8 de marzo de 2019

UN HÉROE ARGENTINO RECUPERÓ EL CASCO QUE LE SALVÓ LA VIDA EN MALVINAS: "GRACIAS A ÉL ESTOY ACÁ"


A 37 años de la guerra, Jorge "Beto" Altieri volvió a sostenerlo en sus manos y no pudo disimular su emoción

Jorge "Beto" Altieri entra al estudio de Infobae nervioso, sin saberlo a ciencia cierta, pero sospechando que hoy puede ser el día en el que vuelva a sostener el casco que en 1982 se despedazó en el frente al contener las esquirlas del mortero que lo hubiera matado en Malvinas.

Fue a la guerra con 20 años y hoy, con 57 cumplidos esta semana, charla con Joaquín Cavanna, el periodista de Infobae que viajó a Londres a buscar el casco, comprado hace pocos días por un empresario anónimo que, tras conocer la historia por este medio, quiso que Altieri lo recupere.

Altieri llega junto a Jorge, su hijo de 25 años. Sonríe, hace algún chiste al pasar, quiere mostrarse tranquilo, pero la adrenalina se delata en la forma en que aprieta fuerte con su mano izquierda los dedos de la derecha, inmovilizada al igual que una de sus piernas desde la guerra. También perdió un ojo y parte de la audición. Son apenas las heridas que se ven de Malvinas.

Pablo Deluca, Director de Asuntos Institucionales de Infobae ingresa a la sala y le habla al soldado. Le cuenta de todos los argentinos que siguieron su historia, que quisieron saber, ayudar, del privilegio de poder ser parte de este momento. Cuando la directora periodística, Valeria Cavallo, acerca el casco, le emoción de Altieri es incontenible.

Entre lágrimas se abraza con su hijo y es al primero que le habla. "Este casco me dio todo, me dio la vida, me los dio a ustedes", le dice. Más tarde, Jorge hijo, admitirá: "Jamás vi llorar a mi papá, ni por la muerte de su mamá. Lamento no haber compartido muchos momentos con él, pero este no me lo olvido más".

Entre los primeros recuerdos que aparecen como si volvieran todos juntos, están los nombres de Jorge Bruno y de Daniel Alfredo "El Gordo" Scali, los dos compañeros que lo bajaron herido del monte tras la batalla de Monte Longdon.

Acto seguido pide permiso para ponerse el casco después de 37 años. "Fijate cómo está roto, los pibes no me lo habrán sacado por temor a romperme más la cabeza, el casco fue conmigo hasta el hospital de Malvinas en Puerto Argentino y recién ahí me lo quitaron. Fue como si me hubieran sacado parte de mi cuerpo, pero ahora lo tengo nuevamente conmigo".

"Beto" cuenta que entre las primeras cosas que piensa hacer ahora con el casco, está el deseo de llevarlo frente a las bóvedas de sus papás y de sus abuelos. Quedarse un rato con ellos. El plan viene acompañado de una nueva escena que recupera a la distancia, ocurrida en el hospital regional de Comodoro Rivadavia en 1982.

"Cuando fue mi papá a visitarme la primera vez, yo me desperté del coma y lo primero que le pregunto es por mi abuela. Él me dijo que estaba todo bien, pero que por qué le preguntaba. Yo había soñado con ella y ella me había dicho que volviera. En ese momento mi abuela hacía un año que había muerto", compartió con Infobae, sin sacar la vista del casco.

Otra de las personas en la que piensa y a la que le agradece es a Amalita Fortabat. La empresaria se convirtió en su madrina de guerra y fue quien le financió una costosa operación en el oído para que el hijo de Jorge pudiera escuchar. El ex combatiente fue uno de los que sostuvo el cajón de Fortabat tras su muerte en 2012.

El casco no llegó solo. En su interior, en uno de los pliegues del equipo de protección, había un parche del Regimiento de Paracaidistas III británico, cuerpo que peleó en Monte Longdon el 11 y 12 de junio de 1982 su batalla más importante.


Además, contenía dos cartas, ambas en inglés, la primera parecía estar dirigida de un coleccionista a otro que lamentaba "no haber podido obtener más información sobre el casco". La segunda era de Wilson a Altieri. En esta segunda carta, el británico manifiesta:


Querido señor Altieri,


Estoy muy contento de que vuelva a tener su casco; su historia es asombrosa. Por favor, ahora sosténgalo fuerte y nunca deje que se lo quiten nuevamente.

Lamento que haya tardado tanto en entregártelo, pero ésta era una de las piezas más preciadas de mi colección y para mí era difícil deshacerme de ella, más aún después de conocer la asombrosa historia que la rodeaba. Soy un veterano submarinista y un coleccionista, así que para mí también fue conflictivo.

Desafortunadamente, a lo largo de estos años he recibido muchos mensajes abusivos que probablemente me hicieron ser más determinante en querer mantener el casco conmigo.

Sin embargo, el empresario anónimo que me contactó fue muy razonable, una persona educada y confié en él para hacer lo correcto.

En cuanto a los precios, esto no es inusual en el Reino Unido y en los Estados Unidos, cuando se trata de una pieza militar de este calibre. No estaba inventando los precios, sin embargo, no deja de ser una pieza militar.

De todos modos, disfrute la atención de los medios de comunicación y mantenga el casco en exhibición.

Los mejores deseos. Bruce Wilson



"Quiero exponerlo en la provincia, porque Argentina no es solo Buenos Aires, y narrar lo que fue la guerra junto a mis compañeros", sueña ahora Altieri sobre el destino del casco de vuelta en sus manos. "No pensé que iba a llorar, nunca lloré, lo hice cuando sentí cómo volvían los recuerdos de 1982", compartió.

La historia del casco: de la Guerra de Malvinas a una subasta en Reino Unido

Hasta hace cuatro años "Beto" pensaba que el casco había desaparecido, que se había quedado para siempre en las Islas. Admitiría más tarde que ni siquiera recordaba haber escrito con birome azul su nombre en su interior. Pero entonces alguien lo llamó para contarle que iba a ser subastado. Intentó comprarlo, pero perdió la puja frente a un británico que ofreció mucho más dinero. Nuevamente lo creyó perdido, hasta hace pocas semanas.

"Casco argentino, guerra de las Malvinas. Batalla de Monte Longdon", decía el anuncio de la tienda virtual ebay, junto a la foto del casco perforado por las esquirlas de un mortero. Debajo estaba el precio: 10.500 libras esterlinas, un poco más de 13.000 dólares o medio millón de pesos argentinos.


"Una rara oportunidad de poseer una pieza impresionante de la historia militar", había escrito el vendedor oculto tras el user blackrottie. Además, contaba sobre la historia del casco. Decía que había sido usado en la Batalla de Monte Longdon, el 11 y 12 de junio de 1982, que pertenecía al veterano Jorge "Beto" Altieri, quien había recibido "severas lesiones en la cabeza causadas por la metralla de los morteros británicos".

Además, el coleccionista británico aclaraba un dato fundamental, que hacía que el casco adquiriera valor no sólo histórico sino también emocional, y era que el soldado argentino que lo había usado estaba vivo. Sin embargo, el 27 de febrero, el día en que cerraba la subasta en la web de compras online más famosa del mundo, el inglés lo quitó 36 minutos antes de la hora final.
"Recibí infinidad de mensajes intimidatorios, amenazas e insultos que me hicieron tomar esa decisión", explicó Bruce Wilson, el coleccionista y vendedor británico detrás del user blackrottie a Infobae, que había publicado la historia el día anterior provocando gran repercusión en todos los medios nacionales y agencias internacionales, razón por la que no eran pocos los ojos los que estaban tras el minuto a minuto de la subasta.

Uno de los que estaba esa mañana frente a su computadora siguiendo el destino del casco era "Beto", que admitiría que al ver desaparecer la publicación sintió una mezcla de desilusión y alivio: "Por las heridas que recibí en la cabeza en esa batalla perdí el ojo izquierdo y parte de la audición, no puedo mover el brazo y la pierna derechos, cada día que me miro al espejo recuerdo a Malvinas. Ese casco me salvó la vida, me permitió formar una familia, me dejó caminar por el país homenajeando a mis compañeros de Malvinas. Para mí era y es muy importante tenerlo".

Más tarde se conocería la aparición del empresario anónimo que tras conocer la historia, había comprado la reliquia. Poco después una carta de Wilson sumaría más detalles: "Ahora el casco puede volver una vez más con el Señor Altieri y esta increíble historia hoy ha dado un giro completo. Espero que ahora el veterano argentino encuentre algo de paz y le deseo todo lo mejor", escribió el británico.

Jorge "Beto" Altieri en Malvinas

Muy temprano el viernes 9 de abril de 1982 llegó a casa de los Altieri en Lanús la citación del Regimiento 7 de La Plata. "Prefiero morir en la guerra y no quedarme acá como un cobarde", le habría dicho a su madre, que había roto en llanto intentando que no se lo lleven.

Estuvo sólo seis días en el cuartel de La Platas y el 13 de abril partió. Dos días después pisó por primera vez las Islas Malvinas y con sólo 20 años se encontró cara a cara con la guerra. "Beto" estuvo en primera línea de combate en la Batalla de Monte Longdon. "Malvinas está presente todos los días en mi vida, porque cuando me levanto me tengo que vestir con una mano, atarme la zapatilla con una mano, limpiarme el ojo, con una mano. Me miro al espejo y veo Malvinas", confesaba hace apenas unos años.

Fuente: https://www.infobae.com

6 de marzo de 2019

AQUELLOS JÓVENES DE 1982



Por Agustín Ignacio MARTÍNEZ RIBEIRO (*)


Mil veces me senté, cerré los ojos y traté de imaginarme subiéndome a la cabina de un Dagger, en una helada mañana patagónica, los primeros rayos del sol asomándose a lo lejos, con un frío que me hace doler los dedos, repasando en mi mente lo estudiado en el briefing minutos antes, mezclándose con los rostros de mis seres amados que ansío volver a ver, sabiendo a lo que me voy a enfrentar, junto a una sensación de nostalgia profunda que me invade el pecho.

Mi convicción, vocación y amor a mi país hacen que esté dispuesto a salir, a enfrentar los miedos, a superarlos, aun sabiendo que es muy probable que no vuelva a pisar el suelo de mi Patria, ni que vuelva a ver esos rostros ni escuchar sus voces ni sentir el calor de sus abrazos.

Miro a mi costado y veo a mis compañeros, amigos, hermanos, con quienes quizás compartimos caminos de vida desde la pubertad en el Liceo, que con la típica actitud de cazador de raza de “acá no pasa nada” me recuerdan, cómplices, que no voy a estar sólo. Y me invade la adrenalina y la ansiedad por despegar.

Trato siempre de imaginarme esos momentos, esas sensaciones, y quizás no tengan nada que ver con lo que me imagino. La única seguridad que tengo, es que esos pilotos, esos jóvenes tan jóvenes, son personas excepcionales, porque esa presión no la soporta cualquiera.

Y lo que más me sorprende aún, es que tantas personas excepcionales, héroes, hayan coincidido en una misma época, en un mismo país, y con una misma vocación.

Eso, creo yo, es lo que hizo que en esos fríos días de 1982 se haya marcado el hito más increíble de la historia de la aviación, donde un puñado de gente excepcional, con material prehistórico, supieron poner de rodillas a la Armada más poderosa del mundo.





(*) Hijo del Jefe del Escuadrón Aeromóvil las Avutardas Salvajes – Comodoro (RE) Carlos Napoleón Martínez (VGM), en Homenaje a su padre y a todos sus camaradas.

Fotos y texto: Luis Saatini

2 de marzo de 2019

"EL DÍA EN QUE UN GIGANTESCO ALBATROS ACABÓ CON UN HELICÓPTERO DE LA ROYAL NAVY Y UN PELOTÓN DE COMANDOS DEL SAS"


Durante la Guerra de Malvinas, los Comandos Británicos del SAS (Special Air Service) se hicieron célebres por su audaz golpe al Aeródromo Auxiliar Calderón en la Isla Borbon/Pebble Island, dejando fuera de combate a 11 aeronaves argentinas.

Así y todo, esta unidad de soldados súper profesionales, la mejor que podían poner en combate los británicos en la guerra, no quedó exenta de sufrir bajas, y más aún, derrotas por parte del Ejército Argentino, tal como lo hizo la Compañía de Comandos 601, además de sufrir un insólito, involuntario y devastador golpe por parte de un ave nativa.

Tal suceso aconteció el 19 de mayo de 1982 cuando los Comandos del SAS sufrieron una pérdida trágica cuando un Sea King se estrelló cuando cruzaba tropas desde el Portaaviones HMS Hermes al buque HMS Intrepid.

El momento del accidente

El Sea King había despegado del HMS Hermes al amanecer. La aeronave estaba ligeramente sobrecargada pero como era un vuelo corto se redujo su combustible para aligerar la máquina. A 100 metros el Sea King inició su descenso hacia el HMS Intrepid.

De repente quienes estaban a bordo oyeron el estampido de un fuerte golpe y luego un sonido violento del motor encima de ellos. El Sea King comenzó a caer y en 4 segundos impactó contra el mar. Algunos hombres murieron instantáneamente y otros golpeados inconscientes en el impacto inicial. Increíblemente 9 hombres se las arreglaron para saltar de las puertas abiertas antes que el helicóptero se perdiera entre las olas. Fueron los únicos sobrevivientes y el saldo final, 22 muertos.

Las marcas del asesino

Los rescatistas encontraron plumas de aves flotando en la superficie del agua donde el helicóptero había impactado. De inmediato, se supo el Sea King fue víctima de un golpe con un ave de gran tamaño, con toda seguridad, un gran Albatros, entre los posibles sospechosos está el "Albatros Negro" (Phoebetria fusca) con dos metros y medio de envergadura alar o su hermano mayor, el "Albatros Errante" (Diomedea exulans) cuyo tamaño llega al metro treinta de altura por tres metros cincuenta de envergadura, siendo esta la mayor de todas las aves marinas voladoras.

Desde la II Guerra Mundial, el SAS no sufría tal cantidad de bajas de una sola vez, y mucho menos, causadas por una pacífica e inofensiva ave argentina.

  































 Fuente: https://www.facebook.com

28 de febrero de 2019

EL HMS ENTERPRISE ESCANEA AL HMS COVENTRY CON ASOMBROSO DETALLE


Acostada con el lado de babor puerto enterrado en el lecho marino, este es el perfil del HMS Coventry, uno de los tres naufragios de las Malvinas que HMS Enterprise examinó con todo detalle para conmemorar el 35 aniversario del Conflicto del Atlántico Sur.

 
Los restos separados de la HMS Antelope, que se encuentran en un ángulo de 45 grados en el fondo de las aguas del estrecho de San Carlos, y su hermana la HMS Ardent, que se hundió cerca de la Bahía Ruiz Puente después de ser golpeada por una sucesión de bombas, también fueron escaneados por el Enterprise y su equipamiento de alta tecnología Spitfire.

Es la primera vez en cinco años que los escombros han sido escaneados, parte del trabajo de inspección de las naves para actualizar las cartas de las Malvinas para que los marinos puedan usarlas.

La fragata Tipo 21 Ardent fue alcanzada por varios ataques aéreos el primer día de los desembarcos en San Carlos y se hundió al día siguiente, llevándose a 22 hombres con ella.

La Antelope fue golpeada por una bomba de 1000 libras que inicialmente no explotó, hasta que se activó cuando los expertos en eliminación de bombas trabajaron para desactivarla; Las explosiones resultantes finalmente rompieron la nave en dos.

"De todas nuestras imágenes de sonar de los restos de 1982, creemos que la Antelope es la más notable: es probable que el cañón de 4.5 pulgadas aún esté cargada", dijo el Director de Operaciones del Enterprise, Philip Harper.


El destructor HMS Coventry se enfrentó a una aeronave argentina y derribó a dos en compañía del HMS Broadsword en una trampa tendida para el enemigo al norte de la Bahía Malvinas.

El éxito de la trampa llevó a la pareja a ser atacada. Tres bombas arrancaron el corazón del destructor cuando golpearon al Coventry en el lado de babor, causando que ella se hundiera en cuestión de minutos con la pérdida de 20 almas.

El Coventry se encuentra a 300 metros de profundidad a 13 millas al norte de Pebble Island, una extensión de agua tan sombría y ventosa como hace 35 años; una docena de sobrevivientes del destructor se encuentran en una peregrinación al sitio a bordo del HMS Clyde.

Los marineros de hoy se unieron a los veteranos en la cubierta de vuelo para participar en un servicio recordatorio antes de que se lanzara una corona al Atlántico Sur y se vertiera una cantidad de ron en las aguas, a petición de familiares de la tripulación perdidos el 25 de mayo de 1982.

"Esperamos que hayamos hecho orgullosos a nuestros compañeros de barco, justo en el lugar donde nos hundimos hace 35 años", dijo Chris Howe, presidente de la Asociación Coventry.

"Ha sido increíble volver aquí y recordar a nuestros compañeros de barco que todavía están patrullando. Algunos de nosotros estamos en una edad en la que quizás no podamos volver a regresar aquí".

La teniente Emily Witcher, oficial de operaciones de Clyde, dijo que la tripulación del buque estaba fascinada y conmovida por los relatos de vida de los veteranos en la RN en 1982.

"Ha sido realmente interesante conocer las diferencias entre la Armada de aquel entonces y la de ahora, y especialmente por lo que pasaron estos hombres, algo que el marinero moderno tal vez no haya apreciado antes, especialmente las condiciones que soportaron algunos de ellos", dijo.

Antes de visitar el sitio del naufragio, los veteranos de Coventry viajaron a la cima de la colina en Pebble Island, donde hay una cruz en memoria del barco y su tripulación.

Fuente: https://www.royalnavy.mod.uk

22 de febrero de 2019

EL COMBATE QUE EMPEZÓ EN MALVINAS Y TERMINÓ EN LONDRES



Hace varios años, durante un combate en la Isla Gran Malvina, el entonces Teniente 1° José Martiniano Duarte mató a John Hamilton, un Capitán de las fuerzas especiales británicas. En abril del año pasado, la viuda de Hamilton quiso conocer a Duarte para decirle que, gracias al testimonio que dio sobre la bravura de su enemigo, la valentía de su esposo no había sido olvidada. Ambos se reunieron en la Agregaduría Militar Argentina en Londres. "Usted no es un asesino, dijo Vicky Hamilton a Duarte, estaba luchando por su país." Duarte le dijo entonces que el destino pudo ser diferente: "El muerto pude haber sido yo. Si hubiera sido así, un oficial británico estaría hoy hablando con mi mujer."

Las huellas que deja esa extraña miseria humana que es la guerra tardan en cerrar. Las que cierran.

El primer paso de esta historia se dio el 10 de junio de 1982, en Puerto Yapeyú, Isla Gran Malvina. Los ingleses llaman a ese lugar Puerto Howard. Pero en aquellos días el Regimiento de Infantería 5 de Corrientes lo habían rebautizado como Puerto Yapeyú porque custodiaban la casa natal de San Martín. Allí actuaba un grupo comando de la Compañía 601 al mando del hoy General de División Mario Castagneto. A las 11 de la mañana de aquel 10 de junio, el Teniente 1° Duarte y tres Suboficiales, que buscaban un sitio para vigilar a las tropas inglesas de San Carlos, oyeron voces. Duarte, hoy Coronel, recuerda:

“Pensé que podían ser Kelpers. O gente nuestra, otra patrulla, o el enemigo. Uno de los Sargentos que venía conmigo, Eusebio Moreno, quiso tirar una granada. Le dije que esperara. En eso veo que avanza un Soldado, morocho, de bigotes, con un pasamontaña. Le grité entonces que alzara las manos. Por las dudas lo grité en inglés también: "Hands up" El tipo pegó un salto al costado con los ojos así de grandes. Ahí le vi el uniforme. Me tiró con su M 16 y las balas pegaron frente a mi cara, en la piedra detrás de la que estaba a cubierta: se me llenaron los ojos de tierra.

Minutos después, el fuego de Duarte alcanzó a uno de los británicos. El otro se rindió enseguida. Era el Cabo 1° Roy Fonseca que pasó a ser prisionero de las fuerzas argentinas. Ya de regreso en Puerto Yapeyú, Duarte envió a uno de sus oficiales a recoger a quien, sabía por Fonseca, era el Capitán John Hamilton, de las Fuerzas Especiales Inglesas (SAS).

Lo velamos en el Regimiento que entonces comandaba el Coronel Mabragaña, y lo enterramos con honores militares. Había muerto protegiendo a su compañero, lo que me hizo respetarlo como Soldado. Yo sé que estas cosas a veces no se entienden muy bien, pero, en la desgracia enorme que es una guerra, estas actitudes tal vez la humanicen un poco. Pero tres días después, los prisioneros éramos nosotros. Le comenté entonces a un Coronel inglés que habíamos enterrado a Hamilton y le di sus placas identificatorias. Le dije que había combatido con mucho valor y que me gustaría quedarme de recuerdo con el cubrecabezas de Hamilton. El Coronel se emocionó y es él quien hace el informe en el que cita lo que yo le dije”.

Las palabras de Duarte hicieron que el gobierno británico condecorara a Hamilton. Su viuda recibió la distinción de manos de la reina. Y veinte años después de Malvinas, creyó que era el momento de conocer al hombre que había matado en combate a su esposo. El pasado 9 de abril, Duarte y Vicky Hamilton se encontraron en la Embajada Argentina en Londres.

“Yo estaba un poco nervioso porque no es algo muy común, como se imaginará. Pero se ve que la mujer quería conocerme porque fue lo primero que me dijo: "Quería conocerlo y agradecerle, porque gracias a su gestión la valentía de mi esposo fue reconocida"; para ellos no es poca cosa que un enemigo exprese su reconocimiento a la bravura de un Soldado. Y me contó que la reina le dijo que sabía de esa valentía, lo que para ella era muy importante. Es una mujer muy aplomada, me dio la impresión de que tiene una calidad y una calidez humana muy grande. Mire, yo viajé para encontrarme con esta mujer por la gestión de un diario británico. Y cuando el periodista inglés le habló a ella de "su héroe", en referencia al marido, esta mujer lo frenó y le dijo: "Un momento: también él es un héroe."

“Para mí, ese encuentro con la viuda del Capitán Hamilton cerró un círculo. Tuvo mucho más de sentimental que de racional. Con los años, de todo ese muestrario de miserias que es una guerra, a sus hijos, a los míos, lo único que les va a quedar es eso: las buenas acciones, los buenos sentimientos. Malvinas fue una guerra en la que uno le vio la cara al enemigo. Y cuando el enemigo muere, siempre queda una herida. No es que uno se sienta responsable por el adversario, pero siempre hay algo que no es natural en la muerte de una persona, en matar a una persona. No sé si se puede decir "matamos a una persona". Combatimos, y uno de los dos murió. Pude ser yo”.

Relato: Del entonces Teniente 1° José Martiniano Duarte - CC 601