28 de octubre de 2019

CONTRA EL “PARAGUAS DE SOBERANÍA”


Malvinas: Alberto Fernández ya planea revisar históricos acuerdos con el Reino Unido
Son los llamados Madrid I y II, que dieron reinicio a las relaciones diplomáticas cortadas por la guerra de 1982.

Por Natasha Niebieskikwiat

El albertismo ya elabora una jugada fuerte y arriesgada en política exterior para lanzarla si Alberto Fernández se convierte en presidente: revisar y, eventualmente, denunciar los históricos acuerdos firmados con el Reino Unido hace treinta años. Son los Acuerdos de Madrid I y II que dieron reinicio a las relaciones diplomáticas cortadas por la guerra de 1982, y que además sentaron las bases de cómo sería el conflictivo vínculo en torno a las Malvinas.

Los acuerdos impusieron una serie de puntos bajo la fórmula del "paraguas de soberanía". Por fuera se habla y se acuerda de todo, por dentro nada, un punto que el kirchnerismo siempre denostó, pero nunca se animó a desafiar. Ahora, los sectores moderados del albertismo quieren abrir la negociación con Londres y los más duros del cristinismo denunciar los acuerdos si los británicos no aceptan revisarlos. Esto traería una fuerte tensión entre las partes.

"Puedo decirte que el tema será importante en la agenda de AF", sentenció ante Clarín el ex embajador Jorge Argüello, Secretario de Estado para la Cuestión Malvinas de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur ante la Cancillería.

Fue al volver del seminario sobre los 30 años del primer acuerdo de Madrid, que se cumplirán el próximo sábado 19, y que se realizó en Ushuaia. Allí, el kirchnerismo y el albertismo expusieron sus planes. Las figuras centrales fueron Argüello, la saliente gobernadora Rosana Bertone y el ex canciller Rafael Bielsa, quien se pronunció por la "reapertura de la negociación bilateral para la cuestión de la soberanía".

El seminario y la exposición forman parte de las líneas de acción que evalúa el candidato del Frente de Todos. De hecho, durante el debate con Mauricio Macri y otros cuatro candidatos a presidente, el último domingo, Fernández sentenció: "Vamos a reivindicar la soberanía sobre nuestras Islas Malvinas y en memoria de los más de 600 argentinos que quedaron allí (muertos en la guerra), me voy a ocupar de que las cosas sean distintas".

El albertismo debatió Malvinas en Tierra del Fuego. Gobernadora Rossana Bertone, el ex canciller Rafael Bielsa y ex embajador Jorge Argüello
El albertismo debatió Malvinas en Tierra del Fuego. Gobernadora Rossana Bertone, el ex canciller Rafael Bielsa y ex embajador Jorge Argüello

A lo largo de estos años, el kirchnerismo y el massismo, en distinto grado, criticaron duramente la llamada "Hoja de ruta" que firmaron Londres y Buenos Aires, en 2016 y que, sin ser un acuerdo formal funciona como tal. Este comunicado conjunto buscó el fin de la conflictividad bilateral del período K y al mismo tiempo en el capítulo Atlántico Sur, se buscó eliminar "obstáculos" contra las islas en pesca, hidrocarburos.

Se concretaron al momento los ADN a los soldados argentinos que no estaban identificados en el cementerio de Darwin, y el segundo vuelo al continente que hará Latam, en ruta San Pablo-Mount Pleasant y una vez al mes aterrizará en Córdoba. Sin embargo, Argentina no aprovechó a su favor la instancia del Brexit, a la que tanto temen los isleños.

Argüello dijo que el "celebre paraguas de soberanía" como base de la relación en la cuestión Malvinas, coloca la agenda bilateral del lado del interés británico y que los acuerdos de 2016, que no pasaron por el control del Congreso ponen de relieve los Acuerdos de Madrid, se deben revisar, señaló.

El hombre que hoy ocupa un rol central en la agenda de exteriores de su amigo Alberto Fernández -es un potencial canciller- también habló de que era hora de que Argentina también pensara en la posibilidad de llevar a cortes de la ONU la cuestión Malvinas, como lo hizo en La Haya islas Mauricio, por el archipiélago de Chagos.

Y sostuvo que es hora también de pensar si era posible sacar el reclamo de soberanía del Comité de Descolonización de la ONU para discutirlo a nivel de Asamblea General del organismo. Una tarea titánica y riesgosa para cualquier gobierno.

"En pesca, hidrocarburos y comunicaciones, nuestro país no ha visto más que consolidarse la posición británica en el Atlántico Sur en vez de aceptar iniciar negociaciones por la soberanía de las islas. La política de agradar a los británicos, una vez más, vuelve a demostrar la falacia que representa", dijo por su parte la gobernadora fueguina. Se quejó también de la cooperación antártica establecida en estos años y de la reactivación de la Subcomisión Científica de Pesca del Atlántico Sur.

Bertone, que en diciembre será reemplazada por el ex radical ultrakirchnerista Gustavo Melella ─a quien asesora Alicia Castro, ex embajadora en Londres de Cristina K─, reclamó durante la gestión de Mauricio Macri que la Cancillería sentara a la provincia en la mesa con los británicos.

Buenos Aires no lo hizo y crispó más los ánimos australes al sentar siempre en las negociaciones a los isleños, a quienes Londres da amplio poder bajo la consigna de la "autodeterminación".

Para entender lo que representaron los Acuerdos de Madrid I y II basta con recordar que la guerra representó la ruptura de relaciones diplomáticas y que recién en 1990 se acordó reabrir las embajadas, y la restitución del cargo de embajador.

Para ello, entre numerosos otros puntos para normalizar el vínculo el 17 y 19 de octubre de 1989, el entonces embajador Lucio García del Solar, entonces representante especial del gobierno de la Argentina, y su contraparte británica Crispin Tickell firmaron el primer acuerdo que remarcaba en el punto dos que "nada en el desarrollo o contenido de la presente reunión o de cualquier otra reunión similar ulterior" sería interpretado como un cambio de posición de la argentina acerca de la soberanía o o jurisdicción de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Lo mismo ocurriría del lado británico. No habría entonces ni en el futuro ningún acto o apoyo, o actividad que represente un cambio de situación o jurisdicción de los territorios en disputa.

Consultados por Clarín, voceros del Foreign Office dijeron: "No podemos especular sobre cuál será el resultado de las elecciones ni cuáles podrían ser las medidas del gobierno argentino en el futuro. El Reino Unido está listo y dispuesto a trabajar con el gobierno que resulte elegido por el pueblo argentino".

Fuente: https://www.clarin.com

27 de octubre de 2019

LA EMOTIVA HAZAÑA DEL HOMBRE QUE UNIÓ A NADO LAS ISLAS MALVINAS ALENTADO POR UN VETERANO DE LA GUERRA


Ya había unido dos continentes, pero el agua de las islas tenía un componente especial. “El único tema que une a todo el país es Malvinas, ella nos unirá”, dijo a Infobae Agustín Barletti, el hombre que recibió un rosario del Papa y lo dejó en la tumba de un “soldado solo conocido por Dios”

Por Fernanda Jara

 
"La natación fue solo un vehículo que posibilitó conocer de cerca y amar aún más la gesta de Malvinas y a cada uno de los héroes que quedaron en las islas tras entregar sus vidas por la Patria” 

“¡Vamos, mi viejo! ¡Vas a nadar por los héroes que quedaron en las Islas!”, fue el aliento de Pablo Testa, su entrenador y amigo. Poco después, el nadador cumplió una verdadera hazaña: “Con el ánimo de quien recibe agua bendita para santificar el alma ingresé al mar de Malvinas”, describe de Agustín Barletti a Infobae sobre el momento en que inició la proeza que se había propuesto dos años antes.

Era el 9 de noviembre de 2014, cuando después de una noche descompensado, Barletti se sumergió en las aguas. Tenía 53 años y con 2 grados de temperatura en el agua nadó, con el short con la bandera argentina debajo de su traje de neoprene, por el estrecho de San Carlos, “el corredor de las bombas”, donde en 1982 desembarcaron las tropas británicas. La hazaña fue acompañada por sus amigos, la mirada atenta de los lugareños y el ánimo de sentir que así homenajeaba a esa tierra, a los caídos en combate y los veteranos.

“Me tomó cinco años poder escribir lo que viví allí”, dijo Barletti sobre Malvinas, entre brazadas y memorias, el libro en el que deja testimonio de su epopeya. “El tiempo transcurrido me sirvió para comprender que la natación fue solo un vehículo que posibilitó conocer de cerca y amar aún más la gesta de Malvinas y a cada uno de los héroes que quedaron en las islas tras entregar sus vidas por la Patria”, remarcó el hombre que cree que la causa Malvinas unirá a la Argentina.

La carta que lo marcó, su madre, el Estrecho de Gibraltar y la hazaña


“Invité a Malvinas a dos compañeros del colegio primario. Pablo Lima, el único que fue a la guerra y a Guillermo Luder, un eximio fotógrafo. Fue como una aventura de estudiantes”
“Invité a Malvinas a dos compañeros del colegio primario. Pablo Lima, el único que fue a la guerra y a Guillermo Luder, un eximio fotógrafo. Fue como una aventura de estudiantes”

En 1982, una carta le advirtió a Barletti que no se alejara de su residencia porque podría ser convocado para la guerra de Malvinas. “A principios de junio, en pleno conflicto bélico, recibí una notificación del Estado Mayor de la Armada que ordenaba no alejarme más de 40 kilómetros de casa porque como reservista podría ser convocado en cualquier momento”.

Su hermano Pablo recibió la misma carta mientras Martín, el tercero de los hermanos, ya cumplía con el servicio militar en la Prefectura Naval, pero no fue movilizado a combate. Su madre, aterrada por la situación, se acercó al Edificio Libertador, donde está la Armada, para avisar que uno de sus hijos ya estaba “bajo bandera” y preguntar al guardia que la recibió: “¿Es cierto que, además, pueden mandar a otros dos a la guerra?”. “¡Siéntase honrada de poder entregar tres hijos para la defensa de la Patria, señora!”, le contestó el oficial.

“Mi mamá lo agarró del cuello, la tuvieron que separar", recordó Barletti sobre los días en los que su partida a las islas parecía inminente porque unos meses antes fue dado de baja en la Marina, donde cumplió el Servicio Militar.

No fue soldado. No le tocó, pero sí a Pablo Lima, amigo y ex compañero de escuela, a otros de su edad y un poco menores. “Viví la guerra de cerca, en carne viva”, dijo todavía angustiado por el recuerdo.

Su vida siguió. Los años pasaron, las anécdotas fueron otras, llegaron los hijos y la vida adulta. “Hasta los 48 años tenía una vida sedentaria, pesaba casi 100 kilos, no hacía ejercicios, padre de 5 hijos y sentía que era candidato a un ACV... Pensé en qué hacer para revertir esa situación, en algún deporte para mejor mi estado físico, pero en ninguno era bueno y el único que había practicado de chico era natación así que volví a nadar, pero me puse un objetivo: unir dos continentes nadando. Convoqué a Pablo Testa, el mejor entrenador de aguas abiertas de Argentina”, contó el hombre que, tras 19 meses de entrenamiento intenso, nadó por el Estrecho de Gibraltar.

El 23 de octubre de 2011, logró unir Europa y África a nado: nadó más de 20 kilómetros en 6 horas y 7 minutos. Lo hizo junto a delfines y tortugas marinas y tuvo la visita de un tiburón. Pese a eso no se conformó. “Viste cuando estás 19 meses planificando algo, un casamiento, después pasa todo en un segundo y quedás con esa sensación de “¿y ahora qué?”... ¡Así me sentí! Y mi entrenador me dijo: ‘¡Ahora, Malvinas!’ ¡Y acepté el desafío!".

En poco más de dos horas, Agustín Barletti unió a nado las Islas Malvinas
En poco más de dos horas, Agustín Barletti unió a nado las Islas Malvinas

—Desde la idea de ir a las Islas hasta concretarlo pasaron tres años ¿a qué se debió ese tiempo?

—-En abril de 2012 avisé que lo haría en la presentación de mi primer libro, Hazaña en Gibraltar, pero recién pude hacerlo dos años después porque el primer pedido ante las autoridades británicas fue negado. Apelé en el Consejo de las Islas que lo aprobó; luego me pedían el soporte del barco, certificados médicos, el diploma de haber cruzado Gibraltar... Todos los trámites llevaron tiempo y además el tema del pasaporte, que fue un golpe al corazón entrar y que lo pidan para sellar... En el formulario de migraciones nos pedían decir en qué hotel íbamos a parar, pero paramos en el barco y el capitán llegó una semana antes del cruce. Hasta que él no presentó todo no sabíamos si íbamos a poder cruzar.

—Mientras hacían los trámites ¿cómo fue en entrenamiento para nadar en aguas heladas?

—En ese tiempo tuve que hacer un entrenamiento especial porque no soy ni buen nadador ni rápido. Por mi edad y porque comencé de grande; y el agua helada hace que tengas que cruzar muy rápido para evitar la hipotermia, así que tardé dos horas y demoré cuatro en recuperarme.

—Poco antes de partir recibió un regalo especial con un destino especial ¿cuál fue?

—¡Sí! El Papa Francisco se enteró de esta aventura que estábamos por emprender y nos mandó un rosario que bendijo con la sugerencia de que lo coloquemos en la tumba más despojada que viéramos en el Cementerio de Darwin. En ese momento no estaba el proceso de reconocimiento de los cuerpos que luego se hizo. Encontramos una y lo dejamos ahí.

—Llegó el día y el momento de nadar, ¿cuál fue la sensación al entrar en las aguas de Malvinas? ¿Cómo vivió ese “bautismo”?

—¡Fue como entrar en agua bendita! Después de cinco años, me sigo despertando por las noches y pienso: ‘¿Lo viví realmente?’. ¡Fue algo tan increíble! Además, por la naturaleza del lugar. ¡Había delfines que nadaban al lado mío! Y, yo que creo en los milagros, el día que nadé me tocó un día muy lindo tanto que hasta la propia gente de las islas nos decía el buen tiempo que hizo.

—Justamente, en el libro cuenta sobre las inclemencias del clima en noviembre. La guerra fue en pleno otoño ¿pensó en algún momento en lo que vivieron los soldados?

—¡Pensé mucho en ello! Recorriendo el Monte Longdon comenzó a nevar en pleno noviembre y nosotros decíamos: “¡Lo qué habrá sido esto entre abril y junio!", los meses que estuvieron aquí. Eso nos hizo reflexionar mucho. Y lo más triste fue que mientras yo estaba en el agua fue inevitable pensar en cuando se hundía el General Belgrano, cuando tuvieron que evacuarlos... Y que otros tuvieron que salir con lo puesto.

Los veteranos y el recuerdo de los caídos en la guerra que se desató el 2 de abril de 1982 y terminó el 14 de junio de ese año estuvieron presentes durante la semana la que Agustín y sus amigos pasaron en las Islas Malvinas, a las que ingresó con el pasaporte sellado. “Fue un golpe al corazón”, dijo.

 
"Los isleños no quieren ser ingleses ni argentinos. Se sienten isleños, de allí"

En el agua, Barletti mezcló pensamientos y la concentración ante el desafío. Además de lo que tuvo que vencer en aguas desconocidas, pero estudiadas por mapas: “El otro problema, aparte del clima, fue la corriente. En el Estrecho de San Carlos es un embudo por donde pasa una corriente tremenda y hay que buscar la estola de marea, que es el momento en que deja de crecer y empieza a bajar. Ese es el momento de marea neutra. Si no se así la marea te saca. En ese estrecho desembarcó la flota inglesa, ese lugar se conocer como el corredor de las bombas porque ahí les dieron a los ingleses para que tengan y guarden. Cuando yo pasé era un páramo con una paz”.

Luego de dos horas, la hazaña estaba cumplida. La sensación de realizarla se apoderó de su ser. “¡Fue indescriptible!”, resumió sobre el momento que quedó sellado en su memoria y que luego de cinco años pudo traducir en palabras.

“Malvinas. Entre brazadas y brazadas”

“El cruce fue realizado hace cinco años, antes crucé el Estrecho de Gibraltar, y en ese momento escribí un libro casi de inmediato, pero en este caso pasaron 5 años y recién hace 2 meses pude escribirlo... ¡Fue tan fuerte lo que viví allá que necesitaba tiempo para que caigan ideas, para poder ser lo más objetivo posible!”, asumió como si el tiempo necesitara excusas.

 
"La llegada. Momento en que Agustín finaliza el cruce. El reloj marcó las 14:07 del 9 de noviembre de 2014"

—¿Hizo algo relacionado con el proyecto del libro durante esos cinco años?

—Me dediqué a investigar porque tengo el vicio de investigador y porque quería escribir un libro que cuente la historia de la natación, pero también que rescate situaciones heroicas vividas por los veteranos de la guerra de Malvinas. En el libro cuento el infierno vivido durante la última batalla en el Monte Longdon y las increíbles hazañas del Batallón de Infantería de Marina N° 5 y de los marinos mercantes.

—¿Cómo fue esa investigación?

—Tuve acceso a documentación británica, otra de la Cancillería de Argentina, charlé con muchos protagonistas de la gesta Malvinas, tanto ex combatientes de Argentina como británicos, hablé con militares que estuvieron en combate y, mientras estuvimos allá, con muchos isleños porque en Islas, que están lejos del mundo, no pasa nada.

 
"Amanecer malvinero. 9 de noviembre, aproximadamente a las 5 de la mañana. El sol comienza a despuntar un día mágico"

—¿Hasta dónde comparten los recuerdos de la guerra?

—Son personas que no quieren ser ingleses ni argentinos. Se sienten isleños, de allí. Son amables y suelen compartir opiniones en bares, no se cierran al diálogo, pero ellos suelen después de estar en un bar, por ejemplo, seguir la reunión en una casa. A esa invitación no se llega.

—¿Qué le dejó la experiencia de unir Malvinas nadando?

—La natación fue una excusa que me permitió vivir todo lo que viví. Después me quedó la sensación muy linda de esa empatía que generamos en Malvinas e imagino que el camino es por acá. Creo que cuando pasa algo en referencia a las Islas siempre se genera empatía, unión, por eso creo que es el camino para ablandar a nivel país la situación, para lograr como compatriotas un acercamiento. Creo que los gobiernos deberían fomentar y subsidiar viajes de egresados de estudiantes argentinos a Malvinas para que se genere un vínculo entre los jóvenes. Malvinas te obliga a reconocer a un veterano, por eso, si tenés a uno cerca abrazalo porque hacerlo es lo más cercano a abrazar a la Patria.

 “Me tomó cinco años poder escribir lo que viví allí”
“Me tomó cinco años poder escribir lo que viví allí”

Barletti publicó en junio de este año Malvinas. Entre brazadas y memorias, el libro donde relata sus encuentros con él mismo en el agua de las Islas, la experiencia de conocer a los veteranos de San Luis, a los isleños que estuvieron en combate y a los más jóvenes. Además, hace una investigación desde una mirada diferente de lo que fue el conflicto bélico que nos dolerá para siempre.

Algunas fotos de la hazaña de los amigos en Malvinas

 
"Atardecer en San Carlos. 8 de noviembre a las 17:30, el estrecho nos recibe con este atardecer"

A la salida del puerto se encuentra esta típica cabina de teléfono público
A la salida del puerto se encuentra esta típica cabina de teléfono público

"Detenida en el tiempo. En la avenida principal de las islas está la oficina de correos con su típica construcción estilo inglés"

(Foto: Guillermo Aldo Luder)

"Único. En West Store se compra comida, ropa y libros. Es el único lugar donde se compra"

 

Fotos: Gentileza Guillermo Aldo Luder
Fuente: https://www.infobae.com

25 de octubre de 2019

ES HIJO DE UN HÉROE DE MALVINAS Y ARMÓ EL PRIMER MAPA QUE UBICA DÓNDE MURIERON SU PAPÁ Y LOS OTROS 648 ARGENTINOS EN LA GUERRA


Ezequiel Martel Barcia trabajó durante siete años para ubicar en el mapa de las islas el lugar donde cayeron los combatientes argentinos

Por Fernando Soriano

Ezequiel Martel Barcia, con uno de los mapas de su autoría detrás (Fotos: Nicolas Stulberg)
Ezequiel Martel Barcia, con uno de los mapas de su autoría detrás (Fotos: Nicolas Stulberg)

Ezequiel Martel Barcia perdió a su papá en la guerra de Malvinas cuando era apenas un bebé. Sus recuerdos son vagos, atravesados por las fotos de la época y la ausencia, un peso específico sostenido en la frase que escuchó toda su vida, como un consuelo: "Los héroes de Malvinas murieron por Dios y por la Patria".

Pero para él esa idea nunca fue suficiente reparo. Siempre necesitó materializar la falta de Rubén Héctor Martel, piloto de un Hércules derribado el 1º de junio de 1982, pisar las islas, buscar rastros, llenar el vacío con acción. Y un día de 2012, sentado frente a un mapa de las islas, empezó a marcar en el papel, casi sin pensarlo, como un juego inventado durante una sumersión al ocio, los datos que tenía en su memoria sobre dónde fue que murieron su papá y los otros 54 miembros de la Fuerza Aérea caídos en combate.

Pronto el juego se transformó en un motor cuya tracción a sangre es la búsqueda de la identidad; la de Ezequiel y la del resto de los hijos de los 649 muertos en combate. "Para 2011 o 2012, estaba en mi oficina, tenía un viejo mapa de Malvinas y me puse a sacar la posición donde cae papá y así empecé con el resto. Cuando me descuidé tenía las 55 posiciones donde habían muerto todos de Fuerza Aérea. Lo fui chequeando con información de los libros y pensé qué puedo hacer".

 

Podía hacer más. Y no sólo con los 55 caídos de la Fuerza Aérea. Entonces consiguió imágenes digitales de Malvinas y empezó a trabajar sobre estas con los datos del resto de las fuerzas: Ejército, Prefectura, Gendarmería, Marina Mercante y Armada.

"El fin es histórico y didáctico. Para muchos de nosotros, que perdimos a nuestros viejos, esto también es un alivio. Sé que mi viejo se quedó allá. Si el día de mañana tengo un hijo y me pregunta dónde se quedó el abuelo tener un mapa puedo mostrarle donde está haciendo guardia", comenta Ezequiel en los pasillos de la sede Medrano de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que exhibe los mapas, donde él cursa la tecnicatura en Gestión Aeronáutica.

Martel Barcia (38) hizo un mapa para cada fuerza. Consultó con ex combatientes de cada una para conocer dónde murieron sus soldados. "Lo armé con la idea de conservar el rigor histórico. Yo tenía la zona, me juntaba con los ex combatientes y terminábamos de corregir", detalla.

 

Nadie antes en 37 años que pasaron del último disparo de la guerra, pensó en diseñar estos mapas. Excepto Ezequiel. "Nunca se hizo. Es extraño, pero cada uno es bueno en algo o tiene diferentes inquietudes. Y a mí me surgió, tenía algo que me generaba hacerlo y tuve el apoyo de todos. Me siento reconfortado cuando veo el trabajo en el rostro de los demás y sé que les gusta", se enorgullece Martel Barcia, que trabaja como personal civil en la Fuerza Aérea.

Para el caso de los aviadores, el trabajo fue ubicar tentativamente el lugar donde cayeron. "No podés poner la coordenada, como en el caso del avión de papá, que es aproximada. Porque desde el impacto hasta que el avión cae, más el movimiento del mar, puede variar mucho, son los puntos en las zonas", detalla.

En el caso del Ejército la complejidad fue otra. Ezequiel no podía plasmar a todos los que murieron en el mapa, porque fueron muchos: 16 oficiales, 35 suboficiales y 143 soldados conscriptos. "Entonces puse las zonas donde peleó cada regimiento y a los caídos los puse a los laterales del mapa. Es un trabajo que se hizo con mucho respeto hacia todos los héroes, y traté de buscar la forma en que fuera lo más visible y educativo para todos, sobre todo para las generaciones que vienen, para que vean que en ese lugar hubo argentinos peleando. Están enterrados en el cementerio, pero el lugar donde pasaron a ser guardia eterna fue en ese punto del mapa", explica.

 

A Martel Barcia le llamó mucho la atención "la entrega que tuvo cada fuerza". Cuando tuvo confeccionados todos los mapas superpuso como si fueran capas cada uno y se dio cuenta la enorme distribución en un territorio que, explica porque estuvo dos veces, es inmenso. "Te hace generar conciencia: empezaba a ver los puntos y después de la vez que viajé en 2017, te deja la duda: cómo pudieron haber hecho lo que hicieron contra uno de los tres ejércitos más importantes del planeta, peleando en lugares muy jodidos, pensás en la logística, el despliegue y el accionar", dice con asombro.

El agujero de Malvinas ocupa una gran parte del corazón de Ezequiel. No es lo primero que activa sobre la Guerra. Dos veces fue para surfear en las playas cercanas a donde el Hércules que piloteaba su papá fue derribado. Y también consolidó una amistad con el oficial inglés que tiró abajo el avión de su padre. Contra todo lo que pueda creerse, Martel Barcia entabló muy buenas relaciones con los isleños, que lo recibieron con respeto y afecto.

"De mi parte me sentí muy a gusto con los kelpers. Si me decís con qué me vine del viaje, te voy a decir que me trataron muy bien. Yo fui a buscar que me trataran bien. Me puse a disposición de ellos. Yo quería que me acompañaran. Fui con esa postura. Y ellos sabían y me sorprendieron todos los gestos que tuvieron conmigo", relata.

 

El trabajo que hizo sobre los mapas no se lo guardó. El mapa con los 55 caídos de Fuerza Aérea lo presentó formalmente en 2014 en una jornada de puertas abiertas en la Base de Morón. Al año siguiente entregó a Gendarmería en un acto de bautismo de fuego, el mapa con los siete caídos de esta fuerza. "Cuando pasé al frente me presenté y le dije 'soy hijo de un caído de otra fuerza pero el orgullo es el mismo' y hoy vengo a entregarle la lámina y estaba el hijo de un caído de Gendarmería y nos emocionamos juntos", cuenta.

El año pasado hizo lo mismo con el mapa que localiza los dos caídos de Prefectura Naval y este año entregará los propios a Ejército, Armada (375 muertos) y Marina Mercante (18).

Para Ezequiel Martel Barcia haber terminado de ubicar a los 649 héroes de Malvinas es una satisfacción, casi un sueño cumplido. Pero no el único al respecto. Su tarea no se termina con la exhibición. Cada mes ahorra dinero extra y manda a imprimir las láminas de Fuerza Aérea con un fin: "Quiero que en cada unidad de la fuerza esté el mapa. Ya lo hice en tres unidades: Tandil, Villa Reynolds y Palomar y me falta el resto. La idea es que el mapa esté en cada brigada. También en los institutos de formación".

El piloto Rubén Martel, caído el 1º de junio de 1982, cuando Ezequiel tenía 10 meses de edad
El piloto Rubén Martel, caído el 1º de junio de 1982, cuando Ezequiel tenía 10 meses de edad

Días atrás le pidieron copias de cada uno para exponer en Aeroparque, lo que lo enorgullece. Pero su objetivo máximo es otro: "El sueño más grande sería que pudieran estar en todas las escuelas, que haya un lugar en cada escuela que muestre dónde se quedaron para siempre nuestros héroes. Y que sea un motivo de orgullo. Ahora sabemos dónde está cada uno. Sabemos que en esa parte de ese mapa tan grande quedó nuestro ADN".

Fuente: https://www.infobae.com

DOS SOLDADOS ENEMIGOS EN MALVINAS Y UNA BÚSQUEDA DURANTE 37 AÑOS PARA SANAR EL DOLOR DE LA GUERRA


El marine inglés había tomado prisionero a Héctor Pereyra y se llevó su casco. Ayer el argentino lo recuperó emocionado: “No sabía si finalmente lo iba a poder tener”

Por Adrián Pignatelli

Héctor Pereyra recibió de manos del jefe del Ejército el casco que lo protegió en la guerra de Malvinas (Fotos: Maximiliano Vernazza)
Héctor Pereyra recibió de manos del jefe del Ejército el casco que lo protegió en la guerra de Malvinas (Fotos: Maximiliano Vernazza)

En la tarde del viernes, el patio de armas del Hospital Militar Central sirvió como escenario para la ceremonia por el Día del Servicio de Sanidad, en el que se distinguió a personal destacado en esa especialidad. Sin embargo, el plato fuerte tuvo lugar cuando el entonces cabo Héctor Pereyra recibió de manos del jefe del Ejército el casco que lo protegió en la guerra de Malvinas, y cuya historia Infobae publicó el pasado 5 de octubre.

“¡Presente!”, se escuchó fuerte y firme la voz del Suboficial Principal Enfermero General Héctor Pereyra cuando pronunciaron su nombre para entregarle el casco con el que combatió en Malvinas 37 años atrás.

Caminó resuelto por el patio de armas y esperó firme esos instantes que demoró el teniente general Claudio Pascualini, jefe del Estado Mayor General del Ejército, en acercarse. Pereyra lucía en su saco oscuro tres medallas: la del Congreso de la Nación, la de herido en combate y la del Ejército Argentino. Y una sonrisa que no podía disimular. Cerca se encontraba el general Diego Soria -en la guerra teniente coronel jefe del Regimiento de Infantería 4, en el que revistaba Pereyra- y su familia, que había viajado desde Gualeguaychú.


Junto a Pascualini, un asistente llevaba el casco en una suerte de bandeja. “Téngalo con honor”, le aconsejó el jefe del Ejército al ponerlo en sus manos. En ese momento la Diana de Gloria, ejecutada por la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo, rompió el silencio solemne y marcial, hasta entonces apenas interrumpido por el sonido de las cámaras fotográficas.

Un largo viaje

Con la devolución del casco se cerró uno de los miles de capítulos de la guerra del Atlántico Sur. Héctor Pereyra, un cabo enfermero de 18 años, había sido seriamente herido en Monte Harriet. Un soldado inglés de su misma edad, Andy Damstag, lo guarneció detrás de una roca, ya que el combate continuaba y le dio su casco para que se protegiese. Antes de que Pereyra fuese llevado a un puesto sanitario inglés, le devolvió el casco al Royal Marine. Este, que deseaba llevarse un recuerdo de aquel combate, vio el de Pereyra tirado y se lo llevó a Gran Bretaña, donde lo conservó al punto que formaba parte de su equipaje cuando era destinado en el exterior.


Hasta que hace unos meses comenzó a preguntarse cuál habría sido el destino de su dueño, si había sobrevivido y si había podido formar una familia. Fueron las redes sociales las que establecieron el vínculo a través de Marta Ransanz, una argentina fanática de Malvinas que consiguió los datos de Héctor. Damstag, que en un WhatsApp le escribió a Héctor “bendito sea Dios que me permitió encontrarte”, llevó el casco a la embajada argentina en Londres y allí lo dejó luego de darle un beso de despedida. Hace unos días llegó a la sede del Ejército y se aprovechó la conmemoración del Día del Servicio de Sanidad y de su patrono San Lucas Evangelista para entregárselo.

“Todavía no he caído”

Entre la gente que se turnaba para tomarse una foto, Pereyra le contó a Infobae: “Todavía no he caído. No sabía lo que iba a pasar, si finalmente lo iba a poder tener”. Su esposa María Cristina y sus hijas Diana y Fernanda no se separaban de su lado. Y detrás suyo observaba con satisfacción Carlos López, un veterano que fue herido junto a Pereyra en la misma acción en Monte Harriet.


Por su parte, Claudio Pascualini afirmó: “Todos sentimos una profunda emoción por la recuperación de una parte importante del equipo que sirve para proteger la vida en la guerra. Su devolución muestra la caballerosidad y la camaradería existente en un conflicto armado”.

Dijo, sorprendido, que el casco estaba igual que 37 años atrás. Aún en su interior puede advertirse su nombre, su número de documento y la leyenda “Comando de Brigada”, escrita en birome.

Lágrimas desde Gran Bretaña

Al finalizar la ceremonia, Infobae se comunicó con Andy Damstag. “Pude ver, con lágrimas en los ojos, la ceremonia gracias la transmisión en vivo de Marta Ransanz. Díganle a Héctor que me envíe fotos y videos. Estoy muy contento. Les mando un abrazo a todos los veteranos”.


Pereyra adelantó que el casco irá al rincón malvinero que tiene en su hogar, donde abundan recuerdos, diplomas y reconocimientos que ha recibido a lo largo de estos años.

Ya un poco más tranquilo, señalando el casco, dijo: “Hoy es un símbolo de todos los veteranos de guerra. Y estará guardado hasta que me vaya”.

Y se fue con los suyos. Con la misma sonrisa de siempre.

Fuente: https://www.infobae.com

LA EMOTIVA GESTA DE UN HÉROE DE MALVINAS QUE VIO LA CÉDULA DE UN CAÍDO EN UN MUSEO DE LONDRES Y UNA DÉCADA DESPUÉS LOGRÓ ENTREGÁRSELA A SU MADRE


Daniel Oscar Diarte falleció en combate el 3 de junio de 1982. Hasta poco su identificación era exhibida en el Imperial War Museum de la capital británica. Hace diez años, el veterano Osvaldo Hillar la vio y le tomó una foto para emprender una cruzada para devolvérsela a su familia

Por Walter Darío​ Vazquez

La cédula de identidad militar de Daniel Oscar Diarte que fue restituida
La cédula de identidad militar de Daniel Oscar Diarte que fue restituida

Para el veterano Osvaldo Hillar el 2 de abril de 2009, a 27 años de la Guerra de Malvinas, fue un aniversario diferente. No por el dolor y la tristeza que brotan de sus recuerdos cada vez que llega esa fecha tan especial, sino por el contexto. En esa ocasión se encontraba en Inglaterra. Había ido a Londres invitado por el Estado junto a otros cuatro ex combatientes.

Hillar perteneció al Grupo de Artillería Aerotransportado N° 4 de la ciudad cordobesa de La Calera. Estuvo en combate 56 días. Dos años después de la guerra se mudó desde Córdoba hacia su ciudad natal: Ushuaia. Desde allí trabajó y trabaja a diario para reconocer a sus “hermanos de corazón” y “concientizar” a las generaciones venideras.

En aquel viaje de hace diez años a la capital británica recuerda que como parte de la iniciativa conmemorativa le dieron a elegir una salida a un lugar emblemático de la ciudad. Junto a sus compañeros decidieron visitar el Imperial War Museum. A pesar de que en el museo estaba prohibido tomar fotos, Hillar llevó su cámara. Esa decisión, sin saberlo, sería el puntapié de la historia que siguió.

En el centro y tomando la palabra, Osvaldo Hillar. A sus costados, el embajador del Reino Unido en Argentina, Mark Kent, y el presidente de la Fundación No Me Olvides, Julio Aro
En el centro y tomando la palabra, Osvaldo Hillar. A sus costados, el embajador del Reino Unido en Argentina, Mark Kent, y el presidente de la Fundación No Me Olvides, Julio Aro

En la recorrida por un área en la que se exhiben objetos de soldados argentinos y británico, Hillar se detuvo frente al muestrario y miró con atención una cédula de identidad militar, el documento que el Estado le otorgó a cada soldado bajo bandera que viajó a las islas.

La cédula estaba algo alejada, expuesta contra una pared, por lo cual él no alcanzó a distinguir el nombre y apellido de su dueño. Lo único que llegó a visualizar fue el número de identificación: 8. Hillar se acercó lo más que pudo, hasta donde le permitió la mampara de vidrio que los separaba, y, en su interior, le susurró su pensamiento: “Dentro mío le dije ‘yo te voy a llevar’”.

Hillar se propuso “agotar todas las municiones a través de la paz y el diálogo para que esa cédula vuelva a su lugar de origen, que es con su familia”. Para ello le tomó una foto -"me arriesgué, pude haber tenido algún inconveniente", cuenta- con la idea de, ya de regreso en el país, encontrar la manera de “transparentar lo que estaba en esa fotografía”. Finalmente lo consiguió y en la cédula se pudo leer el nombre del propietario: Daniel Oscar Diarte.

De izquierda a derecha, en segundo lugar está Alberto Llamas; a su lado, Alejandro Dachary junto a (sentado sobre la escalera) Pascual Blanco; y en séptimo lugar, Daniel Diarte
De izquierda a derecha, en segundo lugar, está Alberto Llamas; a su lado, Alejandro Dachary junto a (sentado sobre la escalera) Pascual Blanco; y en séptimo lugar, Daniel Diarte

El soldado clase 62 Oscar Diarte era de Mar del Plata y había ido a las islas a desempeñarse como radio-operador en el GADA 601 de esa ciudad costera. Falleció el 3 de junio de 1982. Fue una de las víctimas de un misil lanzado por el avión inglés Vulcan B.2 sobre Puerto Argentino, como parte de la Operación Black Buck de la Real Fuerza Aérea (RAF).

El ataque fue a las 6.20. Testimonios en el libro Malvinas, 20 años cuentan que en un amanecer muy frío y con garúa, se escuchó el ruido de los motores de un avión que sobrevolaba la zona y de pronto, la explosión retumbó hasta varios kilómetros. El misil impactó en el director de tiro Skyguard. En esa acción también perdieron la vida el soldado Jorge Alberto Llamas, el teniente Alejandro Dachary y el sargento Pascual Blanco.

Hoy, los restos de Diarte descansan en el Cementerio Argentino de Darwin. Y su cédula de identidad ya no se exhibe en el museo londinense: ahora está en manos de su madre, Dalis Cejas de Diarte.

Dalis Cejas de Diarte recuperó el documento de su hijo
Dalis Cejas de Diarte recuperó el documento de su hijo

Tras saber que el documento era de Diarte, Hillar lo mantuvo conservado en un cofre en el que guarda sus pertenencias de Malvinas. No se animaba a dar el próximo paso: “Tenía muchas dudas: no sabía si iba a estar con vida o no, no sabía cómo había llegado hasta el museo, no sabía cómo enfrentar a su familia en caso de no estar con vida”.

Pasó un tiempo hasta que una noche se decidió a conocer sobre Diarte. Se sentó frente a la computadora, lo buscó en los padrones, supo que había muerto y se enteró de su historia. Así, desde hace dos años, emprendió una cruzada humanitaria y diplomática para poder recuperarla y devolvérsela a su familia.

No fue una misión sencilla. En el camino se topó con barreras, porque “podía ser un obstáculo a las relaciones bilaterales que lleva adelante el país”, explicó. Hasta que se encontró con la ayuda del embajador británico en la Argentina, Mark Kent, clave para las gestiones que hicieron posible concretar su cometido. También con la colaboración del presidente de la Fundación No Me Olvides, Julio Aro. Dalia es parte de esa organización.

El viernes pasado, en una cálida ceremonia celebrada en el salón de la Casa del Balcón de la Universidad Nacional de Mar del Plata, la madre del héroe argentino y otros familiares de Diarte recibieron el objeto. Del acto participaron el embajador Kent, Aro e Hillar.

El momento en el que Dalia recibe la cédula de su hijo


Con un sentido abrazo, el diplomático británico y la mujer dieron por finalizado el emotivo acto. La imagen fue retratada por todos los presentes con sus cámaras. Una foto significativa, como aquella de Hillar que motorizó la historia.

Fuente: https://www.infobae.com