viernes, 11 de febrero de 2011

UN MAR DE DISTANCIA


Una radiografía de Malvinas, según la mirada del jefe de redacción de este periódico, que vivió siete días en las islas. Exclusivo de “El Periodista de Tres Arroyos”

Por Andrés Vergnano (*)

Para la mayoría de los argentinos, las Islas Malvinas son dos: Soledad y Gran Malvina (East Falkland y West Falkland, según la denominación inglesa). Es el primer error, y demuestra lo poco que sabemos sobre el archipiélago que fue escenario de una guerra por la soberanía en 1982 y que, desde entonces, ingresó al temario de conversación nacional. Las Malvinas no son 2 islas, sino 740. Si, así como se lee: 740, aunque las dos principales son las que se lucen y, por tanto, resultan las más conocidas.

En Malvinas, según el censo de 2006, viven 2478 personas, 2115 de las cuales residen en la capital de las islas, Port Stanley (bautizada por nuestro país como Puerto Argentino). Las 500 restantes viven en el campo en las islas mayores, o en los distintos islotes que conforman el archipiélago.

La unión entre islas se da de dos maneras principales: Mediante un ferry que une Newhaven (en la Isla Soledad) con Port Howard (en la Gran Malvina) cruzando el Estrecho San Carlos, o directamente en avión, a través del servicio ínter islas brindado por las avionetas de la FIGAS, propiedad del gobierno isleño, que tienen capacidad para ocho pasajeros y están preparadas para aterrizar en improvisadas pistas en los establecimientos rurales.

Las islas mayores son más extensas de lo que podría suponerse, y pueden ser recorridas en auto a través de una red de caminos que conecta con los “camp” (derivación de campo) y los principales puntos de interés turístico.

La capital y los habitantes

Aunque así se los conoce en Argentina, a los habitantes de Malvinas no les gusta que los llamen “Kelpers”. La palabra viene de “Kelp”, el alga típica de la isla, y por tanto la traducción sería “algueros”. Expresan que tampoco son “ingleses”, y mucho menos “argentinos”. Prefieren que los llamen “islanders”, es decir “isleños”.

Port Stanley es la capital de las “Falklands”, término acuñado por ingleses e isleños. En ningún lado aparece la palabra Malvinas, salvo en la denominación de un hotel, el Malvina House, y rápidamente aclaran que es el nombre de la dueña y no tiene ninguna otra connotación. Stanley posee una cuidada urbanización, de casas de madera construidas sobre pilotes, confortables, sin lujo.

La localidad se extiende por varios kilómetros a lo largo y pocas cuadras a lo ancho, de frente a una ría que golpea con sus aguas la costanera calle Ross Road.
Aún remota, aún pequeña, Stanley cuenta con todos los servicios. No se carece allí de nada que podría exhibirse como logro en una ciudad continental. Y lo que falta se pide y llega en una semana a través de los vuelos de avión procedentes de Inglaterra o Chile. A los efectos de las comunicaciones, posee servicios de telefonía fija, celular, televisión por cable e Internet.

Estilo inglés

El clima en Malvinas es cambiante, y duro. Constituye, junto con la distancia y la soledad, la principal adversidad para los habitantes del archipiélago.

El modo de vida es a la inglesa. Desayuno abundante y a trabajar, una merienda llamada “smoko” a media mañana y cena temprano, no más allá de 19.30 horas, para irse a la cama alrededor de las 22.

A media tarde, al fin de la jornada laboral y antes de volver a casa, los isleños hacen escala en algunos de los pubs y se toman una cerveza, en lo que constiuye un clásico lugareño. El más emblemático es el Globe Tavern.

La gastronomía es diversa. Obviamente pescados (mejillones, ostras, vieiras, cangrejos, trucha de mar, róbalo patagónico –conocido localmente como mullet-, y hasta manjares como la merluza negra y el calamar de Falkland), delicados corderos y tierna y jugosa carne vacuna. Los platos se sirven con verdura fresca, que los habitantes cultivan en invernaderos en los patios de sus casas, o se consiguen en el mercado provenientes de Chile o producidas localmente en un emprendimiento de hidroponía.


Aunque al parecer con anterioridad han existido casos de rechazo y agresión hacia los argentinos que visitaron las islas, en verdad no es la realidad que vivió el grupo de tresarroyenses que estuvo en el archipiélago en la segunda semana de noviembre, y que integré. Por el contrario, los lugareños devinieron respetuosos y hasta amigables. Siempre de un modo de ser sobrio y conservador, que podría parecer distante desde una óptica latina, pero que resulta normal en su cultura.

El tránsito sorprende a cualquier argentino. Primero porque el volante del auto inglés (abundan las 4x4) va a la derecha. Y porque la circulación es por la izquierda. Pero más que nada causará sorpresa por el respeto por el peatón, y por el otro.

La ley se cumple: ser hallado en estado de alcoholización mientras se conduce puede tener consecuencias graves. La detención, el escarnio social, el retiro de la licencia y, en ausencia de ésta última, incluso la pérdida del empleo.

También son severas las sanciones que impone el Código Rural para aquellos que atenten contra el medio ambiente. El cuidado de la flora y la fauna está normado por ley, y el cumplimiento es estricto, riguroso.

Reclamadas por Argentina desde 1833, que las considera parte integrante de su territorio, actualmente las “Falklands” constituyen un territorio de ultramar del Reino Unido con autonomía, excepto en la defensa y las relaciones exteriores. Ambos temas permanecen bajo la responsabilidad del Gobierno Británico. La autoridad suprema recae sobre la reina, y la ejerce un gobernador, a quien lo asiste una Asamblea Legislativa y un Ejecutivo. Se eligen ocho miembros a la legislatura cada cuatro años. La asamblea maneja los asuntos internos, y el gobernador mantiene responsabilidad sobre los asuntos externos y la administración civil.

Pujante economía

La economía en las islas mejoró sustancialmente a partir de la guerra en 1982. Tras la finalización del conflicto le fue concedida por Inglaterra la comercialización de las licencias de pesca. Hasta entonces, solo la explotación lanar les permitía sobrevivir. Hoy atraviesan tiempos de bonanza, al punto de ser autosustentables, salvo en la defensa. Hay una base militar, Mount Pleasant, a una hora de Port Stanley, que es casi una ciudad y alberga a 1500 soldados (no contemplados en la cuenta anterior de habitantes de las islas).

La bonanza no sólo se dice, se ve. Y es posible traducirla en números que llaman la atención.
La pesca, el turismo y la agricultura, en ese orden, son los mayores contribuyentes a la economía. Actualmente existen también exploraciones de hidrocarburos y proyectos de acuacultura, que podrían diversificar la matriz.

Las licencias de pesca generaron ingresos por 103 millones de pesos en la temporada 2007/08. Cada año, más de treinta países obtienen licencias de pesca para operar en las aguas de las Malvinas, y continúa en aumento la contribución de las compañías pesqueras locales.

En cuanto al turismo, aporta alrededor de 35 millones de pesos al año. El mayor sector lo constituyen los cruceros, que arriban a razón de 90 al año.

La ganadería ovina, que por 160 años resultó el sustento básico, quedó relegada a un tercer lugar en la aportación general, aunque no por ello menos importante. En 1,1 millón de hectáreas destinadas a la ganadería, conviven 505.500 lanares y 5500 cabezas de ganado en unos 89 establecimientos de campo. La producción anual de lana en los últimos diez años se calcula en 1800 toneladas. En 2002 se inauguró un matadero acreditado por la Unión Europea y, durante 2007/08 se exportó la carne de 12.000 corderos y 18.000 ovejas.

La moneda de circulación en las islas es la Libra Malvinense, equivalente en valor a la Libra Esterlina (se toma uno a uno) y su relación con el peso argentino es de 6,80 pesos respecto de cada libra. Un banco, el Standard Chartered Bank (SCB) brinda los servicios financieros y oficia de casa de cambio.

Educación, seguridad, salud y empleo

La educación es obligatoria y gratuita para niños de 5 a 16 años. De 4 a 11 van a la escuela primaria, de 12 a 16 a la escuela secundaria. Para los que no viven en Stanley, existe el internado y también dos escuelas de campo, además de profesores itinerantes.

Los que desean seguir estudios superiores, pueden hacerlo en el Reino Unido por dos años y luego continuar una carrera universitaria si los resultados lo permiten. El gobierno cubre los aranceles de los cursos.

También es gratuita la atención en salud, incluidos los remedios. Si la dolencia superase las posibilidades de atención en el hospital isleño, el paciente es derivado a Chile o Inglaterra, haciéndose cargo el gobierno de los costos que demande la intervención médica e inclusive del traslado aéreo.

No hay inseguridad, y así lo reflejan las estadísticas. Las casas quedan abiertas por las noches, y los autos con las llaves puestas. Tampoco existe el desempleo, asegurándose que todo aquel que quiere trabajar posee empleo. El 90% de los habitantes es de origen británico. El 10% restante son extranjeros, que efectúan las tareas que no quieren hacer los isleños. Entre estos se encuentran santhelenos (provenientes de la isla de Santa Helena, famosa por albergar en su destierro a Napoleón), chilenos y filipinos.

Presente y futuro

En el documental titulado “La Guerra y la Paz”, estrenado en avant premiere a dos salas llenas del cine y luego emitido por Canal 9 CELTA tv, que se filmó para retratar el regreso de cinco ex combatientes tresarroyenses por primera vez al archipiélago a 28 años del conflicto bélico, el veterano José Luis Gómez pronunció una frase que sirve de disparador para reflexionar sobre el presente, y quizá también sobre el futuro de las Malvinas.

Dice Gómez: “Venimos a un lugar que reclamamos como propio, pero nos encontramos con gente que no se parece en nada a nosotros”.

Argentina reclama con justeza la soberanía sobre el territorio. Un territorio que está habitado por personas que no son argentinas, y tampoco quieren serlo. Aunque tampoco desean ser inglesas, identidad a la que adscriben tal vez por seguridad, por comodidad, pues se definen asimismo como isleños, no como británicos, soñando con una hipotética idea de independencia. Inglaterra tiene allí una incómoda colonia, en un mundo que todos desean sin colonialismos. Complejas situaciones, de difícil resolución, en un laberinto que las partes llevan años recorriendo sin encontrar la salida, aunque todos acuerden que sólo será posible hallarla en paz, por la vía del diálogo.

(*) Licenciado en Periodismo. Jefe de redacción de "El Periodista de Tres Arroyos". Estuvo en las Islas Malvinas entre el 13 y el 20 de noviembre de 2010

Fuente: http://www.elperiodista3a.com.ar. Publicada en enero 2011

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