11 de enero de 2020

LA FORTALEZA MALVINAS. LA EVOLUCIÓN DEL PARADIGMA NEOCOLONIAL EN EL ATLÁNTICO SUR.






Proyecto de Investigación del Departamento de Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM La Plata) y de la Cátedra Malvinas, Comunicación y Nación de la FP y CS de la UNLP.

Coordinador Investigador del proyecto:
Federico Martín Gómez.  Secretario del Departamento de Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur. IRI. UNLP. Profesor Adjunto de la Cátedra Malvinas, Comunicación y Nación de la FPyCS. UNLP.

Miembros del Proyecto: 
Rodolfo Carrizo.  Miembro del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM La Plata).  Profesor Adjunto de la Cátedra Malvinas, Comunicación y Nación de la FPyCS. UNLP.

Arte de tapa: 
María Inés Torres




Al finalizar el 14 de junio de 1982, la guerra del Atlántico Sur, con la victoria de las fuerzas británicas sobre las fuerzas argentinas, tras 74 días de conflicto, se inició en el seno del gobierno británico un debate sobre el futuro militar de las islas; esta discusión se centraba sobre dos instancias, la primera referida a la situación de enfrentamiento y amenaza en función del conflicto latente con la República Argentina y la otra referida a la proyección como posición estratégica en el tablero sudatlántico de la Guerra Fría.  

Estas dos instancias de carácter político-militar, comportaron el basamento necesario para que el gobierno británico de 1982, bajo la potestad de Margaret Thatcher, adoptase la decisión de construir la mayor base militar en el hemisferio sur, enclavada en el Atlántico; la misma es conocida como Falklands Fortress. 

El objetivo del presente trabajo es el de realizar una aproximación sobre el origen y desarrollo político-militar de esta base, desde la dimensión histórica-diplomática iniciando el estudio de la misma desde mediados de la década de 1980, advirtiendo su potencialidad como factor de disuasión hacia la Argentina y su posicionamiento estratégico en el contexto de la guerra fría; el desarrollo del presente nos propondrá realizar una descripción del papel de la misma en la coyuntura del Nuevo Orden Mundial de la década de 1990, lo que nos permitirá abordar de manera concreta la potencialidad de esta base militar en su proyección como variable político militar. 

Ya en nuevo sistema internacional post 11 de septiembre, en la actual instancia latinoamericana de denuncia de la presencia militar de potencias extraregionales y su posicionamiento como nuevo paradigma de la presencia británica en la búsqueda de recursos energéticos y alimenticios de este hemisferio, serán parte estructural de la agenda regional, ante los desafíos de los nuevos procesos de integración, siendo el objetivo final de abordaje del presente.  

The Falklands Fortress. El paradigma británico en el Atlántico Sur.

Finalizada la guerra del Atlántico Sur el 14 de junio de 1982, el gobierno británico tomó la decisión de iniciar el fortalecimiento defensivo de las Islas Malvinas, Islas Georgias y Sándwich del Sur, mediante el establecimiento de una base aérea militar, con proyecciones a toda la zona en conflicto y con potencialidad a todo el Atlántico Sur. 

La decisión tomada por el gobierno de Margaret Thatcher de iniciar la construcción de la misma, sería basamentada en pos de la iniciativa para el desarrollo de la economía de las islas, adoptando las recomendaciones obtenidas del Informe Shackleton[1]. 

Asimismo, la potencialidad de la base dentro del esquema de juego de la guerra fría habría de introducir una nueva variable: la proyección del conflicto este-oeste en el Atlántico Sur. Es así como Rodolfo Terragno describe la traspolación del conflicto este-oeste hacia el hemisferio sur al detallar las características de la nueva base militar la cual coordinaría sus esfuerzos con otras bases militares del Reino Unido y de la OTAN como la existente en isla Ascensión. 

Terragno identifica asimismo que las mismas variables operativas de esta base no se hallaban en otras instaladas por el Reino Unido en el resto del globo, “Gran Bretaña no tiene otra base semejante. Aparte de las fuerzas estacionadas en Alemania Occidental, solo en Hong Kong hay un contingente militar británico tan numeroso. En relación al número de habitantes, el de Malvinas es el único: 7000 soldados cuidan a 1800 isleños”[2].

Es así que tomada la decisión de construir esta nueva base en las islas se iniciaría un nuevo proceso de concentración de fuerzas militares de última tecnología, creando un nuevo paradigma de seguridad militar y de presencia imperial británica en el Atlántico Sur.


Antecedentes de la Falklands Fortress: la guarnición Malvinas antes de 1982.

Al producirse la recuperación del control de las Islas Malvinas, mediante la conocida Operación Rosario, el día 2 de abril de 1982, las fuerzas argentinas hallaron puntos focalizados de resistencia, los cuales habían sido contemplados en el diseño de la operación original. 

El destacamento militar que se hallaba asentado en las islas estaba compuesto por miembros de la infantería de marina británica, los cuales comprendían un total de 50 hombres, sumado a ello, las fuerzas de defensas isleña, que componía la Fuerza de Defensa de las Islas Malvinas (hoy en actividad). Su base se encontraba cercana al arroyo Caprichoso y desde allí se diseñaron en base a las decisiones del gobernador de las islas en ese momento, Rex Hunt, las maniobras destinadas a frenar el desembarco de las fuerzas argentinas en las playas de las islas en la madrugada del 2 de abril. La presencia del HMS Endurance, en las proximidades de las islas, le permitió contar con un refuerzo de tropas como así también de armamento para poder desarrollar una defensa, quizás no definitiva, pero sí que demorase el operativo argentino.
 
Al producirse la rendición del gobernador, se observó que las pautas originarias de la Operación Rosario habían sido implementadas con éxito, según fueron diseñadas por los estrategas. Entre las mismas, la necesidad de no producir bajas fatales en las tropas británicas ni en la población isleña por parte de las fuerzas argentinas. 

El análisis posterior, originado en parte del Informe Franks[3], realizado por el gobierno británico redundo en la necesidad imperiosa de articular un sistema de defensa ostensiblemente superior al que se contaba en 1982 en las islas, para poder desarticular cualquier amenaza al nuevo status en las Islas Malvinas.  

La construcción y características de la Base en Mount Pleasant (1982 a 1985).

La política de seguridad para los isleños, adoptada por el Reino Unido, creando una instancia física de defensa, se concibió como obligatoria en relación a la situación de enfrentamiento y la no declaración del cese de hostilidades por parte de la República Argentina. 

La construcción de esta base requeriría contar con la presencia de personal que fuese acorde a las etapas de construcción y a las cantidades necesitadas; es por ello que el personal que se hallaba como dotación durante la construcción de la misma, nunca fue menor a 3000 soldados, sumado a ellos, los que se hallaban embarcados en las naves que circundaban las aguas de las islas. 

De esta manera la inversión de 300 millones de libras esterlinas, como índice de la magnitud del esfuerzo presupuestario final para la construcción de esta nueva base aérea, fue estimada por el gobierno británico. La misma reemplazaría al anterior aeropuerto cercano a Puerto Argentino, el cual como consecuencia del conflicto había finalizado su operatividad a causa de los bombardeos británicos ante la presencia de aeronaves y personal militar argentino durante el desarrollo del conflicto. 

La construcción de este nuevo aeropuerto, con la arquitectura de una base militar, tendría dos proyecciones claras hacia las islas y su población; una de las proyecciones era dirigida al mantenimiento del contacto de los habitantes de las islas con el Reino Unido, ya que el mismo era apto para el aterrizaje de aeronaves de transporte (aeronaves como y la otra referida a su potencial como elemento de disuasión hacia la Argentina.

Esta arista se referenciaba a que el mismo gobierno argentino, había planificado esta estrategia de adoptar “un estado de tensión lo suficientemente alto para que ésta (Gran Bretaña) construyera una base militar que fuera muy costosa de mantener”[4].

Según el análisis realizado por Gustafson (1988, 184), esta estrategia seguida por el gobierno radical del Dr. Alfonsín fue abandonada hacia inicios de 1984, ante la actitud británica de continuar con las inversiones hacia la construcción y finalización de la misma demostrando su predisposición a enfrentar dichas erogaciones. 

En el proceso de construcción de la base, la presencia aeronaval en las islas era exorbitante; alrededor de doce naves entre fragatas y destructores de un total de cincuenta naves en condiciones reales de enfrentar un conflicto; submarinos con propulsión nuclear, se llegaron a identificar cuatro o cinco de esta clase de un total de catorce en la marina británica. En relación al poder aéreo, se contaba con cuatro interceptores F4, entre cuatro y seis Sea Harrier y Phantom además de los correspondientes aviones cisternas y de reconocimiento marítimo tipo Hércules, como así también helicópteros Chinook, Sea King, Lynx, Scouts y Gazelle. 

Las unidades antiaéreas estaban compuestas por unidades Rapier y Blowpipe, contando para su apoyo e identificación de objetivos con tres estaciones de radares ubicados en línea, sumados a estas, líneas de comunicación y sistema computarizados de alerta temprana.

En declaraciones realizadas a la prensa británica de ese momento, el subsecretario adjunto John Peters declaró que:

 “aun cuando el aeropuerto actual es adecuado para los aviones de la guarnición y puede servir como terminal de un puente aéreo (…) es necesario disponer de pistas más largas a fin de operar transporte estratégico a y desde las islas”[5]. 

Con el objetivo principal de su pronta inauguración, como base estratégica de las fuerzas armadas británicas, el gobierno de Margaret Thatcher continuó con la reestructuración financiera para hacer frente a los insumos necesarios. 

Próximo a su inauguración, el Canciller argentino Dante Caputo, ideó una estrategia de denuncia múltiple en cuanto organismo regional e internacional tuviese eco, como así también los foros donde pudiese expresar estas denuncias, sobre la amenaza que la Fortaleza Falklands representaba para la paz institucionalizada de la región, con el posicionamiento del conflicto Este-Oeste en ese sector puntual del hemisferio; varios analistas interpretaron y reflexionaron sobre la cuestión en dos grandes dimensiones, uno dimensionaban la amenaza de la presencia de tropas de un país ajeno a la región y en otra instancia el análisis hacía referencia a la condición política del Reino Unido se debía a un condicionamiento establecido por la Argentina al negarle transporte y logística para continuar con el desarrollo de las islas. 

La inauguración final el día 12 de mayo, contó con la presencia del Ministro de Defensa británico, Heseltine y el mismo Príncipe Andrés quien estuvo en el campo de batalla en 1982, como piloto de armada. Con la inauguración de la base aérea y de sus instalaciones, el potencial de la misma y su proyección comenzaban a develarse.
                                                          
La modificación del modo de proceder en la esfera ictícola de negociaciones y de manejo de la cuestión desde el gobierno argentino, conllevó a un endurecimiento ante cualquier variable que introdujese una modificación en el status de la cuestión.

Como ejemplo de ello, se visualizan dos instancias una militar y una diplomática; el incidente con un buque pesquero de origen taiwanés, el cual desconoció la soberanía argentina sobre las islas y sus aguas circundantes; ante las negociaciones dilatadas por su tripulación, el mismo fue hundido por la Prefectura Naval Argentina, produciendo el fallecimiento de uno de sus tripulantes[6]; este incidente claramente se traduce hacia la instancia militar. Esto fue denunciado por el gobierno inglés como “patrullaje agresivo”.  

En relación a la instancia diplomática el establecimiento de una zona de exclusión unilateral, denominada Zona Interina de Conservación y Administración Pesquera (FICZ), la misma comprendería un área circundante a las islas de 150 millas desde el territorio de las mismas.

El rechazo argentino no tardaría en llegar. El accionar unilateral británico, fue consecuencia de los acuerdos de licencias de pesca originados entre la Argentina y la URSS y Polonia, los cuales podrían acceder a las zonas pesqueras en conflicto. Desde allí se iniciaría un impasse, en lugar de generar un continuum en las negociaciones pacíficas, entre el gobierno de Raúl Alfonsín y el gobierno de Margaret Thatcher y su sucesor. 

La constitución, el 27 de octubre de 1986 de la Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur (ZPCAS), mediante la resolución 42/16 de las Naciones Unidas, se estructuró hacia la búsqueda de un área libre de conflictividad donde se hallase prohibido la presencia de material y armas nucleares, como así también la consecución de la paz. La Argentina hizo referencia exacta a la potencial imposibilidad de no existir esa instancia temporoespacial buscada como consecuencia de la presencia militar inglesa en el mismo Atlántico Sur y ante las noticias y denuncias crecientes, originadas en ONG y científicos
del Europa, pero sin comprobar, al menos hasta el momento en esa época[7], sobre la existencia de material nuclear hundido junto a los buques que fueron atacados y hundidos por la fuerza aérea y la aviación de la marina argentina. 

Ya iniciado el año 1988, el Ministerio de Defensa británico formula y da a conocer la noticia referida a la realización de un ejercicio militar de combate conjunto de las tres fuerzas, aproximadamente para el mes de marzo. El mismo adoptaría el nombre de Fire Focus, mediante el cual se desarrollaría el poder de desplazamiento de tropas, y la implementación de un sistema defensivo moderno ante un ataque armado, proveniente desde un territorio cercano; este fue el objetivo principal del ejercicio Fire Focus, disuadir cualquier intento militar de uso de la fuerza, desplegando el potencial defensivo y de contraataque propio de la base, en la cual las tres armas llevan adelante sus funciones.

En números la presencia del ejército real se manifestó por las acciones de mil hombres de esta fuerza, sumados los aviones propios de la base, desplegando las armas de la Fuerza Aérea y completando la tercera arista del ejercicio militar, la Marina Real proveyendo los buques que se verían involucrados en las maniobras de despliegue. 

Ante esta intervención y modificación del status, contrariando las resoluciones de las Naciones Unidas, la Cancillería por orden del Poder Ejecutivo inicio un proceso sistemático de denuncias ante los organismos internacionales. La OEA y las Naciones Unidas fueron el ámbito propicio donde el reclamo argentino históricamente tuvo lugar, y desde donde se hallaron los caminos a la denuncia del accionar británico. 

El Canciller Dante Caputo presento dichas denuncias describiendo que “la situación creada en el Atlántico Sur por la decisión del Gobierno Reino Unido de conducir maniobras militares en las Malvinas…”[8] representaba un quiebre a la voluntad argentina de allanar los caminos de diálogo y paz, propuesto por el gobierno de Alfonsín; asimismo el gobierno argentino dispuso la movilización de tropas en respuesta a la realización de estos ejercicios. 

Un punto de vital importancia que debemos resaltar en esta sección del presente trabajo es sobre el desarrollo misilístico argentino, bajo el proyecto Cóndor II[9]; el mismo representaba una amenaza a la seguridad militar y civil británica en las islas, su particular desarrollo y final, con la asunción de Menem como presidente de la República, son potenciales puntos clave para comprender como se desarrollarían las relaciones militares entre el continente y las islas.


El inicio de la gestión de Carlos Menem y su política exterior hacia la Cuestión Malvinas, es caracterizado por la concreción de los acuerdos de Madrid I (octubre de 1989) y Madrid II (febrero de 1990). Por medio de estos la consecución del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el Reino Unido fue lograda, con el surgimiento de la ingeniería del “paraguas de soberanía”, consistente en:


"la protección de los derechos de cada parte en lo que respecta a los archipiélagos y espacios marítimos circundantes, pero a su vez permitió la reanudación de las relaciones diplomáticas, consulares y económicas"[10].


Estos mismos acuerdos generarían instancias de distención en la esfera militar ante la implementación de instrumentos diplomáticos políticos, tales como monitoreo y aviso previo de transito de naves militares de ambos estados en la zona como otras medidas de coordinación y generación de confianza. 

La vinculación con los Estados Unidos, mediante las relaciones carnales, avizoró la mejora de las relaciones con el Reino Unido, hacía la búsqueda de acuerdos y cooperación, dando lugar a la instancia temporoespacial de concreción de los acuerdos en materia de hidrocarburos y pesca. Sumado a ello, la posterior finalización del proyecto Cóndor II, como la participación argentina como socio extra-OTAN, generarían vínculos de confianza mutua hacia el Reino Unido. 

La Declaración Conjunta sobre Cooperación en actividades petroleras en el Atlántico Sud Occidental de 1995, tuvo gran repercusión a nivel nacional, siendo duramente atacada desde la oposición política, sobre los beneficios que la misma tendría y los perjuicios que acarrearía.

La cuestión pesquera, fue abordada desde la construcción de una comisión científica, la cual velaría por la protección y el estudio de esa riqueza, para su aprovechamiento sustentable, mediante misiones conjuntas y la administración responsable en el otorgamiento de licencias para su explotación. 

El diseño de una política propia dirigida hacia los isleños, fue la concretada durante la presente gestión, más conocida como política de “seducción a los Kelpers”, la cual debe ser reinterpretada claramente como peligrosa, debido al grado de valorización que le era reconocida a los isleños en la posibilidad de interactuar con el gobierno argentino, más allá de lo simpático e irrisorio que la misma representará mediante el envío de ositos Winnie the Pooh, para los niños en las islas y otros regalos como tarjetas de salutaciones para fin de año, de parte del Canciller, Guido Di Tella.  

Dos acontecimientos de repercusión nacional se sucederían a mediados de la década de 1990; en la Reforma Constitucional de 1994, se incorporó por primera vez la Cuestión Malvinas, por medio de la Disposición Transitoria N° 1 de dicha constitución, como un mandato nacional al declarar de manera legítima e imprescriptible nuestra soberanía nacional sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias y Sándwich del Sur y sus aguas circundantes, posicionándola como un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino; en la cuestión humanitaria, la autorización del viaje de los familiares de caídos en el conflicto del Atlántico Sur, fue permitida por el Reino Unido y concretada  por la gestión de ese entonces.  

Promediando la segunda gestión de Menem, la política de seducción a los isleños, claramente había comenzado a demostrar sus características paupérrimas de abordaje a dicha cuestión; motivados por estas consecuencias el gobierno inicio dos caminos, el reposicionamiento de la cuestión mínimamente en los foros internacionales y la posibilidad concreta de iniciar la promoción del tema mediante acciones judiciales y la indemnización de los kelpers. 

La concreción para julio de 1999, al finalizar la gestión, del acuerdo de Vuelos Aéreos, que conectaran y comunicaran al continente con las islas y viceversa, no fue el producto de las gestiones nacionales, sino la consecuencia de un acontecimiento internacional, el arresto de Augusto Pinochet por parte del gobierno británico, lo que causo el cese de los vuelos a las islas desde Chile, como represalia de este último. De esta manera los ciudadanos argentinos podrían volar nuevamente a las islas, cumplimentando ciertos requisitos, entre ellos uno muy importante, la utilización del pasaporte internacional.

El reposicionamiento de la base de Mount Pleasant en la década del noventa.

Descripta la política exterior de los años noventa hacia la Cuestión Malvinas, a manera de aproximación, debemos interpretar el reposicionamiento de la Fortaleza Falklands, en su proyección ante el Nuevo Orden Mundial, luego de la desaparición de la Unión Soviética y en su rol de comunicación de las islas con el mundo.  Cuál debería ser la proyección de la misma y su desarrollo, sería los interrogantes planteados en aquellos años, por el gobierno británico en el poder.

 La necesidad de reposicionar a la base en función de las necesidades de desarrollo económico, social y político de las islas, proyectaría las nuevas instancias de formulación de la misma. Es así que, como instrumento comunicacional de los habitantes de las islas con el continente, como así también como actor estratégico, la base iniciaría un nuevo proceso de conformación interna, la cual devendría en una estación itinerante de oficiales de las fuerzas armadas británicas, punto nodal de las comunicaciones de las islas y como nuevo paradigma constituido de la presencia extranjera militar en América Latina. 

La Alianza: diplomacia multilateral e instancias de confianza mutua.

La construcción de un andamiaje diplomático hacia la Cuestión Malvinas, durante el gobierno de la Alianza, fue estructurada desde el Instituto Programático de la Alianza, el cual se constituyó como el think tank, desde el cual se generarían las pulsiones necesarias para la construcción de un abordaje hacia la Cuestión Malvinas. El mismo estuvo constituido por grandes diplomáticos, políticos, académicos y especialistas en la cuestión[11].  

La decisión de restablecer la cuestión en la agenda internacional, tanto en los foros como ámbitos donde la cuestión sería tratada, se contraponía al proceso anterior, abandonando la seducción y reimpulsando la histórica resolución 2065 de las Naciones Unidas, todo ello aspirando:

“a dar continuidad a la acción y fortalecer la capacidad negociadora regional. Una política de Estado sobre Malvinas, no debe reducirse a un ejercicio en el que el Gobierno propone y la oposición acepta, retoca o rechaza las ideas. Se trata en cambio, de la construcción conjunta de una estrategia sobre los problemas que abarca la cuestión. Hay que avanzar en el diálogo con el Reino Unido, con el objeto de lograr acuerdos que contengan los procedimientos, los tiempos y etapas para construir y fortalecer las medidas de confianza recíproca entre las partes. Se debe actuar en dos planos, mutuamente condicionados: el de las comunicaciones, el económico y el de la circulación de personas entre las islas y el territorio continental, por un lado y el político que debe conducir a diálogos amplios que incorporen la cuestión de la soberanía.

La continuidad de las negociaciones dependerá del acuerdo de las partes. La Alianza está abierta a la consideración de diversas fórmulas que puedan facilitar estos objetivos. La construcción de la confianza es un proceso que requiere tiempo y una profundización paulatina”[12]. 

En relación a la construcción en el plano de ámbitos de confianza entre ambos gobiernos, la creciente cooperación y el diálogo fueron traducidos en varios gestos y acciones simbólicas; el retiro de la guarnición militar británica en las Islas Georgias fue aplaudido por el gobierno nacional. La misma se hallaba activa desde finalizada la guerra en 1982. Sumado a este repliegue militar y luego de duras negociaciones y diálogos, el retiro del veto para que la Ciudad de Buenos Aires se convirtiese en la Sede del Tratado Antártico, sería la culminación de años de negociación referidos a ese tema. La cooperación para la realización del Estudio de Factibilidad de Desminado de las islas, como obligación del Tratado de Ottawa de 1997, del cual ambos estados son partes, quedaría latente ante la convulsión interna que sufriría el gobierno nacional, y con su posterior caída la crisis y eclosión nacional en diciembre de 2001.


Producidos los ataques el 11 de septiembre de 2001, contra los Estados Unidos y los posteriores ataques producidos ya en Londres y en Madrid, por parte de grupos islámicos vinculados o miembros de la red de Osama Bin Laden, la decisión del gobierno de Tony
Blair, de ser partícipes de la cruzada contra el terrorismo islámico internacional, produciría una evolución propia de la base. 

Iniciado en nuestro país el gobierno de Néstor Kirchner, las relaciones entre la Argentina y el Reino Unido serían enfriadas drásticamente, como consecuencia de diversas medidas adoptadas por ambos estados. 

El reclamo de soberanía nacional tendría como vocero, al Canciller Rafael Bielsa, desarrollando sus funciones desde la XXIII Reunión de la Comisión de pesca del Atlántico Sur (2003), como así también en el ámbito de foros internacionales, como el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, o en el marco de la OEA o el Mercosur. 

La posición intransigente del gobierno británico ante la renuencia isleña de no permitir vuelos de bandera argentina a las islas, lo que derivó en el cese de vuelos chárter permitidos hasta ese momento por la Argentina, solo permitiendo los vuelos que se constituyeron en el acuerdo de julio de 1999. 

En relación con la cuestión ictícola, el claro deterioro del recurso por la sobreexplotación y las excesivas ventas de licencias pesqueras de manera unilateral por parte del gobierno de las islas, produjo consecuentes roces, perjudicando las negociaciones en esa materia. El cese de las reuniones del comité de pesca del Atlántico Sur, como así también el subcomité científico para la preservación del recurso, sería el resultado de estas acciones. 

En la instancia de negociación de humanitaria, la finalización en el año 2005 de la construcción del cenotafio en el cementerio, como fue analizado anteriormente, abrió una nueva instancia de negociación para su inauguración; dentro de esta misma esfera, la humanitaria, el diálogo para la concreción del Estudio de Factibilidad de desminado de las islas, tendría grandes avances, en función de las fechas límites impuestas a los estados partes del Tratado de Ottawa. 

Con el cambio de Canciller y la asunción de Jorge Taiana, la continuidad de la política exterior hacia Malvinas, con sus características y variables, sería acrecentada.

En el año 2007, año de la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la finalización del conflicto del Atlántico Sur, la decisión de finalizar la Declaración Conjunta sobre Cooperación en actividades petroleras en el Atlántico Sud Occidental de 1995, fue el reflejo de la política exterior hacia la Cuestión Malvinas, durante la gestión de Néstor Kirchner, momento en el cual el Canciller Taiana declaró que:

“el Reino Unido ya no podrá pretender justificar, desde la letra y espíritu del acuerdo, su ilegitimo accionar unilateral en nuestra plataforma continental que llevara a la parálisis, hace ya siete años, a la comisión bilateral creada por el entendimiento…”[13]. 

Esta decisión fue motivada por el constante accionar unilateral isleño, pero con el apoyo británico, de desarrollar políticas tendientes a la exploración y explotación de los potenciales recursos petroleros en las aguas circundantes a las islas, determinando efectos negativos en los intereses argentinos. 

Es en esa precisa instancia temporal, donde diversos medios de comunicación argentinos y británicos, con motivo del 25° aniversario del conflicto de 1982, viajaron a las islas y pudieron contemplar la magnitud e importancia estratégica de la base, como así también su potencial proyección militar hacia Sudamérica, el Atlántico Sur y sobre una porción del continente antártico. Allí se apreció el verdadero potencial de la base.  En diversas publicaciones y programas periodísticos se hacía referencia a las instalaciones militares, las cuales eran propias de una base de la OTAN y por demás avanzadas en comparación con bases militares de los países latinoamericanos.



Durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, la continuidad de una política de gobierno hacia la Cuestión Malvinas, originada en la elaborada e implementada por su antecesor Néstor Kirchner, se visualizó mediante la continuidad de una agenda de exposición de la cuestión en diversos foros regionales e internacionales; asimismo las diversas instancias de encuentro bilateral con el Primer Ministro británico Gordon Brown, fueron propicias para destacar el reclamo argentino sobre las islas y sus aguas circundantes. 

Debiendo observar la actualidad del sistema internacional, como así también la realidad regional, un abordaje en una instancia no mayor a dos años con anterioridad, nos permite analizar como la instancia militar se ha proyectado en mientras que otras variables como la económica, la diplomática o la referida a cooperación se han mantenido sino han disminuido en función de los medios de comunicación. 

La actual situación de complejidad referida a cuestiones de seguridad, desarrollo económico estratégico, potencial desarrollo energético, explotación off shore de recursos propios, han posicionado a Brasil como un actor no ya regional sino continental, de manera de visualizar la potencialidad que el Atlántico Sur, comporta para el mismo.  

La actual agenda de cooperación SUR-SUR, la cual crea nuevas instancias de encuentro como la conformada en el marco de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, nos devela nuevas agendas en las que el desarrollo de nuevas energías, como la nuclear para su uso pacífico y la cooperación para la conservación y desarrollo de recursos ictícolas, no son coincidentes con la presencia militar británica en el Atlántico Sur. 

Debemos claramente analizar el comportamiento de los Estados Unidos en ésta ecuación; la reactivación de la IV Flota desde hace dos años (la cual fue creada en el año 1943 teniendo como objetivo contrarrestar la presencia de naves del eje nazi fascista, durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial) con el propósito, según las declaraciones del propio gobierno norteamericano, de brindar asistencia humanitaria en aquellas regiones del hemisferio sur donde sean requeridos. La potencialidad real del IV Flota es en función de remarcar la presencia norteamericana en la región, para la observación de los flujos navieros de los estados ribereños al Atlántico. 

A mediados de mayo del año 2009, un documento originado en el Directorio General de Políticas Externas de la Unión Europea, perteneciente al Parlamento Europeo, fue dado a conocer sobre temas de seguridad y defensa de la Unión Europea. Más allá de ser un documento, no reservado ya que el mismo tuvo difusión, vemos la real significación que las Islas Malvinas y la base de Mount Pleasant representa para la Unión Europea, además del Reino Unido.  

Este documento denominado “The Status and Location of the Military Installations of the Member States of the European Union and their Potential Role for the European Security and Defense Policy (ESDP)”, realiza una gran y explicita descripción de las bases de los Estados miembros de la Unión Europea en todo el globo, destacando la necesidad para satisfacer y fortalecer la defensa y seguridad de la misma, europeizando estas bases en su mayoría de dominio británico y francés. 


Inmediatamente la Cancillería argentina rechazó de forma categórica esta presentación y el informe mismo, esgrimiendo que los estados miembros de la Unión Europea antes lo son de las Naciones Unidas y que deben respetarlas resoluciones referidas a la existencia de un conflicto en torno a la soberanía de las islas. En un pasaje de dicho informe se hace referencia a la necesidad de esta acción, ya que  "en un mundo cada vez más multipolar, dar un enfoque renovado a estas bases es una prioridad apremiante para Europa, particularmente en una época de creciente competencia geopolítica"[14]. Este rechazo argentino se suma a los realizados en el año 2004 donde la Argentina protestó ante las Naciones Unidas, por la rejerarquización de la base en las islas y más recientemente, mediante las denuncias de los años 2008 y 2009 por ensayos misilísticos.

La amenaza neocolonial en el Atlántico Sur.  Potencialidades y proyecciones de las bases en Mount Pleasant y Mare Harbour.

En un sistema internacional donde la consecución de recursos energéticos no renovables como el petróleo y la búsqueda de recursos esenciales para garantizar la vida de la población (alimentos y agua), se ha desatado una carrera por el posicionamiento a estas fuentes de recursos, vitales y estratégicos para los Estados.  Las potencias globales o regionales demarcan y potencian su presencia en los mares y océanos del mundo (la IV Flota norteamericana, por ejemplo), expresando su vocación de detentores del poder global; los estados ribereños tienen a su alcance herramientas jurídicas como la presentación ante el organismo de Naciones Unidas que dictaminará sobre la expansión a 350 millas de soberanía sobre cada mar en particular. Asimismo, las acciones particulares de cada estado en pos de detentar un natural poder y presencia sobre los mares es la herramienta ideal, como Brasil en su búsqueda de recursos hidrocarburíferos en el Atlántico y el desarrollo conjunto con Francia en el corto plazo de submarinos (uno de ellos nuclear) para posicionarse en este nuevo sistema internacional.

La defensa de las islas y su proyección hacia el Atlántico Sur está encargada a la British Forces South Atlantic (BFSA). La misma tiene su asiento en la Fortaleza Falklands, ubicada en Mount Pleasant, hoy es una realidad y no una potencialidad militar. El complejo es sin duda el legado más imponente de la guerra y construido con el objeto de persuadir a la Argentina[15]. Ubicada a 60 kilómetros de Puerto Argentino, cuenta con una extensión importante de avenidas que comunican cada una de las dependencias de la base sumadas a la red de túneles, que comunican hangares, cuarteles, centros de operaciones, centros logísticos y galpones.  

La presencia de dos pistas aéreas, una de 2,590 metros de longitud y la otra perpendicular a la primera de 1,525 metros de extensión, son apropiadas para el aterrizaje de aviones de gran porte, y aptos para el aterrizaje de aviones militares capaces de realizar vuelos trasatlánticos. Asimismo, es la pista y base aérea, perteneciente al grupo reducido de bases aptas para el aterrizaje de naves espaciales, como el Endeavor.  El 7 % del presupuesto de la OTAN está destinado a la base en Mount Pleasant[16]. 

La proyección regional hacia el continente, se ve manifestado por la potencialidad bélica que la base misma detenta. Entre sus aeronaves de combate de se encuentran cuatro aviones Typhoon, de última generación, que llegaron como reemplazo de los anteriores Panthom que se hallaban en las islas desde 1982. Sumados a estos hallamos aviones Hércules, de configuración tanqueros para el reabastecimiento en vuelo, como también aeronaves para traslado de tropas. Diversos helicópteros, de configuración ataque y traslado de tropa completan el equipamiento aéreo.

Los sistemas de alerta temprana, materializados en aquellos tres radares instalados en 1984, los cuales con tecnología moderna son capaces de detectar a varias millas dentro del continente aviones en vuelo. Sistema de comunicaciones de última generación, completan el equipo para alrededor de 1500 tropas permanentes en las islas y otras 1500 rotatorias, ya que esta base sirve como base de entrenamiento e instancia previa de ser enviados a combatir a Irak o Afganistán.

La capacidad antiaérea de la base en las islas, se representa en el sistema de misiles antiaéreos como posiciones de artillería antiaérea, capaces de triangular el fuego y disuadir cualquier ataque. 

Durante la instancia de conmemoración del 25° Aniversario, en función de la presencia de periodistas y medios de comunicación  masiva en las islas, durante los meses de marzo y abril de ese año, desde las autoridades militares de la Base Militar de Mount Pleasant, se decidió permitirles realizar un base-tour; en el mismo, los seis periodistas argentinos autorizados pudieron ser partícipes de la vida diaria, por unas horas, y observar el grade de avance tecnológico, no solo en cuestiones de vida diaria, sino y más importante en la cuestión militar. El encargado de prensa de la base, en ese momento, el Capitán Lloyd Owen, más allá de explicar diversas facetas de la base, sobre el final del día dirigió a los periodistas a una demostración del armamento que cuenta la base. 

En dicha demostración, con la presencia del Comandante de la Armada Real Chris Moory, el discurso emitido fue similar por todos los interlocutores, que el objetivo de la base y su misión eran: “desterrar cualquier amenaza de agresión militar en la zona” y “asistir los movimientos económicos en la región”[17]. Más allá de la posterior demostración tecnológica, con la interpretación de una detección de amenaza aérea, con el vuelo rasante de un Tornado F-3 (hoy reemplazados por los Eurofighter Typhoon), en cual fue detectado por una batería de misiles Rapier, lo esencial aquí fue el mensaje enviado. Al permitir la entrada de estos periodistas argentinos a la base británica en las Islas Malvinas, se deseaba demostrar de manera objetiva el poderío militar y continuar con el mensaje disuasivo. Pero proyectando un poco más allá las declaraciones en ese entonces, las cuales fueron referenciadas al principio de este párrafo “asistir los movimientos económicos en la región”. O sea, la proyección británica en el Atlántico Sur, no como mantenimiento en posición defensiva sino ya adquiriendo características claramente ofensivas. 

La vinculación con otra área militar de suma importancia en las islas como es Mare Harbour, se realiza por rutas y túneles que conectan y mantienen libre los accesos ante una emergencia. Mare Harbour, es apto para la recepción de navíos militares como el HMS Endurance o el HMS Clyde, como así también de submarinos de estación no permanente en las islas, pero que en la actualidad si se hallan allí, como respuesta a la actual situación conflictiva por el envío de la plataforma de exploración petrolera.  

La presencia de estos submarinos, entre los mismos de características nucleares, se debe a la necesidad británica de realizar patrullajes no solo en las aguas circundantes a Malvinas sino además en las Islas Georgias y Sándwich del Sur. 
Las instalaciones militares en Mare Harbour, de dimensiones y equipamiento similar a Mount Pleasant, tienen a capacidad de receptar gran cantidad de navíos militares y coordinar toda acción defensiva-ofensiva a amenazas externas contra las islas. Tantos en temas relacionados a reparaciones navales, reequipamiento y proyección naval del poder militar británico hacia el Atlántico Sur, son las características principales de esta.  

Una tercera instalación militar, de la cual no se hallan documentos o información referida a la misma, es la que se ubica sobre Puerto Enriqueta en la Isla Soledad. En la misma, se desarrollan todas las pruebas y demostraciones de nueva tecnología misilística. 

Es en esta base, sin denominación formal, en la cual se registró en último roce diplomático entre la República Argentina y el Reino Unido, con la puesta en prueba de los misiles tierra-aire “Rapier”. 

La tercera arista en el sistema de defensa de las islas, se proyecta en la simbólica Fuerzas de Defensas de las Islas Malvinas.  

Su creación se dio al responder desde el gobierno británico como respuesta a la posibilidad de agresión por parte de buques de guerra rusos y corsarios durante la Guerra de Crimea en 1854. El gobernador británico en ese entonces, Rennie decidió la formación de la primera fuerza de voluntarios. La fuerza, aunque oficialmente no tenía denominación" fue denominada “Voluntarios de Stanley " evolucionando posteriormente en la Falkland Islands Defence Force. 

Durante la Primera Guerra Mundial la Colonia de las Islas Malvinas se puso en pie de guerra y los Voluntarios de las Islas Malvinas se movilizaron para prestar servicios en puestos militares situados alrededor de Stanley. El 8 de diciembre de 1914, el humo de una flota alemana fue descubierto por uno de los puestos de avanzada y posteriormente, el puesto de avanzada en la colina del Zapador, proporcionan información valiosa sobre el movimiento de los buques. El resultado final fue la victoria de la Batalla de las Malvinas. 

En 1919, el nombre de la fuerza se cambió a la Falkland Islands Defence Force. 

Ya durante la Segunda Guerra Mundial la Falkland Islands Defence Force se volvió a utilizar a los puestos de avanzada militar de defensa en todas las Islas. En este momento el Falkland Islands Defence Force implementó una unidad montada a caballo. Al igual que en la Primera Guerra Mundial un número impresionante de voluntarios para unirse a las Fuerzas de Su Majestad fue registrado. Durante la guerra las fuerzas de defensa trabajaron estrechamente con el Regimiento de West Yorkshire y la Royal Scots.

Desde 1952 hasta 1982, la presencia de la Marina Real en las Islas Malvinas, facilitó a la Falkland Islands Defence Force, la logística necesaria, recibiendo además asistencia para la formación desde la misma. 

Con el desembarco argentino, mediante la Operación Rosario, el 2 de abril de 1982 el Falkland Islands Defence Force se movilizó, para defender las posesiones coloniales. En la mañana del 02 de abril el gobernador, Sir Rex Hunt, ordenó la Falkland Islands Defence Force y los Royal Marines a rendirse. Las fuerzas argentinas tomaron todo el equipamiento perteneciente a la Falkland Islands Defence Force y declararon como una organización ilegal a la misma. Varios integrantes de la Falkland Islands Defence Force fueron detenidos por las fuerzas argentinas y enviados a Bahía Fox donde permanecieron bajo arresto domiciliario hasta la finalización del conflicto, el 14 de junio de 1982.  
En la actualidad, la Falkland Islands Defence Force se halla financiada por el Gobierno británico en las Islas Malvinas y sigue la doctrina del Ejército británico en la formación y las operaciones. La disposición de la fuerza, se basa en una compañía de infantería, y dos de sus principales fortalezas son el conocimiento local y la capacidad de despliegue rápido con Land Rover. A través de un acuerdo de cesión con el Ministerio de Defensa la Falkland Islands Defence Force emplea actualmente un Instructor Permanente del Personal para la reconfiguración de la fuerza en fase de francotirador/reconocimiento, ametralladora, combate cuerpo a cuerpo, las unidades de apoyo anfibio y logística, coordinada por un comando central. El cuerpo apoya a la comunidad local, garantizando una capacidad de rescate de montaña y la búsqueda de formación de equipos de rescate. 

En 1999 los miembros de la Falkland Islands Defence Force recibieron entrenamiento por parte de Royal Marine, en establecimientos en el Reino Unido en la operación y el mantenimiento de un cañón Oerlikon 7 Alfa 20 mm 

En la actualidad, el cuerpo de Falkland Islands Defence Force está armado con el fusil de asalto Steyr y sistema de luces de armas de apoyo junto con ametralladoras pesadas. El equipo avanzado de sistema de comunicaciones con interfaz de sistema de posicionamiento global y correo electrónico en el campo, permite a esta fuerza desplegarse como avanzada y grupos de referencia territorial.


Instalaciones militares en las Islas Malvinas

Referencias:

 1) Sistema de Radar en Monte Alberdi (Mount Ousborne), en la Isla Soledad. Ubicado en la zona geográfica más alta de la isla. Total. 684 metros sobre el nivel del mar.
2) Sistema de Radar en Monte Kent, en la Isla Soledad. Ubicado a una altura de 
3) Potencial Sistema de Radar, sin poder ubicar direccionado con sistema de antenas hacia la dirección oeste.
4) Mount Pleasant Base, ubicado en el Monte Agradable. 1500 a 1750 efectivos. 500 civiles (como personal logística).
5) Mare Harbour, ubicado en Puerto Yegua. Proyección Atlántico Sur.
6) Puerto Argentino Población 2478 habitantes (Censo realizado en el año 2006 por el gobierno británico en las Islas)


PROYECCIONES DE FUERZAS DE ATAQUE EN EL ATLÁNTICO SUR.

Conclusiones:

Reflexión sobre el Pasado

La capacidad militar de la base en Malvinas, claramente excede el presente análisis y abordaje necesario, para representar la realidad de una acción de disuasión hacia la Argentina, ante un intento manu militari de ésta de recuperar la soberanía sobre las mismas y sus aguas circundantes. En las declaraciones formuladas por el oficial a cargo del ejercicio el Mayor Fieldhouse, quien estuvo a cargo de las últimas operaciones y ejercicios militares realizados en las islas en el mes de diciembre de 2009, se presenta el objetivo fundamental del ejercicio: "Estamos aquí en apoyo a la misión que deben cumplir las fuerzas británicas en el Atlántico Sur que es disuadir la agresión militar contra estas Islas”[18]. 

La observación de los mismos, nos permite interpretar que la configuración no era de defensa sino de desembarco, similar al producido en mayo de 1982 sobre Bahía de San Carlos. 

La potencialidad energética de la región, tanto Brasil y sus hallazgos en la costa de nuevos núcleos de petróleo, Bolivia y sus recursos gasíferos, como también Venezuela sumados al potencial del Atlántico Sur mismo, representan el verdadero objetivo de la presencia militar en el Atlántico Sur. La diversidad de recursos naturales que el subcontinente cuenta es el objetivo puntual de la existencia de la Falklands Fortress, ya sea para su accesibilidad y/o para su futuro resguardo. 

La base militar en Malvinas hoy representa una amenaza para la República Argentina, y un gran desafío para la comunidad sudamericana, ya que la misma se halla bajo la esfera de proyección y alcance de las potencialidades militares de la base. 

Como hizo referencia Juan Carlos Puig, ex Canciller argentino, en un artículo suyo de 1985, donde plantea que “la Falkland Fortress se convertiría en un plazo (dos años aproximadamente) en la base aeronaval más poderosa del Atlántico”[19]. Debemos destacar esta frase, reconociendo la existencia de Ascensión, otra isla bajo dominio británico y alquilada a los Estados Unidos donde los mismos tienen una base aérea monumental, desde la cual en el conflicto de 1982 los británicos se reaprovisionaban y preparaban para continuar su viaje al Atlántico Sur.  

Continuando con el artículo de Puig, el mismo se pregunta si transcurrido un tiempo y posterior a negociaciones ¿Será posible luego desandar el camino y desmantelarla para llegar a una solución?[20]. En la coyuntura actual es imposible advirtiendo el statu quo británico al negarse a dialogar con la República Argentina y continuar con su accionar unilateral.

Debemos sumar la experiencia de la Isla Diego García[21] como ejemplo de esto. 

Como final aportamos la reflexión en forma de pregunta del propio Juan Carlos Puig, quien tomando una idea del Dr. Pablo Tello[22], advierte preguntándose sí:

“¿Se admitirá la presencia militar y militante de las grandes potencias occidentales en una zona que hasta ahora todos los gobiernos latinoamericanos han tratado de mantener al margen de las confrontaciones operativas interbloques?”.

Esta es ahora la cuestión, no se trata de debatir la soberanía sobre el archipiélago, sino de reorientar la política internacional de Argentina y, en general, de América Latina[23].

Interpretaciones en torno al Presente

Ante la actual situación de confrontación en torno a la presencia de las plataformas de exploración y prospección petrolera en aguas circundantes a Malvinas y las pruebas de misiles tierra-aire, para la defensa de los intereses británicos en el Atlántico Sur, nos representan la graduación de importancia que para el Reino Unido como para la Unión Europea, comportan los territorios en cuestión. 

En un sistema internacional donde los recursos naturales no renovables, ya sean los energéticos o alimenticios, son los detonantes de conflictos regionales, la ubicación estratégica del archipiélago de las Islas Malvinas, como así también de las Islas Georgias y Sándwich del Sur, en el muy corto plazo se configurarán, de no serlo ya, en un área clave a nivel internacional en el posicionamiento geoestratégico en virtud de la navegabilidad y accesibilidad a los recursos en cuestión. 

Los procesos de integración y vinculación regional a nivel político en Latinoamérica se transformarán en los ámbitos necesarios de posicionamiento en la agenda, de la amenaza que representa la presencia británica en el Atlántico Sur, no solo para la República Argentina sino para la región sudamericana y sus intereses en el corto plazo.  

Los hallazgos de nuevos pozos en la costa perteneciente a Brasil, sumados a las fuentes de riquezas naturales, entre las mismas energéticas y alimenticias, posicionarán al gigante sudamericano, como un nuevo hegemón regional sino ya como un actor de relevancia internacional. 

En el informe oficial presentado por la COPLA, organismo oficial creado para elaborar y desarrollar el relevamiento de la totalidad de la superficie territorial sumergida, la misma explicitó cifras referentes a un total de 10.400.000 km2. Del total relevado, al referenciarnos a los territorios de las Islas Malvinas, Islas Georgias y Sándwich del Sur, como sus aguas circundantes, equivaldrían a un total de 3.000.000 km2. La totalidad de las mismas se encuentran bajo dominio británico[24], tanto político como militar; esto equivale al 30% del territorio relevado. Esto es realmente no una amenaza, sino una consumación de hechos y sostenimiento ilegal de un status neocolonial iniciado el siglo XXI.  

El agua potable es el recurso estratégico del siglo XXI, será la causante permanente de conflictos en el futuro inmediato[25]. 

La Carta Mundial por la Naturaleza adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en octubre de 1982, convoca a las naciones del sistema internacional, mediante una advertencia “la competencia por acaparar recursos escasos es causa de conflictos”.
Claramente el agua es un bien y un recurso escaso. Tan solo el 2,5 %del total del agua del mundo es consumible, el resto el 97,5 % se hallan en los mares y océanos. 

Hoy las Islas Malvinas, Islas Georgias y Sándwich del Sur, como sus aguas circundantes, son la puerta de entrada al reservorio bioalimenticio de la humanidad, la Antártida. La misma por su riqueza en aguas, minerales y productos biológicos, será el área conflictiva internacional. El informe de las Naciones Unidas sobre la situación de los recursos hídricos nivel global, presentado en 2003 y nuevamente ratificado en el año 2006 reveló que el 20% de los recursos ya se hayan contaminado o afectado de alguna manera. Las cifras son alarmantes: para el periodo entre 2020/2030, con una población estimada a nivel global rondante en 8.000.000.000 de seres humanos, el 87% de los mismos no tendrán acceso a fuentes hídricas potables. 

América Latina y el Caribe poseen el 11 % del territorio mundial y el 6% de la población mundial, detentando el 27 % del agua dulce del planeta, y un 40% de las plantas, insectos y animales del globo, o sea biodiversidad. En los estados latinoamericanos se concentran el 11% de las reservas petroleras mundiales y se producen 15% del crudo extraído, contando además con el 6% de las reservas globales de gas natural, como así también grandes reservas de carbón, los cuales serían harían sustentable el consumo energético durante 250 años y de recursos hidroenergéticos que componen el 20% del potencial mundial[26]. 
Un último número de porcentaje nos proporcionará una dimensión mucho más totalizadora sobre la importancia de estos recursos: el 7% del presupuesto de la OTAN está destinado al mantenimiento de la Base de Mount Pleasant[27].

Perspectivas sobre el Futuro

 La Cuestión Malvinas, por sus características polisémicas, encierra múltiples interrogantes de naturaleza diversa, algunos por su complejidad política, nos dejan un campo de revisión permanente y otros hemos expresado en este trabajo. 

La primera conclusión a modo de introducción es afirmar una vez más que es imprescindible mantener una estrategia como Estado–Nación en términos de una Política de Estado perdurable y sostenible en el tiempo.   

Malvinas es un punto de inflexión que eleva la contradicción de la Libertad y el desarrollo o el Neocolonialismo y el subdesarrollo a su máxima expresión, y los acontecimientos que alrededor de la misma suceden tanto en su cotidianeidad como en su perspectiva hacen que sean de vital importancia a los destinos no solo de nuestro país, sino a la región del cono sur. 

Evidentemente no se trata de una disputa caprichosa de un pequeño territorio de 11.700 km2 y de sus aguas circundantes; es una disputa que cada día adquirirá una envergadura de trascendencia no precisa que indudablemente va creciendo, ya que comporta una intrínseca relación con el tercer territorio más grande del sistema internacional, entendiendo como tal al conjunto de tierra-agua-aire que componen nuestra soberanía.  

Hemos expuestos algunas razones, en consecuencia, nos vemos obligados a también expresar nuestra mirada, y en el que hacer frente al conflicto mismo, qué hacer ante esta realidad que nos toca vivir y en muchos por ahora desconocida o poco conocida.  

Dejamos sentado entonces que una estrategia única sería o debería ser lo óptimo y es aquí donde comienza a radicar uno de los problemas a resolver. Esta estrategia pensamos que solo podrá ser posible si nuestra democracia se consolida día a día, crece en contenido y discusión e incorpora esta temática en la agenda de los grandes temas nacionales, donde cada uno de los argentinos participemos y nos convenzamos de la legitimidad de este reclamo y la importancia de este acuerdo que nos debemos proponer. 

Si también los diferentes gobiernos que administren y conduzcan las políticas del Estado Nacional, trabajen y solidifiquen una política de estado que modernice y perfeccione sus argumentos en relación a los reclamos argentinos sobre el Atlántico Sur y los territorios de las Islas Malvinas, Islas Georgias y Sándwich del Sur. 

Si desde cada estamento de la Nación, y desde todos los pulpitos académicos, escolares, sociales, políticos y aquellos pertenecientes a representantes de la sociedad civil, nos proponemos condenar los estadios militares que sostiene el Reino Unido en las Islas Malvinas, tanto con la Base Militar de Mount Pleasant como Mare Harbour, el debate y discusión será enriquecedor. 

Observamos que ha crecido la comprensión de esta problemática en la Argentina y en toda la región; existen las suficientes muestras de solidaridad a nuestra cuestión, de jerarquía constitucional, pero también visualizamos que este es un camino inagotable de propuestas y  acciones donde los argentinos y latinoamericanos debemos emprender, para ser portadores de ideas e iniciativas que nos involucren a cada uno de nosotros y a todas aquellas formas en las cuales nos sentimos representados y organizados. 

Donde antepongamos la Paz como condición esencial, básica y universal del respeto a la vida y a los seres que habitamos el planeta y el respeto de los ecosistemas. 

Debemos ser forjadores de un tiempo nuevo, que considere al planeta y respete la soberanía de los pueblos, que condene el militarismo que afecta el futuro de cada ser vivo sopretexto de salvaguardar el interés de las corporaciones que solo priorizan sus intereses sobre la vida de los pueblos. 

Entendemos también que no puede existir una sola conclusión sobre este tipo de trabajos, pero si estamos convencido que debemos promover este debate, y es en todo caso una invitación a pensar que cada propuestas sobre la existencia de bases militares extranjeras en  la región representan una tensión que condiciona y nos retrotrae a tiempos que la humanidad padeció en guerras, en pérdidas humanas , en alteraciones climáticas, en contaminaciones de los recursos que dan existencia a los seres vivos, sobre este planeta. 

Este es el desafío y el planteo iniciado en el presente trabajo, el cual no busca cerrar temas sino realizar la apertura hacia el debate, la investigación, la discusión, la formulación de nuevas ideas y posiciones y finalmente en instancias de reflexión que se dirijan a la consecución de la Disposición Transitoria N° 1 de la Constitución Nacional Argentina, 

Bibliografía:

Libros y artículos:

Barcelona, Eduardo y Julio Villalonga. “Las relaciones carnales” La verdadera historia de la construcción y destrucción del misil CONDOR II. Editorial Planeta. 1992.
Bruzzone, Elsa. “Las guerras del Agua. América del Sur, en la mira de las grandes potencias”. Capital Intelectual. 2009.
Escudé, Carlos y Andrés Cisneros. “Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”. Grupo Editor Latinoamericano. 2000.  http://www.argentina-rree.com/home_nueva.htm Consultada entre el 2de marzo y el 28 de marzo de 2010.
Gustafson, Lowell S. “The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands”. Oxford, New York, Oxford University Press. 1988.
Movimiento por la Paz, la soberanía y la solidaridad entre los Pueblos. “La OTAN y las Malvinas”. Publicación realizada por el. Marzo de 2009. Pág. 2.
Puig, Juan Carlos. “Malvinas: tres años después”. Revista Nueva Sociedad N° 77. Mayo-Junio. 1985. Pág. 13 a 20.
Simonoff, Alejandro EN: Guerra de Malvinas. Veinticinco años después. Cuadernos Argentinareciente. N°4/ Julio-Agosto 2007. Pág. 142-147.
Tello, Ángel Pablo. “L´Argentine et les iles Malouines”. Polítique Etrangére, N° 4, 1982. Pág 1013.
Terragno, Rodolfo H. “Des-militarizar”. Memorias del presente. Editorial Nueva Información. 1985. Pág. 267-275.

Diarios y Documentos Visuales:

“Ejercicios militar británico de disuasión a las amenazas extranjeras”. Federico Martín Gomez. Boletín N° 11 Diciembre de 1009. Departamento de Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur. IRI. UNLP.
“La fortaleza militar de la OTAN en Malvinas (Base Aérea Mount Pleasant y Estación Naval Mare Harbour)”.  Centro de Estudios y Documentación sobre Militarización. Mopassol. Buenos Aires. Octubre de 2009. 
“Malvinas: la Alianza quiere un rol activo en la política de Estado”. Clarín, 6 de febrero  1999. Pág. 5.
“Mount Pleasant: así es la principal base militar de la Isla”. El Observador. Perfil. 1 de Abril de 2007. Pág. 6.
“Malvinas: el Parlamento europeo estudia "europeizar" la base militar”. La Nación, 26 de Mayo de 2009. 
“No Bases. Latinoamérica región de Paz”. Documental II Conferencia Internacional por la Abolición de las Bases Extranjeras APDF, MOPPASOL, SERPAJ. 2010.
Taiana, J. “El diálogo como único camino posible”. En: Clarín, 1 de abril de 2007. Pág. 35.
“Una fortaleza militar con aviones superveloces y helicópteros artillados”. Malvinas, 25 años después. Clarín, 7 de Abril de 2007. Pág. 10.  

Fuente: www.iri.edu.ar


[1] También conocido como Falklands Islands Economic Survey, es un documento surgido de la empresa de investigación realizado a mediados de la década de 1970, en función de la crisis del petróleo sufrida por el sistema internacional hacia la búsqueda de nuevas fuentes de recursos petroleros. 2 “Des-militarizar”. Memorias del presente. Rodolfo H. Terragno. Editorial Nueva Información. 1985. Pág. 267275.
[2] “Des-militarizar”. Memorias del presente. Rodolfo H. Terragno. Editorial Nueva Información. 1985. Pág. 267/275.
[3] El Informe Franks, fue realizado por un Comité designado por el Parlamento británico y encabezado por Lord Franks. En el mismo se analizan las diversas instancias que comprendieron al conflicto del Atlántico Sur, entre ellos sus antecedentes, causas, desarrollo, consecuencias y conclusiones obtenidos por el desempeño de las fuerzas armadas, la diplomacia y el poder político inglés.
[4] Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina. Capítulo 58: Las relaciones anglo argentinas después del conflicto de Malvinas. Julio de 1982 a julio de 1989. Obra dirigida Por Carlos Escudé y Andrés Cisneros. Grupo Editor Latinoamericano. 2000.  http://www.argentina-rree.com/home_nueva.htm Consultada entre el 2de marzo y el 28 de marzo de 2010.
[5] “Des-militarizar”. Memorias del presente. Rodolfo H. Terragno. Editorial Nueva Información. 1985. Pág. 269.
[6] El desarrollo histórico del incidente se desarrolla con detalles del mismo en “Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”. Capítulo 58: Las relaciones anglo-argentinas después del conflicto de Malvinas. Julio de 1982 a julio de 1989. Obra dirigida Por Carlos Escudé y Andrés Cisneros. Grupo Editor Latinoamericano. 2000. http://www.argentina-rree.com/home_nueva.htm Consultada entre el 2de marzo y el 28 de marzo de 2010.
[7] Sería durante el desarrollo de la gestión del ex Presidente Néstor Kirchner, cuando el Primer Ministro británico reconoció la existencia y potencial amenaza de armamento nuclear Atlántico Sur, ante su deterioro en las particulares aguas del Atlántico Sur. El reconocimiento británico hace referencia sobre los buques que estuvieron dentro de la zona en conflicto cargaban cargas de profundidad no convencionales, siendo esto reconocido mediante comunicado el 5 de diciembre de 2003.
[8] Carta dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, entre la semana del 11 al 18 de febrero de 1988.
[9] Para un desarrollo histórico certero del Proyecto Cóndor y Cóndor II, referenciamos la obra de Eduardo Barcelona y Julio Villalonga “Las relaciones carnales” La verdadera historia de la construcción y destrucción del misil CONDOR II. Editorial Planeta. 1992.
[10] Entrevista al Dr. Alejandro Simonoff. EN: Guerra de Malvinas. Veinticinco años después. Cuadernos Argentina reciente. N°4/ Julio-agosto 2007. Pág. 142-147.
[11] Algunos de los miembros de este núcleo epistémico de la Alianza eran: Raúl Alfonsín, Graciela Fernández Meijide, Carlos Álvarez, Rodolfo Terragno, Fernando De La Rúa, Horacio Jaunarena, José Luis Machinea, Lucio García del Solar, Oscar Shuberoff, Nilda Garré y Dante Caputo.
[12] “Malvinas: la Alianza quiere un rol activo en la política de Estado”. Clarín, 6 de febrero 1999. Pág. 5.
[13] Taiana, Jorge. “El diálogo como único camino posible”. En: Clarín, 1 de abril de 2007.Pág 35.
[14] “Malvinas: el Parlamento europeo estudia "europeizar" la base militar”. La Nación, 26 de mayo de 2009. 
[15] “Mount Pleasant: así es la principal base militar de la Isla”. El Observador. Perfil. 1 de abril de 2007. Pág. 6.
[16] “La OTAN y las Malvinas”. Publicación realizada por el Movimiento por la Paz, la soberanía y la solidaridad entre los Pueblos. Marzo de 2009. Pág. 2.
 [17] “Una fortaleza militar con aviones súper veloces y helicópteros artillados”. Malvinas, 25 años después. Clarín, 7 de abril de 2007. Pág. 10.
[18] “Ejercicios militar británico de disuasión a las amenazas extranjeras”. Boletín N° 11 Diciembre de 1009. Departamento de Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur. IRI. UNLP.
[19] “Malvinas: tres años después”. Juan Carlos Puig. Revista Nueva Sociedad N° 77. Mayo-junio. 1985. Pág. 13 a 20.
[20] Ibidem
[21] Ibidem.
[22] Tello, Angel “L´Argentine et les iles Malouines”. Polítique Etrangére, N° 4, 1982. Pág. 1013.
[23] “Malvinas: tres años después”. Juan Carlos Puig. Revista Nueva Sociedad N° 77. Mayo-Junio. 1985. Pág. 13 a 20.
[24] Tanto la información, como los datos numéricos fueron expuestos por el Ministro Guillermo Rossi, Miembro de las Dirección General de Malvinas, en el marco de su ponencia “La Cuestión de las Islas Malvinas, situación actual y Perspectivas”, en el desarrollo del Foro Malvinas, Argentina hacia el Bicentenario”, llevado adelante en la Ciudad de Río Grande Tierra del Fuego entre los días 6 y 7 de Noviembre de 2010.
[25] “Las guerras del Agua. América del Sur, en la mira de las grandes potencias”. Elsa Bruzzone. Capital Intelectual. 2009. Pág 17.
[26] Información estadística obtenida del documental “No Bases. Latinoamérica región de Paz”. II Conferencia Internacional por la Abolición de las Bases Extranjeras APDF, MOPASSOL, SERPAJ. 2010.
[27] Información obtenida de “La fortaleza militar de la OTAN en Malvinas (Base Aérea Mount Pleasant y Estación Naval Mare Harbour). Centro de Estudios y Documentación sobre Militarización. Mopassol. Buenos Aires. Octubre de 2009.

7 de enero de 2020

OPERACIÓN UKA-UKA


Por Julio M. Pérez (*)

Ante la insistencia de distintos Jefes y Oficiales en actividad y retirados de la Armada, y particularmente por las distintas versiones que se han relatado, especialmente en artículos y libros publicados con motivo de las acciones desarrolladas durante el conflicto del Atlántico Sur referidas al lanzamiento de misiles Exocet superficie-superficie desde las Islas Malvinas, relato en el presente artículo la realidad vivida y la participación que les cupo a los distintos actores que intervinieron.

Antecedentes personales

Luego de mi egreso como Guardiamarina de la Promoción 85, cursé estudios de Ingeniería Electrónica en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. Posteriormente, en los años 1967 y 68, fui destacado a realizar estudios de posgrado en Control y Guiado de Misiles en la Scuola d’Ingegneria Aerospaziale de la Universidad de Roma (Italia). Al inicio del año 1969 nuevamente fui designado por la Armada para trabajar en el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas (CITEFA), en Investigación y Desarrollo en el área de misiles, donde tuve la oportunidad de realizar varios diseños. Más tarde fui destinado al Edificio Libertad (Comando en Jefe de la Armada) donde, integrando la Comisión de Estudios Especiales que dirigía el entonces Capitán de Navío Juan Jiménez Baliani, se desarrolló en 1975, entre otros proyectos, los estudios de instalación del MM-38 Exocet en los destructores tipo Fletcher que teníamos por ese entonces.

En 1976, fui destinado a Puerto Belgrano a fin de concretar, como resultado del estudio efectuado previamente, la instalación de los Exocet MM-38 en los destructores Py, Bouchard y Seguí y luego en el destructor Piedrabuena, tarea que se realizó con pleno éxito.

En 1981, la Armada me designó para cumplir una comisión en Francia donde supervisé la recepción de los AM-39 para los aviones Súper Etendard, como también la entrega de un nuevo Banco de Control y prueba de misiles Exocet, mucho más avanzado que el que estaba instalado en el Taller Central de Misiles de Puerto Belgrano, y que nos permitía verificar y recorrer toda la familia de Exocet (MM-38, AM-39 y MM-40) que dispone la Armada.

Preparativos previos y durante el conflicto del Atlántico Sur

En febrero de 1982, año de la recuperación de las Islas, instalamos el nuevo Banco de Control en el Taller Central de Misiles de Puerto Belgrano (regresé a mediados de marzo a Buenos Aires, Edificio Libertad-Dirección de Armas Navales, donde me encontraba destinado). Pese a tener varios compañeros de Promoción ejerciendo funciones de comando en la Operación Rosario, sólo el 2 de abril me enteré del desembarco y a través de las noticias radiales.

A fines de abril del 82, a raíz de una falla que se presentó en el Banco de Control del Taller Central de Misiles, no se podían recorrer misiles, viajé a Puerto Belgrano y logré resolver el problema merced al esfuerzo de un destacado equipo de técnicos allí existente. En esas circunstancias regresó a Puerto la corbeta ARA Guerrico, que comandaba mi compañero, el entonces Capitán de Fragata Carlos Luis Alfonso, con un contenedor Exocet averiado en el duro combate de Grytviken[1].

El contenedor había recibido un impacto que, atravesando la cobertura externa, había colisionado en la unión entre los dos propulsores del misil. Otro proyectil impactó en la “manguera” de cables que llevan las señales desde el buque hasta el misil, provocando la entrada de agua de mar en dicha “manguera” con la consiguiente pérdida de la aislación de unos 15 cables conductores allí ubicados. Felizmente, en menos de una semana se pudo resolver el problema y con la condena provisoria del misil afectado, el sistema Exocet de la corbeta quedó de nuevo operativo.

Al mismo tiempo, se recorrieron los misiles R-550 Magic de la Fuerza Aérea Argentina que en esos momentos habían adquirido. Por entonces nosotros no habíamos desembalado el banco de pruebas Magic (del programa de adquisición de los Súper Etendard), ya que según contrato participarían los técnicos franceses en la puesta en marcha. Dada la emergencia, logramos ponerlo en funcionamiento con el sólo apoyo de los técnicos del Taller de Misiles.

A mediados de mayo me llamó el Contraalmirante Walter Allara, por entonces Comandante de la Flota de Mar, quien me preguntó sobre la factibilidad de desmontar la instalación de Exocet de algún buque y transportarla a Malvinas como batería costera. La idea era poder responder al incesante cañoneo naval británico que por las noches machacaba las posiciones argentinas en las Islas, por ausencia de armas apropiadas en tierra (y en especial por los requerimientos que insistentemente hacía el Contraalmirante Edgardo Otero, máxima autoridad naval en Malvinas, eran ya “famosos” los despachos que enviaba).

Mi respuesta al requerimiento fue que la tarea demandaría unos 45 días y que pensaba que el sistema sería engorroso de transportar. Para tener una idea de la magnitud de la misión, la instalación de a bordo consta de unos siete racks (similares a armarios metálicos) de una altura cada uno de 1,8 metro por 50 cm de profundidad y 80 cm de ancho aproximadamente, sin contar las mangueras de cables (15 a 30 cables individuales).

El Contraalmirante Allara señaló que no se podía esperar tanto tiempo, a lo que le respondí que trataría de hacer algo más rápido y de emergencia, aunque no podía asegurarle que tuviese éxito en lograrlo. A tal fin, el Jefe del Arsenal Puerto Belgrano, el entonces Capitán de Navío Julio Degrange, asumió la coordinación de los requerimientos que le fuesen indicando y al mismo tiempo debía centralizar la información actualizada de los avances que tuviésemos en el intento.

Me reuní en el arsenal con los jóvenes técnicos Antonio Shugt y José Luis Torelli, que ya habían trabajado conmigo en la instalación del banco de control de misiles y en las instalaciones de nuestros viejos destructores, y comenzamos a trabajar en un sistema de circunstancia, al que jocosamente entre nosotros denominamos ITB, Instalación de Tiro Berreta, por la precariedad del sistema y parafraseando la denominación oficial del sistema de a bordo denominado ITS (Instalación de Tiro Standard).


Corte de un contenedor con misil Exocet MM-38.

Así creamos unas “cajas”, en realidad computadoras “caseras”, con las que comenzamos a medir las corrientes y señales que recibía y transmitía el misil con la ITS. Usamos un simulador del autodirector del misil que se conoce como “simulador vector” a fin de verificar qué señales y cómo llegaban al misil. El simulador vector es una copia del contenedor del misil, con una ventana por donde se hace observación de TV para comparar las señales que recibe el misil y lo que “realmente verá el misil”, por lo que permite verificar las señales que en definitiva recibirá (además posee un sistema electrónico donde se miden los parámetros que recibe el misil).

Estas mediciones se hacían en uno de los destructores reemplazando toda la instalación de a bordo por tres cajas y una serie de circuitos electrónicos que se fueron diseñando y armando sobre la marcha. Nuestro objetivo era, en definitiva, que el misil creyera que recibía la información elaborada por una instalación de tiro completa y no de unos elementos precarios y manuales.

En su operación, una vez que el misil ha sido “armado” (pone en marcha y orienta los giróscopos, etc.), el buque le envía una “palabra” (cadena de datos) de 64 bits con un contenido ya prefijado para todos los casos, es decir no son los datos reales con que se lanzará el misil. Éste la recibe y en función de ella activa algunos circuitos y envía la palabra de vuelta al buque, donde el sistema compara lo enviado con lo recibido. De ser iguales, el buque envía una segunda “palabra”, que ya contiene algunos parámetros reales de lanzamiento. Una vez más, el misil devuelve los datos y el sistema compara. Si no se presentan inconvenientes, se envía una última cadena de 64 bits, pero esta vez con todos los datos reales (distancia al blanco, apertura de ventana de búsqueda del autodirector del misil, altura de vuelo, etc.) y si el misil devuelve correctamente los datos, se produce el lanzamiento en forma automática. El tiempo que dura el intercambio de estas tres cadenas de bits y las comparaciones es de una fracción de segundo.

Como el diseño de circuitos más complejos que cubriesen las acciones de la instalación real implicaría más tiempo, adopté la decisión que merced a las “cajas”, enviaría tres veces los datos reales (la tercera “palabra” de una secuencia normal de tiro).

Finalmente, luego de quince días de trabajo, pudimos simular todo el proceso de lanzamiento y verificar en el “simulador vector” que el misil recibía la información que se deseaba. Cuando lo logramos, se comenzó a buscar un generador que pudiese entregar una tensión trifásica de 400 ciclos y una de 60 ciclos que requiere el sistema. En ese momento, tenía la certeza que podría efectuar lanzamientos con la ITB pero, para asegurarnos que funcionaría, efectuamos unos 15 “lanzamientos simulados” con el “simulador vector”, los que en teoría dieron un funcionamiento correcto. En teoría, habíamos resuelto el problema y se podría lanzar misiles MM-38 desde nuestra precaria instalación de tiro.

Paralelamente, en los Talleres Generales del Arsenal de Puerto Belgrano, bajo la dirección del entonces Capitán de Fragata Benjamín Dávila, también compañero mío, se construyeron, sobre la base de un par de viejos chatones, en uno, un sostén para poder montar dos misiles Exocet MM-38 en sus contenedores (la rampa de lanzamiento) y en el otro, el generador eléctrico más las “cajas” que formaban la ITB. Así quedó armado el sistema en dos “catafalcos”, uno con dos MM-38 y otro con el generador, un viejo Siemens de tecnología de los años 30, usado por la Infantería de Marina de aquella época en los reflectores antiaéreos (cada uno de estos dos “chatones” tenía un peso del orden de los 5.000 kg).

Finalmente estaba todo listo. En dicho momento, el Capitán de Navío Degrange me indicó que designara a un Oficial para enviarlo a Malvinas con la instalación, a lo que le respondí que iría yo por ser quien conocía en detalle lo que habíamos hecho, además de haber diseñado los circuitos que se habían injertado para hacer la ITB. Se coordinó todo y cargamos los dos carretones en sendos C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina.

Puerto Argentino



Simulador vector en el chatón rampa de lanzamiento durante las pruebas en Puerto Belgrano.

Partimos de Espora en los dos Hércules (yo viajaba en el que llevaba la ITB,) llegamos a Comodoro Rivadavia donde se armó el plan de cruce a las islas. A la noche decolamos con destino al archipiélago, volábamos en vuelo rasante para no ser detectados por algún radar enemigo. Era tan bajo el nivel de vuelo que el agua salpicaba el parabrisas del avión, no pudiendo éste virar, a menos que se elevara (cosa suicida pues sería un blanco fácil), ya que hundiría un ala en el agua. Cada media hora ascendíamos brevemente para dar un “golpe” de radar a fin de detectar si había algún buque enemigo, continuando luego rasante. Ínterin volábamos con la vista pegada a las ventanas del avión para visualizar si en el horizonte se alcanzaba a percibir la silueta de algún buque enemigo. Considero que los elogios recibidos por nuestros camaradas pilotos de transporte de la Fuerza Aérea y de la Armada, relacionados a su valor y profesionalidad, son más que merecidos por lo arriesgado de los vuelos, sobre todo en aviones de transporte.

Tras tres horas de vuelo fuimos informados de que el aeropuerto estaba siendo atacado, por lo que debimos regresar. Recién al tercer intento pudimos cruzar con los dos C-130. Esos vuelos fueron momentos de una increíble tensión ya que sentíamos estar en “un ataúd volador”.

Apenas arribados a Malvinas, pusimos a los dos carretones en un galpón de Puerto Argentino. Al día siguiente, el Contraalmirante Otero me asignó a los Tenientes de Fragata de Infantería de Marina Edgardo Rodríguez y Mario Abadal para que colaboraran conmigo en el empleo del sistema. A ellos se sumó el Teniente de Fragata de Infantería de Marina Carlos Ríes Centeno, que se encontraba ya retirado y a la sazón productor de “La Aventura del Hombre”, que se encontraba con un equipo de filmación en las islas. A todos les expliqué el funcionamiento de la ITB y cómo se debía proceder para efectuar un lanzamiento.

Luego se sumó a Ríes Centeno el Sargento Eduardo Sánchez (Ejército Argentino) que operaría el Radar RASIT, único radar portátil disponible para que nos proveyera de los datos correspondientes al blanco, pese a que era un radar de vigilancia terrestre.

El RASIT daba los datos en milésimas y dado que el sistema Exocet opera con la información en grados y kilómetros, calculamos una tabla de conversión para poder alimentar los datos al sistema. Además, se debían efectuar otros cálculos, que también tabulé, ya que la ITB era tan precaria que algunos datos los introducía, mediante el uso de potenciómetros, ajustando el valor de cada tensión medida con un “tester”.
El sistema era transportado en los dos chatones ya mencionados, más un carretón para llevar los misiles ya que no podíamos desplazarlos en el chatón de lanzamiento que habíamos previsto. Merced a una grúa se montaban en el chatón de lanzamiento. Luego de ello se alineaba la línea del eje del chatón de lanzamiento con el eje neutro del RASIT y se comenzaba el proceso de conexión de todo el sistema, puesta en marcha del generador y verificación que todo estuviese en orden.

Chatón con el generador y la ITB en Puerto Belgrano durante las pruebas.

El peso del sistema sólo permitía desplazarlo por el único camino asfaltado entre Puerto Argentino y el aeropuerto. Finalmente, para ponerlo en condiciones de tiro, debíamos atravesar el chatón sobre el camino, ya que era imposible hacerlo sobre la turba pues se hundiría irremisiblemente (a fin de ponerlo en condiciones de tiro).

Al oscurecer (alrededor de las 1800 horas) comenzaba la maniobra de montado, y el lanzador estaba en batería aproximadamente a las 2100. A eso de las 4 de la mañana comenzaba la maniobra de desmontaje para guardarlo en un galpón, a fin que con las primeras luces del día no se observase la instalación (según la información que se ha hecho pública, los ingleses nunca tuvieron noticia de la existencia del sistema).

El 6 de junio, a las 0100 hora aproximadamente, el RASIT “enganchó” un buque. Alimentamos los datos a la ITB y efectuamos todo el proceso para el lanzamiento, pero el misil “no salió”. Realmente sufrí una gran decepción, pero decidí repetir el procedimiento con el segundo misil.

En esa circunstancia no podía determinar si el problema era una falla de la ITB o del misil. Debido a lo precario de la instalación para realizar un nuevo lanzamiento debía esperar unos veinte minutos, tiempo en el que se “descargarían” los condensadores de los circuitos de la ITB y poder así alimentar con nuevos datos al sistema (realmente respondía a la designación de “berreta”). Como consecuencia de la excitación del momento, sin tomar el tiempo transcurrido efectuamos el segundo lanzamiento.

Aprecié en ese momento que había pasado cerca de media hora entre el lanzamiento fallado y el segundo, pero, según me contaría Ríes Centeno unos días después, fueron aproximadamente cinco minutos; la adrenalina hizo que en mi cerebro el reloj avanzara a inusitada velocidad. El misil salió, lo vimos perderse en la noche, sólo divisábamos la llama de la tobera. Aparentemente se había desviado hacia la derecha y no pudimos saber dónde cayó. Lo concreto fue que en ese momento habíamos efectuado el primer lanzamiento de un misil operativo MM-38 desde tierra, pero, por causas que no pude determinar en ese momento, no había adquirido el blanco.

Fue una gran frustración, se había probado que era factible el lanzamiento, pero no me podía explicar por qué el misil no había seguido la trayectoria prevista. Cuando días después Ríes Centeno me contó el tiempo que había trascurrido entre los dos lanzamientos, comprendí cuál había sido el error. Cabe agregar, como anécdota, que el rebufo del lanzamiento nos arrojó a los dos Tenientes y a mí varios metros hacia atrás. Uno de ellos “aterrizó” sobre una caja que contenía mis notas, tablas y apuntes, por lo que a oscuras debimos buscar los papeles que se habían desparramado.

Al día siguiente hicimos un requerimiento a Puerto Belgrano por más misiles y unos días después recibimos dos más.

En ese lapso revisé completamente la instalación detectando que no llegaba la alimentación de 400 ciclos. Con la ayuda del Sr. Sanders (del equipo de Ríes Centeno) descubrimos que se había quemado un diodo del regulador de tensión, casualmente, ¡el único componente inglés del sistema! Empecé a buscar un reemplazo encontrándolo en el Batallón Antiaéreo de la Infantería de Marina (BIAA) que comandaba el entonces Capitán de Corbeta IM Héctor Silva, que se hallaba posicionado en Puerto Argentino. Dentro del conjunto de repuestos del sistema “Tiger-Cat” tenían ¡exactamente el mismo diodo! ¡¡Realmente fue un milagro!!

Chatón con los misiles operativos en Puerto Argentino.

Cambiamos el diodo en cuestión y la ITB quedó otra vez en funcionamiento, y continuamos las noches siguientes poniendo en posición al sistema y retirándolo antes del amanecer. Así pasaban los días, pero ahora eran los buques ingleses los que no aparecían. No habían detectado la existencia de nuestro sistema, pero por razones desconocidas seguían rutas que no pasaban por la zona que nosotros podíamos batir con nuestro sistema.

Esta tensa espera provocó una anécdota que puso un toque de humor al dramatismo de la situación y que años después “bautizó” a la operación.

El Teniente de Fragata Rodríguez contó que cuando era Guardiamarina tuvo un ejercicio en el terreno de varios días de duración que fue agotador. Durante su transcurso, a uno de los Guardiamarinas se le ocurrió una noche, en tono de broma y para implorar la lluvia, a fin de suspender provisoriamente el ejercicio, danzar como los indios en las películas del Lejano Oeste alrededor de un árbol, imitando el cántico indio con un “Uka-Uka”. De inmediato y sin que nadie los viera, los Guardiamarinas procedieron a danzar según el ritual descrito. El hecho concreto, según Rodríguez, es que al día siguiente se descargó una lluvia de tal magnitud que tuvieron que evacuarlos pues se inundaba el terreno y consecuentemente suspendieron el ejercicio.

Primero me reí, pero finalmente y como una forma de combatir el frío, acepté la idea y a eso de las once de la noche del 11 de junio y en plena oscuridad, los Tenientes Rodríguez y Abadal y un Capitán de Fragata que era yo, sin que nadie nos viera dimos una vuelta alrededor de la ITB danzando el “Uka-Uka”. Volvimos a ocupar nuestros puestos en la ITB sin que nadie se hubiese percatado de “la travesura” y con la promesa de los dos Tenientes de no contar lo que habíamos hecho.

Unas tres horas después (no creo en las brujas, pero...), a eso de las de las 2 de la mañana del 12 de junio, un buque entró en la zona que batíamos con nuestro lanzador y Ríes Centeno lo captó con el RASIT, avisándonos que ya lo tenía al límite de su alcance.
Con toda premura realizamos el procedimiento y lanzamos un misil viéndolo alejarse por el brillo de la tobera en la oscuridad de la noche. Luego vimos un corto fogonazo, que después supe fue un misil Sea Cat que lanzó el buque contra el Exocet, y enseguida una explosión que iluminó todo el horizonte y se reflejó en las nubes bajas. El misil había hecho impacto en el crucero liviano Glamorgan (después, reparado y modernizado, pasó a formar parte de la Escuadra de Mar de Chile).

Todos los puestos de las unidades de Infantería de Marina y Ejército que estaban en las alturas vieron el lanzamiento (en realidad la estela del propulsor del misil en la oscuridad) y de manera simultánea todos informaban la novedad, por lo que momentáneamente se saturaron los canales de comunicación. Al día siguiente, durante la noche los ingleses no aparecieron frente a Puerto Argentino y por supuesto no hubo cañoneo naval.

Cuando a la siguiente noche quisimos volver a instalar la ITB, la grúa que nos permitía colocar los misiles quedó fuera de servicio, de manera que no pudimos entrar en posición y ya estábamos al final de la guerra.

Destrucción del hangar, helicóptero y boquete en cubierta hangar del HMS Glamorgan.

En la mañana del 14 junio estábamos recibiendo un fuerte cañoneo naval. El Batallón 5 de Infantería de Marina que comandaba mi compañero, el entonces Capitán de Fragata de Infantería de Marina Hugo Robacio, había agotado su munición y prácticamente lo mismo ocurría con otras unidades. Cuando la caída ya era algo inminente, junto con el Teniente Rodríguez nos preparamos con unas granadas de mano para volar la ITB, pero el Contraalmirante Edgardo Otero luego de preguntar si los ingleses tenían el sistema Exocet y ante mi respuesta que sí lo tenían, ordenó: No destruyan la ITB ya que no van a aprender nada nuevo sobre el Exocet, pero verán con qué le dimos a un buque de ellos, y así conocerán la capacidad de la Armada Argentina.

Zona de lanzamiento desde Malvinas del MM-38 desde la ITB.

En la posguerra

Después de la guerra, y según lo dispuesto por la Armada, mantuve dos entrevistas con periodistas. Al cumplirse el vigésimo aniversario de la guerra, un canal de TV inglés obtuvo el permiso para entrevistar y filmar a varios de los que tuvimos participación en el conflicto. A raíz de ellas, tuve la oportunidad de que se pusiera en contacto conmigo a través del correo electrónico el oficial inglés que estaba de guardia en el puente de comando del Glamorgan cuando recibió el impacto del misil, e intercambiamos saludos.

También de enterarme que, como es de conocimiento público, los ingleses vendieron a la Armada Chilena un sistema llamado Excalibur (y que según fuentes francesas los ingleses tenían instalado en el Peñón de Gibraltar), que no es otra cosa que nuestra ITB, pero por supuesto mejorada y no armada en forma improvisada.

La derrota no es un evento deseado y cuesta trabajo superar el sentimiento de rabia e impotencia que se soporta, más aún cuando se ha sufrido la humillación de convertirse en prisionero de guerra. El éxito técnico que significó el lanzamiento efectivo podrá ser una satisfacción personal de todos quienes hemos participado desde su concepción hasta su concreción, pero me queda, particularmente, el gran interrogante: ¿qué hubiese ocurrido si en lugar de fallar el primer lanzamiento el mismo hubiese sido efectivo?, ¿habría tenido un efecto favorable a nuestra posición en el devenir de las circunstancias? Nadie lo puede saber ni lo sabrá jamás.

Deseo que sea este artículo mi homenaje y agradecimiento a todos los que de distinta forma colaboraron en la inédita experiencia y al mismo tiempo un incentivo para que las nuevas camadas de Oficiales de la Armada asuman los desafíos que les presentan las nuevas circunstancias.

Finalmente, no puedo dejar de agradecer a mis dos hijos, quienes en aquellos momentos se presentaron como voluntarios para ir a Malvinas, y a mi esposa que, además de desconocer mi paradero durante más de un mes, soportó con estoicismo, como muchas otras madres, la angustia de pensar que podría perder para siempre a sus hijos.

(*) El Contraalmirante VGM (R) Julio Marcelo Pérez cursó estudios en el Colegio del Salvador. Egresó de la Escuela Naval en 1958 como Guardiamarina y alcanzó el grado de Contraalmirante, retirándose del servicio activo en 1992. Realizó estudios de Ingeniería Electromecánica orientación electrónica en la Facultad de Ingeniería de la UBA y posgrado en Control y Guiado en la Universidad de Roma (Italia. 1967-68). Profesor en universidades estatales y privadas argentinas nombrado por concurso. Se desempeñó como Rector del Instituto Universitario Naval y actualmente es asesor del director de Educación Naval. Condecorado por la Armada Argentina y el Congreso Nacional por el diseño, construcción y operación de un sistema misilístico Exocet operado desde tierra con el que, durante el conflicto del Atlántico Sur, dejó fuera de combate al crucero liviano HMS Glamorgan. Condecorado por el gobierno francés con la “Ordre National du Mèrite” en el grado de Comandante.



[1] Las acciones desarrolladas en Grytviken fueron relatadas en el artículo: “El sacrificio heroico de la Guerrico” del Capitán de Navío de Infantería de Marina, retirado Jorge Errecaborde, publicado en el ejemplar Nº 2 de La Gaceta Malvinense de la Asociación de Veteranos de la Guerra de Malvinas.


4 de enero de 2020

MALVINAS, A 187 AÑOS DE LA USURPACIÓN BRITÁNICA


Por Mariano Roca

El 3 de enero de 1833, una corbeta británica se presentó en Puerto Soledad y obligó a la rendición de los argentinos que vivían en las islas. Foto: Archivo DEF.
El 3 de enero de 1833, una corbeta británica se presentó en Puerto Soledad y obligó a la rendición de los argentinos que vivían en las islas. Foto: Archivo DEF.

“La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional”. La Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional, según el texto aprobado en 1994, hace mención al reclamo irrenunciable de nuestro país sobre las islas del Atlántico Sur. Se trata de una política de Estado, que las distintas fuerzas políticas con representación en el Congreso plasmaron en la denominada “Declaración de Ushuaia”, aprobada en febrero de 2012, en la que se deja constancia que la disputa entre la Argentina y el Reino Unido sobre esos territorios debe resolverse “pacíficamente”, conforme a las recomendaciones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

Tal como señaló el diplomático argentino José María Ruda ante el Subcomité III de Naciones Unidas, en su célebre alegato del 9 de septiembre de 1964, “los ingleses jamás habían poseído efectivamente la totalidad del Archipiélago de Malvinas antes de 1833”. El Reino Unido solo había fundado en 1765 el fuerte de Puerto Egmont, en un islote llamado Saunders. Luego de un incidente con la Corona española, las fuerzas británicas abandonaron definitivamente el islote el 22 de mayo de 1774. Si bien al retirarse quedó una placa de plomo –luego removida por los españoles– que dejaba sentado el supuesto reclamo soberano británico, el mismo se limitaría a ese punto y no a todo el archipiélago. Así lo explicó Ruda: “La Falkland’s Island, o sea, el posesivo singular, unido a la aceptación británica de la posesión española de Puerto Soledad, demuestra que las pretensiones inglesas estuvieron limitadas, en la época en que estuvieron en Puerto Egmont, a este establecimiento exclusivamente y no a todo el archipiélago”.

El Reino Unido solo había fundado en 1765 el fuerte de Puerto Egmont, en un islote llamado Saunders, y sus pretensiones estuvieron limitadas inicialmente a ese establecimiento y no a todo el archipiélago.

Mientras tanto, una Real Cédula de la Corona Española del 2 de octubre 1766 había creado la Gobernación de las Islas Malvinas, dependiente de la Capitanía General de Buenos Aires. Entre 1767 y 1811 se sucedieron en el cargo 32 gobernadores. Por lo tanto, siguiendo siempre lo argumentado por el embajador Ruda, “después del abandono voluntario de Puerto Egmont en 1774, España quedó señora indiscutible e indiscutida de las islas Malvinas, ejerció la soberanía absoluta en ellas, las ocupó y designó autoridades, sin la menor protesta por parte de Gran Bretaña”. Esta soberanía española se transmitiría, luego de la declaración de independencia, la actual República Argentina tomó posesión formal de las islas en 1820 con la expedición de la fragata “La Heroína”. 

El Reino Unido solo había fundado en 1765 el fuerte de Puerto Egmont, en un islote llamado Saunders. Foto: Archivo DEF.
El Reino Unido solo había fundado en 1765 el fuerte de Puerto Egmont, en un islote llamado Saunders. Foto: Archivo DEF.

“En ningún momento, detallaba Ruda en su alegato, Inglaterra objetó el establecimiento argentino en las islas Malvinas, a pesar de que se habían realizado actos jurídicos sumamente importantes entre las dos partes, como la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, en febrero de 1825”. Recién en noviembre de 1829 se produciría la protesta de Londres por la creación de la comandancia política y militar con sede en Puerto Soledad, decisión que había sido adoptada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez, en ejercicio del manejo de las relaciones exteriores que le habían delegado las demás provincias argentinas, ante la ausencia de un gobierno central.

El 3 de enero de 1833 se produjo la usurpación del Reino Unido, la ocupación por la fuerza de Puerto Soledad y la expulsión de los habitantes argentinos de las islas. Este último es un punto clave para entender el porqué de la inaplicabilidad del principio de libre determinación o “autodeterminación” en el caso de la población isleña, compuesta mayoritariamente por colonos británicos instalados allí luego de la ocupación. En ese sentido, Ruda sentó jurisprudencia respecto de la posición argentina: “La aplicación indiscriminada del principio de libre determinación a territorios tan escasamente poblados por nacionales de la potencia colonial pondría el destino de dicho territorio en manos de la potencia que se ha instalado por la fuerza, en violación de las más elementales normas del derecho y de la moral internacional”. Es por ello que la diplomacia argentina ha venido sosteniendo históricamente la incompatibilidad entre los principios de libre determinación y de descolonización del territorio de Malvinas e islas del Atlántico Sur.

Martín Rodriguez, en ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, envió al primer comandante político-militar argentino a las islas en 1829. Foto: Archivo DEF
Martín Rodríguez, en ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, envió al primer comandante político-militar argentino a las islas en 1829. Foto: Archivo DEF

El principio de libre determinación de los pueblos no es aplicable al caso de Malvinas, ya que los habitantes argentinos de las islas fueron expulsados en 1833 y reemplazados por colonos británicos.

En diciembre de 1965, con 87 votos a favor, ninguno negativo y 13 abstenciones, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, “tomando nota de la existencia de una disputa entre los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido” y los invitaba a proseguir las negociaciones “a fin de encontrar una solución pacífica al problema”. Desde entonces y hasta abril de 1982, las autoridades de Buenos Aires y Londres prosiguieron las conversaciones, bajo el denominado “paraguas de soberanía” para avanzar en cuestiones prácticas de comunicación entre las islas y el continente sin renunciar a la reivindicación soberana. En ese marco, entre 1971 y 1982, Líneas Aéreas del Estado (LADE) mantuvo vuelos regulares desde Comodoro Rivadavia hasta Puerto Argentino.

En cuanto al fondo de la controversia, fuentes que participaron de las negociaciones aseguraron que se llegó a analizar la fórmula del denominado “retroarriendo” o leaseback, consistente en la continuidad de la ocupación británica reconociendo la soberanía de nuestro país sobre el archipiélago y dejando establecido que el traspaso de las islas a la Argentina se haría efectivo luego de un determinado lapso de tiempo, que podría haber sido de 99 años. Fue la solución que se implementó en el caso de Hong Kong, territorio finalmente restituido por el Reino Unido a la República Popular China en julio de 1997 luego de 156 años ocupación.

“La Heroína” fue la fragata con la que Argentina supo tomar posesión formal de las islas en 1820. Foto: Archivo DEF.
“La Heroína” fue la fragata con la que Argentina supo tomar posesión formal de las islas en 1820. Foto: Archivo DEF.

El diálogo entre los gobiernos argentino y británico se interrumpió en abril de 1982, cuando nuestro país recuperó militarmente las islas, lo que dio paso al posterior conflicto bélico que concluyó en mayo de ese año. Las relaciones diplomáticas y consulares con el Reino Unido se restablecieron recién en 1990, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Con distintas estrategias diplomáticas, los sucesivos gobiernos de la democracia han mantenido la reivindicación soberana sobre Malvinas e islas del Atlántico Sur, que son parte integrante de la provincia de Tierra del Fuego desde mayo de 1990, de acuerdo con la Ley 23.775 sancionada por el Congreso Nacional.

Fuente: https://www.infobae.com

3 de enero de 2020

MALVINAS: CARDOZO Y ARO MERECEN EL NOBEL DE LA PAZ


Por Eduardo Amadeo (*)

Julio Aro y Geoffrey Cardozo (Captura de video)
Julio Aro y Geoffrey Cardozo (Captura de video)

La Reina de Inglaterra ha decidido nombrar al Coronel Geoffrey Cardozo “Comendador de la Orden del Imperio Británico” (CBE) por su aporte a las relaciones entre el Reino Unido y la República Argentina. Como bien se explica en un artículo reciente de Infobae, Cardozo tuvo la misión original de dar honrosa sepultura a decenas de cuerpos de soldados argentinos caídos en las batallas de las Islas, dando así origen al cementerio de Darwin. Luego, con Julio Aro, veterano de Malvinas, comenzaron una tarea que significó la identificación de 115 de nuestros héroes y permitió así a sus familiares contar finalmente con una tumba reconocida en las Islas.

Entre las muchas emocionantes relaciones que se desarrollaron en esta gesta, cabe mencionar la presencia del Equipo Argentino de Antropología Forense; los familiares, la periodista Gabriela Coccifi, ambas embajadas y ministerios, empresas privadas que colaboraron, el músico Roger Waters y enorme cantidad de ciudadanos que acompañaron desde diversos ámbitos esta fantástica epopeya de humanidad.

María Fernanda Araujo, presidenta de la Comisión de Familiares, contaba emocionada cómo en sus viajes a las Islas fue desarrollando diálogos y amistades, incluyendo cervezas en el pub de Puerto Argentino, con habitantes que miraban con enorme desconfianza la presencia argentina.

El trabajo de Cardozo y Aro tuvo también el mérito de proponer otra mirada a los “halcones” que insistían en seguir manteniendo el camino de la confrontación como único eje posible de la relación bilateral alrededor del tema Malvinas.

La cuestión Malvinas, por razones muy comprensibles, es central en los sentimientos de los argentinos y en el mensaje diplomático que nuestro país da cotidianamente al mundo. La manda constitucional plantea además una obligación jurídica y política a los gobiernos: “La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino".

Pero ese mandato puede incorporar múltiples interpretaciones. Tiene sin duda una base mínima y esencial en sostener el reclamo diplomático; buscar aliados en el campo multilateral; hacer el mejor uso posible de las oportunidades que se presenten en el campo del derecho internacional y protestar firmemente cuando el Reino Unido viola los acuerdos básicos de convivencia.

De allí en adelante, nuestros avances dependen de una combinación de inteligencia y audacia sostenidas por un eje central, que es el diálogo.

El gobierno del presidente Macri logró grandes avances en múltiples campos, recuperando una estrategia que había avanzado tanto hasta 1972 y que interpreta a la soberanía en Malvinas como un punto de llegada donde lo esencial es la paz construida desde los intereses comunes, incluyendo a los isleños.

Cuando la cuestión Malvinas se mira con esta óptica, las oportunidades de avance son enormes; en especial si consideramos las necesidades objetivas que tienen los isleños para sostener su economía y lograr una mejor calidad de vida. Basta analizar la reacción de los “halcones” de uno y otro lado ante el aumento de los vuelos desde el continente: saben que más contacto es más acercamiento y por tanto menos posibilidad de violencia.

Pero más allá de su relación con la cuestión diplomática, la gesta de Cardozo y Aro tiene un enorme valor intrínseco: demuestra que la humanidad puede vencer a los prejuicios que arrastran los pueblos que se han enfrentado en guerras. Y por eso es un ejemplo que, con múltiples formas, podría repetirse en tantos países que tienen aún heridas abiertas. Solo por eso, Cardozo y Aro merecen el Premio Nobel de la Paz; y sería muy bueno que nuestro Gobierno promoviera esta iniciativa con el apoyo de todo el arco social y político.

(*) El autor es diputado nacional (Cambiemos)

Fuente: https://www.infobae.com

2 de enero de 2020

EL CORONEL GEOFFREY CARDOZO RECIBIÓ UNA DE LAS MÁS ALTAS CONDECORACIONES DEL REINO UNIDO POR SU LABOR HUMANITARIA EN LAS ISLAS MALVINAS



En 1982, le fue encomendada la tarea recoger los cuerpos de los campos de batalla y darles digna sepultura en Darwin. Su trabajo fue fundamental en el proceso de identificación de los caídos en el conflicto bélico.

El coronel Geoffrey Cardozo regresó a las islas para ayudar en la exhumación de los cuerpos no identificados  
El Coronel Geoffrey Cardozo regresó a las islas para ayudar en la exhumación de los cuerpos no identificados

El Coronel Geoffrey Cardozo recibió una de las condecoraciones más destacadas del Reino Unido por su trabajo humanitario en las Islas Malvinas. El oficial retirado de la armada británica fue el responsable de haberle dado sepultura en 1983 a los argentinos caídos durante la guerra y estuvo a la cabeza del Plan de Proyecto Humanitario destinado a la identificación de los cuerpos que anteriormente yacían bajo la placa “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.

El sistema de honores británico reconoce a personalidades que hayan tenido logros importantes en su vida pública y servido a Gran Bretaña. Para esto existe un Comité de Honores que envía la recomendación al Primer Ministro y luego a la Reina. Sin embargo, cualquier persona del público puede nominar a alguien para un Honor. Este año, por ejemplo, el más joven es un adolescente de 13 años que recaudó mucho dinero para la investigación del cáncer y el mayor un ex combatiente en la Segunda Guerra Mundial de 103 años que fue de gran ayuda para otros veteranos.

El coronel Cardozo durante su trabajo en las islas en 1982 (Foto: Geoffrey Cardozo)  
El Coronel Cardozo durante su trabajo en las islas en 1982 (Foto: Geoffrey Cardozo)

Cardozo fue nombrado como Comendador de la Excelentísima Orden del Imperio Británico (CBE), un reconocimiento otorgado al liderazgo a nivel regional o por una contribución distinguida e innovadora en cualquier área. En este caso, el honor es otorgado por su aporte a las relaciones entre el Reino Unido y la República Argentina. Según explicó el Coronel a Infobae, “el Palacio de Buckingham te invita a recibir esa condecoración de parte de la Reina en una de varias ceremonias de investidura que se llevarán a cabo en los próximos 6 meses”.

“Apenas puedo creer el increíble honor que se me ha otorgado. Estoy increíblemente agradecido y me siento privilegiado como un humilde miembro de un equipo mucho más grande y trabajador”, expresó Cardozo respecto a la labor realizada en las Islas Malvinas en 1983, cuando tenía 32 años y trabajaba en tareas logísticas en el Ministerio de Defensa en Londres.
        
Después de haber sido designado como el encargado de ocuparse y mantener la disciplina de los hombres que habían sobrevivido a la guerra, se topó con decenas de cuerpos de soldados argentinos enterrados en los campos de batalla y empezó una ardua tarea que duró meses para darles honorífica sepultura y derivó en la construcción del cementerio de Darwin.

El cementerio de Darwin lleva ahora lápidas con los nombres de los soldados identificados (Lihueel Althabe)
El cementerio de Darwin lleva ahora lápidas con los nombres de los soldados identificados (Lihueel Althabe)

En 2008, el destino hizo que Cardozo fuera invitado a una reunión con veteranos argentinos e ingleses, donde oficiaría de traductor. Allí conoció a Julio Aro, veterano de Malvinas, que había viajado junto a otros ex combatientes, para conocer cómo trabajaban los ingleses para ayudar a los soldados que volvían con estrés post traumático. Allí, en una charla profunda, conoció su dolor por las historias de sus compañeros no identificados y decidió entregarle el documento que él había realizado en 1983 cuando inhumó los cuerpos: “Ustedes van a saber qué hacer con esto”, le dijo. Ahora, 37 años más tarde, 115 caídos ya fueron identificados en el marco del Plan Proyecto Humanitario y tienen una lápida con su nombre es las islas.

  
“Es el mensaje de paz más poderoso que una nación, representada por nuestra Reina, podría enviar a la gente de otra. Soy extremadamente afortunado de ser el mensajero. Pero el equipo al que pertenezco es enorme. Comprende a ambos gobiernos, cada miembro de la embajada en Buenos Aires a cargo de Mark Kent y Carlos Sersale, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), la Fundación No Me Olvides a cargo de mi querido amigo Julio Aro y el apoyo de Gaby Cociffi”, agregó Cardozo, citando por último a la directora editorial de Infobae.

Cardozo agradeció también a “la Comisión de Familiares bajo María Fernanda Araujo, innumerables veteranos y sus asociaciones, periodistas, otras personas comunes como yo y, lo más importante, a las familias de los caídos que, con sus heroicos hijos jóvenes, han sido la fuerza impulsora detrás de gran parte de nuestro trabajo”. Tanto Kent, embajador del Reino Unido en la Argentina, como el EAAF saludaron y destacaron el reconocimiento hacia Geoffrey Cardozo.


“Ha sido una labor de amor, de dignidad y de humildad. Y ha marcado una verdadera diferencia en las relaciones bilaterales entre nuestros dos pueblos, que han pasado constante y firmemente del conflicto a la colaboración. Hemos recuperado los nombres de tantos caídos y el respeto por nosotros mismos como seres humanos. Todavía queda mucho trabajo por hacer, pero el mensaje de este Año Nuevo nos da la esperanza para continuar con coraje y confianza", continuó el Coronel.

Pero no será la primera vez que Cardozo conozca a la Reina: "En 1983 su Majestad me nombró miembro de la Orden Excelentísima del Imperio Británico (MBE) después del conflicto de 1982. También en 1994, cuando ayudé a organizar las celebraciones del Día-D del Desembarco en Normandía”.

Fuente: https://www.infobae.com