miércoles, 23 de febrero de 2011

HISTORIAS DE MALVINAS: "MILAGRO EN MALVINAS"

A continuación la historia del Soldado Clase Salto del RI 4, quien volvió de la muerte en el Monte Harriet












En la foto quien esta tirado es el soldado Salto, a su lado el Teniente 1ro medico Cuchiara, por ultimo el Soldado Pedro Chamorro. (La foto aportada por el Suboficial Moschen Cefereino actualmente en el RI 4).

"Era una noche de "Todos los demonios", no nos privábamos de nada. Agua y viento a discreción y el monte temblando bajo los cañonazos. Detrás de una roca, metidos en la bolsa cama, tapados con todo lo que teníamos y sentados con las rodillas recogidas al pecho y abrazadas las piernas para protegernos de las esquirlas que rebotaban de roca en roca, pasábamos los minutos, que eran similares a los de la eternidad.

En silencio o rezando y vigilando para no ser sorprendidos.

Esa noche llevábamos unas dos horas en ese trance cuando el soldado Parduk me avisa que el soldado Salto había sido herido. Luego de preguntarle si se podía desplazar, le indique que viniera donde me encontraba, mientras me sacaba todo lo que tenia encima y salía de la bolsa cama.

Pasaron 5 o 10 minutos y nadie regresaba ni contestaba a mi llamado. Yo lo atribuí al ruido ensordecedor de las explosiones.

Llegaron los dos soldados y parecía que el demonio dirigía impíamente los fuegos contra esos veinte metros del puesto de comando.

"Me hirieron a mi también, mi Capitán (Capitan Farinella), dice Parduk"

Salto se quejaba y llamaba a su mamá, mientras adoptaba tirado en el barro, la posición fetal.
Todo indicaba que Salto estaba en trance de muerte. Luego de acomodarle la cabeza lo tapé.

Parduk estaba con una herida de esquirla y el único paquete de curación lo había usado con él.

Comencé a revisar a Salto y lo primero fue sacarle las manos, que abrazaban su región abdominal, la mano derecha colgaba a la altura de su muñeca, casi separada totalmente del cuerpo.

Por supuesto yo estaba conmovido por lo que vivía. Además debía acercar mi cara al lugar que trataba de ver, porque la oscuridad era total. Mientras abría sus ropas bañadas en sangre iba encontrando trozos de carne desgarrada, al llegar a su camiseta, debí hacer un esfuerzo. El pobre tenia sus vísceras afuera y los jirones de ropa sostenían esa especie de pelota de futbol que le salía.

No sabia que hacerle, además no tenia con que. Trate de no tocarle la herida. La camilla era el barro y estábamos todos mugrientos.

Salto continuaba quejándose y llamando a su mama y diciendo que se moría. Yo también creía lo mismo, arrodillado a su lado le hablaba de la bondad y socorro de Dios y que no aflojara.

Creo que luego de un tiempo perdió el conocimiento, cuando llegaron los camilleros ya habían pasado cerca de dos horas. Era muy difícil avanzar en medio de ese nutrido fuego. El medico hizo todo lo que era posible con los medios y en las circunstancias que vivíamos y recién a las cuatro horas pudimos bajarlo llevarlo al hospital, distante a 20 kms.

Salto fue sometido a prolongadas operaciones y gracias a la verdadera pericia y abnegación de nuestros médicos, hoy continua con vida y en tratamiento medico, con su estomago y su mano derecha preparados para otra guerra.

Tengo el placer de recibir cada tanto la visita de mi estafeta..

(Relato extraído del libro "Volveremos" del Capitán Farinella.

Fuente: http://www.funtener.org

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