomacia shuttle (relámpago), tendría éxito o no. Estoy seguro de que todo militar profesional, de un lado u otro, habría querido que tuviera éxito. No nos regodeamos en iniciar una guerra. Si emprendemos una misión bélica es porque nuestros políticos cometieron un error o fracasaron en su trabajo... He aprendido a lo largo de los años que los políticos son más propensos a lanzarse a una guerra que los militares...

¿Es cierto que usted dijo que la misión iba a ser un "picnic"?

Me alegra que me haya preguntado esto porque quiero poner las cosas en claro. Nunca dije que la misión iba a ser un "picnic". Lo que le dije a un periodista fue: "Personalmente, yo preferiría que todo fuera a walk-over (un arraso)". Quería decir que preferiría que no hubiera guerra y que pudiéramos desembarcar sin resistencia alguna. Pero la frase fue reproducida como "la misión será un arraso", lo que creó una verdadera batahola en Londres, donde se me acusó en la Cámara de los Comunes de "bravucón". Pero aprendí la lección. Desde entonces, me cuido mucho de lo que digo...

En sus manos se puso el comando absoluto de todos los barcos, fuerzas terrestres y aéreas en el teatro de operaciones, pero no de los submarinos, que quedaron en manos directas del comando en Inglaterra. Esa parece una rara excepción, ¿a qué lo atribuye?

No puedo coincidir más con usted: fue una rara excepción. Yo tenía el equipamiento, las comunicaciones, el staff y el mismo conocimiento que el hombre a quien se le dio esa tarea en el comando general en Northwood (Inglaterra). Lo que es más: yo tenía, estando en el lugar, más idea de las necesidades tácticas y de la urgencia que requieren algunas decisiones. Por otro lado, el comandante en jefe era también un submarinista, y es probable que haya pensado que era mejor dejar las cosas no muy lejos de su control... También es posible, estoy especulando, que haya pensado que, tratándose de submarinos a reacción nuclear, el tema podía ser políticamente delicado...

¿No jugó usted una apuesta extraordinaria el 02 de mayo al enviar la orden de hundir el buque Belgrano directamente al submarino Conqueror, cuando no tenía autoridad para hacerlo?

No fue una apuesta tan grande. El Belgrano estaba afuera de la zona de exclusión, pero nosotros no podíamos permitir que un buque de guerra argentino se acercara a una zona de exclusión trazada en forma arbitraria para que nos atacara cómodamente desde allí. El Belgrano estaba a 36 millas de la zona de exclusión pero, a 20 nudos, podía acercársenos en menos de una noche. Más aún, era evidente que poco antes había tratado de iniciar una "acción de pinza" en coordinación con el buque 25 de Mayo. Nadie puede ignorar semejante amenaza: esto es la guerra. Creo que hasta el Capitán Héctor Bonzo (comandante del Belgrano) lo ha admitido así...

No me refería a la apuesta de hundir el Belgrano, sino a la de enviar la orden cuando no tenía autoridad para hacerlo...

Para obtener el cambio de las reglas de intervención (rules of engagement) que necesitábamos para que el Conqueror pudiera atacar al Belgrano, hacía falta que el comandante en el lugar, yo, escribiera un mensaje a Northwood pidiendo el cambio y dando numerosas razones para que esto fuera así, todo en un lenguaje que pudiera ser comprendido por políticos que no entienden nada de tácticas militares. Ese largo mensaje tenía luego que ser codificado antes de ser transmitido a Northwood donde tenían que decidir quién lo leería... Iba a tomar mucho tiempo y decidí saltar la cadena de mando.

¿Cuán grande hubiera sido la demora de seguir las normas?

Al menos 24 horas, lo que hubiera sido 24 horas demasiado tarde, porque esa nave era una amenaza real.

El Conqueror reportó a Northwood a las 14.00 ("hora Zulu", el huso horario establecido por el alto mando británico, tres horas adelante de la hora argentina) que el Belgrano había cambiado la dirección. Usted escribió en su diario, dos horas más tarde, que creía que estaba emprendiendo la retirada. ¿Compartió esa opinión con la cadena de mando?

Todos escuchamos por el satélite el mensaje enviado por el Conqueror, así que todos sabíamos que el Belgrano se dirigía hacia el oeste. Pero no sabíamos por qué. Es cierto que no dije a nadie que creía que estaba emprendido el regreso a puerto. Northwood tenía el control sobre los submarinos. Yo estaba interfiriendo en su control. Y fue mejor que no dijera nada, porque estaba equivocado. Ahora se sabe que al Belgrano se le había dicho que no retornara a puerto sino que se colocara en una posición determinada y esperara nuevas órdenes.

¿Por qué el ministerio de Defensa no envió las nuevas reglas de intervención a los buques hasta dos horas después del hundimiento del Belgrano?

No necesitaba hacerlo. Sólo necesitaba enviar la orden de hundir el Belgrano al Conqueror. Eso cambiaba automáticamente las órdenes de intervención.

¿Para todas las fuerzas?

No, sólo para el Conqueror... Bueno, esto es algo que necesito pensar... En realidad, no sé cómo se cambiaron las reglas de intervención... No estoy ocultando nada, es que pasaron 25 años y no recuerdo todo con precisión... Sé que al Conqueror se le dijo: "Hundan el Belgrano". Y creo también que se le dijo que no hundiera a las naves escoltas, pero Wredford-Brown opina la contrario...

¿Le sorprendió que el hundimiento del Belgrano llevara a la armada argentina a retirarse definitivamente de la guerra?

Entonces no sabíamos que lo haría. No hundimos al Belgrano con eso en mente. Ahora sí, viendo las cosas en perspectiva, puedo decirle que no lo entiendo... Es difícil pasar de la mentalidad de la paz a la de guerra. A veces hace falta que alguien cercano muera o resulte herido para acelerar la transición. Para nosotros, el hundimiento del destructor Sheffield fue el 15 por ciento que necesitábamos para prepararnos para la guerra. Hasta entonces teníamos que recordarles a los marineros que se pusieran las máscaras de gas, vistieran los chalecos anti-flash... Pero con la pérdida del Sheffield todos entraron de inmediato en la dinámica de la disciplina bélica. No entiendo por qué el hundimiento del Belgrano no tuvo el mismo efecto para la armada argentina... También me parece inconcebible que no hayan tratado de hundir uno de nuestros dos portaaviones, porque habrían aniquilado nuestra operación.

Usted participó de otra misión fuera de la zona de exclusión: la frustrada operación de sabotaje de la SAS en Río Grande. Tras el hundimiento del Belgrano, ¿no cree que, de haber tenido éxito, habría llevado a un incontrolable escalamiento de la guerra?

Yo no diseñé esa misión ni tomé la decisión de llevarla a cabo. Se me dijo que se quería llevar en helicóptero a un pequeño equipo de las fuerzas especiales lo más cerca posible de Río Grande y que yo debía proveer los medios para hacerlo. Sabíamos que esa era la base de los Etandards. Todavía no habíamos encontrado la forma de detectarlos antes de que dispararan sus misiles y tampoco sabíamos si tenían cinco o más... El argumento era un poco como el del Belgrano... no podíamos dejar que nos siguieran atacando.

Con ese criterio, tarde o temprano todo lugar en la Argentina habría representado una amenaza...

Seguro, esa es la extensión lógica del argumento y creo que esto fue comprendido en el alto mando argentino donde, se me ha dicho, se tomaron medidas preventivas para un eventual ataque a la base de Río Grande... Los militares somos realistas... La idea de crear una zona de exclusión artificial vino de los políticos, que no siempre son muy realistas... Si la base hubiera estado cerca de una gran ciudad, como Buenos Aires, un ataque habría implicado grandes daños colaterales y políticamente habría significado algo totalmente distinto. No creo que habríamos llegado a eso...

Los portaaviones Hermes e Invincible y los destructores Brilliant y Broadsword se sumaron a la Fuerza de Tareas con dos cargas nucleares. ¿Contempló alguna vez utilizarlas?

¿Quién dice que teníamos armas nucleares?

Documentos oficiales citados por medios periodísticos y por Lawrence Freedman en su Historia Oficial.

¡Ah! El libro de Freedman contiene muchas inexactitudes. No debería llamarse la Historia Oficial, sino la Historia de los Documentos Oficiales. A mí no me consultó. Permítame decirle cuál es mi posición al respecto: sé que será difícil de creer, pero yo no sabía que teníamos armas nucleares a bordo del Hermes y mucho menos en el Invincible, el Broadsword o el Brilliant. Todavía no sé si es cierto.

Parece extraordinario que el hombre a cargo de la coordinación de todas las acciones bélicas ignorara que disponía de la más letal de las armas...

Lo sé, pero es cierto. No sabía y tampoco pregunté porque, la verdad, nunca se me ocurrió que armas nucleares fueran a utilizarse en este tipo de guerra. Además, nuestras armas no estaban diseñadas para atacar buques sino submarinos... y submarinos rusos, no argentinos.

¿Pero cuáles habrían sido las consecuencias si, como usted temía, la armada argentina hubiera hundido su portaaviones?

Si hubiera habido armas nucleares a bordo y mi portaaviones hubiera sido hundido, ustedes tendrían un problema a muy largo plazo, porque les quedaría una bomba atómica en el fondo del mar. Aunque la forma en que estas armas son empaquetadas garantiza que no habrá contaminación por unos 500 años...

Pero, de haberlas tenido, ¿las habría usado?

No, de ninguna manera. No era ese tipo de guerra.

El jefe de la armada real, almirante Sir Jonathan Band, advirtió hace poco que, de no aumentar su presupuesto, Gran Bretaña tendrá una armada "como la de Bélgica". ¿Está Gran Bretaña a punto de hacer los recortes que en 1981 el ministro de Defensa Sir John Nott había propuesto y que, de haberse aplicado, habrían impedido el triunfo británico?

No todavía. Lo que el jefe del almirantazgo está tratando de decirles a los políticos es que, si quieren ganar votos mediante la suspensión de la compra de portaaviones y a la vez quieren que las fuerzas armadas operen en Afganistán, Irak y Dios sabe dónde más, tendrán que hacerse cargo de las consecuencias... Incluida la posibilidad de que las Falklands queden desprotegidas... Pero, ¿puedo transmitir un mensaje directo a los argentinos? Ustedes nos acusan de colonialistas porque protegemos a los isleños. Pero ustedes también lo son si demandan que la población local cambie su cultura y forma de vida. La guerra no resolvió nada. La situación es peor ahora que antes. Los isleños son unos ermitaños que quieren vivir aislados del resto del mundo y, si Gran Bretaña los protege, no es porque los consideremos necesariamente "británicos", sino porque creemos que tienen derecho a elegir cómo quieren vivir. Por favor, dejen de lado el tema de la soberanía y traten de llegar a un arreglo económico y político con los isleños...

Muchos dirán que es de esperar que el británico que lideró la guerra en 1982 insista en tratar de convencer a los argentinos de que abandonen sus reclamos...

Es porque tuve que enviar a morir a cientos de soldados que mi mensaje tiene valor. Uno aprende pronto que las guerras nunca resuelven nada. No son un medio para negociar. Si las dos partes insisten sobre el tema de la soberanía, tarde o temprano el diferendo nos va a llevar a otra guerra. Cuanto más tiempo dejen pasar, peor. Yo simplemente seguí las órdenes de las autoridades políticas y mis sucesores harán lo mismo. Por ahí es cuestión de buscar una solución sin esperar que los políticos tomen la iniciativa. En fin, seguramente debe de haber otro camino que no sea el de la guerra. Es cuestión de simple sentido común.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar. Publicado el 01 de abril de 2007

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