24 de junio de 2020

LA AUSENCIA QUE DEJÓ MALVINAS: LOS HIJOS DE LOS CAÍDOS EN LA GUERRA Y SUS RECUERDOS EN EL DÍA DEL PADRE

Crecieron sin sus abrazos. Los extrañaron cada uno de los días desde que partieron hacia las islas. Para algunos son solo un recuerdo borroso, para otros una imagen en una foto, para otros instantes de una infancia feliz. Para todos, un sentimiento encontrado: el orgullo por su heroísmo y la tristeza infinita por haberlos perdido

Por Pedro Molina 

La carta que les dejó Falconier a sus hijos antes de partir hacia la guerra

La carta que les dejó Falconier a sus hijos antes de partir hacia la guerra

“Les dejo un apellido, Falconier, para que lo lleven con orgullo y lo dignifiquen, no con dinero, ni con bienes materiales, sino con cultura, con amor, con la belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombres y menos animal y, sobre todo, enfrentando la vida con la verdad, asumiendo responsabilidades, aunque les cueste sufrir sinsabores, o la vida misma”. 

Los cinco hermanos Falconier conservan intacta la carta que les escribió su papá, Juan José, antes de viajar a Malvinas. La dejó escondida en un portafolios por si no regresaba. Alejandra, la más grande tenía 7 años y Belén todavía estaba en la panza de su madre. En la posdata el aviador se encargó de que sus palabras nunca perdieran vigencia: “Para que mis hijos lo lean desde jóvenes y hasta que sean viejos porque, a medida que pasan los años, adquieran experiencia o tengan hijos, le irán encontrando nuevo y más significado a estas palabras que escribí con amor de padre”. 

En un cumpleaños antes de ir a Malvinas

En un cumpleaños antes de ir a Malvinas

El Mayor Juan José Ramón Falconier había muerto en la mañana del 7 de junio de 1982, mientras cumplía una arriesgada misión del Escuadrón Fénix sobre la Isla Borbón. 

El piloto dejó cuatro hijos -María Alejandra "Mononi" de 7 años, Juan José "Ñequi" de 6, Eduardo de 2, María de los Ángeles de 1- y uno en camino: su mujer, Claudia (26), estaba embarazada de María Belén. 

La última vez que vieron a su padre fue el 30 de mayo de 1982. Y fue un día muy feliz. La familia estaba de fiesta: celebraban los seis años de Juan José y los 38 de su papá, que cumplía al día siguiente y adelantó el festejo. Lo recuerdan con la cara iluminada por las velitas de la torta de cumpleaños. Y a padre e hijo soplándolas juntos y, quizás, pidiendo los tres deseos. 

El Mayor Juan José Falconier murió el 7 de junio de 1982 durante una misión del Escuadrón Fénix. Tenía 38 años

El Mayor Juan José Falconier murió el 7 de junio de 1982 durante una misión del Escuadrón Fénix. Tenía 38 años

Después, Falconier se fue a la guerra. Y antes de partir dejó esas dos cartas: “Dejé dos sobres, uno para vos y otro para los chicos por si no vuelvo”, le dijo a su esposa. En la carta a Claudia le pedía que rehiciera su vida, que cuidara de sus padres y que le prometiera que iba a ser feliz. 

-Mamá logró ser feliz. Volvió a casarse. Vivimos momentos de muchas alegrías, aunque él siempre nos faltó. Papá se habría enojado si solo nos quedábamos llorando, se emociona aun hoy su hija María Alejandra. 

No son muchos, pero algunos jóvenes -hijos de Malvinas- tuvieron que resignificar la figura de su padre. La guerra sobrevuela como una sombra agobiante durante todas sus vidas y retoma una cruel actualidad en las fechas especiales. 

Buscando a mi padre en las islas 

Ezequiel Martel Barcia no había cumplido un año cuando el avión Hércules que piloteaba su padre, Rubén Martel, fue derribado por un avión inglés. Desde entonces, una foto lo acompaña de por vida: están los dos en la costa de la playa en Pinamar, con los pies apenas sumergidos y una sonrisa como si supieran que esa será la última imagen juntos. 

–De chiquito tuve que darme cuenta de que algo faltaba. Después de a poco le iba preguntando a mamá. Había una ausencia fija y cuando uno es chico pregunta poco por no saber cómo reaccionará la otra persona. Es un vacío que le vas dando forma, dice. 

Ezequiel

Ezequiel

Ezequiel no recuerda cuándo fue la primera vez que le contaron lo que “le pasó a papá”. Durante su infancia se volvieron habituales los actos conmemorativos del 2 de abril en la base aérea de El Palomar. El frío y la tristeza le calaban los huesos. 

Con el paso del tiempo comenzó su búsqueda. Hizo la carrera en la Fuerza Aérea y se interiorizó en un tema que la sociedad quería dejar atrás. Leyó libros, contactó excombatientes, se aprendió todos los modelos de aviones y las estrategias de la guerra. Dedicó largas horas a su lucha interna, ensimismado y obsesivo hasta darle forma a sus inquietudes. 

En 2011, frente a un mapa de Malvinas que tenía colgado en su oficina, identificó el lugar donde había caído el avión. Así siguió hasta marcar los 55 puntos donde fallecieron integrantes de la Fuerza Aérea. 

Entre tanto investigar, un día supo quién había derribado el Hércules que piloteaba Rubén. Se puso en contacto con el Comandante Nigel Ward, con quien hasta compartieron una entrevista en la radio e intercambiaron emails. A los meses, Ezequiel recibió de su parte una corona de flores que decía: “Para un héroe que vuela con los ángeles”. 

Ezequiel no había cumplido un año cuando el avión Hércules que piloteaba su padre, Rubén Martel, fue derribado por un avión inglés

Ezequiel no había cumplido un año cuando el avión Hércules que piloteaba su padre, Rubén Martel, fue derribado por un avión inglés

Viajó a las Islas, entabló buena relación con los isleños e hizo surf en las aguas, con todo lo que estas significan para él. Habían pasado 35 años, pero esa tarde sintió tan cerca a su padre como en la foto de Pinamar. Empezó a poner tildes en un listado imaginario de pendientes para sanar lo que le arrancaron de chico. 

Durante unos meses trabajó en la refacción de la cabina de un Hércules averiado para que quedara igual al avión de Rubén. Es el que está en la puerta de la base aérea de El Palomar. Ahora quiere inaugurar un monumento en Dolores, donde nació un compañero de promoción de Rubén, y poner una placa en la Isla Borbón donde hay restos del avión. 

El heroísmo de papá que mitiga el dolor 

Leandro de la Colina tiene un solo recuerdo de su papá: es temprano en Paraná, están por volar juntos y como no tiene cinturón se le cae el pantalón. Cuando él tenía 7 años el avión en el que estaba el Vicecomodoro Rodolfo de la Colina fue derribado mientras tripulaba un avión Learjet en misión de reconocimiento fotográfico y distracción de las fuerzas enemigas. Desde ese día, todos los recuerdos que tenía de su primera infancia se borraron. 

–Hice el intento de recordar más, hice terapia… pero al día de hoy si fue así es porque tenía que ser. Cerrar la hoja y darla vuelta. Entiendo que es un mecanismo de defensa para preservarme. Me parece que es parte de la resiliencia de uno, reflexiona. 

Rodolfo de la Colina

Rodolfo de la Colina

El proceso de los hijos de excombatientes suele ser interior y silencioso durante la juventud. Los “por qué” aparecen como preguntas reiteradas y a veces la mejor manera de encontrar respuestas es involucrarse. Leandro pasó de los actos escolares a los homenajes y de los reconocimientos militares a conocer las Islas en 1999 en el primer viaje de familiares de caídos, organizado por Cancillería. 

Habían pasado más de 15 años, pero la posibilidad de ver, estar y palpar le marcó un antes y un después. En el contingente juvenil encontró complicidad. Durante la adolescencia habían esquivado el tema y cuando quisieron hablar, la sociedad luchaba por olvidar. Había -y todavía hay- un solo grupo de personas que los podía -y puede- entender: los otros hijos. 

–Como mueren en un hecho heroico, te aferrás más y te atraviesa de determinada manera. Mi viejo murió peleando por algo que reclamamos todos los argentinos y eso mitiga el dolor, le da sentido. Como grupo viví cosas muy reconfortantes, no tenía que hablar con otro familiar para explicar lo que sentía. Con mirar a los ojos ya estaba. Esto es inexplicable y muy absorbente. Para alguien que no está metido es muy reiterativo, dice de la Colina. 

Nicolás Stulberg - Enviado especial 162

Nicolás Stulberg - Enviado especial 162

La palabra orgullo aparece cada vez que habla de Rodolfo. Antes sufría ser “el hijo de”. Un breve paso por Fuerza Aérea y la afición de pilotear aviones lo acercaron a su padre. Durante tantos años se había concentrado en cerrar el círculo de esa historia que le costaba encauzar su propio camino. Hasta que un día terminó su carrera, se casó y decidió tomar distancia de las actividades sobre Malvinas. 

Pero para los hijos de excombatientes es imposible hacerlo de manera absoluta. En su foto de Whatsapp viste una campera con el mapa de las Islas y todavía se le humedecen los ojos cuando habla del tema. Detrás del hombre de saco y camisa, que hoy se dedica a seguridad cibernética, está el joven que mira el techo en el departamento de Almagro y se pregunta: ¿por qué a mí? 

El padre héroe que cayó en Top Malo House 

Los tres hijos del Sargento Primero, Mateo Sbert, se despidieron de su padre solo ocho días antes de que cayera en el combate de Top Malo House. Tenía apenas 33 años cuando decidió cubrir a su compañero Medina en pleno enfrentamiento con los marines ingleses. 

“¡Yo te cubro!”, le gritó a su compañero en medio del fuego británico y las explosiones. 

Sbert pudo ver, esa helada mañana del 31 de mayo de 1982, que su camarada había sido alcanzado por las esquirlas de una granada y que el impacto de un proyectil en una de sus piernas le había sacado parte del peroné. Sordo y aturdido por la granada, casi sin poder moverse, el soldado seguía disparando. Con su grito lo cubrió, y también se convirtió en blanco de los ingleses. Una granada terminó con su vida. 

Mateo Antonio Sbert cayó en Top Malo House

Mateo Antonio Sbert cayó en Top Malo House

La desvencijada casa que la noche anterior les había servido de refugio contra el viento helado y las temperaturas bajo cero, se convirtió en fuego y escombros. 

Sbert había recibido la condecoración La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate, que sus hijos guardaban como un tesoro, junto a una esquela con una cita de Unamuno y una dedicatoria que les había dejado el Teniente Coronel José Vercesi, amigo de su padre y quien lo vio morir “Vivir se debe la vida, de tal suerte que viva quede en la muerte. Con el profundo cariño de un padre. José Vercesi, ex Jefe de la 1ra Sección de la Compañía de Comandos 602”. 

Hasta 2018, no sabían qué había sucedido con su cuerpo. Su padre era un desaparecido en acción. Pero su hijo Maximiliano, que siguió la carrera militar en el cuerpo de Ingenieros, se sumó a las familias que dieron una muestra de sangre en el marco del Plan Proyecto Humanitario para devolverle el nombre a los caídos en Malvinas enterrados como Soldado argentino solo conocido por Dios en Darwin. Una muestra de ADN, les confirmó que estaba enterrado en el cementerio argentino en las islas. Su tumba: la D.A.4.10. 

Despedir al padre que quedó en Malvinas 

Miguel Aguirre, navegaba en el buque ARA Isla de los Estados, cuando llegó el ataque inglés. El telegrama que llegó a la casa de su familia decía “desaparición en acción”. El barco se había hundido, y la tumba de esos héroes -todos creyeron- fue el mar. 

Sergio, su hijo, tenía 17 años cuando supo que su padre ya no volvería. Desde chico se había acostumbrado a no estar con él. Marino mercante, durante más de seis meses al año, Aguirre no estaba en su casa. Pero los regresos siempre eran felices. Su hijo los recuerda con abrazos y reglalos. Con risas, y con Legos, chocolates Bacci, Milka o jeans nuevos dependiendo el destino. Esta vez fue distinto: su padre se había ido y ya no volvería. 

Sergio en la tumba reconocida de su padre Sergio Aguirre en el cementerio de Darwin

Sergio en la tumba reconocida de su padre Sergio Aguirre en el cementerio de Darwin

Durante los 25 años que siguieron a la finalización de la guerra de Malvinas, Sergio no volvió a hablar del tema con su mamá. A veces fantaseaba con la posibilidad de que lo hubiera rescatado un submarino ruso y que todavía estuviera allá, feliz y en otro país. Sabía que la posibilidad era remota, pero elegía creer. En 1983, hizo el servicio militar y viajó en un buque similar al que había estado su padre. “Seguí mi vida, seguí como pude”, según reconoce. 

Estudió durante cuatro años Electrónica Naval, pero no terminó e hizo unos cursos de Computación. Ahora se dedica en tiempo completo a las actividades de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas. Su pareja es hermana de un excombatiente. Si el dolor une en la amistad de muchos de los hijos, también sucede con el amor. No son la única pareja entre los familiares de caídos. 

Miguel Aguirre murió en el ARA Isla de los Estados

Miguel Aguirre murió en el ARA Isla de los Estados

Estuvo más de veinte años sin meterse al mar o a una pileta y sin darse cuenta de que no podía hacerlo. Algo de eso trata en el centro de salud de las Fuerzas Armadas, donde consiguió que lo atendieran gratis. El 6 de diciembre de 2017 le confirmaron por el PPH que su padre estaba enterrado en el cementerio de Darwin. Al parecer el cuerpo llegó dos meses después a la orilla, donde los ingleses lo enterraron. Habían pasado 35 años de duelo y recién ahí pudo cerrar esa herida. 

–Para mí fue como que mi viejo me dijo “no me esperes más, estoy en Malvinas”. Y lo tomé como una invitación para ir a visitarlo. 

Cementerio de Darwin

Cementerio de Darwin

El 15 de junio de 1982, Leopoldo Fortunato Galtieri habló por cadena nacional. Con un tono monocorde y leyendo algunas hojas escritas a mano anunció la rendición de la Argentina. Al comienzo de su discurso dedicó unas breves palabras a las 649 víctimas: “Los que cayeron están vivos para siempre en el corazón y la historia grande de los argentinos. No tenemos solo el bronce de las antiguas glorias, tenemos a nuestros héroes”, dijo. 

Los hijos de los héroes no necesitaron escuchar a Galtieri. Para ellos no ese no era el final, era el comienzo de una vida que ya había cambiado para siempre. 

Fuente: https://www.infobae.com


23 de junio de 2020

DEFENDERLAS CON LA VIDA: LA HISTORIA DE LAS BANDERAS QUE REGRESARON DE MALVINAS

La mística y el valor de la enseña nacional llevó a que varios argentinos trajeran las banderas de regreso de la guerra, aún sin importarles poner en riesgo su vida.

Por Patricia Fernández Mainardi


El veterano Abel Aguiar instantes previos al izamiento de la bandera argentina, en la casa del gobernador británico en las Islas Malvinas. Foto: Gentileza teniente coronel retirado Abel Aguiar.
El veterano Abel Aguiar instantes previos al izamiento de la bandera argentina, en la casa del gobernador británico en las Islas Malvinas. Foto: Gentileza Teniente Coronel retirado Abel Aguiar.

“Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América el Sur será el templo de la independencia y de la libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo: ¡Viva la Patria!”, dijo el General Manuel Belgrano la primera vez que enarboló la bandera, en 1812. Unos 170 años después, los herederos de aquellos patriotas cayeron en Malvinas en cumplimiento de ese juramento: la defenderían hasta perder la vida.

DEF recupera algunas historias que recogen las anécdotas y los secretos detrás de aquellas “operaciones” que permitieron traer las enseñas de nuevo al continente.

Un juramento marcado por el fuego

El Teniente Coronel retirado Abel Eduardo Aguiar, por entonces SubTeniente y abanderado del Regimiento de Infantería 25, presenció el izamiento de la bandera argentina una vez que desembarcaron las tropas en las islas y fue testigo del juramento que hicieron los soldados clase 63, que no habían llegado a hacerlo en el continente y que, por decisión de sus jefes, juraron en las islas.

El 25 formando filas: Aguiar recuerda a cada integrante de su sección con nombre y apellido. Foto: Gentileza teniente coronel retirado Abel Aguiar.
El 25 formando filas: Aguiar recuerda a cada integrante de su sección con nombre y apellido. Foto: Gentileza Teniente Coronel retirado Abel Aguiar.

“Me vinieron a buscar para llevarme a la casa del gobernador, que era donde se iba a realizar la ceremonia oficial de izamiento. Cuando se estaba por hacer, se trabó la driza del mástil, y el entonces Subteniente Oscar Roberto Reyes se tuvo que trepar para solucionarlo. Tenía 21 años y sabía que estaba viviendo algo único, pero pensamos que iba a ser permanente. Jamás íbamos a imaginar lo que ocurrió después”, cuenta y detalla que mantuvo consigo la bandera de la Unidad hasta después del 1º de mayo. Luego del bombardeo, decidieron trasladarla junto al jefe del Regimiento. “La bandera no podía caer en manos del enemigo, pero tampoco teníamos previsto perder”, responde el oficial, oriundo de Tucumán.

Abel aguiar fue abanderado del Regimiento 25, durante la guerra de Malvinas y participó de momentos claves como el izamiento y la jura de la bandera. Foto: Gentileza teniente coronel retirado Abel Aguiar.
Abel Aguiar fue abanderado del Regimiento 25, durante la guerra de Malvinas y participó de momentos claves como el izamiento y la jura de la bandera. Foto: Gentileza Teniente Coronel retirado Abel Aguiar.

“En la jura, los soldados forman solos y se comprometen a defenderla hasta perder la vida”, relata, mientras recuerda que nunca imaginó en aquel entonces que muchos de esos soldados morirían en cumplimiento de aquel juramento.

El operativo retorno de la del “Bravo 25”

El Regimiento de Infantería 25, ubicado en la localidad chubutense de Sarmiento, tuvo un papel protagónico en la guerra de Malvinas. La unidad supo enfrentarse a los ingleses en Darwin y en San Carlos y, cuando el enemigo pudo haberlo cruzado nuevamente en las cercanías de Puerto Argentino, decidió evitarlo.

Por ese entonces, el Teniente Primero Julián Nicolás Lamas (hoy Coronel retirado) tenía 33 años e integraba las filas de la Unidad. Fue un domingo de marzo del año 82 que lo convocaron a la casa del jefe la Unidad, el Teniente Coronel Mohamed Seineldín. Allí ya se encontraban algunos Generales que habían viajado para la ocasión. En ese contexto, Lamas y otros oficiales juraron preservar el secreto de la operación militar que tenía por objetivo recuperar la soberanía de las Islas y terminar con la usurpación británica.

En Malvinas, describe que los días estuvieron marcados por los recuerdos: “No olvido la rendición del Destacamento de Royal Marines, el arrío de las banderas inglesas de los mástiles y el primer izamiento de nuestra bandera en Puerto Argentino. En mí, conviven la inmensa alegría de ser un humilde protagonista de la recuperación de nuestras islas irredentas y la tristeza por la baja de nuestro primer mártir, el Capitán de Fragata Pedro Eugenio Giachino”.

Antes de partir, el jefe les había ordenado a los oficiales llevar sus sables. “Él nos contó que los soldados japoneses, pese a la tecnología armamentista de la II Guerra Mundial, llevaban sus sables samuráis al campo de batalla, y nos explicó, además, que su sentido simbólico posee cierta similitud con la arenga que Napoleón les daba sus hombres en la previa a la batalla. Les decía que ‘todo soldado lleva un bastón de mando en su mochila, porque en el fragor del combate pueden tomar la conducción de su fracción por la baja de su superior’”.

Los efectivos del Regimiento 25 fueron testigos del primer izamiento de la bandera argentina en la casa del gobernador británico. Foto: Gentileza coronel retirado VGM Julián Lamas.
Los efectivos del Regimiento 25 fueron testigos del primer izamiento de la bandera argentina en la casa del gobernador británico. Foto: Gentileza Coronel retirado VGM Julián Lamas.

Producida la batalla final, y recibida la orden de deponer las armas, Lamas cuenta que el jefe los reunió para juntar los sables con la bandera nacional de guerra, que Juan Domingo Perón, como presidente, había obsequiado a la Unidad en 1947, cuando el RI 25 era la “Agrupación Motorizada Patagonia”: “En un solemne y sencillo acto, se procedió a separar los ‘soles dorados’ de los ‘paños celeste y blanco’, separando también el escudo nacional y la moharra. Con los paños, se envolvieron los sables con plástico, se los colocó en un cajón de munición y, luego, se los enterró. Finalmente, nuestro jefe nos tomó el juramento de preservar en secreto el lugar de la turba donde se encuentran estas reliquias históricas ‘hasta que nuestros hijos o nietos logren la soberanía de nuestras Malvinas’”.

El veterano tuvo el honor de traer al continente los soles dorados, el escudo nacional y la moharra: “El único riesgo que corrí fue durante el cacheo de las tropas inglesas, porque podrían haber encontrado los objetos que llevaba escondidos entre mis prendas íntimas”.

Los objetos que trajo de regreso se exhiben el museo del Regimiento de Infantería 25. “Para los que abrazamos la carrera de las armas, nuestra bandera constituye ‘el manto digno de veneración’ que cobija a nuestra Nación y por la cual miles de hombres y mujeres tiñeron con su sangre sus hilos celestes y blancos por la libertad y la soberanía de nuestro suelo a lo largo de la historia. Tal es el caso de nuestros héroes, quienes quedaron en la turba malvinense como centinelas de nuestras islas”.

“Subteniente, entrégueme la bandera”

En la misma guarnición militar, en Sarmiento, estaba la Compañía de Ingenieros 9. El hoy Coronel Mayor retirado Leandro Villegas participó de la Operación Rosario con el grado de Subteniente y 21 años recién cumplidos.

Tras la recuperación, en principio, permaneció en Puerto Argentino. Luego, se instaló con los suyos en Bahía Fox. “Los abanderados son los oficiales más jóvenes de una unidad. Yo era el Subteniente más moderno, así que, durante la guerra, la insignia siempre la tuve yo”, explica el hombre que también presenció la jura de los soldados de la unidad en Malvinas.

Algunas de las fotos de la Companía de Ingenieros 9 fueron recuperadas años después, luego de que el suboficial británico que las tenía en su poder se las facilitara a un historiador argentino para que se contactará con sus protagonistas. Foto: Gentileza coronel mayor retirado Leandro Villegas.
Algunas de las fotos de la Compañía de Ingenieros 9 fueron recuperadas años después, luego de que el suboficial británico que las tenía en su poder se las facilitara a un historiador argentino para que se contactará con sus protagonistas. Foto: Gentileza Capitán retirado Marcelo Giglio.

Días antes de la rendición, el jefe de la Compañía, el Mayor Oscar Minorini Lima, les repartió a sus oficiales una serie de tareas. “A mí, me tocó destruir la bandera. Con uno de mis suboficiales, quemamos el moño, el asta, enterramos los hierritos y, al momento de quemarla, se me ocurrió proponerle al mayor que podía llevarla. Me dijo que hiciera lo que tuviera que hacer. Así que, cuando empezó el proceso de rendición, arriba de la ropa interior, me la coloqué como chiripá”, comenta.

Villegas hace memoria y dice que, a pesar de que los palparon tres veces, los ingleses no notaron nada, pero que cuando fueron embarcados en el Northland sus nervios salieron a flote por lo exhaustivo de los controles. “Miré a mi jefe de Compañía y se dio cuenta de que yo estaba inquieto, así que se paró frente a mí y me ordenó: ‘Subteniente, entrégueme la bandera’. La tomó, se la entregó a un Mayor inglés y le dijo ‘se la entrego como su responsabilidad’. El británico le respondió como un caballero y expresó que esa bandera tendría un lugar destacado y que nos la volverían a entregar”.

Una vez de regreso, el Coronel Mayor continuó usándola en los desfiles: “Siento el gran orgullo de haber podido participar y ser parte de la reconquista. Valoro la decisión de los ciudadanos que se pusieron a disposición de la Patria. Los soldados, principalmente, se plantaron ahí y les hicieron frente a los bombardeos. La sociedad argentina debe ser merecedora del sacrificio póstumo de nuestros héroes”.

“¡Cómo no salvar el pabellón!”

Con 80 años, el sacerdote José Vicente Martínez Torrens es el único de los capellanes de Malvinas que continúa con vida y uno de los protagonistas del regreso de la bandera del Regimiento de Infantería 4.

Cuando se desató la guerra, el jefe del servicio religioso del Ejército del ámbito de la IX Brigada de Comodoro Rivadavia manifestó la necesidad de la Fuerza de llevar sacerdotes para acompañar a las tropas desplegadas. “Inmediatamente, me ofrecí como candidato”, confiesa Martínez, quien por entonces tenía 42 años.

Martínez Torrens detalla que, a partir del 1º de mayo, el hostigamiento del enemigo era constante. “En cierta oportunidad, crucé con el jeep a los hombres del Grupo de Artillería 4 que cambiaban su puesto. Al notar que en el interior del vehículo llevaba una imagen de la Virgen de Luján, me pidieron unos minutos para orar. Al despedirse, me pidieron que los visitara al día siguiente en su nueva ubicación. Los complací, pero a raíz de un aguacero, les dije que suspendía la misa y la celebraríamos al día siguiente. Se resistieron, la querían ya”, narra, mientras relata que esos efectivos habían sido cañoneados por las naves británicas y no habían tenido tiempo de cavar ni un solo pozo. “Me quedó claro que no tenían miedo a la muerte, sino a no estar lo suficientemente preparados para presentarse ante Dios. Entonces, me dije ‘manos a la obra’ e inicié la misa con los ornamentos protegidos con la capa poncho impermeable”, agrega.

El sacerdote Vicente Martinez Torrens fue uno de los protagonistas del regreso de la bandera del Regimiento de Infantería 4. Foto: Gentileza Martinez Torrens.
El sacerdote Vicente Martínez Torrens fue uno de los protagonistas del regreso de la bandera del Regimiento de Infantería 4. Foto: Gentileza Martínez Torrens.

Tras la rendición, los efectivos del 4 pensaron que un soldado podría esconder la bandera en un yeso simulado. Sin embargo, no había tiempo. Era de noche y Martínez Torrens apenas pudo reconocer a quienes, instantes previos al embarque, se le acercaron y le entregaron un bolso con la enseña para que ocultara entre sus pertenencias. Mucho tiempo después supo que se trató del Capitán Jorge Farinella y del Sargento Mario Ponce.

Una vez en el continente, recuerda haber tenido miedo de que los británicos, al sentirse burlados, tomaran represalias con los prisioneros, razón que lo llevó a preservar la bandera hasta que llegó el último de los prisioneros. Allí, se comunicó con la Brigada para dar a conocer que la tenía en su poder y que viajaría a Monte Caseros para llevarla a la unidad a la que pertenecía.

“Monte Caseros es ‘el cofre de mi bandera’”. Ahora ellos son los custodios de ese trozo de historia. Sitio de Montevideo, Tupiza, Los Pozos, Juncal, Uruguayana, Estero Bellaco, Tuyutí, Humaitá, Lomas Valentinas, Chaco y Malvinas son las condecoraciones de esa bandera. ¡Cómo no salvar el pabellón que, desde mi cuarto grado aprendí, ‘jamás ha sido atado al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra’! Mi anhelo es poder despedirme de ella antes de que el Gran Jefe me llame a su trinchera”, finaliza el sacerdote, quien recientemente también participó del regreso de la imagen de la Virgen de Luján que, tras la guerra, fue llevada a Gran Bretaña.

“Traerla fue una satisfacción personal”

Cerca del Regimiento 25, a aproximadamente 150 km, se encuentra la ciudad de Comodoro Rivadavia, donde se emplaza el Regimiento de Infantería 8. Allí, estaba destinado el entonces Teniente Primero Marcelo Gustavo Giglio (hoy Capitán retirado), quien, con 29 años, era el oficial logístico de la unidad.

Era uno de los pocos que tenía conocimiento de la Operación Rosario, así que el 2 de abril estaba de turno en el Centro de Operaciones Táctico. Cuando se produjo el desembarco, se dirigió al Casino de Oficiales y anunció a los que estaban allí lo que había ocurrido. “Señores, recuperamos las Malvinas”, alcanzó a decir e, inmediatamente, los presentes estallaron en llanto y comenzaron a abrazarse. “Es un gran recuerdo”, confiesa Giglio.

La bandera del Regimiento 8 desfila durante el juramento que se realizó en las Islas, en 1982. Foto: Gentileza capitán retirado Marcelo Giglio.
La bandera del Regimiento 8 desfila durante el juramento que se realizó en las Islas, en 1982. Foto: Gentileza Capitán retirado Marcelo Giglio.

A partir del 6 de abril, el Regimiento 8 cruzó a Malvinas y ocuparon una posición en Bahía Fox hasta el día de la rendición. “La guerra es terrible, se ve lo mejor y lo peor del ser humano. Uno va a Malvinas por la Patria, pero cuando estás ahí, no te digo que te olvidas de eso, pero la prioridad es tu compañero”, confiesa el veterano, mientras recuerda que, por aquellos días, le pidió a su esposa que se trasladase con sus cuatro hijos a Buenos Aires, porque Comodoro estaba muy cerca de la guerra y, al tener una pista de aterrizaje, era considerada un objetivo.

“La bandera de guerra de un regimiento es con la que desfila con el abanderado. Es el bien más preciado de la unidad, ya sea argentina, inglesa, o francesa. Lleva todas las condecoraciones y no debería ser tocada por ningún enemigo”, afirma y sostiene que traerla fue un orgullo.

Un pedazo de la bandera que acompañó al Regimiento 8. Giglio, a escondidas, pudo traer esta y, también, a la que pertenecía históricamente de la Unidad. Foto: Gentileza capitán retirado Marcelo Giglio.
Un pedazo de la bandera que acompañó al Regimiento 8. Giglio, a escondidas, pudo traer esta y, también, a la que pertenecía históricamente de la Unidad. Foto: Gentileza Capitán retirado Marcelo Giglio.

¿Cómo lo logró? Tras el cese del fuego, le dieron la orden de regresarla con la condición de que nadie debía saber que él tenía esa responsabilidad. “La bandera es gigantesca. Entonces, me di cuenta de que no podía hacerlo yo solo. Llamé al Teniente Primero Hernán Vechietti, al Teniente Primero Rafael Barreiro, al Sargento Carlos Montivero y al Sargento Ayudante Mario Ceballos. Les dije que me hacía cargo de ella, pero que debíamos repartirnos el resto de sus partes”, confiesa.

Giglio descosió su campera y los paños, de manera tal que pudiera colocarlos en el interior del abrigo: “Yo solo sé coser con la puntada ‘chorizo’. ¡Cualquiera se daba cuenta de que la campera había sido abierta! Así que fui a ver al sastre. Él se reía, mientras me decía que se iba a encargar”. Al momento de embarcar, el oficial del 8 ya tenía su campera lista. Los llevaron al buque Northland, donde debían pasar por una exhaustiva requisa, pero Giglio no solo llevaba esa bandera, sino que, entre la ropa sucia, había escondido la que había flameado en el mástil de la posición. El militar inglés dejó pasar la bolsa con las prendas y, cuando estaba por revisar el abrigo, Giglio logró distraerlo con un atado de cigarrillos.

La bandera de guerra del Regimiento 8 se exhibe en el museo de la Unidad, en Comodoro Rivadavia. Foto: Gentileza teniente coronel retirado Abel Aguiar.
La bandera de guerra del Regimiento 8 se exhibe en el museo de la Unidad, en Comodoro Rivadavia. Foto: Gentileza Teniente Coronel retirado Abel Aguiar.

Finalmente, ya en Madryn, pasó por un quiosco: compró un sándwich, hilo y aguja. En el trayecto, se dedicó a armar el pabellón. Cuando llegaron a la unidad –donde los esperaban los familiares–, Giglio exhibió la bandera, que hoy se encuentra en el museo de la unidad.

“Me encontré con mi mujer y el mayor de mis hijos varones, porque no teníamos plata para que viajasen los cinco. Él tenía tres años y, cuando nos abrazamos, ¡no sabes lo que lloró! Había entendido todo”, relata emocionado, quien, desde hace varios años, todos los 2 de abril organiza con su familia unas “pizzas malvineras”. “Son especiales, porque las hacemos el día de Malvinas. Se brinda por los que quedaron, sus familias, y por los que volvimos”, concluye.

Fuente: https://www.infobae.com

¿REGRESO CON GLORIA DE MALVINAS?: EL VALOR DE LOS SOLDADOS Y EL HUMILLANTE OLVIDO DE LOS COMANDANTES


La actuación de nuestros soldados y las responsabilidades de los jefes militares que dieron las ordenes en la conducción del conflicto, pero nunca pisaron las islas desde que estalló la guerra. Las conclusiones del Informe Rattenbach

Por Martín Balza


La historia universal es pródiga en calurosas acogidas de tropas derrotadas desde la más remota antigüedad. Uno de los tantos ejemplos fue el recibimiento como héroes que, en Londres, en 1854, vivieron James Thomas Brudenell (Lord Cardigan) y sus soldados, luego del aniquilamiento de su brigada de caballería en Balaclava en la guerra de Crimea. Lamentablemente, muy distinto fue el recibimiento -ignoto y humillante- que recibieron los combatientes de Malvinas en 1982.

Los mentores de ello fueron los Generales Cristino Nicolaides y Juan Carlos Trimarco, olvidando que antes de la derrota británica en Crimea nuestro Libertador San Martín había sentenciado: “Una derrota peleada vale más que una victoria casual”.

Un lustro después, el General Reynaldo B. Bignone, presidente de Nación, en oportunidad del regreso de nuestros soldados manifestó que “…en una reunión de mandos del Ejército inmediatamente después del 14 de junio de 1982, el General Leopoldo F. Galtieri cargó la mayor parte de las culpas sobre los mandos tácticos que se desempeñaron en Malvinas (…) La recepción se concretó de manera cautelosa y silenciosa, a mi juicio equivocadamente. En forma privada, saludé telefónicamente a los Generales Menéndez, Jofré y Parada en sus respectivos domicilios”. (R. Bignone, El último de facto, págs. 123 y 133). Sin duda alguna que él, en su carácter de entonces presidente de la Nación y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, fue también responsable o corresponsable del desprecio a los soldados que pelearon en Malvinas por un sentimiento.

La recepción fue distinta en la Armada y en la Fuerza Aérea. Nicolaides, Trimarco, Bignone y otros solo conocían lo que ellos denominaban “el enemigo interno y las guerras ideológicas”; estas últimas, como dijo el General británico Fuller: “… son disparates, no solamente porque las ideas son impermeables a los proyectiles sino porque, invariablemente, cuando más santa es la causa, más demoníaco es el fin” (J.F.C. Fuller, La Segunda Guerra Mundial, Ed. Rioplatense, pág. 10).

Desde que se inició concretamente la guerra, el 1° de mayo de 1982, nuestros altos mandos no pisaron nunca Malvinas, y la triste paradoja es que desde 1955 solo habían estado preparados para tomar la Casa de Gobierno. Olvidaron que para que un ejército luche y que los hombres arriesguen sus vidas hay que hacer como con los tallarines: ¡no se puede empujar un tallarín, hay que tirar de él! Eso es lo que hicieron los niveles tácticos en Malvinas.

Galtieri durante la guerra de Malvinas (Víctor Bugge)
Galtieri durante la guerra de Malvinas (Víctor Bugge)

Muchos en el Ejército pretendieron atribuir la derrota no a la incapacidad manifiesta de los mandos superiores y a los complacientes seguidores -que hicieron casi todo lo que no debía hacerse según la ortodoxia y la historia militar-, no a las imprevisiones, no a la falta de abastecimientos, ni a nuestra inferioridad aérea, ni a la ausencia de la flota de superficie, sino a las valientes tropas y jefes tácticos.

El General británico Jeremy Moore -digno adversario- respetó y valoró al vencido más que nuestros Generales, con las excepciones del caso, entre ellas los Generales Benjamín Rattenbach, Tomás Sánchez de Bustamante y Ricardo Flouret. Entre otros conceptos, Moore reconoció que “en algunos sectores y fases del combate tropezó con tropas bien armadas y aguerridas que ofrecieron dura resistencia”.

En tal sentido no puedo omitir algunos comentarios sobre el desempeño de los soldados argentinos:

* “La campaña de Malvinas se peleó con notable respeto hacia las normas morales, por los dos bandos (…) Sentimos una sensación espléndida, después de la larga y dura serie de batallas en las islas, sobre tan considerable extensión de terreno especialmente inhóspito, y que todo haya concluido así. No cabe duda de que los hombres que se nos opusieron eran soldados tenaces y competentes, y muchos han muerto en su puesto” (General británico Anthony Wilson, comandante de la Brigada de Infantería 5, The Sunday Times Insigth Team- Una cara de la moneda, págs. 343 y 382).

* “Los cuentos sobre un ejército fascista (sic) argentino cometiendo monstruosidades no tenían fundamento” (M. Hastings y S. Jenkins, La batalla de las Malvinas, pág. 334).

* “Algunos argentinos tenían heridas producidas por fósforo blanco, serias, profundas y muy dolorosas. Sus quejidos eran desgarradores. Uno o dos tenían heridas producidas por bayonetas, cosa inusual en el combate moderno, y algunos estaban físicamente exhaustos. En el combate cuerpo a cuerpo peleaban hasta con la culata de los fusiles o con cualquier cosa que tuvieran a mano (…) Los argentinos combatieron muy bien” (M. Middlebrook, Operation Corporate, Viking Press, Londres 1985, pág. 352).

* “Ambos, argentinos y británicos son profundamente leales y patriotas, tienen una herencia militar orgullosa, una convicción religiosa profunda y un arraigado sentido del valor y el heroísmo. Pero la larga historia británica de guerras y batallas por más de 400 años, el adiestramiento permanente de sus fuerzas armadas con la OTAN, combinado con la fresca memoria de la Segunda Guerra Mundial, Corea, Suez, Belice y la permanente actividad en Irlanda del Norte, hacen a las fuerzas británicas más actualizadas en tácticas y rápidas respuestas en el campo de combate. Los argentinos no carecían de valor o lealtad, pero no ostentaban, lamentablemente, la experiencia necesaria (…) Las unidades argentinas que evidenciaron un alto grado de cohesión y se destacaron por su excelente desempeño en combate fueron: el Batallón de Infantería de Marina 5, el Regimiento de Infantería 25, las Compañías de Comandos 601 y 602 (del Ejército), el Regimiento de Infantería 7, así como el Grupo de Artillería 3” (Nora K. Stewart, South Atlantic Conflict of 1982- A Case Study in Military Cohesion, págs. 82 y 94). La doctora Stewart entrevistó en la Argentina y en el Reino Unido a varias decenas de excombatientes de ambos países. Su trabajo lo hizo para el departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Benjamín Rattenbach
Benjamín Rattenbach

El 2 de diciembre de 1982, la nueva Junta Militar -General Cristino Nicolaides, Almirante Rubén Franco y Brigadier Augusto J. Hughes- conformó una Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades Políticas y Estratégico-Militares en el conflicto del Atlántico Sur (CAERCAS) con la finalidad de evaluar el comportamiento de los miembros de la Junta Militar anterior y otros jefes militares y miembros del Gabinete Nacional durante el conflicto. Dicha Comisión estuvo integrada por dos oficiales superiores en situación de retiro de cada Fuerza: el Teniente General Benjamín Rattenbach, el General de División Tomás Sánchez de Bustamante, el Almirante Alberto P. Vago, el Vicealmirante Jorge Boffi, el Brigadier General Carlos A. Rey y el Brigadier Mayor Francisco Cabrera.

La comisión no era un organismo jurisdiccional, por lo tanto, sus conclusiones se entregaron a la justicia como elementos de juicio, y se conocen como el Informe Rattenbach, que examinó y evaluó la conducta de los responsables desde distintos campos: político, penal militar, disciplinario militar y del honor. Curiosamente, no fueron sometidos a ninguna evaluación los Generales Nicolaides y Juan Carlos Trimarco. En una de sus conclusiones la CAERCAS puntualiza:

* “Es importante señalar que hubo unidades que fueron conducidas con eficiencia, valor y decisión. En esos casos, ya en la espera, en el combate o en sus pausas, el rendimiento fue siempre elevado. Tal el caso, por ejemplo, de la Fuerza Aérea Sur (FAS); la Aviación Naval; los medios aéreos de las tres Fuerzas destacadas en las islas; el Comando Aéreo de Transporte; la Artillería del Ejército (Grupos de Artillería 3 y 4) y la batería de la Infantería de Marina; la Artillería Antiaérea de las tres Fuerzas Armadas, correcta y eficazmente integradas al igual que el Batallón de Infantería de Marina 5; el Escuadrón de Caballería Blindado 10; las Compañías de Comandos 601 y 602 y el Regimiento de Infantería 25. Como ha ocurrido siempre en las circunstancias críticas, el comportamiento de las tropas en combate fue función directa de la calidad de sus mandos”. (Informe Rattembach-1983)

Galtieri y Mario Benjamín Menéndez en Malvinas antes de que comenzara la guerra
Galtieri y Mario Benjamín Menéndez en Malvinas antes de que comenzara la guerra

Para evitar que el lector golpee las paredes de su casa, rompa algún plato, apague y/o encienda un nuevo cigarrillo (si fuma), evitaré los comentarios e imputaciones consignados en el citado informe sobre la Junta Militar y otros, incluidos por supuesto los Generales Nicolaides, Trimarco, Menéndez, Jofre y Parada. En segunda instancia, la Cámara Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal -que ignoró el Informe Rattenbach- condenó solamente al General Leopoldo Galtieri, al Almirante Jorge Anaya y al Brigadier Basilio Lami Dozo a doce (12) años de reclusión, más la accesoria de destitución y baja. Los causantes apelaron a la Corte Suprema de Justicia y, antes de que ésta se expidiera, por Decreto N° 1005 del 6 de octubre de 1989 fueron indultados por el Poder Ejecutivo Nacional. Además, Galtieri también fue indultado en diez causas por delitos relacionados con la violación a los derechos humanos. Murieron en uso del grado y del uniforme de la Patria, como reiteradamente lo aprecié personalmente, a pesar de que en su momento fueron imputados y condenados.

El General que condujo las fuerzas terrestres a la victoria en Malvinas, Jeremy Moore, falleció en el 2007, en Londres, y fue despedido en una ceremonia sin rendición de honores militares, acorde con el sobrio protocolo militar británico para el personal retirado. Años antes, en el 2003 en Buenos Aires, había fallecido el General Galtieri; se lo despidió con los máximos honores militares y se lo calificó públicamente de “soldado ejemplar”.


Al respecto, el reconocido periodista Andrew Graham-Yooll, entre otros conceptos, expresó: “Los plenos honores militares que recibió el fallecido dictador Leopoldo F. Galtieri no se condicen con un verdadero ejército del siglo XXI, decidido a superar las infelicidades del pasado siglo” (19 de enero de 2003).

Al conmemorar los 200 años de la muerte de otro gestor de nuestra independencia, el insigne Don Manuel Belgrano, vienen a mi memoria sus orientadoras y sabias palabras: “El estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse en lo presente y porvenir”.

*Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica.

Fuente: https://www.infobae.com

19 de junio de 2020

MALVINAS: EL DESIGNADO EMBAJADOR EN GRAN BRETAÑA RATIFICA LA POLÍTICA DE ENDURECIMIENTO DEL GOBIERNO ARGENTINO


La Cancillería enviará en agosto al diplomático de carrera Javier Figueroa. Tiene la instrucción de profundizar el reclamo de soberanía y avanzar con las sanciones a la pesca ilegal

Por Martín Dinatale

El designado embajador argentino en Gran Bretaña Javier Figueroa
El designado embajador argentino en Gran Bretaña Javier Figueroa

En línea con una estrategia de mayor dureza hacia Gran Bretaña por el reclamo de soberanía de las islas Malvinas que se impuso el Gobierno, la Cancillería enviará en agosto a Javier Figueroa como embajador en Londres, un funcionario de carrera diplomática que tiene buena relación con la vicepresidenta Cristina Kirchner y quiere redefinir el vínculo que había hasta ahora con el Reino Unido.

Figueroa se encontraba hasta ahora como embajador en Cuba y durante el mandato de Cristina Kirchner fue designado como subsecretario de la Secretaría de Malvinas en la Cancillería con Daniel Filmus. Este antecedente fue central para que el presidente Alberto Fernández decidiera enviarlo a Londres como embajador ya que ello forma parte de la idea del canciller Felipe Solá de “sacar del área de confort” a Gran Bretaña en relación al diálogo que la Argentina exige en la ONU por la soberanía de las islas Malvinas.

Ex alumno del Colegio Cardenal Copello de Villa Devoto, abogado y diplomático de carrera, Figueroa estuvo destinado en las embajadas de Sudáfrica y Cuba, en este último destino llegó por designación del entonces presidente Mauricio Macri. Pero antes de eso, Figueroa había sido Subsecretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas con Filmus entre los años 2012 y 2013.

Fuentes oficiales de la Cancillería dijeron a Infobae que la instrucción que recibió Figueroa del canciller Solá para su destino en Gran Bretaña es “mantener firme el reclamo por la soberanía de Malvinas, presionar por el tema de la pesca ilegal en el Atlántico Sur y generar una agenda positiva con Londres en temas económicos, culturales y científicos”.

Está claro que el perfil de Figueroa no es el mismo que tuvo en su momento la embajadora de Cristina Kirchner en Londres, Alicia Castro, quien mantuvo un discurso duro contra Gran Bretaña. En ese entonces las relaciones diplomáticas eran muy tensas y se endureció el reclamo por las Malvinas con el perfil combativo de la sindicalista aeronavegante.

Sin embargo, Figueroa llegará a la embajada en el Reino Unido precisamente en un momento donde la Argentina decidió reforzar su política defensiva sobre Malvinas, optó por eliminar la colaboración científica con Londres en el Atlántico Sur, aumentará las sanciones a la pesca ilegal en la zona aledaña al archipiélago y se dispone a crear un Comité de expertos, legisladores y ex combatientes de guerra para fijar políticas de Estado a largo plazo sobre la causa Malvinas.

En el diálogo que mantuvo con Filmus y Solá para aceptar el reto de ir como embajador a Londres se supo que Figueroa avaló la idea de potenciar el reclamo sobre Malvinas, aunque también mencionó la necesidad de reformular la cooperación y relación con el Reino Unido ya que fue muy crítico con el trato que tuvo Macri con los ingleses.

El canciller Felipe Solá
El canciller Felipe Solá

En este sentido, recientemente Figueroa publicó un artículo en la revista Panamá que bajo el título de “Una política oceánica para el Atlántico Sur”, planteó que “desde la derrota militar de 1982 -y la consecuente negativa británica a reanudar las negociaciones iniciadas en la década del 70- nuestras acciones diplomáticas se propusieron como objetivo la reapertura de tales conversaciones. Para ello oscilamos alternativamente entre un intenso activismo diplomático (gobiernos de Alfonsín y Néstor y Cristina Kirchner) y estrategias de cooperación práctica con un nivel menor de confrontación política (Menem, Macri)”.

De esta manera, el designado embajador en Gran Bretaña destacó que “el Reino Unido mantiene su cerrada negativa a negociar a la vez que ha expandido su presencia en el Atlántico Sur en diversos campos (político, económico, militar y científico). Así, la presión moral o diplomática, por más intensa y exitosa que fuera, se ha mostrado insuficiente para forzar al Reino Unido a negociar”.

En términos prácticos Figueroa propone que “el Atlántico Sur nos debe convocar por lo que es: un espacio de futuro, de potencial desarrollo económico y científico, de incalculables recursos. Debe ser un espacio de unidad nacional, que convoque a nuestra creatividad y audacia”. Y recalcó que “la disputa de soberanía más que un obstáculo para el avance de nuestros intereses en estos vastos espacios australes, debe ser leída como un catalizador de nuestras potencialidades, como un llamado a desarrollar políticas imaginativas y despertar una vocación oceánica en nuestro país”.

A la vez, en otro artículo que publicó en el portal Nodal, el nuevo embajador argentino en Londres apunta a mantener una política activa de control y explotación de la pesca en los mares del sur.

“No debemos perder de vista que algunos de los buques que operan en Malvinas operan posteriormente en alta mar luego de cerrada la temporada en las Islas. Por otra parte, la cantidad pescada en cada temporada en Malvinas tiene influencia en la cantidad de pescado disponible en la Argentina. Estas cuestiones debieran estar presentes en nuestra agenda bilateral con el Reino Unido”, escribió.

Fuente: https://www.infobae.com

15 de junio de 2020

EL GOBIERNO REFUERZA SU RECLAMO A GRAN BRETAÑA POR LAS ISLAS MALVINAS: IMPULSÓ UNA NUEVA DEMARCACIÓN DE LA PLATAFORMA SUBMARINA Y MÁS SANCIONES A LA PESCA ILEGAL


También promoverá por ley la creación de un Consejo para fijar políticas de Estado

Por Martín Dinatale


En un nuevo gesto tendiente a reafirmar los derechos de soberanía sobre las islas Malvinas y endurecer los reclamos al Reino Unido, el Gobierno anunció este miércoles que enviará al Congreso tres proyectos de ley de alto voltaje político para fijar la demarcación de la plataforma continental marítima, establecer un nuevo régimen de sanciones a la pesca ilegal en aguas cercanas a las islas y crear un Consejo Nacional de Asuntos relativos al archipiélago para establecer políticas de Estado a largo plazo.

Esta batería de proyectos de ley que se elaboraron desde la Cancillería bajo el auspicio del secretario de Malvinas, Daniel Filmus, se presentó en la residencia de Olivos con el canciller Felipe Solá y el subsecretario de Pesca, Carlos Liberman, precisamente por la conmemoración del 191° aniversario de la creación de la Comandancia Política y Militar de las islas. Es que en 1829 el gobierno de la provincia de Buenos Aires designó como gobernador de las Malvinas a Luis Vernet y fijó su posición de soberanía en las islas.

El presidente Alberto Fernández ratificó esta mañana el “reclamo pacífico por el fin del colonialismo y el ejercicio pleno de soberanía”, al conmemorarse el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas. En su cuenta de Twitter el jefe de Estado sostuvo: “En el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, ratificamos nuestro reclamo pacífico por el fin del colonialismo y el ejercicio pleno de soberanía sobre dichos territorios”.

Tras reunirse con Alberto Fernández y mostrarle el nuevo mapa de la plataforma continental marítima de la Argentina el canciller Felipe Solá dijo: "Una de las prioridades de la política exterior argentina en la evolución de las negociaciones sobre el derecho del mar ha sido y continúa siendo consolidar nuestros derechos de soberanía sobre la plataforma continental”.

De esta manera, Solá consideró que “tanto el proyecto de ley de demarcación del límite de la plataforma continental, como el de incremento de las sanciones por pesca ilegal y el de creación del Consejo Nacional, tienen como objetivo fortalecer nuestra presencia soberana, nuestra actividad económica y promover la memoria con hechos concretos, por los héroes de Malvinas y por otros que dieron la vida en la Antártida”.

A la vez, Filmus dijo a Infobae tras presentar los proyectos de ley en la quinta de Olivos que “estas iniciativas establecen una mirada integral de reclamo de soberanía de Argentina en las Malvinas, pero también la proyección económica del país en el Atlántico Sur”.

"En un día histórico como el de hoy en que se conmemora el nombramiento de Vernet como gobernador de Malvinas la Argentina refuerza y reafirma los derechos de las Malvinas porque hay constancia jurídica e histórica de la posesión de las islas por parte de la Argentina”, dijo el secretario de Malvinas en relación a la conmemoración del Día de Afirmación de los derechos de Malvinas.

En este contexto, mañana se publicarán en el Boletín Oficial dos de los tres proyectos de ley que fueron presentados y pasado mañana el tercero.

El Gobierno avanzará en primer lugar con la presentación en el Congreso del proyecto de ley sobre la demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina. Se busca “consolidar los derechos de soberanía sobre los recursos del lecho y subsuelo”. Es que el 11 de marzo de 2016 la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) en la ONU adoptó por consenso las recomendaciones sobre la presentación argentina del límite exterior de la plataforma continental realizada el 21 de abril de 2009. Así, confirmó que la plataforma continental del país ahora tiene 1.633.000 kilómetros cuadrados más y reconoció que las aguas de Malvinas están en disputa con el Reino Unido. Esto se agregó a los 4.500.000 kilómetros cuadrados que ya tenía el país.

Para esto se presentó el nuevo mapa de la plataforma continental marina que fue avalado por la ONU y que se ratificará por ley para que se incorporen en los colegios como material didáctico de los nuevos espacios limítrofes de la Argentina.

“Se han obtenido datos inéditos para el conocimiento del margen continental argentino, con el fin de que el trazado de ese límite sea el más beneficioso para el país respetando las fórmulas y restricciones previstas en la normativa internacional”, sostiene en los fundamentos el proyecto de ley que girará el Gobierno.

Y en relación al reclamo de soberanía de las islas Malvinas por parte de la Argentina, la Cancillería cree que la inclusión de los puntos que refieren a la demarcación de la plataforma continental proveniente de las Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur resultará imprescindible ya que se tratará de “un nuevo acto de reafirmación de los derechos soberanos argentinos sobre tales áreas y la demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina reviste una importancia fundamental por razones políticas y económicas”.

Es que con este proyecto de ley sustentado en el fallo de la ONU la Argentina podrá avanzar con la exploración y explotación de hidrocarburos, minerales y especies sedentarias en el suelo continental submarino ampliado, aunque no de las aguas superiores.

La intención de la Argentina de avanzar con esta iniciativa fue duramente cuestionada hace 10 días por la Cancillería de Chile que envió una carta al ministro Felipe Solá para objetar la decisión “unilateral” de promover esta demarcación que, al entender de la administración de Sebastián Piñera, atenta contra la zona limítrofe del Canal de Beagle.

Por otra parte, el Gobierno promoverá desde hoy por ley la creación de un Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

El objetivo de esta comisión conformada por especialistas, académicos, ex combatientes, representantes del gobierno de Tierra del Fuego, parlamentarios del oficialismo y de la oposición y el Poder Ejecutivo es el de constituir un espacio plural en el máximo nivel institucional, que diseñe y proyecte estrategias a mediano y largo plazo en el plano nacional, regional y global, conformado de manera amplia, multipartidaria y con la participación de distintos sectores sociales involucrados en la temática de Malvinas. Es la primera vez que los veteranos de guerra de las Malvinas forman parte de una iniciativa del Poder Ejecutivo con proyecciones a largo plazo e injerencia en las políticas de las islas.

Por último, el Gobierno impulsará un proyecto de modificación de la ley que fija un régimen de sanciones por la pesca ilegal en aguas lindantes con Malvinas.

Según el Gobierno, la Ley Federal de Pesca 24.922 estaba desactualizada, con montos que databan de 1997 (con una actualización para las causales agravantes del año 2008), lo que generaba que las sanciones monetarias no cumplieran con el objetivo de desalentar las prácticas ilícitas por parte de los buques pesqueros. El proyecto de ley que ahora se promueve tiene como objetivo actualizar y endurecer el régimen de sanciones contra la pesca ilegal de la Ley Federal de Pesca, perpetrada contra nuestros recursos, muchas veces por buques extranjeros, incluso en el área de Malvinas, otorgando herramientas normativas más dinámicas para combatir ese flagelo.


“Existe una vasta gama de intereses nacionales en juego, los cuales además deben apreciarse a la luz de la existencia de la disputa de soberanía con el Reino Unido por nuestras Islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes, dado que dicho país continúa otorgando ilegítimas licencias de pesca en el área de Malvinas persistiendo en la ejecución de actos unilaterales, ignorando sistemáticamente el mandato de la Organización de las Naciones Unidas”, sostiene la iniciativa oficial.

Filmus acotó a la vez que la actual ley de pesca “estaba muy desactualizada en términos de pagos de sanciones y multas a las empresas que extraen recursos del mar argentino”.

Así, el proyecto de ley propone un régimen variable basado en unidades de valor relacionadas al monto del combustible, que contempla su actualización. La iniciativa también posibilita restituir todos los gastos en que incurre el Estado una vez cometida la infracción. Este régimen es aplicable a todos los espacios marítimos argentinos, por lo que contribuye a afianzar la soberanía en las zonas en disputa y al cumplimiento de los compromisos internacionales de la República Argentina, en particular, el Objetivo para el Desarrollo Sostenible (ODS) 14.4 de las Naciones Unidas, que establece que antes de 2020 los Estados deben reglamentar eficazmente la explotación pesquera.

Las propuestas que presentará el gobierno se dan en un contexto de dureza de parte de los isleños respecto de la política argentina hacia las islas y la ratificación de su alianza con Londres.

En su mensaje a la Asamblea Legislativa de las islas, el gobernador puesto por Gran Bretaña en las Malvinas, Nigle Phillips, expresó ayer que “las Islas Falkland (Malvinas) cuentan con el apoyo del gobierno británico incluyendo la defensa de su soberanía y del derecho a la autodeterminación”. También instó a “trabajar muy de cerca con Londres en asegurar los intereses de las Islas en las negociaciones del Brexit”.

En el mensaje de Phillips se presentó el presupuesto de las Islas para el ejercicio 2020/21, a la vez que rindió cuentas sobre “logros y errores” durante los últimos doce meses y adelantó las políticas y metas para el futuro.

En este sentido, Phillips dijo que entre los proyectos a ejecutar se cuentan la construcción de un puerto nuevo de aguas profundas, el mejoramiento de los caminos rurales y muelles en distintas localidades de las Islas, asfaltar otro tramo de la arteria que conecta Puerto Argentino con el aeropuerto internacional y complejo de Mount Pleasant, la ampliación del hospital KEMH, proyectos de viviendas y la adquisición de un par de aviones para el servicio interno, entre otras cosas.

Fuente: https://www.infobae.com