25 de abril de 2019

FUERZA AÉREA: UNA CARRERA CONTRARRELOJ



Pese a las serias falencias con que contaba y la desventaja para atacar, así fue el despliegue de la Fuerza Aérea entre el 2 de abril y su histórico Bautismo de Fuego el 1º de mayo de 1982.

 
Abril de 1982. Operarios armando cañones de Mirage en la Base Aérea Militar San Julián. 

 
Abril de 1982. Base Aérea Militar San Julián. Formación de la mañana de los pilotos de M5 Dagger y A4C. 

Por Gustavo Córdoba

En la tarde del 1° de abril de 1982, el jefe de la I Brigada Aérea de El Palomar, Brigadier Enrique Ramón Valenzuela, y el jefe del Grupo 1 de Transporte Aéreo (GT 1), Comodoro Jorge Francisco Martínez, citaron a los pilotos de la unidad y les informaron que, en pocas horas más, debían despegar hacia la ciudad de Comodoro Rivadavia. El GT 1 debía ejecutar una operación aerotransportada, participar en la ocupación del aeródromo de las islas Malvinas y establecer un puente aéreo con el continente, a los efectos de satisfacer los requerimientos emergentes de la situación.

Para su ejecución se elaboró un Plan de Operaciones que comprendía cuatro fases: Alistamiento, Despliegue, Asalto Aéreo y Sostenimiento. El material aéreo previsto estaba constituido por las siguientes aeronaves: cuatro aviones Hércules C-130, para el traslado de personal y material; cinco Fokker F-28, para el traslado de personal; un IA-50 Guaraní II, para tareas de enlace y un Fokker F-27, para tareas de búsqueda y salvamento.

El primer C-130 en partir sería el TC-68, piloteado por el Comodoro Carlos Beltramone, que despegó hacia Malvinas a las 05:15, trasladando al Estado Mayor del Componente Aéreo del Teatro de Operaciones Malvinas conjuntamente con los siguientes elementos y medios de la Fuerza Aérea Argentina: un Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Fuerza Aérea, un radar móvil, un equipo de control de transporte aéreo, una terminal aérea de cargas, cajones con planchas de aluminio para la ampliación de la plataforma de estacionamiento en el aeródromo de Malvinas, un escuadrón de Vigilancia y Control Aéreo de la Fuerza Aérea y un escuadrón de Servicios Generales y especiales de la Base Aérea Militar, a establecerse en el Aeródromo Malvinas (AD MLV); como así también efectivos del Ejército.

Para ese entonces el Aeródromo Malvinas se encontraba obstruido para el aterrizaje con máquinas viales y vehículos volcados por los marines británicos. La remoción fue realizada por efectivos del Regimiento de Infantería 25 (RI 25) y del Batallón de Infantería de Marina 2 (BIM 2).

En virtud de la situación táctica a las 08:30 el Hércules TC-68 se constituyó en el primer avión que aterrizó en Puerto Argentino. El resto de los C-130 y los F-28 arribarían ese mismo 2 de abril, antes del mediodía gracias al rápido accionar del GOE que tras ocupar y revisar el Aeródromo entregó las dependencias a los encargados de establecer los servicios necesarios tanto para el funcionamiento del Aeródromo como para el control del espacio aéreo en el ámbito de Malvinas.

PUENTE AEREO

A partir de ese momento los medios de transporte de la Fuerza Aérea mantuvieron el puente aéreo entre el continente y Malvinas además de realizar tareas de exploración y reconocimiento lejano entre otras operaciones tácticas al este de las islas.

Por otra parte, en las Islas Malvinas se organizó el Componente Aéreo del Teatro de Operaciones Malvinas (TOM), compuesto por los siguientes elementos: el Comandante y su Estado Mayor, la Base Aérea Militar Malvinas (BAM MLV), el Escuadrón del Grupo 2 de Vigilancia y Control Aéreo con el radar Westinghouse AN/TPS-43F, el Centro de Información y Control (CIC), la Compañía de la BAM Malvinas, el Escuadrón de Artillería Antiaérea Malvinas, el Grupo de Operaciones Especiales (GOE), la Central de Comunicaciones de la Fuerza Aérea, el Escuadrón Sanidad en BAM Malvinas y Hospital Puerto Argentino, la Red de Observadores del Aire (ROA), un Escuadrón de doce aviones IA-58 "Pucará" y una Batería de Artillería Antiaérea.

En el continente se encontraba la Fuerza Aérea Sur (FAS), a cargo del Brigadier Crespo con su Estado Mayor en Comodoro Rivadavia, el cual comandaba las siguientes unidades operativas: Base Aérea Militar Trelew (Escuadrón MK 62), IX Brigada Aérea en Comodoro Rivadavia (Escuadrón C-130, Escuadrón Fénix y Escuadrón M-III), Base Aérea Militar San Julián (Escuadrón A-4B y Escuadrón M-5), Base Aérea Militar Santa Cruz (Escuadrón IA-58), Base Aérea Militar Río Gallegos (Escuadrón A-4B y Escuadrón M-III) y Base Aérea Militar Río Grande (Escuadrón M-5). También se constituyó en el continente el Comando Aéreo de Defensa (CAD), encargado de la defensa aérea continental, compartiendo con la FAS aquellos medios aéreos aptos para la vigilancia y control aeroespacial, como ser el Mirage III E.

Conforme a la doctrina de ese entonces los Comandos de Material, Regiones Aéreas e Instrucción conformarían el Comando Logístico de la Fuerza Aérea que debía apoyar con todos los medios disponibles a los comandos creados recientemente para tal fin, así, por ejemplo, se desplegó personal de distinta jerarquía y especialidad desde los Institutos de formación a militar hacia las distintas bases desplegadas tanto en el continente como en las Islas.

En esta fase, el peso de la operación caería sobre el Comando Aéreo de Transporte, que tras ser reforzado con aviones civiles desarrollaron un incesante puente aéreo; en tanto la aviación de combate se instruía y capacitaba en tareas ajenas a su misión, el ataque a blancos navales.

En tanto se mantenían las misiones de responsabilidad primaria de la Fuerza Aérea: la defensa aérea tanto de los centros de poder como de las unidades desplegadas en el continente, el transporte en el continente, el puente aéreo a Malvinas, el reabastecimiento en vuelo de las escuadrillas de combate, vuelos de velo y engaño para distracción del enemigo y de rescate.

A esta actividad, se le agregarían luego una serie de tareas de vital importancia que incluirían operaciones aeromarítimas tales como las misiones para conocer la ubicación y composición de las formaciones enemigas, y el ataque a objetivos navales de combate y de transporte o logísticos de importancia estratégica para el devenir del conflicto.

EL BLOQUEO

El 12 de abril a las 04:40 de la madrugada comenzó a hacerse efectivo el bloqueo británico, quien unilateralmente había declarado la Zona de Exclusión Marítima (MEZ) con centro en Malvinas y en un radio de 370 kilómetros. Cualquier buque de guerra argentino o auxiliar de la Armada que entrase en la Zona de Exclusión Marítima sería atacado por los británicos, y en especial, por sus submarinos de propulsión nuclear.

Esto provocó un mayor esfuerzo para la Fuerza Aérea pues al no existir un planeamiento posterior al 2 de abril, el Comando de Transporte de la Fuerza Aérea debió satisfacer tanto lo requerido en el continente para el traslado de unidades completas del Ejército Argentino y de los escuadrones aéreos de combate en el sur del país como el puente aéreo implementado. No obstante, durante todo el mes de abril se trasladó 5500 toneladas de carga y 9800 hombres, totalizando 420 aterrizajes. Ello sin contar los vuelos realizados desde el 2 de abril hasta el 1° de mayo con vuelos de cabotaje al Teatro de Operaciones Sur (TOS) a través de los Boeing B-737 de la empresa Aerolíneas Argentinas, operando desde el aeropuerto de Ezeiza; y BAC 1-11 de la empresa Austral, operando desde Aeroparque.

En ese escaso tiempo y conforme avanzó la situación, finalmente las unidades de combate en el continente quedaron desplegadas de la siguiente manera: BAM Trelew (Chubut) con seis aviones MK-62 Canberra; en la IX Brigada Aérea (Comodoro Rivadavia, Chubut), se concentraron el Escuadrón de Transporte, integrado por siete aviones C-130 y dos KC-130, el Escuadrón Fénix con cinco aviones Lear Jet LR-35; el escuadrón de búsqueda y salvamento con aviones F-27, DHC-6 Twin Otter y helicópteros Bell 212CH-47 Chinook, y un escuadrón de caza interceptora compuesto por cuatro aviones Mirage M-III E y cuatro M-5; en la BAM San Julián (Santa Cruz), un escuadrón de caza y bombardeo, formado por quince aviones A-4C Skyhawk; y en la BAM Santa Cruz con un escuadrón de ataque compuesto por ocho aviones IA-58 Pucará. En Río Gallegos (Santa Cruz), se concentraron dos escuadrones de caza y bombardeo, conformada por diez aviones A-4B y seis M-III y a la BAM Río Grande (Tierra del Fuego), fueron trasladados ocho aviones M-V Dagger.

EL RETO DEL AIRE

Para la Fuerza Aérea la posibilidad de un enfrentamiento era un tremendo desafío, ya que no se hallaba preparada específicamente para el teatro de operaciones que se le presentaba; por lo tanto, ni los sistemas de armas que disponía, ni el adiestramiento de su personal estaban previstos para un conflicto de la naturaleza, del que se avecinaba, eminentemente naval.

En el caso Malvinas, la distancia ofrecía graves limitaciones por varios factores: precisión requerida en la navegación; excesivo consumo de combustible; escaso tiempo disponible para encontrar la zona de combate, identificar el blanco y combatir; probabilidad de meteorología adversa en alguno o en varios de los segmentos de la navegación y especialmente en el blanco; la fatiga propia de la travesía sumada a la tensión; y mayor probabilidad de fallas, entre otras.

El problema de la distancia tenía consecuencias no sólo en las probabilidades de causar efectos en cada operación de ataque, sino también en la cantidad de misiones que se podrían disponer para cada oportunidad. Pero, además, se hacía evidente que este factor impediría una permanencia constante de los aviones de combate sobre las islas, de modo que la defensa de las unidades militares quedaría supeditada a la Artillería Antiaérea (AAe) como último recurso de la Fuerza Aérea para ejercer la Defensa Aeroespacial.

Los aviones de combate estarían en condiciones de alcanzar operativamente las Malvinas, en el límite de sus radios de acción. Se confiaba en la aptitud y la actitud de los pilotos; no obstante, generaba preocupación la falta de preparación para el combate aeronaval y la falta del armamento adecuado para enfrentar a un adversario naval superior tecnológicamente, con mejor equipamiento y, sin dudas, totalmente capacitados y adiestrados para el combate aeronaval.

SERIAS FALENCIAS

En este sentido, la Fuerza Aérea contaba con serias falencias y de gran importancia: escasez de material aéreo de gran autonomía, falta de radares de exploración adecuados, falta de capacidad de reabastecimiento en vuelo en los aviones M-V y M- III, limitada cantidad de tanques de combustible expulsables. Existencia de sólo dos aviones reabastecedores, falta de capacidad aire-aire de los Pucará o equipamiento adecuado (mira, radar y misiles), limitado armamento de los helicópteros, falta de equipos de detección de radares de tiro y de defensa contra misiles. Limitada longitud de la pista de Puerto Argentino y su reducida plataforma, falta de trajes anti-exposición para las tripulaciones. Falta de elementos de visión nocturna, falta de armamento adecuado para la lucha aeromarítima.

Para subsanar esta cuestión, la Fuerza Aérea Argentina acudió a la Armada Argentina y se realizó, en forma coordinada, una serie de ejercicios con la intervención de los destructores misilísticos Santísima Trinidad y Hércules del tipo 42, similares a los poseían las fuerzas navales del Reino Unido. De estos ensayos surgió un procedimiento que era el único que posibilitaba penetrar las defensas antiaéreas, descargar el armamento y obtener posibilidades de escape exitoso. Este procedimiento se basaba en una aproximación en vuelo rasante: el armamento estaría constituido por bombas, con el correspondiente retardo para que no abatiera al propio avión atacante y el escape también sería en vuelo rasante, hasta fuera del alcance de las armas del buque. Todas las unidades de la Fuerza Aérea tenían adecuado adiestramiento en procedimientos de tiro y bombardeo sobre objetivos terrestres, el cual incluía realizar bombardeo rasante, pero sobre el mar nada era sencillo.

SITUACION TACTICA

Respecto de la situación táctica, la FAA poseía la desventaja al atacar, no solo de la diferencia tecnológica sino además que el oponente tenía perfectamente sectorizado del lugar dónde iba a surgir el ataque debido a la escasez de autonomía.

Así pues, se previó el reabastecimiento en vuelo con dos KC-130 para los A-4B y A-4C, lo que permitiría mejores alternativas de aproximación a los objetivos y mayor tiempo de sobrevuelo de los blancos. Por su parte, dado que ningún avión de combate de la Fuerza Aérea disponía de equipos de alerta que le permitieran evitar el impacto de los misiles del enemigo, habría que prever los procedimientos adecuados para reducir la probabilidad de pérdidas.

La actividad de radar en la Fuerza Aérea Sur se realizó a través de los medios pertenecientes al Grupo 2 de Vigilancia y Control Aéreo que fueron asignados de la siguiente manera: un radar móvil en los siguientes sectores de defensa aérea (material Westinghouse AN/TPS 43 - W 430): Comodoro Rivadavia, BAM Gallegos; Rio Grande (GRA) y Malvinas. Posteriormente se agregaron, bajo control operacional de la FAS y operados por personal de FAA, cuatro radares Cardion MK II Alert pertenecientes al Ejército Argentino, los que fueron instalados en las siguientes bases aéreas: BAM Malvinas; BAM San Julián; BAM Santa Cruz; en tanto que la IX Brigada Aérea funcionaba como soporte y pañol de las anteriores -depósito de armamento, repuestos y herramientas- de Malvinas.

Esta distribución permitió el control de los vuelos, prácticamente en toda la costa y zona de responsabilidad, así como el apoyo para el cruce entre las islas y el continente. El uso dado al radar fue en general de detección, identificación, apoyo al control del tránsito aéreo y apoyo a las misiones de combate.

ORDEN DE OPERACIONES

El 4 de abril, al mediodía, la Base Aérea Militar Mar del Plata (BAM MDP) recibió la orden de operaciones del Comando Aéreo de Defensa, que disponía el siguiente movimiento de baterías: una batería Superfledermaus con cañones Oerlikon 35 mm al aeropuerto Puerto Argentino procedente de la 1a Batería; una batería Superfledermaus con cañones Oerlikon 35 mm a la BAM Gallegos; dos cañones Oerlikon de 35 mm a la BAM Gallegos procedente de la 1a Batería; una batería TCM de 20 mm a la IX Brigada Aérea Comodoro Rivadavia. Por su parte, el jefe de la BAM Mar del Plata dispuso que la 3a Batería con misiles de superficie-aire Roland, se destinara a Puerto Argentino.

El reconocimiento de la zona permitió detectar el terreno blando y húmedo, al punto de encontrar sectores intransitables. En consecuencia, se decidió ubicar las zonas más elevadas y secas, encontrando un sector apto de 300 por 200 metros, con visibilidad de 360 grados, quedando el problema reducido a buscar el camino de acceso más fácil.

El 6 de abril, a las 08:45, aterrizó el segundo C-130 trasladando la central de fuego, generadores, piezas de artillería y munición. A las 15:00 se completó el emplazamiento de la central de fuego de Artillería, fijándose la posición definitiva a 300 metros de la cabecera 27, 1500 metros al oeste del faro Penbroke, a 300 metros del mar del Norte y 300 metros del mar del Sur. Debido a que la batería estaba en una península angosta rodeada por playas, siendo fácil aislarla de Puerto Argentino, se tomaron medidas para disponer una defensa de las posiciones hasta tanto se recibieran refuerzos.

El Componente Aéreo de las islas contaba, dentro de su organización, con el Centro de Información y Control (CIC), que era el núcleo neurálgico para los ataques aéreos del oponente por ser el único sistema organizado y equipado para concentrar, registrar, evaluar y distribuir datos con rapidez; además de participar en el proceso de detección, identificación, interceptación y destrucción de todo incursor enemigo. En la central operativa del CIC se recibía y procesaba la información sobre la ubicación de aeronaves en el aire y buques en superficie. Luego se procedía a realizar una identificación aproximada de estos medios. Con el cuadro de situación aérea general se podía alertar a las unidades sobre posibles incursiones aéreas, para que cada mando pudiera adoptar las medidas necesarias. También se podía dirigir a los aviones interceptores hacia las aeronaves enemigas, o advertir a los tripulantes de aviones propios sobre la presencia de Patrullas Aéreas de Combate (PAC) de la Fuerza de Tareas Británica (Task Force) y servir de guía para evitar sus derribos.

El 29 de abril, doce aviones Pucará fueron desplegados a la BAM Cóndor, a modo de prevención, dado que se esperaba un ataque masivo a la BAM Malvinas. Para ello debían mantenerse a la orden del CIC, para realizar tareas de reconocimiento ofensivo y ataque a objetivos terrestres, en caso de que se necesitara, a fin de repeler cualquier intento de desembarco por parte de las fuerzas de asalto de la Task Force.

En tanto, en el sur del continente se mantenían tripulaciones en situación de alerta en tierra, con los aviones configurados para misiones de interceptación, con misiles aire-aire (Shaffrir, Matra o Magic). En las bases de despliegue no se descartaba una posible incursión aérea o la más probable de comandos, contra instalaciones y material de vuelo. Como medida preventiva se dispersaba parte de los aviones durante las horas nocturnas.

ATAQUE BRITANICO

A las 19:30 del 30 de abril, el comandante aéreo estratégico de la Real Fuerza Aérea (RAF) británica, Marshall Benthan, ponía en ejecución la primera fase de la operación Black Buck (Carnero Negro), que consistiría en una serie de incursiones de largo alcance, aproximadamente 13000 kilómetros de distancia entre ida y vuelta, con reabastecimiento en el aire por aviones cisterna Handle Page Victor.

En consecuencia, dos bombarderos Avro 698 Vulcan, comandados por el Mayor Reeve y el Capitán Withers, despegaron del aeródromo de la isla Ascensión cargados, cada uno, con veintiuna bombas de 1000 libras, aproximadamente unos 454 kilogramos, con el objetivo de inutilizar la BAM Malvinas. De los dos bombarderos, sólo el Vulcan del Capitán Withers pudo continuar, el Vulcan del Mayor Reeve sufrió un desperfecto de presurización a poco tiempo de despegar, teniendo que abortar la misión y regresar a la base en la isla Ascensión.

El Capitán Withers alcanzó su objetivo a las 04:40 del 1° de mayo, pero con dificultad, al tener que bombardear desde una altura considerable para no ser alcanzado por la artillería argentina. Finalmente, de las bombas lanzadas sólo una logra impactar sobre el borde de la pista de Puerto Argentino, a cuarenta metros de la cabecera 08, provocando un daño menor que fue rápidamente reparado por el personal de la Fuerza Aérea.

A su vez, la operación Black Buck fue apoyada por aviones de caza British Aeroespace Sea Harrier FRS.1 (FRS indica ataque, reconocimiento y bombardeo en inglés) volando desde los portaaviones británicos que navegaban en el Atlántico Sur.

Al mismo tiempo, la artillería antiaérea argentina se aprestaba a repeler los ataques de las aeronaves incursoras enemigas. En una de estas acciones, el Cabo Principal Almada dispara en ráfaga desde su puesto y logra derribar a uno de los cazas Sea Harrier. Sin embargo, esta primera instancia se cobra las vidas de los Soldados Héctor Ramón Bordón y Guillermo Ubaldo García, quienes se desempeñaban como centinelas de la Policía Militar de la Fuerza Aérea y se encontraban destinados a la vigilancia del aeródromo.

A las 04:43, el comando FAS en el continente impartió la orden de máxima alerta a sus unidades de combate desplegadas. Asimismo, luego de haber recibido las informaciones del ataque inicial enemigo, y ante la apreciación de que se producirían nuevas incursiones aéreas sobre los objetivos terrestres en Malvinas (radares y otras posiciones defensivas en Puerto Argentino), se ordenó el apresto de las secciones de aeronaves interceptoras Mirage M-III y M-V asentadas en los aeródromos de Río Gallegos, Río Grande y San Julián, armadas con misiles aire-aire Magic, Matra, Shaffrir y cañones, con la misión de dar cobertura a las posiciones argentinas mediante el combate aéreo con las aeronaves incursoras. Los pilotos argentinos esperaban las órdenes para entrar en acción. Comenzaba así, el Bautismo de Fuego de la Fuerza Argentina.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar

24 de abril de 2019

DOCUMENTO EXCLUSIVO: LAS TRES CARILLAS ESCRITAS A MANO QUE PODRÍAN HABER CAMBIADO LA HISTORIA QUE LLEVÓ A LA GUERRA DE MALVINAS


El encuentro secreto en Suiza entre los enviados de la Argentina y el Reino Unido un año y medio antes del conflicto armado. El documento confidencial que propuso que la soberanía fuera "transferida a la Argentina", con un acuerdo "al estilo Hong Kong". La reacción de los isleños y el final con escándalo

Por Juan Bautista Yofre

Miré el escrito con especial atención al observar el escudo del Reino Unido de la Gran Bretaña en cada una de sus páginas. El documento consta de tres carillas escritas a mano, no tiene fecha, carece de firma y habla sobre las islas Malvinas.

La primera página del documento que se elaboró en una reunión secreta en Suiza en septiembre de 1980 entre el enviado del Reino Unido y el representante de la Argentina
La primera página del documento que se elaboró en una reunión secreta en Suiza en septiembre de 1980 entre el enviado del Reino Unido y el representante de la Argentina

Está enmarcado porque para su dueño era un blasón que ennoblecía su gestión, aunque nunca lo mostro públicamente y, además, presumo, deseaba conservarlo en perfecto estado para las futuras generaciones. Como gesto especial se me permitió fotografiarlo y adelanté que habría de contar la historia del contenido del documento del que varios se han referido, pero ninguno lo mostró.

Los antecedentes del documento resaltan que en mayo de 1979 llegó al poder en Londres la dirigente conservadora Margaret Thatcher y se encontró con que el gobierno laborista había congelado las relaciones con la Argentina a principios de 1976, durante los meses finales del gobierno de María Estela "Isabel" Martínez de Perón.

Con la llegada de Thatcher al gobierno, lord Peter Carrington asumió como secretario del Foreign Office. A su vez, como subsecretario de Asuntos Latinoamericanos fue designado Nicholas Ridley, un personaje aséptico y fiel creyente de la política económica de la primera ministra.

En la Argentina gobernaba de facto Jorge Rafael Videla, su concuñado el Brigadier (RE) Carlos Washington Pastor era el canciller y el subsecretario de Relaciones Exteriores era el Comodoro Carlos Cavándoli.

Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, recibió un memorándum del Foreign Office que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos con la Argentina a fin de explorar soluciones políticas y económicas
Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, recibió un memorándum del Foreign Office que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos con la Argentina a fin de explorar soluciones políticas y económicas

En junio de 1979 Ridley viajó a Buenos Aires y el 12 se entrevistó con el subsecretario Cavándoli. En julio visitó Puerto Stanley donde el funcionario inglés observó el estado de irrealidad que vivían los isleños.

Allí discutió con los kelpers, isleños considerados por Londres de segunda categoría en esos años, sobre las ventajas de cooperación con la Argentina, aunque aclaró que ninguna solución será posible sin un visto bueno de ellos.

Observó: "Plantean, los isleños una amenaza completamente desproporcionada en relación con su tamaño".

Al retornar de las islas volvió a conversar con Cavándoli, acordando reponer a los embajadores que habían sido retirados en 1976.

En octubre de 1979, lord Carrington presentó a Margaret Thatcher y al Comité de Defensa un memorándum que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos a fin de explorar soluciones políticas y económicas "sin compromisos y sin apurar el asunto".

También advirtió que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo.

El informe que Carrington expuso fue tomado en el Informe Franks, realizado después de la guerra de 1982, contiene tres opciones: 
  • La fortaleza Falklands.
  • Negociaciones sin concesión de soberanía.
  • Sustanciales negociaciones respecto a la soberanía.

Tras algunos cabildeos diplomáticos, Cavándoli y Ridley volvieron a encontrarse en Nueva York entre los días 28 y 30 de abril de 1980 y en esas horas el funcionario inglés solicitó hablar en la intimidad con el aeronáutico argentino.

Cavándoli solo fue acompañado por el jefe de gabinete del canciller Pastor, Comodoro Carlos Felipe Bloomer Reeve. En la ocasión Ridley les hablo de la necesidad de una solución en el diferendo de las Malvinas y que convenir la cuestión de soberanía era imprescindible. Que cualquier solución debía coincidir con la voluntad de los "kelpers" y Cavándoli hablo de los intereses de los mismos.

Lord Peter Carrington le advirtió a Thatcher que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo
Lord Peter Carrington le advirtió a Thatcher que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo

Ridley se explayó en otros lineamientos que deberían tenerse en cuenta en el futuro, aunque afirmó en la reunión que debían ser acordados por Londres ya que todavía no eran oficiales. Pidió extremo secreto y "buena fe" en las conversaciones. Antes de despedirse les previno a los argentinos que debía discutir muy fuerte con el lobby que la Compañía de la Isla Malvinas (Falkland Island Company) y los sectores que apoyaban a los "kelpers" en el Parlamento.

El 30 de julio el Palacio San Martín recibió una propuesta de una reunión confidencial a realizarse en el próximo septiembre ya que Ridley ya tenía los lineamientos de su gobierno para negociar.

Entre los días 10 y 11 de septiembre de 1980, Ridley, el embajador Harding, Cavándoli y Bloomer Reeve se volvieron a encontrar en extremo secreto en un hotel en Coppet, cerca de Ginebra, Suiza. Antes de comenzar a hablar Nicholas Ridley afirmó que todas las decisiones que se acordaran en esa cumbre iban a ser aceptadas "ad referéndum" de los miembros del gabinete y la señora Thatcher.

El contenido del documento.

La traducción oficial que acompaña a las tres carillas ológrafas comienza diciendo que "la soberanía titular sobre las Islas Falkland (Islas Malvinas) y su zona marítima sería transferida a la Argentina, con efecto a partir de la firma del Acuerdo".

El 2º punto de la propuesta británica establecía "una continua administración Británica de las Islas y su zona marítima, con miras a garantizar a los Isleños y sus descendientes el ininterrumpido goce de su forma de vida conforme a las instituciones, leyes y costumbres inglesas sería asegurada simultáneamente mediante un arrendamiento al Reino Unido por un período de 99 años. Los términos de dicho arriendo estarían sujetos a revisión periódica, mediante acuerdo de las dos partes".

Las últimas dos carillas del documento que se hizo durante la reunión secreta en Gienbra en las que pariticparon Ridley, el embajador Harding, Cavándoli y Bloomer Reeve
Las últimas dos carillas del documento que se hizo durante la reunión secreta en Gienbra en las que pariticparon Ridley, el embajador Harding, Cavándoli y Bloomer Reeve

"3º. Las banderas británica y de la Argentina flamearían lado a lado en los edificios públicos de las Islas."

"4º. El Gobierno Británico sería representado por su Gobernador quien, conjuntamente con un Consejo elegido localmente, serían responsables de la Administración de las Islas y sus habitantes".

"5º. El Gobierno Argentino estaría representado por un Comisionado General".

El documento cerraba con un 6º punto que proponía: "Habría un Consejo Conjunto a los efectos de coordinar la cooperación relativa al desarrollo económico de las Islas y su zona marítima".

Como se observa la Argentina aceptaba la fórmula del "lease back" o retro arriendo: Inglaterra aceptaba la soberanía de la Argentina y en un tiempo determinado transferiría la administración y la explotación de los recursos.

La transferencia sólo se haría en un plazo similar al que Gran Bretaña había establecido para Hong Kong y que fue firmado por 99 años. El "lease back" era una fórmula que el Reino Unido había presentado en encuentros reservados después de 1965, cuando las Naciones Unidas admitió la Resolución 2065 y consideró que ambas naciones debían negociar la cuestión de soberanía en las islas Malvinas.

Tras el encuentro secreto el 25 de septiembre ambos cancilleres recibieron los informes sobre lo acordado.

Nicholas Ridley le presentó a la Argentina los lineamientos del gobierno británico para negociar: pidió extrema confidencialidad
Nicholas Ridley le presentó a la Argentina los lineamientos del gobierno británico para negociar: pidió extrema confidencialidad

Carlos Pastor opinó privadamente que "es esencial acelerar las negociaciones sobre las Islas Malvinas a fin de alcanzar cuanto antes un acuerdo que ponga término definitivamente a la disputa."

Lord Carrington aceptó el consejo, pero advirtió que todavía no había informado al gabinete "para obtener la conformidad de seguir adelante con la negociación" y que, además, deseaba aclarar "una vez más que para el gobierno británico era indispensable conseguir la aprobación de los isleños sobre lo que se acordaría".

La aceptación de los isleños, hasta ese momento ciudadanos de segunda que no contaban con pasaporte británico, "podía crear dificultades y desde ya él quería señalarlo con toda honestidad".

La negativa kelper que ayudó a hundir el acuerdo de Ginebra

Los 1813 habitantes de las Islas Malvinas se agitaron ante Nicholas Ridley entre el 22 y 29 de noviembre. Con la presencia de unas 300 personas reunidas en el Town Hall, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos habló de cuatro alternativas: 
  1. La fórmula de arrendamiento.
  2. Aceptar todas las demandas argentinas y transferir la soberanía.
  3. Congelar por 25 años la cuestión de soberanía.
  4. Rechazar de plano cualquier cuestión de soberanía.

Nicholas Ridley admitió que la primera opción era la preferida de Margaret Thatcher.

En su áspero diálogo con los isleños, el funcionario deslizó una advertencia: que no se podía descartar que "la Argentina, cansada, pudiera intentar una solución militar". Les dice, además que Gran Bretaña no podrá asumir la defensa de las islas.

Los "kelpers" al escuchar hablar de "leasing" reaccionaron violentamente y Ridley fue despedido con carteles insultantes en Puerto Stanley. A su vez, los isleños y los sectores más conservadores hicieron oír sus opiniones de rechazo en la prensa y el Parlamento.

Ridley se presentó a informar ante la Cámara de los Comunes. Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. Lo ridiculizaron
Ridley se presentó a informar ante la Cámara de los Comunes. Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. Lo ridiculizaron

En ese clima, el 2 de diciembre Ridley se presentó a informar ante la Cámara de los Comunes.

Sufrió agresiones similares a las que ya había recibido en Puerto Stanley. Lo ridiculizaron. El vizconde Cranborne llegó a decir que induciría a los isleños a pensar que "no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria". Los observadores no dejaron de tener en cuenta que el gobierno británico tenía una fisura, ya que había importantes sectores que consideraban que la cuestión de soberanía, al fin de cuentas, debía tratarse. Ante la presión del "lobby" de las islas, el gobierno británico dos semanas más tarde intentó iniciar un proceso licitatorio para explorar petróleo "off shore" en el Atlántico Sur, lo que generó un nuevo intercambio de protestas diplomáticas.

Ya en junio de 1980, José Alfredo Martínez de Hoz había sostenido en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca, en el área de Malvinas, al mismo tiempo que se analiza la cuestión de soberanía.

El ministro de Economía entendía su proyecto como un ensayo de aproximación, pero los mandos de las FFAA insistían con la soberanía, antes de cualquier proyecto común. En sus comentarios íntimos, Martínez de Hoz solía decir que una forma de solucionar el largo diferendo era realizar "tareas mancomunadas con los británicos".

Nicholas Ridley entendió que "no es posible explorar las fuentes de pesca o petróleo a raíz de la fuerte disputa con la Argentina" (cable de la agencia Reuter del 2 de diciembre de 1980). La ecuación en esa época era muy simple: "Entre el 50% de algo o nada, prefiero el 50%. Pero los militares, cuando se sentaban a negociar, antes que nada, preguntaban por la soberanía y ahí los ingleses se iban" (diálogo del autor con el ex Ministro Martínez de Hoz).

Ya en junio de 1980, José Alfredo Martínez de Hoz había sostenido en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca (NA)
Ya en junio de 1980, José Alfredo Martínez de Hoz había sostenido en Londres que sería conveniente para ambos países la elaboración de planes conjuntos en explotación petrolera y pesca (NA)

Esa visita a la capital del Reino Unido fue casi presidencial. Estuvo con los más importantes funcionarios del gobierno. Desde Margaret Thatcher, lord Carrington, el presidente del Banco de Inglaterra y el secretario de Agricultura. Con Thatcher no habló de Malvinas para no despertar los celos del canciller Carlos Washington Pastor.

También estuvo con el secretario del Foreign Office y el subsecretario Nicholas Ridley. Hubo una suerte de ping pong entre los dos, sobre diferentes alternativas.

El "lease back" fue la más analizada. Durante la conversación, uno de los funcionarios presentes dijo que la Argentina y el Reino Unido sólo estaban separados por el "3 F": "Falklands, Football and Foot and mouth". Es decir, las Malvinas, el fútbol y la aftosa.

El final

Lo cierto fue que entre los "kelpers", "pastores" como los denominó el presidente Ronald Reagan en 1982, las andanzas del lobby malvinero en los diarios y el Parlamento y la absoluta indeterminación de Margaret Thatcher y su gabinete, lo acordado en Suiza se convirtió en un gran fracaso.

Le faltó a la Primera Ministro el carácter que mostró más tarde para enfrentar las huelgas mineras de 1984 y 1985. El gobierno británico retrocedió y tras varias comunicaciones diplomáticas Cavándoli y Ridley volvieron a encontrarse el 23 de febrero de 1981 en Nueva York. La cita se realizó en la residencia del embajador británico en las Naciones Unidas y en esa ocasión el oficial aeronáutico realizaba su última gestión, porque en marzo de 1981 Jorge Rafael Videla dejaba el cargo y Carlos Washington Pastor abandonaba el Palacio San Martín.

JJorge Rafael Videla, Leopoldo Fortunato Galtieri y Roberto Viola
Jorge Rafael Videla, Leopoldo Fortunato Galtieri y Roberto Viola

Estaba por comenzar el período de ocho meses presidido por Roberto Viola, que luego sería depuesto por el General Leopoldo Galtieri y el Almirante Jorge Anaya.

Antes de partir Cavándoli dejó caer algunas advertencias a su par inglés. La primera, que su país, la Argentina, había llegado "al límite de su paciencia" y que no se aceptaría la propuesta británica de "congelamiento por diez años" de negociaciones.

Un año más tarde todo estallaba por los aires y el 2 de abril de 1982 la Argentina recuperó militarmente el archipiélago malvinense con el resultado ya conocido.

Ninguno de los que participaron en los encuentros puede atestiguar ni enriquecer el relato sobre cómo se concertaron las tres carillas que hubieran cambiado la historia. En una pared aún queda enmarcado el documento, un mudo testigo de la nada que aún sigue esperando la Argentina.

Fuente: https://www.infobae.com

"OPCIÓN 13": EL PLAN SECRETO DE LOS INGLESES PARA BOMBARDEAR BUENOS AIRES DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS



La información desclasificada en los archivos británicos revela que existieron planes para lanzar las bombas de los aviones Vulcan sobre la capital. “Ataque a blancos seleccionados en el Continente”, dicen los documentos que detallan las estrategias que se iban perfeccionando o descartando según la evolución del conflicto. La "Opción 13" nunca llegó a materializarse, pero la amenaza jugó un importante papel en la guerra psicológica

Por Alejandro Amendolara

El documento secreto del ministerio de Defensa británico con el plan de las operaciones para los aviones Vulcano,, elegidos para bombardear Buenos Aires y otros blancos del continente 
El documento secreto del ministerio de Defensa británico con el plan de las operaciones para los aviones Vulcan, elegidos para bombardear Buenos Aires y otros blancos del continente

Ante la inminencia de una acción militar argentina sobre las islas Malvinas, alertados por los servicios de inteligencia propios y de los EEUU, en una reunión en el Ministerio de Defensa británico en Whitehall, se asumió que nada podía hacerse en el corto plazo para impedirla. En esos momentos, la flota de desembarco argentina aún se encontraba en navegación hacia su objetivo final: la recuperación de las Islas Malvinas.

Eran las 14.00 horas del 31 de marzo de 1982, en la Sala 5301 del edificio del Ministerio de Defensa, cuando se inició el estudio de sanciones y represalias para el supuesto que se concretara la amenaza. En la minuta de esa reunión, se incluyó como posible represalia contra la Argentina, que la Real Fuerza Aérea realizara ataques aéreos "sobre ciudades argentinas o a buques en el mar, que tendrían que ser lanzados desde la isla de Ascensión. Sin el apoyo de aviones cisternas, debido a la distancia involucrada en la aproximación, la aeronave tendría que aterrizar para completar la misión en el continente sudamericano, posiblemente Montevideo o Santiago. En consecuencia, en el probable supuesto de negativa en el uso de aeródromos en América del Sur, los ataques sobre blancos argentinos no son factibles".

Para entonces, el ministro de Defensa John Nott ya había ordenado la zarpada de un submarino nuclear hacia el Atlántico Sur, y el alistamiento de dos más. La Marina Real (Royal Navy) desempolvó los planes de contingencia para Malvinas y colocó en alerta a la flota, mientras que la Real Fuerza Aérea (RAF) apresuradamente preparó un plan para bombardear objetivos en la Argentina.

La Operación Rosario: 2 de abril de 1982, la Argentina recupera las islas Malvinas
La Operación Rosario: 2 de abril de 1982, la Argentina recupera las islas Malvinas

En la reunión de Jefes de Estado Mayor de las fuerzas armadas británicas del 2 de abril a las 15.10 horas de Londres (+3 respecto de Buenos Aires), se discutió la "posibilidad de obtener asistencia de potenciales aliados, particularmente Chile, y en menor medida Brasil", para el empleo de bases aéreas en América del Sur, y se encomendó al Foreign Office para "obtener autorización para el uso de aeródromos en Chile, si se intentara desplegar aviones de la RAF dentro del alcance operacional de las islas Malvinas".

En ese mismo momento, en el Atlántico Sur, se cumplían las etapas finales de la Operación Rosario, que culminarían con la evacuación del Gobernador Rex Hunt y la dotación de Royal Marines de las islas.

A las 9 de la mañana del 3 de abril, se realizó una nueva reunión de Jefes de Estado Mayor para evaluar los acontecimientos ocurridos desde el día anterior. En su transcurso se informó que Chile había recibido una solicitud argentina para que no reabasteciera buques y aeronaves del Reino Unido en ruta hacia las Islas Malvinas, y que Brasil no brindaría instalaciones o asistencia a las fuerzas británicas comprometidas en operaciones contra los argentinos.

No obstante, el intenso despliegue diplomático británico, el 4 de abril, el Foreign Office debió informar a los jefes militares que la mayoría de los países sudamericanos habían expresado su apoyo a la Argentina. Pero la embajada británica en Santiago de Chile había comunicado que "existía la posibilidad de apoyo chileno" (Telegrama N° 66 del 3 de abril 82), por lo que se decidió que debían continuar los esfuerzos para determinar la posibilidad de usar aeródromos en ese país.

La RAF echaría mano a los viejos bombarderos Avro Vulcan, cuyo retiro gradual del servicio se encontraba a medio completar cuando estalló la crisis. A pesar de tantos años asignados a operaciones para ataques con cargas nucleares a baja altura dentro de la OTAN, con su gran alcance y capacidad para llevar una importante carga de bombas convencionales, resultaba ideal para la tarea.

Desde comienzos de la década del 70, no habían ejercitado su capacidad de bombardeo convencional ni el reabastecimiento en vuelo, por lo que resultaba indispensable el entrenamiento de las tripulaciones y capacidades de las aeronaves, previo a su despliegue a la Isla de Ascensión.

Las distancias hacia objetivos en la Argentina eran más de lo que podía lograr el avión, por lo que, además de sucesivos reabastecimientos en vuelo, resultaba vital obtener permisos de sobrevuelo y eventual aterrizaje en países sudamericanos para que el bombardeo sea efectivo.

Avión Avro Vulcan B.2 utilizado por la Real Fuerza Aérea para cumplir operaciones en el Atlántico Sur. Esta aeronave, matrícula XM597, cumplió misiones sobre Malvinas con misiles antirradar “Shrike” norteamericanos
Avión Avro Vulcan B.2 utilizado por la Real Fuerza Aérea para cumplir operaciones en el Atlántico Sur. Esta aeronave, matrícula XM597, cumplió misiones sobre Malvinas con misiles antirradar “Shrike” norteamericanos

Se encomendó al Foreign Office obtener esos permisos para sobrevolar Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay, y así asegurar la aproximación aérea para incursionar sobre territorio argentino. Las Cancillerías de estos países negaron en forma inmediata los permisos a los británicos.

Quedaba aún abierta la opción de operar desde Chile. Las horas pasaban y la planificación comenzó a contemplar el envío de aviones Vulcan para operar desde bases trasandinas, para lo cual tendrían que trazar una ruta de vuelo desde su base en Gran Bretaña hasta Santiago/Punta Arenas. Ante las negativas de sobrevuelo sobre América del Sur, se debió delinear una ruta que implicaba cruzar el Atlántico Norte, sobrevolar los Estados Unidos, y llegar a Chile desde el Pacífico.

Con estas premisas, el 8 de abril se emitió el primer borrador titulado "Operaciones de Vulcan contra la Argentina desde Ascensión", para utilizar estos bombarderos contra blancos en la Argentina. El concepto de la operación sería el siguiente: 
  1. Los Vulcan a gran altura, particularmente de día, serían extremadamente vulnerables a las fuerzas de defensa conocidas. Se recomienda que las operaciones deberían ser contempladas solo de noche y a baja altura. El bombardeo sería realizado por radar y, en consecuencia, los blancos deberían ser de área más que de naturaleza puntual; poblados, aeródromos e instalaciones portuarias serían esa mejor opción.
  2. La distancia extrema desde Ascensión, aún a Buenos Aires con regreso a Ascensión, requeriría el apoyo de 7 aviones cisterna Víctor para un único Vulcan cargando solo 7 bombas de 1000 libras. Las misiones desde Ascensión hacia blancos en o alrededor de Buenos Aires y la recuperación a la base más cercana con capacidad para Vulcan en Chile, que es Santiago, sería de todos modos considerablemente más efectiva en costo. El requerimiento de cisternas sería de xx Víctor para cada Vulcan; el último reabastecimiento sería realizado apenas antes de las últimas luces a gran altura con una penetración del espacio aéreo argentino realizado en la oscuridad y a bajo nivel.
  3. Una vez en Santiago, los Vulcan proveerán un blanco muy vulnerable para misiones ofensivas de apoyo. De todos modos, desde esta base podrían realizarse ataques convencionales a bajo nivel, y sin recurso de AAR (Reabastecimiento en Vuelo). Sin embargo, se requeriría un sustancial soporte terrestre en términos de hombres y equipamiento para apoyar operaciones sostenidas.

El informe concluía que "Un despliegue hacia Ascensión y una operación única por cada avión desde Ascensión, es una propuesta factible. La capacidad máxima de 56 bombas de 1000 libras es, sin embargo, de escasa significación real, pero el rápido y despliegue abierto de los Vulcan a Ascensión con sondas de reabastecimiento visibles, Víctor cisterna aparcados a lo largo y anunciando que cada Vulcan es capaz de cargar 21 bombas de 1000 libras, debe imponer una amenaza real y significativa a la Argentina, si ellos creen que tenemos la voluntad de emplearlos".

Primer borrador del 8 de abril de 1982. “Operaciones de Vulcan contra Argentina desde Ascensión”
Primer borrador del 8 de abril de 1982. “Operaciones de Vulcan contra Argentina desde Ascensión”

Una consulta informal entre oficiales aeronáuticos de Gran Bretaña y Chile, dio como resultado que John Heath, embajador británico en Santiago de Chile informara, por Telegrama Secreto N°89 del 9 de abril, que "el General López, Jefe de Operaciones de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), ha pasado el mensaje vía Griffin para expresar que la FACH se encuentra ansiosa por ayudarnos y expectante de tener que recibir aeronaves británicas en emergencia, por ejemplo, dañadas en combate".

Pero, previendo una represalia argentina sobre los aeródromos chilenos, la ayuda tendría sus condiciones, por lo que el mensaje proseguía: "En razón de la debilidad de la defensa aérea en los aeródromos del sur, especialmente Punta Arenas y Balmaceda, la FACH necesita urgentemente lo siguiente, en anticipación de un posible ataque argentino:

a)     4 o 5 unidades antiaéreas móviles Bofors 40/70 (usadas);
b)     2 unidades de Bloodhound".

La urgencia resultaba ser tal, que Heath aclaró en el telegrama que "la FACH estaría lista para comprarlos inmediatamente por contrato comercial y a precio normal, y enviar mañana un C-130 al Reino Unido si fuera necesario para recogerlos. Como no tienen experiencia en unidades Bloodhound en particular, la FACH estaría lista para recibir expertos británicos vestidos sin insignias para operar las unidades, lo que será normal para contratos comerciales similares para armamento nuevo".

El diplomático británico solicitó respuesta inmediata sobre estas posibilidades y requerimientos para poder contar con información para la reunión del 12 de abril, a la que lo había convocado el Comandante en Jefe de la FACH, general del aire Fernando Matthei Aubel, en la cual "seguramente se levantará el tema".

El mensaje era música para los oídos de los oficiales aeronáuticos británicos. Contarían con una base a pocos cientos de kilómetros de las bases argentinas, y la factibilidad de la opción de bombardear Buenos Aires comenzaba a tomar forma.

Pero el General Augusto Pinochet dejó en claro a sus Jefes de Estado Mayor, que no autorizaría que los británicos iniciaran operaciones militares contra la Argentina desde territorio chileno, por temor a provocar a "un vecino inestable". A pesar de ello, no habría problemas en recibir en aeródromos chilenos aeronaves británicas "en emergencia".

Telegrama Secreto N°89 del 9 de abril de 1982 del embajador británico en Santiago de Chile. “La FACH se encuentra ansiosa por ayudarnos y expectante de tener que recibir aeronaves británicas en emergencia, por ejemplo, dañadas en combate”
Telegrama Secreto N°89 del 9 de abril de 1982 del embajador británico en Santiago de Chile. “La FACH se encuentra ansiosa por ayudarnos y expectante de tener que recibir aeronaves británicas en emergencia, por ejemplo, dañadas en combate”

El Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Almirante Terence Lewin, encomendó la preparación de un documento de trabajo estableciendo las opciones para la Operación Corporate. Siguiendo sus instrucciones, y tras la consulta a cada una de las fuerzas armadas, al ministerio de Defensa, y al Foreign Office, se confeccionó un listado de opciones, que se dividía entre aquellas que se encontraban en curso y las que quedarían disponibles para su futura consideración. Se pretendió formular una graduación en orden ascendente de acuerdo al impacto político-militar de cada una, en base a apreciaciones eminentemente subjetivas, que se revisarían y eventualmente se modificarían a medida que evolucionara la situación.

Entre las opciones futuras, bajo el título "Ataque a blancos seleccionados en la Argentina Continental" se encontraba la "Opción 13", bajo la cual se fijaba el objetivo y las circunstancias que se consideraban operarían a favor y en contra de la iniciativa.

Entre los primeras, se señalaban la obtención de la sorpresa; la reducción de la efectividad de la Fuerza Aérea Argentina; la posibilidad de aferrar la defensa aérea argentina en forma remota al área del conflicto. Las desventajas serían las repercusiones internacionales; el cuestionamiento de la legalidad de los ataques; la justificación directa para aplicar represalias contra expatriados británicos en la Argentina, entre otras.

Contando con nuevos datos y estimaciones, el 10 de abril se introdujeron modificaciones a la planificación. Se concluyó en el informe que "un despliegue hacia Ascensión, y un solo vuelo saliendo de Ascensión por cada uno de los ocho Vulcan a fin de atacar blancos en los alrededores de Buenos Aires, es una proposición factible. La capacidad de 168 bombas de 1000 libras es significativa, a pesar de la limitada precisión de los Vulcan operando de noche en misión convencional".

Se insistía con el aspecto psicológico que la maniobra pudiera causar entre los argentinos: "el despliegue rápido y abierto de los Vulcan a Ascensión, con sondas de reabastecimiento visibles, y los Víctor cisterna aparcados a su lado, constituirá una amenaza real y significativa a la Argentina, si están convencidos que tenemos la voluntad de emplearlos".

En paralelo se confeccionó un informe con los posibles blancos de carácter económico en territorio argentino, apuntando principalmente a campos y refinerías petrolíferas; yacimientos y sistemas de gasoductos, sobre nudos de las redes ferroviarias, y el sistema de carreteras, y de sus efectos para el esfuerzo militar y sobre la población.

En la reunión del Gabinete de Guerra del mediodía del viernes 16 de abril, presidida por Margaret Thatcher, se discutió la filtración a la prensa sobre el reacondicionamiento de los aviones Vulcan y su capacidad para llegar a blancos sobre territorio continental argentino
En la reunión del Gabinete de Guerra del mediodía del viernes 16 de abril, presidida por Margaret Thatcher, se discutió la filtración a la prensa sobre el reacondicionamiento de los aviones Vulcan y su capacidad para llegar a blancos sobre territorio continental argentino

La isla de Ascensión se encontraba en medio del Océano Atlántico, y lejos de los ojos argentinos. Había que difundir los preparativos de las misiones de bombardeo, y que los mandos militares y opinión pública argentina tomaran conocimiento de ellos. Pero ¿cómo se lograría?

Cumpliendo directivas del Gabinete británico, el 11 de abril de 1982 se constituyó el Grupo de Proyectos Especiales, bajo la dirección del Coronel T. S. Sneyd, en el ámbito del Ministerio de Defensa, para la preparación y promulgación de las operaciones de decepción y propaganda. Sus planes serían implementados por el Servicio Secreto de Inteligencia y por el Foreign Office.

El arte del engaño o decepción, es tan antiguo como la guerra misma. En las operaciones militares convencionales, los comandantes no solo deben motivar a sus tropas, sino también buscar afectar la del enemigo. La propaganda, como elemento crucial de las acciones psicológicas, debe basarse en información que resulte creíble para el enemigo.

Apenas dos días después de los desembarcos argentinos en Malvinas, el 4 de abril, el periodista Jon Connell, del Sunday Times, realizó un análisis sobre las distintas opciones militares para "recapturar las Falklands", expresando que "una posibilidad, por supuesto, sería no atacar las Islas Falklands sino Argentina misma, sus bases militares y navales costeras".

Los cuadros comparativos de las fuerzas de ambos países mostraban un claro desbalance a favor de la Argentina en el número de medios aéreos. La opinión pública británica comenzaba a preocuparse sobre el éxito de la fuerza de tareas.

En la reunión del Gabinete de Guerra del mediodía del viernes 16 de abril, presidida por Margaret Thatcher, se discutió la filtración a la prensa sobre el reacondicionamiento de los aviones Vulcan y su capacidad para llegar a blancos sobre territorio continental argentino.

La noticia sería publicada el próximo domingo en el Sunday Express en primera plana. A pesar que el acta de la reunión refleja la lamentación por no haber logrado detener la filtración, los asistentes concluyeron que "si bien en realidad no hay intención de atacar el continente argentino, podría existir alguna ventaja militar si los argentinos lo temieran".

Ese mismo domingo 18 de abril, la portada del Sunday Express titulaba "Los Vulcan listos para golpear a la Argentina". La nota, firmada por Michael Toner, relataba con detalle el alistamiento de los bombarderos y de su despliegue al Atlántico Sur y que, si bien no estarían equipados con bombas nucleares, "tendrán la capacidad para destruir cada aeródromo y puerto naval argentino", y que "si los Vulcan eran empleados adecuadamente, toda la estructura militar argentina podría ser destruida".

El periodista reconocía en su nota que la decisión de utilizar los Vulcan contra la Argentina "puede ser un resultado del trabajo de “operaciones psicológicas" dentro del Ministerio de Defensa. "Un poco conocido grupo de expertos ha estado trabajando horas extras para desalentar y desestabilizar la opinión militar en la Argentina". Tal vez, al decirlo, Toner reconocía implícitamente su participación en la acción de propaganda. Su nota contenía detalles similares a la planificación del 10 de abril, y que el Gabinete ahora había considerado oportuno que llegara a oídos argentinos.

Toner concluyó describiendo la amenaza en términos inequívocos: "No hay duda que la mera amenaza de operaciones de Vulcan aterrorizará a cualquier experto en la Argentina que conozca lo que pueden hacer estos aviones. Pueden destruir cualquier blanco virtualmente a voluntad. Solo con ese hecho, se le podría prácticamente garantizar inmunidad a la flota británica en el Atlántico Sur contra ataques aéreos argentinos".

La acción psicológica ya había dado su puntapié inicial. La noticia, tomada por las agencias internacionales, fue replicada profusamente en los medios británicos y argentinos durante los días siguientes. La "diplomacia de cañoneras" hacía una nueva demostración de lo que estaba en condiciones de hacer.

“Por qué deberíamos bombardear Argentina”, declaraciones de Winston Churchill (nieto), en el periódico The Sun,  el 23 de abril de 1982
“Por qué deberíamos bombardear la Argentina”, declaraciones de Winston Churchill (nieto), en el periódico The Sun, el 23 de abril de 1982

Fue el vocero del Partido Conservador, el parlamentario Winston Churchill, nieto del famoso primer ministro británico, quien, en una nota publicada por el periódico The Sun el 23 de abril, bajo el título "Por qué deberíamos bombardear la Argentina", justificaba las acciones sobre el continente ante la amenaza de la aviación argentina operando desde sus bases en el litoral Atlántico contra la fuerza de tareas británica.

Expresaba Churchill: "Un factor adicional evidente, que hasta ahora podría haber sido pasado por alto por la Junta, es la capacidad de la fuerza de bombarderos Vulcan de la RAF para eliminar, si fuera necesario, todas las bases aéreas argentinas clave en el continente con un único ataque sincronizado al estilo israelí. Desde bases en el Atlántico Sur los Vulcan tienen el alcance y la capacidad para hacer cráteres en las pistas con bombas convencionales y destruir en tierra la mayor parte de la Fuerza Aérea Argentina con bombas de racimo… Eliminar a la Fuerza Aérea Argentina con un golpe rápido y devastador, garantizaría la victoria para la Fuerza de Tareas, y aseguraría un mínimo de bajas británicas".

Si bien las fuerzas argentinas estaban tomando las medidas adecuadas para la defensa del territorio argentino, de sus bases aéreas y de las instalaciones estratégicas en el territorio nacional, también comenzaron a actuar las organizaciones de Defensa Civil y las delegaciones locales de la Cruz Roja Argentina.

Pero la reacción más pintoresca fue la del Semanario Tal Cual, en su edición del 23 de abril, que esbozó una serie de interrogantes y respuestas ante "estos momentos de tensión e incertidumbre que vive el país", con recomendaciones prácticas ante un bombardeo de la ciudad de Buenos Aires.

* Si [la guerra] llega al continente ¿llegará a Buenos Aires?
– Si es una guerra abierta entre los dos países, puede ser bombardeada tanto Buenos Aires como Londres o cualquier ciudad.

* Si llega a Buenos Aires ¿se construirán refugios?
– Seguramente, ya que no serán suficientes los refugios naturales (sótanos especiales, subterráneos, etc.)

* ¿Hay que evacuar la ciudad?
– Esta posibilidad se atenderá únicamente si existiese un ataque con invasión a Buenos Aires.

* En caso de bombardeo, ¿qué hay que hacer?
– Los miembros de la Defensa Civil instruirán a la población a su debido tiempo, por todos los medios de información que están a su alcance (radio, TV, etc.).

* ¿Cuáles son los refugios para bombardeo?
– Los naturales, las construcciones de hormigón armado que estén bajo la superficie. Subterráneos, garajes subterráneos, sótanos de grandes edificios (el Barolo en Avenida de Mayo al 1300, tiene sótano anti-bombardeo).

El 4 de mayo de 1982, el destructor HMS Sheffield fue alcanzado por uno de los dos misiles Exocet lanzado por los Super Etendard. La opción de bombardear Buenos Aires se diluía y los ingleses se concentraron en las Bases Aéreas
El 4 de mayo de 1982, el destructor HMS Sheffield fue alcanzado por uno de los dos misiles Exocet lanzado por los Súper Etendard. La opción de bombardear Buenos Aires se diluía y los ingleses se concentraron en las Bases Aéreas

En Buenos Aires la guerra todavía parecía muy lejana, y se confiaba en una solución pacífica del conflicto. No había necesidad de buscar refugio o prestar atención a las prevenciones. En cambio, en las principales ciudades del sur argentino, en donde eran incesantes los movimientos de tropas y armamentos, las autoridades y la población habían tomado completa conciencia de la eventualidad de un ataque, realizando ejercicios de oscurecimiento y simulacros de evacuación a refugios y medidas de protección ante bombardeos.

En el atardecer del 30 de abril, llegó a los comandantes argentinos el aviso del despegue de aviones Vulcan y Víctor cisternas desde la Isla de Ascensión, apreciándose que tendrían como destino el litoral continental.

Los soviéticos habían desplegado un buque "científico" para que navegara en proximidades de la isla, por lo que presumiblemente fue quien dio la alerta ante semejante movimiento de aviones. Sin embargo, el rumbo tomado por los atacantes sería Malvinas.

A las 4.40 de la madrugada del 1° de mayo se efectivizaba la amenaza del Vulcan, lanzando sobre la pista del aeropuerto la cantidad de 21 bombas de 1000 libras, de las cuales solo una impactó en forma efectiva, rápidamente reparándose los daños. Se iniciaban así las misiones denominadas "Black Buck" por los británicos.

Con el desarrollo de las operaciones militares, y el acceso a mayor información de inteligencia, la "Opción 13" continuó reformulándose. El 4 de mayo de 1982, el destructor HMS Sheffield fue alcanzado por uno de los dos misiles Exocet lanzado por un par de aviones Súper Etendard que operaban desde la Base Aeronaval de Río Grande, en Tierra del Fuego.

La opción de bombardear Buenos Aires se diluía de las planificaciones, que ahora se concentraron principalmente sobre las Bases Aéreas Militares en el sur del continente. En cada oportunidad en que la flota británica recibía un golpe certero de la aviación argentina, se ajustaban las planificaciones ante la presión parlamentaria y de la opinión pública.

No obstante, la idea de bombardear Buenos Aires, que había surgido aún antes del 2 de abril y descartada a medida que evolucionaban las operaciones, recobró vigencia el 13 de mayo, pero para una nueva acción psicológica.

Recorte del periódico “Daily Express” del 19 de abril de 1982, con la especulación de los posibles blancos en territorio continental argentino.
Recorte del periódico “Daily Express” del 19 de abril de 1982, con la especulación de los posibles blancos en territorio continental argentino.

Previo a los desembarcos británicos en San Carlos, en la isla Soledad, la aviación argentina basada en tierra era considerada como la principal amenaza para el establecimiento de una cabeza de playa segura.

El Grupo de Proyectos Especiales realizó una propuesta para "pasar el rumor por medios discretos no atribuibles que se están planificando ataques diurnos con bombarderos Vulcan contra blancos al norte en el continente, previos a cualquier desembarco principal en las Islas Malvinas". Con ello se intentaría reducir la cantidad de aviones atacantes en el área de operaciones de Malvinas, replegando algunos elementos hacia los aeródromos en el norte.

De todos modos, para que fuera efectivo, el rumor debía resultar creíble y atractivo para los mandos argentinos, el Grupo consideró que "si se difundiera que los ataques están siendo cambiados a horas diurnas, ello podría motivar a la Fuerza Aérea Argentina a buscar activamente el enfrentamiento a fin de lograr una victoria prestigiosa derribando un Vulcan. Indicando que los ataques serán realizados contra una instalación grande de combustible cerca de Buenos Aires, una opción creíble, se espera que atraiga algunos cazas al norte".

El Coronel T.S. Sneyd, finaliza su informe expresando: "Se recomienda que se otorgue autorización para emplear medios discretos y no atribuibles para informar a las autoridades argentinas que aviones Vulcan van a atacar instalaciones de combustible en el área de Buenos Aires a la luz del día en el futuro cercano. Se destacará que el cambio a bombardeo en horas diurnas es a fin de lograr mayor precisión y así reducir bajas civiles".

Las consecuencias políticas de una acción británica sobre el continente condicionaron cualquier ataque de estas características. La Argentina encontraba apoyo en el ámbito de la Organización de Estados Americanos, y siempre quedaba latente la posibilidad de regionalizar el conflicto. Era un riesgo que Gran Bretaña no pretendía asumir. Había justificado su reacción militar en el principio de legítima defensa del Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y en la Resolución 502 del Consejo de Seguridad, por lo que un ataque abierto sobre el continente parecía innecesario, y ello pondría en peligro la legalidad de sus acciones.

Siempre existió la posibilidad de que Gran Bretaña pudiera fracasar en su objetivo militar primario en las Islas Malvinas, y que la Fuerza de Tareas fuera humillada. Fue así que, hasta el final del conflicto nunca se descartó la idea de estos ataques sobre el continente, ni se suspendieron las planificaciones.

La opción quedaría reservada para cuando las necesidades operativas militares así lo requirieran, siempre que justificara el medio empleado, y se soportara la condena internacional. La "Opción 13", de "Ataques a blancos seleccionados en la Argentina Continental", siempre estuvo sobre la mesa de planificación, a la espera de obtener luz verde en el Gabinete de Guerra.

El bombardeo de la ciudad de Buenos Aires permaneció vigente en la mente de los planificadores británicos como también en el diseño de las acciones de guerra psicológica.

Cumplidos 37 años de que Charly García compusiera la canción "No bombardeen Buenos Aires", ahora sabemos que su plegaria no fue ficción.

Fuente: https://www.infobae.com